Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


La despedida fue breve. Piccolo, Goku, y Radditz habían subido a bordo mientras los Arlianos se apresuraron para terminar los preparativos para el despegue. Zarbon estaba en la entrada de la nave mientras Bulma corría hacia Vegeta y arrojaba sus brazos alrededor de su cuello. La sobresaltada y semi horrorizada mirada en el rostro del Príncipe era absolutamente invaluable. La expresión del Saiyajin sólo se oscureció en un enfurecido sonroje cuando ella inclinó hacia arriba su cabeza y lo besó directo en la boca, a plena vista delante de todos. Vegeta estaba demasiado estupefacto para reaccionar por un momento, luego casi se rindió, sus ojos cerrándose por una fracción de segundo, justo lo suficiente para que ella supiera que él realmente devolvió su beso. La empujó suavemente, pero su cola se envolvió alrededor de su cintura, y ambos intercambiaron comentarios demasiado bajos para que Zarbon oyera. Bulma le dio a Vegeta un feroz último abrazo y él apretó su agarre en su cintura antes de marchar hacia la nave. Zarbon se volvió para seguir, pero una mano tiró del borde de su capa. Bajó la vista y vio a Bulma al lado de la rampa, sus pálidos dedos envueltos en la tela. "Espera," dijo Bulma. "Ven aquí un minuto."

Zarbon saltó ágilmente de la rampa y se detuvo junto a ella, mirándola con sus fríos y dorados ojos. "¿Sí?"

Estuvo aún más sobresaltado de lo que Vegeta había parecido cuando ella de repente lo empujó en un rudo abrazo. "Ten cuidado también, Zarbon. Podrías ser la única esperanza que tiene."

"Rezo para que te equivoques," Zarbon dijo suavemente, pero le devolvió su abrazo. "La mejor de las suertes, y no dudes en contactarme si necesitas algo. Tengo mi scouter conmigo. Atlia conoce la señal."

"Está bien," murmuró ella, y lo soltó.

Zarbon trató de sonreír para tranquilizarla, intentando poner una buena cara para los profundos ojos azules que lo escrutaban tan a fondo. Había estado equivocado en intentar mantener a Vegeta de estar con ella, decidió en ese momento. Ella era inteligente e increíblemente fuerte. Vería el Imperio a través de esta debacle en mera fuerza de voluntad, si era necesario. Su sonrisa se volvió genuina y recuperó su posición en la rampa. "Adiós," le dijo, y le dio un breve saludo a Atlia. Luego se volteó a la rampa, entró en la nave, y en unos momentos estuvieron en su camino a salir de la atmósfera.

Sólo habían estado viajando en el hiperespacio por unos minutos cuando Goku trotó hacia el puente, su cabeza girando de un lado a otro como un perro buscando un premio escondido. "¿Entonces? ¿Dónde está?" Goku presionó, sus ojos todavía lanzándose por la habitación.

"¿Dónde está quién?" Radditz gruñó desde el panel de control, frunciendo el ceño a los monitores.

"¡Vegeta!" Goku respondió, su voz era casi un gemido. "Pensé que él y yo podríamos entrenar juntos."

"Buena suerte," Zarbon murmuró agriamente desde donde estaba recostado en la silla del capitán. "Dudo que ese engreído bastardo luche contigo."

El ceño fruncido de Radditz se profundizó mientras miraba a Zarbon por el rabillo del ojo. Aunque odiaba admitirlo, se estaba preocupando cada vez más por el guerrero de pelo verde. El profundo dolor de Zarbon se había vuelto en una amargura más profunda, y se preguntó qué les dejaría al resto de ellos. Sabía del plan de Vegeta de autodestruirse para matar a Freezer, y el hecho de que tenía emociones encontradas sobre eso que lo hicieron darse cuenta lo profundo que Goku y sus formas terrícolas lo habían afectado. No lo hubiera pensado dos veces si todo hubiera ocurrido antes de que aterrizaran en Arlia. Ahora, sin embargo, no estaba tan seguro. Su educación Saiyajin le decía que Vegeta estaba haciendo lo único honorable. Porque que un guerrero muriera en batalla, dando su vida para vencer a su oponente, era la cosa más admirable que un Saiyajin podía hacer. Después de vivir con su hermano por tanto tiempo, sin embargo, estaba empezando a dudar del honor del plan de Vegeta y estaba viéndolo más como la búsqueda de un tonto. ¿Si Vegeta moría qué pasaría con Bulma? ¿Con Zarbon? ¿Con cualquiera de ellos? Goku sentía que la responsabilidad de Vegeta debería ser su familia, y Radditz se sorprendió al encontrarse a sí mismo estando de acuerdo. Aún así, no podía culpar a Vegeta por su plan. Después de todo, él no estaba seguro si haría algo diferente si la situación estuviera bajo su control. Suspiró y entró otra coordenada en la pantalla, asegurándose que la nave permaneciera en curso. Detrás de él la voz de Goku llegó a un tono casi destructor, y se dio vuelta con rabia. "Goku, ¡cállate de una maldita vez!" gruñó, curvando su labio en una mueca.

Goku dejó de moverse alrededor de Zarbon y miró a su hermano, pareciendo atónito. "¿Qué hice?" preguntó, llevándose un dedo a la mejilla.

"¡Estás siendo demasiado malditamente ruidoso!" Radditz espetó. "Tengo que hacer trabajo aquí, y no puedo concentrarme con tu constante movimiento en el fondo."

Goku miró a Radditz por debajo de su flequillo. "Lo siento, Radditz. Sólo quería encontrar a Vegeta, eso es todo."

"Bueno, esta nave no es exactamente enorme," Raddtiz gruñó. "¡Ve a buscarlo y déjanos en paz!"

"Deberías estar entrenando, también," Goku dijo suavemente, y le pareció a Radditz como si se hubiera quitado la piel de su idiotez con demasiada facilidad.

"Me gustaría, ¡pero la forma en la que estás moviéndote nunca tendré el tiempo porque nunca haré que esto funcione!" Radditz gruñó. "¡Ahora ve!"

La actitud de Goku cambió de nuevo a esa del inofensivo tonto y movió su peso de un pie al otro frente a Zarbon. "¿Por favor?" Goku se quejó.

Radditz se levantó con un enfurecido ruido saliendo profundo en su garganta, encrespando a Goku y levantándolo rudamente por la parte de atrás de su gi, levantándolo hasta que sus pies colgaban a varios centímetros del suelo. "¡Fuera!" gritó, llevando a Goku a la puerta del puente y literalmente pateándolo fuera. Presionó el botón para cerrar la puerta y entró el código de bloqueo. "Eso debería encargarse de él por un rato," murmuró para sí mismo. "Lo juro, a veces es peor que un niño."

"Buen trabajo," dijo Zarbon, todavía descansando en la silla, su larga trenza casi tocando el suelo sobre el apoyabrazos.

Radditz gruñó en respuesta y se sentó en la consola de nuevo, entrando los números con una venganza. Escuchó a Zarbon levantarse, su capa rozando ruidosamente, e ir detrás de él. "¿Qué?" Radditz espetó.

"Goku tiene razón, sabes."

"¿Sobre qué?"

"Sobre entrenar. Deberías entrenar. Imagino que eres consciente de que Goku es casi tan fuerte como Vegeta, si no es exactamente igual de fuerte."

"¿Y qué? ¿Qué tiene eso que ver conmigo?"

"Piensa en ello. Goku muestra fuerza anormal para su clase, ¿no?"

"Supongo."

"Bueno, tú vienes de la misma sangre que él. Tu padre era excepcionalmente fuerte también, así que si Goku lo es no hay razón para que tú no lo seas también."

Radditz resopló con desdén, sacudiendo su cabeza. "Imposible. Goku está después de Vegeta, así que está fuera de la cuestión, y yo no me animaría a pedirle nada al Príncipe. Me mataría de todos modos, o me daría una enorme paliza por mi atrevimiento en preguntar siquiera. El Namekiano parece querer sentarse y meditar, y a decir verdad, creo que tampoco me metería con él."

"¿Y si pudieras hacer algo más que entrenar?" dijo la fría voz de Zarbon, los tonos bordeaban con algo que Radditz no podía identificar.

"¿Qué quieres decir?" preguntó, girándose y encontrando la dorada mirada fría del hombre.

"Yo fui un oficial al mando en el ejército de Freezer durante muchas décadas. Podría enseñarte bastante."

"¿Tú me entrenarías?" Radditz dijo, sus ojos ampliándose. Zarbon era mucho más fuerte de lo que aparentaba, y era un luchador inteligente. Se preguntó si Vegeta sabía que Zarbon todavía podía darle una paliza de vez en cuando. Por supuesto, si se trataba de poder crudo, Vegeta y Goku, y probablemente incluso el Namekiano, lo aplastarían, pero lo que a Zarbon le faltaba en dementes cantidades de energía lo compensaba en precisión y estilo.

"¿Qué más vamos a hacer?" Zarbon dijo sin dar importancia, moviendo su trenza sobre su hombro con un movimiento de su cabeza. "Entrar manualmente todos esos números sólo tomará mucho tiempo, y luego queda bastante para el piloto automático hasta que lleguemos al imperio de Freezer."

"Supongo," dijo Radditz, todavía incapaz de creer lo que realmente estaba oyendo.

"Además," Zarbon continuó, "Necesitas poder ayudar en la lucha contra la fuerza Ginyu, ¿no? ¿No sería mejor si logras salir de esta con vida?"

Radditz exhaló por la nariz, mirando por la ventana a las estrellas pasar rápidamente. "Huelga decirlo," dijo después de un tiempo. "¿Pero por qué haces esto? ¿Es para poder golpear tu enojo en alguien para aliviar tu ira contra Vegeta?"

El rostro de Zarbon se apretó y los dorados ojos se volvieron más fríos aún. "Viene de un genuino deseo de verte vivir," dijo. Radditz pensó que casi podía ver el hielo caer de la voz del hombre. "Somos un escuadrón, ¿verdad?"

Radditz se sentó de nuevo en su silla, sus negros ojos mirando al impecable rostro con atención. Zarbon podría haber sido astuto en el pasado, pero nunca había mentido. Un suspiró salió de él y se frotó la parte de atrás de su cuello mientras lo pensaba. Zarbon había demostrado que era un guerrero despiadado y experto.

Aunque su forma de luchar no era la forma Saiyajin, había ayudado a Vegeta a ser mucho más fuerte. Goku también había entrenado con gente no Saiyajin, y era casi tan fuerte como Vegeta. Tal vez él tenía el potencial encerrado dentro de él también. Después de tantas décadas de lucha, Radditz supuso que Zarbon sería un profesor bastante decente. "Está bien, entonces," dijo en voz baja. "Entrenaré contigo. No quiero morir. Me gustaría ver a Gohan crecer y a Goku envejecer, incluso si esa no es la forma Saiyajin. A veces, pienso, que queremos cosas de los demás que no querríamos para nosotros mismos."

Una tensa sonrisa se estiró en los labios de Zarbon y asintió una vez. "Excelente. ¿Qué dices si empezamos después de la cena? Eso nos debería dar más que suficiente tiempo para atender a nuestras tareas respectivas."

"Absolutamente," Radditz respondió, y volvió a su trabajo en el panel de control.


Goku pasó horas vagando por la nave, apenas pudiendo creer que estuviera en el espacio una vez más. Antes de irse de la Tierra no había pensado que sería capaz de volar a través de las estrellas que veía con tanta atención cuando era un niño, y sin embargo lo había logrado. Supuso que realmente lo había hecho mucho antes, pero decidió que no contaba el viaje que tomó de bebé. No importaba a menos que lo recordara. Presionando su rostro contra la ventanilla, se quedó mirando a las estrellas pasar, la velocidad de la nave era tan grande que muchas de las estrellas parecían líneas de luz en lugar de puntos. Goku tomó un respiro hondo y lo saboreó, pensando en lo hermoso que era el espacio exterior. Era una lástima que su amada ChiChi no estuviera allí para compartirlo con él. Suspiró y apoyó su frente contra la fría ventanilla, cerrando sus ojos y trayendo a su mente la imagen de su bella esposa. Sólo habían pasado unas semanas desde que la había visto, y sin embargo esas semanas parecían años. Anhelaba su tacto, escuchar su voz, sentir el peso de su cuerpo deslizarse en la cama junto a él antes de irse a dormir, o algún contacto con ella en lo absoluto. Incluso no le molestaría que le gritara y que tratara de golpearlo con una sartén, como parecía gustarle hacer de vez en cuando. Era bueno para su estrés, suponía, y ciertamente no le molestaba ser golpeado con la sartén. Había, después de todo, experimentado dolor mucho peor.

Abrió sus ojos. Sí, había cosas peores que la sartén. Mirar a todos a su alrededor desmoronarse era uno de ellos. Su oscura mirada se fijó de nuevo en las interminables profundidades del espacio afuera de la nave, y por primera vez en su existencia se sintió frágil. Su vida era diminuta en la inmensidad del espacio, y podía terminar en un momento si algo le sucedía a la nave. El corazón oculto profundo en la protectora extensión de su pecho dejaría de latir y él moriría, lejos de su hijo y agonizantemente distante de la amorosa alma de su esposa. Notó que su aliento empañaba el vidrio de la ventanilla y sonrió, preguntándose si los demás alguna vez se preocuparon de esas cosas. Era la primera vez en su vida que se había preocupado por algo, y se encontró que lo hacía sentirse mal.

Una súbita comprensión lo golpeó. ¿Era así como Vegeta se sentía todo el tiempo? ¿Era esta horrible incertidumbre la emoción con la que vivía todos los días? Radditz le había contado del pasado de Vegeta, había compartido con él mentalmente las imágenes de Vegeta arrastrado por un cornudo hombre púrpura, Nappa siendo derribado mientras trataba de ayudar a su Príncipe, la sensación de los brazos de Radditz torcidos detrás de su espalda mientras también era detenido. El joven y aterrorizado rostro de Vegeta iluminado por duras luces del pasillo que había estado quemado en su cerebro por Radditz, y ahora cada vez que miraba a Vegeta todo lo que podía ver era a ese niño aterrorizado. ¿Era el niño dentro del hombre el que dictaba que Vegeta hiciera semejante sacrificio para derrotar a Freezer, o era otra cosa? Goku suspiró, dándose cuenta que el niño dentro del Príncipe había perdido la fe hace mucho, mucho tiempo. Se enderezó y se alejó suavemente de la pared. Bueno, no había nada que pudiera hacer al respecto. Había pocas cosas que podía cambiar, de hecho, y lo sabía. Podía entrenar, sin embargo, y asegurarse que Vegeta entrenara también. A decir verdad, estaba emocionado por entrenar con él. La idea de enfrentarse con ese poder y esa habilidad impresionante, ambos a sólo el menor nivel por encima del suyo, hacía a su sangre correr con emoción. Finalmente, ¡alguien que sería un rival para él! No es que Radditz fuera un mal compañero de entrenamiento, pero simplemente no creía en su propia fuerza. Una lenta sonrisa se estiró en sus labios, haciendo a su inocente rostro parecer levemente más grande y un poco astuto. Bueno, con suerte Zarbon sería capaz de cambiar eso. Después de todo, una vez que había sugerido al hombre de ojos dorados que Radditz podría albergar tanto potencial como él y Vegeta, Zarbon se había vuelto intrigado. Goku estaba casi seguro que Zarbon ya había hablado con su hermano. Si solo las cosas fueran tan fácilmente arreglables entre Zarbon y Vegeta.


Vegeta yacía en la pequeña cama de su camarote, los brazos cruzados detrás de su cabeza mientras miraba fijamente al techo sin rasgos distintivos. Miles de pensamientos se arremolinaron en su cerebro, y movió una de sus manos para poder mirarla. Moviendo su piel en diferentes posiciones y ángulos, encontró que todavía podía ver las finas cicatrices en su muñeca. Nunca se habían ido, ni lo harían. Nada podía cambiar el pasado, se dio cuenta de eso ahora. De hecho, cuando trataba de recordar el pasado, una buena porción de él era borrosa, basada más en emociones que en verdaderas imágenes. Todo lo que podía recordar era odio, humillación, desesperación, y furia. El miedo, sin embargo, estaba en la mezcla también, y era ese mismo viejo miedo que arrastraba por su columna vertebral en ese momento. Solo hace un tiempo relativamente corto había estado al servicio de ese bastardo de Freezer, y pronto estaría enfrentándolo de nuevo. Cuando estuvo en las fuerzas de Freezer, el ardiente odio por todas las cosas que contuvo dentro de él habían mantenido el miedo a raya. Ahora, sin embargo, encontró que ese miedo estaba saliendo a la superficie otra vez.

A pesar de lo que le había dicho a Bulma, dudaba que volvería con vida. Estaba realmente considerando hacer un esfuerzo para derrotar a su antiguo amo sin matarse, y no estaba seguro de cómo se sentía sobre eso. Una parte de él le decía que ella sólo tendría que llegar a términos con el honor de la situación, y que se encontrarían de nuevo en la otra vida, si no era enviado directamente al infierno. Viviría y moriría como elegía, y ningún otro ser vivo debería tener una influencia en eso. Por otra parte, un guerrero honorable mantenía sus votos, y a pesar de cómo se sentía sobre ella, le había dado su su palabra. Maldita sea, ¿por qué las cosas se habían vuelto tan complicadas? Todo había sido tan corto y seco antes que la mujer y ese tres veces maldito Zarbon entraran en su vida. Podría haber luchado contra Freezer y destruido a ambos, dejando al universo un mejor lugar para él. Ahora, sin embargo, las cosas no serían tan fáciles. Lo mejor para él, parecía, era ignorar todo menos su meta. Los otros eran sólo debilidades, después de todo, y deberían ser tratados como tal.

Se incorporó con un gruñido, estirando el brazo hasta la mesita y agarrando sus guantes. Empujándolos con rudeza, flexionó sus dedos debajo de la tela, sintiendo el material estirarse sobre sus nudillos mientras la fuerza corría por sus brazos. Se negaba a dejar que ese abominable Freezer lo molestara, se negaba a admitir que el miedo que sentía por el tirano lo dominara por completo. Mirando a su alrededor a la escasa habitación, decidió que los cuartos estériles hacían pensamientos estériles, y así salió de la habitación al pasillo. Los suaves pasillos de metal casi parecían peor, en cierto modo, y miró alrededor, sus labios separándose con un gruñido. Las estrellas pasaron por la ventanilla directamente frente a la puerta de su habitación, y fue hacia ella, golpeando sus palmas contra las paredes tan duro como pudo, cerrando sus ojos y presionando su frente contra la ventanilla en frustración.

"¿Cuál es tu plan?" una áspera voz dijo detrás de él, y se volvió violentamente, vertiendo todas sus emociones en un ardiente ceño fruncido.

Sus ojos se posaron sobre una severa cara verde y apretó sus dientes. Parecía que el Namekiano no había aprendido a dejarlo en paz todavía. "No es asunto tuyo," Vegeta gruñó, mirando al hombre más alto.

"No estoy de acuerdo. Tú eres el líder indiscutible de esta misión, así te merezcas esa distinción o no. Independientemente de las decisiones que tomes por tu propia vida, tus acciones y decisiones afectan al resto de nosotros."

"Como si fuera a escuchar a una patética criatura como tú," Vegeta escupió, tratando de salir del camino.

Para su molestia el hombre verde realmente tuvo el descaro de sonreír. "Patético, ¿eh?" respondió, moviéndose levemente para bloquear el paso del Príncipe. "¿Qué me hace más patético que tú?"

"Tu misma existencia," Vegeta siseó, poniéndose firme y mirando con odio a los ojos del otro.

El Namekiano cerró sus ojos y sacudió su cabeza, apoyándose contra la pared de metal del pasillo mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho. "Te dije una vez que tú y yo éramos parecidos," dijo con calma. "Todavía creo que ese sea el caso."

"¿Ah?" Vegeta se burló, plantando sus manos en sus caderas. "¿Qué te hace pensar que yo, un emperador, tiene algo en común con alguien como tú?"

Piccolo abrió un ojo y sonrió levemente, sus afilados caninos salieron a la vista. "Hace algún tiempo yo era conocido como Piccolo el Rey Demonio para los residentes de la Tierra. Era temido y poderoso, sin deberle lealtad a nadie y buscando sólo el control sobre los demás. Era malvado, pura maldad, y lo amaba. Mi única meta era ser el más fuerte, para dominar, al igual que tu meta."

"Hmph. Cómo si tuvieras una idea qué es lo que busco."

"Bueno, ambos de alguna manera disfrutamos que los otros nos teman, ¿no? Pero después de un tiempo las cosas cambiaron."

"Si hubieras sido fiel a tu naturaleza no hubieras fracasado."

"Interesante que traigas eso. ¿Cuál es tu naturaleza? ¿Eres realmente del tipo suicida, o quieres vivir?"

"Quiero ganar, y si eso significa morir, entonces estoy dispuesto a hacerlo."

Piccolo sonrió y sacudió la cabeza. "Entiendo," murmuró, alejándose de la pared.

Los puños de Vegeta se curvaron a sus costados. "¿Qué? ¿Qué se supone que significa eso?"

"Tienes miedo."

"Yo no tengo miedo de nada, ¡especialmente no a ese bastardo de Freezer!"

"No dije que fuera a Freezer a quien temías, ¿o sí? Crees que preocuparse por los demás es una debilidad."

"Si un guerrero se preocupa por alguien, sus enemigos pueden usar a esa persona en su contra," Vegeta respondió bruscamente, sin gustarle la dirección que estaba tomando la conversación.

"Y así es como tú y yo somos iguales: ambos creemos que la preocupación y el amor son débiles. Sé que yo creí eso por mucho tiempo, pero en el año que Goku estaba muerto y yo cuidé de Gohan. Por mucho que odie admitirlo, llegué a preocuparme profundamente por ese pequeño niño hasta que fue casi como mi propio hijo. Luego, cuando llegó el momento, mi amor por él me llevó a nuevas alturas de fuerza sólo para mantenerlo a salvo."

"No tengo interés alguno en tu pequeña historia sentimental," Vegeta espetó.

Piccolo se encogió de hombros. "Deberías escuchar a los demás de vez en cuando y aprender de sus errores. Podrían impedir que cometas los tuyos."

"Estás haciéndome perder el tiempo."

"Bien, bien," el hombre alto gruñó. "Sólo quería decirte esto, ya que tienes las vidas de la gente que me importa en tus ineptas manos: porque tú y yo somos iguales, necesitas aceptar el amor que sientes por cierta gente y usarlo para tu ventaja. La forma en la que te preocupas por Bulma y Zarbon te dará la fuerza que necesitas para derrotar a este sujeto Freezer."

"No me importa nada de ese monstruo de pelo verde," Vegeta espetó.

"Piensa lo que quieras," Piccolo se quejó, agitando una mano mientras volvía. "Sólo no quiero ver que arruines esto porque tienes miedo de admitirte que te has vuelto cercano a alguien. No voy a ver a la gente que me importa destruida por tu maldita arrogancia."

Vegeta farfulló inarticuladamente mientras el Namekiano desaparecía de la vista. ¡Cómo se atrevía ese hombre a asumir tanto! Alternó entre furia y sorpresa durante bastante tiempo. Podría precuparse por su esposa, podía admitir eso, pero era la culpa de Zarbon que hubiera sido puesto en semejante posición en primer lugar. No quería ser responsable por los demás, sólo quería ganar. Tenía que ganar, y se dio cuenta que el Namekiano había hecho al menos un punto- él no debía haber un sacrificio sin asegurarse que los demás estuvieran a salvo. Se movió mentalmente por un breve instante, revisando a su esposa, pero la distancia entre ellos se había vuelto demasiada para el contacto. "Tendré éxito," murmuró para sí mismo y se alejó hacia el comedor de la nave.


"Sí, mamá, estoy bien," Bulma dijo por lo que sentía como la décimo octava millón vez. "Hubo un pequeño problema, pero Vegeta fue a arreglarlo. Probablemente volverá en poco tiempo, pero prefiero prevenir que curar. Por favor sólo llámalo y dile que pase por aquí. Tengo que hablar con él."

Las cejas de su madre se fruncieron mientras Bulma miraba a la la pantalla del comunicador. "Está bien, cariño, si piensas que eso es lo mejor. Sólo pienso que podría ser extraño para Yamcha viajar a la sede del imperio de un hombre que alejó a su amante."

"Maldición, ¡Yamcha no era mi dueño!" Bulma espetó, más enojada de lo que planeaba estar. "¿Vas a llamarlo o no, mamá?"

La Sra. Briefs suspiró y se rascó la sien. "Muy bien, querida. Será mejor que haga una lista. Llamar a Yamcha. ¿Hay algo más?"

"¡Llámalo AHORA!" Bulma gritó, resistiendo la tentación de romper la consola consola del comunicador. Amaba muchísimo a su madre, pero a veces deseaba que la mujer fuera un poco más consciente de las nefastas circunstancias. "Tienes que llamar a Krillin, también. Uno de ellos será capaz de reunir a Tien, estoy segura."

"¿Estás segura que no estás en problemas, cariño?"

"¡Estoy bien!" Bulma gritó.

"¿Esa es mi niña?" escuchó una voz decir en el fondo.

"¿Papá?" preguntó. "¡Por fin! ¡Papá, necesito hablar contigo!"

El rostro de su padre apareció sobre el hombro de su madre mientras subía sus anteojos con un dedo. "¡Hola, Bulma!" dijo alegremente. "¿Cómo estás?"

"Papá, necesito que contactes a Krillin, Yamcha, y Tien aquí de inmediato."

El rostro del Dr. Briefs se arrugó en un ceño fruncido. "¿Hay problemas?"

"Todavía no, pero podría haber."

"¿Goku llegó bien?"

"Sí, sí, él está bien. Está fuera con los demás en este momento. Me preocupa que empiece una guerra, sin embargo, y por eso necesito que envíes a los muchachos aquí tan pronto como puedas."

El Dr. Briefs exhaló lentamente y se frotó la barbilla. "Haré lo mejor que pueda, pero no puedo garantizar nada. Puse la mayoría de las piezas que necesitaba en la nave de Goku."

"¡Por favor, papá! Esto es algo de importancia."

La gravedad se apoderó del rostro de su padre y asintió con solemnidad. "Entiendo."

Bulma suspiró y se frotó los ojos. "Gracias a Dios. Las tropas del enemigo podrían aparecer en cualquier momento, y vamos a necesitar a todas las personas que podamos conseguir que puedan usar ki. Es la guerra, papá."

"Tu madre comenzará a llamar a la gente de inmediato. Nos pondremos en contacto contigo cuando lleguen, ¿de acuerdo?"

"Está bien," Bulma susurró, terminando la comunicación. Vegeta no se había ido hace mucho y ya se sentía perdida.

"¿Vendrán los otros guerreros?" Atlia dijo detrás de ella.

Bulma giró sobre su taburete y asintió. "Sí. Deberían estar aquí en poco más de dos semanas. ¿Los laboratorios están preparados?"

"Sí, mi señora. Hemos logrado salvar una buena parte de nuestras instalaciones y deberían estar listas para ti al caer la noche de mañana."

Bulma se puso de pie y se acercó a su armario, sacando una serie de trajes grises desgastados. "Entonces supongo que comenzaré a dibujar los planos para el escudo," murmuró. "Gracias, Atlia, eso es todo."

Atlia asintió y salió de la habitación en silencio. Bulma rápidamente dobló los delantales y los puso sobre la mesa. Hasta ahora, todo bien. Se sentiría mucho mejor cuando los otros llegaran. No es que no pudiera manejar las cosas sola, pero sería lindo tener rostros familiares cerca. Hablando de eso, no había visto a Gohan en un tiempo, al decirle que saliera y jugara mientras comenzaba a poner las cosas en marcha. Luego había llamado a sus padres y se había olvidado del niño por completo. Bueno, tal vez se había ido a su habitación. Bulma abrió la puerta y salió al pasillo, marchando por el corredor unas decenas de pasos y deteniéndose frente a una pesada puerta. Sus nudillos se envolvieron fuertemente en el portal, pero no hubo respuesta desde el interior. "¿Gohan?" preguntó, inclinándose hacia la puerta escuchando. Sólo el silencio llegó a sus oídos. "¡Gohan!"

Abrió la puerta y encontró el cuarto muy ordenado, las sábanas dobladas sobre la parte superior del colchón de la cama. Frío temor se apoderó de ella mientras se apresuraba a la mesita, abriendo los cajones en un frenesí. Algunas de las ropas de Gohan estaban guardadas dentro, pero notó la distintiva falta de sus trajes de batalla. No, no podría haber...

Bulma dio un paso atrás en el pasillo y gritó por un guardia, sintiendo la sangre dejar su rostro mientras un Arliano corría ruidosamente hacia ella. Le hizo un gesto al guardia para que la siguiera a través de su camino por el recinto. Cuando casi llegaron al centro de mando ella señaló, el tono de su voz sin tolerar excusas. "Averigüen si hubo alguna nave despegando en las últimas 6 horas," gruñó, saliendo del pasillo a la habitación donde la gran pantalla de comunicación intergaláctica estaba conectada. Señaló a uno de los técnicos y ladró órdenes, esperando pacientemente que sus órdenes fueran cumplidas.

"Hubo una nave para una persona lanzada hace dos horas atrás," un Arliano soltó, entrando en la habitación y entregándole una hoja de papel.

"Gracias," dijo ella, prácticamente arrancando la hoja de su portador, sus ojos devorándola mientras la agarraba con fuerza. La lectura confirmaba lo que el Arliano dijo- una nave había sido lanzada manualmente un par de horas antes. La aprehensión se apoderó de su espina y sintió sintió un escalofrío apoderarse de ella. Gohan siempre era tan obediente, ciertamente no había manera...

"Bulma, ¿qué pasa?" una ansiosa voz dijo, interrumpiendo sus pensamientos, y miró a la pantalla del comunicador a los dorados ojos de Zarbon.

"Oh, Zarbon," se atragantó, luchando contra las lágrimas de terror. "He perdido a Gohan."


Freezer se alejó de la pantalla del comunicador, una media sonrisa saliendo en sus torcidos labios morados. "Escuchaste al hombre," ronroneó al guerrero a sus pies. "Vegeta está haciendo su movimiento."

"Sí, señor," Ginyu respondió con la cabeza gacha.

Freezer caminó lentamente a la ventana del puente, su cola azotando detrás de él mientras miraba al espacio y arremolinaba el vino en su copa. "¿Quién hubiera pensado que el mono sería tan útil?" murmuró. "Es una lástima que tuvimos que silenciar el operativo encubierto antes de que tuviéramos la oportunidad de darle las gracias."

"Es una pena," Ginyu estuvo de acuerdo.

"Aún así, este giro de acontecimientos no es del todo inesperado, ¿no?" Feezer dijo, la voz yendo de melodiosa a un siseo. Se volvió a Ginyu y arrojó su copa al suelo, frunciendo el ceño mientras se rompía en mil pedazos.

"Dodoria ha pagado por su fracaso, señor," Ginyu dijo en voz baja.

"¿Pero cómo? ¿Cómo logró ese maldito Saiyajin superar mis fuerzas?" Freezer gritó, aferrándose a la consola frente a él. "¡Dodoria ni siquiera logró destruir a Zarbon!"

"Lo siento, señor. Los atraparemos esta vez."

Freezer siseó a través de sus dientes apretados, la respiración entrecortada mientras miraba a las estrellas que pasaban. "Eso es todo, terminé con este juego absurdo, Freezer gruñó. "¡Ginyu!"

Ginyu se levantó y se puso en posición de firmes, sus ojos fijos en su amo. "¿Sí, señor?"

"Envía tropas a Arlia de una vez. Quiero ese planeta destruido, ¿me oyes?"

"Sí."

"¡Y no más errores! Envía cuatro veces el número que enviamos antes. ¡Quiero incluso el recuerdo de ese miserable imperio destruido!"

"Absolutamente, Señor Freezer."

Freeza curvó sus manos en puños y las bajó a la consola, los párpados de Ginyu revoloteando por un temblor. "¡Esto es inaceptable!" Freezer chilló. "¡Ese miserable de Zarbon no me derrotará en mi propio juego! ¡Maldito el día en que lo recluté en servicio!"

"¿Pero qué pasa con el Príncipe Vegeta, señor?" Ginyu preguntó, tragando saliva.

Los hombros de Freezer dejaron de temblar y se volteó, sus ojos brillando mientras miraba a Ginyu. "Oh, quiero que lo traigan de vuelta con vida. He extrañado a mi títere favorito. Tal vez el pequeño mono baile para nosotros de nuevo, ¿eh?"

Ginyu forzó una sonrisa. "Como usted quiera. ¿Y sus órdenes?"

El ceño fruncido de Freezer se profundizó y su cola se azotó de un lado a otro con violencia. "Vegeta y su tripulación están en camino a interceptarme. Tú y tus hombres le tenderán una emboscada en Ruuksei. No me importa lo que cueste. Quiero a Vegeta sometido y la cabeza de Zarbon en una bandeja para cuando yo llegue allí."

"Sí, señor," Ginyu respondió con un saludo breve. "Partiremos de inmediato."

Freezer asintió y miró a la espalda de Ginyu alejarse. "Oh, capitán," Freezer llamó.

Ginyu se volvió a la puerta. "¿Sí?"

"Asegúrate de que sufra."

Ginyu asintió. "Nadie traiciona a mi Señor Freezer y se sale con la suya. Tenga por seguro que no conocerá piedad y seguirá el camino que el resto de su especie."

"Eso es lo que quería escuchar," Freezer murmuró, y se giró de nuevo a su lectura de las estrellas.