Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Sus hombros dolían por dormir sobre la roca desnuda y aún tenía arena en sus botas, se dio cuenta cuando abrió las pesadas puertas de madera. Las puertas chocaron contra la piedra a cada lado, vibrando con el impacto bastante después del golpe inicial. Frunció el ceño y miró alrededor de la habitación a los rostros que lo observaban, las expresiones vigiladas. Tontos, todos y cada uno de ellos. Sus dudas eran casi tangibles para él, tan real que sentía que podía extender una mano enguantada y arrebatarlas del aire. ¿Cómo se atreven a tener tan poca fe en él? ¿No creían que él podía derrotar a esa abominación de Freezer? ¿De verdad pensaban que podría fallar? "¿Qué diablos estás mirando?" espetó a todos los reunidos alrededor de la larga mesa de piedra.
"Llegas tarde," Zarbon dijo desde el otro extremo de la losa. "¿Dónde estabas?"
Vegeta se negó a mirar a esos afilados ojos dorados, en cambio mirando al Namekiano. "No tengo que decirte eso," gruñó, alejando la ira que lo agarraba cuando pensaba en Zarbon. "No estamos aquí para discutir mis hábitos. Estamos aquí para finalizar nuestro plan de acción." Echó una mirada y acercó una silla a la mesa, sentándose en ella pesadamente. El tejido de metal del asiento se metió en su traje, pero le dio la bienvenida a la incomodidad física. Era mucho más fácil lidiar con eso que con otros tipos de dolor. Arriesgó una mirada rápida a la mesa, examinando las expresiones en los rostros de todos. La mujer estaba mirando a una pared, su rostro lleno de concentración, como si estuviera determinada a notar todo menos a él. La tonta muchacha- probablemente estaba molesta que él no apareciera ayer por la noche. Curioso, cuidadosamente envió un zarcillo de pensamiento en su dirección, tratando de descubrir lo que estaba pasado en su cabeza, pero de pronto tropezó contra un obstáculo. Gotas de sudor se formaron en su cabello. Ella no debería haber sido capaz de hacerle eso a él. Era sólo una humana miserable, y como tal no debería haber habido ninguna manera posible para que ella bloqueara su entrada a sus pensamientos. Se preguntó si tal vez realmente había subestimado sus poderes. Eso podría ser algo que quisiera atender más tarde.
Ese ignorante de Kakarotto lo estaba mirando abiertamente, una mirada sin comprender en sus grandes ojos oscuros, y Vegeta automáticamente lo ignoró. Kakarotto sería inútil en esta misión. Podría ser un luchador fuerte para ser criado en la Tierra, pero no había manera posible que pudiera derrotar a Vegeta. El mocoso medio-Saiyajin se sentaba junto a Kakarotto y Vegeta le angostó sus ojos, examinando. El niño había mostrado increíbles niveles de poder en el pasado, pero aún así era sólo un niño. El mocoso le devolvió la mirada sin miedo, sus ojos eran mucho más grandes que el rostro que los sostenía. Vegeta le frunció el ceño al niño, que simplemente siguió mirándolo rotundamente. Supuso que no era demasiado sorprendente que el niño no tuviera miedo. Como hijo de Kakarotto, nunca ha tenido nada que temer. Supuso que el niño había conocido el trauma de tener a su padre asesinado. Siempre se olvidaba que Kakarotto había estado muerto por un año antes que él y Zarbon llegaran a la Tierra. Niño afortunado- su padre asesinado había vuelto a la vida. Un gruñido amenazó en torcer su labio y rápidamente alejó la mirada del niño, sólo para confrontarse con la expresión de Radditz. El gran hombre, más grande incluso que Zarbon y el Namekiano, lo estaba mirando diferente que los demás. Vegeta leyó algo extraño en su rostro, algo que no había esperado. ¿Era... compasión? ¿Ese bastardo escoria de tercera clase estaba teniendo pena por él? Parecía haber tristeza en su mirada también. Ira hirvió dentro de él y de repente tenía muchas ganas de mandar a volar a todos en la habitación al olvido, especialmente a esa maldita perra con la que estaba unido y a ese monstruoso Zarbon. Zarbon pensaba que sabía mucho, ¿no? Vegeta quería limpiar la independiente expresión de su perfecto rostro. Revolcándose en el odio, estuvo casi sobresaltado cuando alguien habló. "¿Señor? ¿Empezamos?" preguntó una voz áspera. La cabeza de Vegeta giró para mirar al que hablaba, sus ojos deteniéndose en Atlia, que estaba sentado directamente a su izquierda.
Vegeta se enderezó, recordándose que era un emperador. Era divertido, realmente; en realidad nunca había esperado tener tanto éxito en crear un imperio. Todo lo que había querido era suficientes tropas para mantener ocupadas a las fuerzas de Freezer mientras él mataba a su monstruoso líder, nada más. Ahora, sin embargo, había millones de personas repaldándolo, y las posibilidades de sus fuerzas derrotando a Freezer habían mejorado enormemente. Si la Fuerza Ginyu podía ser derrotada, y se las arreglaba convocar poder suficiente para matar a Freezer, podría ganar. Por supuesto, no había ninguna pregunta en su mente de que moriría al luchar contra Freezer. Casi se había matado suficientes veces para saber que al convocar suficiente energía para destruir al repugnante monstruo lo quemaría como a una bombilla. Bueno, valía la pena si Freezer moría. Estaría libre de la mujer y de Zarbon también. Finalmente podría estar solo, hundiéndose en la nada. Se dio cuenta que todos todavía estaban esperando que hablara, y con un enojado sonrojo comenzó. "Lo que sucedió es inexcusable," gruñó. "¡Deberíamos haber sido capaces de defendernos mejor que eso! ¡Miren lo que perdimos!" Algo en su pecho se contrajo mientras recordaba el frío horror que se había posado en su corazón cuando se dio cuenta que su mujer estaba enterrada en los escombros del palacio. El prospecto de no ver nunca más sus brillantes ojos de nuevo, ojos que una vez había odiado tanto, de nunca más sentir sus dedos danzando suavemente por su piel, quemándolo, de nunca más escuchar su voz de nuevo decir su nombre, repentinamente había parecido más terrible para él que los abominables actos que había sufrido a manos de Freezer. No podía imaginar perderla, y eso sólo la hacía odiarla, y a él, sobre todo. ¡Cómo se atreve a hacerle esto a él! Y Zarbon, Zarbon era incluso peor. Cuando pensó que Zarbon estaba muriendo frente a él, mientras que estaba impotente para hacer algo al respecto, de repente quiso destruir el universo con sus propias manos. Odiaba al hombre de cabello verde, odiaba el dolor que vio en esos dorados ojos cuando se encontraron con los suyos. Imperdonables, todos ellos.
"El despliegue de las tropas debería haber tomado lugar de inmediato, señor," Radditz ofreció, sus brazos cruzados sobre su masivo pecho. "Sin embargo, Nappa, el oficial a cargo de eso, nunca dio las órdenes, ni siquiera después de que las naves enemigas aterrizaran. De hecho, nadie puede dar fe de su paradero en el momento."
"Se tomó acciones con él," Vegeta espetó, notando el ceño fruncido de Zarbon por el rabillo del ojo. Algo evidentemente le estaba molestando sobre Nappa, pero no le importaba. No tenía tiempo para las tontas preocupaciones de Zarbon. "Sus errores nos costaron mucho. Sin embargo, ¡no fue culpa de Nappa que no supiéramos sobre las malditas tropas hasta que estuvieran justo sobre nosotros! ¿Cómo explicas eso, Atlia?" siseó.
"Nuestro radar no los encontró hasta que no estuvieron en nuestra órbita, de acuerdo con nuestros datos. Sin embargo, la alarma no sonó hasta que los sistemas los encontraron en nuestra atmósfera. Al parecer enviaron tropas de antemano para quitar nuestras operaciones remotas, y el equipo en el castillo sólo puede ubicar objetos una vez que hayan entrado a la atmósfera," Atlia respondió.
"¿Qué?" Vegeta gritó, golpeando un puño sobre la mesa. "¿Quieres decirme que enviaron tropas que no estaban en naves para matar a nuestros operadores de detección?"
"Tiene sentido," se quejó Radditz, acariciándose la barbilla con los dedos. "Los únicos lugares que somos capaces de controlar nuestra órbita y nuestra estratosfera son en ubicaciones remotas de la capital. Los sistemas automatizados son configurados sólo para enviar una alarma una vez que algo entra en la atmósfera, y para entonces es casi demasiado tarde. Matar a los operadores, que se suponían hacer sonar las alarmas preliminares, aseguró que pudieran acercarse a nosotros antes de que los notáramos. Ese es un muy astuto."
"¿Pero por qué el radar no pudo detectar a los soldados solos?" preguntó el mocoso de Kakarotto, levantando una mano.
"Arlia tiene un poco de residuos en el aire. Si sintonizamos el radar para encontrar objetos tan pequeños como un soldado solo, y sin significantes cantidades de metal para comenzar, nuestras alarmas estarían sonando todo el tiempo," Atlia explicó.
El ceño fruncido de Radditz se profundizó. "¿Pero cómo sabría eso Dodoria?" murmuró.
Atlia se encogió de hombros, su exoesqueleto crujiendo mientras lo hacía. "No tengo ni idea."
Zarbon se paró de repente, el rostro tan pálido como la leche. Pateó su silla en su prisa y desapareció de la habitación en un borrón de trenza verde y azotando su capa blanca. "¿Qué fue eso?" Kakarotto preguntó. "¿Algo lo hizo enojar?"
"Me pareció que estaba preocupado, papá," el mocoso respondió, poniendo una pequeña mano en el brazo de Kakarotto.
El Namekiano se levantó también. "Sabe algo," gruñó, y también salió de la habitación.
"¿Qué está pasando?" Kakarotto preguntó, sus grandes ojos todavía sin entender.
"No importa. Que se vayan los tontos," Vegeta espetó.
"Zarbon no es un tonto," gruñó la mujer, golpeando sus manos en la mesa con las palmas hacia abajo. "¡Si crees eso entonces eres el idiota más grande en el planeta!"
"Cállate, mujer," escupió Vegeta.
"¡No me voy a callar! Zarbon sabe más sobre las fuerzas de Freezer que cualquiera de nosotros. Demonios, ¡él ayudó a controlarlas durante décadas! ¿Por qué piensas que Freezer querría matar a Zarbon si su lealtad ha cambiado? Este sujeto Freezer podría estar loco, pero no suena estúpido."
Vegeta vio a Radditz endurecerse desde el rabillo del ojo, el rostro del hombre grande palideciendo. "Es por eso que Dodoria apuntó a Zarbon y no al Príncipe," murmuró. "No ve a Vegeta como una amenaza. Está preocupado por Zarbon, porque Zarbon tiene el conocimiento de todo el imperio de Freezer alojado en su cerebro."
"Pero Zarbon no sabe mucho sobre las partes del imperio de Cold y Cooler, ¿correcto?" preguntó la mujer.
"Supongo que no. Creo que perdemos nuestra leve ventaja, entonces," Radditz respondió.
Vegeta ya no trató de reprimir su frustración. Aquí estaban, hablando como si él ni siquiera estuviera en la habitación, ¡y él era el gobernante de todos ellos! "¡Silencio!" Vegeta gritó. "¡Soy el emperador y harán lo que les digo!"
Su esposa sacudió su cabeza e hizo un gesto insultante con sus dedos. "Síndrome del enano," dijo secamente. Radditz y el mocoso de inmediato se ahogaron tratando de contener su risa. Kakarotto miró alrededor de la habitación, rascándose la cabeza.
"No lo entiendo," dijo, y Radditz comenzó a reírse en voz alta.
Vegeta sintió su rostro arder de rabia. "¡Dije silencio!" aulló, llevando sus puños a la mesa de piedra tan duro que se partió en dos y se derrumbó al suelo. Todas las risas cesaron inmediatamente. "Nos vamos mañana por la mañana. Pensaremos nuestro plan de acción en la nave. Tú, mujer, el mocoso, y Atlia pensarán en un plan de defensa para el Imperio. Si me fallan, y las fuerzas de Freezer no los atrapan primero, les juro por todo lo que consideran sagrado que volveré personalmente y los desgarraré miembro por miembro. Kakarotto, Radditz, vendrán conmigo, junto con el Namekiano y ese inútil de Zarbon." Se quedó en silencio y todos lo miraron, el rostro de su esposa imitó el de Radditz mientras ambos lo miraban con ira mal disimulada. Kakarotto sonrió levemente y su mocoso levantó su mano otra vez.
"¿Terminamos?" preguntó el niño.
"Sí. Déjenme," Vegeta se quejó. Uno por uno se levantó y salió de la habitación. Vegeta se hundió en su silla y suspiró. Estaba fuera de sus manos, ahora, hasta que se reencontrara con la Fuerza Ginyu. Dependía de los demás proteger lo que él y Zarbon habían construido. Zarbon. Un gruñido involuntario torció sus labios y alejó los pensamientos de su ayudante. No necesitaba al hombre de ojos dorados. Podía hacer esto por sí mismo. Además, una vez que estuviera cara a cara con la Fuerza Ginyu, finalmente sería capaz de hacer lo que debía hacer. Su gruñido se convirtió en una fría mueca, una llena con emoción pero carente de alegría. Podría ser un asesino una vez más.
Zarbon sintió al Namekiano yendo a su lado mientras caminaba por el pasillo, sus capas blancas ondeando al unísono en las corrientes de aire que sus movimientos creaban. "Tú sabes algo," el Namekiano dijo tranquilamente.
"No," Zarbon lo corrigió. "Sólo creo que sé algo."
"Yo no estaba aquí cuando todo sucedió," dijo el otro hombre. "Por qué no me lo explicas." No era una petición.
"Piccolo, ¿verdad?" Zarbon dijo, mirando al alto hombre de piel verde. "Bueno, básicamente, estuve en cama amenizando las objeciones de las diplomáticas Kijaranas, Vegeta estaba dando audiencias y escuchando quejas. De repente hubo explosiones y estuvimos bajo ataque. Las tropas se desplegaron de inmediato y se produjo una batalla. Logré matar al comandante de las fuerzas, una persona que solía ocupar un puesto similar al mío en las fuerzas de Freezer, y el resto de las tropas enemigas fueron asesinadas o sometidas. Ahora sabemos que Freezer conoce nuestra posición y situación, y nos quiere muertos. Vamos a intentar atraparlo por sorpresa atacándolo primero."
"Pero estás planeando dejar el imperio de Vegeta en lugar como cebo," dijo Piccolo.
"Más o menos. Tengo fe que Bulma podrá hacer algo. Se supone que es un genio, después de todo," respondió Zarbon, mirando alrededor de los pasillos de piedra sin rasgos, esperando por alguna indicación de que estuvieran yendo en la dirección correcta. Divisó un sello establecido en la piedra a unos tres pies de la tierra. "Gira a la derecha."
"No la conozco tanto," admitió Piccolo, siguiendo a Zarbon. "Pero entre ella y Gohan deberían estar bien. Podría no parecer fuerte, pero creo que la defenderá en cualquier apuro."
"Desearía que pudiéramos dejarte a ti y a Radditz detrás para ayudarlos," Zarbon dijo con un suspiro, "Pero creo que vamos a necesitar toda la ayuda que podamos obtener para derrotar a la Fuerza Ginyu."
"¿Son muy temibles?"
"Son los mejores soldados en todo el imperio de Freezer, incluyendo las nuevas incorporaciones de las tropas de su padre y hermanos asesinados. Podría contra alguno de ellos, pero no con el Capitán. Seremos muy afortunados si sobrevivimos a esa batalla. Sin embargo, no tenemos básicamente oportunidades contra Freezer, a menos que nos volvamos increíblemente afortunados o un milagro ocurra."
"¿Qué tal un Super Saiyajin?"
"¿Super Saiyajin? ¿Dónde escuchaste eso?" Zarbon dijo, deteniéndose en seco y mirando al serio rostro de Piccolo.
"Gohan me dijo. Fue algo que oyó a Radditz contarle a Goku. Una vez que Goku se dio cuenta que esa clase de poder era la clave para derrotar a Freezer y mantener a todos a salvo, comenzó a entrenar incluso más duro para intentar conseguirlo."
"Lo que quiere decir que es casi tan fuerte como Vegeta ahora," Zarbon susurró.
"Probablemente, sí."
"Bueno, nunca he visto a un Super Saiyajin. Nadie lo ha hecho por miles de años. No tengo idea cómo sabremos si uno de ellos se ha convertido en uno o no."
"Tengo la sensación que podremos decirlo," Piccolo respondió. "¿Ahora adónde vamos?"
Una fría sonrisa cruzó el rostro de Zarbon. "A hablar con un viejo amigo."
Siguieron caminando por algún tiempo, pero finalmente llegaron a una escalera que conducía a una serie de bodegas. Zarbon siguió la línea de luces, que eran en realidad antorchas sin fuego colgadas a intervalos en las paredes. Notó a Piccolo mirar una o dos veces a las extrañas luces naranjas, recordando cómo no había estado acostumbrado a ellas tan bien en un momento en el tiempo. Los Arlianos eran un pueblo extraño, sin tecnología en lo absoluto salvo para ciertos tipos. Ni siquiera ponían vidrio en sus ventanas la mayor parte del tiempo, pero sin embargo usaban estos extraños compuestos brillantes para iluminación. La vista de varios Arlianos armados al final del pasillo lo sacaron de sus meditaciones y se subió un poco frente a la puerta de piedra. "Déjanos pasar," Zarbon ordenó.
"Necesitaré su claro de autorización, señor," uno de los soldados dijo con voz áspera. Zarbon suspiró y metió la mano en su armadura, sacando una tarjeta de piedra pequeña. El soldado la pasó por una de las antorchas y se la devolvió. "Por aquí, señor Zarbon," dijo, y Zarbon le indicó a Piccolo que lo siguiera. Otro guardia los siguió adentro y cerró la puerta detrás de él.
"¿Para qué es toda esta seguridad?" Piccolo preguntó. "¿Este hombre es tan peligroso?"
Zarbon ladró una risa amarga. "No para ti o para mí. Es un Saiyajin, sin embargo, y eso lo hace peligroso para cualquier otro en este planeta. Además, Vegeta no quiere que nadie interfiera con su castigo."
"¿Castigo por qué?"
"Este sujeto solia ser el comandante de las fuerzas armadas. Falló en enviar las tropas en lo absoluto. Logré hacerlo una vez que me di cuenta de la situación, pero si no hubiera sido por Radditz incluso más daño hubiera ocurrido. En cualquier caso, el rendimiento de Nappa es inexcusable en todos los sentidos."
"Este... Nappa... ¿llegó aquí contigo, Vegeta, y Radditz?"
"Sí."
"¿Por qué no vino a la Tierra con el resto de ustedes?"
Zarbon suspiró. "Bueno, él fue asesinado por los Arlianos inmediatamente después del aterrizaje. En realidad, su muerte fue cómo nos dimos cuenta de ellos. Después de que Vegeta conquistara Arlia y estuviera conquistando nuevas adiciones a su Imperio, Radditz inadvertidamente lo deseó de nuevo a la vida, pensando que estaba trayendo de nuevo a Vegeta de la muerte. Así fue Nappa restaurado y devuelto a nosotros. Vegeta le dio la misma posición que había tenido en el ejército Saiyajin. En realidad, comandar tropas armadas era lo único para lo que Nappa era realmente bueno. Es por eso que este lapso es tan extraño e imperdonable."
"Pero tienes una corazonada que explica el por qué," agregó Piccolo.
Zarbon sonrió con ironía. "Sí, creo que sí."
"Por favor, a un lado, señor," dijo el guardia Arliano, sacando un llavero. En algunos momentos abrió la cerradura y la pesada piedra se deslizó fuera del camino. El guardia sacó un pequeño teclado remoto, entró un código, y el aire de repente pareció menos pesado. Zarbon notó que Piccolo frunció un poco el ceño.
"Desarmó las barras de láser en el interior," explicó y Piccolo asintió.
"Por favor uses esto para hacernos saber cuando haya terminado," dijo el guardia, entregando a Piccolo y Zarbon un pequeño comunicador a cada uno.
"Lo haremos," Zarbon dijo asintiendo, dando un paso más allá del guardia en la habitación. "Gracias." Vio como Piccolo entraba y el guardia cerró la puerta. Hubo un sonido corto y un ruido de aire, y los láseres apenas eran visibles como motas de polvo flotando en su camino. "Si Nappa toca esas cosas se va a quemar muy feo," Zarbon le explicó al Namekiano. "Esas mismas clases de barras se usaron para apresarnos a Vegeta y a mí cuando llegamos por primera vez a este planeta. Operan con los mismos principios que el armamento perforador de ki que los Arlianos han desarrollado." Piccolo asintió y Zarbon sonrió, tratando de no sentirse orgulloso de conquistar el planeta de todos modos y fallar miserablemente en su objetivo. "Por aquí," continuó, y se metió en otra habitación.
La cámara en la que entraron estaba iluminada por luz de velas y sin tecnología evidente. Nappa era una oscura sombra acurrucada contra la pared, sentado en lo que parecía un catre. También había una mesa de piedra y unas sillas de cable, y sobre la mesa estaban las velas, la cera derramándose sobre la superficie. Los restos de una comida también estaban en la mesa, los platos limpios y lamidos salgo por los huesos de la carne que hubiera estado incluida en las comidas. Entonces, por lo menos estaban alimentando bien a Nappa. Debería haber sabido que incluso Vegeta no era lo suficientemente cruel como para privar a un Saiyajin de comida. "Piccolo, conoce a Nappa, ex oficial de las Fuerzas Armadas del Nuevo Imperio Saiyajin. Nappa, este es Piccolo, un estimado guerrero de las fuerzas de la Tierra. Nunca has tenido el placer de conocer al encantador pequeño protegido de Piccolo, Gohan, así que sólo te diré que Piccolo ha hecho justicia en tu raza y ha entrenado bien a Gohan."
"¿Quién diablos es Gohan?" gruñó el gran Saiyajin.
Zarbon sonrió fríamente, sus dorados ojos brillando cruelmente en la luz de las velas. "Por qué, Gohan es el sobrino de Radditz. ¿Tu débil cerebro no puede retener la información que te confiamos después de nuestra estancia en el planeta Tierra?" se burló. Escuchó a Piccolo resoplar y retirarse a las sombras cerca de la puerta, la blancura de su capa y turbante las únicas cosas que decían su posición. Era bueno que Piccolo se fuera a la oscuridad, supuso. Nappa iba a ser difícil para hablar sin algún tipo de distracciones.
"Qué estás haciendo aquí, monstruo traidor," escupió Nappa.
Zarbon sintió sus venas volverse de hielo. Alzando una ceja, giró con toda su fuerza su fría mirada al masivo Saiyajin. "¿Yo, traidor? Qué hay de tus propias acciones recientes, ¿eh? Dime, Nappa, ¿qué estabas tratando de hacer?" dijo con voz tranquila.
"Yo no hice nada," Nappa gruñó, sus ojos mirando al piso de piedra polvorienta.
"Eso es un poco el punto," Zarbon comentó, frotándose la nariz. La habitación olía a moho, y dudaba que esta celda hubiera sido utilizada en las últimas décadas. "He venido a saber por qué."
"No voy a decirte nada, inmundo animal verde."
Zarbon rió, el sonido seco y sin calidez. "Cuida tu boca, mamífero. Ahora estás superado en número por hombres verdes. No es que fueras a ser problema para alguno de nosotros por nuestra cuenta."
"Cállate," Nappa gruñó.
Zarbon sintió su paciencia irse en un torrente furioso. Alzó su puño y lo bajó a la mesa, cerca agrietando la piedra. "¡Basta!" Zarbon gritó, dando unos pasos hacia el calvo Saiyajin. "¡Me dirás lo que quiero saber o te arrepentirás!" Nappa alejó la mirada y guardó silencio. Zarbon se concentró en mantener su cabeza, tomando un profundo respiro y exhalando lentamente por la nariz. "Ahora, Nappa, ¿me explicarás por favor cómo las tropas de Dodoria se las arreglaron para averiguar dónde estaban nuestras estaciones de radares y cómo funcionaban?"
"No lo sé."
Zarbon se acercó más a Nappa. "¿Estás seguro?" dijo, la voz tan baja que casi era un susurro.
"Sí."
De repente Zarbon sacó una mano y tomó al Saiyajin por la garganta, sintiendo el cartílago de la tráquea flexionarse bajo sus dedos. "¿Absolutamente seguro?"
La boca de Nappa se movió sin sonido, sus negros y apagados ojos ampliándose en pánico. Gruñó, incapaz de formar una respuesta coherente.
"No pude escucharte," Zarbon dijo dulcemente, liberando el cuello de Nappa. El Saiyajin jadeó y se dobló, la respiración entrando en rachas irregulares.
"No te dejaré traicionar a Vegeta," resopló.
Ira explotó en el cerebro de Zarbon y le dio a Nappa un revés, tomando al Saiyajin con la guarda baja y casi rompiéndole el cuello. Nappa cayó de la cama de piedra al suelo y tosió, levantándose lentamente. "¿No ves que traicionar a Vegeta es exactamente lo que has hecho? Zarbon siseó. "¡Casi dejaste que Dodoria invadiera la sede de su gobierno!"
Los ojos de Nappa se angostaron en rendijas en su rostro carnoso. "¡No te dejaré entregar a Vegeta con Freezer!" gruñó. "¡No puedes tenerlo!"
La ira de Zarbon se rompió momentáneamente por la completa y total falta de comprensión de Nappa. "¿Qué? ¿Estás loco?" Zarbon chilló. "Si entrego a Vegeta a Freezer, ¡yo también estoy muerto! ¿Por qué diablos haría algo así?"
Nappa siguió mirando a Zarbon. "Dodoria dijo que lo harías. Dijo que si lo dejaba pasar liberaría a Vegeta de tu influencia. Casi te atrapó, también."
Zarbon temió que la locura lo tuviera de sus garras, estaba llegando a tales alturas de furia por las palabras del Saiyajin. "¿Y CONFIASTE en él?" gritó. "¡Has vivido con Freezer y sus tropas durante décadas! ¡Has visto cómo es Dodoria, cómo es el imperio de Freezer! ¿Y aún así confiaste en él?"
"Vegeta confía en ti, y sin embargo no lo llamas idiota," Nappa se burló.
"¡Eso es porque Vegeta puede confiar en mí! No tengo nada para ganar haciéndole daño. Sólo garantizando su éxito puedo asegurar mi propia seguridad y vida. ¡Las situaciones son totalmente diferentes!"
"Has hecho a Vegeta un débil. Lo dejaste traer de vuelta a esa puta de la Tierra. Lo dejaste unirse con ella. Ahora Freezer puede lastimarlo más de cualquier forma que tú y yo podamos pensar alguna vez," Nappa dijo, su voz baja.
"Yo no tengo nada que ver con eso. Luché contra eso con uñas y dientes."
"Sólo lo quieres muerto para quedarte con su poder. Luego finalmente nos podrás ver a todos los Saiyajin muertos."
"¿Estás loco?" Zarbon gritó, casi llevado hasta el punto de locura. Lo que estaba escuchando no tenía sentido en lo absoluto, sin importar cómo tratara de mirarlo, y renunció a cualquier pretensión que todavía tuviera de permanecer calmado.
"Debería matarte ahora, mientras estás aquí," dijo Nappa, y Zarbon pudo realmente ver el odio ardiendo en esos oscuros ojos. "Puedo ahorrarme muchos problemas y arriesgar de esa manera."
Zarbon arrojó su cabeza hacia atrás para reír ante la idea, pero de repente Nappa estaba en su rostro, golpeándolo. Zarbon esquivó los golpes fácilmente, moviendo su cabeza una fracción de centímetro al otro lado mientras el puño de Nappa volaba justo pasándolo. Se hundió bajo el centro de gravedad de Nappa y ejecutó una impecable patada, derribando al gran hombre. El Saiyajin fue engañosamente rápido, y logró enderezarse antes de golpear el suelo, pateando a Zarbon mientras se movía fuera del camino. Zarbon recibió el golpe en el muslo, flexionando sus músculos para evitar que el hueso se rompiera. Saltó hacia el Saiyajin y los ojos de Nappa se abrieron lo suficientemente amplios para poder ver su reflejo en ellos. Aterrizó un puñetazo de lleno en la nariz de Nappa, sintiendo el hueso crujir debajo de su puño. Nappa gruñó y cayó hacia atrás, golpeando su cabeza en la pared. Zarbon se abalanzó hacia él como un gato, canalizando su ki en sus puños y listo para dar un golpe de muerte, cuando sintió brazos serpentear debajo de sus axilas y detrás de su cabeza, efectivamente deteniendo sus movimientos. "¿Qué diablos está pasando?" Zarbon gritó, tratando de girar.
"Cálmate," gruñó la ruda voz del Namekiano. "Matarlo no te llevará a más respuestas. Pensé que lo sabías."
Zarbon sintió la ira fugarse de él tan rápido como había venido y se relajó. "Tienes razón. Pido disculpas. No he sido yo mismo hoy," murmuró.
Piccolo liberó a Zarbon y dio unos pasos hacia atrás. "Creo que es bastante obvio lo que pasó con los ataques," dijo.
Zarbon se frotó el muslo y asintió. Nappa estaba claramente loco, tratando con el diablo para salvar a Vegeta de un peligro imaginario. Era casi irónico, en una enferma manera, pensó, que en tratar de proteger a Vegeta de un peligro que no existía Nappa realmente estaba creando un peligro más grande para su príncipe. "Deberíamos volver a Goku y Radditz y hacerles saber lo que está sucediendo," dijo con un suspiro, mirando al cuerpo inconsciente de Nappa.
"Noté que no nombraste a Vegeta," Piccolo comentó.
Zarbon sintió un extraño y crepitante dolor propagarse por su pecho. "No, no lo hice. No sé si me escuchará de nuevo alguna vez," dijo, casi ahogando las palabras. "Una vez más, pido disculpas. No he sido yo últimamente."
Piccolo angostó sus ojos por un momento, luego bufó. "Lo que sea. Confío que todavía puedas hacer tu trabajo," respondió.
"Por supuesto. No tengo duda alguna de dónde yacen mis deberes."
"Bien. Volvamos con los demás," murmuró Piccolo.
Zarbon asintió y sacó el comunicador que el guardia le había dado. "Estamos listos," dijo, y se dispuso a esperar que la puerta se abriera.
Radditz y Goku alzaron la vista de su juego de cartas con la misma expresión de sorpresa en sus rostros mientras Bulma entraba en la habitación, junto a Zarbon. "Hay algo que deben saber," dijo con severidad.
Radditz bajó sus cartas y se puso de pie, indicándoles que se sentaran. Bulma le sonrió y mientras él la acomodaba en la silla, preguntándose por millonésima vez si debía haberse casado con él en lugar de Vegeta. Él le devolvió la sonrisa, la expresión un poco dolida, como siempre, y tomó su asiento. Él y Goku se inclinaron hacia adelante en la mesa, viéndose tan parecidos por un momento que casi la tomó completamente fuera de guardia. Era tan fácil olvidar que eran hermanos. Radditz era inteligente y apasionando, donde Goku a menudo era olvidadizo y dulce en exceso, aunque era el mejor luchador por lejos. Se encontró preguntándose si podría hablar con Goku para que le diera una tremenda paliza a Vegeta. Estaba bastante segura de que su amigo de la infancia sería un buen rival para su marido.
"¿Qué pasa, Bulma?" Radditz preguntó, poniendo una mano sobre la suya.
Ella miró a Zarbon, que se veía como si hubiera sido pisado por un camión, si hubieran tenido camiones en Arlia. Su cabello estaba despeinado, que solía ser una imperdonable ofensa para las costumbres de Zarbon, y su rostro estaba cansado y ansioso. Lo que Vegeta había dicho la noche anterior todavía lo estaba royendo, y le dolía verlo. El comportamiento de Vegeta de esa mañana también la hería. No podía creer que estaba siendo tan cruel con Zarbon, que no había hecho nada más sino todo para cuidar los intereses del Príncipe. Su crueldad con ella casi era más soportable en una manera, ya que ella realmente no había hecho nada por Vegeta. Renunció a su vida en la Tierra y le hizo algunos dispositivos, pero ciertamente no le había dado toda su existencia en la forma en que Zarbon lo había hecho. Incluso como su esposa seguía cuidándose ella misma, y por lo tanto no esperaba que Vegeta realmente le diera algo. Pero desde que lo había conocido, incluso cuando estaba terriblemente aterrorizada de él, Zarbon había hecho lo imposible por Vegeta, y pensaba que su lealtad debía ser recompensada. En cambio Vegeta parecía estar castigando a Zarbon por su amor. Al menos para ella él era sólo un idiota, pero él realmente se estaba desubicando con su horrible forma de tratar a Zarbon. Que fuera capaz de tal crueldad la lastimaba profundamente, y su amor por él comenzaba a flaquear. No es que hubiera sido siempre tan sólido para empezar. Si no fuera por su extraño carisma, nunca lo hubiera amado en lo absoluto.
"¿Bulma?" Goku preguntó, y ella se dio cuenta lo mucho que su mente había estado vagando.
"Lo siento," murmuró. "Zarbon tomó un pequeño viaje hacia Nappa después de nuestra desastrosa reunión, y pensé que todos ustedes querrían saber lo que pasó."
"Entonces ahí es a donde fuiste," Radditz susurró. "Me imaginé que era algo importante."
"Muy importante," Zarbon dijo con un suspiro. "Creo que Nappa ayudó a Dodoria a orquestar toda la cosa."
"¿Qué?" Radditz jadeó, levantándose tan violentamente que tiró su silla y casi envió a la mesa a estrellarse contra el suelo también.
"¿Cómo?" Goku preguntó, mirando la reacción de su hermano.
"Me ve como a una amenaza, supongo," Zarbon respondió, palpando su trenza enmarañada. "Pensó que yo iba a entregar a Vegeta a Freezer, así que le dijo a Dodoria cómo acercarse a nosotros con la esperanza que ese gran bastardo rosa me matara."
"¿Confió en Dodoria?" Radditz tragó, sus ojos abiertos con incredulidad.
"¿Quién es Dodoria?" Goku preguntó, mirando alrededor con una expresión en blanco.
Radditz hizo un sonido de borboteo y casi se cayó. "Es la cosa gorda rosa que Zarbon mató, ¿recuerdas?"
"¿La cosa con las espinas?"
"¿Qué otro gran monstruo rosa viste?" Radditz espetó.
"Lo siento," dijo Goku, sus ojos grandes y pidiendo disculpas.
"De todos modos," Bulma interrumpió airadamente. "Sigue por favor, Zarbon."
"Uh, claro," Zarbon dijo, mirando a los dos hermanos con cautela. "De todos modos, creo que Nappa se volvió loco. Realmente, de verdad lo creo. Pero eso explica cómo lograron acercarse tanto antes de que los notemos. Tuvieron ayuda desde nuestro lado."
"No podemos permitir que eso suceda de nuevo," Radditz gruñó. "¡Ese idiota podría el final para todos nosotros!"
"Lo sé," Zarbon suspiró. "Pero está encerrado ahora, y no veo qué mucho más podamos hacer."
"Espera un minuto," dijo Goku, su inocente rostro arruinado con el ceño fruncido. "Si este sujeto Dodoria estaba con Freezer, y Nappa está aquí, ¿cómo hicieron su plan?"
Bulma sintió la sangre drenarse de su rostro y miró a Zarbon y Radditz. Ellos, también, habían palidecido de manera no natural. "¿Cómo lograron comunicarse?" susurró ella.
Zarbon frunció el ceño. "No estoy seguro. Supongo que Nappa podría haber usado una de las estaciones de comunicación para sintonizar la frecuencia de Freezer y hablado con él así. Como el Comandante, Nappa hubiera tenido todas las facilidades a su disposición."
Radditz también frunció el ceño. "Podemos buscar todos los registros de las transmisiones hechas recientemente y ver si alguna de ellas concuerda con las frecuencias de Freezer," sugirió.
"¿Pero cómo sabremos qué frecuencia estaba usando Dodoria?" Goku preguntó, su mano detrás de su cabeza.
"Todos los soldados de Freezer están obligados a memorizar las frecuencias, tanto como los códigos de transmisión," Radditz explicó con calma. "Incluso alguien como tú o Nappa podrían recordarlos."
"Oh," Goku respondió, y se quedó callado.
"Ejecutar esos informes de frecuencia tomará más tiempo del que tenemos, especialmente si el Emperador quiere que nos vayamos mañana," dijo Zarbon.
Bulma notó que no usó el nombre de Vegeta. De repente tuvo más miedo que antes que las cosas salgan mal con Freezer. "Yo me puedo hacer cargo de eso, no hay problema. Además, será mi responsabilidad de todos modos, si tengo que cuidar el Imperio mientras todos se van."
"Muy bien," Zarbon dijo asintiendo.
"Una cosa más," continuó ella. "Zarbon, Radditz, ¿qué debería estar haciendo exactamente cuando no estén?"
"¿Por qué preguntas su alteza?" Zarbon dijo, una leve burla en su voz.
Radditz frunció el ceño. "Injusto, Zarbon," advirtió.
Zarbon suspiró. "Lo siento."
Bulma tomó un respiro y sacudió su cabeza. "No, Zarbon, es una pregunta sincera. La razón por la que quiero oírlo de ustedes dos es porque ustedes realmente saben cómo manejar un imperio. Vegeta sabe lo que se supone que tiene que hacer, pero sólo ustedes saben las diferentes partes del Imperio tan íntimamente."
Zarbon tocó su mejilla con un dedo, levantando su mentón con su otra mano. "Bueno," dijo pesadamente, "Necesitarás hacer algún plan de evacuación. También necesitarás alistar las defensas, asegurarte que todo funcione, etcétera. Atlia puede hacer la mayor parte de los asuntos administrativos. Tú no necesitas preocuparte con audiencias como Vegeta."
"En cuanto al ejército, sólo ten conferencias con Atlia y Pikuhan," Radditz ofreció. "Te pueden ayudar en pensar alguna clase de plan de ofensa que necesites. La tecnología, sin embargo, depende toda de ti. Con suerte tendrás un poco de tiempo para preparar, sin embargo. Tomará un tiempo para que Freezer escuche lo que ha ocurrido con sus tropas, y más aún para que envíe más aquí."
"¿Qué debo hacer?" Goku chirrió.
Radditz se hundió en su silla y suspiró, cubriendo sus ojos con una mano. "Vendrás con nosotros, Goku. ¿Te olvidaste? Vamos a luchar con Freezer mientras Bulma se queda aquí."
El rostro de Goku cayó. "Oh. Lo siento."
Bulma rió nerviosamente. "No, está bien, Goku. Sé que te emocionaste."
Una extraña, seria mirada pasó a través de las facciones normalmente blandas del rostro de Goku, la misma mirada que usualmente hacía a Bulma preguntarse si toda la cosa de la idiotez era sólo un acto. "Creo que deberías mandar a buscar a Yamcha, Krillin, y los demás tan pronto como puedas. Vas a necesitar a todos los luchadores que puedas tener."
Todas las cabeza se giraron hacia Goku, tres mandíbulas cayéndose simultáneamente. "Esa es una espléndida idea," dijo Zarbon.
"Buen trabajo, Goku," Bulma alentó. Nunca había esperado que a él se le ocurriera un buen plan a tiempo. Era un genio luchando, le podía otorgar eso, pero sus talentos generalmente yacían en decisiones del momento, no en planes prolongados.
"Es un buen plan," Radditz concordó. "Esos otros serán capaces de protegerte inmensamente."
"Bueno, entonces, está dicho," dijo Bulma, poniéndose de pie. "Yo... no puedo creer que se vayan mañana."
"Aw, ¡volveremos!" Goku dijo.
Radditz se puso de pie también, poniendo una pesada y cálida mano en su hombro, sus oscuros ojos brillando en los de ella. "Todo estará bien," murmuró suavemente. Quitó su mano y se enderezó. "Zarbon, ¿por qué no le mostramos con quién tiene que tratar y en qué debería preocuparse mientras no estamos?"
"¿Qué hay de mí?" Goku lloriqueó, también poniéndose de pie y moviéndose de un pie al otro.
"Ve y encuentra a Piccolo y Gohan y entrena un poco más," dijo Bulma. "Creo que Vegeta va a querer entrenar con ustedes en la nave. Los enviaré en la nave más fina."
Bulma miró a Goku precipitarse con una sonrisa y saludar. Si sólo las cosas fueran tan simples para todos, se encontró deseando. Dos fuertes brazos, uno a cada lado de ella, presionaron a través de sus brazos y comenzaron a guiarla hacia la puerta.
"Es hora de moverse," Radditz dijo con una sonrisa tensa.
"Tienes mucho que ver," Zarbon añadió.
"Tienes razón. Será de noche antes de que lo sepamos, y tengo algunos asuntos propios que solucionar para entonces." Ella apretó los brazos que estaban envueltos alrededor de los suyos y sonrió, pensando rápidamente lo afortunada que era en tener tales leales, si problemáticos, amigos en su vida.
