Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Zarbon salió de la habitación sintiendo su corazón como si fuera un bloque de hormigón alojado en su caja torácica. No podía creer que Vegeta haya dicho esas cosas. No, podía creer que Vegeta hubiera dicho esas cosas; con lo que estaba teniendo problemas era con el hecho de que Vegeta lo había dicho en serio. Había visto algún tipo de emoción ardiendo en los ojos de Vegeta cuando el Príncipe voló por la ventana. ¿Qué otra cosa podría haber sido sino odio? Suspiró para sí mismo, presionando el dolor que amenazaba con levantarse en su pecho y estrangularlo. Sus propios pasos le sonaron particularmente huecos mientras caminaba lentamente por el pasillo, preguntándose vagamente dónde estaba su propósito. Sentía como si le hubieran quitado el aire, su pecho sintiendo el mismo tipo de constricción.

Vagó por el edificio durante un tiempo bajo la pretensión de asegurarse de que el lugar fuera seguro. Después de media hora de caminar sin rumbo decidió renunciar e ir a sus aposentos. Se volvió por el pasillo que conducía finalmente a sus habitaciones, pasando una ventana en el camino. Deteniéndose, apoyó sus manos suavemente sobre el alféizar, estudiando la piedra arenisca debajo de sus dedos. Como la mayoría de las estructuras Arlianas, la ventana carecía de vidrio, contando con las persianas para mantener fuera a los elementos. Los postigos de la ventana en los que estaba de pie estaban lanzados bien abiertos y se encontró con que miraba a un patio. Una pequeña sonrisa tocó la comisura de su boca mientras pensaba que los dueños de la casa debían ser importante de hecho por tener un espacio como ese en su hogar. Cerró sus ojos mientras el viento caliente y seco desde fuera soplaba en el pasillo. La brisa todavía cargaba el tenue aroma a carne quemada y polvo y se apresuró a hacer a un lado los pensamientos que el olor movía dentro de él. Había olido la misma manera, cuando la había encontrado. Sus ojos todavía cerrados, extendió una mano y sintió la brisa entre sus dedos, la sensación del movimiento contra su piel casi la imitación de una caricia. "Bethsena," susurró en la noche.

Se obligó a abrir los ojos y se volvió hacia el cielo, viendo nubes de polvo subiendo en el viento. Las partículas en el aire, restos de la destrucción del día, juntadas en el aire y hacían las lunas gemelas parecer rojizas, como si estuvieran manchadas de sangre seca. Suspiró y se inclinó contra el alféizar. El viento sopló de repente, batiendo las nubes de polvo aún más alto en el aire, y la ilusión de las lunas sangrientas fue dispersada, su color natural de azul acero regresando una vez más. Zarbon sonrió y siguió mirando al cielo. "Debo estar volviéndome viejo," susurró para sí mismo. "En realidad estoy reflexionando sobre mi existencia."

Intentó, por un momento, imaginar lo que su vida hubiera sido si su mundo no hubiera sido destruido, si Bethsena hubiera vivido. Hubieran tenido hijos, estaba seguro de ello. Trató de visualizar sus dorados ojos y el cabello azul noche de Bethsena en una joven. Habían pasado años desde que había cedido a esos pensamientos. "Ha pasado tanto tiempo, Bethsena," murmuró al viento. Apenas podía siquiera recordar los rasgos de su cara. La mayor parte de sus recuerdos de su tiempo con ella eran impresiones borrosas y sentimientos en vez de imágenes o pensamientos distintivos. Cerró sus ojos otra vez. No podía recordar cómo olía, ya no podía recordar cómo se sentía tenerla apretada contra él.

"¿Quién es Bethsena?" dijo una voz profunda detrás de él, haciéndole saltar casi fuera de su piel.

Rápidamente reprimió su sorpresa y se tranquilizó, volviéndose hacia el orador. "Ah, eres tú," dijo con el ceño ligeramente fruncido, y luego regresó a su contemplar de las lunas.

"Buena manera de tratar a un compañero guerrero," dijo el hombre, apoyando su enorme cuerpo en el umbral junto a Zarbon.

"Cállate, Radditz. No estoy de humor para tomarlo a la ligera," Zarbon espetó, avergonzado que había sido tomado desprevenido.

"No estoy tratando de tomarlo a la ligera. Sinceramente, quiero saber. ¿Quién es Bethsena?" Radditz preguntó de nuevo, fijando sus ojos negros en la cara de Zarbon.

"Ese fue el nombre de mi esposa," Zarbon respondió con frialdad. No tenía ganas de hablar en este momento, especialmente con alguien como Radditz. Después de todo, los Saiyajin no eran conocidos por su empatía y sensibilidad.

"¿Ella es la mujer de la que hablaste antes?"

"¿Cuántas esposas crees que tuve?" Zarbon escupió, frunciendo el ceño en serio.

"Teniendo en cuenta la cantidad de mujeres con las que te has acostado desde que te he conocido, creo que es una pregunta perfectamente válida," Radditz dijo, aliviando el peso del umbral y cruzando sus brazos sobre su pecho.

"¿No tienes un trabajo que hacer?" Zarbon gruñó, poderosamente molesto.

"Goku está con ella y Gohan también. Lo sentí en el camino."

"Pensé que Bulma tenía que descansar un poco."

"¿Alguna vez supiste de ella aceptando un consejo?" Radditz dijo con una sonrisa tensa.

Zarbon sintió su rostro estirarse en una sonrisa a regañadientes. "Cierto, cierto. Aún así, me sorprende que no te quedaras con ellos. Son tu familia. Noté que no llamas más a Goku por su nombre Saiyajin."

"Ellos son mi familia. Pero son mucho más viejos amigos entre sí y me sentí un intruso. Además, Goku no es Saiyajin. No por cultura, no por comportamiento. Y estás tratando de cambiar de tema. No creas que no lo noté. Quiero saber acerca de ella."

"¿Quién?"

"Vamos, Zarbon, sé que no eres estúpido. Bethsena."

Zarbon suspiró y colgó su cabeza, preguntándose si se sentía miserable porque realmente la extrañaba o porque deseaba extrañarla todavía. Tal vez se sentía triste por ninguno de los dos. Tal vez se sentía triste porque sospechaba que iba a perder a alguien importante para él. "¿Qué quieres saber, Saiyajin?"

"¿Qué me contarás?" Radditz dijo, girando sus ojos hacia la luna. "Tú has visto mi primera experiencia con el amor. No tengo la opción de revelarlo para ti. Estuvo allí para que todos lo vieran, tan doloroso como fue, tal como lo es. Quiero saber la tuya."

"No hay nada que saber," Zarbon murmuró.

"No, quiero toda la historia. Desde el momento que se vieron por primera vez hasta el último."

Zarbon se giró y plantó una mano en el alféizar, inclinando su peso en ese brazo mientras miraba a Radditz a través de ojos angostados. "¿Por qué?"

Radditz exhaló con fuerza a través de su nariz y miró a Zarbon. "Digamos que me gusta conocer a la gente con la que voy a enfrentar mi muerte. Es la manera Saiyajin- raramente enfrentamos la muerte solos."

Zarbon enarcó una ceja. "¿Qué?"

"No te hagas el tonto. En los próximos días vamos a despegar hacia Freezer. Eso si logramos pasar a las Fuerzas Ginyu. Nuestras posibilidades de sobrevivir esto son de escasas a ninguna."

"Ay, ay, tan negativo."

"Ya me cansé de los juegos, Zarbon. ¿Vas a decirme o no?"

Zarbon angostó más sus ojos, estudiando el rostro de Radditz cuidadosamente. Las facciones afiladas del Saiyajin se mantuvieron compuestas, pero algo parpadeó profundo dentro de sus oscuros ojos. "No entiendo, Radditz."

"Piensa en lo que te estoy ofreciendo."

Lentamente la comprensión rompió sobre él. "Sabes lo que me dijo, entonces."

"Lo oí. La mitad del edificio debió oírlo. No sé si lo que dice lo dice en serio, pero sí sé que no puedes pasar por esto solo, sobre todo porque esta no es realmente tu lucha. Esto es, después de todo, un resentimiento Saiyajin. Tú no eres Saiyajin; no es tu problema."

Zarbon sonrió y sacudió su cabeza. "Mal, muchacho. Muy mal. Mi vida se perderá si gana Freezer. Acepté eso y tiré mi suerte con todos ustedes hace mucho tiempo. Si no lucho con ustedes muero. Al menos con ustedes Saiyajin tengo una oportunidad, aunque ciertamente no mucha."

Radditz asintió una vez. "Entendido. Ahora, Bethsena."

Zarbon bajó su cabeza y suspiró, mechones de cabello desprendiéndose de su trenza en el viento. "Nos conocimos en un festival de la vida cuando éramos jóvenes. Mi pueblo celebraba festivales de vida dos veces al año, con comida, bailes, actuaciones, etcétera. Los hombres jóvenes debían celebrar un torneo para ver quien podría bailar con la Doncella de Honor, que era una joven mujer que había probado su habilidad para sobrevivir sola en la selva por el período de meses. El baile con la Doncella de Honor era el evento más importante del festival. Representaba la resistencia y capacidad de nuestro planeta unido con la dedicación de nuestro pueblo en cuidarlo. La Doncella no se revelaba nunca hasta que el baile terminara, y porque el baile era ceremonial, los compañeros sentían como un tabú conocerse mutuamente después de que terminara, incluso a pesar que era un gran honor haber participado en el ritual. Así funcionaban las cosas. Sin embargo, el año que fui elegible para competir en el torneo también llegué a ganarlo, y me convertí en el representante de mi pueblo para unirme con el planeta. Cuando el baile terminó, la Doncella se quitó sus envolturas, como la vida brotando de la unión de mi pueblo cultivando la tierra de nuestro planeta, y era la cosa más hermosa que había visto en mi vida. Su piel era de un verde tan pálido que casi parecía plateado, y tenía un espeso cabello de color azul índigo que caía hasta sus rodillas en olas. Sus ojos eran de un lavanda claro. Era impresionante, y se acercó a mí el día después del festival, elogiándome en mi victoria. Tomó mi mano, y de repente supe que la quería más que a nada antes en toca mi existencia. Por supuesto, yo era mucho más joven que tú o Vegeta ahora y por lo tanto extremadamente impetuoso. Nos casamos poco después, y luego nuestro planeta experimentó cambios cataclísmicos de climas. La perdí y mi futuro con ella. Fui tomado por las tropas de Freezer unos pocos días después, el único sobreviviente del cataclismo. Trabajé para él desde aquel día."

"¿Todavía la extrañas?" Radditz susurró.

"Si me estás preguntando porqué quieres saber si siempre amarás a Bulma entonces no puedo responder."

"No, realmente quiero saber si todavía la extrañas."

"No lo creo. La amé profundamente, pero fue inmaduro amor basado mayormente en nuestra relación física. No tuvimos mucho tiempo juntos, así que nuestros sentimientos nunca habían tenido la oportunidad de profundizarse. Zarbon giró su cabeza hacia el patio, notando que las lunas ya se habían movido a una pequeña distancia a través del cielo.

"Es por eso que estás tan preocupado ahora, entonces," Radditz dijo lentamente, inclinando su cabeza a un lado como si estuviera pensando.

"¿Qué? ¿De dónde viene eso?" Zarbon dijo bruscamente, su ceño fruncido regresando.

"Bueno, eso explica por qué tuviste semejante cambio de opinión acerca de Bulma. No querías que sintiera lo que habías sentido, incluso si no piensas que ella y Vegeta son necesariamente uno para el otro."

"Piensa lo que quieras," Zarbon respondió fríamente, pero supo que sus mejillas estaban empezando a oscurecerse con un culpable sonrojo. "Me sorprende que te estés molestando en pensar sobre esto en lo absoluto. ¿No es este comportamiento contrario a tu orgullo Saiyajin o alguna otra cosa por el estilo?"

"Te lo dije antes, me gusta conocer a la gente con la que voy a enfrentar mi muerte. No es la manera Saiyajin en morir solo."

"No te sigo."

"Bueno, tú estuviste allí en la destrucción de mi planeta, así que deberías haberlo visto."

"No estaba al tanto de los planes de Freezer y lo sabes. Dodoria y yo no podíamos hacer nada sino mirar como ese monstruo destruía a tu pueblo. Ya hemos tenido esta pelea."

"No estoy peleando esta vez. Déjame terminar, ¿quieres?" Radditz espetó.

"Lo siento, estoy un poco crudo y un poco sospechoso de ti y de la forma en que estás actuando," Zarbon respondió con una ceja levantada.

"Bueno, estoy pidiéndote que confíes en mí, maldita sea, así que escúchame," el Saiyajin dijo bruscamente.

"Bien. Continúa," Zarbon pidió.

"Toma a mi padre, por ejemplo. Él era el líder de un pequeño escuadrón. Sé que piensas que los Saiyajin son despiadados bastardos solitarios, pero los escuadrones eran más cercanos que las familias. Se cuidaban uno a otro. Es esa clase de lealtad y sentido del deber que nosotros los Saiyajin honramos. Mi padre hubiera muerto por cualquier miembro de su escuadrón, como ellos hubieran muerto por él. Se preocupaban profundamente el uno del otro. Abandonar tu escuadrón era lo peor que podías hacer."

"¿Y?" Zarbon preguntó cuando Radditz se quedó en silencio.

"Y mi raza se ha ido, como la tuya. Sin embargo estamos aquí, formando, para todos los efectos, un escuadrón. Estoy obligado por honor a conocer la vida de la gente que defenderé, por quienes daría mi propia vida. Esa, Zarbon, es la manera Saiyajin. Soy lo suficientemente viejo para recordar eso. De hecho, soy probablemente el único que lo recuerda. Vegeta y Nappa son ambos élites, y sirvieron de oficiales más que en escuadrones. Pero caerían por el reino, así que tal vez no es tan diferente después de todo. No creo que a ellos les importe la cercanía como a nosotros los miembros del escuadrón, sin embargo. Supongo que eso es parcialmente por lo que ya no te odio. Tú eres un élite y un oficial, pero actúas como un miembro del escuadrón. Los miembros del escuadrón nunca se odian entre sí, no importa qué."

Zarbon quitó su peso del alféizar y exhaló lentamente, reflexionando sobre todo lo que Radditz había dicho. Tamizó las palabras en su mente cuidadosamente, escuchando las palabras que Radditz no pronunció con igual esmero que las que sí dijo. Se quedó en silencio por unos instantes, mirando al Saiyajin más grande con cuidado con sus brillantes ojos dorados. "Goku no tuvo ni una pequeña parte en esto," dijo.

Una pequeña sonrisa pasó por los labios de Radditz. "Goku y yo deberíamos intentar hacer más amigos. Él piensa mucho de ti. Eres un buen soldado. Podrás ser un poco mariquita a veces, pero debajo de todo eres un buen guerrero. Sé que harías cualquier cosa por Vegeta, al igual que yo. Creo que en eso somos parecidos."

Zarbon se quedó en silencio, estudiando las afiladas facciones del Saiyajin. "Ah," dijo al final. "Estoy de acuerdo. Tú, también, eres un buen soldado. No hubiera tomado las acciones que tomo contigo si no supiera que lo eres. Buen hallazgo, Radditz."

"Buen hallazgo, Zarbon. Realmente deberíamos descansar un poco ahora."

Zarbon miró como Radditz se lanzó fuera de la pared y comenzó a caminar por el pasillo. "Radditz," lo llamó repentinamente. El Saiyajin se detuvo y se volvió ligeramente. "Gracias," dijo en voz baja. "Te agradezco lo que has hecho por mí esta noche."

Una sonrisa irónica cruzó por el rostro de Radditz y le dio un saludo Saiyajin, luego desapareció por el pasillo.

"Muchísimas gracias," Zarbon susurró suavemente, extrañamente conmovido por el gesto del Saiyajin. Radditz lo había saludado como si fuera otro Saiyajin, como si fueran miembros del mismo escuadrón. Después de muchas décadas de riguroso entrenamiento y otros comandantes, se dio cuenta que era la primera vez desde la muerte de Bethsena que se sentía que pertenecía.


Estaba teniendo muy poco éxito en dormir. Yacía en su cama, mirando al dosel de tela con sus brazos metidos detrás de su cabeza. Su conversación con Radditz había traído a su pasado incluso más vívido a la vida. Había pasado mucho tiempo desde que había pensado en lo que había pasado antes. Tuvo un momento difícil en creer lo mucho que había pasado. Siendo un soldado, uno de alto rango de hecho, había consumido tantos años de su vida y concentración que casi se había olvidado que alguna vez había sido algo diferente. Por supuesto que se hubiera convertido en un guerrero de todos modos, pero no uno del nivel y disciplina como era en la actualidad. Había mostrado un extraño potencial de pelea para uno de su pacífica raza, uno de los pocos de su clase capaz de manipular su ki, y definitivamente había sido el más fuerte en su uso de energía. Cuando el cataclismo había golpeado él instintivamente había arrojado un escudo, que al parecer le había permitido a él, y sólo a él, sobrevivir. Se habían ido los grandes lagos y los serpenteantes ríos, desvanecidos estaban los estanques secretos en el que su pueblo nadaba. Incluso si hubieran permanecido él hubiera sido el único de su raza en cambiar en forma sauriana y deslizarse en esas aguas, disfrutando del ancestral privilegio de ser anfibio que la forma sauriana permitía. Se había ido, se fue, todo se fue...

Los suaves golpecitos en su puerta lo perturbaron de sus pensamientos y se sentó en la cama. Miró a la puerta de madera sospechosamente, pensando de nuevo en lo rico que debió haber sido el dueño de la casa para poder usar tal material como la madera para algo tan grande como una puerta. También se preguntó quién podría ser. El golpeteo comenzó de nuevo y se puso de pie, envolviéndose en una suave bata hecha de una tela como de algodón antes de ir a la puerta y abrirla. Tan pronto como dejó la puerta levemente entreabierta, delgados dedos se enroscaron alrededor del borde de la madera y abrieron la puerta rápidamente. Su visitante hizo su camino dentro de la habitación y cerró la puerta fuertemente detrás de ella. Los ojos azules lo miraron, los mismos azules ojos que habían atormentado a Vegeta por tantos meses y casi lo habían llevado a su muerte. "¿Sí?" Zarbon dijo, sin molestarse en quitar el enojo fuera de su voz.

"¿Puedo hablar contigo?" Bulma preguntó suavemente.

"¿Tengo alguna opción?" Zarbon gruñó, girándose y caminando unos pasos a su cama, en la cual de inmediato se dejó caer pesadamente.

"Hey," Bulma dijo con el ceño fruncido.

Zarbon no se dejó intimidar por su actitud. "¿No se supone que debes estar en la cama? ¿No está Vegeta ahí esperando por ti?" dijo bruscamente.

"No se supone que tenga que hacer nada," ella contestó con aspereza. "Y tu segunda pregunta es por qué estoy aquí. ¿Adónde fue?"

Zarbon frunció el ceño y entornó sus ojos. "¿Cómo demonios se supone que debo saber?" dijo con frialdad. "No responde a mí."

"Bueno, debería," dijo. "Si tuviera cerebro haría exactamente lo que le dices que haga." Hizo un pequeño ruido enojado y pisoteó hacia él. La cama rebotó levemente bajo su peso mientras se dejaba caer junto a él.

"Te reto a que le digas eso."

"No es necesario. Él ya lo sabe pero no lo admitirá. Te necesita más de lo que ha necesitado a alguien alguna vez, y creo que le da miedo."

"¿Así que eres una experta en Vegeta ahora?" Zarbon se burló.

"No me provoques, amigo," Bulma dijo bruscamente. "Radditz me dijo que ustedes dos tuvieron una pelea y que Vegeta dijo cosas que debería haber dicho."

"¿Te dijo lo que dijo Vegeta?"

"No," respondió titubeando. "Pero no creo que tenga que hacerlo. Creo que el daño ya está hecho, y me preocupa."

"Bueno, no te preocupes. Vegeta va a hacer lo que quiera."

"Esa es otra cosa que me preocupa."

"Eres extraña," Zarbon dijo de pronto, mirándola de reojo.

"Y tú también. Tal vez por eso nos llevamos muy bien."

Zarbon sonrió a pesar de sí mismo. "Tal vez sea así. Los dos nos preocupamos por ese hombre más de lo que es cuerdo."

Los azules ojos de Bulma se angostaron mientras lo miraba fijamente. "Lo quieres como a un hermano, verdad," dijo, y su tono le dijo que no era una pregunta.

Zarbon suspiró y pasó una mano por su cabello suelto. "Supongo que sí, por todo el bien que me hace."

"Bueno, a él le hace mucho bien, y por eso te debo el gran momento," dijo Bulma, poniendo una mano en el musculoso hombro de Zarbon. "¿Entonces qué vamos a hacer?"

"Lo que tú quieras," Zarbon gruñó. "Estoy harto de jugar sus juegos malditos, Bulma."

"¿Crees que eres el único que siente de esa manera?" Bulma gruñó, de pie de repente. Su rostro estaba enrojecido y sus puños apretados fuertemente a sus costados mientras lo miraba. "¿Crees que eres el único que siente el aguijón de sus palabras?"

"Bulma-"

"¡Cállate!" Bulma espetó. "Sé exactamente cómo te sientes. Soy estúpida, Zarbon. Entré en esto con mis ojos bien abiertos y todavía me lastima. L-lo amo, Zarbon. No sé por qué, o cuándo sucedió, pero cuando estoy cerca de él nada más en el universo importa. Lo necesito porque lo amo. Me ha tocado de alguna manera. Pone a todo mi ser en llamas, y necesito ese calor."

La miró a los ojos y suspiró. "Él es pasión, Bulma. Tú y yo no podemos entenderlo completamente. Nunca lo haremos. He llegado a darme cuenta que está un poco más que loco. La ira y el odio lo llevan más que cualquier otra cosa. Vive de los sentimientos más que del aire y el agua. A veces me pregunto si no somos nada para él. Tú y yo ambos moriríamos por él, y sin embargo no podemos hacer nada. Él no nos considera, y no quiero saber qué haría falta para cambiar eso."

"Estás equivocado. Tienes que estar equivocado," balbuceó Bulma, sus ojos azules amplios.

"¿Lo estoy?"

"¡Goku me dijo que estaba muy preocupado cuando pensó que estaba enterrada en los escombros!" protestó ella.

"Lo estaba. Pero si realmente se preocupara hubiera buscado tu seguridad primero antes de salir corriendo a matar a los enemigos. No piensa en ti en primer lugar, Bulma. Pensó en satisfacer su odio y sed de sangre."

"¡Ya basta!" exclamó ella. "¡He venido a ti por comodidad!"

Zarbon la miró fríamente hasta que se calmó, sus ojos pareciendo vacíos y desesperados. "Estás unida a él, Bulma, así sepas lo que significa o no. En alguna extraña manera sus mentes y almas hablan con el otro. Es por eso que lo amas, y sólo su locura evita que él te ame a cambio. Entonces, Reina de los Saiyajin, confórtame. Deberías conocerlo más íntimamente que cualquiera. Tú dime por qué me odia tanto, por qué odia tanto su existencia. Hazme saber, por una vez."

Bulma se estremeció, envolviendo sus brazos a su alrededor. "¿Cómo puedes decir estas cosas?" dijo ella, la voz gruesa con lágrimas.

"¿Cómo puedes venir aquí?" siseó él, levantándose de la cama para ir hacia ella. "¡Cómo te atreves a venir aquí sin ser invitada, queriendo que yo arregle todos tus malditos problemas! Tengo mi propio conjunto de problemas. Dime, mujer, ¿cuando te ha golpeado Vegeta? ¿Cuándo te ha dicho que te odiaba con toda su alma después de que has hecho todo lo que pudiste por él por casi un año? Eres una pareja perfecta para él, Bulma. Eres igual de obsesionada y egoísta como él. Ahora vete."

De pronto ella estiró su mano y agarró su muñeca, llevándolo a su nivel visual. "No, tú escúchame, Zarbon," dijo ella, sus ojos brillando extrañamente. "Tú eres la única persona en este planeta olvidado por dios que es realmente importante para él. Ni siquiera se preocupa lo suficiente por el resto de nosotros como para decirnos que nos odia. No siente nada por nosotros. Tú eres por quién él va por ayuda, por guía, tú eres a quien él escucha, tanto como escucha a cualquiera. Yo soy su esposa, por el amor de dios, ¡y todavía todo lo que habla es de ti! ¡Qué no daría por tener una fracción de su corazón que tú sí!"

Zarbon arrancó su muñeca y la miró con frialdad. "Vete de aquí, perra sin corazón. No puedo creer que estés urdiendo la situación así."

Bulma retiró su mano y lo abofeteó tan fuerte como pudo. Los ojos de Zarbon se ampliaron en sorpresa pero no se inmutó. "¡Tú eres la perra sin corazón! ¿No puedes ver cuántos otros se están secando por la falta de su amor?"

Zarbon sintió algo dentro de él comenzar a desgarrarse y temblar. "Fuera," susurró.

"Dime dónde está. Dime dónde está mi marido."

"No. No puedo. Ve a preguntarle a los otros Saiyajin. Ellos podrán sentirlo."

Bulma le frunció el ceño por unos instantes. "Te está matando," susurró. "Te está matando."

Los ojos de Zarbon se abrieron de golpe de sorpresa. "¿Qué?"

"Es la primera vez que no puedes hacer nada por él. Ese conocimiento te está destrozando por dentro," dijo rotundamente.

La miró en shock. "Y-yo-"

"Déjame terminar. Sé que no eres un hombre malo, Zarbon, a pesar del exterior de hielo que muestras a tanta gente. Eres el frío, disciplinado guerrero que tantos temen. Eres el incorregible mujeriego que no se preocupa por nadie. Pero lo quieres, lo quieres como a alguien de tu propia sangre. Eres un hombre amable, bueno e inteligente por dentro. Todavía eres el hombre con el que Bethsena se casó, sin importar cuánto intentes esconderlo."

"¿Cómo sabes su nombre?" murmuró tan suavemente que sus palabras eran casi inaudibles. Un extraño adormecimiento viajó a través de sus miembros mientras miraba a su rostro levantado, de repente con miedo de la mente que estaba dentro de ella.

"Radditz me dijo. Me dice todo lo que quiero saber," contestó. Se acercó a él y rodeó sus brazos alrededor de su cintura. "Una parte de mí te odia, también, probablemente por la misma razón que él lo hace. Odio que ocupes gran parte de su corazón. Estoy segura de que odia eso también. Odio que usualmente seas el único que sepa lo que está pasando, que eres el único verdaderamente equipado para lidiar con eso por completo. Odio haber tenido que confiar en ti, especialmente ya que me hace sentir tan impotente. ¿No lo ves, Zarbon? ¿Qué, eres el único que puede salvarnos a todos? Vegeta podrá tener el poder, pero no tiene fuerza."

Algo dentro de Zarbon se rompió, afilados fragmentos de dolor deslizándose en su interior. Su pecho se apretó dolorosamente, y estuvo anormalmente consciente de su suave piel presionando su cintura desnuda. Su suave, vulnerable carne estaba presionada contra su duro estómago. Miles de imágenes lo asaltaron: el cabello de Bethsena envuelto alrededor de sus muñecas mientras suavemente inclinaba su cabeza para besarla, los rostros de sus padres muertos hace tanto tiempo sonriéndole, la mirada negra frustrada de reproche de un joven Príncipe Vegeta, la primera vez que el severo rostro de Vegeta se quebró en una honesta sonrisa. Comenzó a temblar, sintiendo algo extraño en su rostro. Sus dedos levemente trazaron sus mejillas y encontraron humedad. Estaba llorando. Después de décadas de no sentir nada, de no permitir que las emociones salieran a la superficie, finalmente se estaba quebrando. Un sollozo escapó de su pecho y ahogó sus propias lágrimas, su cuerpo inmóvil y deslizándose al suelo, llevando a Bulma con él. Era tan difícil ser fuerte; simplemente no podía mantener el mundo exterior por más tiempo. El llanto parecía estar presente en cada célula de su cuerpo y sintió como si se estuviera disolviendo. Las frías piedras del suelo presionadas contra su piel y miró al techo, sus ojos abiertos pero viendo nada más que las lágrimas rodando por sus pálidas mejillas verdes. Lentamente los brazos se envolvieron a su alrededor, acunando su cabeza.

"Lo siento," Bulma le susurró al oído. "Nunca debí haber dicho esas cosas. No quise hacerte esto."

No pudo responder por varios momentos, avergonzado hasta su alma por haberse roto frente a alguien pero incapaz de dejar de llorar. "Deberías sentirlo," gruñó.

Ella se sonrojó y frunció el ceño, pero su expresión se suavizó y sacudió su cabeza. "Bueno, lo estoy. Estoy celosa. Nunca había amado a nadie como lo amo a él, y ni siquiera me di cuenta hasta que las piedras del palacio estaban derrumbándose sobre mi cabeza. La idea de no ver más su orgulloso rostro de nuevo, o sentir mis dedos pasar por su cuerpo..."

Él suspiró mientras su voz se perdía en el silencio. Se quedó en su regazo por varios minutos más, controlando su respiración una vez más y escuchando al viento sacudir las persianas de su habitación. "Lo sé, lo sé," susurró. "Sentí lo mismo después de mi lucha con Dodoria, cuando no estaba seguro si él estaba bien." Se quedó en silencio, reflexionando. "Bueno, siento lo mismo excepto por lo de mis dedos por su cuerpo," dijo con una débil sonrisa.

Bulma logró una sonrisa sincera suya y suavemente lo liberó. "No sé qué hacer o decir," dijo ella mientras sacudía su ropa.

"¿Hmm?" Zarbon dijo, levantándose y ordenando sus cabellos.

Ella bajó sus ojos. "Todo lo que te dije era cierto," respondió. No quise lastimarte, no quise herirte, pero todo lo que dije, lo dije en serio."

Él suspiró y puso una mano en su hombro. "A pesar de todo, sentimos lo mismo. Los celos entre nosotros serán peligrosos, Bulma, y no podemos permitirnos el peligro." Se detuvo, sintiendo el dolor crecer en él una vez más y luchando contra él en lo profundo de su ser con cada ápice de auto control que podía reunir. Cuando se sintió en completo mando de sí mismo la miró de nuevo. Los dos queremos su amor, pero queremos diferentes aspectos de él. No veo ningún conflicto. Si tiene amor para dar en lo absoluto, debería haber suficiente para los dos. Creo que deberíamos verlo a él como el problema y no al otro. Es su falta de corazón lo que nos lastima realmente, no la envidia."

"No sé qué decir," dijo suavemente. "Tienes razón, pero yo también."

Quitó su mano de su hombro. "Tú y yo podríamos ser amigos, pero él se interpone entre nosotros," contestó con solemnidad. "Es una pena."

"Eso, Zarbon, puedo estar de acuerdo." Sacudió su cabeza y se giró para salir de la habitación. Poniendo su mano en la puerta, se detuvo y se volvió. "¿Quieres que le pida que venga a verte cuando regrese?" preguntó ella con suavidad.

Él se dejó caer pesadamente en el borde de su cama. "No."

Ella asintió y cerró la puerta detrás de ella. Zarbon miró a la puerta cerrada por un largo momento, luego puso su cabeza en sus manos y lloró una vez más por todas las cosas que significaban algo para él, por todas las cosas que había dejado escapar de él a la eternidad.