Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Se quedó mirando a las facciones de Zarbon retorcidas de dolor, siguiendo la dirección de los dedos agraciados y de piel azul hasta que sus ojos se posaron sobre el montón de ruinas. Algo se agitó en su pecho, pero nada le ocurrió. Luego, lentamente, dedos helados parecían rizarse alrededor de su corazón y apretarlo con fuerza. Volvió a mirar con incredulidad a Zarbon, tratando desesperadamente de no reconocer las consecuencias. Entonces cayó en la cuenta; no podía sentirla más. No podía cerrar sus ojos y señalar su ubicación. Sus ojos se encontraron con los dorados ojos de su ayudante y sintió su respiración moviéndose dentro y fuera de él rápidamente. Luego fue como si el mundo se hubiera roto dentro de él, desgarrándolo en pedazos. No podía perderla, simplemente no podía. No después de todo lo que había pasado. Los dorados ojos a los que estaba mirando estaban ensombrecidos por el dolor, la pérdida, y la comprensión. Fue el entendimiento lo que más le dolió. ¿Cómo podría, posiblemente, Zarbon comprender su dolor? Sintió un suave toque en su mente, pero lo apartó con violencia.

"¡Bulma!" gritó, moviéndose tan rápido como pudo hacia donde el palacio había estado una vez. Se dio cuenta mientras se acercaba que varios soldados estaban cerniéndose sobre las piedras, lentamente limpiando los escombros. "¡Fuera de mi camino!" gritó, y los soldados se dispersaron. Estuvo vagamente consciente del ki de Kakarotto viniendo detrás de él, apenas oyó la voz de Zarbon dirigida a los soldados para asegurarse de que no hubieran más de los soldados de Freezer deambulando. Gruñó y rugió mientras quitaba enormes bloques de piedra de su camino, el pánico alzándose como bilis en su garganta mientras la buscaba. Su sentido de ella todavía no estaba indicando nada.

"¡NO!" gritó, trabajando aún más frenéticamente. De pronto se dio cuenta de Kakarotto de pie junto a él, y al mirar al otro Saiyajin pudo ver el reflejo de su propio rostro surcado de lágrimas en el par de ojos grandes y negros que lo miraban. Es curioso, ni siquiera se había dado cuenta que había empezado a llorar.

"La encontraremos," Kakarotto dijo con calma, y luego se inclinó a su lado y comenzó a mover las piedras.

"Tenemos que encontrarla", Vegeta gruñó, luchando contra los horribles sentimientos de pánico y pérdida que crecían dentro de él. No se había sentido así de abandonado y desamparado desde la primera vez que fue atado a la mesa de operaciones de Freezer...

"¡Radditz!" Goku gritó. Se volvió a Vegeta. "El ki de Radditz es muy débil, pero está ahí en alguna parte."

"¡No me importa tu maldito hermano!" Vegeta gritó. "¡Encuentra a mi esposa!"

Goku frunció el ceño, pero no contestó, en cambio volviendo a su tarea.

"¡Bulma!" Vegeta gritó. "¡Bulma, respóndeme!" Sus guantes se rasgaron y sus dedos sangraban mientras agarraba bloque tras bloque de la piedra en bruto Arliana. Ya no era consciente del dolor, o de las lágrimas que todavía se filtraban desde las esquinas de sus ojos. ¿Realmente había llegado a ser tan débil? ¿Qué le había ocurrido, al temer así de perderla? Se dijo que era sólo la unión que se había formado inadvertida entre ellos, pero algo todavía no le parecía bien. Sacudió su cabeza para aclararla, luego se dio cuenta de otra figura agachada junto a él y Kakarotto. Centró sus ojos y se dio cuenta que era Zarbon, que debió haberse arrastrado desde donde fuera que Kakarotto lo había apoyado en el suelo.

"¿Qué demonios estás haciendo?" Vegeta gritó mientras miraba a Zarbon tirando débilmente en las piedras. "¿Estás tratando de matarte?"

Zarbon se echó a reír, el sonido carente de fuerza. "Te dije lo mismo a ti, una vez. Vale la pena para mí, Vegeta, morir si te ayudará a conseguir lo que quieres."

Vegeta dejó de moverse y se quedó mirando a Zarbon, que inclinó su cabeza en su tarea, con el rostro oculto por su espesa cortina de cabello verde brillante. ¿Qué estaba haciendo el maldito hombre? ¿Por qué no estaba descansando? ¿Dijo en serio lo que dijo? "Detente," Vegeta dijo bruscamente.

Zarbon volvió su cabeza ligeramente. "¿Qué?"

"Dije que te detengas. No necesitas hacer esto. De hecho, lo prohíbo."

Los dorados ojos de Zarbon, pareciendo apagados para Vegeta, aparecieron a través de una separación en el cabello. "Pero," él comenzó.

"No voy a perderlos a los dos," Vegeta espetó. "¡Kakarotto!"

"Sí, señor," Goku dijo, su tono preocupado. "Vamos, Zarbon, deberías saber mejor que eso."

"Pero, Goku, ¡no puedo sentarme allí siendo inútil!" Zarbon dijo, débilmente tratando de salir del agarre de Kakarotto.

Kakarotto le sonrió a Zarbon y puso sus dedos en la parte posterior del cuello de Zarbon. Vegeta vio como Kakarotto presionó ligeramente cerca de la columna vertebral de Zarbon. Los ojos de Zarbon rodaron en su cabeza y se cerraron, su cuerpo inmóvil mientras Kakarotto lo levantaba.

"¿Qué hiciste con él?" Vegeta exigió.

"Lo hice dormir por un rato. Es la mejor manera de mantenerlo fuera de problemas," Kakarotto dijo con esa sonrisa idiota suya. "Deberías seguir trabajando."

"No me digas qué hacer," espetó Vegeta, mostrando sus dientes.

La sonrisa de Kakarotto se ensanchó. "Eso está mejor," dijo crípticamente, y se movió hacia el perímetro de las ruinas.

Vegeta limpió algo de sudor de su frente y siguió cavando. Deseó con todo su corazón que pudiera hacer volar toda la pila, pero no estaba dispuesto a correr el riesgo de hacerla volar a ella junto con el resto. Luego algo se le ocurrió. Se deslizó fuera de la pila, cansado de la lentitud de su progreso. "¿Puedes usar la telequinesis?" le preguntó a Kakarotto.

"Un poco," respondió Kakarotto.

El ceño fruncido de Vegeta se profundizó. "Bueno, haz tu mejor esfuerzo. Será más rápido de esta manera sacar los bloques grandes de forma segura."

"Entendido," Kakarotto concordó, y ambos quitaron los pedazos más grandes de escombros.

Después de que esa tarea estuviera completada, Vegeta revolvió de nuevo en la pila y comenzó a cavar una vez más, Kakarotto tomando su lugar a su lado. "Aquí," Kakarotto dijo después una hora.

Vegeta estuvo allí de inmediato. "¿Qué?"

"Radditz está aquí," Kakarotto dijo. "Probablemente a diez metros abajo."

"¿Y qué?" Vegeta espetó con rabia. "Él no es mi hermano. Quiero a mi esposa."

Kakarotto suspiró, lo que sólo enojó más a Vegeta. "Radditz probablemente sabe dónde está, ¿no te parece?"

Vegeta no apreció el hecho de que este idiota hubiera pensado en algo que él no pensó. Se negó a reconocer que su pánico podría haberlo hecho pasar por alto ciertos hechos. "Tal vez. Movámonos."

El cavado duró unos minutos más, y por supuesto, la rebelde melena de Radditz apareció. Su cabello estaba tan cubierto con escombros y polvo que parecía ser rubio arenosa en lugar de su negro de cuervo, pero gimió cuando Kakarotto lo lo agarró por debajo de las axilas.

"Bulma," gruñó, sus ojos cerrados con fuerza.

"Vamos, hermano," Kakarotto dijo suavemente. "Estás bien. Estoy aquí."

Los ojos de Radditz se abrieron de pronto. "¿Goku?"

Kakarotto sonrió ampliamente. "Así es. Estoy aquí. Vas a estar bien."

"Bulma," Radditz jadeó, agachándose hacia el agujero. Kakarotto lo levantó por completo del agujero y acurrucada allí en los brazos de Radditz estaba el cuerpo de Bulma.

"¡Bulma!" Vegeta gritó, arrancándola de los brazos de Radditz y aferrándola contra él. "¡Bulma, respóndeme!"

Ella no respondió y él la alejó a brazos de distancia, mirándola. Estaba muy, muy polvorienta, pero más que unos pocos moretones y rasguños parecía ilesa. "¡Bulma!" gritó él, sacudiéndola suavemente. Ella comenzó a toser y se acurrucó. Él la sostuvo boca abajo mientras ella tosía, frotando suavemente su espalda. Después de un tiempo sus convulsiones cesaron y él la curvó en sus brazos, mirando a su rostro. "Bulma, ¿me oyes?" dijo suavemente.

"¿Vegeta?" murmuró ella, sus ojos abriéndose y estudiándolo con su sorprendente azul.

"Estás bien," dijo, la voz sonando más ahogada de lo que quería, y se acurrucó a su alrededor.

"¿Estás bien? ¿Te lastimaste en la batalla?" susurró ella.

"Estoy bien. Ganamos. ¿Qué pasó?" respondió, sus ojos mirándola como un hombre hambriento devorando comida.

"El palacio se derrumbó. Radditz me salvó," respondió ella, cerrando sus ojos de nuevo. "Estoy cansada..."

"Entonces duerme," dijo, agarrándola con fuerza. "Estoy aquí ahora." Ella asintió y él sintió su respiración constante. Luego finalmente alzó la vista a donde estaba Radditz apoyado por los brazos de su hermano. Sus oscuros ojos se encontraron y algo pasó entre ellos. Vegeta estudió el rostro de Radditz por largos momentos, viendo las líneas que el tiempo y el dolor habían grabado en el rostro del guerrero, y algo dentro de él se derrumbó. Fue extraño, pero sintió una extraña clase de alivio mientras se acercaba y rozaba la mente de Radditz. Gracias, dijo suavemente. Los ojos de Radditz se ampliaron y asintió una vez. Unas pocas lágrimas brotaron en sus ojos mientras Vegeta observaba.

"No tienes por qué, de todo corazón," Radditz susurró en voz alta.


"Mis tropas han logrado capturar a tres soldados de rango bastante alto. Informan que todos los demás han sido exterminados," Radditz informó horas más tarde.

Vegeta se sentó en su silla, su mentón apoyando en su puño, y asintió. "Muy bien. ¿Atlia?"

"La movilización de las tropas fue rápida y sin problemas, señor," respondió el Arliano. "El palacio fue evacuado por la mayor parte, aunque perdimos mucha servidumbre y algunos pocos soldados que no dejaron sus puestos."

Vegeta asintió, lanzando una mirada de reojo a Radditz. "Ya veo. Tales pérdidas son aceptables. ¿Espero que toda tu flota espacial sea atendida?"

"Sí, señor, gracias a las acciones del Capitán Radditz," dijo Atlia.

Vegeta levantó una ceja. "¿Pero eso no cae bajo la jurisdicción del Comandante?" dijo con frialdad.

Atlia giró su cabeza hacia Nappa, quien estaba sentado en un banco con la cara roja. "Sí, señor."

"Sin embargo parece que tú y Radditz tuvieron que dividir los deberes del Comandante. Tú, Atlia, ordenaste la evacuación y el despliegue del cuerpo principal de tropas, así como supervisar tus propios deberes en la comunicación y estaciones de detección. Radditz no sólo cumplió con su deber de proteger a la Emperatriz sino que además se aseguró que los cautivos fueran interrogados y las tropas desplegadas en el espacio. Entiendo que también fue instrumental en parte de la evacuación y el despliegue de armas?"

"Sí, señor," dijo Atlia.

"¿Entonces qué hiciste tú, Nappa?" Vegeta preguntó, su voz afilada.

Nappa bajó su cabeza y no dijo nada. "No hizo nada, señor," Zarbon ofreció, sus ojos brillantes y fríos.

"¿Qué es eso?" Vegeta dijo, dejando su mirada deslizarse hacia su ayudante, quien estaba completamente curado gracias a una semilla Senzu que Kakarotto había sacado de su nave. Sólo Kakarotto podría traer algo como las semillas Senzu y olvidárselas en su nave.

"Dije que Nappa no ayudó en nuestras operaciones de ninguna manera perceptible. Abandonó su puesto," dijo Zarbon, entrecerrando sus ojos.

Vegeta se movió en su asiento y suspiró. La negligencia de Nappa le molestaba más de lo que quería admitir. Era muy extraño que el Comandante evitara luchar, incluso más extraño que hubiera desobedecido flagrantemente a su príncipe. "Nappa, creo que sabes tan bien como yo cuál es el castigo tradicional por este delito." Miró las carnosas facciones de Nappa palidecer. "Sin embargo, ya que me has servido bien en el pasado, y los Saiyajin no son tan numerosos como para darnos el lujo de matar a esos que quedamos," continuó, ignorando la cuestionante e incrédula mirada que Zarbon le disparó, "Sólo serás severamente reprendido." Con eso le indicó a Radditz y Zarbon que lo siguieran, viendo con satisfacción mientras la alarma se formaba en la expresión de Nappa. Sus dos hombres tomaron a Nappa. de los brazos y lo arrastraron hacia el centro de la habitación. "Kakarotto, lleva a la Emperatriz afuera," ordenó. Decidió no ver la mirada perpleja de Bulma que también parecía acusadora de alguna manera, y esperó hasta que los dos terrícolas estuvieran fuera de la habitación.

"Cuando estés listo, señor," Zarbon dijo fríamente.

Vegeta sintió una feroz sonrisa tocando sus labios. "Pueden liberarlo. Prefiero si intenta escapar, en realidad," dijo, alzando y flexionando un puño. Caminó hacia Nappa y miró en su rostro. "¿Qué demonios estabas pensando?" preguntó, su cola desenrollándose de su cintura y creciendo en su ira.

"Nada, mi señor," murmuró Nappa.

Vegeta sintió un rayo de ira pasar a través de él y llevó sus puños al estómago de Nappa con todas sus fuerzas. "¿Eso es todo?"

"Lo juro, mi señor," Nappa dijo, cayendo de rodillas.

"¡No sirve!" Vegeta gritó, golpeando a Nappa en la oreja. "¡Cómo te atreves a desobedecerme!" Pateó a Nappa en el pecho, sonriendo mientras escuchaba las costillas rasgarse. "¡Podrías haberme costado el imperio! ¡Lo hubieras hecho, si Atlia y Radditz hubieran sido menos competentes!" Se agachó y tomó a Nappa del cuello, poniéndolo de rodillas. "Podríamos haber muerto todos. Si tú hubieras estado en tu puesto podríamos haber tenido mucha ventaja de conocimientos de antemano de su llegada." Le dio un revés a Nappa salvajemente, levantándolo cuando se desplomó en el suelo. "Estuviste muy cerca de causar las muertes de mi esposa y mi consejero más cercano. Por eso nunca te perdonaré."

"Pero son alienígenas, Vegeta, y no se puede confiar en ellos-" comenzó Nappa.

Vegeta se giró a Nappa, sus ojos en llamas. "¡Basta!" Vegeta gritó, y comenzó a golpear a Nappa salvajemente con sus puños, aterrizando golpes en cada lugar que pudo, pateando a Nappa incluso después de que cayó al suelo. "¡Casi me costaste todo!" gritó, preparando para disparar una ráfaga de ki a Nappa.

"Señor, creí que lo querías vivo," Zarbon interrumpió suavemente. Vegeta se giró hacia su ayudante en ira, luego luchó para controlarse mientras miraba a esos fríos ojos dorados.

"Sí, Zarbon, por supuesto," respondió con frialdad, disipando el ki y ajustando su armadura tranquilamente. "Atlia, haz que tus guardias lo quiten ahora. Debe ser puesto bajo arresto en su nueva habitación."

Atlia asintió y pronto se llevaron a Nappa. "¿Arresto de habitación?" Zarbon preguntó.

"El calabozo ha sido destruido. La nueva habitación que ha tomado es la única que podemos proporcionar."

Zarbon suspiró. "Supongo que tienes razón. Espera un momento- ¿la arena no está de pie todavía?"

Vegeta levantó una ceja. "Sí."

"Hay mucho espacio allá abajo," Zarbon dijo con una sonrisa fría.

"Ya veo. Muy bien, entonces. Lo moveremos mañana. La arena no será un mal lugar para celebrar la corte," respondió.

La sonrisa de Zarbon se ensanchó. "Por supuesto. Es el lugar donde todo esto empezó."

Vegeta respondió con una sonrisa suya. Cuanto más tiempo estuviera con Zarbon más contento estaba que no hubiera matado al hombre en esos días. "Que se haga."

"Qué..." Radditz comenzó, viéndose confundido.

"Es donde Vegeta pronunció que estaba construyendo un imperio e hizo que los Arlianos se prometieran a él," Zarbon explicó.

"Oh," Radditz respondió. "Eso funciona entonces, ¿no?"

"Exactamente," Vegeta estuvo de acuerdo.

"Wow, ustedes pensaron en todo, ¿no?" Kakarotto exclamó.

Vegeta hizo su mejor esfuerzo para suprimir su impulso de golpear al Saiyajin de la Tierra, pero su frustración encontró una salida en su tono de voz. "Suficiente. Todos ordenen sus asuntos. Nos reuniremos en las cámaras reales de la arena al caer la noche," espetó.

"Sí, señor," una ronda de voces respondió, y en cuestión de minutos la habitación estaba limpia, dejando a Vegeta sentado pesadamente en su silla, echando su cabeza hacia atrás, y mirando fijamente al techo por largos momentos en silenciosa contemplación.


"¿Por qué viniste aquí?" Radditz preguntó a su hermano al momento que salieron de la presencia de Vegeta.

Goku sonrió y se rascó la nuca. "Supongo que sólo quería ayudar. Sabía que iban a tener problemas," explicó con una sonrisa.

Radditz frunció el ceño. "Fue una estupidez, Goku," gruñó. "Tienes a ChiChi y a Gohan por quien preocuparte. ¿Y si algo te sucede?"

"Aw, ¡nada va a pasar! No con todos ustedes alrededor. Nos protegeremos unos a otros, ¿no?"

"Así no es como funciona," intervino una tercera voz. Los dos Saiyajin se voltearon para mirar al orador.

"¿Eh?" Goku preguntó, sus ojos en Zarbon mientras el alto alienígena de cabello verde se acercaba a ellos.

"Todos protegeremos al Emperador," Zarbon dijo con voz apagada. "Para eso vivimos Radditz y yo. Daríamos nuestras vidas para protegerlo."

"Oh, vamos. Vegeta es más fuerte que todos nosotros," respondió Goku. Tenemos que trabajar juntos."

Zarbon suspiró y cerró sus ojos, tocándose el puente de su nariz. "No, Vegeta hace lo que quiere y nosotros lo apoyamos. Así es como funciona un Imperio."

"Pero-"

"Sin peros, Goku. Funciona de esa manera y no importa nada más. Ahora, puedes tanto trabajar de esta manera con nosotros o tendré que enviarte a casa."

"Zarbon," Radditz dijo suavemente.

Zarbon giró toda la fuerza de su brillante mirada al Saiyajin más alto. "Lo siento," Radditz. Las cosas se están volviendo demasiado peligrosas para permitir que alguien tome su propia dirección. Tenemos que decidir que todos estén en posición ahora o podría llevar a nuestra destrucción."

"No sabía que estaba tan mal," Goku murmuró, frotándose su barbilla y frunciendo el ceño.

"Oh, es peor que eso," Zarbon dijo tranquilamente. "Freezer envió a Dodoria a buscar a Vegeta. Nunca hubiera hecho eso, especialmente cuando trataba de derrocar a su padre, a menos que estuviera completamente desesperado en volver a tener a Vegeta."

"No entiendo," Radditz interrumpió, inclinándose contra la pared del angosto pasillo y cruzando sus brazos sobre su pecho. "¿Por qué Freezer quiere tanto a Vegeta?"

Zarbon bajó su mentón a su pecho y suspiró, esperando varios momentos con sus ojos cerrados antes de contestar. "Freezer conoce a Vegeta," dijo lentamente. "No importa lo loco que esté o se vuelva Freezer, o lo mucho que Vegeta niegue esta verdad, Freezer conoce a Vegeta hasta su misma esencia. Esto, creo yo, es una de las razones por la que Vegeta tanto lo odia. Freezer le hizo cosas horribles al Príncipe cuando era un niño, y Vegeta no se ha olvidado ni las olvidará. Así que Vegeta quiere venganza."

"Creo que eso es obvio," Radditz murmuró.

Zarbon lanzó a Radditz una mirada llena de puñales. "Como decía," siseó, "Freezer sabe todo esto. Freezer también sabe que Vegeta tiene la capacidad de ser el más fuerte guerrero que este universo haya visto alguna vez. Parece tener alguna especie de enamoramiento con Vegeta también. Tal vez es porque Vegeta se rige por la emoción, tanto como él odie admitir eso, y Freezer realmente no tiene sentimientos. Vegeta es como una clase de mascota exótica."

"Pero él no es el único Saiyajin."

"Obviamente. Pero tú y Nappa no son enojados, apasionados, y fácilmente molestados como lo es Vegeta. Tienen demasiado autocontrol y Nappa no tiene el cerebro para ello."

"Um, ¿entonces por qué estamos en semejante peligro?" intervino Goku, un ceño fruncido de confusión en su rostro.

Zarbon suspiró. "Porque, Goku, Freezer sabe que Vegeta va a usar todo lo que pueda para matarlo. La mejor manera de cuidar a un enemigo es mantenerlo cerca. Freezer quiere juntar a Vegeta, y que esté enviando a Dodoria muestra lo serio que está hablando. Cuando se vuelva claro para él que Dodoria no va a volver, Freezer enviará a la Fuerza Ginyu. Y, si por algún milagro de la suerte derrotamos a esos sujetos, Freezer vendrá en su lugar. Entonces, mi buen hombre, todos estaremos muertos."

Los ojos de Goku se abrieron como platos. "¿Quieres decir que Freezer es tan fuerte?"

"Peor aún," Radditz dijo entre dientes.

"Wow," Goku susurró.

"Entonces, cuando tengamos nuestra reunión esta noche necesitamos convencer a Vegeta en dejar este planeta. Arlia estará seguro si él no está aquí, así al menos el imperio sobrevivirá si no lo hacemos, y tal vez alguien más en nuestras fuerzas eventualmente será capaz de derrotar a Freezer."

"Ahora estás soñando," Radditz dijo con una risa fría.

Zarbon rodó sus ojos. "Tenemos que proteger al Príncipe. Podemos hacer eso mejor en el espacio, donde no hay distracciones. Atlia es más que capaz de cuidar las cosas aquí."

"Tienes razón. ¿Dónde debemos ir?" Radditz dijo.

Goku miró a los dos hombres por un rato mientras se perdían en sus pensamientos. "Realmente lo quieren, ¿no?" preguntó en voz baja.

La cabeza de Zarbon se levantó y miró a Goku. "Nunca querría a un podrido y malcriado pequeño bastardo como Vegeta. Es absolutamente imposible," dijo bruscamente. "Ahora tengo algunas cosas que hacer antes de que nos reunamos esta noche. Disculpen." Con esas palabras caminó por el pasillo con un movimiento de su trenza.

Goku miró a su hermano y se sorprendió de ver que el hombre estaba sonriendo. "Sabes, se están volviendo más como el otro cada día", dijo con una rosa. "Creo que Zarbon quiere a Vegeta incluso más que a Bulma. Es como un hermano mayor para el Príncipe. Creo que entiendo como se siente el sujeto verde, finalmente."

"¿Eh?" Goku dijo.

En un raro momento de ternura, Radditz extendió la mano y alborotó el cabello de Goku. "No importa," dijo con una sonrisa, y caminó por el pasillo, dejando a un aturdido hermano menor detrás.


Zarbon se inclinó contra la pared del pasillo una vez que estuvo fuera de vista. Tomando profundos respiros, cerró sus ojos y llamó a la calma. Los latidos de su corazón habían comenzado a disminuir y parecía como si su cabeza finalmente se estuviera aclarando. La confusión del día salió de él como vapor, invisible pero casi tan palpable, y resistió las ganas de gritar. Llorar también era una opción, se dio cuenta, y sacudió su cabeza. Había estado tan cerca de perderlo todo. Ese Nappa estaba tramando algo también, y maldición si él no tenía el tiempo para buscar en eso en ese momento. Necesitaba pensar en algo para la reunión, y en el momento estaba completamente aturdido. Incluso si Vegeta intentaba llevarse a Freezer con un disparo masivo y drenante de energía vital dudaba que funcionara. Freezer quedaría gravemente herido, pero Vegeta moriría. Fin de la historia. Apretó sus dientes. Tal vez Goku podría ser útil. El Saiyajin de la Tierra era increíblemente fuerte, casi tan fuerte como Vegeta. Todavía tenían que luchar contra toda la Fuerza Ginyu antes de llegar a Freezer, sin embargo. Se dejó caer derrumbado contra la pared de piedra arenisca. ¿Había alguna manera posible en que pudieran ganar, o todo su mundo se llevaría por las llamas de nuevo?


Bulma tarareaba para sí misma mientras doblaba su ropa y la ponía en los cajones. Por suerte había pensado en llenar una maleta de cápsulas en su camisa antes de que todo el castillo se derrumbara sobre ellos, y ahora la simple y mundana tarea de cuidar de su propia ropa la tranquilizaba enormemente. Suspiró con satisfacción y miró a su alrededor. Por supuesto que Vegeta había requisado una de las viviendas más gloriosas que todavía quedaban en la ciudad, pero todavía no se comparaba con la grandeza del palacio. Aunque estaba feliz por el espacio más pequeño. Se sentía más cómodo para ella. De repente se dio cuenta que nunca volvería a ver su habitación en el palacio de nuevo. Todo el edificio se había ido. Luego recordó la mirada de angustiada desesperación en el rostro de Radditz mientras la empujaba contra él y la protegía con su cuerpo, la brillante luz de ki juntado alrededor de ellos. No había sospechado que fuera tan fuerte, Por otra parte, tenía que serlo, supuso, si iba a intentar competir con Goku, Zarbon, y Vegeta. Sus manos se apoyaron pesadamente arriba de la cómoda, sus ojos desenfocados mientras miraba a la pared, recordando el torbellino de emociones que había sentido cuando vio las enormes piedras lloviendo sobre ellos. Radditz le había dado todo, se dio cuenta. Si él no hubiera aterrizado en la Tierra ella nunca hubiera conocido a Vegeta, y a pesar de su casi constante ira y frustración por el Príncipe no podía imaginar una vida en que no la pasara con él. Él siempre había estado allí para ella y siempre había cuidado de ella. Por qué, casi sacrificó su propia vida para asegurarse que ella pudiera continuar la suya. ¿Cómo podía pagarle? ¿Era posible? Recordó que su primer reacción cuando las piedras comenzaron a caer fue el destello del desgarrador dolor que sintió ante el prospecto de nunca volver a ver el rostro de su esposo de nuevo. Radditz se había asegurado que lo hiciera. Suspiró, perdida en sus reflexiones internas, y por eso se asustó tanto cuando escuchó la puerta abrirse detrás de ella.

"Bulma," una voz le susurró.

Se giró rápidamente, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Parpadeando rápidamente, vio quien era que había entrado en la habitación. "Estoy bien," dijo, sabiendo que él nunca le hubiera formulado la pregunta a la cual pertenecía la respuesta.

"Ciertamente lo espero," respondió, cerrando la distancia entre ellos con unos pocos pasos.

Ella miró en sus ojos insondables. "¿Y tú? ¿Estás bien?" murmuró, atraída por su calor corporal e ignorando el peligro que sentía allí, sintiéndose tan vulnerable como una polilla atraída a una llama. ¿El hombre frente a ella la quemaría viva con su locura por conquistar y por la venganza?

"Estoy bien," dijo, repitiendo su declaración. De repente la tomó por los hombros y la sostuvo a brazos de distancia, su ardiente mirada pasando por su cuerpo y examinando cada centímetro. "Y pareces estar ilesa. Radditz merece una recompensa sustancial."

"Sí," dijo ella, confundida por su comportamiento. Sus movimientos eran tan agraciados como siempre, pero él parecía sostenerse firme y tan lejos de ella como podía y aún así se aferraba a ella.

"Bulma, yo," comenzó, sus mejillas de repente coloreándose.

"¿Sí, Vegeta?" susurró ella, mirando tan profundamente en sus ojos cómo se atrevía.

"Y-yo..."

Ella sintió la sangre ir a sus mejillas. ¿Iba a decirlo?

Se quedó allí por un largo momento, mirándola, la boca abierta levemente y su respiración entrecortada. Se inclinó hacia adelante tan ligeramente, como si estuviera a punto de hablar, y luego la soltó bruscamente y se dio vuelta. Ella miró a su espalda, sintiéndose de repente sola y fría. "Cuando el palacio se derrumbó, no te pude sentir más", dijo suavemente.

"Lo siento," dijo ella amargamente, cruzando sus brazos sobre sus pechos.

"No, es sólo... sé ahora que es porque el ki de Radditz estaba ahogando tu energía más pequeña de energía. Pero ese no es el punto."

"¿Entonces cuál es el punto?" espetó ella, sorprendida por el veneno en su voz. ¿Realmente estaba tan decepcionada de no escuchar las palabras que nunca había esperado de este hombre en primer lugar?

"¡Tengo que ir a reunirme con los demás en unos minutos, maldita sea, mujer!" dijo bruscamente, luego se volvió para mirarla una vez más. Estuvo sorprendida en ver que su habitual ceño fruncido se había suavizado algo y sus ojos realmente parecían adoloridos.

"Lo siento," murmuró. "Por favor, continúa."

"Cuando no pude sentirte más, pensé que seguro te había perdido." Ella se quedó y esperó por varios momentos, pero él apenas se quedó y la miró, sus enguantadas manos a sus costados. Estuvo a punto de rendirse con él cuando él inesperadamente se precipitó hacia ella y la aplastó contra él, sus tensos músculos presionando en su piel y abrazándola tan fuertemente que apenas podía respirar. "De repente no pude imaginarte no estando allí."

"Vegeta," susurró, enterrando su rostro en su fornido cuello. Olía como siempre- a viento de otoño, fresco con toques de calidez y picante. Se sorprendió al sentir lágrimas juntándose en las esquinas de sus ojos.

"No es que te necesito. No," dijo rápidamente, creando de inmediato alguna distancia entre sus cuerpos.

Ella sonrió. "Lo sé. Yo tampoco te necesito. Pero es claro que te quiero," respondió, poniendo sus manos en cada lado de su rostro. Él cerró sus ojos y lanzó un suspiro que ella sintió venir desde las profundidades de su ser, y pasó su pulgar sobre sus suaves labios cincelados. Muy lentamente se levantó de puntillas y puso su boca en la de él, besándolo profunda y suavemente. Él hizo un sonido casi inaudible y se inclinó sobre ella, sus brazos y cola serpenteando alrededor de su cintura. Finalmente tomó un profundo respiro y se alejó.

"Deberías descansar un poco," dijo suavemente. "No hay forma de decir cuánto durará esta reunión."

"Debería estar por morir cada día", comentó ella, ambos complacidos y agitados por el repentino cambio en él. "Te hace mucho más agradable."

Su rostro se cerró en su habitual ceño fruncido una vez más. "Cállate," gruñó. "Haces algún truco así como ese de nuevo y te mataré yo mismo."

Para su propia sorpresa ella se rió y coló un último beso en su mejilla. "Bueno, tendrás que convencerme en no hacerlo, entonces, ¿no?" rió.

Él le gruñó desde profundo en su garganta, pero ella pudo ver la esquina de su boca torcerse en contención de una de sus raras sonrisas. "Más tarde, mujer, más tarde," se quejó, y salió de la habitación.