Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Zarbon suspiró y se sentó en el diván, viendo a Bulma chapotear desde la piscina con su hijo bebé. Su risa clara llenó el aire y alzó la vista hacia el cielo, observando tenues nubes blancas serpentear a través de la extensión de un azul cristalino. Los chillidos del bebé se abrieron camino en su conciencia y sonrió, cerrando sus ojos. Era muy agradable escuchar el sonido de una nueva vida, sobre todo cuando habían perdido tanto.

"¿Zarbon?" Bulma oyó decir. "¿Te encuentras bien?"

Abrió sus ojos y la miró, su sonrisa todavía en su rostro. Él y Bulma se habían vuelto muy cercanos, y aunque no sucedía más con frecuencia, ella todavía a veces se deslizaba en su habitación por la noche y se acostaba junto a él, su cabeza contra su pecho mientras lloraba por tristeza o pesadillas. Era una preciosa, preciosa mujer, y deseaba que hubiera algo que pudiera hacer por ella, así como algo que pudiera hacer por sí mismo.

No era como que le molestara vivir en la Tierra, no lo era en absoluto. Había estado gratamente sorprendido al despertarse en la Corporación Cápsula, sentado y mirando fijamente a los rostros reunidos a su alrededor. Luego había levantado la vista y vio que el cielo estaba oscuro, un dragón gigante cerniéndose sobre él, y había comprendido lo que había sucedido. Había sido deseado de vuelta, junto con todos los demás soldados del Nuevo Imperio Saiyajin que habían muerto en la batalla. Supo después que Radditz, tras irse de la batalla con Freezer, había dirigido su nave directamente hacia la Tierra, contactándose con Bulma y Atlia para hacerles saber hacia dónde se dirigía y lo que había ocurrido. Bulma se había ido a la Tierra inmediatamente con sus compañeros humanos, uniéndose al grupo de Radditz en la Corporación Cápsula.

Radditz, junto con Piccolo, Pikuhan, Gohan, Atlia, y algunos otros del imperio, habían ido a Namek en busca de las otras esferas del dragón, con la esperanza de desear de nuevo a Goku y Vegeta, pero incluso ese plan fracasó. Ni el dragón de Namek ni el de la Tierra tenían alguna idea de lo que había sucedido a los dos guerreros. No parecían estar muertos, pero sus presencias no podían ser localizadas. Freezer, sin embargo, fue confirmado muerto por Kami y Kaio Sama, y la alegría se había extendido por todo el universo. Estaba decidido, sin embargo, que la Emperatriz debería quedarse en la Tierra, al menos hasta que tuviera a su bebé. Era más seguro para ella estar entre su propia especie en un momento tan delicado, y Zarbon había sido el principal partido en la decisión. Había decidido cuidar de Bulma y su hijo, como Vegeta lo hubiera hecho, si hubiera sido capaz, y como lo hubiera hecho por Bethshena y cualquier niño que podrían haber tenido, si se lo permitía. Zarbon adoraba a Bulma como una hermana, y absolutamente adoraba al pequeño Trunks, que tenía el color de su madre y las facciones de su padre. Siempre derretía el corazón de Zarbon cuando sentía la peluda cola marrón envolverse sobre su muñeca, y le complacía que Trunks tuviera una infancia más feliz que Vegeta, y una niñez mucho más segura sin Freezer en el universo.

"Estoy bien," le respondió a Bulma finalmente, mirando cómo se metía en la piscina, poniendo al bebé en la cámara de aire detrás de ella.

Bulma suspiró y se acercó, extendiendo su mano y tocando su pesada y verde trenza. "Quieres decir tan bien como alguna vez estarás," murmuró, moviendo a Trunks a su regazo. El bebé se retorció y parpadeó a Zarbon, luego tendió sus brazos.

"Lo sé, lo sé," Zarbon respondió, tomando a Trunks en sus grandes manos y rebotando al niño suavemente. Vio a Bulma mirarlo, sus ojos posados en la pesada musculatura de su torso, y suspiró de nuevo. Había sido difícil resistir la tentación, después de todo, difícil no retirarse al reino del confort físico en un intento de calmar su dolor emocional. Aún así, habían evitado el percance, pero mayormente porque no podían soportar traicionar el recuerdo del hombre que ambos habían amado tanto. Extraño, que hubieran competido por su atención, ella como esposa, él como amigo, y si embargo ahora eran tan cercanos. "Pero tú estás igual."

Bulma levantó sus piernas al pecho. "Siempre lo extrañaré. Odio no saber si está vivo o muerto, porque no sé cómo lidiar con eso. Si estuviera muerto podría seguir adelante eventualmente, pero ahora mi esperanza simplemente no morirá."

"Entiendo." Zarbon puso un dedo debajo del mentón de Trunks y le hizo cosquillas, el bebé riendo y retorciéndose.

"Es un tesorito, ¿no?"

Zarbon sonrió. "Sí."

Hubo silencio durante un rato. "Desearía que hubiera conocido a su padre."

"Yo también," Zarbon respondió, sintiendo como si el día se hubiera oscurecido, incluso a pesar que el sol todavía brillaba maravillosamente por encima de ellos. Se preguntó si siempre sentirían así la pérdida de Vegeta, aunque sabía que una vez que Trunks tuviera la edad suficiente tendrían que volver a Arlia. Atlia era capaz, pero incluso él no podía hacer todo, no para siempre.

"¡Hey!" una voz gritó, y alzó la vista para ver a Yamcha paseando por el césped hacia ellos, una toalla de playa sobre su hombro.

"Radditz está trayendo a ChiChi y a Gohan a cenar. ¿Vienen también?"

"Claro," respondió Zarbon, sosteniendo a Trunks cerca de su piel y respirando el aroma del bebé. Trunks ya casi tenía un año, y había pasado incluso mucho más tiempo desde que Zarbon había muerto en los brazos de Vegeta. Se preguntó qué había sucedido en ese lejano planeta por millonésima vez.

"Estoy contenta que Radditz esté cuidando de ChiChi y Gohan," Bulma murmuró, viendo mientras Yamcha se sentaba junto a ellos.

El rostro de Yamcha se puso sombrío por un minuto y bajó la vista al agua de la piscina. "Sí. Pobre ChiChi. Que tu marido muera dos veces."

Zarbon miró mientras Bulma se tensaba, sabiendo que estaba a punto de protestar por el hecho de que los dos Saiyajin desaparecidos estaban muertos, y su corazón casi se rompió de nuevo cuando no lo hizo. Rezó en silencio para que Bulma no se diera por vencida, porque si su fe y terquedad le fallaban, todos estaban perdidos. "Radditz está haciendo un espléndido trabajo ayudando en la Corporación Cápsula," dijo, tratando de aligerar el ambiente. "Creo que ChiChi está contenta que finalmente haya un hombre en la casa que aporte dinero, y Gohan ama a su tío."

"Sí," Bulma dijo, poniéndose de pie y envolviéndose con una toalla. "Bueno, supongo que será mejor que me prepare para la cena."

Zarbon la miró comenzar a irse, la exuberancia drenada de su hermoso rostro y su postura derrotada. ¿Cómo podrían haber sabido que ese arrogante y terco hombre los hubiera afectado así? "Bulma," dijo, queriendo confortarla pero sin saber cómo. Después de tanto tiempo, ¿qué otra cosa podía decir?

"No actúes como si no te doliera también," Yamcha dijo con aspereza, interrumpiendo sus pensamientos, y ambos vieron a Bulma alejarse. "¿Cuánto tiempo va a seguir esto?"

Zarbon suspiró y alzó la vista al cielo, ignorando a Trunks tirando de su trenza. "No sé," murmuró. "Esperemos que no por mucho tiempo."


La cena había ido bien, Zarbon decidió mientras revolvía el refrigerador. El ánimo de ChiChi estaba comenzando a remontar, sobre todo debido a la humorística interacción entre Radditz y Gohan. Radditz y el Dr. Briefs habían pasado una buena parte de la noche discutiendo sobre nueva tecnología Arliana que podría ser implementada en la Tierra, y la conversación había distraído a Bulma por un rato también. La Sra. Briefs cocinó una cena fenomenal, con la ayuda de ChiChi, y había sido una buena experiencia para todos los involucrados. Era como si las cosas estuvieran volviendo a la normalidad.

Suspirando, Zarbon se dio cuenta que realmente no tenía tanta hambre, así que sólo tomó un vaso de agua. Sacó una silla de la mesa de la cocina y se sentó en la oscuridad, sus manos apretadas alrededor del vaso, cuando comenzó a llorar. Había pasado tanto tiempo, pero todavía no podía evitar desear que las cosas hubieran ocurrido de otra manera. Vegeta había sido como su hermano, la única persona con la que había pertenecido desde la muerte de su planeta.

Las lágrimas rodaron por su rostro en silencio mientras se sentaba en la oscuridad, mirando a las estrellas titilar por la ventana. Después de un momento bajó su cabeza, limpiando sus ojos, sorprendiéndose cuando escuchó el sonido de la puerta trasera siendo abierta a sus espaldas.

"Detén tu lloriqueo," escuchó a alguien decir, la voz congelándolo mientras se sentaba. Esperanza y miedo corrieron a través de él a la vez y se dio vuelta lentamente, con miedo de que fuera un sueño.

"Oh dios mío," susurró mientras se daba la vuelta, reconociendo la silueta. En lugar de cesar, las lágrimas sólo comenzaron a cursar por sus mejillas con más fiereza. Sin pensarlo, se lanzó hacia adelante y tomó a la otra persona en un abrazo de oso, levantándolo del suelo. "¡Gracias a Dios!"

"Basta," siseó el recién llegado, y Zarbon lo sentó, dando un paso atrás. "Siempre has sido demasiado emocional."

"Creo que tengo una muy buena excusa esta vez", respondió, miles de preguntas y exclamaciones corriendo por su cabeza. Lo único de lo que estaba seguro, sin embargo, era su alegría.

El silencio gobernó la habitación por varios momentos, el aire lleno de palabras no dichas. "Escucha, quería agradecerte. Por todo. Estoy contento de que seas mi amigo, y eso... Bueno, significa mucho para mí."

Zarbon sintió un nudo en su garganta y tuvo que soltar más lágrimas. "El placer es mío," contestó. "Tengo mil preguntas para ti, pero pueden esperar hasta mañana. Es suficiente saber que estás aquí." Tomó un profundo respiro, finalmente recuperando control de sí mismo. "Creo que deberías subir ahora. Bulma tiene una sorpresa para ti."

"Muy bien."

Zarbon miró mientras el hombre se movía pasando junto a él, esperando hasta que el hombre estuviera en la puerta hasta que volvió a hablar. "Estoy muy orgulloso de ti. Lo has hecho bien."

El hombre se detuvo, luego se giró y sonrió con aire de suficiencia. "Lo sé," respondió, y desapareció en la noche.


"¿Bulma?" una voz dijo suavemente a través de la oscuridad de la habitación.

Ella gruñó y se giró en la cama. "Durmiendo," murmuró, luego se despertó de golpe cuando se dio cuenta que alguien se estaba acostando en la cama junto a ella. Fuertes, musculosos brazos se envolvieron a su alrededor y la acercaron, y de repente un familiar y muy anhelado aroma llenó su nariz. Lágrimas se formaron en sus ojos y extendió la mano para tocar su rostro, los dedos danzando sobre las pesadas y sumergidas curvas de sus cejas y su espeso y rebelde cabello. "¿Estoy soñando?" susurró.

Un beso fue su respuesta. "No," respondió él. "Hice una promesa y la cumplí."

"¿No voy a despertarme y encontrar que te has ido otra vez?"

"No," repitió él, y volvió a besarla.

Se derrumbó en sollozos y lo dejó sentarla, arrojando sus brazos alrededor de su cuello y presionándose contra él tan fuerte como pudo. "¡Nunca me dejes de nuevo!" dijo, riendo entre lágrimas.

"Nunca," concordó él, sosteniéndola con fuerza.

"¿Zarbon sabe que estás aquí?" dijo con un jadeo, alejándose un poco de él.

"Lo encontré abajo. Dijo que hablaremos en la mañana."

"No tienes idea lo mucho que te extrañé."

Hubo silencio, como si él estuviera sopesando sus palabras antes de hablar. "Te extrañé, también. Quería volver antes, pero el viaje fue largo."

"¿Goku está con su familia?"

"Radditz nos recibió al aterrizar."

Bulma se acurrucó contra él, sintiendo como si un pedazo de ella hubiera sido restaurado. "Tengo a alguien que debería conocer," susurró contra su cuello, cerrando sus ojos y deleitándose con el tacto de su piel contra la suya.

"Muy bien," respondió él, dejándola tomar su mano y llevarlo a una cuna en la esquina de la habitación.

"Conoce a Trunks, heredero del Nuevo Imperio Saiyajin." Se agachó y tomó a su hijo, caminando a la ventana para que el niño fuera visible a la luz de las estrellas.

"Color ridículo, pero eso es de esperar, supongo," vino la respuesta en queja, y el niño fue quitado de sus brazos. Mientras el bebé descansaba tranquilamente contra el musculoso pecho ella lo vio sonreír y pasar un dedo por la mejilla del bebé. "Por lo menos tiene una cola."

"Y tu temperamento, también."

"Bien."

Miró mientras él devolvía con cuidado al bebé a la cuna y volvía a ella, sus fuertes manos agarrando su cintura y atrayéndola hacia él. Enterró su nariz en su cabello e inhaló profundamente, y el aumento y caída de su pecho le parecían la cosa más maravillosa que jamás hubiera visto. "Estoy orgulloso de ti," le murmuró en su cabello. "Has hecho todo tan bien."

"Gracias." Dijo las palabras con todo su corazón, sabiendo lo difícil que era para él decirlas. "Estoy orgullosa de ti, también." Su sonrisa movió su cabello en su cabeza y suspiró, inclinándose en él. "Estoy tan feliz que estés en casa. Te extrañé tanto."

"Siento lo mismo," respondió titubeando.

"Te amo, Vegeta."

La aplastó contra él entonces, y ella pudo sentir su mente lentamente metiéndose en la de ella, una vez más y sin separarse nunca más. Estoy contigo, ahora y siempre, contestó, y la besó.