El señor Darcy partió Pemberley hacia Longbourn, luego de volver a leer varias veces las cartas que Elizabeth le había enviado desde la casa del señor y la señora Bennet, tras su cruel expulsión de la propiedad de los Darcy unas semanas atrás, y las comparó con la carta que con engaños, Wickham le había hecho llegar.

Sentado tras el escritorio de su despacho leyó la carta que el oficial Wickham, no pudo evitar pronunciar algún insulto por la manera inhumana en la que relataba los hechos, y luego continuó con las cartas de Elizabeth; las había leído con más calma, prestando más atención a los eventos descritos, esperanzado con encontrar algún motivo que le permita volver a confiar y traer a su esposa a casa.

Nunca esperó que fuera aquel hombre, ni siquiera sospechó que el padre del hijo que Elizabeth había perdido en ese aparatoso accidente de camino a Pemberley en el pasado, cuando volvía después de haber visitado a sus padres en uno de sus lujosos carruajes; podría haber sido de aquel oficial. En el pasado Elizabeth había defendido a Wickham vivamente de él, acusándolo de haber llevado al oficial a la ruina, aunque en ese entonces; le fue difícil imaginar que los deseos por proteger y ayudar a Wickham, eran motivados por el interés romántico que ella sintió por él.

Quería creer en su esposa, pero cómo hacerlo cuando toda la historia de Wickham estaba tan bien argumentada y llena de una coherencia, que encajaba tan bien con los eventos que recordaba del pasado. No obstante, le dolía enterarse que ella siguiera queriendo al oficial y que permaneció en contacto con él, esperanzada con poder vivir a su lado; no podía creerlo, después de que la abandonó de forma ruin tras enterarse de su embarazo, Elizabeth aún lo quisiera.

Estuvo en un estado de perturbación durante todo el camino a Longbourn, asaltado por los pensamientos confusos que albergaba en su cabeza durante todo el viaje. Al llegar frente a la propiedad de los Bennet se bajó de su carruaje y esperó ansioso ser anunciado por la criada, para luego pasar a la salita.

El ceño de la señora Bennet estaba tan fruncido que daba la impresión de que sangraría en cualquier momento, la cual no se abstuvo de expresar su disgusto por el presente y hacer todo tipo de comentarios groseros hacia su yerno, como se le había hecho costumbre, refunfuñando por la manera en la que se deshizo de su querida Lizzy, dejándose llevar por las mentiras que le había contado el oficial Wickham, mientras que todos los demás miembros de la familia se veían muy sorprendidos por la repentina aparición del señor Darcy, pero en el fondo, felices de que el presente estaba de pie en medio de la salita, con los ojos clavados en Elizabeth, quien no había dejado de llorar a mares desde su llegada a Longbourn.

Jane, la hija mayor de los Bennet, se había casado unos años posteriores a su hermana con el señor Bingley, el mejor amigo de Darcy, quien se siguió de visita en casa de sus padres, no tardó en arreglárselas para sacar al resto de la familia de la salita y dejar a Elizabeth y Darcy solos, para que podrían conversar a gusto.

—Señor Darcy, por favor, tomé asiento — sugirió Elizabeth, pero este no respondió y tampoco hizo amago de cumplir la sugerencia.

Elizabeth se quedó de pie, intentando verse calmada bajo la inspectora mirada de Darcy.

—Me honra con su presencia, señor Darcy — mencionó Elizabeth—, sin embargo, su visita nos ha tomado por sorpresa, me temo que no hemos preparado ...

—Los motivos que me han traído ante su presencia durante esta agradable tarde, no han sido movidos por la rabia, más bien, por la desesperación de obtener alguna explicación sobre los motivos que ha de haber tenido usted, para ocultarme la verdad — la interrumpió con un tono firme en su voz, pero sin ocultar su curiosidad.

Elizabeth pasó saliva ruidosamente.

—Son los mismos motivos que usted, señor Darcy, ha conocido desde un principio y por los cuales me he forzada en aceptar su propuesta de matrimonio en el pasado… la vergüenza y el miedo de ser la causante de la ruina de mi familia— Respondió al fin Elizabeth.

El señor Darcy asintió. Se quitó y sujetó el sombrero con nerviosismo.

—Comprendo su miedo más que nadie, señora Darcy, también he sido víctima del mismo, y me he visto impulsado en decisiones tomar apresuradas en el pasado, pero, honestamente, ¿Creía que me había convertido en un merecedor de su confianza? Debido a que le he demostrado en más de una ocasión que, podía confiar en mi persona en todo momento. Eso había evitado que la verdad me fuera revelada por personas inadecuadas como ha sucedido, ¿No está usted de acuerdo ?.

Los ojos oscuros de Elizabeth se llenaron de lágrimas e impotencia. No sabía qué decir o hacer para recuperar la confianza de su esposo, cuando ella no había confiado lo suficientemente en él y en consecuencia, había terminado hiriendo su orgullo.

—No creí que Wickham volvería a aparecer en nuestras vidas después de tantos años, sólo para revelarle una verdad que me avergüenza ante usted — dijo Elizabeth en su defensa.

—Esperaba usted, ¿Qué el oficial Wickham apareciera de nuevo en su vida y está vez, se aseguraría de que la conducirá consigo? —La cuestionó con dureza y el corazón se le aceleró esperando una respuesta negativa.

—¡No, no es así, señor Darcy! —Exclamó Elizabeth con energía dejándose caer sobre el asiento.

—Sin embargo, Ni siquiera el hecho de saberlo en la ciudad, pudo hacerla titubear sobre replantearse la resolución del problema, ¡¿No creyó usted conveniente que necesitaría yo, ser conocedor de la verdad, sobre quién era aquel hombre para usted y el papel que desempeñaba en nuestras vidas en realidad?! - Darcy fue elevando el volumen de su voz, mientras formulaba la pregunta.

Las lágrimas que Elizabeth contenía en ese momento se deslizaron por sus mejillas.

—¡¿Ha pensado usted, en lo desdichado en que me ha convertido, por su disposición en guardar silencio respecto al tema… cuando Wickham, una persona que ha intentado destruir mi familia por todo los medios, insinuó que nuestro hijo Dorian, era suyo, creyéndolo el bebé que ha perdido usted años atrás?!—continuó Darcy mientras se paseaba de un lado a otro, con exhalación por la salita.

Elizabeth lo miró arrepentida de sus acciones y las decisiones que tomó en el pasado y dijo:

—Los prejuicios que guardaba hacia su persona me habían conducido hacia mis más grandes desgracias, sin saberlo…, había dejando que Wickham utilizara mi resentimiento hacia usted y a la vez, me convirtiera en una daga de doble filo que usaría en su contra, más adelante para lastimarlo, confiado en los sentimientos que usted parecía tener hacia mi persona, a sabiendas que dichos sentimientos le impedirían haberme dado la espalda cuando más ayuda necesitaría en aquel momento; sentimientos de los cuales no tenía conocimiento hasta el momento en que recibí una propuesta de matrimonio de vuestra parte… por otro lado, nunca supe que Wickham trató de dañar a Georgiana, hasta el momento en que me vi casada con usted y tampoco supe cuales eran las verdaderas intenciones que tenía Wickham conmigo, hasta el instante en que me abandonó, tras haberle dado la noticia sobre mi estado—confesó Elizabeth dolida por las insinuaciones de su esposo.

—¡¿Espera usted que crea eso?!—la voz de Darcy se hizo más grave y se detuvo en medio de la salita para observarla.

—¡Es la verdad!—gritó Elizabeth poniéndose de pie, logrando avanzar un par de pasos antes de que Darcy retrocediera.

—Sí, estoy consciente que… no existía una forma de que usted supiera sobre la situación de mi hermana, si eso le brinda algún tipo de consuelo. Sin embargo, aquel hombre la ha acusado de ser parte de sus engaños y haber confabulado con él para dañarme y apoderarse de mi fortuna—dijo Darcy observando atentamente la reacción de Elizabeth.

La expresión de Elizabeth no mostró más que horror y sorpresa al enterarse de lo que Wickham realmente le había contado a Darcy.

—¡Es el mayor de los embustes, señor Darcy!—gritó sorprendiendolo, para luego guardar la compostura, volviendo a sentarse en su lugar para no caer al suelo de bruces—. Todo lo que ha ocurrido me lo he buscado yo misma, lo sé, por no haber sido capaz de diferenciar lo que tramaba Wickham en su contra señor Darcy y haber creído, ciegamente, en todas sus falsas promesas de amor que él me había hecho, haciendo alusión a los supuestos sentimientos que decía tener hacia mí—Elizabeth se apartó con rabia las lágrimas de las mejillas, para luego continuar—. Sobretodo, yo nunca pedí su ayuda. Nunca quise su dinero. Nunca esperé que la persona que me brindaría una salida para mis desgracias, sería usted, la persona que en algún momento, por mis tediosos prejuicios llegué a detestar con el alma. Ni siquiera tuve la oportunidad de negarme ante su propuesta, ya que usted se había enterado de alguna forma de mi estado en aquel momento, y había confesado a mis padres el hecho de que estaba gestando y asegurando ser el padre de dicho hijo.

—¡¿Que quería que hiciera, cuando la mujer que amaba pasaba por una situación tan desafortunada?!—preguntó Darcy indignado.

—¡Dejarme elegir!—le gritó Elizabeth—. No me dejó elegir si quería o no, casarme con usted y mucho menos, me dio la oportunidad de buscar otra forma de solucionar las cosas. No había forma de que mis padres se tomaran la libertad de consentir los caprichos de una de sus hijas de no querer casarse, no después de la confesión que recibieron de parte de usted, señor Darcy, y más, cuando les había dejado claro sus intenciones de querer casarse lo antes posible.

—Todo lo que hice, fue pensando en su bienestar—reparó Darcy, dudando en si debía acercarse a ella.

Elizabeth lloró un poco más, apenada.

—Yo más que nadie, sé que sus intenciones conmigo siempre fueron buenas, señor Darcy... pero, ambos sabemos que su propuesta tenía un trasfondo muy obvio… no lo juzgo, sin embargo, me hubiera gustado tener la oportunidad de elegir si debía casarme o no con usted, no obstante, no tuve la oportunidad de hacerlo. Una vez casada, la opinión que tenía hacia su persona cambió por completo y comencé a sentirme angustiada, cuando mis sentimientos empezaron a cambiar respecto a usted—dijo Elizabeth avergonzada, mirando a Darcy ensimismado en sus pensamientos por unos segundos.

—Trata usted de expresar, que la razón por la que ha decidido guardar silencio ¿Es por el hecho de haber desarrollado sentimientos hacia mi persona?—la cuestionó, paralizado de miedo por la posible respuesta a esa tediosa pregunta, que al instante lamentó haber hecho.

Elizabeth titubeó ante su pregunta.

—Planeaba confesarle la verdad sobre quién era el padre de ese hijo que no pude sostener en mis brazos, pero al enterarme por Georgiana sobre los verdaderos motivos de la enemistad que existía entre usted y Wickham; tanto, por cómo intentó casarse con su hermana para conseguir la dote de la misma y descubrir que todo lo que Wickham me había dicho sobre la herencia que vuestro padre le había heredado a él y sobre usted, era una vil mentira; tuve miedo de la reacción que tendría al enterarse que el hijo que esperaba era de ese hombre que tanto usted detestaba, señor Darcy…

—Nunca los hubiera lastimado—murmuró con voz quebrada.

—Lo sé, pero no quería arriesgarme—dijo empuñando la delicada tela de su vestido con las manos—. Preferí callar y guardar esa verdad para mí, y optar que el silencio protegiera a mi hijo de su posible rabia, sin embargo, nunca conté con volver a ver a Wickham en mi vida y mucho menos, que mi hijo moriría antes de poder nacer—se lamentó Elizabeth, mientras Darcy la miraba con una expresión de horror en su rostro.

Darcy atravesó la salita dando grandes zancadas hasta llevar hacia Elizabeth, dejándose caer de rodillas a sus pies y sintiendo remordimiento de ser el causante de sus lágrimas, cuando él también le había ocultado muchas cosas en el pasado.

—Mi intención, nunca fue dañarlo… créame, señor Darcy—murmuró sollozando y él asintió convencido de que los sentimientos de Elizabeth hacia él eran genuinos, no cabía dudas—. No merezco su cariño—se cubrió el rostro con las manos.

—Me temo que yo tampoco, he sido un digno merecedor de su afecto, mi querida señora Darcy—le dijo afligido y ella dejó caer sus manos para mirarlo confundida.

—¡Eso no es verdad!—exclamó Elizabeth.

Darcy le tomó las manos.

—No he de negar que hice todo lo que estuvo en mis manos para hacerla mi esposa, sin tomar en consideración cómo se sentía usted respecto a mí y sin tomar su opinión en cuenta, en referencia al tema de su embarazo y nuestro matrimonio. Mi actuar no fue superior al suyo mi querida señora Darcy—dijo apartando las lágrimas de las mejillas de su esposa—, Cuando me enteré de su estado, me dejé llevar por la desesperación de poder ser separado de usted, por el hombre cuya identidad desconocía en ese momento y tuve miedo e incluso, hice caso omiso a mi orgullo, que me decía que lo más sensato era alejarme de su persona. No quería arriesgarme a que ese hombre se arrepintiera algún día, de haberla abandonado en un momento tan inoportuno, razón por lo que me he determinado en apresurar las cosas y mover todas mis influencias para hacerla mi esposa lo más rápido posible, antes de que ese hombre apareciera y me alejara de usted definitivamente. Admito que todo lo que hice, lo he hecho buscando mi propia conveniencia, más que la suya—dijo Darcy apenado y evitando mirar a Elizabeth a los ojos.

—Si hubiera encontrado el valor para revelarle la identidad de Wickham a usted, cuando me ha propuesto ser su esposa… Me atrevo a decir, que en este momento no lo sería—dijo con un ápice de culpa y dolor en sus palabras.

Darcy sacudió la cabeza en negación.

—De igual modo, no habría desistido de hacerla mi esposa—sonrió con genuina devoción hacia su querida Elizabeth y estampando un casto beso en el dorso de su mano—. Sin saber quién era el hombre de su pasado en lo absoluto, ya tenía resuelto casarme con usted. No creo que saberlo hubiera influenciado de alguna manera mi decisión… solo no quise correr el riesgo de ser rechazado por usted, por lo que opté en contarle todo a sus padres antes, confiado en que ningún padre en su sano juicio se atrevería a rechazar una propuesta de matrimonio, cuando su hija estaba esperando un vástago sin haber contraído matrimonio—dijo sonriendo con sorna al recordar el momento de su confesión y la reacción del señor y señora Bennet en ese momento.

Elizabeth le devolvió la sonrisa de la misma forma que él lo había hecho y sintiéndose satisfecha de la respuesta de su amado esposo y el malentendido entre hechos resuelto, se limpió las lágrimas dejándose llevar por el sentimiento de alegría que la envolvía en esos momentos. Escucharon como Dorian entraba corriendo, seguido de Mary en la salita, que intentaba interceptar al pequeño para evitar la interrupción. Darcy se giró viéndolo avanzar rápidamente hacia él, con los brazos extendidos y una gran sonrisa que no demoro en devolver y estrecharlo en un fuerte abrazo cuando llegó hasta donde él se encontraba. El señor Darcy notó como la familia se ocultaba para espiar la situación de los cónyuges tras la puerta, cuando Mary salió corriendo enrojecida de la salita y la puerta quedó entreabierta.

Se puso de pie con Dorian colgado de su cuello y le extendió la mano libre a su esposa sonriendo con timidez, para luego decirle:

—Vayamos a casa — murmuró sonriendo de un modo muy afable, cuando su amada señora Darcy no dudó en tomarlo de la mano para marcharse con él de regreso a su hogar.