Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Zarbon observó a la hermosa esposa de Vegeta susurrar unas palabras al oído del príncipe antes de deslizarse con elegancia de la habitación, dejando a los invitados sin entender nada. A pesar de todos sus recelos el banquete había salido bien. Bulma se había comportado de forma admirable, y Zarbon tuvo que admitir a regañadientes que ella era muy inteligente. Tenía que reconocer que estaba muy bien educada después de todo, supuso. También iba a ser muy útil, especialmente si Vegeta comenzaba a alienar a algunos de sus partidarios. Algunas de las jefes de Estado que ya la habían conocido no estaban perdiendo tiempo en admirarla abiertamente, ignorando las miradas de prohibición de su esposo y su recién asignado guardaespaldas, Radditz. Si los subordinados de Vegeta amaban a Bulma entonces se podía hacer mucho para curar las heridas cuando Vegeta los ofendía inevitablemente. El puño de Vegeta podría haberlos llevado a todos juntos, pero era el encanto de Bulma lo que los mantendría juntos.

Asintió al dignatario que le estaba hablando, sin escuchar nada de lo que estaba diciendo. Su atención estaba fija en la imponente figura del Comandante Saiyajin. Nappa se había hecho a un lado toda la noche, sus ojos fijos en Bulma y su piel pálida. El Comandante no era del tipo de temblar fácilmente con las cosas, y por lo tanto Zarbon estaba doblemente curioso en cuanto a lo que podría tener semejante efecto en él. El dignatario se excusó y se dio cuenta que Atlia estaba llevando a los visitantes fuera de la habitación. Inteligente movimiento, ese. Una vez que la amortiguadora influencia de Bulma se fuera el Arliano se aseguró que nada pudiera salir mal al deshacerse de todo el mundo. Por mucho que odiara a los insectos, Zarbon tenía que admitir que Atlia era demasiado útil. "¿Qué te dijo?" Zarbon preguntó a Vegeta con frialdad.

"No es asunto tuyo," Vegeta espetó, su semblante oscuro.

Zarbon alzó una ceja y miró a Radditz. "Dijo que sería un día helado en el infierno antes que ella permita a un bastardo como el Príncipe entrar a sus habitaciones alguna vez de nuevo. Declaró que el Príncipe será mejor servido si se queda solo, en sus habitaciones privadas y la dejaba fuera de todo este asunto. También implicó que Su Majestad se haría algún daño físico en su camino a la puerta, Señor," Radditz informó diligentemente, mirando al frente.

Zarbon sonrió mientras el rostro de Vegeta se retorcía de cólera. "Gracias, Radditz," dijo amablemente. "Te dije que no serías capaz de mantenerla como un juguete de amor," advirtió.

Vegeta soltó un bufido. "Haré lo que quiera con ella," dijo con altivez.

"Y como resultado no recibirás amor alguno," Zarbon respondió con naturalidad. "Ella es la que controla cuanto sexo tienes, no tú." Vegeta le lanzó una mirada amenazante. "Y no podrías soñar en obligarla. Si la enfadas o la lastimas todos tus planes caen en las llamas, especialmente después de que ha pasado toda la noche congraciandose con los dignatarios."

"Maldito seas y vete al infierno," fue todo lo que Vegeta respondió antes de salir de la habitación con un violento chasquido de su capa roja. Radditz inhaló hondo y trotó tras su Príncipe.

Zarbon sacudió su cabeza, sus fríos ojos se deslizaron para mirar a Nappa. "¿Y tú, Comandante? ¿Tienes algo que quieras decir?" preguntó con calma.

Nappa giró su calva cabeza hacia Zarbon, sus pequeños ojos brillantes en blanco por un momento. "Er, no. Déjame en paz," gruñó, mostrando sus dientes debajo de su bigote.

Zarbon decidió que se estaba sintiendo juguetón. Caminó directo hasta Nappa y colocó su nariz a sólo pulgadas del rostro de Nappa. "Hazme," dijo tranquilamente, su voz mezclada con sutil veneno.

"Me encantaría, monstruo verde," Nappa gruñó, sus carnosos puños apretándose a los costados.

"Entonces o dame una gran paliza o sal con insultos más imaginativos," Zarbon dijo con calma, una sonrisa estirándose a través de sus perfectos rasgos.

Nappa ladró un grito de ataque y levantó su mano rápidamente para golpear a Zarbon, quien lo bloqueó rápidamente y torció el codo del hombre más grande. Nappa gritó y recuperó su brazo, mirando con odio a Zarbon. "Bastardo," escupió el gran Saiyajin.

Zarbon se encogió de hombros, sus dorados ojos brillaban con diversión. "Piensa lo que quieras. Quiero hablar francamente contigo, ahora."

"Yo no quiero hablar con un bastardo como tú."

"¿Estás seguro? Realmente odiaría ver tu otro brazo lastimado, también..."

"Nunca serás capaz de intimidarme en hablar contigo," Nappa gruñó.

Zarbon suspiró y examinó sus uñas. "Supongo que tienes razón. Entonces tratemos esto: dime lo que quiero saber y no le diré a Vegeta que me atacaste, o que odias a su esposa incluso más que él."

"¡No lo harías!" Nappa siseó, todavía sosteniendo su brazo.

Zarbon dejó a la fría sonrisa ampliarse. "Por supuesto que lo haría, Nappa. Soy un soldado entrenado sin piedad."

Las mejillas de Nappa estallaron en rojo con ira, pero sus ojos cedieron. "Se unió con la pequeña perra," murmuró.

Las cejas de Zarbon se levantaron. "¿Qué?"

"Me escuchaste. Vegeta se unió con ella."

"¡Pensé que los Saiyajin dejaron de unirse hace siglos!" Zarbon exclamó.

Nappa sacudió su cabeza, cerrando sus ojos. "La mayoría lo hizo. Aún sucede, a veces."

"¿Qué significa, exactamente?"

"Tienen acceso especial a la mente del otro y posiblemente al alma. Se convierten en parte del otro. Es raro, y casi siempre no solicitado. Si ella lo hubiera negado él probablemente se hubiera consumido, su propio cuerpo negándole la vida. Ahí lo tienes. Él es de ella para siempre. ¿Feliz?" Nappa escupió.

Zarbon parpadeó, incapaz de controlar su shock. "¡Pero esto tiene muchas implicaciones!" protestó.

"¿Estás satisfecho? ¿Lo entiendes ahora?" Nappa dijo.

Zarbon tragó duro. La existencia de Bulma de repente le pareció como una herida abierta en la psique de Vegeta. "En todo caso, cualquier cosa que le sucediera a ella. Oh dios, qué pasa si Freezer..." jadeó.

Las facciones de Nappa se tensaron. Obviamente no había pensado en eso tampoco. "Príncipe Vegeta," murmuró.

"No era de extrañar que la quería muerta tan rápidamente. Debió haber sabido lo que podría suceder cuando comenzó a ver sus ojos en su cabeza y quería evitarlo antes de que empeorara," Zarbon soltó.

"Demasiado tarde," Nappa dijo sin vida. "Si ella es herida él lo sentirá. Si ella muere él sentirá eso también, y una parte de él morirá con ella."

"¿Pero le ocurrirá lo mismo a ella?" Zarbon preguntó, recordando finalmente en mantener baja su voz.

Nappa se encogió de hombros. "¿A quién le importa?" gruñó.

"A mí," Zarbon dijo con advertencia.

Nappa entornó sus ojos. "Entonces habla con Radditz. Él está enfermo de preocupación," se quejó. "Todos ustedes no sirven para nada."

La cabeza de Zarbon se giró hacia él con ese comentario mientras recordaba quién era él y qué toleraría. "Oh tranquilo, Nappa," dijo cortésmente. "Recuerda, puedes ser el Comandante, pero yo estoy por sobre ti."

La mandíbula de Nappa todavía estaba funcionando sin sonido cuando él se fue de la habitación.


Radditz estaba donde se esperaba que estuviera, apoyando contra la pared opuesta a la puerta de Bulma. "Oh, no puedes estar tomando tu deber tan seriamente todavía," Zarbon dijo a través de la oscuridad.

"Podría ser atacada," Radditz murmuró, sin abrir sus ojos o levantar su mentón de su pecho.

Zarbon suspiró y se inclinó en la pared junto al Saiyajin. "Vegeta no te asignó oficialmente," le recordó al otro hombre.

Los ojos de Radditz se abrieron en ranuras y deslizaron su mirada hacia Zarbon. "No, no lo hizo, pero lo hará," contestó.

"Seguramente Vegeta-" Zarbon comenzó.

Radditz se volvió hacia él. "Sí, él es así de cruel. No dudará en hacerlo."

Zarbon apretó sus labios en una línea. "Bien. Tomaré tu palabra. No hay mucho que pueda hacer ahora, de todos modos. Supongo que estoy curioso por saber cómo reaccionarás cuando venga a sus habitaciones y puedas escucharlos a través de la puerta."

"Los ignoraré. Me he convertido en un maestro de ignorar el dolor. Cualquier verdadero guerrero tiene por lo menos esa concentración."

Zarbon estudió al hombre más grande en silencio por unos minutos, mirando el parpadeo de la luz de la lámpara sobre las afiladas facciones de Radditz. "Tienes razón, por supuesto," sopló.

"¿Por qué te importa?" Radditz espetó de repente. "Tú no puedes entender esto."

Zarbon alzó una ceja. "¿Importarme? Supongo que me importa, hasta cierto punto. Sé que los soldados descontentos no son soldados productivos. Necesito preocuparme, además, si voy a conseguir información que quiero de ti. En cuanto a entender, sólo digamos que no eres el único que ha perdido un amor."

La nariz de Radditz se movió por un segundo, traicionando su curiosidad. "¿Y qué quieres de mí?" preguntó en voz baja.

Zarbon miró a la puerta cerrada de madera. "Él no está allí, ¿verdad?"

"No."

"Entonces quiero saber cómo exactamente funciona esto de la unión," Zarbon dijo, la voz casi un susurro.

Las facciones de Radditz se movieron bruscamente en shock. "Entonces ya sabes," dijo aturdido.

Zarbon asintió. "Me hubiera gustado que me lo hubieras dicho en la boda. Ahí es cuando supiste, ¿no?"

"Sí. No quería creerlo."

"Por supuesto que no. Nadie quiere creer que la persona que ama es inalcanzable para siempre. Pero no es eso de lo que quiero hablar. Necesito saber qué efectos tendrá esto en Vegeta."

Radditz presentó su perfil, oscuros ojos sin parpadear mientras miraba a la puerta a través del pasillo. "Se unirán," respondió suavemente. "Serán influenciados inconscientemente por las emociones y personalidades del otro. Eso no quiere decir que nunca actuarán igual, pero los bordes de sus comportamientos serán moderados por los sentimientos del otro."

"¿Entonces Vegeta podría suavizarse y Bulma endurecerse?"

"Tal vez. Es difícil de decir. Probablemente es por eso que Vegeta está tratando tan duro de mantenerse separado de ella. Tiene suerte que ella no es una Saiyajin y no siente lo mismo que él."

"¿Ah? ¿Qué significa eso?" Zarbon preguntó inocentemente, agradecido en silencio que Radditz le había ofrecido la información precisa que él había venido para preguntar.

Bulma no siente su presencia. Vegeta podría cerrar sus ojos y señalarla infaliblemente, incluso si estuvieran en planetas diferentes. Ella muere, él disminuye. Él muere, ella siente el dolor más intenso, pero no amenazará su vida más de lo que hubiera sido un compañero humano amado de verdad. No tiene las capacidades psíquicas de realmente sentirlo así."

"¿Pero ahora ella es un peligro para él?"

"Bueno, mis padres estaban unidos, sabes. A veces eran capaces de bloquearse uno al otro. Aunque toma mucha práctica y poder. Es posible, sobre todo ya que ella no es telepática en lo más mínimo, que él pueda bloquearla completamente. Tomaría mucho tiempo y esfuerzo, sin embargo, dudo que él pueda encontrarla si ella está inconsciente. Sólo es unidireccional entre esos dos."

Zarbon cruzó sus brazos sobre su pecho, reflexionando mientras se unía a Radditz en mirar a las puertas de madera. Después de unos largos y tranquilos momentos extendió su mano finamente cuidada a Radditz. El Saiyajin la miró con recelo, sus oscuros ojos parpadeando desde las largas uñas azules a los ojos dorados. "Gracias," dijo Zarbon. "¿Tregua?"

Radditz lo miró fijamente durante bastante tiempo. Finalmente su gran mano ruda se entrelazó con la de Zarbon. "Tregua," concordó, su afilado rostro solemne.

Zarbon liberó la mano de Radditz y realizó una elegante pequeña reverencia. "Buenas noches, Capitán de la Guardia Imperial. Sabes, el Capitán de Guardia es igual en rango al Comandante de las Fuerzas Armadas," dijo sedosamente, una sonrisa tocando la esquina de su boca mientras miraba los labios de Radditz separarse en sorpresa. Con un movimiento de su capa caminó por el pasillo a las habitaciones del Emperador. Esperaba que Radditz apreciara su pequeño regalo. Hacerlo igual en rango que el dominante Nappa era en su poder y Radditz lo merecía. Ahora todo lo que quedaba era asegurarse que Vegeta estuviera de acuerdo y la documentación adecuada estuviera en orden antes de que recibieran a Anpane y a las delegaciones de los otros planetas.


Tenía que admitir que estaba nerviosa, tal vez más de lo que estaba enojada. Vegeta estaba a su lado, una de las pocas veces que lo había visto desde que se había ido a sus habitaciones unos días antes. Se veía elegante y atractivo, su nariz levemente en el aire y sus oscuros ojos ardiendo con orgullo como siempre lo hacían. Ahogó el fuerte deseo en la boca de su estómago y lo enterró allí. De inmediato fijó su atención a la puerta, donde la Reina de Kijar entraría en pocos momentos. Los nervios amenazaban con torcer sus músculos faciales. La Reina había querido casarse con su marido, y esperaba que nada desfavorable sucediera.

No hubo mucho tiempo para pensar en ello. Anpane irrumpió por la puerta y marchó hacia ellos, sus negros ojos brillando fríamente. La expresión de Vegeta permaneció de piedra mientras miraba la impecable piel lavanda de Anpane, pero Bulma parpadeó varias veces. No había estado preparada para la fina estructura ósea y brillante cabellera de la reina Kijarana, sorprendida por la delicada belleza de la mujer. Los ojos completamente negros eran desconcertantes, pero mayormente porque ninguna emoción se podía leer en sus profundidades. Bulma hizo un ademán y abrió su boca cuando chispas repentinas volaron a través de su visión. Dio un paso hacia atrás, aferrando su mano a su mejilla en shock mientras miraba de nuevo a la reina Kijarana. ¡Había sido golpeada! Sus ojos de inmediato buscaron los de Vegeta, pero él apenas la miró de nuevo con una pequeña sonrisa burlona. Él no iba a ser de ninguna ayuda para ella en lo absoluto. Una rápida mirada alrededor de la multitud mostró que todos los demás estaban tan horrorizados por la situación como ella. De repente Radditz estaba poniéndose frente a ella, dando unos pasos hacia la reina visitante cuando Vegeta puso su mano en el medio del pecho del hombre, previniendolo de moverse más. "Déjalo así," lo escuchó susurrar. Radditz gruñó y dio un paso detrás de ella. Ella miró a su alrededor de nuevo, buscando ayuda y sin encontrarla. Radditz no la miró a los ojos y Vegeta apenas le sonrió. Nappa le frunció el ceño con disgusto sin disimular, mientras que Atlia amablemente había girado su cabeza. Repentina ira hirvió en ella y sintió su mandíbula apretarse cerrada con fuerza, sus manos cayendo en puños a sus costados. Luego encontró a Zarbon, Él se había materializado al hombro de Vegeta y la estaba estudiando con cautela. Sus fríos ojos dorados enterrados en su cabeza, desapasionados pero al mismo tiempo dándole una extraña sensación de confianza. Alzó sus cejas en interrogante y lo vio asentir. Con una sonrisa se volteó hacia la reina visitante, llevó su puño hacia atrás, y dejó que la Kijarana lo tuviera directamente a los ojos.

Anpane lanzó un grito y cayó, aferrándose a su cuenca de ojo, su delgado cuerpo tembloroso. Un guardia se apresuró para ayudarla a levantarse, y Bulma nunca se olvidaría de la mirada de puro odio garabateada a través de las facciones de la alienígena. "¡Cómo te atreves!" Anpane siseó.

"Tú me golpeaste primero," Bulma señaló con calma, juntando sus manos con recato frente a ella.

"¡Pagarás!" Anpane gruñó, curvando sus dedos lavandas y haciendo un triángulo con sus dedos índices y pulgares. Antes que Bulma pudiera reaccionar, la electricidad se arqueó entre ellas y la golpeó en el pecho. Estuvo consciente de la respiración dejando su cuerpo con fuerzas y su corazón deteniéndose por un cristalino segundo, los incrédulos rostros congelados a su alrededor mientras caía. De repente las manos estaban debajo de ella y jadeó por aire, su pecho palpitante. El rostro de Radditz la miró, sus cejas bajas y sus ojos preocupados.

"Esa perra," Bulma jadeó, luchando fuera de los brazos de Radditz para mantenerse en pie. Miró a Vegeta y vio su rostro puesto en una expresión severa, con alguna clase de emoción ilegible danzando en sus ojos. ¿Cuál demonios era su problema? ¿Por qué no estaba interviniendo en su nombre?

Anpane se puso de pie ante ella, su ojo ya hinchándose, y sonrió. "Eres sólo una criatura miserable, después de todo," dijo la Kijarana.

Bulma rió, sorprendiéndose a sí misma en lo feroz que sonaba. "Tu compasión está fuera de lugar," gruñó, se quitó su zapato, y lo lanzó a la reina, golpeándola entre los ojos con el taco. Anpane cayó de inmediato hacia atrás, sus ojos vacíos. La reina estaba inconsciente.

De algún lugar a su costado escuchó un enojado grito y miró alrededor para ver varios guardias Kijaranos armados apresurándose hacia ella, armas prohibidas destellando a la existencia. Alzó sus brazos para cubrirse, cerrando sus ojos contra el inevitable dolor, cuando hubo un resquebrajamiento de aire siendo desplazado seguido por el olor a quemado. Bajando sus brazos lentamente, alzó la vista para ver a Zarbon perforar a los guardias uno a uno con delgados haces de ki. Los guardias nunca siquiera tuvieron tiempo para llegar a ella antes de que él los matara. "Recuerden que tales acciones contra la Emperatriz nunca serán toleradas," dijo en su clara voz, las palabras sonando a través del voluminoso salón. "Violencia contra ella será tratada como traición al Estado y castigada como tal con la muerte."

Arrojó a Zarbon una mirada agradecida, contenta que alguien hubiera dado un paso en su nombre, y le sonrió débilmente.

"Aunque ella parecía más que capaz de defenderse a sí misma," Zarbon añadió con una sonrisa irónica, y la mitad de la sala estalló en risas aliviadas.

"Atlia, ve que Anpane sea llevada a sus habitaciones con sus guardias sobrevivientes," Vegeta ordenó fríamente, fijando a Bulma con una mirada indescifrable.

Bulma sintió la habitación girar a su alrededor y se dio cuenta que el estrés estaba llegando a ella. "Estaré en mis habitaciones si me necesitan," le dijo secamente, luego se giró sobre sus talones y se alejó.


El golpe en su puerta la hizo levantarse de la cama, rápidamente tomando un velo y arrojándolo sobre su cabeza. No quería ver a quienquiera que fuera que ella había estado llorando, ni tampoco quería mostrar que su piel tenía ampollas y su cabello estaba chamuscado. Una vez que estuvo cubierta tomó un profundo respiro y se sentó sobre un almohadón con toda la dignidad que podía formar. "Entra," ordenó, esperando un flujo de asistentes derramándose a través de las puertas.

"Hola," escuchó a una profunda decir, y se sorprendió al ver a Zarbon entrar en la habitación con una bandeja. "¿Cómo estás, Bulma?"

Ella se quedó en silencio, mirando a través de la escarpada tela mientras él apoyaba la bandeja en la mesa y cerraba las puertas detrás de él, asegurándolas. Se giró hacia ella y la estudió con esos ilegibles ojos dorados, sus impecables facciones carentes de alguna expresión. Su cabello estaba recogido en su habitual trenza, pero no estaba usando su diadema, ni tampoco estaba usando su habitual armadura de batalla. En cambio estaba vestido con un par de pantalones sueltos y una camiseta sin mangas. "Hey, esos se parecen..." dijo ella, alzando una mano hacia sus pantalones.

Él sonrió, sus ojos amables por una fracción de segundo. "Lo son. Auténticos pantalones de pijama terrícola. Tu madre me dio estas ropas antes de que nos fuéramos. ¿Te gustan?"

Ella se sonrojó y se alegró del velo una vez más. La camisa aferrada a sus músculos y descubría la cantidad justa de su perfecta, pálida piel verde azulada. "Se ven bien," dijo, inquieta. "¿Dónde está Vegeta?"

Zarbon, ella se dio cuenta, era demasiado disciplinado como para mostrar si la pregunta lo tomó por sorpresa. Apenas le encogió los hombros. "¿Tienes hambre? Te perdiste la comida."

Miró a la comida en la bandeja. De hecho se había perdido la comida, habiendo colapsado en el pasillo a sólo pocos momentos después de dejar el gran salón. Era una suerte que Radditz la hubiera estado siguiendo y la atrapara antes de que se golpeara con las piedras, de lo contrario hubiera sentido más dolor del que ya tenía. Cuando se despertó después fue Radditz y no su esposo quien la estaba cuidando con ojos amorosos. "Supongo," suspiró, y estiró un brazo para quitarse el velo. No le importaba lo que Zarbon pensara. Estaba cansada de tenerle miedo. El velo cayó de sus dedos para aterrizar en el suelo y alzó la vista lentamente para encontrarse con los ojos de Zarbon, sin querer ver alguna clase de repugnancia o pena allí.

"No te ves tan mal como pensé que te verías," dijo de repente, levantando la bandeja para ponerla sobre ella. "Pensé que estarías hinchada como una rana después de toda la electricidad que recibiste."

Ella le frunció el ceño y tomó un utensilio de comer. "Caramba, gracias," gruñó. "No eres dulce."

Para su sorpresa él se echó a reír. "Entonces, ¿no me tienes más miedo?" preguntó él, sentándose en el suelo junto a ella.

Ella se encogió de hombros, llevando algo de comida a su boca. "¿Por qué debería tener miedo de alguien que mata personas en el momento indiscriminadamente?" dijo con indiferencia.

Él sacudió su cabeza, la pesada trenza verde cayendo sobre sus hombros. "Somos todos guerreros aquí, Bulma. No siempre hay tiempo para la misericordia."

"No es que alguien como tú pudiera medir la misericordia de todos modos," dijo con acritud, levantando un vaso de agua.

Zarbon suspiró y se sentó con sus piernas estiradas. Movió sus dedos del pie en sus sandalias y el gesto fue de repente tan... humano... que se olvidó que alguna vez hubiera tenido miedo de su extrañeza. Su esposo tenía una cola, que era mucho más extraño que tener un color de piel o cabello diferente. "Piensa lo que quieras de mí," respondió después de unos momentos.

Bulma lo miró a través de su cabello, dejando pasar más segundos. "Gracias," dijo suavemente, sintiendo lágrimas alzarse en su rostro espontáneamente. "Gracias por ponerte de pie por mí cuando incluso mi propio esposo me abandonó."

Zarbon de repente tomó su rostro entre sus manos, sus dorados ojos clavados en ella. "¿Es eso lo que piensas?" preguntó tranquilamente, tomando sus dedos y metiendo su cabello detrás de sus orejas. "¿Que Vegeta te abandonó a tu suerte?"

Bulma giró su rostro a un lado y cerró sus ojos con fuerza, negándose a reconocer que él podía verla llorar. "¿Qué otra cosa se supone que voy a pensar? ¡Él sólo se limitó a quedarse de pie y mirar mientras uno de sus propios súbditos me electrocutaba!"

Zarbon suspiró y limpió algunas de sus lágrimas con su pulgar, sus manos cálidas y más ásperas de lo que esperaba. "Tenía que hacerlo, Bulma" respondió. "¿No lo ves?"

"¿Cómo siquiera puedes decir eso?" se ahogó, tratando de girarse de nuevo, pero sus manos no se lo permitían.

"No lo estoy defendiendo, no me malinterpretes. Si yo viera a la mujer que amo ser tratada así probablemente hubiera reaccionado como Radditz, pero eso no viene al caso-"

"¿Entonces todos saben sobre eso?" interrumpió ella.

Zarbon se rió entre dientes. "Por supuesto. Él no es muy sutil. Él te ama con todo su corazón. Pero no estamos hablando de Radditz ahora. No importa lo que sienta eso no cambia el hecho de que estás con Vegeta."

"Está bien, puedes continuar," ella le pidió.

Zarbon sonrió débilmente y asintió, mirándola a los ojos todo el tiempo. "Lo que estoy tratando de decir es que no podía interferir. Tiene suerte de que Anpane te atacara abiertamente, con tantos testigos. Eso la hace más fácil de controlar y también lo ayuda a parecer menos malvado cuando la mate."

"¡Él no puede matarla!" Bulma interrumpió de nuevo. "¡Eso no está bien!"

"¿Estoy hablando yo ahora, o tú?" preguntó secamente.

"Lo siento," murmuró. "Sigue."

"Bulma, tú eres una debilidad para él. Si alguien te lastima pueden quitarle el corazón. Es esencial que todos vean que puedes levantarte por ti misma. No podía interferir hoy porque entonces sus enemigos hubieran sabido por seguro que eras débil y podrían llegar a él a través de ti. Está orgulloso de cómo te manejaste hoy. Tomaste control de la situación y triunfaste. Así es cómo él lo ve, y ya que él es el que forma nuestra realidad, así es cómo deberías verlo también," explicó, su voz tranquila.

Bulma lo miró de nuevo, estudiando sus perfectas facciones para intentar discernir si mentía. No vio nada más que verdad en su rostro. "Zarbon, ¿crees que se preocupa por mí?"

Zarbon giró su cabeza a un lado, considerando, luego quitó sus manos de su rostro y puso sus dedos sobre los de ella. "Creo que debería," respondió. "Podría haberte matado cuando aterrizamos en la Tierra pero no lo hizo. Por supuesto que te necesitaba y a tu tecnología, pero creo que se dio cuenta que te necesitaba a ti, también."

"Pero ni siquiera habla conmigo. Sólo viene a mí cuando quiere... bueno..."

Zarbon rió de nuevo. "Lo sé. Escucha, te diré un secreto. Sé cómo te sientes. Estuve casado una vez."

"No..." Bulma susurró, sus ojos ampliándose.

Zarbon frunció el ceño. "Oh, vamos. No es tan difícil de creer."

"Es que... la...manera... que eras en la Tierra," tartamudeó.

Él sacudió su cabeza de nuevo, recuperando sus manos y lanzando sus dedos al otro lado de su rodilla. "Fue hace mucho tiempo. Un hombre se queda solo," refunfuñó. "Pero me sigues alejando del punto. Vegeta se ha unido a ti, algo que los Saiyajin casi nunca hacen. Realmente se ha abierto a un daño por eso. Podrías saber todos sus secretos, cosas que nadie más sabe, y usarlos contra él. O alguien podría tomarte como rehén y doblarlo a su voluntad así. Él tendrá que explicarlo mejor. En cualquier caso, es un asunto importante. Sólo no quiero que renuncies a la esperanza. Es distante porque se está protegiendo a sí mismo."

"¡Pero yo nunca le haría daño!" protestó ella.

"Lo sé," dijo con paciencia, "Pero Vegeta nunca tuvo a nadie así en su vida antes. Tienes que esperar tu tiempo, sin importar lo duro que pueda ser. Él es un guerrero y ha llevado una vida de guerrero. Tú debes ser una Emperatriz adecuada para él, e hiciste un gran paso hacia eso hoy. Pronto la gente te amará por ti y te clamará como su propia Emperatriz en lugar de simplemente aceptarte porque eres suya." Se puso de pie para irse, entonces, limpiando la parte trasera de sus pantalones. "Ahora ve a la cama. Enviaré que alguien vea tus quemaduras en breve."

Ella asintió y lo dejó llevarla a la cama. "¿Por qué estás haciendo esto?" susurró.

"Te lo dije. Me casé una vez. Entiendo las dificultades. Además, quiero que este imperio tenga éxito, y no creo que pueda a menos que tú seas parte de él," respondió, acomodando las almohadas a su lado, luego caminó hacia la puerta.

Ella esperó hasta que su mano estuviera en el picaporte antes de que encontrara su voz. "Gracias, Zarbon," murmuró.

Él se detuvo, dejando el picaporte sin girar por un momento, pero no se giró para mirarla. "De nada, Bulma," respondió.

La puerta estaba casi cerrada cuando escuchó su voz de nuevo. "Y niña, haz algo al respecto de ese cabello. El frizz electrificado definitivamente está fuera de moda esta temporada."

Ella comenzó a reír y se perdió del sonido de la cerradura haciendo clic mientras la puerta se cerraba.