Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
"Te ves como la mierda," Nappa dijo mientras caminaba por el pasillo.
Radditz alzó la vista desde donde estaba apoyado contra la pared. "Vete a la mierda," gruñó, curvando su labio.
Nappa se congeló donde estaba, su bigote torciéndose mientras miraba con la boca abierta a Radditz. "Cuídate, soldado," dijo después de unos momentos.
Radditz gruñó y se giró, golpeando a la pared con tanta fuerza que dejó grietas. "Cállate y déjame en paz. Sabes que soy igual a ti en rango. Ya no más de sacrificarme por tu estúpido trasero."
Nappa estudió el daño en la pared. "Tienes que mostrar respeto por tus mayores," dijo con frialdad.
Los ojos de Radditz se ampliaron y se frotó los ojos con una mano. "¡Tienes que estar bromeando! ¿Vas a poner un rango de edad sobre mí?"
"Tengo derecho."
"¡Tú sabes que ayer fue horrible para mí! ¿Por qué tienes que hacer esto?"
"¿Todavía estás suspirando por esa puta de la Tierra?" Nappa espetó. "Sabes que Vegeta la fornicó especialmente bien anoche; la mitad del palacio lo escuchó."
"Cállate."
"No es que no lo haya hecho antes, estoy seguro. El Príncipe siempre ha tenido talento para cualquier tarea que se proponga hacer. Renuncia a ella, Radditz."
"Cállate."
"Tu tiempo en la Tierra te hizo demasiado blando. Ni siquiera eres apto para seguir siendo un guerrero."
"¿No te acabo de decir que te callaras?" Radditz gruñó, mirando a Nappa a través de ojos enrojecidos. Apretó y aflojó un puño, sus músculos tensos con ira.
La mandíbula de Nappa cayó y quedó mirando a Radditz, estupefacto. "¿Qué?"
"Dije que te calles, viejo," Radditz siseó, corriendo hacia adelante y fijando a Nappa contra la pared.
"¡Si esa puta de la Tierra nunca hubiera venido todo estaría bien!" Nappa rugió, mirando a Radditz asesinamente. "¡Destruirá este imperio!"
"Por el contrario, mi querido Comandante," una fría voz flotó por el pasillo. "Esa puta de la Tierra, como la llamas con tanto encanto, es la mejor ventaja del imperio, especialmente cuando se yuxtapone por el temperamento volátil del Príncipe."
"Cierra la boca, asqueroso monstruo verde," Nappa rugió.
Zarbon dio un paso en la luz filtrándose por una ventana. "Libéralo, Radditz." Terminar con su ignorancia no enriquecerá tu vida," explicó con gesto desdeñoso de la mano.
Radditz emitió un sonido profundo en su garganta y se alejó del otro Saiyajin más grande con el ceño fruncido. "Tienes suerte," le susurró a Nappa.
"Será mejor que estés en lo tuyo, Comandante," Zarbon dijo cortésmente, su voz enfriando el pasillo.
"Esto no terminó," Nappa gruñó a Radditz. "No voy a tolerarlo."
"Estoy seguro de que no le importa lo que hagas," Zarbon interrumpió. "Déjanos."
Radditz miró la espalda de Nappa mientras se retiraba por el pasillo. "¿Qué quieres?" preguntó con brusquedad.
Zarbon suspiró y levantó una mano, colocándola en el hombro de Radditz. "¿Te encuentras bien? Te ves como si hubieras tenido mejores días."
"Se ha ido para siempre," Radditz respondió, frotándose un ojo.
Zarbon miró al suelo fijamente por unos instantes, sus labios apretados en una línea muy fina. "Sabías eso hace mucho tiempo," dijo en voz baja.
Radditz bajó la vista hacia el perfecto rostro de Zarbon, tratando de recordar cuando dejó de odiar al alienígena. "No lo hace más fácil. Tú no entenderías."
Zarbon cruzó sus brazos sobre su pecho, inclinando su cabeza a un lado un poco y mirando tranquilo a Radditz con sus fríos ojos dorados. "¿Qué te hace pensar eso?"
"Tú no sabes lo que es haber amado y perdido."
"¿Ah? ¿Y cuánto crees que sabes sobre mí?"
"Suficiente."
"Es sólo tu beligerancia Saiyajin la que habla. ¿Cuántos años tengo? ¿Cuál era el nombre de mi planeta? ¿Tengo descendencia? ¿Cuántos?"
Las mejillas de Radditz comenzaron a colorearse en vergüenza. "N-no lo sé."
Zarbon asintió. "Así es, no sabes. Recuerda eso y vivirás una vida más larga y saludable. En cuanto a Bulma, piensa en eso de esta manera: está viva, y es feliz, o tan cerca a eso como lo será alguna vez con Vegeta."
"¿Qué? ¿Qué se supone que significa eso?"
"Vegeta no es un hombre feliz y absolutamente no tiene deseo de hacer felices a esos que lo rodean. Vivirá una vida muy estresada y muy pública por el resto de sus días, y ella vivirá esa vida con él. Sin embargo, ¿crees que podrías haberla hecho más feliz?" Esperó unos minutos para una respuesta y asintió sabiamente cuando Radditz no pudo responder. "Y está viva, Radditz. Podrás no estar con ella en la forma en que te gustaría, pero tendrás su amistad por el resto de su vida. Si su felicidad es lo que realmente te importa, y realmente la amas, harás lo que sea que puedas para ayudarla a ser feliz en su vida con Vegeta. Ella podrá nunca enamorarse de ti, pero te amará por eso sin embargo hasta el fin de sus días."
Radditz miró a Zarbon por varios momentos, reflexionando sobre eso antes de asentir lentamente. Luego miró al hombre de cabello verde y entornó sus ojos. "¿Por qué me dices esto? ¿Qué te pasó?" Los ojos de Zarbon se ampliaron fraccionalmente en respuesta.
"¿Y bien? Eso es lo que se supone que te pregunto ahora, ¿no?" Radditz solicitó.
Zarbon rió. "Supongo," dijo con una rápida sonrisa, estirando su brazo y lanzando su pesada trenza sobre su hombro. "No sé por qué, pero el pasado parece estar fluyendo de mí como agua últimamente."
"Dime."
Zarbon suspiró. "Muy bien, pero te daré la versión corta." Puso sus manos en los hombros de Radditz una vez más, lo que puso incómodo al Saiyajin, pero lo permitió. Sabía que Zarbon operaba por un código diferente al suyo. "Valora su vida, Radditz. Yo amé a una mujer una vez, y me casé con ella. Por mucho que la amaba, quería mi felicidad tanto como la de ella, así que no le presté mucha atención a su verdadera vida y verdaderos sentimientos como debería haber hecho. Éramos muy felices de todas formas, pero después de poco tiempo juntos ella fue asesinada. Sentí como si mi alma fue arrancada de mi cuerpo, y no me he enamorado desde entonces. Por supuesto, esto fue mucho antes de que tú fueras siquiera un atisbo en los ojos de Bardock. Pero escucha lo que te digo, pienso en ella casi todos los días y desearía que pudiera haber hecho su vida mejor con sólo verla. Me di cuenta que lo importante no era su capacidad de amarme, sino cuánto la amaba. Tómalo como quieras, y tal vez encontrarás una manera de aplicarlo a tu propia vida."
Radditz finalmente no pudo soportar más el contacto físico y se alejó del tacto de Zarbon. "¿Qué se supone que significa eso?" dijo algo más áspero de lo que quiso hacerlo.
El rostro de Zarbon registró un breve destello de dolor antes de volver a su fría expresión. "Nada, supongo," contestó. "Malditos ustedes los Saiyajin."
Radditz observó a Zarbon dar varios pasos antes de que él encontrara el valor de hablar. "¿Zarbon?" dijo en voz baja.
Zarbon se detuvo pero no se dio vuelta. "¿Qué pasa, Radditz?" preguntó, la voz sonando un poco derrotada.
"Yo... pensaré en ello. Realmente lo haré."
Vio cómo la parte de atrás de la cabeza de Zarbon se movía mientras el otro hombre asentía. "Gracias," dijo, y se alejó por el pasillo.
Vegeta se sentó en su silla, su mentón apoyado en sus dedos mientras miraba al suelo debajo de su estrado real, sin girar su cabeza mientras Zarbon aparecía a su lado. "Pensé que deberías saber que Nappa y Radditz estaban teniendo una pelea esta mañana," Zarbon dijo suavemente.
Vegeta todavía no miró en dirección a Zarbon. "¿Y qué? Tengo otras cosas en qué preocuparme que las disputas de los soldados," dijo bruscamente, viendo como un Arliano abría el gran par de puertas para admitir a otro peticionario.
Zarbon aclaró su garganta. "Esto fue más que una pelea, Vegeta. El orgullo de Nappa fue herido de gravedad, y sabes lo vengativo que es."
Vegeta se movió en su silla, sentándose con la espalda recta. "Como el resto de los Saiyajin, ¿eh?" dijo con frialdad.
"Tú lo has dicho, no yo."
"Pero querías, Zarbon, querías. Viene a ser lo mismo."
"Sólo estoy diciendo que debes vigilarlo. La situación amerita ser observada."
"¿Me estás diciendo que desconfíe de mis propios hombres? Nappa prácticamente me crió y es excesivamente fiel. No estoy preocupado."
Zarbon suspiró. "Bien. No estoy de humor para discutir."
Vegeta frunció el ceño y finalmente miró a Zarbon. "¿Qué? ¿Qué sucede?"
Zarbon parpadeó. "Nada. ¿Por qué?"
Vegeta se acomodó en el trono, el ceño fruncido todavía fuertemente grabado en su rostro. "No hay razón, tonto. No tengo que justificarme contigo."
"Eso es lo que pensaba. Pero basta de esto. ¿Cómo está Bulma?"
Vegeta dejó una sonrisa astuta dibujarse en su rostro.
"Ahora, ahora, esa no es una expresión de decoro para el rostro de un emperador," Zarbon reprendió.
"Vivirá," Vegeta respondió. "Me siento confiado en decir que se divirtió."
Vio a Zarbon sonreír con el rabillo del ojo. "¿Y tú?"
"Oh, odio tocar a la horrible bestia, pero tengo que hacerlo."
Zarbon rió en voz alta, haciendo que algunos de los guardias Arlianos se movieran nerviosamente en sus posiciones cerca de los pilares de la expansiva sala. "Por supuesto. Qué tontería de mi parte preguntar."
"Por supuesto," Vegeta respondió, mirando a Zarbon de nuevo. "¿Quién es el primero?"
Zarbon giró y consultó a un Arliano por un momento, luego se volvió hacia el trono. "Un Kijarano. Sabes, todavía están enojados por lo de Anpane."
"Al infierno con ellos. Sólo te enviaré allí y puedes aliviar sus preocupaciones por ti mismo."
"Vegeta..."
"Zarbon, muestra algo de diplomacia," Vegeta espetó, y fue recompensado mientras Zarbon daba un paso hacia atrás y casi caía de la tarima. "Di tu asunto," Vegeta dijo a la mujer Kijarana que se arrodilló al pie de la tarima.
Había comenzado su lista de quejas cuando oyó susurrar a Zarbon. "Entonces, ¿dónde está Bulma?... ¿recuperándose?"
"El ala oeste. Es más tranquilo allí. Hay tantos malditos dignatarios arrastrándose alrededor de este lugar miserable."
"¿Así que estará bien protegida?"
"Por supuesto que no," Vegeta siseó entre dientes. "Lo mejor que me podría ocurrir es que alguien tome a ese snorklak tres veces maldito fuera de mis manos."
"Nunca cambias," Zarbon respondió en voz baja.
"Ciertamente no," dijo Vegeta, manteniendo sus ojos en la Kijarana todo el tiempo y asintiendo de vez en cuando. "¿Hay algo más?" Vegeta le preguntó, apoyando su mejilla con su mano.
"No, señor," dijo la Kijarana, obviamente sorprendida por la brusquedad de Vegeta."
"Eres tan malo," Zarbon susurró.
Se pone mejor, Vegeta respondió. "Zarbon te acompañará a tus habitaciones. Puedes trabajar en los detalles del acuerdo allí," le dijo.
Los labios de Zarbon se separaron con sorpresa.
No la decepciones, Vegeta dijo.
Zarbon se giró y miró a Vegeta, sus dorados ojos ampliándose. "No puedo creer que realmente hayas-"
"Créelo," Vegeta interrumpió. Miró a Zarbon por unos momentos más, luego levantó una ceja. "¿No me digas que estás eludiendo tus deberes?"
Zarbon frunció el ceño y apretó sus labios. "Por supuesto que no. Me gustaría advertirte, sin embargo, que encontraré una manera de agradecerte por esto."
"Lo dudo," dijo Vegeta, y observó en silenciosa diversión mientras Zarbon se iba con la Kijarana. Sacudió su cabeza para sí mismo levemente, luego fijó su negra mirada en Atlia, quien estaba de pie a una corta distancia de él. "¿Quién sigue?"
El resto del día había sido muy aburrido. Zarbon debió haberse tomado su tiempo con las Kijaranas. El hombre había estado fuera durante horas. Vegeta estaba frunciendo el ceño prohibitivamente al más reciente peticionario cuando un Arliano se tambaleó en el gran salón. Los guardias cayeron sobre él de inmediato, bloqueando su entrada al gran salón. La conmoción despertó al resto de la gente en el pasillo, para molestia de Vegeta. "¿Qué está pasando?" exigió, poniéndose de pie con un gesto de su capa. "¿Cómo te atreves a interrumpir mi audiencia?"
Atlia miró a Vegeta expectante. "¿Señor?" dijo con voz áspera.
"Ve," Vegeta gruñó, cruzando sus brazos sobre su pecho.
Atlia se movió hacia donde estaba el Arliano detenido, Vegeta observando de cerca mientras las antenas temblaban. "Señor," dijo Atlia, enviando al Arliano hacia hacia el trono.
Vegeta se mantuvo erguido y orgulloso mientras el Arliano se arrojaba a sus pies. "¿Y bien? ¿Cuál es el significado de esto?" gritó.
"Señales extrañas fueron detectadas en la estratosfera," soltó el Arliano.
Vegeta frunció su labio con irritación. "¿Y qué? ¿Para qué se les paga? ¡Descubre lo que son!" dijo bruscamente.
"Su majestad, sabemos lo que son," fue la respuesta.
Vegeta sintió que su corazón se saltó un latido, volviéndose frío en el pecho. "¿Y?" se obligó a preguntarse enojado mientras gotas de sudor frío se formaban en las raíces de su cabello y la parte de atrás de su cuello.
"Son naves, señor, en formación."
Vegeta sintió un temblor recorrer todo su cuerpo. "Lo que estaba ocurriendo. ¿Han sido puestos los combates tripulados?"
"Sí, señor."
"¿Cuánto tiempo?" Vegeta siseó. Una fracción de segundo más tarde la tierra pareció temblar, arrojando a pocos de los reunidos al suelo. Vegeta alejó su mirada hacia afuera de las ventanas arqueadas y vio humo moverse a través del paisaje urbano. "¡No!" gritó. "¡Es demasiado pronto!"
Atlia apareció a su lado. "¿Órdenes, señor?"
"¡Lucha, maldita sea!" Vegeta gritó. "Todos ustedes, ¡luchen! ¡Si no ganamos esto todo habrá sido en vano!"
"¡A luchar!" Atlia gritó tan fuerte como pudo, levantando una mano segmentada. De inmediato todos los Arlianos en el palacio corrían de aquí para allá, cargando sus armas.
"¿Dónde está Zarbon?" Vegeta exigió, sus ojos ardiendo mientras fijaba su mirada en Atlia.
"Con las Kijaranas, presumiblemente, señor."
"¡Tráelo!" Vegeta gritó, y dio unos pasos rápidos. En momentos había descartado la capa y estaba saliendo por la ventana, dirigiéndose hacia el cuerpo a cuerpo.
"¿Qué demonios fue eso?" Zarbon gruñó, girando su cabeza para intentar ver por la ventana.
"No prestes atención," dijo la Kijarana sobre él.
"No, definitivamente fue algo," dijo, alzando la vista a sus ojos sin pupilas. "Tengo que ir."
"¿Estás seguro?" la mujer Kijarana preguntó, pasando un dedo por la hendidura entre sus pectorales.
Él puso sus manos en su cintura y la quitó. "Sí," dijo, poniéndose de pie y corriendo a ponerse su armadura.
"Pero-" ella empezó, alzando una mano hacia él, pero él ya se había ido.
Estaba, de hecho, corriendo por el pasillo, luchando con hordas de soldados mientras pasaban por sobre él hacia el exterior. Después de lo que pareció como una eternidad logró llegar a la sala del trono, haciendo volar las puertas con ki cuando no se abrían de otra forma. Dentro del gran salón estaba reunido con grupos de visitantes dignatarios y civiles así como varios guardias. "¿Dónde está Vegeta?" exigió, de pie en la puerta, crepitando con ki. Todo el mundo lo miró sin comprender. "¿Dije dónde está el Emperador?" rugió, sus ojos brillaban asesinamente.
"Afuera," uno de los guardias ofreció finalmente. "Se fue después de la primera explosión, por la ventana, señor."
Zarbon hizo un ruido ininteligible de rabia e incrementó su poder, precipitándose por la ventana.
Lo que vio afuera no lo complació. Toda la ciudad parecía estar volando, con nubes de polvo y humo oscureciendo su visión. El hedor de cadáveres quemados de todo tipo de cosas llenó sus fosas nasales y entrecerró sus ojos contra el olor para hacerlos llorar menos, sosteniendo su brazo enfundado sobre su nariz. Los Arlianos estaban disparando desde el suelo con sus armas, pero sabía que no serían capaces de ver mucho a través de los escombros volando. Levantó la vista y vio manchas flotando en el cielo. Algunas de ellas serían sus tropas, pero la mayoría de ellas podrían no serlo. No había duda de ello, quienquiera que fuera que estaba atacando era consciente de las capacidades de las armas Arlianas y no estaban tomando riesgo alguno. Eso lo aseguró, entonces; Freezer los había encontrado por fin.
Lo segundo que se le ocurrió fue preguntarse dónde estaban los otros dos Saiyajin. Metió la mano en su armadura y sacó una cápsula, alejando los pensamientos de la Tierra que se alzaron mientras lo hacía, y sacó un scouter de ella. Maldijo entre dientes mientras lo ajustaba a su cabeza, deseando que hubiera encontrado una manera de obligar a Vegeta a tener uno con él también. Encendiendo el scouter, rápidamente ubicó el nivel de energía más alto. El del norte tenía que ser Vegeta, porque era el más grande. Habían dos más que él no reconocía, uno casi tan alto como el suyo. Si él y Vegeta eran los más fuertes entonces la Fuerza Ginyu no estaba presente, ni Freezer. Aún así, el hecho de que alguien en lo absoluto hubiera llegado era prueba suficiente de lo que Freezer sabía. Las implicaciones de eso hizo que su sangre corriera fría y tuvo que recordarse conscientemente de respirar. Incluso si destruían a cada soldado que Freezer había enviado al planeta era demasiado tarde. La confrontación entre los dos imperios era inevitable.
Tocó el scouter de nuevo y frunció el ceño. ¿Dónde estaban Radditz y Nappa? ¿Por qué no habían incrementado su poder todavía? Vio una señal encenderse a la vida en el sureste, lejos de los otros poderes altos, y se preguntó cuál Saiyajin era. Casi arrojó el scouter al suelo en exasperación, pero logró disciplinarse a tiempo. No le serviría de nada. Tenían que terminar con esto tan pronto como fuera posible, de otra manera podría no quedar nada. Tenían el poder para derrotar el pequeño destacamento de Freezer aquí, pero una lucha arriba en la atmósfera dejaba a la mayoría de las armas de los Arlianos inútiles, inclinando la balanza a favor de Freezer. Zarbon lanzó un rugido inarticulado de frustración y se sumergió en la lucha, sin importarle a quién mataba o cómo los mataba, con tal de que estuvieran muertos. Lo único que le importaba ahora era la supervivencia del Nuevo Imperio Saiyajin, y haría lo que fuera que pudiera para garantizar eso.
Vegeta había sabido que eran las fuerzas de Freezer al segundo que voló por la ventana. No tuvo problema en matar a quien se interpusiera en su camino, el amplio entrenamiento de Zarbon había visto eso, y ni siquiera estaba cansado. De hecho, se sentía bien luchar de nuevo, sentir la sangre de otros en sus manos, el olor de su miedo mientras morían cómo él quería. Su tiempo en la Tierra se había palidecido en comparación con la batalla, y ni siquiera había sabido lo mucho que extrañaba la lucha sangrienta hasta que estuvo en el medio de ella una vez más. De repente sus sentidos destellaron a la vida: había un poder más grande hacia el norte. Frunció el ceño al mismo tiempo que sonrió. ¿Quién sería? ¿A quién enviaría Freezer? Sin dudarlo más aceleró hacia la fuente de poder.
Casi no tuvo tiempo para reaccionar mientras el dueño del alto nivel de poder se estrelló contra él, llegando de inmediato a su garganta, pero Vegeta logró torcerse del camino y dar un golpe en la parte de atrás del cuello de su oponente. Flotó de nuevo una corta distancia y permaneció allí, apretando sus dientes. "Kiwi," gruñó.
El alienígena se giró y sonrió, mostrando sus redondeados detrás de sus labios de pescado. "Vegeta. Entonces estás vivo. Debería haber creído a Freezer cuando dijo que sabía que su mascota favorita no podría estar muerta."
"Freezer no pudo matarme. ¿Realmente pensabas que algo más podría haber podido hacerlo?" Vegeta escupió en respuesta.
Kiwi rió, sus antenas ondeando con el movimiento. "Me sorprende que vivieras, sí. Cualquier cosa que podría haber matado a Zarbon debería haberte matado a ti."
No sabe, Vegeta pensó. No tiene idea que Zarbon está vivo. Se enderezó y plantó sus manos en sus caderas. "Soy más fuerte que cualquiera de ustedes alguna vez será. Lamentarás haberme conocido."
Los hombros de Kiwi se sacudieron, estaba riéndose tanto. "Ya lamento conocerte, estúpida basura Saiyajin. Has hecho la vida de todos miserable desde que Freezer te puso a bordo. La única vez que alguien se divirtió con tu existencia fue cuando Freezer te puso en esos espectáculos de títeres. Fue maravilloso, verte bailar, incapaz de controlar tus propios movimientos. Aquí, Vegeta, ¡muéstrame si todavía puedes actuar como un gatito!" Kiwi cantó.
Vegeta sintió las garras de la rabia desgarrando su caja torácica. "Cállate," gruñó, sus manos apretándose en puños tan fuerte que la tela de sus guantes se rasgaron.
Kiwi giró sus caderas. "¿Quieres atacarme, mono?"
"¡Cállate!" Vegeta gritó, arrancando de su garganta un grito crudo, y voló hacia Kiwi. El otro alienígena bloqueó sus golpes, sus puños golpeando los antebrazos de Kiwi y llevándolo a varios metros hacia atrás.
Kiwi rió maniáticamente, la pequeña carúncula de carne a cada lado de su amplia boca temblando mientras lo hacía. Bajó sus manos y le dio a Vegeta un fuerte golpe en las costillas. "Esos eran los días, pequeño Vegeta. Oh, ¿por qué tuvo que restaurarte? ¡Fuiste la marioneta perfecta!" Su puño se disparó a la cabeza de Vegeta, y el Saiyajin tomó la mano entre su mejilla y hombro, negros ojos ardiendo ferozmente.
"Pronto no recordarás nada," Vegeta siseó, levantándose y agarrando el codo de Kiwi con ambas manos. Sudor salió de la frente de Kiwi y luchó, tirando con tanta violencia como podía para salir del agarre de Vegeta. "Sabes que me volví más fuerte, ¿verdad?"
Los ojos de Kiwi se agrandaron y una incierta sonrisa tembló en sus labios. "He, ahora Vegeta, ¿es esa la forma de tratar a un viejo camarada?" preguntó.
Vegeta sonrió lentamente mientras transfería el puño de Kiwi de entre su rostro y hombro hacia abajo de su axila, fijándolo allí contra la lucha del otro alienígena. "¿Camarada? ¿Qué clase de camaradería me mostraste alguna vez?" preguntó fríamente, agarrando el codo de Kiwi con una mano enguantada.
"S-sólo estaba bromeando antes, ¡sobre disfrutar el espectáculo de Freezer!" tartamudeó Kiwi, tratando nerviosamente de quitarse los dedos de Vegeta de su brazo.
"Oh, estoy seguro," Vegeta susurró. "Realmente no deberías estar preocupándote por ese brazo."
Kiwi dejó de balbucear y miró a Vegeta directo a los ojos, horror rompiendo a través de sus húmedas facciones púrpuras. La sonrisa del Saiyajin se desvaneció y levantó su mano libre, los ojos de Kiwi siguiendo el movimiento. Vegeta movió su mano en perezosos círculos, observando mientras la mirada de Kiwi rastreaba el el movimiento. "Preocúpate por esto," Vegeta dijo tranquilamente, formando a sus dedos índice y medio en la forma de ganchos. Sin duda alguna hundió sus dedos profundo en los amplios y aterrorizados ojos de Kiwi y tiró hacia afuera, sonriendo mientras sentía el rocío de caliente jalea y fluido en su armadura. Kiwi gritó y agarró su rostro mientras Vegeta liberaba su mano, volando sin rumbo en el aire.
"Por favor, Vegeta," Kiwi gritó mientras sangre se derramaba entre los dedos que presionaba sobre sus ojos. "No..."
"Tú no escuchaste mis gritos cuando era un niño," Vegeta gruñó. "¿Por qué debería escuchar los tuyos ahora?" Con un gruñido se arremetió y le dio a Kiwi una violenta patada en la cabeza. El cuerpo de Kiwi giró en su camino hacia el suelo, aterrizando con un golpe seco en la tierra. Vegeta bajó lentamente para ponerse de pie al lado del tembloroso cuerpo de su enemigo. "Tienes algo en tu ojo," dijo, agachándose y juntando un puñado de rocas. Pateó a Kiwi en su espalda y sujetó los brazos del alienígena a los costados con su mano libre. Un amargo, furioso sonido escapó de su garganta mientras hundía las rocas en las cuencas que sangraban, usando todo su peso para enterrar las piedras más adentro del cráneo del alienígena. "¿Y bien? ¿Hubieras deseado haberte muerto entonces?"
Kiwi gritó y se agarró su cara. Vegeta metió sus brazos al suelo usando sus rodillas. "¿Y bien?"
"Sí," Kiwi sollozó, todavía luchando contra el más pesado Saiyajin. "¡Sí!"
"¿Qué piensas que Freezer haría si te envío de vuelta en esta condición? Vegeta preguntó, sabiendo que Kiwi ya no podía verlo sonreír.
"Nunca llegaría a Freezer. Dodoria me mataría en la nave."
Vegeta parpadeó, saliendo de Kiwi para agarrarlo del cuello y levantarlo en el aire. "¿Qué?" Vegeta siseó en el rostro de Kiwi. "¿Qué acabas de decir?"
Kiwi rió, la cordura del sonido disminuyendo con cada segundo que pasaba. "Dodoria está aquí. Me mataría antes de permitir que Freezer averigüe cómo fallé," él se rió.
"¿Dónde está Dodoria ahora?" Vegeta exigió, sacudiendo el cuerpo de Kiwi.
"Seré asesinado," Kiwi rió, manchas de sangre golpeando las las mejillas de Vegeta.
"¡Maldito seas!" Vegeta gritó, de repente liberando a Kiwi y disparándose de nuevo en el aire. Miró hacia la figura de Kiwi que reía y se tambaleaba, y dejó liberar una esfera de ki, frunciendo el ceño mientras mordía limpiamente a través del cuerpo del alienígena púrpura y chocaba en la tierra. La explosión fue poderosa y breve, y cuando el polvo comenzó a asentarse Vegeta no pudo ver señal de que Kiwi hubiera existido alguna vez. "Penoso bastardo," Vegeta susurró, luego alzó su nariz al cielo, probando el aire.
Allí, allí estaba, se dio cuenta, cerrando sus ojos. Un gran nivel de poder, cercano al suyo, pero alejándose. Moviéndose hacia la capital, se dio cuenta con un destello de rabia negra. Tenía que ser Dodoria. Incrementando su poder, aceleró.
