Finn está fuera de la puerta del departamento del señor Martínez. Su boca está reseca, su corazón late con la fuerza de un tambor y la adrenalina hace hervir su corazón. Revisa que el aroma de su perfume siga en su cuerpo para luego revisar que el condón que lleva siga en el lugar dónde lo dejó,en el bolsillo trasero de sus jeans.
Siente el bulto metálico de la bolsa del condón y se pregunta si no es muy pretencioso llevarlo. ¿Y sí está malinterpretando la situación? Tal vez es solo una clase de baile y ya.
Da igual. Finn voltea a ver los rayos del atardecer fuera del edificio, da un suspiro y voltea a ver la puerta del apartamento. Traga saliva y con su tembloroso dedo índice derecho toca el timbre del apartamento. Se escucha el timbre detrás de la puerta y luego se escuchan unos pasos que se acercan para luego detenerse.
Finn se siente exhibido, seguramente se trata del señor Martinez mirando por la mirilla. Finn sonríe nervioso y muestra la palma de su mano derecha en señal de saludo.
La puerta se abre dejando ver la radiante sonrisa del maestro Martínez.
—Finn, que puntual—dice Martínez con su sexy acento puertorriqueño.
Finn aún conserva su sonrisa nerviosa.
—Hola señor Martínez—.
Finn puede percibir la mirada de Martínez bajando por su cuerpo, mirando su camisa a cuadros blancos y negros, su chaleco negro tejido, sus jeans azules y sus tenis desgastados. Luego voltea a ver a todos lados, especialmente la puerta del departamento vecino para luego decir:
—...y que guapo vienes-sonríe Martínez.
Finn no sabe cómo responder, solo reacciona con una sonrisa.
—Pasa-dice Martínez haciéndose a un lado para dejar pasar a Finn.
Entonces Finn puede ver por completo al maestro Martínez. ¡Waw, se ve muy sexy!. Martínez viste unos oscuros jeans y una playera negra de mangas tan cortas que dejaba ver gran parte de sus tonificados brazos. La ropa es tan ajustada que parece que apenas puede contener el sexy magnetismo latino de Martínez. Finn cruza discretamente sus manos para ocultar lo que empieza a crecer en su entrepierna.
Finn da un suspiro antes de comenzar a caminar al interior del departamento, nervioso atraviesa el umbral, descubriendo el departamento de Martínez. Es un departamento sobrio y moderno. Solo hay un sofá, una consola de tv con su respectiva pantalla y un antecomedor con solo cuatro sillas. Todo el mobiliario era negro contrastando con las paredes completamente blancas. Se nota que este es el hábitat de un hombre soltero.
—Bien ¿quieres algo de beber?—pregunta Martinez después de cerrar la puerta.
—Oh, sí—dice nerviosamente Finn, cubriéndose la entrepierna con las manos.
—Ponte cómodo—dice Martínez dirigiéndose a la cocina por el vaso de agua de Finn.
—Sí, gracias.
Finn aprovecha que Martínez lo deja solo para acomodar su erección y disimularla. Para luego darse cuenta que está en medio de la sala sin saber qué hacer. ¿Debería sentarse? ¿O a qué se refiere el maestro con ponerse cómodo?
—Oh, veo que ya quieres empezar-dice Martínez cuando regresa y ve a Finn aún de pié.
Oh, yo… sí, sí-dice Finn recibiendo el vaso que Martínez le ofrece con una mano, mientras que con la otra sigue cubriendo su entrepierna.
—Perfecto, me gusta esa actitud—dice Martínez.
Finn bebe de su vaso aún nervioso.
—Ahora, dame esto que te va a estorbar. Aquí te va a esperar-dice Martínez retirando el vaso de las manos de Finn y colocándolo en la mesa—. Además te sugiero que te quites ese chaleco porque solo te va a estorbar.
Finn obedece y, nervioso, se quita la prenda que señaló su maestro.
—Puedes ponerlo en el sofá.
Finn obedeció.
—Bueno, ahora vamos a calentar un poco el cuerpo—dice Martínez mientras pone sus manos en la cintura y comienza a mover su cabeza de un lado al otro-.
Finn, rió para sus adentros. Si Martínez viera la entrepierna de Finn sabría que no necesita calentamiento.
—Vamos ¿qué esperas?—dice Martínez al ver que Finn no lo sigue.
Martínez continúa con varios movimientos corporales, Finn imita cada uno de los movimientos que hace su maestro, teniendo sumo cuidado de que su erección permanezca oculta.
El ritual parece extraño, está cargado de erotismo, tensión y un poco de incomodidad. Pero Finn lo está disfrutando.
-Suficiente pasemos al baile. Bachata ¿está bien Finn? Creo que es la música ideal para aprender a mover las caderas-dice mientras conecta inalámbricamente su celular a las bocinas del departamento.
—Sí, está bien. Lo que usted diga—dice Finn paralizado en medio de la sala.
—Listo—dice Martínez al escuchar la música invadiendo el ambiente y dejando su celular en la consola de TV.
"Que bien te ves.
Te adelanto, no me importa quién sea él.
Dígame usted,
si ha hecho algo travieso alguna vez…"
Finn intenta entender algo de lo que dice la canción, pero se da cuenta que el español aun no lo entiende muy bien.
Ahora vamos, ven- dice Martínez, toma con su mano derecha la cintura de Finn, mientras que con su izquierda toma la mano del joven y la eleva a un costado de su cuerpo-. Tomarás el papel de mujer por ahora para que te muestre como se hace, después cambiaremos el rol ¿está bien?
Finn se sonroja y asiente con la cabeza.
—Es simple el ritmo es el siguiente: un dos tres, pausa, cinco, seis, siete, pausa. El movimiento lo lleva la cadera, se mueve de un lado al otro. A ver, intentalo—dice Mertínez moviendo la cadera de un lado al otro.
Finn lo intenta pero francamente es un desastre. Martínez sonrie con compasión y un poco de ternura.
—Déjame enseñarte-dice Martínez.
El profesor Martínez toma las caderas de Finn y las pega con las suyas, sin que quede espacio entre los dos.
—Siente el ritmo—dice Martínez moviendo las caderas—. Un, dos, tres… cinco, seis, siete.
Las pelvis de ambos se rozan, el pecho de ambos está unido, las respiraciones pueden sentirse, los rostros están separados por unos cuantos centímetros y la mirada de Martínez clavada en la de Finn. La situación hace que a Finn le cueste trabajo mantenerse cuerdo y se siente angustiado porque Martínez no deja de restregarse contra su erección, espera que el maestro no la haya notado.
—A ver, intentalo
Finn lo intenta pero no se nota progreso alguno.
—Mmm… a ver si esto funciona—y diciendo eso Martínez se da la media vuelta y pega su culo a la pelvis de Finn, este sorprendido aleja aleja su cadera de su profesor.
—Regresa a la posición—le dice Martínez—. Tienes que sentir el ritmo.
—Sí, profesor.
Finn obedece pero intenta mantener cierta distancia, distancia que Martínez rompe al volver a estrellarse una vez más contra su alumno. Y al momento Martínez comienza a mover sus caderas. Finn se queda paralizado al sentir el carnoso trasero de su profesor moverse contra su erección. Es incapaz de moverse solo pone los ojos enblanco incapaz de coordinar.
—Waw, si que estás duro eh-dice Martínez de manera despreocupada pero atento a la reacción de Finn.
—Eh. Yo… lo siento—dice Finn separándose de Martínez avergonzado.
—¿Por qué? Con ese tamaño no tienes de qué avergonzarte.
Finn, solo traga saliva y su rostro se pone rojo como tomate.
—¿No quieres que solucionemos eso?—dijo Martínez acercándose a Finn hasta que sus labios quedaron a milímetros de los de Finn.
—Yo…—. Traga saliva Finn—. Sí, me encantaría—dice antes de juntar sus labios con los de Martínez.
Finn no tiene idea de cómo besar pero por fortuna Martínez sí. El profesor hace gala de sus experimentados labios. Martínez es suave y ágil. Los labios de Finn se encuentran presos en los de Martínez, así que solo se deja llevar.
—¿Vamos a la habitación?
Finn solo asiente con la cabeza. Su respiración es tan agitada que no puede hablar.
