—Hoy es el día— es mi primer pensamiento, en cuanto escucho la alarma que indica, que me espera otro día de caos en el ministerio, y para completar, hoy veré a Malfoy, aun no se la razón de mis nervios. Que tontería.
Después de darme un buen baño, me pongo mi traje y mi capa favorita, adoro como se me ve, resalta mi figura y me da ese estilo inglés, elegante y dulce al mismo tiempo. Mi día comienza con la misma rutina de todos los días, y me dirijo a la chimenea.
Al llegar al ministerio, el subsecretario Herbert Fleet, me detiene —por favor, no más malas noticias Herbert.
— Lo siento Hermione, pero aquí los problemas están a la orden del día. Te informo que: El mortifago aún no ha sido hallado, y no sé si es bueno o malo, pero se supone que está en Italia, ya que, según nuestros registros, en las pasadas doce horas se sintió una fuente de magia oscura justamente en Palermo.
—Entonces que se encargue de eso su presidente de Magia ¿hay más buenas noticias?
—El presidente, dice que no se encargará a menos que haya víctimas, además que eso le compete solamente al ministerio británico... ah, y Mary tiene fiebre de dragón, está en San Mungo— dice Fleet, dándome una sonrisa rara, una sonrisa que dice auxilio.
—Mátame, te juro que no irás a prisión
—Ni loco, no me dejarás el trabajo a mí solo. Créeme, no quiero hablar con el presidente de Magia, yo con los italianos no me llevo nada bien. Más te vale seguir viviendo hasta que arreglemos este conflicto, por lo pronto te traje un secretario, es medio raro, pero apuesto que servirá— Termina de decir y se retira dejándome con el doble de preocupaciones.
Al llegar a mi oficina reconozco de inmediato al chico que está sentado en la recepción, y el cual se suponía era quien reemplazaría a Mary.
—Antonio ¿eres tu?— Le pregunto en cuanto lo veo
—Hermion, es un placer verte de nuevo. Vaya, cuanto tiempo— se acerca con esa cálida sonrisa que siempre lo ha caracterizado.
Le recibo su abrazo, es muy amable.
—Y en todo es tiempo, aun me dices Hermion, no se quien está peor, si tu o Viktor— le digo bromeando, recordando cuando los conocí en Hogwarts, justo en el torneo de los tres magos.
Me gustó tanto haber tenido la oportunidad de conocer un nuevo amigo del colegio de Dumstrang y otro de la académica Beauxbatons.
—No creí que... bueno, tu estabas en España.
—Si, terminé la escuela y volví a España, pero conocí a una hermosa chica y nos casamos, no sé qué tienen las británicas que me enloquecen— me dice con aire inspirador.
—Se que estas para más cosas Antonio, no sabía que ya te habían contratado para este puesto.
—No está Mal, Hermi. Debo decir que, el sueldo es increíblemente bueno y estaré trabajando con una vieja amiga ¿puedo pedir más?
—Te prometo que en cuanto Mary regrese, tu continuarás en el ministerio.
—Eso es algo que me complace oír querida ministra, pero por el momento a trabajar; revisando todos estos documentos me enteré que el ministerio está en un caos— agarra una carpeta en donde están registrados todos los informes semanales incluyendo el desastre de ayer.
—Justo hoy tengo agendada una reunión con el que, espero sea, el nuevo Sub jefe de aurores, tal vez nos de una mano.
—Si, eso acabo de ver en tu agenda, que curioso— me dice y puedo notar como lucha para no reír.
—Supéralo, estás peor que Harry
—Han pasado ¿que? unos diez u once años, y aun sostengo mi teoría, a ese chico casi se le salen los ojos cuando te vio en el baile, pero aun no entiendo a los británicos y su manía de hacerle crecer los dientes a la gente que les gusta— me dice, y se pone una expresión sobreactuada de confusión.
—Te falta un tornillo, ponte a trabajar, De la Rosa— me rio de sus tonterías y me encierro en mi oficina.
Como si el destino o mi suerte se estuvieran burlando de mí, me doy cuenta de que faltan solo veinte minutos para reunirme con Malfoy, me cuesta mucho mantener la calma, y las insinuaciones de Harry y ahora de Antonio no me ayudan en lo absoluto... Y hablando del rey de roma.
Antonio, pasa a mi oficina y en su mirada puedo ver ese gesto burlesco. ¿Todos se pudieron de acuerdo, con empatejarme con el hurón o es mi imaginación?
—Hermion, ya es hora— me dice mientras mira su reloj de bolsillo— ¿puedo ir contigo? no me mires así, solo quiero ver si aún se le riega la baba cuando te ve
—Antonio, no irás. Quédate y monitorea el caso de los pegasos; acabo de leer en un informe que hay más sueltos de los que creíamos y después de lidiar con Nessi, al ministerio no le conviene que haya más apariciones raras en Escocia muggle.
—Está bien, pero prométeme que me lo contarás todo— me lanza de nuevo esa sonrisa burlona. Que tonto.
—primero, tengo esposo; segundo, es una reunión de trabajo y tercero, a Malfoy jamás le caí del todo bien, ya te lo dije hace once años, el hurón no babea por mí. Adiós
—Solo escuche bla bla bla— continúa bromeando con lo mismo
—Nunca cambias eh, Antonio— le regalo una sonrisa y me marcho hacia el restaurante.
Al llegar, diviso todo el sitio y es precioso. El restaurante está ubicado en un hermoso callejón, donde suelen ir los magos y brujas de más prestigio que prefieren algo de higiene, o que simplemente les guste los lugares no tan abarrotados de transeúntes, como lo es el callejón Diagon o el callejon Knockturn.
Al ingresar al restaurante, mis fosas nasales reciben un agradable aroma el cual se esparce por todo el lugar, después busco con mi mirada a ver si veo a Malfoy cerca pero no lo encuentro, así que decido ir a buscar una mesa disponible.
—Bienvenida ministra, desea algo de tomar o le muestro el menú— me dice amablemente uno de los camareros
—Oh, por favor deja la carta— le digo y se aleja.
Mi mente le echa un vistazo a la carta y me doy cuenta de que cambiaron el menú, porque no veo el bistec en salsa y verduras al horno, que era mi plato favorito.
—¿Enserio? hasta leyendo un menú, te concentras como si fuera la obra mejor escrita— siento que alguien me habla repentinamente al oído, pero ese tono de voz es tan perfecto que en lugar de asustarme me hace estremecer.
Me doy la vuelta y lo veo, después de tantos años. Lo único que supe de él en todo ese tipo fue que, estudio Alquimia, se casó y luego me entero de que enviudó y tiene un hijo. Nunca volví a saber más. Pero ahí está nuevamente.
— Vaya vaya. Ministra, es un placer verla. ¿Matlock? ¿enserio? no pudo ser en lugar más apartado, sugiero China para la próxima — me dice, mientras se acomoda en la silla que hay frente a mí.
—Lo pensé, pero este lugar es más lindo— le dije en el mismo tono
—Buen gusto, Granger— Al decir mi apellido, me regreso abruptamente a Hogwarts de nuevo, pero debo concentrarme
El camarero regresa, y ordenamos un plato suave y pedimos un vino.
—¿Cómo estás Granger? ¿cómo va todo por el Ministerio?
—Yo estoy excelente, lástima que no pueda decir lo mismo del Ministerio, espero que sean temporal, a veces puede convertirse en un caos y otras veces aburre porque no hay mucho que hacer— le digo, y me siento tonta. Pareciese como si nunca estuviera conforme con nada.
—Entiendo a qué te refieres ¿Es que nunca puede haber un equilibrio? Cuando era más joven, creí que los adultos la tenían fácil, pero no, hasta un estado de serenidad se vuelve un tormento a veces— sus palabras son justamente lo que siento ahora, de repente siento un alivio al saber que alguien en este mundo loco piensa igual que yo.
—¿De cuándo acá te volviste tan sabio, Malfoy?
—No soy sólo una cara bonita, Granger— sonríe. Acá entre nos, siento que esa sonrisa iluminaria a un pueblo. Demonios las burlas de Harry y Antonio ya están jugando con mi mente.
Draco, me mira, levanta una ceja y vuelve a sonreír. Unos segundos después, los platos aparecen en nuestra mesa y el vino ya está servido en las copas.
Alcanzo mi copa de vino. Al acercar la copa a mi nariz, me doy cuenta de que su olor es tan dulce y al probarla su sabor envolvente, es como una fiesta en mi boca, después de probar el vino veo que Draco, está mirando al frente, reconozco esa mirada.
Miro por encima de mi hombro, y alcanzó a ver un cuadro con formas irregulares, y su base de amarillo suave, blanco y naranja. Todas juntas logran jugar espectacularmente con las figuras geométricas creando un mundo.
Vuelvo a mirar de nuevo a Draco y veo que aún tiene esa expresión. —¿Qué tienes en contra del surrealismo?— le pregunto, mientras me vuelvo a llevar mi copa y beber un poco de esa deliciosa mezcla añeja.
—Jamás tendría nada en contra del surrealismo, temo algún día morir y tener que enfrentar a Dalí, Piccaso, Bretón o en el peor de los casos y para mi mala suerte, a Miró— dice con un poco de Drama fingido, que hace que suelte una involuntaria risa.
—Tienes razón, ¿Quién sabe? que tal que Dalí te convierta en un rinoceronte, todos te preferimos como Hurón.
—No te equivoques, prefiero el renacimiento o el Neoclasicismo, en todo lo que respecta... bueno exceptuando algunas cosas, al menos ahí se esforzaban— me aclara y continúa con su comida.
—Malfoy, eres raro— le digo y me llevo un tómate a la boca
—Lo dice quién me sigue el juego — su tontería me hace reír de nuevo.
— espera ¿me acabas de llamar hurón? — suelta su tenedor y me pone una expresión falsa de ofensa.
—Tal vez, por los viejos tiempos— le respondo con una sonrisa. Juro que jamás pensé tener una conversación con el mismo Draco Malfoy y es aquí en donde me doy cuenta de que es más civilizado, la imagen del mocoso idiota e insoportable se va desvaneciendo, dejando ver a un hombre inteligente y maduro.
— Como tú digas, ratón de biblioteca. En cuanto a los viejos tiempos, creo que una disculpa no basta, ya sabes tanto tiempo de insultos y molestias causadas por mi persona, me tomaría una vida enmendar mis errores. Cada uno de ellos
—Que te puedo decir, éramos unos niñatos, lo único que nos diferencia del resto, es que tuvimos que madurar a la fuerza, en especial Harry, pobrecito la desgracia siempre lo perseguía. No encontró paz hasta que acabó con... él.
Debo aceptar que solo recordar a ese monstruo y todas las batallas vividas en Hogwarts, me dan náuseas y me ponen los pelos de punta.
—Si, tienes razón Granger, como siempre — me dice y me vuelve a dar una de esas sonrisas que me pierden— en todo caso perdóname. Al parecer, la vida me está dando una oportunidad para dar la cara y disculparme, la vez pasada fue con Potter y Ginevra, a propósito.
—No te preocupes, Malfoy. Todo está bien, pero mi puño aún está disponible para romperte la nariz, si me das la oportunidad de hacerme enojar— rememoro ese golpe que le di en tercero, algo que nos causa gracia a ambos— Malfoy, volviendo al tema central de nuestra reunión. Harry me comentó que querías hacer parte de los nuestros, espero que tu postura siga en pie. Necesitamos a alguien que nos dé una mano en el departamento de aurores.
—cuenta conmigo, tendré que organizar todo en Malfoy's Enterprise, para dividir mi tiempo, aunque no pongo en duda el sano juicio de Blaise y Theo, hay cosas que si debo hacer yo mismo... bueno si dudo del sano juicio de esos dos— dice, haciéndome reír nuevamente, al parecer tiene un don para no dejar morir una conversación
—Te enviaré tus uniformes y algunos informes para que sepas que hacer y no le hagas caso a las demencias con las que a veces sale Harry
—Granger, que adorable eres, aun crees que voy a hacerle caso a Potter.
—Y ahí está Draco Malfoy, de nuevo. Por un momento pensé que estaba hablando con alguien que tomó poción multijugos
Me acabo de dar cuenta de que Malfoy es el ser más particular con el que me haya topado. Y eso que lo conozco desde que somos pequeños.
Llevo mi vista a la botella de vino y me doy cuenta de que hemos consumido ya toda la bebida, ¿pero a quien culpar? es el mejor vino, aunque si mal no recuerdo este vino ya lo había probado varias veces en las cenas del ministerio, pero hoy me supo al néctar de los dioses.
—De verdad, te lo agradezco Malfoy— le digo, volviendo a la realidad
— No te preocupes, Granger. Miralo como una tonta forma de remediar mis errores, si no fuera por Potter y tú, mi madre y yo estuviéramos en Azkaban. Te lo debo... se los debo a ambos— me dice en un tono de arrepentimiento, que jamás pensé escuchar de él.
Terminamos de comer y Draco ofreció pagar la cuenta, y después de insistir quien pagaba los cuarenta galeones, decidimos pagar la mitad cada uno.
Salimos del lugar y el frío me hizo estremecer y me abrace a mí misma.
—Los vientos de noviembre se acercan, eso decía mi padre— me dice él con una postura tranquila.
—Siento mucho lo de tu padre, Malfoy
—No lo sientas, está mejor donde está. No me generaría confianza si andará suelto. Era muy listo y obstinado; nunca se tomó bien la derrota.
—Parece que me estuvieras describiendo.
—Sus cosas en común si tienen, es por eso que también te molestaba, a veces tu actitud me recordaba a la de él. Mi madre decía que, en primer año, por poco el sombrero lo pone en Ravenclaw— dice con una sonrisa.
—Bueno, eso es terrorífico a mí me pasó lo mismo— le devuelvo la sonrisa.
—Es por eso que vistes de azul, aunque te queda muy bien ese color— dice mirándome de reojo mientras caminamos por la solitaria calle.
—¿Enserio me parezco a Lucius? — le pregunto de repente, asustándome un poco de parecerme a tal imbécil.
—No te preocupes, Granger. Sólo en lo nerd, mandona e ínfulas de Ravenclaw que no les pertenecen— continúa diciendo con una carcajada.
—Eres un idiota— susurro negando con la cabeza.
—Bueno Granger, fue un placer verte de nuevo, pero debo irme a recoger a Scorpius. Me agradó la charla que tuvimos fue...
— interesante, no sabía que podrías ser amable. Espero verte en el Ministerio.
— Cuenta con eso sabelotodo— y desaparece del lugar.
—Adiós, Hurón volador
Aparezco en mi casa ya que ya está tarde para regresar a la oficina, y me doy cuenta de tres cosas: primero, que después de mucho tiempo tuve un gran día; segundo, que debo comprar una botella del vino que tome en el restaurante y tercero, que Ron está en el sofá mirándome fijamente con reproche
—Pensé que estabas trabajando— Le dije, un poco sorprendida al verlo ahí, sentado y estático. Su rostro estaba claramente molesto.
—¿En dónde estabas? Fui al Ministerio a buscarte — me pregunta, bastante serio sin mover ni un músculo.
—Tuve una reunión, Ron ¿pasa algo grave? ¿Dónde está Rose?
—Está bien, está durmiendo.
—¿Entonces que pasa? — le pregunto bastante confundida por su actitud. Será posible que...
— Pasa que hoy quería sorprender a mi esposa, pero fui yo quien se llevó una gran sorpresa al enterarme por boca del secretario tuyo que andabas con MALFOY— Me dice aún más furioso, recalcando el apellido de Malfoy
Perfecto, justo hoy se le ocurre ir a mi oficina, cosa que jamás hace y lo atiende Antonio que desde que tengo memoria, adora echarle leña al fuego.
—Fue una reunión de trabajo. Él va a ocupar el puesto que TU dejaste tirado
—No me digas, que coincidencia— me dice sarcásticamente.
—Sí, fue una coincidencia, que justo hoy recordarás que tienes esposa y que justo hoy estuviera ocupada— contraataco bastante furiosa — esta discusión es inútil, si quieres vamos en un rato u otro día— le propongo, tratando de apaciguar está tormenta que se está formando.
—¿Sabes algo? Desde que estás en el Ministerio ya no tienes tiempo para mí ni para tu hija.
—Ronald eso no es cierto yo...
—Andas de reunión en reunión ¿empiezo a creerte o puedo sacar mis propias teorías? — quiere pelear, es obvio que está molesto por algo y se quiere desquitar
—Ronald... ¿sabes algo? piensa lo que tú quieras, no te tengo que dar explicaciones.
—"no te tengo que dar explicaciones" Mi abuela tenía razón ¿Qué puedo esperar de una libertina como tú?
—NO TE PASES DE LA RAYA, RONALD— Le levanto el tono de voz, tratando de no alertar a Rose. Siento que Ron, se está pasando.
—¿Y qué quieres que piense? si desde que nos casamos estás loca, pareces una... ni se cómo llamarte, no quisiste ponerte mi apellido, casi que me obligas a estar con los estúpidos aurores y ahora sales a encontrarte con quien sabe que sujetos, como si fueras una mujer soltera. Madura Hermione, a veces parece que no tuvieras un esposo y una hija— me escupe esas palabras, las cuales me hacen enojar aún más.
—Mira Ron, primero y que te quede Claro, sí acepté tu apellido, que no quiera dejar de usar Granger por amor a mis padres los cuales no están a mi lado, no tiene nada que ver; segundo acepté tu renuncia, lo que no aceptaré nunca es que te hayas retirado cuando estaban en una peligrosa misión, y a causa de eso Harry casi muriera, fue muy irresponsable que no hayas avisado con previo aviso; y tercero y muy importante, yo más que nadie conozco mis responsabilidades; hasta el momento a Rose no le ha faltado el amor de una madre y sus cosas... No quería decirlo, pero el único mal padre eres tú— suelto todo, sin saber si en todo lo que he dicho lo he lastimado, solo quiero hacerle sentir lo mismo que yo en este momento.
—Ahora el malo soy, soy un mal padre para mi hija.
—Si. No recordaste su cumpleaños, prometiste venir hoy a cenar con ella en lo que yo salía de la oficina, pero la única que pasó el día con Rose fue Camile, y cuando llegaste no tuviste ni la decencia de saludarla al menos.
Siento que mis palabras salen como balas, pero no puedo hacer de cuenta que todo está bien.
—Solo es un cumpleaños, tendrá más. Mañana le compro algo... ¿Sabes qué, Hermione? Contigo no se puede hablar— dice así nada más y sube las escaleras, dejándome ahí con la palabra en la boca.
Sin más que hacer, subo las escaleras hasta mi cuarto y me pongo el pijama. Si tuviera una lista en la que tenga los días con más sube y baja de mi vida, este estaría ahí incluido.
Mi alarma suena escandalosamente, lo que me hace saber que ya son las 5:00 am y debo alistarme para ir al trabajo.
Cuando termino de arreglarme, me veo al espejo y me gusta lo que éste refleja. No sé por qué, pero desde ayer siento que solté todo lo negativo que había en mí, y por primera vez en mucho tiempo volvió Hermione Granger.
Me acerco cautelosamente al cuarto de Rose y veo que duerme plácidamente, y como cada mañana le dejo un pergamino deseándole un lindo día acompañado de un chocolate.
Salgo y abro la habitación de invitados, y veo que Ron no está ahí, seguramente madrugó para no tener que verme... cobarde.
Todo transcurre con normalidad en el ministerio.
Ya son las 4:20 pm, Antonio me informa que ya le envió unas flores de mi parte a Mery y que la próxima semana debo ir a Roma a reunirme con el presidente de magia italiano.
Antonio se retira y deja pasar a Harry que acaba de llegar.
—Hola, Herms. Acompáñame a comer, y nos encontramos con Gin para comprarle el obsequio a Rose
—¿No es muy pronto? podemos comprarlo mañana— le digo con una sonrisa
—Nooo, Herms. No quiero que se agote lo que le quiero dar, no seas así, vamos— dice tajantemente, y como siempre lo logra, me convence. Y nos dirigimos a la salida del ministerio.
—Ayer me encontré con Malfoy — le menciono el suceso, para ver su reacción
—¿Qué? ¿enserio? Eso es un alivio ¿de qué hablaron? ¿si aceptó? — me dice con una sonrisa divertida
—Hicimos los pases y le comenté del trabajo, le dije que esperaba verlo por este lugar muy pronto.
— ¿de qué más hablaron? — me pregunta de manera bastante sugerente.
—De nuestra vida fuera de Hogwarts, nuestros hijos y otras trivialidades.
Cuando llegamos al callejón Diagón, recorremos las calles buscando a Ginny, uno que otra persona se nos acerca para pedirnos una fotografía o un autógrafo, ser sobreviviente a la guerra trae consecuencias ¿Qué puedo decir?
Unos metros más adelante, dimos con Ginny, para ser honestos su larga cabellera roja es un punto focal para hallarla fácilmente. Cuando nos ve, se lanza a saludarnos con su efusivo abrazo, ella literalmente me recuerda mucho a Rose.
—Hola chicos ¿muchos chicos malos en el trabajo?
—Hola Ginny. Algo así, estamos tras la pista de un degenerado para hacerlo pagar.
—Esa es mi chica — me dice, mientras se cuelga del brazo de Harry
—Gin, a que no adivinas con quien se encuentra Hermione últimamente— le dice Harry, obviamente me está provocando típico de él
—A ver, dime— dice Ginny, mirándome con la intención de buscar un rastro de información en mi rostro
—Con Malfoy. Te lo dije, están destinados a estar juntos.
Esa insinuación descarada de Harry me hace tropezar un poco y me detengo inmediatamente, ellos devuelven su mirada burlona hacia mi
—Harry Potter, te estás buscando un golpe muy fuerte, además, sólo nos vimos por motivos laborales, deja de hacer teorías locas, y ¿a qué te refieres con que "te lo dije"?
—Le dije que te gustaba cuando éramos niños, Ginny y yo estamos casados y no nos guardamos secretos— me dice Harry, mientras continuamos nuestro camino.
—Te equivocas, lo que son ustedes dos son un par de chismosos, eso es lo que son. Agradecería que dejáramos el temita de mi infantil enamoramiento de la infancia estancado— les dije muy tajante a ese par de viejas chismosas.
—Okey señora Granger, punto y aparte, pero si nos das la oportunidad de fastidiarte, estamos en el deber moral de hacerlo— me dice Ginny, no lo voy a negar me dan ternura parecen un par de niños.
Finalmente llegamos a la tienda que Harry buscaba. Era una especie de galería mágica, allí había todo tipo de pinturas, y nos acercamos al mostrador en donde se encontraba Dean que curiosamente era el dueño del lugar.
—Miren a quien tengo el placer de volver a ver, chicos cuanto tiempo— dice Dean, sorprendido al vernos.
—Hola Dean ¿Cómo está todo? — le pregunta Harry, mientras uno por uno nos acercamos a abrazarlo
—Nada mal, al contrario, por aquí, todo marcha excelente ¿les puedo ayudar en algo?
—Queremos comprarte un kit de pintura, con lienzo y todo, pero quiero unas acuarelas especiales ¿tienes esas que producen movimientos mágicos en las imágenes? — pregunta Harry
—Tienes suerte, esas son las que más compran y más rápido se agotan, no saben todo lo que tengo que hacer para tenerlas en la tienda.
Dean, finalmente le pasa a Harry el empaque con la compra y salimos de la galería.
Ahora recuerdo la razón del regalo de Harry. Pasó hace meses, Rose le regaló a Harry un lindo dibujo en donde aparecía él peleando contra un basilisco, para salvar a Ginny, casualmente es la historia favorita de mi hija. Seguramente al ver las cualidades artísticas de Rose, lo motivó a darle ese hermoso detalle.
—Es precioso Harry, a Rose le va a encantar— hurgo en el interior del paquete para ver el contenido.
—Yo sé que sí, su tío favorito es muy ingenioso, nadie la conoce como yo— dice Harry, levantando la cabeza con orgulloso
—Te faltó añadir humilde— se le escapa a Ginny haciéndonos reír a los tres.
Después seguimos caminando un par de cuadras más y compramos algunos adornos para la fiesta, y el pastel.
—Ginny. Si te soy sincera, me incomoda usar haditas como adorno— le digo, al ver la jaula con las criaturas
—o son las Hadas, o disfrazo a un duende de jardín, y sabes que las manualidades no son lo mío exactamente
—Está bien, pero en cuanto pueda las libero. Eso es cruel— de verdad que no me gusta que las usen como decorativos, son seres vivos. Ya estoy pensando en una ley que las proteja.
Después de tantas compras, me aparezco en mi casa. Observo a Ron viendo la tele, y de alguna manera me complace verlo en casa temprano.
—saliste temprano— le digo, pero él no aparta la vista del televisor
—tu igual— me dice sin voltear a verme
—Si, estamos tras la pista de Fall, los pegasos están más controlados, y bueno aproveché para pasar el resto del día, y acompañar a Harry y a Ginny al callejón Diagón. A propósito, Ron ¿Dónde está Rose? le quiero mostrar las haditas que compramos, me gustaría que les diéramos de comer junt...
—está durmiendo— me interrumpe groseramente, y se levanta del sillón para dirigirse al segundo piso.
Es obvio que necesitamos hablar seriamente. Temo lo peor, pero es algo que ya no se puede ocultar... algo anda muy mal, no quiero que esto llegue a afectar a Rose.
Decido subir, y abro la recamara y veo que se está organizando para salir.
—Tenemos que hablar ¿Qué pasa contigo últimamente? — le digo con temor a ser ignorada.
—Que ya me estoy cansando Hermione, eso pasa— me dice después de soltar un suspiro
—Pero ¿qué te he hecho? — le digo, reteniendo con todas mis fuerzas las lágrimas causadas por mi corazón que se está rompiendo en mil pedazos
—Todo está mal, ya casi ni nos vemos, te la pasas en reuniones "de trabajo"... No sé si tengo una esposa o estoy viviendo con una desconocida, con la que lo único que tengo en común son nuestros amigos y una hija— Me dice, mirándome con sus profundos ojos azules.
—Tu tampoco ayudas mucho Ronald, como siempre sales y te vas dejando un desastre en el camino. Huyes siempre huyes. No me voy a disculpar por ser como soy, si hay algo malo que tenga que cambiar lo haré, pero hasta el momento jamás te he irrespetado. Intento que nuestra relación sea lo mejor posible, pero tú no pones de tu parte— le digo, y siento como las lágrimas que estoy evitando retener se rebelan y escapan cantaros.
—En ocasiones siento que, no somos el uno para el otro como pretendemos suponer—me dice finalmente, y pasa por mi lado hacia la salida, dejándome de nuevo con la palabra en la boca.
—Hoy es el día— es mi primer pensamiento, en cuanto escucho la alarma que indica, que me espera otro día de caos en el ministerio, y para completar, hoy veré a Malfoy, aun no se la razón de mis nervios. Que tontería.
Después de darme un buen baño, me pongo mi traje y mi capa favorita, adoro como se me ve, resalta mi figura y me da ese estilo inglés, elegante y dulce al mismo tiempo. Mi día comienza con la misma rutina de todos los días, y me dirijo a la chimenea.
Al llegar al ministerio, el subsecretario Herbert Fleet, me detiene —por favor, no más malas noticias Herbert.
— Lo siento Hermione, pero aquí los problemas están a la orden del día. Te informo que: El mortifago aún no ha sido hallado, y no sé si es bueno o malo, pero se supone que está en Italia, ya que, según nuestros registros, en las pasadas doce horas se sintió una fuente de magia oscura justamente en Palermo.
—Entonces que se encargue de eso su presidente de Magia ¿hay más buenas noticias?
—El presidente, dice que no se encargará a menos que haya víctimas, además que eso le compete solamente al ministerio británico... ah, y Mary tiene fiebre de dragón, está en San Mungo— dice Fleet, dándome una sonrisa rara, una sonrisa que dice auxilio.
—Mátame, te juro que no irás a prisión
—Ni loco, no me dejarás el trabajo a mí solo. Créeme, no quiero hablar con el presidente de Magia, yo con los italianos no me llevo nada bien. Más te vale seguir viviendo hasta que arreglemos este conflicto, por lo pronto te traje un secretario, es medio raro, pero apuesto que servirá— Termina de decir y se retira dejándome con el doble de preocupaciones.
Al llegar a mi oficina reconozco de inmediato al chico que está sentado en la recepción, y el cual se suponía era quien reemplazaría a Mary.
—Antonio ¿eres tu?— Le pregunto en cuanto lo veo
—Hermion, es un placer verte de nuevo. Vaya, cuanto tiempo— se acerca con esa cálida sonrisa que siempre lo ha caracterizado.
Le recibo su abrazo, es muy amable.
—Y en todo es tiempo, aun me dices Hermion, no se quien está peor, si tu o Viktor— le digo bromeando, recordando cuando los conocí en Hogwarts, justo en el torneo de los tres magos.
Me gustó tanto haber tenido la oportunidad de conocer un nuevo amigo del colegio de Dumstrang y otro de la académica Beauxbatons.
—No creí que... bueno, tu estabas en España.
—Si, terminé la escuela y volví a España, pero conocí a una hermosa chica y nos casamos, no sé qué tienen las británicas que me enloquecen— me dice con aire inspirador.
—Se que estas para más cosas Antonio, no sabía que ya te habían contratado para este puesto.
—No está Mal, Hermi. Debo decir que, el sueldo es increíblemente bueno y estaré trabajando con una vieja amiga ¿puedo pedir más?
—Te prometo que en cuanto Mary regrese, tu continuarás en el ministerio.
—Eso es algo que me complace oír querida ministra, pero por el momento a trabajar; revisando todos estos documentos me enteré que el ministerio está en un caos— agarra una carpeta en donde están registrados todos los informes semanales incluyendo el desastre de ayer.
—Justo hoy tengo agendada una reunión con el que, espero sea, el nuevo Sub jefe de aurores, tal vez nos de una mano.
—Si, eso acabo de ver en tu agenda, que curioso— me dice y puedo notar como lucha para no reír.
—Supéralo, estás peor que Harry
—Han pasado ¿que? unos diez u once años, y aun sostengo mi teoría, a ese chico casi se le salen los ojos cuando te vio en el baile, pero aun no entiendo a los británicos y su manía de hacerle crecer los dientes a la gente que les gusta— me dice, y se pone una expresión sobreactuada de confusión.
—Te falta un tornillo, ponte a trabajar, De la Rosa— me rio de sus tonterías y me encierro en mi oficina.
Como si el destino o mi suerte se estuvieran burlando de mí, me doy cuenta de que faltan solo veinte minutos para reunirme con Malfoy, me cuesta mucho mantener la calma, y las insinuaciones de Harry y ahora de Antonio no me ayudan en lo absoluto... Y hablando del rey de roma.
Antonio, pasa a mi oficina y en su mirada puedo ver ese gesto burlesco. ¿Todos se pudieron de acuerdo, con empatejarme con el hurón o es mi imaginación?
—Hermion, ya es hora— me dice mientras mira su reloj de bolsillo— ¿puedo ir contigo? no me mires así, solo quiero ver si aún se le riega la baba cuando te ve
—Antonio, no irás. Quédate y monitorea el caso de los pegasos; acabo de leer en un informe que hay más sueltos de los que creíamos y después de lidiar con Nessi, al ministerio no le conviene que haya más apariciones raras en Escocia muggle.
—Está bien, pero prométeme que me lo contarás todo— me lanza de nuevo esa sonrisa burlona. Que tonto.
—primero, tengo esposo; segundo, es una reunión de trabajo y tercero, a Malfoy jamás le caí del todo bien, ya te lo dije hace once años, el hurón no babea por mí. Adiós
—Solo escuche bla bla bla— continúa bromeando con lo mismo
—Nunca cambias eh, Antonio— le regalo una sonrisa y me marcho hacia el restaurante.
Al llegar, diviso todo el sitio y es precioso. El restaurante está ubicado en un hermoso callejón, donde suelen ir los magos y brujas de más prestigio que prefieren algo de higiene, o que simplemente les guste los lugares no tan abarrotados de transeúntes, como lo es el callejón Diagon o el callejon Knockturn.
Al ingresar al restaurante, mis fosas nasales reciben un agradable aroma el cual se esparce por todo el lugar, después busco con mi mirada a ver si veo a Malfoy cerca pero no lo encuentro, así que decido ir a buscar una mesa disponible.
—Bienvenida ministra, desea algo de tomar o le muestro el menú— me dice amablemente uno de los camareros
—Oh, por favor deja la carta— le digo y se aleja.
Mi mente le echa un vistazo a la carta y me doy cuenta de que cambiaron el menú, porque no veo el bistec en salsa y verduras al horno, que era mi plato favorito.
—¿Enserio? hasta leyendo un menú, te concentras como si fuera la obra mejor escrita— siento que alguien me habla repentinamente al oído, pero ese tono de voz es tan perfecto que en lugar de asustarme me hace estremecer.
Me doy la vuelta y lo veo, después de tantos años. Lo único que supe de él en todo ese tipo fue que, estudio Alquimia, se casó y luego me entero de que enviudó y tiene un hijo. Nunca volví a saber más. Pero ahí está nuevamente.
— Vaya vaya. Ministra, es un placer verla. ¿Matlock? ¿enserio? no pudo ser en lugar más apartado, sugiero China para la próxima — me dice, mientras se acomoda en la silla que hay frente a mí.
—Lo pensé, pero este lugar es más lindo— le dije en el mismo tono
—Buen gusto, Granger— Al decir mi apellido, me regreso abruptamente a Hogwarts de nuevo, pero debo concentrarme
El camarero regresa, y ordenamos un plato suave y pedimos un vino.
—¿Cómo estás Granger? ¿cómo va todo por el Ministerio?
—Yo estoy excelente, lástima que no pueda decir lo mismo del Ministerio, espero que sean temporal, a veces puede convertirse en un caos y otras veces aburre porque no hay mucho que hacer— le digo, y me siento tonta. Pareciese como si nunca estuviera conforme con nada.
—Entiendo a qué te refieres ¿Es que nunca puede haber un equilibrio? Cuando era más joven, creí que los adultos la tenían fácil, pero no, hasta un estado de serenidad se vuelve un tormento a veces— sus palabras son justamente lo que siento ahora, de repente siento un alivio al saber que alguien en este mundo loco piensa igual que yo.
—¿De cuándo acá te volviste tan sabio, Malfoy?
—No soy sólo una cara bonita, Granger— sonríe. Acá entre nos, siento que esa sonrisa iluminaria a un pueblo. Demonios las burlas de Harry y Antonio ya están jugando con mi mente.
Draco, me mira, levanta una ceja y vuelve a sonreír. Unos segundos después, los platos aparecen en nuestra mesa y el vino ya está servido en las copas.
Alcanzo mi copa de vino. Al acercar la copa a mi nariz, me doy cuenta de que su olor es tan dulce y al probarla su sabor envolvente, es como una fiesta en mi boca, después de probar el vino veo que Draco, está mirando al frente, reconozco esa mirada.
Miro por encima de mi hombro, y alcanzó a ver un cuadro con formas irregulares, y su base de amarillo suave, blanco y naranja. Todas juntas logran jugar espectacularmente con las figuras geométricas creando un mundo.
Vuelvo a mirar de nuevo a Draco y veo que aún tiene esa expresión. —¿Qué tienes en contra del surrealismo?— le pregunto, mientras me vuelvo a llevar mi copa y beber un poco de esa deliciosa mezcla añeja.
—Jamás tendría nada en contra del surrealismo, temo algún día morir y tener que enfrentar a Dalí, Piccaso, Bretón o en el peor de los casos y para mi mala suerte, a Miró— dice con un poco de Drama fingido, que hace que suelte una involuntaria risa.
—Tienes razón, ¿Quién sabe? que tal que Dalí te convierta en un rinoceronte, todos te preferimos como Hurón.
—No te equivoques, prefiero el renacimiento o el Neoclasicismo, en todo lo que respecta... bueno exceptuando algunas cosas, al menos ahí se esforzaban— me aclara y continúa con su comida.
—Malfoy, eres raro— le digo y me llevo un tómate a la boca
—Lo dice quién me sigue el juego — su tontería me hace reír de nuevo.
— espera ¿me acabas de llamar hurón? — suelta su tenedor y me pone una expresión falsa de ofensa.
—Tal vez, por los viejos tiempos— le respondo con una sonrisa. Juro que jamás pensé tener una conversación con el mismo Draco Malfoy y es aquí en donde me doy cuenta de que es más civilizado, la imagen del mocoso idiota e insoportable se va desvaneciendo, dejando ver a un hombre inteligente y maduro.
— Como tú digas, ratón de biblioteca. En cuanto a los viejos tiempos, creo que una disculpa no basta, ya sabes tanto tiempo de insultos y molestias causadas por mi persona, me tomaría una vida enmendar mis errores. Cada uno de ellos
—Que te puedo decir, éramos unos niñatos, lo único que nos diferencia del resto, es que tuvimos que madurar a la fuerza, en especial Harry, pobrecito la desgracia siempre lo perseguía. No encontró paz hasta que acabó con... él.
Debo aceptar que solo recordar a ese monstruo y todas las batallas vividas en Hogwarts, me dan náuseas y me ponen los pelos de punta.
—Si, tienes razón Granger, como siempre — me dice y me vuelve a dar una de esas sonrisas que me pierden— en todo caso perdóname. Al parecer, la vida me está dando una oportunidad para dar la cara y disculparme, la vez pasada fue con Potter y Ginevra, a propósito.
—No te preocupes, Malfoy. Todo está bien, pero mi puño aún está disponible para romperte la nariz, si me das la oportunidad de hacerme enojar— rememoro ese golpe que le di en tercero, algo que nos causa gracia a ambos— Malfoy, volviendo al tema central de nuestra reunión. Harry me comentó que querías hacer parte de los nuestros, espero que tu postura siga en pie. Necesitamos a alguien que nos dé una mano en el departamento de aurores.
—cuenta conmigo, tendré que organizar todo en Malfoy's Enterprise, para dividir mi tiempo, aunque no pongo en duda el sano juicio de Blaise y Theo, hay cosas que si debo hacer yo mismo... bueno si dudo del sano juicio de esos dos— dice, haciéndome reír nuevamente, al parecer tiene un don para no dejar morir una conversación
—Te enviaré tus uniformes y algunos informes para que sepas que hacer y no le hagas caso a las demencias con las que a veces sale Harry
—Granger, que adorable eres, aun crees que voy a hacerle caso a Potter.
—Y ahí está Draco Malfoy, de nuevo. Por un momento pensé que estaba hablando con alguien que tomó poción multijugos
Me acabo de dar cuenta de que Malfoy es el ser más particular con el que me haya topado. Y eso que lo conozco desde que somos pequeños.
Llevo mi vista a la botella de vino y me doy cuenta de que hemos consumido ya toda la bebida, ¿pero a quien culpar? es el mejor vino, aunque si mal no recuerdo este vino ya lo había probado varias veces en las cenas del ministerio, pero hoy me supo al néctar de los dioses.
—De verdad, te lo agradezco Malfoy— le digo, volviendo a la realidad
— No te preocupes, Granger. Miralo como una tonta forma de remediar mis errores, si no fuera por Potter y tú, mi madre y yo estuviéramos en Azkaban. Te lo debo... se los debo a ambos— me dice en un tono de arrepentimiento, que jamás pensé escuchar de él.
Terminamos de comer y Draco ofreció pagar la cuenta, y después de insistir quien pagaba los cuarenta galeones, decidimos pagar la mitad cada uno.
Salimos del lugar y el frío me hizo estremecer y me abrace a mí misma.
—Los vientos de noviembre se acercan, eso decía mi padre— me dice él con una postura tranquila.
—Siento mucho lo de tu padre, Malfoy
—No lo sientas, está mejor donde está. No me generaría confianza si andará suelto. Era muy listo y obstinado; nunca se tomó bien la derrota.
—Parece que me estuvieras describiendo.
—Sus cosas en común si tienen, es por eso que también te molestaba, a veces tu actitud me recordaba a la de él. Mi madre decía que, en primer año, por poco el sombrero lo pone en Ravenclaw— dice con una sonrisa.
—Bueno, eso es terrorífico a mí me pasó lo mismo— le devuelvo la sonrisa.
—Es por eso que vistes de azul, aunque te queda muy bien ese color— dice mirándome de reojo mientras caminamos por la solitaria calle.
—¿Enserio me parezco a Lucius? — le pregunto de repente, asustándome un poco de parecerme a tal imbécil.
—No te preocupes, Granger. Sólo en lo nerd, mandona e ínfulas de Ravenclaw que no les pertenecen— continúa diciendo con una carcajada.
—Eres un idiota— susurro negando con la cabeza.
—Bueno Granger, fue un placer verte de nuevo, pero debo irme a recoger a Scorpius. Me agradó la charla que tuvimos fue...
— interesante, no sabía que podrías ser amable. Espero verte en el Ministerio.
— Cuenta con eso sabelotodo— y desaparece del lugar.
—Adiós, Hurón volador
Aparezco en mi casa ya que ya está tarde para regresar a la oficina, y me doy cuenta de tres cosas: primero, que después de mucho tiempo tuve un gran día; segundo, que debo comprar una botella del vino que tome en el restaurante y tercero, que Ron está en el sofá mirándome fijamente con reproche
—Pensé que estabas trabajando— Le dije, un poco sorprendida al verlo ahí, sentado y estático. Su rostro estaba claramente molesto.
—¿En dónde estabas? Fui al Ministerio a buscarte — me pregunta, bastante serio sin mover ni un músculo.
—Tuve una reunión, Ron ¿pasa algo grave? ¿Dónde está Rose?
—Está bien, está durmiendo.
—¿Entonces que pasa? — le pregunto bastante confundida por su actitud. Será posible que...
— Pasa que hoy quería sorprender a mi esposa, pero fui yo quien se llevó una gran sorpresa al enterarme por boca del secretario tuyo que andabas con MALFOY— Me dice aún más furioso, recalcando el apellido de Malfoy
Perfecto, justo hoy se le ocurre ir a mi oficina, cosa que jamás hace y lo atiende Antonio que desde que tengo memoria, adora echarle leña al fuego.
—Fue una reunión de trabajo. Él va a ocupar el puesto que TU dejaste tirado
—No me digas, que coincidencia— me dice sarcásticamente.
—Sí, fue una coincidencia, que justo hoy recordarás que tienes esposa y que justo hoy estuviera ocupada— contraataco bastante furiosa — esta discusión es inútil, si quieres vamos en un rato u otro día— le propongo, tratando de apaciguar está tormenta que se está formando.
—¿Sabes algo? Desde que estás en el Ministerio ya no tienes tiempo para mí ni para tu hija.
—Ronald eso no es cierto yo...
—Andas de reunión en reunión ¿empiezo a creerte o puedo sacar mis propias teorías? — quiere pelear, es obvio que está molesto por algo y se quiere desquitar
—Ronald... ¿sabes algo? piensa lo que tú quieras, no te tengo que dar explicaciones.
—"no te tengo que dar explicaciones" Mi abuela tenía razón ¿Qué puedo esperar de una libertina como tú?
—NO TE PASES DE LA RAYA, RONALD— Le levanto el tono de voz, tratando de no alertar a Rose. Siento que Ron, se está pasando.
—¿Y qué quieres que piense? si desde que nos casamos estás loca, pareces una... ni se cómo llamarte, no quisiste ponerte mi apellido, casi que me obligas a estar con los estúpidos aurores y ahora sales a encontrarte con quien sabe que sujetos, como si fueras una mujer soltera. Madura Hermione, a veces parece que no tuvieras un esposo y una hija— me escupe esas palabras, las cuales me hacen enojar aún más.
—Mira Ron, primero y que te quede Claro, sí acepté tu apellido, que no quiera dejar de usar Granger por amor a mis padres los cuales no están a mi lado, no tiene nada que ver; segundo acepté tu renuncia, lo que no aceptaré nunca es que te hayas retirado cuando estaban en una peligrosa misión, y a causa de eso Harry casi muriera, fue muy irresponsable que no hayas avisado con previo aviso; y tercero y muy importante, yo más que nadie conozco mis responsabilidades; hasta el momento a Rose no le ha faltado el amor de una madre y sus cosas... No quería decirlo, pero el único mal padre eres tú— suelto todo, sin saber si en todo lo que he dicho lo he lastimado, solo quiero hacerle sentir lo mismo que yo en este momento.
—Ahora el malo soy, soy un mal padre para mi hija.
—Si. No recordaste su cumpleaños, prometiste venir hoy a cenar con ella en lo que yo salía de la oficina, pero la única que pasó el día con Rose fue Camile, y cuando llegaste no tuviste ni la decencia de saludarla al menos.
Siento que mis palabras salen como balas, pero no puedo hacer de cuenta que todo está bien.
—Solo es un cumpleaños, tendrá más. Mañana le compro algo... ¿Sabes qué, Hermione? Contigo no se puede hablar— dice así nada más y sube las escaleras, dejándome ahí con la palabra en la boca.
Sin más que hacer, subo las escaleras hasta mi cuarto y me pongo el pijama. Si tuviera una lista en la que tenga los días con más sube y baja de mi vida, este estaría ahí incluido.
Mi alarma suena escandalosamente, lo que me hace saber que ya son las 5:00 am y debo alistarme para ir al trabajo.
Cuando termino de arreglarme, me veo al espejo y me gusta lo que éste refleja. No sé por qué, pero desde ayer siento que solté todo lo negativo que había en mí, y por primera vez en mucho tiempo volvió Hermione Granger.
Me acerco cautelosamente al cuarto de Rose y veo que duerme plácidamente, y como cada mañana le dejo un pergamino deseándole un lindo día acompañado de un chocolate.
Salgo y abro la habitación de invitados, y veo que Ron no está ahí, seguramente madrugó para no tener que verme... cobarde.
Todo transcurre con normalidad en el ministerio.
Ya son las 4:20 pm, Antonio me informa que ya le envió unas flores de mi parte a Mery y que la próxima semana debo ir a Roma a reunirme con el presidente de magia italiano.
Antonio se retira y deja pasar a Harry que acaba de llegar.
—Hola, Herms. Acompáñame a comer, y nos encontramos con Gin para comprarle el obsequio a Rose
—¿No es muy pronto? podemos comprarlo mañana— le digo con una sonrisa
—Nooo, Herms. No quiero que se agote lo que le quiero dar, no seas así, vamos— dice tajantemente, y como siempre lo logra, me convence. Y nos dirigimos a la salida del ministerio.
—Ayer me encontré con Malfoy — le menciono el suceso, para ver su reacción
—¿Qué? ¿enserio? Eso es un alivio ¿de qué hablaron? ¿si aceptó? — me dice con una sonrisa divertida
—Hicimos los pases y le comenté del trabajo, le dije que esperaba verlo por este lugar muy pronto.
— ¿de qué más hablaron? — me pregunta de manera bastante sugerente.
—De nuestra vida fuera de Hogwarts, nuestros hijos y otras trivialidades.
Cuando llegamos al callejón Diagón, recorremos las calles buscando a Ginny, uno que otra persona se nos acerca para pedirnos una fotografía o un autógrafo, ser sobreviviente a la guerra trae consecuencias ¿Qué puedo decir?
Unos metros más adelante, dimos con Ginny, para ser honestos su larga cabellera roja es un punto focal para hallarla fácilmente. Cuando nos ve, se lanza a saludarnos con su efusivo abrazo, ella literalmente me recuerda mucho a Rose.
—Hola chicos ¿muchos chicos malos en el trabajo?
—Hola Ginny. Algo así, estamos tras la pista de un degenerado para hacerlo pagar.
—Esa es mi chica — me dice, mientras se cuelga del brazo de Harry
—Gin, a que no adivinas con quien se encuentra Hermione últimamente— le dice Harry, obviamente me está provocando típico de él
—A ver, dime— dice Ginny, mirándome con la intención de buscar un rastro de información en mi rostro
—Con Malfoy. Te lo dije, están destinados a estar juntos.
Esa insinuación descarada de Harry me hace tropezar un poco y me detengo inmediatamente, ellos devuelven su mirada burlona hacia mi
—Harry Potter, te estás buscando un golpe muy fuerte, además, sólo nos vimos por motivos laborales, deja de hacer teorías locas, y ¿a qué te refieres con que "te lo dije"?
—Le dije que te gustaba cuando éramos niños, Ginny y yo estamos casados y no nos guardamos secretos— me dice Harry, mientras continuamos nuestro camino.
—Te equivocas, lo que son ustedes dos son un par de chismosos, eso es lo que son. Agradecería que dejáramos el temita de mi infantil enamoramiento de la infancia estancado— les dije muy tajante a ese par de viejas chismosas.
—Okey señora Granger, punto y aparte, pero si nos das la oportunidad de fastidiarte, estamos en el deber moral de hacerlo— me dice Ginny, no lo voy a negar me dan ternura parecen un par de niños.
Finalmente llegamos a la tienda que Harry buscaba. Era una especie de galería mágica, allí había todo tipo de pinturas, y nos acercamos al mostrador en donde se encontraba Dean que curiosamente era el dueño del lugar.
—Miren a quien tengo el placer de volver a ver, chicos cuanto tiempo— dice Dean, sorprendido al vernos.
—Hola Dean ¿Cómo está todo? — le pregunta Harry, mientras uno por uno nos acercamos a abrazarlo
—Nada mal, al contrario, por aquí, todo marcha excelente ¿les puedo ayudar en algo?
—Queremos comprarte un kit de pintura, con lienzo y todo, pero quiero unas acuarelas especiales ¿tienes esas que producen movimientos mágicos en las imágenes? — pregunta Harry
—Tienes suerte, esas son las que más compran y más rápido se agotan, no saben todo lo que tengo que hacer para tenerlas en la tienda.
Dean, finalmente le pasa a Harry el empaque con la compra y salimos de la galería.
Ahora recuerdo la razón del regalo de Harry. Pasó hace meses, Rose le regaló a Harry un lindo dibujo en donde aparecía él peleando contra un basilisco, para salvar a Ginny, casualmente es la historia favorita de mi hija. Seguramente al ver las cualidades artísticas de Rose, lo motivó a darle ese hermoso detalle.
—Es precioso Harry, a Rose le va a encantar— hurgo en el interior del paquete para ver el contenido.
—Yo sé que sí, su tío favorito es muy ingenioso, nadie la conoce como yo— dice Harry, levantando la cabeza con orgulloso
—Te faltó añadir humilde— se le escapa a Ginny haciéndonos reír a los tres.
Después seguimos caminando un par de cuadras más y compramos algunos adornos para la fiesta, y el pastel.
—Ginny. Si te soy sincera, me incomoda usar haditas como adorno— le digo, al ver la jaula con las criaturas
—o son las Hadas, o disfrazo a un duende de jardín, y sabes que las manualidades no son lo mío exactamente
—Está bien, pero en cuanto pueda las libero. Eso es cruel— de verdad que no me gusta que las usen como decorativos, son seres vivos. Ya estoy pensando en una ley que las proteja.
Después de tantas compras, me aparezco en mi casa. Observo a Ron viendo la tele, y de alguna manera me complace verlo en casa temprano.
—saliste temprano— le digo, pero él no aparta la vista del televisor
—tu igual— me dice sin voltear a verme
—Si, estamos tras la pista de Fall, los pegasos están más controlados, y bueno aproveché para pasar el resto del día, y acompañar a Harry y a Ginny al callejón Diagón. A propósito, Ron ¿Dónde está Rose? le quiero mostrar las haditas que compramos, me gustaría que les diéramos de comer junt...
—está durmiendo— me interrumpe groseramente, y se levanta del sillón para dirigirse al segundo piso.
Es obvio que necesitamos hablar seriamente. Temo lo peor, pero es algo que ya no se puede ocultar... algo anda muy mal, no quiero que esto llegue a afectar a Rose.
Decido subir, y abro la recamara y veo que se está organizando para salir.
—Tenemos que hablar ¿Qué pasa contigo últimamente? — le digo con temor a ser ignorada.
—Que ya me estoy cansando Hermione, eso pasa— me dice después de soltar un suspiro
—Pero ¿qué te he hecho? — le digo, reteniendo con todas mis fuerzas las lágrimas causadas por mi corazón que se está rompiendo en mil pedazos
—Todo está mal, ya casi ni nos vemos, te la pasas en reuniones "de trabajo"... No sé si tengo una esposa o estoy viviendo con una desconocida, con la que lo único que tengo en común son nuestros amigos y una hija— Me dice, mirándome con sus profundos ojos azules.
—Tu tampoco ayudas mucho Ronald, como siempre sales y te vas dejando un desastre en el camino. Huyes siempre huyes. No me voy a disculpar por ser como soy, si hay algo malo que tenga que cambiar lo haré, pero hasta el momento jamás te he irrespetado. Intento que nuestra relación sea lo mejor posible, pero tú no pones de tu parte— le digo, y siento como las lágrimas que estoy evitando retener se rebelan y escapan cantaros.
—En ocasiones siento que, no somos el uno para el otro como pretendemos suponer—me dice finalmente, y pasa por mi lado hacia la salida, dejándome de nuevo con la palabra en la boca.
—Hoy es el día— es mi primer pensamiento, en cuanto escucho la alarma que indica, que me espera otro día de caos en el ministerio, y para completar, hoy veré a Malfoy, aun no se la razón de mis nervios. Que tontería.
Después de darme un buen baño, me pongo mi traje y mi capa favorita, adoro como se me ve, resalta mi figura y me da ese estilo inglés, elegante y dulce al mismo tiempo. Mi día comienza con la misma rutina de todos los días, y me dirijo a la chimenea.
Al llegar al ministerio, el subsecretario Herbert Fleet, me detiene —por favor, no más malas noticias Herbert.
— Lo siento Hermione, pero aquí los problemas están a la orden del día. Te informo que: El mortifago aún no ha sido hallado, y no sé si es bueno o malo, pero se supone que está en Italia, ya que, según nuestros registros, en las pasadas doce horas se sintió una fuente de magia oscura justamente en Palermo.
—Entonces que se encargue de eso su presidente de Magia ¿hay más buenas noticias?
—El presidente, dice que no se encargará a menos que haya víctimas, además que eso le compete solamente al ministerio británico... ah, y Mary tiene fiebre de dragón, está en San Mungo— dice Fleet, dándome una sonrisa rara, una sonrisa que dice auxilio.
—Mátame, te juro que no irás a prisión
—Ni loco, no me dejarás el trabajo a mí solo. Créeme, no quiero hablar con el presidente de Magia, yo con los italianos no me llevo nada bien. Más te vale seguir viviendo hasta que arreglemos este conflicto, por lo pronto te traje un secretario, es medio raro, pero apuesto que servirá— Termina de decir y se retira dejándome con el doble de preocupaciones.
Al llegar a mi oficina reconozco de inmediato al chico que está sentado en la recepción, y el cual se suponía era quien reemplazaría a Mary.
—Antonio ¿eres tu?— Le pregunto en cuanto lo veo
—Hermion, es un placer verte de nuevo. Vaya, cuanto tiempo— se acerca con esa cálida sonrisa que siempre lo ha caracterizado.
Le recibo su abrazo, es muy amable.
—Y en todo es tiempo, aun me dices Hermion, no se quien está peor, si tu o Viktor— le digo bromeando, recordando cuando los conocí en Hogwarts, justo en el torneo de los tres magos.
Me gustó tanto haber tenido la oportunidad de conocer un nuevo amigo del colegio de Dumstrang y otro de la académica Beauxbatons.
—No creí que... bueno, tu estabas en España.
—Si, terminé la escuela y volví a España, pero conocí a una hermosa chica y nos casamos, no sé qué tienen las británicas que me enloquecen— me dice con aire inspirador.
—Se que estas para más cosas Antonio, no sabía que ya te habían contratado para este puesto.
—No está Mal, Hermi. Debo decir que, el sueldo es increíblemente bueno y estaré trabajando con una vieja amiga ¿puedo pedir más?
—Te prometo que en cuanto Mary regrese, tu continuarás en el ministerio.
—Eso es algo que me complace oír querida ministra, pero por el momento a trabajar; revisando todos estos documentos me enteré que el ministerio está en un caos— agarra una carpeta en donde están registrados todos los informes semanales incluyendo el desastre de ayer.
—Justo hoy tengo agendada una reunión con el que, espero sea, el nuevo Sub jefe de aurores, tal vez nos de una mano.
—Si, eso acabo de ver en tu agenda, que curioso— me dice y puedo notar como lucha para no reír.
—Supéralo, estás peor que Harry
—Han pasado ¿que? unos diez u once años, y aun sostengo mi teoría, a ese chico casi se le salen los ojos cuando te vio en el baile, pero aun no entiendo a los británicos y su manía de hacerle crecer los dientes a la gente que les gusta— me dice, y se pone una expresión sobreactuada de confusión.
—Te falta un tornillo, ponte a trabajar, De la Rosa— me rio de sus tonterías y me encierro en mi oficina.
Como si el destino o mi suerte se estuvieran burlando de mí, me doy cuenta de que faltan solo veinte minutos para reunirme con Malfoy, me cuesta mucho mantener la calma, y las insinuaciones de Harry y ahora de Antonio no me ayudan en lo absoluto... Y hablando del rey de roma.
Antonio, pasa a mi oficina y en su mirada puedo ver ese gesto burlesco. ¿Todos se pudieron de acuerdo, con empatejarme con el hurón o es mi imaginación?
—Hermion, ya es hora— me dice mientras mira su reloj de bolsillo— ¿puedo ir contigo? no me mires así, solo quiero ver si aún se le riega la baba cuando te ve
—Antonio, no irás. Quédate y monitorea el caso de los pegasos; acabo de leer en un informe que hay más sueltos de los que creíamos y después de lidiar con Nessi, al ministerio no le conviene que haya más apariciones raras en Escocia muggle.
—Está bien, pero prométeme que me lo contarás todo— me lanza de nuevo esa sonrisa burlona. Que tonto.
—primero, tengo esposo; segundo, es una reunión de trabajo y tercero, a Malfoy jamás le caí del todo bien, ya te lo dije hace once años, el hurón no babea por mí. Adiós
—Solo escuche bla bla bla— continúa bromeando con lo mismo
—Nunca cambias eh, Antonio— le regalo una sonrisa y me marcho hacia el restaurante.
Al llegar, diviso todo el sitio y es precioso. El restaurante está ubicado en un hermoso callejón, donde suelen ir los magos y brujas de más prestigio que prefieren algo de higiene, o que simplemente les guste los lugares no tan abarrotados de transeúntes, como lo es el callejón Diagon o el callejon Knockturn.
Al ingresar al restaurante, mis fosas nasales reciben un agradable aroma el cual se esparce por todo el lugar, después busco con mi mirada a ver si veo a Malfoy cerca pero no lo encuentro, así que decido ir a buscar una mesa disponible.
—Bienvenida ministra, desea algo de tomar o le muestro el menú— me dice amablemente uno de los camareros
—Oh, por favor deja la carta— le digo y se aleja.
Mi mente le echa un vistazo a la carta y me doy cuenta de que cambiaron el menú, porque no veo el bistec en salsa y verduras al horno, que era mi plato favorito.
—¿Enserio? hasta leyendo un menú, te concentras como si fuera la obra mejor escrita— siento que alguien me habla repentinamente al oído, pero ese tono de voz es tan perfecto que en lugar de asustarme me hace estremecer.
Me doy la vuelta y lo veo, después de tantos años. Lo único que supe de él en todo ese tipo fue que, estudio Alquimia, se casó y luego me entero de que enviudó y tiene un hijo. Nunca volví a saber más. Pero ahí está nuevamente.
— Vaya vaya. Ministra, es un placer verla. ¿Matlock? ¿enserio? no pudo ser en lugar más apartado, sugiero China para la próxima — me dice, mientras se acomoda en la silla que hay frente a mí.
—Lo pensé, pero este lugar es más lindo— le dije en el mismo tono
—Buen gusto, Granger— Al decir mi apellido, me regreso abruptamente a Hogwarts de nuevo, pero debo concentrarme
El camarero regresa, y ordenamos un plato suave y pedimos un vino.
—¿Cómo estás Granger? ¿cómo va todo por el Ministerio?
—Yo estoy excelente, lástima que no pueda decir lo mismo del Ministerio, espero que sean temporal, a veces puede convertirse en un caos y otras veces aburre porque no hay mucho que hacer— le digo, y me siento tonta. Pareciese como si nunca estuviera conforme con nada.
—Entiendo a qué te refieres ¿Es que nunca puede haber un equilibrio? Cuando era más joven, creí que los adultos la tenían fácil, pero no, hasta un estado de serenidad se vuelve un tormento a veces— sus palabras son justamente lo que siento ahora, de repente siento un alivio al saber que alguien en este mundo loco piensa igual que yo.
—¿De cuándo acá te volviste tan sabio, Malfoy?
—No soy sólo una cara bonita, Granger— sonríe. Acá entre nos, siento que esa sonrisa iluminaria a un pueblo. Demonios las burlas de Harry y Antonio ya están jugando con mi mente.
Draco, me mira, levanta una ceja y vuelve a sonreír. Unos segundos después, los platos aparecen en nuestra mesa y el vino ya está servido en las copas.
Alcanzo mi copa de vino. Al acercar la copa a mi nariz, me doy cuenta de que su olor es tan dulce y al probarla su sabor envolvente, es como una fiesta en mi boca, después de probar el vino veo que Draco, está mirando al frente, reconozco esa mirada.
Miro por encima de mi hombro, y alcanzó a ver un cuadro con formas irregulares, y su base de amarillo suave, blanco y naranja. Todas juntas logran jugar espectacularmente con las figuras geométricas creando un mundo.
Vuelvo a mirar de nuevo a Draco y veo que aún tiene esa expresión. —¿Qué tienes en contra del surrealismo?— le pregunto, mientras me vuelvo a llevar mi copa y beber un poco de esa deliciosa mezcla añeja.
—Jamás tendría nada en contra del surrealismo, temo algún día morir y tener que enfrentar a Dalí, Piccaso, Bretón o en el peor de los casos y para mi mala suerte, a Miró— dice con un poco de Drama fingido, que hace que suelte una involuntaria risa.
—Tienes razón, ¿Quién sabe? que tal que Dalí te convierta en un rinoceronte, todos te preferimos como Hurón.
—No te equivoques, prefiero el renacimiento o el Neoclasicismo, en todo lo que respecta... bueno exceptuando algunas cosas, al menos ahí se esforzaban— me aclara y continúa con su comida.
—Malfoy, eres raro— le digo y me llevo un tómate a la boca
—Lo dice quién me sigue el juego — su tontería me hace reír de nuevo.
— espera ¿me acabas de llamar hurón? — suelta su tenedor y me pone una expresión falsa de ofensa.
—Tal vez, por los viejos tiempos— le respondo con una sonrisa. Juro que jamás pensé tener una conversación con el mismo Draco Malfoy y es aquí en donde me doy cuenta de que es más civilizado, la imagen del mocoso idiota e insoportable se va desvaneciendo, dejando ver a un hombre inteligente y maduro.
— Como tú digas, ratón de biblioteca. En cuanto a los viejos tiempos, creo que una disculpa no basta, ya sabes tanto tiempo de insultos y molestias causadas por mi persona, me tomaría una vida enmendar mis errores. Cada uno de ellos
—Que te puedo decir, éramos unos niñatos, lo único que nos diferencia del resto, es que tuvimos que madurar a la fuerza, en especial Harry, pobrecito la desgracia siempre lo perseguía. No encontró paz hasta que acabó con... él.
Debo aceptar que solo recordar a ese monstruo y todas las batallas vividas en Hogwarts, me dan náuseas y me ponen los pelos de punta.
—Si, tienes razón Granger, como siempre — me dice y me vuelve a dar una de esas sonrisas que me pierden— en todo caso perdóname. Al parecer, la vida me está dando una oportunidad para dar la cara y disculparme, la vez pasada fue con Potter y Ginevra, a propósito.
—No te preocupes, Malfoy. Todo está bien, pero mi puño aún está disponible para romperte la nariz, si me das la oportunidad de hacerme enojar— rememoro ese golpe que le di en tercero, algo que nos causa gracia a ambos— Malfoy, volviendo al tema central de nuestra reunión. Harry me comentó que querías hacer parte de los nuestros, espero que tu postura siga en pie. Necesitamos a alguien que nos dé una mano en el departamento de aurores.
—cuenta conmigo, tendré que organizar todo en Malfoy's Enterprise, para dividir mi tiempo, aunque no pongo en duda el sano juicio de Blaise y Theo, hay cosas que si debo hacer yo mismo... bueno si dudo del sano juicio de esos dos— dice, haciéndome reír nuevamente, al parecer tiene un don para no dejar morir una conversación
—Te enviaré tus uniformes y algunos informes para que sepas que hacer y no le hagas caso a las demencias con las que a veces sale Harry
—Granger, que adorable eres, aun crees que voy a hacerle caso a Potter.
—Y ahí está Draco Malfoy, de nuevo. Por un momento pensé que estaba hablando con alguien que tomó poción multijugos
Me acabo de dar cuenta de que Malfoy es el ser más particular con el que me haya topado. Y eso que lo conozco desde que somos pequeños.
Llevo mi vista a la botella de vino y me doy cuenta de que hemos consumido ya toda la bebida, ¿pero a quien culpar? es el mejor vino, aunque si mal no recuerdo este vino ya lo había probado varias veces en las cenas del ministerio, pero hoy me supo al néctar de los dioses.
—De verdad, te lo agradezco Malfoy— le digo, volviendo a la realidad
— No te preocupes, Granger. Miralo como una tonta forma de remediar mis errores, si no fuera por Potter y tú, mi madre y yo estuviéramos en Azkaban. Te lo debo... se los debo a ambos— me dice en un tono de arrepentimiento, que jamás pensé escuchar de él.
Terminamos de comer y Draco ofreció pagar la cuenta, y después de insistir quien pagaba los cuarenta galeones, decidimos pagar la mitad cada uno.
Salimos del lugar y el frío me hizo estremecer y me abrace a mí misma.
—Los vientos de noviembre se acercan, eso decía mi padre— me dice él con una postura tranquila.
—Siento mucho lo de tu padre, Malfoy
—No lo sientas, está mejor donde está. No me generaría confianza si andará suelto. Era muy listo y obstinado; nunca se tomó bien la derrota.
—Parece que me estuvieras describiendo.
—Sus cosas en común si tienen, es por eso que también te molestaba, a veces tu actitud me recordaba a la de él. Mi madre decía que, en primer año, por poco el sombrero lo pone en Ravenclaw— dice con una sonrisa.
—Bueno, eso es terrorífico a mí me pasó lo mismo— le devuelvo la sonrisa.
—Es por eso que vistes de azul, aunque te queda muy bien ese color— dice mirándome de reojo mientras caminamos por la solitaria calle.
—¿Enserio me parezco a Lucius? — le pregunto de repente, asustándome un poco de parecerme a tal imbécil.
—No te preocupes, Granger. Sólo en lo nerd, mandona e ínfulas de Ravenclaw que no les pertenecen— continúa diciendo con una carcajada.
—Eres un idiota— susurro negando con la cabeza.
—Bueno Granger, fue un placer verte de nuevo, pero debo irme a recoger a Scorpius. Me agradó la charla que tuvimos fue...
— interesante, no sabía que podrías ser amable. Espero verte en el Ministerio.
— Cuenta con eso sabelotodo— y desaparece del lugar.
—Adiós, Hurón volador
Aparezco en mi casa ya que ya está tarde para regresar a la oficina, y me doy cuenta de tres cosas: primero, que después de mucho tiempo tuve un gran día; segundo, que debo comprar una botella del vino que tome en el restaurante y tercero, que Ron está en el sofá mirándome fijamente con reproche
—Pensé que estabas trabajando— Le dije, un poco sorprendida al verlo ahí, sentado y estático. Su rostro estaba claramente molesto.
—¿En dónde estabas? Fui al Ministerio a buscarte — me pregunta, bastante serio sin mover ni un músculo.
—Tuve una reunión, Ron ¿pasa algo grave? ¿Dónde está Rose?
—Está bien, está durmiendo.
—¿Entonces que pasa? — le pregunto bastante confundida por su actitud. Será posible que...
— Pasa que hoy quería sorprender a mi esposa, pero fui yo quien se llevó una gran sorpresa al enterarme por boca del secretario tuyo que andabas con MALFOY— Me dice aún más furioso, recalcando el apellido de Malfoy
Perfecto, justo hoy se le ocurre ir a mi oficina, cosa que jamás hace y lo atiende Antonio que desde que tengo memoria, adora echarle leña al fuego.
—Fue una reunión de trabajo. Él va a ocupar el puesto que TU dejaste tirado
—No me digas, que coincidencia— me dice sarcásticamente.
—Sí, fue una coincidencia, que justo hoy recordarás que tienes esposa y que justo hoy estuviera ocupada— contraataco bastante furiosa — esta discusión es inútil, si quieres vamos en un rato u otro día— le propongo, tratando de apaciguar está tormenta que se está formando.
—¿Sabes algo? Desde que estás en el Ministerio ya no tienes tiempo para mí ni para tu hija.
—Ronald eso no es cierto yo...
—Andas de reunión en reunión ¿empiezo a creerte o puedo sacar mis propias teorías? — quiere pelear, es obvio que está molesto por algo y se quiere desquitar
—Ronald... ¿sabes algo? piensa lo que tú quieras, no te tengo que dar explicaciones.
—"no te tengo que dar explicaciones" Mi abuela tenía razón ¿Qué puedo esperar de una libertina como tú?
—NO TE PASES DE LA RAYA, RONALD— Le levanto el tono de voz, tratando de no alertar a Rose. Siento que Ron, se está pasando.
—¿Y qué quieres que piense? si desde que nos casamos estás loca, pareces una... ni se cómo llamarte, no quisiste ponerte mi apellido, casi que me obligas a estar con los estúpidos aurores y ahora sales a encontrarte con quien sabe que sujetos, como si fueras una mujer soltera. Madura Hermione, a veces parece que no tuvieras un esposo y una hija— me escupe esas palabras, las cuales me hacen enojar aún más.
—Mira Ron, primero y que te quede Claro, sí acepté tu apellido, que no quiera dejar de usar Granger por amor a mis padres los cuales no están a mi lado, no tiene nada que ver; segundo acepté tu renuncia, lo que no aceptaré nunca es que te hayas retirado cuando estaban en una peligrosa misión, y a causa de eso Harry casi muriera, fue muy irresponsable que no hayas avisado con previo aviso; y tercero y muy importante, yo más que nadie conozco mis responsabilidades; hasta el momento a Rose no le ha faltado el amor de una madre y sus cosas... No quería decirlo, pero el único mal padre eres tú— suelto todo, sin saber si en todo lo que he dicho lo he lastimado, solo quiero hacerle sentir lo mismo que yo en este momento.
—Ahora el malo soy, soy un mal padre para mi hija.
—Si. No recordaste su cumpleaños, prometiste venir hoy a cenar con ella en lo que yo salía de la oficina, pero la única que pasó el día con Rose fue Camile, y cuando llegaste no tuviste ni la decencia de saludarla al menos.
Siento que mis palabras salen como balas, pero no puedo hacer de cuenta que todo está bien.
—Solo es un cumpleaños, tendrá más. Mañana le compro algo... ¿Sabes qué, Hermione? Contigo no se puede hablar— dice así nada más y sube las escaleras, dejándome ahí con la palabra en la boca.
Sin más que hacer, subo las escaleras hasta mi cuarto y me pongo el pijama. Si tuviera una lista en la que tenga los días con más sube y baja de mi vida, este estaría ahí incluido.
Mi alarma suena escandalosamente, lo que me hace saber que ya son las 5:00 am y debo alistarme para ir al trabajo.
Cuando termino de arreglarme, me veo al espejo y me gusta lo que éste refleja. No sé por qué, pero desde ayer siento que solté todo lo negativo que había en mí, y por primera vez en mucho tiempo volvió Hermione Granger.
Me acerco cautelosamente al cuarto de Rose y veo que duerme plácidamente, y como cada mañana le dejo un pergamino deseándole un lindo día acompañado de un chocolate.
Salgo y abro la habitación de invitados, y veo que Ron no está ahí, seguramente madrugó para no tener que verme... cobarde.
Todo transcurre con normalidad en el ministerio.
Ya son las 4:20 pm, Antonio me informa que ya le envió unas flores de mi parte a Mery y que la próxima semana debo ir a Roma a reunirme con el presidente de magia italiano.
Antonio se retira y deja pasar a Harry que acaba de llegar.
—Hola, Herms. Acompáñame a comer, y nos encontramos con Gin para comprarle el obsequio a Rose
—¿No es muy pronto? podemos comprarlo mañana— le digo con una sonrisa
—Nooo, Herms. No quiero que se agote lo que le quiero dar, no seas así, vamos— dice tajantemente, y como siempre lo logra, me convence. Y nos dirigimos a la salida del ministerio.
—Ayer me encontré con Malfoy — le menciono el suceso, para ver su reacción
—¿Qué? ¿enserio? Eso es un alivio ¿de qué hablaron? ¿si aceptó? — me dice con una sonrisa divertida
—Hicimos los pases y le comenté del trabajo, le dije que esperaba verlo por este lugar muy pronto.
— ¿de qué más hablaron? — me pregunta de manera bastante sugerente.
—De nuestra vida fuera de Hogwarts, nuestros hijos y otras trivialidades.
Cuando llegamos al callejón Diagón, recorremos las calles buscando a Ginny, uno que otra persona se nos acerca para pedirnos una fotografía o un autógrafo, ser sobreviviente a la guerra trae consecuencias ¿Qué puedo decir?
Unos metros más adelante, dimos con Ginny, para ser honestos su larga cabellera roja es un punto focal para hallarla fácilmente. Cuando nos ve, se lanza a saludarnos con su efusivo abrazo, ella literalmente me recuerda mucho a Rose.
—Hola chicos ¿muchos chicos malos en el trabajo?
—Hola Ginny. Algo así, estamos tras la pista de un degenerado para hacerlo pagar.
—Esa es mi chica — me dice, mientras se cuelga del brazo de Harry
—Gin, a que no adivinas con quien se encuentra Hermione últimamente— le dice Harry, obviamente me está provocando típico de él
—A ver, dime— dice Ginny, mirándome con la intención de buscar un rastro de información en mi rostro
—Con Malfoy. Te lo dije, están destinados a estar juntos.
Esa insinuación descarada de Harry me hace tropezar un poco y me detengo inmediatamente, ellos devuelven su mirada burlona hacia mi
—Harry Potter, te estás buscando un golpe muy fuerte, además, sólo nos vimos por motivos laborales, deja de hacer teorías locas, y ¿a qué te refieres con que "te lo dije"?
—Le dije que te gustaba cuando éramos niños, Ginny y yo estamos casados y no nos guardamos secretos— me dice Harry, mientras continuamos nuestro camino.
—Te equivocas, lo que son ustedes dos son un par de chismosos, eso es lo que son. Agradecería que dejáramos el temita de mi infantil enamoramiento de la infancia estancado— les dije muy tajante a ese par de viejas chismosas.
—Okey señora Granger, punto y aparte, pero si nos das la oportunidad de fastidiarte, estamos en el deber moral de hacerlo— me dice Ginny, no lo voy a negar me dan ternura parecen un par de niños.
Finalmente llegamos a la tienda que Harry buscaba. Era una especie de galería mágica, allí había todo tipo de pinturas, y nos acercamos al mostrador en donde se encontraba Dean que curiosamente era el dueño del lugar.
—Miren a quien tengo el placer de volver a ver, chicos cuanto tiempo— dice Dean, sorprendido al vernos.
—Hola Dean ¿Cómo está todo? — le pregunta Harry, mientras uno por uno nos acercamos a abrazarlo
—Nada mal, al contrario, por aquí, todo marcha excelente ¿les puedo ayudar en algo?
—Queremos comprarte un kit de pintura, con lienzo y todo, pero quiero unas acuarelas especiales ¿tienes esas que producen movimientos mágicos en las imágenes? — pregunta Harry
—Tienes suerte, esas son las que más compran y más rápido se agotan, no saben todo lo que tengo que hacer para tenerlas en la tienda.
Dean, finalmente le pasa a Harry el empaque con la compra y salimos de la galería.
Ahora recuerdo la razón del regalo de Harry. Pasó hace meses, Rose le regaló a Harry un lindo dibujo en donde aparecía él peleando contra un basilisco, para salvar a Ginny, casualmente es la historia favorita de mi hija. Seguramente al ver las cualidades artísticas de Rose, lo motivó a darle ese hermoso detalle.
—Es precioso Harry, a Rose le va a encantar— hurgo en el interior del paquete para ver el contenido.
—Yo sé que sí, su tío favorito es muy ingenioso, nadie la conoce como yo— dice Harry, levantando la cabeza con orgulloso
—Te faltó añadir humilde— se le escapa a Ginny haciéndonos reír a los tres.
Después seguimos caminando un par de cuadras más y compramos algunos adornos para la fiesta, y el pastel.
—Ginny. Si te soy sincera, me incomoda usar haditas como adorno— le digo, al ver la jaula con las criaturas
—o son las Hadas, o disfrazo a un duende de jardín, y sabes que las manualidades no son lo mío exactamente
—Está bien, pero en cuanto pueda las libero. Eso es cruel— de verdad que no me gusta que las usen como decorativos, son seres vivos. Ya estoy pensando en una ley que las proteja.
Después de tantas compras, me aparezco en mi casa. Observo a Ron viendo la tele, y de alguna manera me complace verlo en casa temprano.
—saliste temprano— le digo, pero él no aparta la vista del televisor
—tu igual— me dice sin voltear a verme
—Si, estamos tras la pista de Fall, los pegasos están más controlados, y bueno aproveché para pasar el resto del día, y acompañar a Harry y a Ginny al callejón Diagón. A propósito, Ron ¿Dónde está Rose? le quiero mostrar las haditas que compramos, me gustaría que les diéramos de comer junt...
—está durmiendo— me interrumpe groseramente, y se levanta del sillón para dirigirse al segundo piso.
Es obvio que necesitamos hablar seriamente. Temo lo peor, pero es algo que ya no se puede ocultar... algo anda muy mal, no quiero que esto llegue a afectar a Rose.
Decido subir, y abro la recamara y veo que se está organizando para salir.
—Tenemos que hablar ¿Qué pasa contigo últimamente? — le digo con temor a ser ignorada.
—Que ya me estoy cansando Hermione, eso pasa— me dice después de soltar un suspiro
—Pero ¿qué te he hecho? — le digo, reteniendo con todas mis fuerzas las lágrimas causadas por mi corazón que se está rompiendo en mil pedazos
—Todo está mal, ya casi ni nos vemos, te la pasas en reuniones "de trabajo"... No sé si tengo una esposa o estoy viviendo con una desconocida, con la que lo único que tengo en común son nuestros amigos y una hija— Me dice, mirándome con sus profundos ojos azules.
—Tu tampoco ayudas mucho Ronald, como siempre sales y te vas dejando un desastre en el camino. Huyes siempre huyes. No me voy a disculpar por ser como soy, si hay algo malo que tenga que cambiar lo haré, pero hasta el momento jamás te he irrespetado. Intento que nuestra relación sea lo mejor posible, pero tú no pones de tu parte— le digo, y siento como las lágrimas que estoy evitando retener se rebelan y escapan cantaros.
—En ocasiones siento que, no somos el uno para el otro como pretendemos suponer—me dice finalmente, y pasa por mi lado hacia la salida, dejándome de nuevo con la palabra en la boca.
