Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


"Dodoria," susurró mientras el polvo que oscureció su visión era azotado por los vientos calientes y secos de Arlia. Estaba consciente de los latidos de su corazón y las afiladas rocas debajo de sus zapatos de suela blanda, pero nada más profanó su concentración en la figura que tenía delante. La anticipación sacudió el interior de su estómago mientras el gran alienígena de color rosa se volvió lentamente, sus ojos encontrándose por primera vez en lo que parecía eones. Vio con satisfacción cómo los pliegues púrpuras y carnosos debajo de los ojos de Dodoria se extendían mientras los ojos del otro guerrero se abrían en shock.

"Z-Zarbon," Dodoria borboteó. "¿Qué estás haciendo aquí?"

Zarbon tomó una esquina de su capa en su mano y ejecutó un arco exagerado. "Robaste mi línea. Creo que es la primera vez para nosotros," respondió con seriedad.

Dodoria se giró para mirar a Zarbon, e incluso desde la distancia que los separaba Zarbon podía ver las gotas de sudor corriendo entre la columna vertebral de Dodoria. La repugnancia que el alienígena rosa siempre había suscitado en él rápidamente salió a la superficie y lo amordazó. "Freezer nos envió. Freezer ha matado tanto a Cold como a Cooler y finalmente nada se pone en su camino para recuperar a Vegeta," Dodoria balbuceó.

"Veo," Zarbon dijo, sus dorados ojos brillando. "¿Y qué de la Fuerza Ginyu?"

"Están ayudando con la limpieza en el lugar de Cold. Apenas salimos de allí con nuestra piel."

Zarbon dejó una pequeña sonrisa fría cristalizarse en su rostro, sus dorados ojos brillando. "Oh, eres tan subordinado," dijo, divertido. "Respondes a todas mis preguntas incluso ahora, a pesar de que somos enemigos."

Los amarillentos ojos de Dodoria se ampliaron y sus espesos labios se agitaron mientras su boca se abría y cerraba inútilmente. "¿Enemigos?"

Zarbon rió, el sonido cortando a través del furioso ruido de batalla confundida. "Por supuesto, Dodoria. Estoy aquí, en este planeta. ¿Por qué crees que es? ¿Creías que Vegeta se las había ingeniado para esclavizarme?"

Zarbon pudo oír la húmeda y nerviosa respiración de Dodoria desde donde estaba. "L-lo había esperado. Todos pensábamos que estabas muerto. Ni siquiera sabíamos si Vegeta seguía con vida."

"¿Y cuáles eran las órdenes de Freezer, si descubrías que yo realmente estaba vivo?"

"Matarte y traer de vuelta a Vegeta."

Zarbon suspiró y sacudió su cabeza, cruzando sus brazos sobre su pecho. "¿Y quién iba a matarme?"

Dodoria miró fijamente a Zarbon por unos instantes de largo. "Cualquiera que pudiera. Yo."

Zarbon examinó sus uñas, fingiendo aburrimiento. Su mente corría mientras trataba de idear un plan, cualquier clase de plan. Extendió la mano y se quitó su scouter, re-encapsulándolo, sonriendo por la expresión de shock de Dodoria. "Oh, tenemos todo tipo de juguetes nuevos ahora," dijo con una sonrisa, notando que el propio scouter de Dodoria no estaba. Los Arlianos habían recibido órdenes de destruir los scouters de los enemigos primero, y Zarbon todavía estaba impresionado por su puntería.

"¿Nosotros?"

"El Nuevo Imperio Saiyajin. ¿Adivina quién lo dirige?"

"¿Hiciste a Vegeta un emperador?"

Zarbon sonrió y asintió, su trenza azotándose en el viento. "Por supuesto. Mucho ha ocurrido desde que me embarqué en mi misión para erradicar a los Saiyajin." Estaba contento de que Dodoria era tan fácil de distraer. Dodoria normalmente no hubiera tenido problema alguno en destruir; Zarbon estaba bastante seguro de que era más fuerte que Dodoria todavía. Sin embargo, Zarbon había recibido un fuerte golpe en las costillas por un disparo de un enemigo. Podía sentir la sangre supurando lentamente de la herida y por su costado y estuvo contento que su capa la ocultara de la vista de Dodoria. Aún así, era una herida bastante desagradable, y lo debilitaba considerablemente. Un leve ceño fruncido apareció en su perfecta frente mientras trataba de redirigir su concentración a su conversación.

"¿Por qué lo hiciste, Zarbon?" Dodoria jadeo. "¿Por qué traicionaste a Lord Freezer?"

Zarbon ladeó su cabeza. "Cuando llegué primero aquí se desató todo un infierno y las circunstancias me impidieron exterminar a los Saiyajin. En cambio, casi fui asesinado por el armamento que tenían en este planeta. Tú sabes tan bien como cualquiera que Freezer mata a esos que le fallan. Tenía tres opciones: volver a Freezer y ser asesinado, dejar que Vegeta me mate, o ayudar a Vegeta a matar a Freezer. Al ser amante de la vida y no estar preparado todavía para dejarla, naturalmente elegí la última."

"¡Entonces eres un enemigo de Freezer!" Dodoria jadeó, sus ojos ampliándose.

Zarbon cerró sus ojos por un momento y sacudió su cabeza lentamente. "Te tomó mucho tiempo darte cuenta de eso. ¿No te fijaste quién estaba limpiando tus tropas por cientos?"

Vio cómo los ojos de Dodoria parpadearon hacia el palacio y los edificios de la capital. "Entonces tendré que destruirlos a todos", soltó.

Zarbon suavemente se bajó a una posición de combate, esperando que Dodoria no notara cómo favorecía su costado. "Te invito a intentarlo," dijo con una sonrisa glacial.

"Sólo estoy cumpliendo órdenes. Lo sabes," dijo Dodoria, su flácida frente arrugada.

Zarbon se echó a reír. "¿Me estás pidiendo disculpas?"

Dodoria miró incierto. "Solías ser mi jefe. Eso es difícil para mí de olvidar."

"Bueno, no es difícil para mí en lo más mínimo. Nunca me gustaste, de todos modos. Sabes que odio las cosas feas."

Dodoria se veía como si hubiera sido abofeteado, haciéndole a Zarbon reír aún más. "Nada de eso importa ahora," el guerrero rosa gruñó. "Yo, al menos, todavía soy leal a Lord Freezer."

"Y yo soy leal a Lord Vegeta," Zarbon declare, y niveló dos dedos hacia Dodoria.

El alienígena gordo apenas fue capaz de evitar el poderoso disparo de ki que se aceleró hacia su cabeza. "Tú empezaste," Dodoria gritó.

"No," Zarbon gritó. "Freezer empezó. Es por eso que tiene que morir."

Dodoria bajó su posición y disparó una ráfaga de ki con dos manos en respuesta. Zarbon se giró rápidamente a un costado y le sonrió a Dodoria. "¡Los Saiyajin hubieran hecho exactamente lo mismo!" Dodoria protestó.

"Tal vez sea así," Zarbon respondió, sosteniendo una mano en el aire y frunciendo el ceño mientras concentraba la energía sobre su palma. "Pero tú recuerdas el horror de ese día. Tú y yo estábamos ahí en el puerto viendo la destrucción, ¿no recuerdas?" ¿La repugnancia que ambos sentimos?"

Vio con satisfacción que las facciones de Dodoria aflojaron un poco en el recuerdo. Zarbon liberó un grito de batalla y lanzó una esfera de energía hacia Dodoria. El guerrero rosa alzó la vista en horror, arrojando sus brazos frente a su rostro y levantando un escudo de ki en el último segundo. Cuando el humo se aclaró, Dodoria todavía estaba de pie, apenas chamuscado. Zarbon sintió cómo si el hielo estuviera formándose en su pecho. Todavía era consciente de la sangre corriendo por su costado, y le pareció como si estuviera viniendo más rápidamente. Con un rugido desesperado se abalanzó hacia Dodoria, con cuidado de evitar los picos en los brazos del otro alienígena mientras giraba y bloqueaba. Un breve borrón de golpes se intercambió antes que Zarbon plantara ambos pies en el suelo, bajara en un agache, y se lanzara hacia arriba, pateando mientras lo hacía. Sintió un crujido satisfactorio mientras se alzaba y aterrizó levemente en sus pies a pocos metros de distancia. Una sonrisa apareció a través de su rostro y ladeó su cabeza mientras miraba a Dodoria frotar su mandíbula. "Eso dolió, bastardo remilgado," Dodoria gruñó.

Zarbon se echó a reír. "Oh, ¡la verdad sale! ¡Me odias por mi belleza como yo te odio por tu falta de ella!"

"¡Siempre has enseñoreado sobre tu apariencia con los demás! Además, ¡se me considera atractivo para mi raza!" Dodoria gritó.

Zarbon cruzó sus brazos sobre su pecho y alzó su nariz al aire levemente mientras arrojaba su trenza sobre su hombro. "Eso no te ayuda en el gran esquema de las cosas, ¿verdad?" se rió entre dientes.

De repente la sonrisa cayó de su rostro mientras Dodoria venía corriendo hacia él. El hombre rosa era mucho más rápido de lo que recordaba, y si realmente tomaba algo de esa fuerza su herida definitivamente empeoraría. No parecía haber manera de que pudiera esquivar- no podía caer entre las piernas del otro guerrero porque Dodoria estaba a poca distancia del suelo, pero no podía saltar o tomar vuelo en su estado debilitado. Dodoria se acercó, y Zarbon hizo lo único que pudo pensar- se echó hacia atrás. "¿Huyendo?" Dodoria rió, un loco brillo en sus ojos.

"Algo así," Zarbon respondió, mirando críticamente mientras Dodoria lo perseguía. Flotó por sobre el suelo lo alto suficiente para evitar obstáculos, moviéndose hasta que Dodoria estuvo a sólo un brazo de distancia pero ya no le estaba ganando. Agradecido por su mayor alcance, Zarbon estiró su brazo y tomó las tiras de la armadura de Dodoria, hundiéndose al mismo tiempo en el suelo y plantando un pie en la cadera del otro guerrero. Dodoria gritó mientras era enviado al aire, aterrizando en una pila de escombros. Zarbon sonrió y se levantó dolorosamente. La sangre estaba corriendo por todo el camino por su pierna y no duraría mucho más. Se tentó en transformarse, pero la tensión que eso pondría en su herida lo haría caer más rápido que en su estado actual. Mantuvo su rostro sin expresión mientras Dodoria salía de las piedras, su semblante rosa retorcido de rabia.

"¡Maldito seas por humillarme!" Dodoria gritó, alzando sus brazos y juntandolos, doblados a sus codos, en sus costados. De repente arrojó ambas manos frente a él y liberó una monstruosa esfera de ki hacia el palacio.

"¡No!" Zarbon gritó, sus ojos ampliándose mientras su rostro palidecía. Alzó una mano, como si esa acción pudiera detener que la explosión sucediera. El complejo de edificios parecía iluminarse desde adentro por una luz gloriosa, luego las piedras se deshicieron y llovieron sobre ellos. Zarbon maldijo entre dientes mientras esquivaba de un lado a otro, sus ojos en el cielo. Apenas logró alejarse de una de las gigantes piedras de la pared, parte de su capa atrapada debajo de ella. Aún así, mejor su capa que él, y rápidamente la rasgó para liberarse. Escuchó la risa de Dodoria sobre el estruendo de las piedras cayendo y de repente una blanca ira que nunca había sentido antes se apoderó de él. "¡Dodoria!" rugió, corriendo hacia adelante, sin hacer caso a los escombros que volaban. Plantó sus pies a pocos metros de Dodoria, lo suficientemente cerca para que el polvo no oscureciera su vista del otro guerrero. "¡Pagarás por destruir lo que he trabajado tan duro en construir!"

Dodoria giró su cabeza y miró a Zarbon como si le hubiera crecido otra cabeza. Zarbon arrojó su cabeza hacia atrás y aulló su rabia al cielo, buscando más profundamente dentro de él y su poder de lo que alguna vez se había atrevido antes. Sintió al viento levantarse directamente debajo de él, su cabello arrancado de su trenza y fluyendo a su alrededor como un halo verde. Su cabello estaba hacia arriba y se azotaba en el viento, todo su cuerpo sintiéndose extrañamente insensible. Extendiendo una mano, apuntó su palma hacia Dodoria y prepare el brazo poniendo la mano del miembro opuesto en su propio codo. Con un grito liberó el ki que ardía dentro de él, mirando mientras la brillante esfera azul brotaba de su mano. El tiempo parecía ir más despacio, y él parecía extrañamente distante mientras miraba la explosión de ki moverse hacia Dodoria, su progreso extrañamente inactivo. Observó el rostro de Dodoria contorsionarse en miedo, sus movimientos pareciendo como si eran suspendidos en melaza. Un grito llegó a sus oídos, y aunque supo que tenía que estar viniendo de Dodoria, parecía como si se originara todo a su alrededor. La luz golpeó al cuerpo de Dodoria y la carne del otro guerrero pareció desintegrarse lentamente, volviéndose negra antes de dispersarse como cenizas al viento. El grito continuó girando a su alrededor, haciendo eco incluso después que las últimas partículas del cuerpo de Dodoria habían desaparecido. Parpadeó en confusión y maravilla, y jadeó cuando el tiempo de repente volvía a su lugar. Estuvo consciente de su cabello de repente reclamado por la gravedad y cayendo pesadamente a lo largo de su espalda. Frías lágrimas brotaron de sus ojos mientras giraba su cabeza con cautela hacia donde el palacio y los edificios de la capital habían estado una vez, su frente arrugándose con un triste ceño fruncido. Jadeó suavemente mientras sentía cada onza de su fuerza dejarlo y colapsó hacia atrás en el suelo, el cielo rojizo rizándose sobre él como si fuera un cuerpo de agua. Su respiración fue pronto el único sonido que pudo escuchar, y parpadeó en el polvo, preguntándose qué había sucedido. Sus pensamientos eran borrosos y su cabeza se sentía como si hubiera estado llena con barro. Unas pequeñas piedras lo golpearon en el rostro mientras alzaba la vista pero no les presto atención, en cambio concentrándose en la pegajosa masa de sangre que estaba derramándose de su costado y sobre el suelo. ¿Esto era todo? ¿Se había agotado, cómo siempre le había advertido a Vegeta que tuviera cuidado? Rió para sí mismo, susurrando. "Creo que se me fue la mano."

"Por supuesto que sí, tonto," una ronca voz le respondió, y pensó que vio ardientes ojos negros sobre él antes de que perdiera la conciencia.


Radditz escuchó el primer disparo y casi entró en pánico. El aumento de tensión de ansiedad lo hizo darse cuenta de lo seguro que había llegado a sentirse en su nueva compañía. Por mucho que odiara a Vegeta a veces, también se dio cuenta que tenía completa y absoluta fe en la habilidad de Vegeta para protegerlos a todos. ¿Realmente había pensado que estarían a salvo para siempre? Se dio cuenta mientras miraba a su alrededor que al parecer lo había pensado, de otro modo no estaría tan temeroso y shockeado como lo estaba en este momento.

"Radditz, ¿qué fue eso?" una voz preguntó, y luego se giró para ver que Bulma había asomado su cabeza fuera de sus habitaciones.

"Estamos bajo ataque," dijo, sin ver necesidad alguna en mentirle.

"Podría haber imaginado eso", dijo ella con el ceño fruncido. "¿Por quién?"

"Probablemente las fuerzas de Freezer," dijo Radditz, todavía revisando los pasillos. Una tropa armada hasta los dientes de Arlianos corrió pasándolo por el pasillo. "Quédate en esta habitación."

"¿Qué? ¿Esperas que me quede sola aquí? ¿Dónde está Vegeta?"

Él sintió una puñalada en su corazón mientras ella decía el nombre de su marido. Por supuesto que se preguntaría dónde estaba el hombre que amaba. ¿Cómo iba a olvidarlo? "No lo sé. Lo último que escuché era que estaba en la sala del trono, pero supongo que probablemente está afuera luchando ahora."

"¡Tengo que ir con él!" gritó ella, agarrando su bata. "¿Y si está herido?"

Él sacudió su cabeza y puso una pesada mano en su hombro. "Sabrías si estuviera mal herido, si realmente estás hundida. Además, ¿de qué sirve que vayas allá? Todo lo que lograrías es hacer que te maten. Él es demasiado fuerte para ser derrotado así de fácil. Tienes que creer en él, Bulma."

Ella lo miró, sus ojos azules inciertos. "Pero..."

Él frunció el ceño. "¿No confías en mí? ¿No soy tu amigo?"

Sus ojos se ampliaron y ella parpadeó. "Sí, por supuesto, Radditz," dijo tranquila.

"Entonces quédate aquí. No te vayas de esta habitación. Ponte algo de ropa de verdad en caso de que necesitemos moverte y quédate en la puerta. Serán la estructura más sólida en caso de que algo suceda."

Sus finas cejas se sumieron en un ceño fruncido. "¡Sé eso! Soy un científica e ingeniera," espetó. "¡Creo que sé que partes de un edificio son seguras!"

Él sonrió a pesar de sí mismo, sintiendo su corazón hundirse en su pecho. Oh, ¿por qué tenía que ser tan hermosa en un momento como este? "Bien," dijo con brusquedad, tratando de cubrir su adoración. "Sólo cuídate hasta que yo vuelva, ¿de acuerdo?"

Ella bajó la mirada y asintió con la cabeza. "De acuerdo," murmuró ella. "Pero tengo miedo."

Sin pensarlo puso sus brazos a su alrededor y la aplastó contra él, doblando su cuello para poder inhalar el aroma de su cabello. "Lo sé. Yo también lo estoy. Ten fe en nosotros, Bulma. Vegeta nos sacará de esto."

"Radditz," susurró, y él sintió sus músculos relajarse mientras ella inclinaba su cabeza contra su pecho. "Gracias."

"Debo irme," dijo él, aclarando su garganta con torpeza. "Recuerda lo que dije."

"Lo haré. Ten cuidado," respondió ella, y se deslizó fuera de sus brazos y de nuevo a su habitación, cerrando la puerta detrás de ella.

Él se quedó en el pasillo como un maniquí por varios momentos, simplemente mirando a la puerta y saboreando la sensación de ella en sus brazos. El sonido de exoesqueletos raspando contra la piedra lo sacó de su ensimismamiento y detuvo a un Arliano que pasaba.

"¿Qué está pasando?" preguntó.

El Arliano ejecutó una breve reverencia y se quedó en posición de firmes. "El informe es que las fuerzas de Freezer nos están atacando. No ha llegado palabra alguna del paradero del Emperador o del Señor Zarbon."

"¿Y el Comandante Nappa? ¿El Señor Atlia?"

"Atlia está organizando tropas en los hangares periféricos, pero en cuanto al Comandante no tengo idea, señor.".

"Sigue," Radditz ladró, mirando mientras las tropas se escurrían por el pasillo. Atlia probablemente estaría a salvo. Era inteligente, y el exoesqueleto le sería muy útil. ¿Dónde diablos estaba Nappa? No era normal que el Comandante desapareciera durante una pelea. ¿Qué diablos estaba pasando? Finalmente récord que tenía sus propias tropas para comandar y comenzó a correr por el pasillo. A unos pocos pasos se detuvo. Necesitaba más información. Tal vez podía usar el pequeño truco que su hermano le enseñó. Quedándose perfectamente inmóvil, aclaró su mente y centró su atención en las energías a su alrededor. Deseó poder hacerlo con la facilidad practicada con la que Goku lo había hecho, pero así tenía que pasar a través de cada firma de ki hasta que encontró las que estaba buscando. Vegeta se estaba dirigiendo hacia un gran poder al norte, pensó, mientras que Zarbon parecía estar asesinando tropas en el fragor de la batalla. Había otra gran fuente de poder en otro lugar, pero su técnica no era lo Buena suficiente para señalar dónde estaba o quién era. Nappa no estaba por ningún lado.

Radditz abrió sus ojos y maldijo entre dientes. ¡Maldito sea ese Nappa cabeza de carne! Levantó sus pies y voló por el pasillo, yendo tan rápido como se atrevió a través de las curvas del palacio. El edificio, al ser construido por insectos, no se parecía a nada más que a un hormiguero, con cientos de giros, pasillos redondeados y diminutas habitaciones de almacenamiento de las cámaras principales. No tenía idea cómo la gente sin habilidades para sentir ki lograba navegar por el lugar. Ahora, ¿dónde estaban sus propias tropas? Comenzó a intentar encontrar sus kis, pero recordó el scouter especial que Zarbon le había dado. Aterrizando rápidamente, buscó en su armadura por la cápsula y liberó su scouter. Lo ajustó a su cabeza y apretó el botón, satisfecho cuando el dispositivo tarareaba a la vida. Había pasado mucho, mucho tiempo desde que había usado un scouter. Zarbon le había dicho que estos scouters estaban programados para operar en una frecuencia privada y segura, y que sus tropas habían sido instruidas para que los usaran todo el tiempo. "Este es el Capitán Radditz," dijo, esperando que el scouter estuviera transmitiendo.

Sólo tuvo que esperar unos momentos. "Adelante, Capitán. Esperamos sus órdenes," alguien dijo. Por el sonido de la voz definitivamente no era un Arliano. Interesante.

"¿Cuál es su ubicación?"

"Hangar este, señor."

"¿Toda la unidad está allí?"

"Afirmativo, señor."

"Bien. Quiero que la mitad de ustedes se presenten de inmediato a las habitaciones de la reina. Protéjanla a toda cosa. Dejen a cuatro personas quedándose dentro de quince metros de ella en todo momento. La mitad del resto del grupo debería estar posicionada afuera para interceptor cualquier ataque de afuera del edificio."

"Sí, señor."

"Los soldados no asignados a ella deben prepararse para encontrarme en la puerta veinte en tres minutos."

"Sí, señor. Comenzaremos con sus órdenes."

"Excelente. Fuera," dijo, quitándose el scouter pero dejándolo encendido. Quería ser capaz de escuchar la comunicación entre sus soldados. Volando de nuevo, aceleró hacia la puerta veinte en el perímetro del recinto.

Cuando llegó estuvo satisfecho de ver que sus tropas lo estaban esperando. Se puso el scouter y escaneó sus niveles de poderes exactos, complacido de ver que Zarbon le había asignado todos élites. Eran de cinco o seis razas diferentes, y solo reconoció a un Kijarano y dos Arlianos. Mientras se acercaba todos fijaron atención, y se dio cuenta con interés que el Kijarano era un hombre. Intentó no mirar y se preguntó cómo Zarbon había logrado convencer a Anpane en liberar a uno de sus preciosos ciudadanos machos en las fuerzas armadas. Frunció el ceño cuando estuvo seguro que no tenía que preguntarse cómo Zarbon persuadió a alguna de las mujeres Kijaranas. Aclarando su mente de tales pensamientos, saludó a sus tropas en respuesta. "Me alegra que hayan llegado aquí tan rápido," dijo. "Tienen dos objetivos: buscar y defender al Emperador y ubicar y destruir cualquier clase de nave todavía en nuestra atmósfera. Transmitiré la limpieza al Hangar norte y ellos designarán las naves allí. Recuerden- no quiero que ninguna clase de comunicación llegue a Freezer." Hizo clic en el scouter de nuevo y supervisó a las tropas, eligiendo a los cuatro más fuertes. "Ustedes cuatro," dijo, señalando. "Ustedes buscarán al Emperador. Quiero que intenten tomar al prisionero de mayor rango que puedan, luego pueden seguir al Emperador a una distancia segura. Lo más probable es que él sabrá que están allá, pero no van a ayudar o interferir con él en ningún caso a menos que la situación se vuelva de vida o muerte. Entonces, y sólo entonces, van a actuar. Espero que me mantengan informado de su posición. Yo voy a buscar al Comandante Nappa."

"Entendido, señor," dijo uno de los soldados con un saludo, y reconoció la voz como la que había hablando antes.

"Excelente. Si necesitan contactarme háganlo a través del scouter. Hagan su mejor esfuerzo para no hacerlo a menos que sea absolutamente necesario."

"Sí, señor," las tropas respondieron al unísono.

"Vayan," dijo, y miró mientras las tropas se alejaban volando, así bajo su propio poder o ayudados por paquetes en sus espaldas. Satisfecho, cerró sus ojos y buscó de nuevo a Nappa. Todavía no había señal alguna. Ese bastardo debió haber aprendido cómo reprimir su ki de alguna manera. Por mucho que odiaba admitirlo, la experiencia militar de Nappa podría ser práctica en este momento. ¿No se suponía que este era el tipo de cosas que era el fuerte del Comandante? Con un suspiro se giró y comenzó a volar hacia las habitaciones de Bulma, contactando al Hangar norte en el proceso.

Finalmente llegó a las habitaciones de Bulma y entró sin llamar. Sus ojos se ampliaron en shock cuando la vio gritar. Ella rugió sin articular y lanzó un jarrón a una de las cabezas de los soldados, y el confundido guerrero tomó el jarrón antes de que pudiera golpearlo. Bulma gritó de nuevo, sus ojos en llamas, y comenzó a buscar por algo más para arrojar.

Radditz sonrió para sus adentros. "No deberías haberlo atrapado," le dijo al pobre soldado. "Sólo la enoja más."

"Lo siento, señor," murmuró el soldado, reverenciándose mientras le ofrecía el jarrón a Bulma.

Ella lo tomó y se giró enseguida hacia Radditz. "¡Esto es tu culpa!" gritó, arrojándolo hacia él. Él no se movió mientras el jarrón se rompía en pedazos en su pectoral.

Él frunció el ceño a sus soldados. "Salgan, todos ustedes. Quiero esta habitación vigilada de todos lados," ladró, mirando mientras se apresuraban para seguir sus órdenes.

Bulma parpadeó. "Eres eficiente," dijo con evidente sorpresa.

"La sociedad Saiyajin era una sociedad militar," dijo simplemente. "Ahora, ¿qué sucede?"

La ira volvió a su rostro. "¡Bastardo!" gritó. Sólo estoy aquí sentada, preocupándome hasta la muerte y en mis asuntos, ¡cuando todos estos soldados armados entraron y comenzaron a cuidarme como a niña! ¿Quién dijo que podías hacer eso?"

Radditz frunció el ceño. "Fue por tu propia seguridad. No podía estar aquí y quería asegurarme que estuvieras protegida."

"¡No quiero ser protegida!" ella gritó. "¡Quiero que me dejen en paz!"

Radditz suspiró. "No puedo permitir eso, Emperatriz. Es mi deber garantizar tu seguridad."

Su tono formal debió haberla sorprendido, ya que la mayoría de la ira, aunque no toda, se drenó de su rostro. "¿Es tu trabajo?"

"Lo sabes," Radditz dijo, haciendo a un lado la formalidad. "Y sabes lo que Vegeta me haría si fallo."

Bulma palideció. "Creo que sí, sí."

Radditz rió entre dientes. "Él no es blando, así. Seré, como dicen ustedes los terrícolas, tostado."

Bulma se rió débilmente. "Sí."

Radditz dio unos pasos más cerca, sonriéndole. "Pero quiero protegerte, Bulma. Siempre lo haré. Quiero asegurarme que siempre estés a salvo y tan feliz como puedas estar."

"Eres mucho más amable de lo que solías ser. Sonríes más, también."

Radditz de inmediato puso sus facciones en un ceño fruncido. "Hmph. Debió haber sido el tiempo que pasé con ese maldito hermano mío. Ya no es un Saiyajin, sabes. Es una tragedia."

"No lo creo," la escuchó comenzar a decir, pero su atención había clamado un tirón en su sentido de ki.

Tomó su scouter y gritó en él, "Todas las tropas del palacio dispérsense, ¡ahora!"

"¿Qué?" Bulma jadeó.

Él no respondió, solo puso el scouter en su armadura y la tiró en sus brazos, corriendo en un arco hacia la pared exterior de la habitación. Se acurrucó alrededor de ella para que estuviera completamente escudada, luego cerró sus ojos mientras el palacio entero era llenado con ki destructivo y el edificio estallaba alrededor de ellos.


"¡Despierta, imbécil! ¡Será mejor que no me hagas esto!" una afilada voz estaba gruñó en su oído, y estuvo vagamente consciente de ser sacudido suavemente.

"¿Qué?" preguntó, su propia voz tronando a través de su cabeza hasta que pensó que explotaría.

"¡Maldito seas!" la voz escupió.

"Cállate," susurró. "Mi cabeza se parte."

"Maldito seas," la voz susurró de nuevo. "¡No me vuelvas a hacer esto otra vez!"

Abrió un ojo en una grieta, la luz perforando agujeros en su cerebro. "Ouch," dijo.

"¿Tienes alguna idea de lo que podrías haberte hecho?" la voz volvió a gritar.

"Por favor, suave," instó, abriendo su otro ojo ligeramente. Esperó hasta que sus ojos pudieran soportar la luz antes de parpadear y mirar a su alrededor. La luz todavía dolía, y su cabeza todavía palpitaba, pero finalmente sintió como si viviría. Miró a su alrededor y se sorprendió de encontrarse mirando a las afiladas facciones de Vegeta. "Oh, eres tú," dijo suavemente.

"Zarbon," Vegeta reconoció suavemente, también enojado. "¿Qué diablos hiciste?"

Zarbon rió débilmente hasta que se dio cuenta que dolía hacerlo. "Creo que maté a Dodoria."

"No lo creo, lo sé," Vegeta espetó. "Pero eso no es lo que quiero que me digas."

Zarbon frunció el ceño levemente, todavía entornando sus ojos por la luz. Las facciones de Vegeta se mantuvieron yendo y volviendo a la concentración, aunque podría haber jurado que vio preocupación en esas profundidades negras. "Creo que casi hice lo que siempre te advertí que no hicieras. Casi convoqué demasiado ki y me quemé como una lámpara."

Vegeta gruñó algo entre dientes. "Bueno, estás vivo ahora, apenas. Estás sangrando por todas partes. ¿Quién hizo esto a tu costado?" preguntó.

"Ya están muertos, Vegeta. No tendrás venganza alguna por mí."

"Bien," gruñó. " Ahora concéntrate. Esto realmente va a doler."

"¿Doler más de lo que ya duele?" Zarbon dijo con una media sonrisa. "¡Se siente como si cada nervio hubiera estallado!"

"Confía en mí," Vegeta susurró, y Zarbon gritó mientras era levantado en el aire.

Zarbon sintió su grito hacer eco a través de todo su cuerpo, sus adentros casi sintiéndose como si estuvieran ardiendo. Casi volvió a caer en la inconsciencia, pero podía escuchar a Vegeta decir su nombre. "Maldición," jadeó. "No estabas estabas bromeando."

"Yo nunca bromeo," respondió el Saiyajin, y Zarbon pudo sentirse envuelto en la capa de Vegeta. Los duros músculos de los duros brazos de Vegeta presionados en su espalda y detrás de sus rodillas mientras era cargado. "Aquí, esto lo hará más fácil," dijo Vegeta, y flotó sobre el suelo.

"Sí, eso es un poco mejor," dijo Zarbon, cerrando sus ojos mientras se movían lentamente. Los dejó abrirse por unos momentos, sintiéndose como un bebé cargado en los brazos de Vegeta, y frunció el ceño cuando vio una figura arrodillándose en el suelo a su costado.

"Nappa, " dijo.

"¿Qué? " Vegeta dijo, volviéndose bruscamente. Zarbon gritó en dolor y Vegeta lo miró, el ceño fruncido con preocupación.

"¿Estás bien?" preguntó.

"Estoy bien," Zarbon susurró. "El movimiento fue demasiado repentino."

Vegeta asintió y fijó sus ojos en Nappa. "¿Dónde demonios estabas?" Vegeta espetó.

"Atendiendo cosas, señor," murmuró Nappa.

"Inaceptable," Vegeta siseó. "Infórmame de inmediato una vez que haya vuelto la calma."

"Sí, señor," Nappa dijo mientras Vegeta comenzaba a avanzar de nuevo.

Algo le pareció extraño a Zarbon, así que gastó la considerable energía necesaria para girar su cabeza mientras Vegeta se alejaba del Saiyajin más grande. Vio la mirada de Nappa fija en él con un odio indescriptible y sintió un escalofrío pasar a través de él. El escalofrío no fue nada comparado a lo que sintió cuando vio que Nappa rápidamente se puso un scouter con una pantalla naranja en su armadura. Todos los scouters que usaba en imperio de Vegeta eran de lentes azules, verdes, o rojas. Estaba por decir su miedo a Vegeta cuando se dio cuenta que el hombre que lo cargaba se había detenido.

"¿Está bien?" escuchó una voz decir, los tonos familiares.

"¡Tú!" oyó a Vegeta jadear. "¿Cómo demonios llegaste hasta aquí?"

"Tomé prestada una nave. Supongo que me perdí la fiesta."

"Qué fiesta," Zarbon jadeó.

"¿Zarbon está bien?" la voz preguntó de nuevo, y de pronto otro par de ojos negros lo miró.

"Viviré. ¿Podrías no hablar tan fuerte?" Zarbon pidió, angostando sus ojos y tratando de mover los pensamientos a través de su cerebro borroso para identificar al orador. Sabía que lo había visto antes. Parecía como si lo hubiera visto muchas veces, de hecho.

"Podrías haber aparecido antes de la lucha," Vegeta espetó con rabia.

"Lo intenté. Sabía que algo estaba ocurriendo, pero mi nave no iba más rápido. ¿Quieres que lo lleve? Estoy seguro que tienes cosas que hacer."

Zarbon gimió mientras era transferido de un conjunto de brazos a otro. Su nuevo cuidador lo sostenía más fácilmente, más probable porque los brazos eran significativamente más largos. Zarbon parpadeó mientras encontraba su rostro presionado contra un hombre vestido con tela naranja. Alzó la vista y miró al rostro de la persona que lo sostenía. Sus ojos se ampliaron en shock y sus costillas protestaron mientras daba un respire profundo de sorpresa. "¡Goku!" exclamó. "¿Qué estás haciendo aquí?"

"He venido a ayudar. Lamento llegar tarde," Goku dijo con una sonrisa. Sus ojos dejaron a Zarbon y giró su cabeza de un lado a otro. "Wow, este lugar se ve realmente arruinado. Aunque el resto del planeta está bien, más o menos."

"¿Qué?" Zarbon preguntó, parpadeando a través de su dolor.

"Oh, aterricé en el lado equivocado del planeta y tuve que dar un largo viaje para llegar," Goku dijo tímidamente. "Tuve que disfrutar de las vistas, sin embargo. No es un lugar muy verde, ¿verdad?"

"No. Los insectos gigantes no necesitan mucha agua, sin embargo," Zarbon dijo con una sonrisa débil.

"Sígueme," Vegeta interrumpió, su gesto visible en la visión periférica de Zarbon.

"Está bien," Goku dijo alegremente. "¡Al menos llegué a tiempo para ayudar a limpiar!"

Zarbon frunció el ceño. Había algo que tenía que decirle a Vegeta, algo terrible. "Espera," dijo, tratando de agarrar las ropas de Goku y fallando.

"Vegeta, espera un segundo, por favor," Goku dijo.

De repente Vegeta apareció en la visión de Zarbon, tapándolo. "Algo..." Zarbon susurró. Luego se le ocurrió, la realización golpeándolo como un relámpago. Se sentó en los brazos de Goku, gritando fuerte con el dolor de eso, luego extendió su brazo y apuntó un dedo en la dirección en la que el palacio y el recinto de la capital habían estado. "¡Allí! ¡El palacio! ¡Ha sido destruido!" exclamó, dorados ojos amarillos con miedo.

Vio el rostro de Vegeta volverse mortalmente pálido, sus negros ojos enfriándose con miedo. Los ojos del príncipe Saiyajin se alzaron hacia el rostro de Goku y lo miró por un rato, parpadeando. "¿Qué?" Goku susurró, su rostro también apretado con aprensión.

Vegeta se giró para mirar la pila de escombros donde había estado el palacio, luego giró su mirada a Zarbon. No. Sus ojos se volvieron salvajes con agonía y Zarbon pensó que pudo ver el brillo de lágrimas en las esquinas de los ojos del Príncipe.

"¿Qué?" Goku preguntó. "¿Qué pasa?"

"¡Bulma!" Vegeta gritó, el sonido crudo mientras explotaba de su garganta, y despegaba a una velocidad estrepitosa hacia las ruinas del palacio.