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Capítulo 35
35- «Sí, vuelve a haber muertes. Es muy importante que todos tengamos mucho cuidado a partir de ahora, cualquier fallo podría costarnos la vida. Te escribiré tanto como pueda, pero es posible que mis cartas no te lleguen…»
-De Sirius para Leah, 6 de enero de 1980.
Apenas comenzaba a llover en Londres, aunque ya era prácticamente de noche. Pronto serían las cinco y media y todas las oficinas y gran parte de las tiendas comenzarían a cerrarse, acabando así el día laboral. Precisamente por eso Margaret Lincoln, una joven estudiante de derecho que trabajaba algunas tardes como recepcionista en el bufete de abogados Simmons and sons se quedó tan extrañada al ver aparecer a esos dos muchachos en la puerta de las oficinas.
La chica llevaba un jersey grueso cubierto por una sencilla cazadora marrón, unos pantalones vaqueros desgastados y su cabello voluminoso y rizado parecía haber atrapado las pocas gotas de lluvia del exterior, presentando algunos mechones mojados que caían sobre las sonrojadas mejillas de la joven.
A su lado la acompañaba otro chico rubio, alto y delgado. Sus facciones eran duras y marcadas, con pómulos altos y unos ojos grises que por un momento le provocaron un intenso escalofrío a Margaret. Él vestía completamente de negro y su ropa, a pesar de ser elegante, le pareció algo anticuada.
—¿Puedo ayudarles en algo? —preguntó Margaret, poniéndose recta detrás de su mostrador y sonriendo, algo nerviosa. Esperaba que esos dos chicos no fueran a entretenerla más de lo necesario, pues le dolían los pies y quería irse a casa pronto.
Cuando los jóvenes se acercaron más a ella, Margaret se percató de que probablemente no habían llegado ni a los dieciocho años aún. ¿Qué hacían dos críos como esos allí?
—Hola, estamos buscando al señor Simmons, por favor. —Fue la muchacha quien habló, mientras el rubio daba un paso atrás y se quedaba observando con gesto pétreo.
—¿Señor Simmons padre o señor Simmons hijo?
Hermione frunció los labios y se giró hacia Draco un instante, sin saber qué responder. El Slytherin se adelantó, aparentando más frialdad y aplomo que ella, sin duda.
—Señor Simmons padre, por favor.
Margaret se aclaró la garganta.
—El señor Simmons no está en Londres, se encuentra realizando un viaje por Asia junto a su esposa.
Draco tuvo que controlarse para no poner los ojos en blanco ante esa respuesta.
—Me he confundido. Quería decir señor Simmons hijo.
Margaret suspiró y bajó la vista, dirigiéndola a una pequeña agenda oscura que sujetaba entre sus manos.
—¿De parte de quién?
—Somos amigos de la familia —respondió Hermione al cabo de unos segundos.
Margaret no levantó la mirada al escuchar eso, sino que pareció repasar las páginas de esa agenda durante unos segundos más antes de volver a dirigirse a ellos.
—Lo lamento, pero el señor Simmons hijo está muy ocupado y me temo que no podrá atenderlos sin cita previa.
—¿Cita previa? —preguntó Hermione con un hilo de voz.
—Puedo darles cita para el día cinco de enero a las diez y media de la mañana, ¿qué les parece?
¿Cómo iba a parecerles bien? El día cinco de enero debían estar ya en Hogwarts, ¡les sería imposible asistir!
—¿No hay ningún modo de hablar con él ahora? No será una conversación larga, lo prometo. Solo queremos hacerle una pregunta.
—Me temo que…
—Solo una pregunta —rogó Hermione—, no tenemos tiempo para pedir una cita con él, pero le juramos que se trata de un asunto importante.
La gravedad en el rostro de esos dos muchachos acabó conmoviendo a Margaret, que ya se veía de nuevo atascada en el metro durante dos horas para poder llegar a su casa por culpa de haber salido del trabajo en hora punta. ¿Por qué nadie pensaba en las secretarias? A regañadientes salió de su pequeño mostrador.
—Esperen un momento aquí.
Hizo resonar sus tacones por el suelo oscuro y cruzó una puerta de madera.
OoOoOooOooOoOooOoOOo
Cuando Allan Simmons recibió a esos dos adolescentes en su despacho, algo le dijo que llevaba mucho tiempo esperando ese momento, mucho. Nunca había sabido exactamente qué esperaba encontrarse, pero casi veinte años antes su hermana había vivido asustada por algo que ni siquiera se había atrevido a confesarle. Algo que Allan no entendía, pero alcanzaba a imaginarse…
No sabría definir qué era exactamente, pero tan pronto como esos dos jóvenes pusieron un pie en el suelo de su oficina, el recuerdo inmediato de Sirius Black, el novio que Leah había tenido en su juventud, le golpeó de pronto. Ninguno de los dos muchachos se asemejaba especialmente a Sirius Black físicamente, pero había algo en ellos que se le parecía tanto… era una especie de extrañeza en ellos: como si fueran ajenos a ese lugar, como si caminaran por el mundo sin ser parte de él…
Esa era la sensación que él había tenido cuando tantos años antes había visto a Sirius Black un par de veces recoger a Leah en la puerta de su casa y llevársela en su moto. Nunca había hablado con él, pero lo había observado de cerca, había sabido que algo no era normal.
Cuando su historia con Leah pareció acabar, su hermana se encontraba nerviosa todo el tiempo, asustada. Caminaba por la calle en estado de alerta y más de una vez se tensaba al cruzarse con algunas personas por las concurridas calles de Londres, Allan recordaba que cuando esto sucedía, él siempre solía encontrar como razón de la reacción de su hermana a alguna persona con atuendos anticuados y aire oscuro. Personas que también, daban la impresión de no pertenecer al mundo real. Su piel se puso de gallina cuando se levantó de su silla para recibir a sus visitantes con una expresión de desconfianza dibujada en el rostro.
—¿Os conozco? —preguntó—, perdonad, pero le habéis dicho a mi secretaria que sois amigos de mi familia y…
—Lo somos —interrumpió la joven cuyo rostro era dulce y parecía nerviosa—, disculpe las molestias, señor Simmons. He de reconocer que usted no nos conoce a nosotros, pero nosotros sí sabemos quién es usted.
Allan apretó la mandíbula, confuso.
—Podéis tutearme y soy Allan, no «señor Simmons», ese es mi padre.
Hermione no pudo más que suavizar su gesto. Allan Simmons rondaba los treinta y cinco años pero debía reconocer que se parecía muchísimo a Leah, o al menos a la foto que había visto de ella en el pasado. Se trataba de un hombre alto y delgado con ojos verdes y gafas con montura negra. Vestía traje y se veía elegante.
—Yo soy Hermione Granger y este es… mi… amigo Draco Malfoy. —Le costó un poco arrancarse con la palabra «amigo», pero se sorprendió cuando, al decirlo, se dio cuenta de que no estaba mintiendo. A esas alturas, Draco Malfoy y ella ya eran amigos.
Allan dudó unos instantes, pero finalmente se acercó a ellos y estrechó sus manos con firmeza.
—Y bien, me temo que me encuentro muy perdido respecto a vuestra visita. ¿Qué ha traído a Hermione Granger y a Draco Malfoy a la oficina de Allan Simmons? ¿Buscáis asesoría legal, quizás queréis interponer una demanda? —Sabía de sobra que ninguna de las dos opciones era real, pero aun así quería tantearlos.
—Queremos hacerte unas preguntas, señor Simm… Allan —siguió hablando Hermione.
Allan se percató de que Draco tan solo permanecía callado al lado de ella, sin decir nada. Como si no tuviera nada que decir o como… como si solo la estuviera acompañando y no quisiera interponerse en la conversación.
—Soy todo oídos.
—Son sobre tu hermana. Leah.
Escuchar las palabras salir de los labios de Hermione con tanta claridad lo hizo palidecer. Hacía tiempo que no hablaba con extraños sobre Leah, muchos años. Le daba miedo que esa gente que tanto había tratado de dañar a Leah, ahora hubieran regresado para dañar a su familia.
—Me temo que no hay mucho que yo pueda hablaros sobre ella. Murió hace diecisiete años.
Hermione tragó saliva.
—¿Estabais muy unidos?
Allan simplemente asintió con la cabeza y para su sorpresa, Hermione se descolgó del hombro su pequeña bolsa e introdujo su mano en ella. Al instante sacó un par de sobres perfectamente lisos que él no habría creído que podían entrar en esa bolsita sin encontrarse arrugados.
—¿Alguna vez conociste a Sirius Black?
Allan asintió de nuevo.
—Conocí a Sirius Black. Y conocí también su historia con mi hermana.
Hermione le tendió los sobres a Allan y este los observó con curiosidad.
—Esas son dos cartas. Una escrita por Sirius para Leah y la otra fue escrita por tu hermana y enviada a Sirius. Tenemos muchas más.
—¿De dónde habéis sacado esto?
Hermione supo que en ese momento había captado la atención de Allan y no podía dejar pasar esa oportunidad. Señaló al muchacho de su lado sin dudar un segundo.
—Draco es el sobrino de Sirius. —No estaba diciendo ninguna mentira, aunque los Black no fueran la familia más unida del mundo, Narcissa había sido prima de Sirius.
Esto no pareció hacerle gracia a Allan, que enarcó una ceja acusadora.
—Creí que Sirius no tenía ningún tipo de relación con su familia, que lo habían desterrado.
Esta vez fue el momento de Draco de hablar, sorprendiéndose incluso a sí mismo.
—Mi familia es complicada. Pero no todos somos iguales en ella, yo ni siquiera había nacido aún cuando todo esto sucedió.
—¿Qué edad tenéis?
Hermione se mordió el labio.
—Aún no hemos terminado el colegio. —No quiso entrar en más detalles, no lo veía necesario.
Allan se encogió de hombros.
—Está bien… ¿qué queréis saber de Leah? Como ya os he dicho, no queda mucho que hablar sobre ella. Lleva años muerta y es doloroso, pero según tengo entendido, también Sirius murió.
Hermione suspiró antes de responder.
—Lo hizo… pero hace mucho menos de lo que te imaginas. Sirius permaneció recluido injustamente durante trece años y… apenas hace un par de años de su muerte. Consiguió salir de su encierro y regresar junto a sus seres queridos, pero creemos que nunca trató de volver a contactar con Leah porque creyó que estaba muerta.
El abogado no pudo disimular su expresión de asombro al escuchar esto. Se llevó una mano a la boca y su mirada se mantuvo perdida unos intantes.
—¿Un par de años? —preguntó con un hilo de voz.
—Algo menos, de hecho. Sucedió en junio de 1996, el año pasado —intervino Draco.
Sus palabras dejaron sin aliento a Allan una vez más.
—¿Queréis decir que estuvo vivo hasta hace… tan poco?
—Nosotros lo conocíamos, le queríamos… pero él nunca nos habló de Leah y no fue hasta que yo encontré las cartas que ellos se enviaron a principios de los ochenta cuando por fin supimos de su existencia. Queríamos encontrarla, saber de ella… pero entonces nos enteramos de que había muerto y queríamos…
—¿Contrastarlo con vuestros propios ojos?
—Algo así. —Hermione sonrió con amargura—. Siento que te hayamos hecho perder el tiempo, ha sido una tontería venir aquí.
En ese momento y ante la tristeza reflejada en los ojos de Hermione, Allan fue capaz de distinguir con claridad que Draco luchaba contra sí mismo para no extender una mano confortadora y acariciarla. Se veía en la cara del muchacho que se moría de ganas de tocar a Hermione y aliviar un poco su dolor, pero aun así permaneció impasible, parado junto a ella.
—¿Cómo conociste a Sirius, Hermione? —preguntó Allan al cabo de unos segundos.
Ella suspiró.
—Es el padrino de mi mejor amigo, Harry.
—¿Potter?
Hermione se mostró sorprendida.
—¿Lo conoces?
—No, no lo conozco, pero mi hermana me habló de sus padres: James y Lily Potter. Sé que fue a visitar varias veces a su pequeño hijo Harry cuando este nació. Mi hermana era… era maravillosa.
Respondiendo a un impulso, Hermione introdujo su mano en su bolso y sacó de él una nueva carta. Tragando saliva la observó sin abrirla unos instantes, bajo la atenta y curiosa mirada de Draco. Acto seguido abrió el sobre y extrajo de este la foto de Leah y Sirius que tanto le gustaba mirar y con la que más de una vez se había encontrado a sí misma llorando. Era la única foto que tenía de Leah, la única evidencia de cómo había sido. Temblando ligeramente extendió la mano y le tendió la foto a Allan.
—Esta es la única foto que tengo de ella, pero me imagino que para ti será mucho más importante que para nosotros. Al fin y al cabo era tu hermana y nosotros… nosotros solo hemos leído su historia.
Draco se maravilló de ese gesto, pues sabía cuán importante era esa fotografía para Hermione y no se imaginaba por qué razón habría de entregársela a Allan. No lo entendía, pero al fin y al cabo era como ella misma: un misterio.
Allan tomó la imagen entre sus dedos, sorprendido. La observó durante varios segundos y finalmente posó su mirada de nuevo en Hermione antes de pronunciar sus siguientes palabras:
—¿Sabes qué? —musitó—. Te pareces mucho a ella, muchísimo. Hay algo en ti que me recuerda a Leah, algo en tu voz, en tu mirada. —Después le regresó la fotografía de nuevo—. Quédatela tú, no solo por Leah, sino también por Sirius. Es bonito saber que alguien los recuerda.
—No sabes cuánto —susurró Hermione antes de tomar aire y volver a recuperar la compostura—, bueno, Allan. No queremos molestar más, muchas gracias por recibirnos, ha sido un placer conocerte.
Allan apretó los labios mientras contemplaba a los dos jóvenes caminar hacia la puerta y antes de que estos pudieran cruzarla, en un impulso, algo le dijo que eso no podía quedarse así. Esos jóvenes le habían parecido raros al principio, sí, pero lo que decían le había conmovido y no tenía ninguna duda de que sus palabras habían sido verdaderas. Para esos dos, Leah y Sirius eran más que una historia de amor trágica y antigua.
—Un momento.
Con rapidez tomó un papel de su mesa y una de sus maravillosas y carísimas plumas. Escribió con letra clara y elegante:
«FW IN46805»
Después le tendió el papel a Hermione.
—Os deseo mucha suerte en esto.
Hermione no supo qué querían decir sus palabras y cuando observó de nuevo ese texto ininteligible en la hoja de papel lo comprendió incluso menos. Aun así solo pudo aferrarse a ese folio mientras Draco la conducía hacia la salida de ese edificio. Hermione Granger respiró de nuevo al pensar que de nuevo tenía un poco de ilusión.
Muchas gracias por leerme, ¡espero que os haya gustado el capítulo!
Como ya sabéis, yo no solo soy escritora de fanfics, sino también de novelas originales. Mi sueño es conseguir hacer de eso mi profesión y espero poder conseguirlo algún día.
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¡Mil besos!
