—Waw, señor. Usted si sabe mover las caderas—Dijo Finn nervioso cuando él y el maestro David Martínez se quedaron solos en medio del salón.
El timbre ya había sonado varios minutos atrás, el señor Shult ya se había retirado,pero aún así las chicas y Kurt tardaron en irse.
—Oh, ¿Enserio? Gracias—dijo el profesor con su inexplicable y sexy acento de Puerto Rico, sin dejar de tomar sus objetos del salón.
—Sí claro. No pensé que se pudiera mover las caderas de esa manera—dijo Finn sin apenas poder mirar los ojos del señor Martínez.
—Pues, si quieres, yo te podría enseñar—y dicho eso, el señor Martínez guiñó un ojo.
Finn se sintió contrariado y sumamente confundido. ¿Acaso el señor Martínez le estaba coqueteando?
….
—Dime Finn ¿te gustaría o no?—dijo con una gran sonrisa el maestro.
—Yo...—dijo tragando un poco de saliva Finn.
David no esperó una respuesta de Finn solo escribió en una tarjeta en blanco que sacó de su chamarra su número telefónico y su dirección.
—Espero te animes. Me gustaría enseñarte cómo mover las caderas—dijo Martínez entregando la tarjeta a Finn.
—Yo… yo… este—tartamudeo Finn.
—Solo piensalo guapo—dijo Martínez saliendo del salón pero dejando un guiño y una sonrisa tras de él.
