Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


"¿Puedo entrar?" vino una voz desde la puerta.

Bulma miró a su alrededor a sus sirvientas. "¿Quién es?" susurró a la hembra parada junto a la puerta.

"Zarbon," la mujer moduló en respuesta.

"Sí, puedes entrar," Bulma dijo, volviéndose cuando una de las mujeres indicó para que la parte posterior de su vestido pudiera tener mejor dobladillo. "¿Qué sucede?"

Zarbon entró en la habitación vestido con un estilo que nunca había visto antes. Todavía llevaba su diadema habitual rosa y pendientes a juego, pero estaba vestido de suelta ropa que fluía de azules y rojos oscuros, el dorado color de sus ojos brillando.

"Te ves hermosa," dijo con admiración, moviéndose a su alrededor.

"Gracias," dijo perpleja. "Tú te ves muy atractivo. No creo que jamás te haya visto en ese tipo de ropa antes."

Él soltó una carcajada. "No, no lo hiciste. Nadie lo ha hecho, no por unas buenas cuatro o cinco décadas."

Ella ladeó su cabeza mientras las mujeres continuaban trabajando en su vestido. "¿Qué? ¿Por qué?"

Él hizo un gesto dramático hacia su ropa. "Esto, mi buena mujer, es el traje nativo de mi raza. Es lo que habitualmente se llevaba a las bodas en mi planeta."

"Bueno, es fabuloso. No pensé que pudieras verte más atractivo que antes, y sin embargo aquí estás delante de mí," ella contestó con una sonrisa.

Él hizo un gesto con la mano en su dirección. "Oh, tú, que aduladora," le susurró. "Pero no he venido aquí para recibir elogios, aunque los aprecio."

"Bueno, ¿qué puedo hacer por ti?" le preguntó.

"¿Podríamos hablar en privado?" dijo de pronto, lanzando una fría mirada dorada a las mujeres a sus pies.

La frente de Bulma se frunció. "Ah, claro. ¿No les molesta darnos un momento?" le dijo a sus doncellas. Todas murmuraron y salieron de la habitación. Ella tendió su mano y Zarbon la tomó, ayudándola a bajar del pedestal de vestir en el que había estado de pie. "Ahora, ¿qué tienes en mente?"

Las mejillas de Zarbon se colorearon, la primera vez que lo había visto hacer tal cosa. "Tengo un favor especial que pedirte," dijo en voz baja.

"Claro, Zarbon," respondió ella, la ceja levantada mientras buscaba en su rostro. "¿Qué es?"

"¿Podrías...? ¿crees que podrías usar esto?" dijo, buscando en los pliegues de su ropa y sacando una peineta de joyería. El objeto era del tamaño de la palma de su mano y se parecía a una especie de una clase de lirio, los pétalos y el tallo de la flor formado de piedras preciosas talladas de color blanco y verde.

"¡Oh, es hermoso!" susurró, tomándolo suavemente de sus manos y examinándolo más de cerca.

"Lo quiero de vuelta después de la ceremonia, pero significaría mucho si lo usaras," dijo, sus ojos brillantes lejos por un momento.

"Sería un honor," murmuró ella, alzando su brazo y colocándolo en su cabello. "¿Cómo se ve?"

Él volvió solemnes ojos hacia ella, una leve sonrisa tocando sus labios. "Se ve perfecto," dijo, la voz casi un susurro.

Ella tomó el ornamento y lo estudió de nuevo. "Es tan hermoso," dijo. "¿De dónde lo has conseguido?"

"Lo he tenido durante unos cincuenta años, supongo. Era lo que mi esposa llevaba en el cabello cuando nos casamos," respondió en voz baja, mirando a otro lado.

Los dedos de Bulma se cerraron con más suavidad sobre el ornamento, sus ojos buscando en su rostro. "Oh, Zarbon, estoy tan honrada," susurró. De pronto se metió la peineta de nuevo en su cabello y echó sus brazos alrededor del cuello de Zarbon. "Muchísimas gracias."

Él se aclaró su garganta con torpeza y con cautela la abrazó en respuesta. "Bueno, sólo pensé que sería conveniente," dijo, su voz áspera. "Yo estaba en contra de tu matrimonio con Vegeta en un principio, por muchas razones, pero me he dado cuenta de que lo hecho, hecho está, y también podría hacer lo que está en mi poder para asegurarme de que ambos sean felices."

"No sé qué decir..."

Él se rió. "No tienes que decir nada. Debo estar volviéndome suave en mi vejez."

"¡Tú no eres viejo!"

"Bulma, soy bastante viejo. No por mi raza en especial, pero me estoy volviendo. Si hubiera tenido descendencia con mi compañera, tendrían cincuenta años de edad ahora. Lo más probable es que tuviera bisnietos, ya que me casé tarde para mi cultura."

Ella suspiró y se sentó en el pedestal, alzando su mano y quitándose la peineta de nuevo para poder trazar su contorno con sus dedos. "Sabes, yo no sé nada de tu pasado. Ni siquiera sé acerca del pasado de Vegeta. Sólo sé lo que Radditz me ha dicho sobre los Saiyajin, pero nadie parece saber algo de ti, ni siquiera de dónde eres."

Él se sentó junto a ella, cruzando sus manos entre sus rodillas. "No hay mucho que necesites saber. Estuve casado, la perdí, y en un ataque de dolor me uní a las fuerzas de Freezer. Trabajé para Freezer por más de cuarenta años. Vi a la raza Saiyajin casi completamente destruida y vi a Vegeta crecer. Fallé en mi última misión para Freezer, y supuse que mis mejores posibilidades de supervivencia estaban en manos de Vegeta. Lo seguí a la Tierra, y probablemente lo serviré hasta que me muera. Esa es mi vida."

Bulma frunció el ceño. ¿Pero siempre estabas sirviendo a alguien? ¡Qué vida tan terrible! ¿Nunca quisiste libertad para hacer lo que te gustaba?"

Zarbon rió y la miró por el rabillo de sus ojos. "Sabes, cuanto más te conozco más te siento como una hermana pequeña." Estiró sus largas piernas delante de él y suspiró. "No sé," admitió. "Tuve mi propia vida, por un tiempo, con ella. Era dulce y grandiosa, pero mi cultura es una de servicios. Nunca he conocido muchas otras cosas, y me las he arreglado para cuidar de mí mismo. Creo que me gusta dar servicio, me gusta cuidar de las personas que me contratan. Es incluso mejor cuando creo en lo que a mi empleador está haciendo."

"¿Crees en lo que Vegeta está haciendo?" interrumpió ella.

Suspiró otra vez. "No sé. No le tengo a Freezer ningún rencor real, supongo, aunque probablemente debería. Es un tirano malvado, sin duda, pero he disfrutado de una cierta cantidad de libertad personal mientras le servía. Sin embargo, si Freezer se sale con la suya yo moriré, y ciertamente no quiero morir a menos que tenga que hacerlo. No sé si Vegeta es lo suficientemente fuerte como para salvarnos, y eso es en parte por lo que estaba tan enojado cuando se casaron. Simplemente no me parecía justo, sobre todo porque él no te dijo nada acerca de la situación."

Bulma lo miró fijamente. "¿De ahí es donde viene la muerte?" susurró. "¿Es por eso que existen esas sombras en sus ojos?"

Zarbon asintió sin mirarla. "Creo que sí. Creo que no está planeando sobrevivir al encuentro con Freezer. Él quiere matar a Freezer y cree que puede, pero creo que está conspirando para hacerlo a través de la autodestrucción."

"Oh, no puede," Bulma dijo, parpadeando sus lágrimas.

Zarbon la miró y puso una mano en su antebrazo. "No dejaré que eso ocurra, Bulma," dijo solemnemente. "He perdido mi oportunidad de estar con mi compañera para siempre, y no voy a sólo sentarme y ver cómo tu felicidad es destruida antes de tiempo también, aunque para ser sincero no sé lo feliz que puedas ser con un hombre como Vegeta. Radditz hubiera sido una mejor opción para ti."

"No se puede cambiar nada de eso ahora," murmuró ella.

"Absolutamente," dijo en voz alta, y se puso de pie en un movimiento fluido. "Y será mejor que te vistas. La ceremonia es sólo en unas horas."

Bulma se puso de pie también. "Tienes razón," dijo con un suspiro, y vio la espalda que se alejaba de Zarbon. "¿Zarbon?" lo llamó.

Él se detuvo y miró por encima del hombro. "¿Sí?"

Ella respiró hondo. "Gracias. Por todo. Sé que tú enviaste a los músicos y todo lo demás, tratando de mantenerme feliz. Vegeta nunca hubiera hecho algo así, nunca."

Sus facciones se suavizaron en una sonrisa sincera. "De nada, Bulma. No envidio tu posición, un científico entre guerreros brutales y endurecidos. La mejor de las suertes para ti, y que encuentres la felicidad que puedas."


La ceremonia se prolongó mientras los votos fueron dados. Se alegraba de que llevaba zapatos cómodos, de lo contrario se hubiera tenido que sentar hace mucho tiempo. La ceremonia tenía que incluir un poco de cada una de las culturas de los planetas conquistados, por lo que el ritual estaba ya en su segunda hora. De vez en cuando echaba miradas a Vegeta, preguntándose cómo podía estar tan inmóvil y no parecer estar aburrido de muerte. A veces tenía que repetir las cosas que se le decían, pero la mayor parte de las actuaciones parecían consistir en Atlia leyendo en voz alta a la asamblea. Pensó que con seguridad iba a desmayarse de aburrimiento cuando Vegeta de repente tomó sus manos y se paró frente a ella. Atlia sacó un pañuelo largo de seda y lo envolvió alrededor de los antebrazos de cada uno, lazándolos alrededor de sus muñecas y manos hasta que se unieron literalmente por un nudo en el pañuelo. "Atando el nudo," susurró para sí, bloqueando a Atlia mientras seguía hablando de forma monótona. Repentinamente la concurrencia estalló en gritos y aplausos, y Vegeta la estaba guiando hacia el altar de la mano. Ella rápidamente pegó una amplia sonrisa en su rostro para que pareciera como si estuviera llena de alegría por la ocasión y se concentró en no tropezar con el vestido de gasa que fluía.

"Gracias al cielo que terminó," oyó gruñir a Vegeta en voz baja.

"Oh, qué, ¿no te divertiste?" soltó ella. "Pensé que fue genial."

"Cállate, mujer, no ha terminado todavía," gruñó, y llegaron al final del pasillo para sentarse en tronos iguales. "Ahora vamos a saludar a las masas antes de proceder a la fiesta."

"Bueno, tenías razón en una cosa, este es un asunto grande y espléndida", murmuró ella, echando su mirada alrededor del salón principal ricamente decorado del palacio. Cintas de seda y decoraciones alienígenas cubrían cada superficie, y sus tronos habían sido cubiertos de oro. Flores de todo tipo de planetas diferentes estaban en las masas por toda la sala y sabía que la sala de banquetes estaría llena de manjares.

"Sólo deberías estar contenta que Zarbon fue capaz de hablar con todos para que no vean la consumación," Vegeta dijo en voz baja.

Los ojos de Bulma se agrandaron y se volvió hacia él, boquiabierta. "¿Qué?" jadeó.

Una pequeña sonrisa tocó la comisura de su boca. "En muchos de los planetas es costumbre ver a la novia y al novio consumar el matrimonio, para que no pueda haber ninguna duda de la unión", explicó. "El diseño original tenía una cama gigante aquí, cubierta con cortinas de gasa. Se suponía que debíamos montar un espectáculo antes de cenar."

"¡Gracias a Dios que eso no sucedió!" exhaló ella. "¡Yo no habría sido capaz de soportarlo!"

Vegeta simplemente rió entre dientes y puso una expresión pétrea mientras eran bombardeados con buenos deseos de toda la galaxia.


Lo primero que Bulma hizo cuando volvieron a sus habitaciones fue a quitarse el vestido y dejarlo en la esquina. "¡Gracias a Dios que se acabó!" gruñó ella, pateando sus zapatos para quitárselos. "¡Ese fue uno de los eventos más aburridos de mi vida!"

Vegeta cerró con llave la puerta detrás de él. "Pensé que siempre quisiste ser una princesa," se regodeó.

"No conocía nada mejor," escupió ella en respuesta.

Él dejó que una fría sonrisa se rizara en su rostro y rápidamente se despojó de su armadura ceremonial. "Por lo menos tuviste que usar ropa cómoda", comentó él.

"Yo no la llamaría exactamente cómoda", gruñó ella.

"Mejor que esa maldita armadura," gruñó él. "Esa capa estúpida es horrible, también."

Ella se dio vuelta, poniendo sus manos en la cintura de seda de su combinación. "Hmmm. Sabes, ese traje se ve bastante incómodo también," dijo, acercándose a él lentamente. Puso sus manos alrededor de la parte de atrás de su cuello y comenzó a tirarlo hacia abajo.

Él la dejó sacarlo hasta alrededor de sus caderas antes de que sus manos se dispararan y arrancó su combinación en el frente, rasgándolo por la mitad y arrojando los fragmentos de tela a un lado. Su boca cayó abierta y lo miró fijamente en shock mientras sus ojos ardían justo a través de ella. "Esta noche aprenderás cómo los Saiyajin consuman los matrimonios," dijo él, la voz ruda, y la arrojó sobre su hombro. Se acercó a la cama y la arrojó sobre las mantas. "Espero que te sientas luchadora."

Ella inhaló en anticipación y enganchó sus dedos en los pliegues de su traje. "Siempre lo estoy," murmuró ella, y lo jaló hacia ella.


ChiChi casi estaba dormida cuando la voz de Goku cortó su bruma soñadora como un cuchillo, rompiendo su paz y poniéndola totalmente alerta. Sus ojos se abrieron y se sentó de golpe en la cama como si hubiera sido mordida, fijando su mirada en su marido. "¿Qué? ¿Qué sucede? ¿Qué pasa?" jadeó ella.

Goku la miró, confundido. "¿Qué? No sucede nada malo. Sólo estaba tratando de hablarte," dijo él, sosteniendo su cabeza con un brazo.

ChiChi exhaló con alivio. "Oh. No me asustes así," dijo con irritación, recostándose de nuevo en las mantas junto a él.

"No quise asustarte," Goku dijo suavemente, poniendo una mano grande y cálida en su hombro, la piel de sus dedos endurecida por el entrenamiento. "Sólo quería decirte cosas."

"¿Por ejemplo?" murmuró ella, cerrando sus ojos y casi comenzando a quedarse dormida de nuevo.

Él se inclinó y la besó en el cuello. "Bueno, espero que sepas que te amo, sin importar lo que suceda. Siempre te amaré, por siempre. Tú eres el amor de mi vida, ChiChi."

"Eso es lindo," dijo ella con un suspiro, y él supo que ella no estaba prestando atención.

"Espero que recuerdes que dije eso algún día, por si acaso," susurró él. "Sólo quiero que sepas que nunca haría nada que te haga daño a propósito. A veces sólo hay cosas que tengo que hacer."

Ella no respondió, su pecho subiendo y bajando lentamente en los patrones de sueño. Goku suspiró y envolvió sus brazos a su alrededor, apretándola. Enterró su nariz en su cabello e inhaló profundamente, rozando la parte de atrás con sus labios. "Lo siento mucho," susurró él, y la abrazó así casi hasta el amanecer.

Aproximadamente una hora antes de que saliera el sol él cerró la puerta detrás de él en silencio. Dio unos pocos pasos en la hierba y casi se tropezó con el pecho de Piccolo. "¿Qué estás haciendo?" gruñó el Namekiano.

Goku sonrió tímidamente y puso una mano detrás de su cabeza. "Bueno, me voy a Arlia," dijo. "¿Te molestaría cuidar a Gohan mientras estoy fuera?"

El ceño fruncido de Piccolo se incrementó. "¿Arlia? ¿Para qué?"

Goku rascó su cabeza y dejó caer sus brazos a los costados. "Vegeta probablemente se va a meter en problemas, y no quiero ver a Freezer gobernar el universo," dijo simplemente.

Piccolo entornó sus ojos. "¿Qué? Pretende por un momento que no eres un idiota y trata de explicarme esto de nuevo," se quejó.

Goku suspiró. "Bueno, Vegeta quiere matar a Freezer. Ese fue el plan desde el principio. Sólo que ahora Freezer parece haber averiguado sobre Vegeta y su imperio, y por eso está enviando topas para destruirlo. Vegeta no sabe sobre las tropas dirigiéndose hacia él, así que tengo que intentar llegar allí antes de que suceda algo malo. Si todos superan eso bien entonces tendrán que tener a Freezer y todos sus hombres para preocuparse. Van a necesitar toda la ayuda que puedan conseguir."

"Estás loco," Piccolo escupió. "Te matarán con seguridad."

"Tal vez," Goku dijo. "Pero tengo que tratar de asegurarme que las cosas salgan lo mejor posible."

"No voy a explicarle a Gohan por qué su padre está muerto de nuevo, Goku," Piccolo declaró rotundamente. "No debes ir."

"Tú lo cuidarás, ¿verdad? Enséñale a cuidarse," Goku suplicó. "Por favor. Cuida a mi hijo, y asegúrate que vele por su madre."

"Si los amas, ¿cómo puedes dejarlos así?"

"Si no intentara lo mejor de mí las cosas podrían empeorar mucho más. Freezer está intentando dominar todo el universo. Si no es detenido ahora la Tierra no estará a salvo por mucho tiempo más," Goku explicó. "Quiero que mi familia esté a salvo, incluso si no puedo estar con ellos. Ahora, ¿me prometes que los cuidarás mientras estoy fuera?"

"Goku," Piccolo gruñó.

"¿Por favor?" rogó.

Piccolo escupió en el suelo. "Bien. Aunque no te mates por príncipe insignificante, ¿entiendes?"

Goku le dio a Piccolo un golpe fraternal en el hombro. "Haré mi mejor esfuerzo. Gracias, amigo," entonó.

"Vete de aquí," Piccolo se quejó.

Goku le dio un pequeño saludo y despegó en el cielo matutino.


La Sra. Briefs suspiró e inclinó su cabeza contra el frío metal de la entrada, las comisuras de su boca metidas con fuerza.

El Dr. Briefs se pasó una mano por su frente y dejó escapar un silbido de respiración agotada. "¿Qué pasa, querida?" preguntó, de pie erguido y quitándose las gafas. El pequeño gato negro bajó de su hombro y se corrió hacia la Sra. Briefs, quien lo agarró y comenzó a acariciarlo suavemente.

"Oh, es sólo que todo ha estado tan tranquilo desde que todos se fueron. Era muy divertido cuando Radditz y Bulma estaban aquí. Radditz era un muchacho tan dulce. Solíamos pasarla muy bien viendo televisión juntos. ¿A dónde se fue el tiempo?"

"Sí, sí, sé lo que quieres decir," respondió él, moviéndose hacia su esposa y poniendo un brazo alrededor de sus hombros. "Es extraño que nuestra princesita se haya ido. Se quedó aquí por bastante tiempo este último año. Recuerda que volverá a visitar."

La Sra. Briefs suspiró, tomando al gato y poniéndolo de nuevo en el hombro de su marido. "Sé que eso es lo que dijo, pero ya sabes como son los jóvenes casados. Apuesto que no visitará hasta que necesite que los abuelos cuiden a su primer hijo."

"Será mejor que esperes que ella y ese buen joven hombre suyo actúen rápido, entonces," el Dr. Briefs rió.

Ella gimió y enterró su rostro en el cuello de su marido, poniendo sus brazos alrededor de su vientre. "Todavía no puedo creer que se casara con Vegeta. ¡Radditz la amaba tanto! Él hubiera sido tan bueno para ella, y sólo sé que hubiera cuidado de nuestra pequeña princesa."

"Ahora, ahora," dijo él suavemente, acariciando su espalda e inclinando su mejilla contra la corona de su cabeza. "Vegeta no es tan malo. Es un chico inteligente, sí. No creo que él permita que nada le suceda a Bulma. Es fuerte también, y la protegerá."

"Creo que tendría que si se hubiera casado con Radditz él hubiera visto que ella nunca fuera puesta en peligro en primer lugar. Se hubiera quedado aquí con ella y Goku."

"No lo creo, querida. Él tiene una tremenda lealtad a su príncipe, y siempre hubiera puesto eso en mayor consideración que a Bulma. De esta manera Vegeta probablemente hará que todos la protejan. Vegeta tiene la última palabra, así que él nunca la dejará."

La Sra. Briefs suspiró una última vez. "Sí, supongo que tienes razón. Casi siempre tienes razón. Tú y tu dulce mente científica."

El Dr. Briefs rió y besó la corona de su cabeza. "Oh, tú me ayudas, querida. No podría haber hecho nada de esto sin ti."

Ella sonrió y se inclinó para besarlo. Una tos resonó en la rampa a sus espaldas. "Disculpen, ¿Interrumpo algo?" una voz dijo.

El Dr. Briefs miró por encima del hombro de su mujer. "¡Goku, hijo mío!" pregonó. "¡Llegas temprano!"

Goku puso su mano detrás de su cabeza y sonrió estúpidamente. "Sí, lo siento por eso. No podía dormir, así que cuando amaneció decidí irme."

La Sra. Briefs se dio vuelta y parpadeó. "¿Te fuiste en la madrugada? Te tomó un tiempo encontrar tu camino aquí. ¿ChiChi está bien?"

Goku miró al suelo, juntando sus manos detrás de su espalda. "Realmente no le dije a mi familia que me iba."

"¿Qué?" El Dr. Briefs dijo, levantando una ceja. "¿Pero no los lastimará mucho eso, muchacho?"

La Sra. Briefs golpeó suavemente el brazo de su marido. "Cariño, ¿realmente puedes imaginar decirle a ChiChi que te ibas a quién-sabe-dónde en el medio del espacio y que no sabes si volverás a casa? ¡Sólo piensa en cómo lo tomará! Sin embargo, sabes, Goku, eso va a matar a Gohan absolutamente. Acaba de perder a su tío, que era una de sus personas favoritas. Tú estuviste muerto por un año, también, y si te lastimas, pierdes, o mueres en esta misión, él sólo habrá conocido a su padre por unos pocos años de su vida."

Goku bajó su cabeza. "Lo sé. Me siento fatal por Gohan, y ChiChi, también, pero esto es realmente lo mejor que puedo hacer por ellos. Además, Piccolo cuidará a Gohan si algo me pasa. Hizo un trabajo realmente bueno con Gohan cuando morí la primera vez."

El Dr. Briefs sonrió pero sacudió su cabeza. "Eso puede ser, pero no hay sustituto para un padre, especialmente cuando sientes cosas tan profundas como tu niño las siente."

Goku suspiró. "Lo sé. Pero esto es todo lo que puedo hacer." Se quedó en silencio por varios momentos, contemplando sus botas. "Entonces," dijo finalmente. "¿Está lista?"

El Dr. Briefs giró para inspeccionar el interior de la nave. "Casi. He estado teniendo un problema."

"¿Qué? ¿Qué tipo de problema?" Goku presionó en alarma, sus ojos cada vez más amplios.

"No puedo decidir dónde colocar la máquina de capuchino."

"¿Quéeeee?" Goku gritó. "¿Es por eso que no podía terminarla?"

El Dr. Briefs asintió y levantó sus anteojos en su nariz con el dedo índice. "Así es. Tiene que tener capuchino."

"¡No necesito capuchino!" Goku gritó. "¡Sólo necesito irme!"

El Dr. Briefs angostó sus ojos y estudió a Goku tranquilamente. "¿Estás seguro? ¿Sin capuchino?"

"¡Estoy seguro!" Goku aulló. "¡Por favor, me tengo que ir!"

"Bien, bien," el Dr. Briefs gruñó. "Pero no vengas a mí llorando cuando todo lo que quieres es un capuchino en la mañana." Se metió en la nave.

La Sra. Briefs lanzó una sonrisa a Goku. "Ya sabes cómo es," ella dijo con una risita.

"Uh..." Goku respondió, mirándola sin comprender.

"Sólo será un momento. ¿Quieres algo rápido para comer? Ha pasado un tiempo desde que alimentamos a un Saiyajin."

"¡Claro!" Goku respondió, y la siguió hasta la casa.