Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Parecía extrañamente frío en la cama, la extensión de las mantas vacías mientras yacía de costado y miraba por la ventana. Las lunas gemelas se habían levantado hace un tiempo atrás y ya estaban en su camino a través del cielo. Las había estado viéndose moverse a lo largo de su camino desde que habían aparecido en los cielos esa noche, y ella todavía no había aparecido. No tenía idea dónde estaba, y se dijo a sí mismo que no le importaba. Algo en su pecho se sentía como si estuviera cayendo, y por primera vez se preguntó si tal vez sí le importaba. Había levantado su mano izquierda cerca de su rostro, mirando a la delgada banda de oro que rodeaba su dedo anular. El anillo no se había salido de su mano desde el día que ella lo puso allí. Ese día parecía simultáneamente como si hubiera sucedido hace un millón de años atrás y ayer. Dejó caer su mano en el colchón y fijó sus ojos de nuevo en las lunas, de repente decidiendo que eran demasiado brillantes. Se levantó y cerró los postigos, luego volvió a la enorme cama. Se estaba acomodando en el punto caliente que su cuerpo había hecho cuando escuchó a la puerta abrirse. El sonido de pies deslizándose fuera de los zapatos de inmediato siguió y la puerta se cerró. El suave sonido de pies descalzos rozando sobre las piedras y el ruido de la tela llegó a sus oídos. Cerró sus ojos y fingió dormir mientras el colchón se movía, y sus fosas nasales capturaron su aroma. Había llegado por fin a la cama. Su ceño se frunció más profundamente mientras alejaba el alivio que brotó en su corazón. ¿Había tenido miedo que no viniera? ¿Por qué? ¿Por qué hubiera importado, de cualquier modo?
Su suave piel estaba presionada contra su espalda, y por la forma que se acurrucó contra él supo que pensó que él estaba dormido. "Oh, Vegeta," la oyó susurrar. "¿Por qué tiene que ser así?"
¿Ser de qué manera?
Su brazo se deslizó sobre su cintura y pasó su fría mano sobre su pecho, sus dedos encontrando la profunda hendidura entre sus pectorales. Él sintió sus labios rozar el tenso músculo de su hombro y la piel de gallina se alzó en él a pesar de sus mejores esfuerzos para prevenirla. Su suave estómago presionado contra su espalda y sus piernas envueltas alrededor de las suyas hasta que estuvo efectivamente atrapado en su abrazo. "Perdón," susurró ella. Las palabras enviaron miedo alzándose por su espina y ya no pudo mantener la farsa del sueño.
"¿Perdón por qué?" murmuró él, sin vacilar.
"¿Estás despierto?" ella jadeó, retrocediendo de él y moviéndose rápidamente al otro lado de la cama.
Él se giró y apoyó su cabeza con una mano, sus negros ojos clavados en ella. "Por supuesto. No estabas aquí cuando llegué."
Su ceño se frunció ligeramente, el cabello azul cayendo en su rostro mientras se sentaba y se cubría con las mantas. "¿Qué? ¿Por qué?"
Casi no podía soportar mirarla, con su pálida piel visible incluso en la perfecta oscuridad de la habitación, el brillo de su sedoso cabello cayendo sobre sus hombros, el ángulo de sus suaves codos rosas mientras ponía sus rodillas en su pecho. Podía decir que lo estaba mirando, incluso si no podía divisar sus ojos excepto por las diminutas motas de luz reflejada. "No lo sé," admitió él. "No pude dormir hasta que no llegaras aquí. Sólo Dios sabe en los problemas que alguien tan odioso como tú se puede meter."
Su risa le sonó un poco forzada. "¿Quieres decir que realmente te has acostumbrado a mí?" rió ella, pero su cuerpo estaba temblando un poco. Pudo sentir el movimiento en el colchón debajo de él, y se preguntó si ella incluso estaba consciente de ello.
"Nunca podría acostumbrarme a ti," dijo él, una pequeña sonrisa estirándose en sus labios contra su mejor juicio. Se sentó y se inclinó hacia ella, suavemente corriendo las mechas de cabello de su rostro. "Ahora, ¿por qué estabas pidiendo disculpas?"
Ella lo miró de reojo, sus facciones cautelosas de repente. "¿Por qué estás siendo tan amable? No has sido así de amable desde nuestra luna de miel."
"Ni siquiera fui amable entonces," dijo él, acercándose a ella. Tomó su mentón en su encallecida mano y giró su rostro hacia él, plantando suavemente un cálido beso en su sien. "Pero tú lo fuiste," ronroneó. "Fuiste muy, muy amable."
Ella lo alejó y fue como si una diminuta pieza suya se hubiera hecho añicos. Frunció el ceño para deshacerse de la sensación y gruñó furioso. "Por favor, no. No puedo," murmuró ella.
"¿No puedes qué?"
"No puedo seguir con esto. No puedo soportarlo. No sabía que iba a ser así de horrible cuando te seguí aquí. No tenía ilusiones algunas de que me amaras, o de que fuéramos felices, pero no sabía que ibas a ser así para siempre."
Sintió su columna vertebral volverse rígida, pequeñas perlas de sudor formándose en su cabello. "?Qué estás diciendo?" susurró.
El contorno de su cuerpo se estremeció y la escuchó tragar un sollozo. "Estoy diciendo que si sobrevives esta lucha con Freezer, yo podría no estar aquí para ver tu regreso."
"¿Qué?" dijo él tan suavemente que apenas podía escuchar su propia voz. La comprensión se negó a llegar a él, dejándolo sentirse vacío y en blanco.
"Tú sólo te casaste conmigo para vigilarme, para asegurarme de que no muriera. De lo que deduzco de esta cosa de la unión que has hecho conmigo, si yo muero me llevo una parte de tu alma conmigo, sin la cual te marchitarás o algo así y morirás. Sé que no soy telepática como tú, pero creo que si tu mueres me dolerá, también. No quiero aceptar eso, pero puedo hacerlo. Lo que no puedo aceptar es el hecho de que no te preocupe cómo me siento, de que no te importe cómo cualquiera se sienta a tu alrededor."
"Mujer," comenzó a decir, pero las palabras lo abandonaron. Se quedó callado.
De repente ella tomó su mano, agarrando el dedo con el anillo de bodas en él. Puso su propia mano en la suya y las miró, el metal brillando levemente en la casi oscuridad. Sus ojos captaron algo de la luz reflejada, por lo que brillaban azul zafiro por un breve segundo. Recordó que casi había renunciado a su vida por ese azul. "Esto simboliza una unión, Vegeta," ella dijo con firmeza. "Esto quiere decir que somos marido y mujer, dos partes de un todo, una familia. ¿No recuerdas lo que es tener una familia, tener gente que se preocupe por ti?"
Vegeta sintió como si hubiera sido golpeado en la parte posterior de su cabeza. Imágenes de su padre aparecieron de sus recuerdos. Había estado tan orgulloso de su padre, y su padre había estado orgulloso de él. Su padre tenía fe en la fuerza de su hijo, había creído que sería el guerrero más fuerte que el universo hubiera visto jamás. Sabía que su padre lo había amado, aunque rara vez lo hubiera mostrado. Vegeta nunca se había dado cuenta de eso antes, pero su padre había muerto luchando contra Freezer por ese amor. Había querido que Freezer muriera porque amaba a su hijo y a su pueblo, y los había querido a salvo. Él, por otra parte, también quería a Freezer muerto, pero por venganza y odio, no por amor. "Calla, mujer," logró decir, frenéticamente tratando de levantar las paredes en su lugar alrededor de su corazón y mente, que era mucho más difícil por la unión telepática.
"No, Vegeta, no me callaré. Si te vas mañana planeando morir entonces prometo que no estaré aquí si logras volver. No me puedo permitir amar a un hombre que vive su vida con desesperación y odio. Tenemos una vida juntos por delante," dijo ella, su voz suave y urgente. "Tenemos hijos y nietos y un gran imperio que defender delante de nosotros. Somos una familia, tú y yo. Somos compañeros de vida."
"Estás loca y yo..." gruñó, apartándose de ella.
"¿Qué?" su voz susurró a sus espaldas.
"Sólo tengo una oportunidad."
Sintió su suave mano descansando en su hombro. "Esa oportunidad es suficiente para tomar la decisión correcta. Vive, Vegeta. El amor es un poder más fuerte que el odio."
"El amor es debilidad, y sólo los fuertes sobreviven."
Sintió la cama temblar ligeramente mientras ella parecía desinflarse detrás de él, y se volteó para mirarla, su cuerpo una masa de redondas y suaves sombras en la oscuridad. "Entonces morirás, Vegeta, porque sin la fuerza del amor ni siquiera tienes una mínima posibilidad de derrotar a Freezer. Me condenas a vivir el resto de mis días con el dolor de perderte."
"Tú no me amabas, tampoco, cuando nos casamos," le espetó.
Casi jadeó cuando sintió su mano apretarse alrededor de la suya. "Las cosas cambian," murmuró. Hubieron varios largos momentos de silencio mientras su cerebro se negaba a absorber las implicaciones de sus palabras. Su suspiro rompió el silencio y se acostó. "Sólo dame esta noche, entonces, para abrazarte y fingir que es para siempre", pidió.
Estaba completamente perdido. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Cómo podía entender? Se dejó caer a su lado, tirando las mantas sobre ellos, y se mantuvo completamente inmóvil mientras ella acurrucaba su cuerpo desnudo contra el suyo, apoyando su cabeza sobre su pecho. Su mano todavía sostenía la suya, su oreja presionando contra él. Podía sentir su latido lento y acompasado al suyo.
"Sabes, nunca he estado acostada contigo y sosteniendo tu mano," murmuró contra su piel. "Tienes unas manos maravillosas y fuertes."
"No hemos estado juntos mucho tiempo", dijo con frialdad, sintiéndose incómodo.
"No, no lo estuvimos. Ojalá no tuviera que terminar así. Ojalá fueras lo suficientemente fuerte para sobrevivir esto."
Sintió una extraña y lenta ira alzarse dentro de él. "¿Qué?" dijo con frialdad.
"Morir es fácil, Vegeta. Es vivir lo que requiere valor."
"No entiendes el monstruo que es él," gruñó.
"Sé que te dio esas cicatrices. No sé por qué, o qué te hizo, pero ya no estás bajo su control. No actúes como si todavía lo estuvieras."
"Cómo te atreves," comenzó a decir, pero una humedad en su pecho lo detuvo. Su delgado cuerpo se estremeció con sollozos y sus dedos se aferraron a su piel desnuda. "¿Qué?" le preguntó con rudeza, comenzando a sentir pánico. La situación estaba completamente fuera de su control y no tenía idea de qué hacer. Ni siquiera sabía por qué ella estaba llorando.
"No me dejes," murmuró ella, la voz espesada por las lágrimas. "Por favor, Vegeta, no me dejes."
"¿De qué hablas, mujer?"
"No quiero vivir mi vida sin ti. Quiero que te deshagas de estos demonios y te quedes conmigo. Quiero que estemos juntos, y felices."
"Nunca seremos felices."
"¡Sólo porque tú no nos dejas!" dijo ella, alzando su cabeza y mirándolo.
Él suspiró. "No soy la clase de hombre para hacerte feliz. No soy el hombre para ti."
Ella sacudió su cabeza, mechones de cabello azul pasando por su carne como hilos de seda. "Lo eres. Tienes un temperamento como el mío, tienes pasión como yo. Cuando te hablo de mi trabajo, eres lo inteligente suficiente para entender. ¿No ves? ¡En lo único en que no somos iguales es en nuestro deseo por la vida!"
"¿Qué quieres que haga?" preguntó él, su pánico subiendo casi al punto que sintió que debía huir.
"Dime que no morirás. Prométeme que no morirás," dijo ella, su cuerpo temblando más.
"No puedo," respondió él, sintiéndose extrañamente impotente. ¿Qué se suponía que debía hacer con ella?
Ella gimió y se derrumbó contra él, la respiración entrecortada mientras intentaba respirar a través de sus violentas lágrimas. Él se giró de costado y la puso contra él, poniendo su mano en la parte superior de su cabeza y acariciando su cabello suavemente. Ella sólo lloró con más fuerza, y las paredes alrededor de su cerebro lentamente comenzaron a derrumbarse. Su miedo comenzó a gotear en su mente, y sintió la ardiente ferocidad de sus sentimientos hacia él. Ella realmente no quería que él muriera. El pánico se desató dentro de él y se inclinó hacia ella y besó los lugares en sus mejillas donde las lágrimas habían hecho pequeños senderos en su piel. "No llores," murmuró él, besando su rostro y cuello, sus labios limpiando las lágrimas. "Estoy aquí ahora." Bajó por el hueco de su garganta y la besó allí, trayendo su cuerpo tan cerca al suyo como pudo.
"Prométeme," se ahogó.
"Bulma..."
"¡Prométeme!"
"Yo..."
"¡Eres lo suficientemente fuerte para derrotarlo sin morir! ¡Sé que lo eres! Incluso puse cosas en la nave para ayudarte a hacerte más fuerte. ¡Tú y Goku pueden entrenar todo el viaje!"
"Aún así no creo que pueda-"
"¡Prométeme!"
Lentamente se permitió la idea de no volver a verla. El intenso y desgarrador dolor que había experimentado cuando pensó que ella había muerto en el derrumbe del palacio volvió a él en un torrente de emociones, y de repente no quiso perderla. Algo había sucedido en las últimas semanas en Arlia, o tal vez había estado allí antes y simplemente no quiso admitirlo. Realmente no quería admitirlo ahora. En algún lugar del camino dejó de soportarla y comenzó a querer tenerla cerca. Ella era inteligente y feroz; lo mantenía entretenido y atento a la vez. La necesitaba cerca, así la amara o no. "Sí," dijo suavemente, esperando que ella no lo escuchara.
"De nuevo," murmuró ella, sus lágrimas alenteciéndose mientras arrojaba sus brazos alrededor de su cuello musculoso.
Absorbió su aroma, su calor, y sintió sus manos bajar por sus caderas casi por su propia voluntad. Sus pulgares se apoyaron contra los huesos de su pelvis y besó su cuello de nuevo. "Te lo prometo," dijo, cerrando sus ojos y deleitándose con la sensación de ella. Presionó su ingle contra la suya y de repente la deseó con suma intensidad. La besó profundamente, saboreando sus labios, trazando la curva de sus blancos dientes con su lengua.
Ella exhaló y se presionó contra él. "Dilo todo," susurró ella.
"Volveré a ti, Bulma. Lo prometo," jadeó, pasando sus manos arriba y abajo por la agraciada curva de su espalda, el deseo alzándose dentro de él. No podía renunciar a ella tan fácilmente, se dio cuenta con pesar. La eternidad sin su tacto parecía extrañamente vacía. Tomó su lóbulo entre sus dientes y tiró con suavidad, sintiendo su cuerpo arquearse ligeramente.
Ella desenvolvió sus brazos de su cuello, poniendo sus manos en su trasero y tirando su pelvis contra la suya con más firmeza. Sus suaves y esbeltos dedos agarraron sus poderosos músculos fuertemente y casi perdió control de sí mismo allí y entonces. "Y yo estaré aquí esperando por ti, Vegeta. Esperaré por ti para siempre si tengo que hacerlo."
Él se estremeció y separó sus muslos con su pierna, girándola sobre su espalda. "No tengo la intención de que esperes para siempre," murmuró, y se perdió en su interior.
Se despertó en la mañana sintiéndose como si sus adentros hubieran sido limpiados. Por primera vez el mundo le parecía claro, con todo en su lugar. ¿Qué era esta sensación? Tomó un profundo respiro y estuvo contento de tomarlo, estaba emocionado de sentir su corazón latir con fuerza en su pecho. El cálido cuerpo de Bulma se mezclaba con el suyo, creando una pequeña esfera que los contenía sólo a ellos dos, pero parecía como si fuera el mundo entero. Pestañas revolotearon contra su brazo donde ella recostaba su cabeza y una involuntaria sonrisa agració sus labios. "Se llama paz, Vegeta," susurró ella. "Si sobrevives a esto, podemos sentirnos así cada mañana por el resto de nuestras vidas."
Fue la primera vez que realmente le creyó. La verdad de sus palabras fueron directo al corazón que había pensado muerto hace mucho tiempo y se ató a su alrededor, apretándose hasta que no pudo negarlo. Tal vez este extraño silencio y claridad era preferible al olvido de la muerte. Realmente nunca había considerado la posibilidad antes, "Lo veremos," dijo, aunque de repente le quiso decir mucho más, le quiso decir todo. Era como si algo dentro de él se hubiera roto completamente, y ahora se sentía extrañamente liberado.
"Lo que estás sintiendo, Vegeta, es lo que es estar sin odio. Sé que tienes más emociones que enojado, muy enojado, y enfurecido," murmuró ella, girando en sus brazos y alzando la vista a sus ojos.
Pensó que el azul de esos ojos lo tragarían, su color tan intenso que sintió como si estuviera volando por el cielo. "Hago lo que tengo que hacer," dijo con aspereza. ¿Qué estaba haciendo? No le estaba diciendo ninguna de las cosas que quería.
Ella guardó silencio por unos momentos, su rostro de porcelana hecho una tumba mientras sus ojos buscaban en los suyos. Él le frunció el ceño y esperó, sabiendo que ella le diría cuando estuviera lista. Casi sonrió cuando se dio cuenta que le estaba respondiendo sin decirle una palabra. Era mucho más telepática de lo que se daba cuenta, y sin querer había estado sacando provecho en la unión entre ellos. Él, sin embargo, no iba a ser tan escurridizo. Sentía curiosidad, aunque a regañadientes, pero quería escuchar lo que fuera que iba a decir de sus propios labios. De repente lo tiró con mucha fuerza por un momento, como si estuviera tratando de hacerlo parte de ella. Lo liberó y puso sus manos a cada lado de su rostro para que no pudiera mirar a ningún otro lugar sino directo a sus ojos. "Te amo," susurró, la voz temblorosa, luego dio un respingo, como si él estuviera a punto de golpearla.
Un escalofrío corrió por su columna vertebral mientras hablaba. Sus ojos se ampliaron y la miró con incredulidad. ¿Era cierto? Examinó su rostro, buscando por la verdad en cada poro de su piel, en cada pequeña estría de músculo en los irises de sus ojos. Puso sus manos sobre ella y sintió la verdad de sus palabras. "Esto será para siempre," murmuró en respuesta, cerrando sus ojos y besándola en la frente.
Ella se aferró a él con fiereza, enterrando su rostro en su pecho, y él suspiró y pasó sus dedos por su sedoso cabello. "Creo en ti," dijo ella, escondiendo su mirada de él.
"Será mejor que lo hagas," gruñó.
De repente ella lo apartó suavemente. "Será mejor que empieces a prepararte. Estoy segura que Zarbon se ha asegurado que tus cosas estén empacadas."
Vegeta frunció el ceño ante la mención de Zarbon, una extraña daga pasando a través de él. "Hmph," gruñó, incapaz de justificar la ira que sentía.
Ella se sentó y se quitó el cabello de su rostro. "Él te quiere, también," ella dijo en voz baja. "Lo que le estás haciendo lo está lastimando gravemente."
"No importa," gruñó. "No me importa."
"¿De verdad lo crees?" ella respondió.
Él se apartó de ella, sus sentimientos anteriores destruidos. La nublada ira que siempre sentía se movió para tomar su lugar, y de repente se sintió más valiente. "El bastardo puede morir e irse al infierno por lo que me importa," escupió.
"Piensa lo que quieras," dijo con frialdad, y él la sintió levantarse de la cama. Lamentaba verla ponerse una bata. Por alguna razón el acto de cubrir el cuerpo al que había hecho el amor tantas veces en tantas maneras diferentes la noche anterior era como cerrar un capítulo de su vida. Se preguntó si alguna vez volvería a sentir ese elegante cuerpo debajo de sus dedos.
"Lo haré." Se levantó también, arrojando las sábanas a un lado y recuperando su ropa de la silla donde la había doblado y colocado la noche anterior. Se puso su traje, guantes, y botas con violencia, dejando su capa y armadora solo por un momento. En su lugar se acercó hasta donde ella estaba sentada frente a un espejo, cepillando su cabello, y se detuvo. Era como si hubiera sido la noche en la que se le había declarado. Se veía exactamente igual, y él estuvo tan inundado de emociones en conflicto y pensamientos como lo había estado entonces. Sin detenerse a pensar en ello, se arrodilló a su lado, sus oscuros ojos buscando los de ella. Su ceño fruncido ligeramente y ella bajó el cepillo lentamente, la confusión escrita a través de sus facciones.
"¿Qué?" preguntó ella, levantando una ceja.
"No he terminado contigo," dijo él. "Nunca terminaré contigo."
"¿Qué?" repitió ella, incluso mientras él arrojaba sus guantes y botas, quitándose su traje. Se arrodilló de nuevo y la tomó por su cintura, llevándola hacia las piedras con él. "¿Qué estás haciendo?" preguntó ella con alarma, pero él ya estaba abriendo su bata y deslizándola fuera de ella, dejando que la extensión de la suave tela la protegiera de las piedras debajo. Ya estaba posicionado para tomarla, sorprendido por su repentina excitación. ¿Por qué siempre lograba hacerle esto?
"Te estoy tomando," dijo suavemente, un brillo malvado en su ojo.
"¡Tienes que estar listo!" exclamó ella, pero él no esperó. Ni siquiera hizo un esfuerzo en juegos previos. Ella inhaló profundamente mientras su cuerpo se unía con el de ella, su aliento saliendo en entrecortados jadeos mientras él se movía dentro de ella. Era tan dulce y perfecta. Quería guardar todo su cuerpo en el de ella, ser una parte de ella completamente. No podía creer que su cuerpo encajara tan bien con él. Luego recordó que podía estar dentro de ella completamente, y bajó las barreras que había puesto para prevenir la sensación de su unión telepática, y su mente se unió con la suya en un arranque de emoción. Hizo un pequeño ruido, algo entre un grito y un ahogo, mientras los sentimientos de ella se apoderaban de él, y sintió su cuerpo arquearse mientras ella comenzaba a experimentar el placer que ella le estaba dando.
"Dime de nuevo que me amas," le susurró él en el oído.
"Te amo," gimió ella.
"De nuevo," dijo él, pasando su lengua por la curva de su oreja.
"¡Te amo!" gritó ella, arrojando sus brazos alrededor de su cuello y empujándolo en ella incluso más con sus piernas.
Sí, dijo él directamente a su mente. Esta es la manera que estaba destinado a ser.
Sí, concordó ella.
Podía sentir sus cuerpos cubrirse con sudor, y su bata humedecerse con su transpiración. Plantó sus manos en la piedra a cada lado de la tela para un mejor desempeño y arqueó su espalda para moverse incluso con más fuerza. Ella se retorció con el cambio de posición y él sonrió mientras olas de sentimientos se apoderaban de él a través de su vínculo. Él no podía decirle que la amaba, ni siquiera estaba seguro, pero podía darle esto. Ella tendría que saber cómo se él sentía después de esto. Se daría cuenta que él era suyo para siempre. Él era suyo, lo había sido desde el primer momento que había contemplado, en la vida real, a los ojos que lo habían perseguido durante meses. Simplemente no había entendido que era de ella hasta ahora. Por alguna razón no le molestaba tanto como pensaba que lo haría. Tal vez era porque sabía que ella le pertenecía a él también. "Bulma," jadeó mientras terminaba, y la intensidad de su vínculo creció, ella siguiéndolo de inmediato. "Siempre estaré contigo. Eres mi compañera de unión."
Ella dejó caer sus brazos a los costados y lo miró desde debajo de pesados párpados, su pecho jadeando. "Sí," gimió ella.
Él se quedó con ella por largos momentos, sólo besando su rostro suavemente y memorizando el sabor de la sal en su piel. La forma en que sus labios se amoldaban a los suyos era casi demasiado para él, y finalmente se alejó, desapareciendo en el baño para prepararse para una aparición pública. Cuando volvió ella todavía estaba acostada en la bata, su cuerpo rosado mientras miraba al techo. Por un momento parecía como si fuera una magnífica estatua, quitada del jardín y traída a la vida, recién despertada del pétreo sueño en el suelo. Levantó su ropa de alrededor de ella y se vistió una vez más, finalmente poniéndose su armadura. Buscó por su capa, pero esbeltas y pálidas manos se agarraron suavemente sobre sus hombros. Girando, tomó su desnuda cintura en sus manos enguantadas y se inclinó, besándola suavemente. "No sé cuándo te veré de nuevo," dijo suavemente.
"Será mejor que sea pronto. El infierno no conoce furia tal como la de Bulma esperando," dijo con una sonrisa, pero no lo engañó. Estaba muy preocupada, era obvio. Era como si supiera que él volvería vivo de esto si así lo deseaba, pero no estaba segura si elegiría hacerlo.
"Yo cumplo mis promesas. Prometí a Freezer que yo sería su perdición, y así lo seré. Prometí a mi emperatriz que volveré a ella, y así lo haré. Depende de ella, sin embargo, asegurarse de que todavía tengamos un futuro cuando reaparezca."
"Lo hará," Bulma susurró.
"Entonces no la sobre estimé," respondió él, y volvió a besarla. Ella hizo un suave ruido y se inclinó contra él, y él se preguntó si era débil por quererla tanto. Tal vez lo era. Tal vez, ahora y para siempre, no hacía diferencia.
Para su sorpresa, ella se rió. "No creo que subestimar a la gente haya sido siempre un problema tuyo."
Él frunció el ceño. "Cállate," gruñó él, "Y vístete."
"Bien, bien," dijo ella, su voz volviéndose un poco triste. "Te veré en la plataforma de lanzamiento."
"Ve que lo hagas," le dijo bruscamente, y se dirigió a la puerta. Se volteó, todavía sosteniendo la manija, y la miró mientras ella lo veía irse, su piel desnuda brillando suavemente en la tenue luz. Con un suspiro, se obligó a alejar la mirada y salir del cuarto.
Goku se movió de un pie a otro mientras estaba en el asfalto, ansioso por despegar. Había venido todo este camino a Arlia para ayudar a todos, pero se había perdido de la lucha. Deseaba que hubiera sabido cómo manejar su nave, porque entonces hubiera podido aparcar en el lugar correcto del planeta y no hubiera tenido que quedarse al margen de nada. Aún así, al menos ahora iban a luchar. Miró con una expresión de incomprensión mientras Zarbon le dirigía a los Arlianos varias tareas, los dorados ojos del hombre huecos con sombras. Goku frunció el ceño. Era consciente de que no conocía muy bien a Zarbon, pero aún así no le gustaba verlo tan triste. No era tristeza, realmente, sino más como desesperanza, como si se hubiera dado por vencido. Goku suspiró. Le gustaba Zarbon. El hombre de cabello verde podía dar miedo cuando la situación lo demandaba, pero podía ver que por dentro, Zarbon era un hombre profundamente emocional. Ladeando su cabeza, Goku miró a su alrededor. Vegeta aún no había llegado. Era culpa de Vegeta que Zarbon estuviera tan incómodo. Trató de pensar en lo mucho que estaría dolido si Radditz le dijera de repente que lo odiaba. Un estremecimiento sacudió su cuerpo. Eso sería terrible. Era cierto que no necesariamente le gustó su hermano cuando lo conoció, pero en los meses después de ser revivido se había encariñado mucho con su hermano mayor. Radditz era como Zarbon, pero por razones diferentes, pensó. Radditz era también un gran blandengue en el corazón. La actitud de Radditz, sin embargo, era la causa de su educación más que las técnicas de supervivencia aprendidas en el ejército de Freeza. En realidad, Goku estaba contento que ambos Radditz y Zarbon hubieran servido a Freezer, de otro modo nunca los hubiera conocido. Aunque lo que realmente lo ponía feliz era saber que Radditz lo quería tanto como él quería a Radditz. Todas las cosas que no habían tenido sentido o lo habían hecho sentirse vacío a lo largo de toda su vida se habían aclarado y llenado cuando Radditz entró en escena. Goku estaba empezando a entender que realmente era un Saiyajin, y necesitaba el conocimiento de Radditz de su raza para poder vivir una vida plena. A Goku le gustaba mucho su vida. También deseaba que Gohan pudiera venir con él, pero no quería poner a su hijo en peligro. Por un momento se preguntó cómo estaba ChiChi. La pobre- debía haber estado tan molesta cuando se dio cuenta que ambos él y su hijo se habían ido. "Lo siento, amor," susurró en el áspero y caliente viento Arliano. Realmente la amaba; pensaba en ella cada día y no podía esperar para tenerla en sus brazos de nuevo. Era algo bueno que iban a luchar contra Freezer, porque sabía que si Freezer se salía con la suya, ChiChi y todas las personas por las que se preocupaba vivirían vidas miserables. No podía dejar que eso suceda.
Miró a su alrededor otra vez. Radditz había aparecido, al igual que Piccolo. Realmente no tenía idea dónde había estado a la noche el Namekiano, pero supuso que no tenía importancia. Si alguien podía cuidarse solo, era Piccolo. Una mueca arruinó su habitual expresión feliz al darse cuenta de que Vegeta aún no había aparecido. Ahora, si alguien necesitaba cuidados, era Vegeta. Goku sabía que no era el más brillante de todos, pero podía ver que Vegeta necesitaba a Zarbon, a Bulma, e incluso a Radditz como un hombre que necesita sus propios brazos y piernas. Realmente esperaba que Vegeta hiciera los movimientos indicados cuando llegara el momento. Vegeta era poderoso, no había duda de ello. Supuso que Vegeta podría darle un buen enfrentamiento. No sabía si el Príncipe tenía la fuerza que se necesitaba para ganar, sin embargo, y eso le preocupaba. Muchas cosas sobre la situación lo preocupaban, y no le gustaba en absoluto. Simplemente no estaba acostumbrado a preocuparse de las cosas.
"¿Qué te pasa?" una áspera voz dijo a su lado, y miró al verde rostro de Piccolo.
"Oh, sólo pensando en cosas," dijo con una sonrisa, rascándose la parte posterior de la cabeza. Sabía que este era el gesto que había convencido a todos que era un completo bufón, y cuanto más pensaban eso más fácil era para él maniobrar alrededor de ellos. También era consciente de que no era brillante, pero a diferencia de lo que la mayoría de los demás pensaban, también percibía que no era un idiota. Bueno, la mayoría de las veces. Algunas de las cosas obvias se le escapaban, como los detalles, pero siempre sabía sobre el panorama general, y la verdad de la cuestión. La única persona que parecía pensar que había más en él era Zarbon, pero él lograba evitarlo la mayoría de las veces.
"¿Por ejemplo?" Piccolo presionó, y Goku saltó. Se había olvidado que el Namekiano estaba allí de pie.
"Como Gohan. Espero que esté bien con Bulma. ¿Crees que estamos haciendo lo correcto?"
"¿Prefieres ponerlo en las garras de Freezer?" Piccolo contrarrestó.
Goku bajó su cabeza. "Bueno, no, pero ni siquiera estamos dejándolo salir para decir adiós."
"Es mejor así. Todos nos hemos despedimos. No hay nada para que él haga aquí. Además, es bueno que aprenda algo de moderación."
"Aw, Piccolo, ¡es sólo un niño!"
"Puede que sea un niño, pero sigue siendo un guerrero," Piccolo respondió.
"Sin embargo..." Goku dijo, vacilando. Vegeta había hecho su entrada. El Emperador se dirigió hasta donde Zarbon le estaba dando órdenes a los Arlianos y los alejó, el corazón de Goku sintiéndose como si fuera a golpear el pavimento, volviéndose tan pesado cuando vio la tensa expresión en el rostro de Zarbon. El hombre más alto se reverenció y se alejó con rigidez, murmurando unas pocas palabras a Atlia y luego abordando a la nave. Bulma apareció momentos después, una enorme sonrisa en su rostro que estaba obviamente forzada. La conocía demasiado bien, y podía decir que toda esta cosa la estaba comiendo por dentro. Esperaba que al menos hubiera arreglado algunas cosas con Vegeta. Había ido a él la noche anterior, bastante tarde, y le confió sus miedos. Sabía que Vegeta tenía que preocuparse por ella en algún lugar en su negro corazón. Goku sabía que Vegeta no se hubiera asustado cuando ella estuvo enterrada bajo todos esos escombros si no lo hacía. Aún así, realmente no era asunto suyo. Radditz se unió a Bulma y los dos se acercaron.
"¿Listo, hermano?" Radditz dijo sombríamente, una mano sobre el hombro de Bulma.
"¡Claro!" Goku cantó, dando sus pulgares al Saiyajin.
"Oh, por el amor de," Piccolo gruñó entre dientes, peor Goku lo ignoró.
"¿Cómo estás, Bulma?" Goku dijo, tomándola en un abrazo de oso para que ella pudiera susurrarle al oído.
"Bien, Goku," dijo en voz alta, y lo abrazó en respuesta. "Cuídalo," susurró. "Puede ir en cualquier dirección. No importa lo que suceda, sin embargo, tienes que arreglar las cosas entre él y Zarbon. Zarbon podría tener éxito donde yo no pude."
Goku asintió y la liberó, sus negros ojos sosteniendo sus brillantes ojos azules por varios minutos. "Me alegra oírlo. Cuida de mi hijo."
"Por supuesto," dijo ella, alejando la mirada. Pudo ver que estaba parpadeando para evitar las lágrimas.
Radditz puso su mano en su hombro de nuevo, su pulgar frotándose suavemente en la manga. "Está bien," dijo con suavidad, sus afiladas facciones suavizándose por un momento. "Haremos nuestro mejor esfuerzo."
"Lo sé," dijo ella, resoplando. "Aunque aún así no puedo evitar preocuparme."
"Vamos," Radditz respondió, y comenzó a llevarla a la nave.
"Va a ser un largo viaje," Piccolo soltó.
"Estoy de acuerdo", dijo Goku.
