El señor Martínez caminaba entre los pasillos del salón, entregando a los alumnos los exámenes calificados. Al llegar al lugar de Finn, frente a él, dejó su examen reprobado. No había ni una sola respuesta escrita.
Finn se puso blanco, sintió un frío recorrerle el cuerpo y un hueco en el estómago.
No sabía que iba a hacer con ese examen reprobado, ahora no podría graduarse, inclusive lo iban a expulsar.
— ¿Algún problema con tu calificación Finn? —preguntó el señor Martínez irónicamente, de pié, al frente del salón.
—Yo…—dijo Finn al punto del llanto—. No puedo sacar esta calificación. Yo…
—Es la calificación que te mereces. Vamos, ni siquiera traes pantalones.
Entonces Finn se dio cuenta que no tenía ropa y todo el salón comenzó a reír, burlándose de él. De inmediato tomó su cuaderno para tapar su entrepierna.
—Amenos que quieras negociar tu calificación—dijo el señor Martínez—. Comenzando a desabrochar su propio cinturón.
De inmediato todo el salón estalló en burlas hacia Finn. Éste solo miraba las muecas burlonas de sus compañeros de salón.
— ¿Entonces? ¿Quieres pasar o no? —dijo el señor Martínez señalando su cinturón desabrochado
—Vamos-. Le dijo Kurt, sentado a su lado—. Te va gustar.
De pronto todo el grupo comenzó a repetir burlonamente lo que acababa de decir Kurt.
—¿Finn?-Dijo impaciente el Señor Martínez.
Finn se puso de pié avergonzado y caminó hacía el señor Martínez, ante la burla de sus compañeros, que le arrojaban bolas de papel en su trasero desnudo.
—Recárgate en el escritorio-ordenó el Señor Martínez cuando Finn estuvo cerca.
Finn obedeció y, dejando su cuaderno a un lado, recargó su pecho en el escritorio. Dejando su trasero expuesto. El señor Martínez se acercó por detrás. Finn pudo escuchar entonces como el pantalón del señor Martínez cayó al piso. Y luego, pudo sentir como sus melocotones eran tomados por el señor Martínez para ser separados y dejar su orificio expuesto. Pronto los dedos ensalivados del profesor latino comenzaron a girar en el orificio de Finn.
—Miren. Le está gustando-. Dijo burlándose Puck, señalando el abundante pre-semen que expulsaba Finn y que ya había formado un charco en el piso.
—Relájate o te dolerá—dijo el señor Martínez.
Finn tragó saliva aceptando su doloroso destino, en medio del escándalo y las miradas de sus compañeros.
De pronto los ojos de Finn se abrieron de par en par, bañado en sudor en medio de su cama. Había sido un sueño, uno muy realista, pensó Finn al sentir pegajosa su entrepierna. Seguramente haber visto al señor Martínez interpretar "La Isla Bonita" le había provocado ese sueño.
