Wicked Game

Capítulo I

El día que su vida cambió, había un profundo azul coloreando el cielo matutino, adornado por unas cuantas pinceladas de blanco desperdigadas por todo el manto y el sol abriéndose paso por la línea lejana del horizonte. Un viento constante acariciaba las hojas, hacía frío, pero no uno que no se pudiera tolerar, y Sakura Kinomoto supo que el clima estaba en sintonía con su estado de ánimo, descrito simplemente con una sola palabra: felicidad. Muy cerca de las vísperas para contraer matrimonio con un hombre del que se sentía enamorada, con un negocio que prosperaba a pasos discretos, pero siempre mejorando, creyendo que no podía pedir más, que estaba en la cúspide.

Mientras manejaba hacia su trabajo, una llamada a su móvil la sacó de sus pensamientos.

—¡Hola! —respondió con entusiasmo al tercer tono, al mismo tiempo que observaba con cautela el tráfico matutino de Tokio.

— Hasta tu voz suena emocionada—señaló su mejor amiga, Akiho Shinomoto del otro lado de la línea—, me siento tan feliz por ti Sakura… No quiero quitarte tiempo, solo para decirte que hoy debemos ir a las pruebas de nuestros vestidos.

—Muy bien, paso por ti a las cuatro ¿está bien?

— Si quieres a esa hora llego a tu oficina, de todos modos tengo que ir hacia allá.

— ¡Gracias amiga! Te veo en un rato entonces.

Colgó, pero hubo otro tono que llamó su atención, y cuando vio el nombre de él, no pudo evitar sentir como su estómago revoloteaba un poco. Era una imagen, muy romántica acompañada por un mensaje simple. Suspiró, Kaito solía dejarle este tipo de mensajes durante el día, cosa que solo aumentaban la seguridad en su decisión.

La oficina de Sakura estaba a tan solo diez minutos del distrito comercial de Tokio, una ubicación más modesta pero ideal para una agencia de publicidad y modelaje, idea que consiguió materializar con uno de los fideicomiso que le dejó su padre.

—¡Señorita Kinomoto! —la saludó su asistente, quien apenas y podía cargar un puñado de carpetas mientras avanzaba junto a ella— Llegaron los bocetos que pidió para la publicidad de la nueva bebida, además llamó el señor Takahashi para confirmar su cita de mañana.

—Excelente, hoy no programes nada después de las cuatro—se giró y le dedicó un guiño de complicidad a su asistente—, tengo mi prueba de vestido.

Lo anunció despacio, pero con alegría, lo que hizo que su asistente le devolviera una gran sonrisa de emoción.

—Todos estamos tan emocionados por usted, ¡se lo merece!

Sakura lo agradeció, aquellas personas eran como su segunda familia y a decir verdad, una persona pasa demasiado tiempo en su lugar de trabajo durante la vida para no considerarlos así. Justo antes de ingresar por la puerta de cristal de doble hoja que daba a su oficina, su asistente la detuvo, poniendo en sus manos una extraña caja morada, adornada con un hilo color rosa; podría parecer un regalo, pero tenía la sensación de que no lo era. En la tapa no decía nada, solo un sello impreso con la palabra ALÉTHEIA, cosa que hizo a Sakura arquear la ceja.

—Llegó está mañana para usted—comentó su asistente —decía que era una entrega urgente.

—Debe de ser uno de esos productos conceptuales.

No era raro que algunas pequeñas empresas le enviaran muestras al solicitar los servicios de la agencia, así que no lo tomó a mal. Ya sola dentro de su oficina, colocó el paquete frente a ella, moviendo el teclado un poco para verlo con detenimiento. Ciertamente estaba intrigada, así que consiguió unas tijeras y rompió el listón.

Lo que vio dentro la desconcertó.

No había nada, solo una pequeña pieza de plástico negro, igual al de una tarjeta de crédito. Incrédula lo levanto y al voltearlo, se desconcertó aún más. Esa pieza delgada era un teléfono, uno bastante sencillo con el teclado numérico, y botones para contestar y colgar llamada.

Suspiró, algún startup que quería publicidad de seguro. De pronto el aparato comenzó a vibrar y ella casi lo suelta, en la diminuta pantalla de apenas una pulgada aparecía con letras grandes la palabra desconocido. Bueno, uno nunca sabe que esperar de los genios extravagantes de la tecnología, así que contestó, esperando escuchar algún joven del otro lado de la línea.

—¿Señorita Kinomoto? —para sorpresa de Sakura, una agradable voz femenina preguntó su nombre.

—¿Quién llama?

—¿Es usted Sakura Kinomoto?— la mujer ignoró su pregunta— Si no es, le ruego la ponga al teléfono, este mensaje es únicamente para ella.

Esperó uno segundos, sabía que no era nada difícil saber su nombre completo, obviamente figuraba en registros públicos y ni hablar de redes sociales. Entonces decidió seguir el juego, a final de cuentas no tenía enemigos ni nada por lo que preocuparse, y para algún tipo de estafa solo bastaba con colgar y asunto arreglado.

—Sí soy yo.

— Es un placer señorita Kinomoto—la mujer pareció aliviarse—, no tenemos mucho tiempo y el mensaje que tengo que darle es muy importante.

— Tengo que admitir que esta publicidad si es que es diferente.

—Esto no es publicidad… Es la transmisión de una verdad.

— ¿A si? —suavizó su tono para no parecer irónica— ¿Qué clase de verdad?

—Que su vida es una mentira —dejó caer la voz al otro lado de la línea, sin vacilar ni un segundo.

— ¿Es una introducción para arte conceptual? ¿Algún autor existencialista moderno?

— De nuevo Sakura, esto no es publicidad. Es la verdad sobre tu compromiso con Yuna D. Kaito, la amistad con Akiho Shinomoto —la mujer calló unos momento, y Sakura sintió como una especie de mini infarto la atacaba—. La verdad sobre tus padres Fujitaka y Nadeshiko Kinomoto.

No pudo gritar, apenas logró impulsarse lo suficiente para levantarse con brusquedad de la silla. Sentía que los ojos se le estaban desorbitando, su respiración comenzó a agitarse cuando intentó responder con los labios temblando.

—¡¿Quién eres?! —exclamó airada— ¡¿Qué clase de broma del mal gusto es esta?! ¡Llamaré a la policía!

Del otro lado de la línea no escuchó nada, solo silencio, el único alboroto era el de ella, que rebuscaba en su escritorio en busca de su celular para llamar a emergencias.

—Sakura escucha, no soy la clase de mujer que juega con los demás, si llamas a la policía no obtendrás más. Me esfumaré, lo juro, y seguirás viviendo en tu idilio, cegada por una mentira hasta que te des cuenta demasiado tarde… Decide Sakura, ¿verás las pruebas? O seguirás con un matrimonio absurdo que terminará en tragedia.

La castaña se detuvo de pronto, solo podía percibir los sonidos comunes de su oficina y los autos pasando en la calle. Afuera seguía siendo un día precioso, aunque dentro de ella acababa de estallar un caos. Quería pensar que esto era un broma, algún tipo de chantaje por delincuentes con sus datos que habían hecho el trabajo demasiado bien, pero, en el fondo, había una pequeña chispa de duda que no dejaba de molestarla.

—Me alegra que lo pienses Sakura, así que en recompensa, he decidido enviarte un pequeño adelanto. Abre tu correo, por favor.

Sus manos temblaban, apenas pudo teclear sus datos en el ordenador y abrir su bandeja de entrada. Había muchos pendientes, pero el último sin abrir tenía el mismo remitente que su caja: ALÉTHEIA. Dudó, pero al fin pudo dar doble click sobre el mensaje, dentro solo venían unas palabras acompañadas a un video.

¿Segura que conoces la verdad?

Igual de temerosa lo abrió, no sin antes cerciorarse de que las bocinas estaban al mínimo.

Lo que vio ahí golpeó su corazón.

Primero una habitación iluminada con luz cálida, a juzgar por lo que se apreciaba entre las persianas. Quien grabó estaba a la distancia, pero lo suficientemente cerca para apreciar con gran detalle aquella escena, que parecía el ventanal de algún apartamento. Alguien emergió de dentro, apartando las persianas para salir al balcón, como a tomar aire. Sakura la distinguió casi de inmediato, con su cabello platinado meciéndose al son del viento, su amiga Akiho Shinomoto observaba a la distancia. Dentro una sombra más, moviéndose entre la habitación, hasta que salió a acompañar a su amiga, rodeándola con un abrazo fuerte, antes de besarla de manera apasionada.

No había duda, sus facciones eran inconfundibles, casi pudo ver sus ojos violetas resplandeciendo bajo la luz de la luna. En aquel video, su prometido besaba sin miramientos a la que pensaba era su mejor amiga, y quienes después desaparecían al interior, antes de que las luces se apagaran.

Quien estuviera del otro lado de la línea esperaba pacientemente, como si tuviera plena conciencia de que necesitaba dejarla que asimilara las cosas, igual que si comprendiera de algún modo. Sakura no pudo contenerse, no emitió sonido alguno solo dejó que las lágrimas rodaran libremente por su mejilla.

—Lo siento, de verdad Sakura… Pero si no lo veías, no lo ibas a creer.

—¿Q-qué pretendes con esto? —inquirió con mucha dificultad, su garganta tenía un nudo que la presionaba horriblemente.

—Quisiera una alianza, que tú y yo nos uniéramos por un fin en común. —aquellas palabras resonaron con fuerza, y a pesar de que estaban en una conversación telefónica, la interlocutora logró imprimirle una tremenda determinación— Esta es solo la punta del iceberg Sakura, pero para mostrarte el fondo debo verte, en persona.

—¿Dónde?

—A solo unas cuadras de ahí hay una cafetería, Neko Café, creo que se llama—dijo—, quiero que vayas ahí y te sientes en la mesa más alejada, la que tiene vista al callejón. Alguien llegará por ti.

—Está bien.

—Sakura, es importante que no llames la atención, inventa cualquier excusa pero que sea creíble, como un incidente casual. —advirtió la mujer— Kaito es demasiado listo, así que se prudente. Enviaré a la persona que más confío.

—¿Cómo la voy a reconocer? —su voz se comenzaba a normalizar, o eso intentaba.

—Una sola palabra, ámbar…

Después colgaron. Las sensaciones que llegaron eran como un océano confuso, con marea revuelta y ella estaba justo en el medio; igual a cocktail peligroso entre decepción, tristeza y enojo. Tomó sus enceres de belleza, dirigiéndose a paso apresurado hacia su baño privado, donde el reflejo que le devolvió el pulcro espejo le removió su interior. Tenía los ojos rojos, con el semblante desencajado, pálido, como enferma. Agarró lo que pudo, maquillándose con la mejor de sus destrezas, recordando el tiempo en que modeló y los maquillistas le enseñaron a disimular casi todas las imperfecciones, —la tristeza no se maquilla— le advirtieron y ahora lo comprendía, pues irremediablemente lograba colarse entre los bonitos colores del rostro.

Se llevó el celular, sus gafas para el sol y la billetera, nada más de lo necesario y que no llamara la atención.

—Iré por un té—anunció, esforzándose para parecer normal—, en la mañana tomé un espresso bien cargado y no me siento muy bien.

—¿Quiere que vaya por él? —su asistente frunció el ceño, preocupada.

—No, no te preocupes—sonrió, aunque por dentro no lo hiciera—, me servirá caminar un poco.

—Deben de ser los nervios por su matrimonio.

Aquella frase la golpeó, pero disimuló la herida, asintiendo.

—Son los nervios—estuvo de acuerdo.

Una bocanada de aire fresco entró por sus pulmones una vez que estuvo afuera, sintiéndose ligeramente aliviada de descargar toda esa presión, aunque fuera un poco. Las gafas le ayudaron a disimular sus esmeraldas apagados, caminando por entre las personas indiferentes, algunas serias, algunas riendo a carcajadas. El mundo vibraba alrededor, lleno de vida, pero la de ella se acababa de apagar de un soplo, se sentía igual a un robot, que da pasos mecanizados solo porque sí, incluso ni siquiera pudo percatase de cómo llegó a la entrada del Neko Café.

La mesa de la que le hablaron era pequeña, apenas para dos personas y con vista al callejón solitario contiguo, lo cual agradeció. Una mesera que debía de estar apenas entrando a sus veinte le trajo la carta, pero ella solo atinó a pedir un vaso de agua mientras esperaba. No supo su aspecto, pero, hasta aquella muchacha le pareció comprensiva, dejándola sola casi de inmediato. Una sonrisa irónica se curvó en sus labios, debía de lucir terrible.

A sus fosas nasales llegó una colonia, suave, fresca, agradable de percibir, lo que coincidió con la entrada de un hombre al café. Estaba vestido casual, con un abrigo vintage color negro, jeans sencillos, luciendo un par de botas beige un tanto desgastadas. Sakura lo miró, con el cabello castaño enmarañado, como si se acabara de bajar de una moto, pero que lo hacían inusualmente atractivo. Sintió que el corazón dio un golpe certero dentro de su pecho, al notar el brillante color ámbar de sus ojos.

Sus miradas se encontraron en silencio, él la miró por segundos prolongados que parecieron horas, pero el contacto visual se terminó justo cuando el hombre se volvió a la barra, para pedirle algo al barista. —Que extraño— pensó Sakura, pues la palabra ámbar retumbaba en su cabeza con la voz femenina del otro lado de la línea.

Las botas acercándose a ella la sacaron de sus pensamientos, el hombre castaño se dirigía a ella con dos tazas de alguna bebida humeante.

—Hola—saludó poniéndole una de esas tazas en frente, antes de acomodarse para tomar asiento en la otra silla.

Ella parpadeó, pero luego se dejó embriagar por el delicioso aroma del chocolate blanco que acababan de entregarle.

—H-hola—titubeó—, usted es…

Una mano fornida se extendió para saludarla, ella la tomó no muy convencida, pero la calidez de su piel le resultó agradable.

—Li Syaoran—reveló—, un placer señorita Kinomoto—apuntó a la bebida una vez que se soltaron—, beba, aunque usted no lo crea, el chocolate es capaz de curarlo casi todo.

Lo dijo con una convicción tal, que parecía el argumento de un doctor experimentado. Ella sintió algo en su estómago, no supo a ciencia cierta qué, pero no quiso parecer descortés con el castaño. Sus labios se regodearon al tocar el chocolate caliente por primera vez, cuando ese dejo dulce recorrió su garganta y le hizo olvidar por unos segundos todo lo demás.

—Señor Li—dijo Sakura después de unos tragos—, ¿qué está pasando?

Nunca antes había presenciado la profundidad de unos ojos como aquellos, aunque el rostro de Li apenas se moviera, su mirada iba cargada de significado, como si pudiera ver a través de ella.

—Comprendo que es duro una vez que se sabe la verdad—miró su reloj—, pero si ya dio el primer paso, que es venir aquí, lo más prudente es que siga. Tenemos unos minutos, disfrute de su chocolate.

El silencio los acompaño el tiempo restante, con algunas miradas furtivas que eran apartadas casi de inmediato por alguno de los dos. Li pagó la cuenta, y guio a Sakura colocando su mano en la espalda hacia la salida. Todo aquello parecía tan natural, como dos conocidos encontrándose en una mañana de lunes cualquiera. Cerca de ahí Li tenía su auto, un modelo compacto blanco pero con toques deportivos, de una conocida marca del país.

Algo la hizo detenerse, cuando él amablemente abrió la puerta de atrás. Lo miró, intentando contener las lágrimas que amenazaban con desbocarse una vez más.

—Tranquila —le dijo con voz suave—, adentro es su zona segura.

Sinceramente ella no entendió el término la primera vez, pero se deslizó por el asiento sin decir una palabra, antes de que no pudiera más, y su cara se humedeciera de nuevo. Cerró los ojos, pero aun así escuchó a Li entrar y encender el auto, accionando la calefacción porque el clima se puso agradable. Le tocaron su mano, depositando en ella una tela verde cuidadosamente doblada. Al abrir los ojos, notó que Li la miraba, extendiéndole la mano para que tomara la tela, antes de asentir tenuemente y dedicarle una expresión tranquila.

Era una canción de jazz, tranquila, reverberante, alguna melodía desconocida, pero de tono apacible, la que amenizó su viaje. Ella llorando en silencio, pero calmada, acompañada por un Li silencioso que de vez en cuando soltaba miradas por el retrovisor, como si quisiera cerciorarse de que todo estaba bien. Del otro lado de la ventana, los edificios discurrían entre diferentes colores y formas, Sakura no prestaba realmente atención, solo se dio cuenta lo mucho que se alejaban de la zona, hasta internarse en algunos suburbios de ambiente un tanto más "inquietante".

Justo a un lado de un puente, una fábrica de un café descolorido se erguía en el horizonte. Parecía como un bloque de cemento colocado ahí, una edificación antigua de ventanales rectangulares y una puerta rojiza deslavada. Solo decía Textil, nada más, en un letrero luminoso al que ya le faltaban algunas letras encendidas. Syaoran la ayudó a bajar, llevándola por la parte de atrás, en una puerta metálica de servicio que descubrió un pasillo, con el techo recorrido por tubos interminables, con las paredes pintadas de un tono extraño de gris ligeramente brillante. A veces las piernas le fallaban, como si la razón entrara de golpe a su cerebro pidiéndole que para esta locura, que un desconocido la había traído ahí igual que una presa dócil entra en las fauces de su depredador; después todo paraba, esos pensamientos se iban con la simple imagen de su prometido y la que hasta el día de hoy, consideró su mejor amiga. Tenía que seguir cavando, descubrir por qué esta gente tenía información que ella ignoraba, aunque irónicamente reconocía que cuando se es engañado, la persona afectada suele ser de las últimas en enterarse.

Caminó junto a Li en silencio, por ese pasillo interminable hasta que dieron con un asensor, bastante moderno en contraste con la fachada del edificio. Syaoran apretó el botón del último piso, a Sakura le costaba ver su reflejo en las paredes metálicas, no podía creer que la vida diera vueltas así de rápido.

Lo que se mostró delante de ellos cuando llegaron a su destino, solo podía ser descrito como inesperado. Era una oficina, al estilo minimalista donde predominaban los colores claros, con una costosa pecera de cristal llena de raros peces multicolores, notó también un humidificador emitía aromas cítricos ligeros en el ambiente y frente al ventanal, una figura esbelta de espaldas que se giró apenas al oírlos entrar.

—Buenos días—saludó Li.

La mujer se giró, estaba ataviada en un espectacular sastre blanco, pulcro en cada hebra, con su cabello oscuro lacio llegándole por debajo de los hombros. Lo que más llamó la atención de Sakura fue la expresión de su rostro, sosegada, sus ojos amatista pacíficos y la sonrisa de complicidad.

—Buenos días—respondió para acercarse a Sakura, y estrechar su mano con gentileza—, estoy muy feliz que hayas decidido venir Sakura. Espero que Li te haya tratado bien.

Sakura no respondió, no pudo, eso era una escena surrealista extraía de un sueño extraño, nada de ahí concordaba, todo era dispar. Pero al final pudo asentir.

—Me lo imaginé, Li siempre ha sido un caballero—guiño un ojo al castaño—pero pasa, toma asiento estás en tu cada. ¿Quieres algo de beber? Debes esta exhausta.

—¿Qué está pasando aquí?—atinó a preguntar, aún con la esperanza de levantarse de golpe en medio de su cama, porque no había manera de que eso fuera real.

—Sí entiendo, todo esto… —se detuvo para escoger con cuidado sus palabras— Es tan confuso, y tú eres solo una víctima de las circunstancias. Pero iré al grano, ya que vamos a ser socias la honestidad es lo primordial.

Tomó su lugar en el escritorio, con la mirada fija en Sakura y las manos delicadamente reposando sobre una carpeta de color negro. Observó a Li, quien se posó junto a la castaña sin decir ni una sola palabra.

—¿Te imaginas la ropa que podía diseñarle? —soltó de repente la amatista— Esta mujer es preciosa.

—Tomoyo por favor, —pidió Li— ella necesita que le expliques.

—Sí, lo siento, suelo divagar un poco —se rascó la mejilla—. Mi nombre es Tomoyo Daidouji, trabajo principalmente en el ramo textil, pero eso no es lo importante ahora. Resulta que por circunstancias que aún no puedo detallarte, conocí a tu prometido hace mucho tiempo —hizo una mueca de desagrado—, lo cuál describiría como una verdadera tragedia, destrozó mi vida por así decirlo… Estoy aquí porque no quiero que haga lo mismo contigo, porque tengo una deuda.

—¿Deuda?

—Con Nadeshiko Kinomoto.

Pasmada, Sakura sintió como la mandíbula inferior se desencajaba de su rostro.

—¿De qué estás hablando?

—Mira Sakura, el que Yuna D. Kaito esté aquí no es una coincidencia, nada de tu vida lo es. Si tú decides colaborar conmigo y ayudarme a pagar mi deuda, te prometo que obtendrás algo invaluable.

—¿Y qué es eso?

—La vedad, Sakura. La hermosa y reluciente verdad.


¡Al fin vuelvo a usar esta cuenta! Me gustaría mucho leer sus opiniones sobre esta nueva idea que a mi me tiene muy entusiasmada. ¡Gracias por leerme!