Capítulo 2.

A pesar de lo mal que resultó la revelación de sus verdaderos motivos para acercarse a la doctora Del Valle, Genzo reconoció que ése era el mejor momento para cortar todo de tajo, para no volver a ese restaurante y dejar ese trago amargo en el olvido. No había conseguido averiguar lo que deseaba saber, es decir, qué tenía Anna que la doctora Lily no tuviera (y que fue la causa por la cual el ex novio de ésta la dejó por aquélla), pero tampoco importaba, pues el portero ya había tomado una decisión que pondría en práctica con o sin esa información en su cerebro. Así pues, ¿para qué preocuparse por lo que la doctora pensara o sintiera con respecto a la revelación que él le hizo? Ella debía resolver sus asuntos sola, así como Wakabayashi resolvería los propios sin su ayuda.

Pero ya desde antes de acabar de formular este pensamiento, Genzo sabía que él tenía que volver a ver a Lily una vez más para cerrar de manera adecuada esta situación. A pesar de que no tendría por qué importarle, no quería que ella se quedara con una mala impresión de él, así que tenía que hablar con la doctora una última vez y explicarle por qué hizo lo que hizo, para que ella no pensara que era tan desgraciado como su ex novio. ¿Qué conseguiría Wakabayashi con eso? Probablemente sólo perder el tiempo pero aún así iba a hacerlo.

Con esta resolución en mente, al día siguiente de la revelación Genzo regresó al restaurante para esperar a Lily, aunque ella no apareció, ni tampoco al día siguiente, ni al día después de ése. Curiosamente, Wakabayashi no se sorprendió, lo raro habría sido que ella acudiera como si nada hubiese sucedido. Pasó una semana sin que la doctora diera señales de vida ("a menos que hubiera venido los días en los que no pude acudir por causa de los partidos", pensó él) y eso obviamente no era una buena señal. La parte racional de Genzo le decía que podía terminar con esa espera simplemente acudiendo al Hospital General de Múnich. "Sabes su nombre y en dónde trabaja, basta con ir a buscarla y preguntar por ella", se decía constantemente, "o me puedo hacer pasar por un paciente y decir que deseo que ella me atienda". Pero él estaba consciente de que no iba a hacer ninguna de esas cosas porque sabía que tenía que esperarla en ese restaurante, tal y como lo habían acordado, que era el punto neutro en donde ambos se habían conocido, en donde ninguno invadía la vida privada del otro. Wakabayashi estaba seguro en un noventa por ciento de que, si se presentaba en el hospital sin anunciar, la doctora encontraría la manera de negarse a verlo.

"No sé por qué estoy tan seguro, pero sé que así sucedería", pensaba. "Creo que ya la conozco lo suficiente como para adivinar cómo reaccionará en determinadas circunstancias".

Así pues, él se armó de paciencia y continuó presentándose en el pequeño local de comida los días que pudo, llevando consigo la copia de "Narraciones Extraordinarias" que había conseguido. Genzo nunca fue del tipo de personas que estuviese acostumbrada a esperar, pero sí era perseverante así que no desistió de su objetivo, ni siquiera cuando el mesero de siempre le dijo que la doctora Del Valle no había regresado a comer desde la última vez que estuvo ahí con él.

– Tiene que volver –murmuraba Genzo, sin desesperarse–, aunque sea para conocer la otra mitad de mi historia. Por muy enojada que esté, en algún momento la curiosidad la va a vencer, sobre todo porque seguramente se debe de estar haciendo la misma pregunta que me hice yo en su momento.

Al fin, al día diecinueve, Lily ingresó en el restaurante con expresión adusta. Wakabayashi, que estaba sentado junto a la ventana, la vio venir por la calle y se obligó a controlar la rapidez de sus latidos y el ritmo de su respiración. Trató de no demostrar su ansiedad y lo logró, pues siempre había sido bueno ocultando sus emociones así que cuando Lily entró, él mostraba una máscara imperturbable. La joven se dirigió directamente a la mesa en la que estaba él para sentarse en la silla vacía que había enfrente suyo, sin saludar ni preguntarle si podía hacerlo. El cabello alborotado y la expresión de enojada cautela la hacían lucir como una fiera salvaje que estuviese a punto de enfrentarse a su atacante y Genzo experimentó un estremecimiento al verla. Dominando la emoción que comenzaba a acelerar su corazón otra vez, Wakabayashi le dirigió una mirada interrogativa, dejando que fuese ella quien hablara primero.

– Quiero saberlo todo –exigió Lily, sin pestañear–, sin mentiras, sin rodeos, sin trampas y sin cosas que se presten a malinterpretaciones.

– Por supuesto –asintió Genzo, dejando a un lado el libro de Edgar Allan Poe–, pero te advierto que es una historia larga.

– No hay problema, tengo la tarde libre –señaló ella, haciéndole un gesto con la mano al camarero para pedirle una cerveza Spaten.

– Bien –dijo el joven, mientras esperaba a que el mesero cumpliera la orden.

Lily todavía lucía enojada a pesar de que habían pasado ya bastantes días desde la última vez que vio a Genzo, pero parecía que ahora estaba dispuesta a desviar su enojo hacia quien verdaderamente lo merecía.

– Empecemos por lo sencillo: como te dije, estoy comprometido –comenzó Wakabayashi, tras sopesar qué tanta información sobre su pasado le revelaría–. Es cierto que, aunque Anna y yo no elegimos casarnos, sí estamos conformes con hacerlo, o al menos lo estábamos. No te voy a negar que sí, la quiero, y estoy seguro de que ella me quiere, pero eso no significa que no llevamos el peso de este compromiso como lo que es: una decisión que no tomó ninguno de los dos. En lo particular, a mí, que siempre he tenido lo que quiero cuando lo quiero, me resulta frustrante el tener que ceder ante esta cuestión, pero estoy consciente de que es el precio a pagar por ser el hijo menor, rebelde y malcriado, de una familia de renombre.

– Al menos reconoces que eres rebelde y malcriado –deslizó Lily, tras lo cual mordisqueó una barrita de pan.

– ¿Tú nunca has tenido que hacer algo así? –preguntó Genzo, para tratar de calmar el enojo que percibía en ella.

– ¿Hacer qué cosa? –cuestionó la médica–. ¿Algo con lo que no estás completamente conforme pero que tienes que hacer porque sientes que es tu deber corresponderle a alguien que te ha dado mucho? Sí, lo he hecho, eso forma parte de ser adulto.

– Bien, entonces me entiendes –aseguró él.

– Yo no dije que no te entendiera –replicó Lily–. Pero eso no quita que seas rebelde y malcriado.

– A estas alturas no sé bien cómo se tomó Anna esta cuestión –continuó él, dejando pasar la burla–. Hasta antes de este peculiar engaño, creía que ella estaba conforme con la situación mucho más que yo, incluso podría decir que se sentía agradecida con ella.

– ¿Agradecida? ¿Por qué? –se sorprendió la doctora.

– Porque era una forma de asegurar un buen futuro para ella y para su familia. –Él se rascó la nuca, con incomodidad–. Anna nació en Japón pero su padre no es japonés, así que eso la hacía menos deseable como potencial esposa para alguien que sí fuese cien por ciento japonés.

– ¡Ja! –Lily emitió un sonido de burla–. ¡No me digas!

– Sabía que no lo tomarías de buena manera, pero así son las cosas en mi país: si tienes un padre extranjero, te expones a sufrir el rechazo de la sociedad –explicó el portero–. Pero no es de mi interés el discutir la conducta xenófoba de mi gente sino sólo remarcar que el que mi padre accediera a comprometer a su hijo menor con ella debió de haber sido una oferta jugosa, pues el apellido de mi familia tiene peso en Japón y Anna, al ser mi esposa, no sufriría discriminación por no ser japonesa completa. Nadie esperaba que nosotros estuviéramos de acuerdo ni que nos amáramos como se supone que deben de hacerlo las parejas que se comprometen, pero la verdad es que sí nos enamoramos y nos sentíamos afortunados de haberlo hecho.

– ¿Y lo de ella sí es amor real o es sólo un mero sentido de gratitud? –preguntó Lily, con un cinismo que no quiso ocultar.

– Yo he llegado a preguntarme lo mismo –admitió Genzo–. Porque de haber habido amor real, tal vez ella no se habría ido con tu novio.

– Ex novio –corrigió Lily–. Él terminó conmigo ese día en el que nos espiaste.

– De acuerdo –asintió él–. Ex novio. El caso es que nuestro "acuerdo" iba relativamente bien hasta hace unos seis meses, quizás más, cuando ya no pude negar el hecho de que ella estaba comportándose extraño. Sabía que Anna me estaba engañando, quizás porque la conozco desde que éramos unos niños y sé cuándo me está mintiendo, pero no sabía hasta qué punto llegaba su engaño. Para ese partido al cual fuiste sola porque tu ex no pudo ir contigo, Anna me pretextó que no podría acudir a apoyarme porque tendría que trabajar. Creo que ya te puedes imaginar que los dos estaban juntos, lo supe cuando vi los boletos en el libro que me prestaste.

– Sí, ya lo imagino. –Lily apretó los dientes–. Continúa.

– No sabía qué hacer, si confrontarla o esperar a que ella dijera algo por sí sola. –Genzo empezó a tamborilear sobre el mantel de manera inconsciente, en una forma de delatar que estaba tenso–. Varias veces le pregunté si sucedía algo y ella siempre respondió que no, pero un día simplemente me dijo que necesitaba que le diera tiempo. No estaba muy seguro de lo que eso significaba, pero se lo di; le pregunté abiertamente cuál era el problema y Anna aseguró que quería darse un respiro antes de comenzar a preparar nuestra boda, aunque ni siquiera habíamos hablado sobre eso ni habíamos fijado una fecha así que no me pareció una excusa creíble.

– Ya veo a dónde va a llegar esto –suspiró Lily–. ¿Cómo te diste cuenta de que Anna estaba con Dion?

– ¿Así se llama él? –quiso saber Wakabayashi, con una sonrisa torcida.

– Sí –suspiró Lily.- Dion Chastain; supongo que la maldita por la que él me dejó, que también es tu prometida, se llama Anna, pero si te soy sincera su nombre me importa un carajo.

– Bien, como sea. Un día acompañé a un amigo a recoger su Porsche, que había dejado en la agencia para que le hicieran una verificación de rutina –explicó Genzo–. Tras haber llevado a mi amigo a ese lugar, me dispuse a volver a mi departamento cuando vi a Anna en compañía de un médico de piel oscura, que ahora sé que se apellida Chastain. Los vi abrazarse, besarse y dirigirse hacia un automóvil; mi primer impulso fue el más obvio: seguirlos hasta donde quiera que se dirigieran.

– Dime que no hiciste eso de tomar un taxi y decirle al taxista "siga a ese auto" –gruñó ella–. Sería lo último que le hace falta a esta porquería para ser una comedia trágica.

– Sí, eso hice. Y es menos emocionante de como lo hacen ver en las películas –replicó él.

– ¿En verdad lo hiciste? –Lily abrió los ojos por la sorpresa.

– Claro que no, estaba bromeando –sonrió Genzo, a medias–. Recuerda que te dije que fui a llevar a un amigo, así que iba en mi automóvil.

– Tonto –gruñó ella, pero después sonrió también.

– Temí que Anna reconociera el vehículo, pero iba demasiado ensimismada con el doctor Chastain como para que se diera cuenta de que los estaba siguiendo. –Wakabayashi continuó con su narración–. Después de un rato se detuvieron a una cuadra de aquí; el hombre bajó del auto y Anna se quedó dentro. Ésa era mi oportunidad perfecta, no había mejor ocasión para llegar y decirle que la había descubierto, pero en vez de hacer eso, lo seguí a él.

– ¿Por qué razón? –preguntó Lily; ya se había acabado la cerveza que pidió así que le ordenó al mesero que le llevara otra–. Como dices, era la oportunidad perfecta para confrontarla.

– Porque primero necesitaba saber qué clase de hombre era él –contestó Genzo–. No quería que regresara cuando estuviera en plena pelea con Anna y se armara un escándalo. Cuando se es figura pública, se debe tener cuidado con la impresión que das porque, no sé si lo sepas, un deportista nipón puede sufrir una multa severa si se le ve haciendo un acto que se considere indebido. Somos ejemplos a seguir y por tanto no se tolera que nos metamos en escándalos, yo podría ser vetado de la Selección durante un tiempo considerable si armara un pleito en la vía pública.

– Algo de eso había escuchado –admitió Lily–. Recuerdo que, hace años, a un nadador compatriota tuyo lo multó la Federación de Natación de Japón por haberle sido infiel a su mujer e incluso perdió patrocinadores, aunque no recuerdo su nombre.

– Hablas de Daiya Seto –aceptó Genzo–. Su caso fue muy sonado en esa época y ni siquiera el haber ganado medalla de oro en los Olímpicos le quitó esa mancha a su exitosa carrera deportiva. Puedes comprender entonces a qué me podía exponer si se revelaba el caso de infidelidad de Anna, por eso decidí ser más precavido y seguir al hombre que la acompañaba para darme una idea de a qué me estaba enfrentando.

– Sí, es una justificación muy aceptable –acordó Lily.

– Lo que sigue a continuación lo puedes inferir a partir de lo que tú viviste y de lo que te he dicho ya: el amante de Anna llegó aquí para hablar contigo, permaneció durante unos diez minutos, más o menos, en los cuales te hizo llorar y después salió para regresar a su automóvil y marcharse con mi prometida –finalizó Wakabayashi, mientras miraba fijamente a la doctora para conocer su reacción.

Lily lucía indignada y molesta a partes iguales; Genzo no esperaba menos, él también se había sentido indignado y molesto, más que traicionado, cuando supo la verdad, aunque él tenía sus razones para sentirse así y dudaba que ella tuviera las mismas. O quizás para ambos era una cuestión de orgullo herido.

– No soy tan tonta como para no intuir que si Dion terminó conmigo fue porque ya lo estaba esperando otra mujer –soltó Lily, con rabia–. Así como dices que conoces bien a tu prometida, yo lo conozco bien a él así que ya lo sospechaba, pero no puedo creer que haya sido tan cínico como para tener a su amante esperando afuera mientras me mandaba a volar.

– Eso fue duro, no lo niego, pero no fue más cínico que Anna, quien me aseguró que quería tiempo para prepararse para nuestra boda cuando en realidad lo que deseaba era irse a juguetear libremente con su amante –replicó Genzo.

Touché –bufó Lily, golpeando la mesa con la botella de cerveza–. ¡Vaya par de cínicos infelices que son los dos!

– Es cierto. –Él sonrió a medias–. No sé tú, pero al menos a mí sí me ha sorprendido descubrir esta característica en Anna.

– A mí no me sorprende lo de Dion, para qué negarlo –suspiró Lily–. Pero hay algo que no me has aclarado todavía, señor Wakabayashi: ¿por qué decidiste volver al restaurante para vigilarme durante un tiempo y después acercarte a hablar conmigo?

– ¿No te resulta obvio todavía? –respondió Genzo, quien comenzó a sentir irritada la garganta y le hizo una seña al mesero para solicitarle un vaso con agua–. Eres una mujer inteligente, seguro estoy de que podrás atar los cabos por tu cuenta.

– Lo he hecho ya pero me niego a aceptarlo –gruñó Lily, tras mirarlo unos instantes–. ¿De verdad me abordaste sólo porque tu prometida te está engañando con mi ex novio? ¿Qué pretendías, fundar el Club de los Cornudos?

– Preferiría llamarlo la Asociación de los Engañados –la contradijo el portero con sarcasmo, aunque después suavizó su tono–. Me acerqué a ti porque quería saber una cosa.

– ¿Qué cosa? –insistió Lily.

– Es difícil de explicar –aseguró Genzo, aunque después se corrigió–: Más bien debería decir que me cuesta trabajo aceptarlo, pero pensé que quizás si encontraba qué tenía Anna de distinto que no tuvieras tú, si averiguaba el por qué ese médico te dejó a ti por ella, quizás entonces…

– ¿Quizás entonces qué? –Lily lo miró con rabia.

– Quizás entonces podría entender qué tuvo él que no tuve yo –soltó Genzo, al fin.

Se hizo un silencio denso, que fue interrumpido por el mesero que llegaba a preguntar qué necesitaban. En su fuero interno, Lily agradeció la interrupción porque corría el riesgo de caer en la trampa que él sutilmente le estaba tendiendo.

– Siento irritada la garganta, no sé si es por hablar tanto o si me habré resfriado –comentó Wakabayashi–. Tráigame un vaso con agua sin hielo.

– Algo caliente te vendría mejor –sugirió Lily, con una voz calmada con la que demostraba que era muy capaz de controlar sus emociones cuando la situación así lo exigía.

El camarero sugirió una tizana de limón con miel, la cual fue bien recibida por los otros dos, tras lo cual preguntó a Lily si deseaba algo de comer; ella se negó, pretextando que no tenía hambre, aunque en realidad le dolía el estómago por culpa de la cerveza y del enojo. Cuando el muchacho se marchó, Genzo consideró necesario explicar lo que acababa de decir hacía unos instantes.

– No vayas a pensar que soy un hombre con baja autoestima, doctora, porque no es así, estoy muy consciente de mi valor –dijo él–. Pero si Anna decidió engañarme con otro hombre es porque encontró algo en él que yo no tuve y me gustaría saber qué es.

– ¿Para recuperarla? –aventuró Lily.

– Te mentiría si te dijera que sí –admitió Genzo–. Más bien, diría que es porque soy demasiado egocéntrico y no puedo imaginarme el por qué ella me dejaría por otra persona.

– Eso es algo muy honesto y va más con la personalidad que pareces tener. –Lily esbozó una sonrisita burlona–. Me habría sentido estafada si me hubieses contestado que sí, que lo hacías para recuperarla.

– No creo que a estas alturas me sirva de algo mentirte. –Él se encogió de hombros.

– Bien, no te conozco del todo pero sí conozco bien a Dion –comentó ella, después de pensarlo unos instantes–, así que puedo decirte con toda franqueza qué es lo que no tienes tú que sí tiene él. ¿Quieres que te lo diga o lo tuyo es de ese tipo de dudas que en realidad no quieres aclarar?

– Hazlo –pidió Wakabayashi, sin dudar.

– Dion es romántico y casanova, de la clase de hombre que conquista a una mujer a base de detalles –aclaró Lily, con aire furibundo–. Ya sabes, cosas como rosas, chocolates, joyería fina. Si vas por la calle y observas algo que te gustó en un escaparate, Dion entra a la tienda y te lo compra, diciéndote además que es algo que te mereces como la princesa que eres. Es muy cursi e idiota, pero es su forma de ser y, no te ofendas, no te veo a ti haciendo alguna de estas cosas.

– No me ofendo porque tienes razón: efectivamente, no soy ese tipo de hombre –asintió Genzo, con una mueca sardónica–. Es más, ni siquiera me daría cuenta de que estás viendo algo en el escaparate, no hablemos de regalar rosas ni ninguna de esas cosas sin importancia.

– Para algunas mujeres son importantes, Wakabayashi –señaló la doctora–. Quizás eso es lo que tu prometida, novia o lo que sea, vio en Dion que no vio en ti.

El mesero les trajo la tizana que él había pedido por consejo de ella; en ese momento Lily decidió seguir su impulso y ordenó una rebanada de pastel de chocolate belga. "Se me van a ir las calorías a los muslos pero me importa un carajo", pensó ella. Mientras esperaban a que el camarero regresara con la orden, Genzo se puso a remover la tizana con la cucharilla, sólo por hacer algo, al tiempo en que se quedaba pensando en la situación.

– ¿Te ha afectado lo que te he dicho? –preguntó ella, sin rodeos, cuando tuvo su rebanada en la mesa.

– Me parece una tontería, algo absurdo –confesó él, después de un rato–. No puedo imaginar que alguien deje una relación relativamente estable por detalles así.

– Te sorprenderá saber entonces que hay muchas, muchísimas mujeres que han terminado sus noviazgos de años sólo porque sus hombres no han sido lo suficientemente románticos –señaló Lily–. Conozco tantos casos que, si me dieran un euro por cada uno, tendría para pagar un Porsche como el de Karl Heinz Schneider pero con asientos de oro.

– Son bastantes, ciertamente. –Genzo sonrió–. Tal vez estoy siendo demasiado entrometido pero, ¿tú eres así, de las que terminan una relación por falta de romanticismo?

– Sí, ciertamente lo estás siendo. –Ella frunció el ceño–. Pero de cualquier manera te responderé: esto va a sonar muy cliché, pero no, no lo soy. Cada persona tiene su manera particular de demostrar amor y el romanticismo no es más que la idea barata que nos han vendido los cuentos de hadas para hacernos creer que una auténtica relación de pareja se basa en tonterías.

– Curioso –murmuró Genzo–. Ciertamente curioso.

"Ya empiezo a ver qué hay de diferente entre Anna y tú, doctora".

– ¿Qué cosa? –quiso saber Lily–. ¿Qué te parece curioso?

– Oh, pues –titubeó él; no se dio cuenta de que había hablado hasta que ella lo cuestionó, pero decidió continuar–: Me resulta curioso que quizás eso fue lo que no le gustó a Chastain de ti: si él es un tipo romántico y tú no lo eres, seguramente preferiría estar con alguien con quien sí resulten efectivas sus técnicas.

– Punto a tu favor –admitió Lily, tras pensarlo un poco–. Creo que Dion pensó que trataba de hacerme la interesante y no debió de gustarle cuando se dio cuenta de que yo no fingía y que en realidad no me interesan sus técnicas de conquista.

"Pero Anna sabía que yo no fingía así que prefirió irse con otro hombre que sí le diera lo que yo no", se dijo el japonés.

– Diría que al menos terminó conmigo antes de seguir poniéndome el cuerno –continuó Lily–, pero eso se mata con el hecho de que la hizo esperar en su auto mientras lo hacía.

– Te recuerdo que Anna sigue siendo mi prometida –bufó Genzo–. Yo la tengo más jodida porque a mí sí me están engañando.

– Eso es lo que no entiendo: si ella decidió estar con Dion, ¿por qué no se ha sincerado contigo? –preguntó Lily–. ¿No le era más fácil ser honesta?

– Es difícil que alguien como tú lo entienda –dijo Genzo; cuando notó la cara de molestia que ella puso, añadió–: No lo dije para ofenderte; me refiero a que pareces ser del tipo de mujer que no permite que cualquiera le diga qué hacer, además de que no eres japonesa.

– Eso me lo has dicho varias veces pero he conseguido comprenderte hasta ahora, ¿no? –replicó ella–. Así que intenta explicarlo.

– De acuerdo. –Él suspiró–. En Japón es impensable pensar que una mujer pueda romper algo tan importante como un matrimonio concertado, Anna quedaría marcada y eso le afectaría a nivel social y laboral, le resultaría casi imposible desarrollarse adecuadamente en cualquier ámbito.

– Así que prefiere casarse contigo para mantener su estatus pero al mismo tiempo opta por engañarte para poder ser feliz a su manera, ¿es eso? –Lily frunció el ceño–. Esas cosas también pasan en esta parte del planeta, pero aquí a esas mujeres se les conoce como oportunistas.

– No es tan simple –replicó Wakabayashi–. Como dije antes, te resulta difícil entenderlo porque no fuiste criada con esa ideología, pero yo sí puedo comprender que es por ese motivo por el que no ha sido sincera conmigo, casi estoy seguro de que ella no abrirá la boca y que un día simplemente volverá a mí y será la misma de antes, cuando se haya cansado de estar con tu ex novio.

– ¿Y si no se cansa? –preguntó Lily–. ¿Qué va a pasar si ella termina enamorándose de Dion?

– Aun así va a volver conmigo –respondió Genzo–. Y se callará ese sentimiento.

– Estás contando con eso, me supongo –afirmó ella, decepcionada–. Vas a aceptarla de vuelta porque sabes que no tiene para dónde correr.

– No –negó él, con tanto énfasis que hizo que la persona que estaba sentada detrás se girara a verlo–. No me creas tan blando ni con tan poco autorrespeto. Después de todo lo que ha pasado, de todo lo que sé, no soy capaz de aceptar a Anna de regreso como si nada hubiera ocurrido. Tengo dignidad, no puedo simplemente hacer como que nada de esto sucedió.

– Bueno, menos mal. –Lily hizo aspavientos con las manos–. ¡Me alegra saber que tienes dignidad! Otros simplemente habrían dicho: "¡Es que la amo tanto, no puedo perderla así que no me importa si está conmigo por obligación, al menos la tendré a mi lado!".

– Jamás haría algo así –negó Wakabayashi, muy serio–. Y menos porque me he dado cuenta de que ya no la amo.

Lily, que no se esperaba esta declaración, se quedó callada y sintió que había llegado demasiado lejos, aunque en ese día se habían roto muchos límites. ¿Qué tan lejano estaba dispuesta a seguir llegando con ese hombre que estaba tan indignado y enojado como ella? Ciertamente no había llegado tan lejos como lo había hecho él pero, ¿cuál sería su propio límite?

– ¿Y cómo es que te diste cuenta de eso? –preguntó, sabiendo que no le quedaba más remedio que seguir adelante.

– Porque he empezado a sentirme atraído por alguien más –contestó Genzo, sin darle vueltas al asunto–. Al parecer, ella no era la única atrapada en algo que no deseaba.

– Entiendo. –Lily clavó la vista en el mantel gastado, sin atreverse a preguntar algo más. "Llegaste demasiado lejos, mujer, y ahora no sabes cómo dar marcha atrás…".

– ¿Querías saber qué pienso pedirle de regalo de cumpleaños a mi padre, no es así? –continuó Genzo–. Te dije que tal vez algún día te lo diría y creo que ha llegado el momento.

– Supongo que está relacionado a esto, de lo contrario no tiene caso que me lo cuentes.

– Lo está –asintió él–. Lo que planeo pedirle es que me permita romper mi compromiso con Anna. No puedo volver con ella, no después de lo que sé y estoy seguro de que no la amo lo suficiente como para perdonarle este desliz. No podría mirarme al espejo todos los días sabiendo lo que sé.

– ¿Realmente hay un amor tan grande como para aceptar vivir con alguien que sabes que no te ama lo suficiente? –preguntó la doctora–. Es decir, quizás en los primeros años sentirás que tomaste la decisión correcta al perdonar a tu pareja infiel pero, si tienes aunque sea una pizca de amor propio, en algún momento empezarás a experimentar el peso de esa traición y será muy difícil que te lo quites de encima. A mi parecer, tú tienes demasiado amor propio, creo que no podrías vivir con ella como si nada hubiera sucedido.

– Me queda claro que me conoces mejor de lo que los dos creemos –aceptó Genzo, tras lo cual hizo una mueca.

– Tal vez es que te pareces más a mí de lo que pareciera a simple vista. –Lily se rascó la oreja con inquietud y se comió otro trozo de pastel.

– Y ahora, doctora, ¿vas a contarme tu historia? –preguntó Wakabayashi. La tizana le había aclarado la garganta pero el limón le dejó un regusto amargo en la boca.

– ¿Qué historia? –Ella saltó–. Yo no tengo nada qué contar, ya sabes lo que toca con respecto a mí.

– Sé qué papel te toca en este extraño cuadrado amoroso, pero no sé cómo es que llegaste a estar con ese doctor –señaló el portero–. Sobre todo porque me ha resultado evidente que ustedes dos no son precisamente compatibles.

– Y no te equivocarías del todo. –Para evitar mirarlo a la cara, Lily le echó un vistazo al reloj: llevaban cuarenta y cinco minutos hablando–. ¿Has sentido alguna vez mucha atracción física por alguien pero, cuando lo vas conociendo mejor, te das cuenta de que no congenian? No, probablemente no lo sepas ya que has estado prácticamente toda tu vida con la misma persona, así que diré que eso fue lo que me pasó con Dion: me siento atraída hacia él, pero estoy completamente convencida de que no estamos hechos para durar como pareja, sobre todo porque él no puede mantenerse alejado por mucho tiempo de otras mujeres. Podría decir incluso que desde antes de aceptar estar con Dion mi instinto me decía que era una mala idea y aun así no le hice caso. Y eso es lo que me tiene tan furiosa: no es que esté tan enojada con Dion, porque esto es algo que ya esperaba de él, estoy enojada conmigo misma por haber sido tan idiota.

– ¿Desde cuándo la infidelidad es culpa del engañado, doctora? –preguntó Wakabayashi, serio–. Te juzgas duramente por algo que tú no hiciste mal.

– Es curioso que me digas eso, considerando que tú también crees que es culpa tuya que tu prometida te haya puesto cuerno –replicó la doctora.

– Lo sé –aceptó él, en voz muy baja; habiendo sido tomado con la guardia baja, decidió desviar un poco la atención–: El día en el que los vi hablando, tú estabas llorando pero los días siguientes actuaste de lo más normal, eso en verdad me sorprendió.

– Estoy consciente de mi valor como persona y éste no está determinado por lo que una persona, hombre o mujer, haga o deje de hacer conmigo –repuso Lily, al tiempo en que le lanzaba una mirada furibunda. "Ése fue un golpe bajo y lo sabes"–. El que Dion me haya traicionado no hará que decaiga mi autoestima; me dolió, sí, pero no le voy a dar el gusto de verme llorando por él.

En vez de responder, Genzo la miró fijamente durante tanto tiempo que ella comenzó a sentirse inquieta.

– ¿Qué pasa contigo? –preguntó Lily, ofuscada–. Pareciera como si hubiese dicho una barbaridad.

– Nada de eso, todo lo contrario –negó él–. Simplemente me sorprendió darme cuenta de lo mucho que tu manera de pensar se parece a la mía. Basándome en esto, puedo concluir que no volverías con él aunque te lo pidiera, quiero suponer.

– En teoría, no –contestó la doctora.

– ¿En teoría?

– No puedo asegurarlo al cien por ciento –sentenció ella–. Uno puede estar seguro de haber hecho una elección cuando la pone en papel, por decirlo de alguna manera, pero a la hora de ejecutarla la cuestión podría cambiar.

– Entiendo –aceptó Genzo, con la mirada perdida en el horizonte; no pudo evitar preguntarse si él sería capaz de ejecutar las decisiones que había tomado en papel.

Lily terminó de comer el pastel justo en el momento en el que tomaba sus propias elecciones, ya había tenido suficiente de ese juego estúpido que el destino le estaba obligando a jugar. Dejó el tenedor en el plato, se limpió el rostro con parsimonia y después tomó su cartera para extraer el billete con el que pagaría su consumo y su parte de propina, el cual dejó sobre la mesa.

– Esto ha sido muy revelador, hay que decirlo, pero creo que ya no vamos a sacarle más provecho así que hay que dejarlo ir antes de que nos haga más daño a cualquiera de los dos, Wakabayashi –anunció la doctora–. No sé cuáles sean tus planes a partir de ahora, pero espero que lo que sea que decidas sea en tu bienestar y no en el de tu prometida. No la conozco y no me interesa su futuro, pero no creo que merezca tanta consideración de tu parte dado que tan descaradamente te ha puesto el cuerno y más si es probable que regrese a tu lado como si nada hubiera sucedido.

– Suena a que estás despidiéndote –comentó Genzo, ignorando el comentario dirigido a Anna.

– Es exactamente lo que estoy haciendo. –Lily se puso en pie–. A mí me parece que esta comedia ha llegado al extremo del ridículo y quiero retirarme de ella antes de que sea demasiado tarde. No puedo impedirte que vengas a este restaurante, no soy la dueña y aunque lo fuera no tendría por qué hacerlo, pero si vuelvo a verte aquí, actuaré como si no te conociera. No te lo tomes como algo personal, pero me gustaría que no me volvieras a hablar.

Ella no esperó a que él contestara y salió del restaurante lo más rápido que pudo sin que se viera muy desesperada, resistiendo la tentación de mirar hacia atrás. La cabeza le daba vueltas y necesitaba tomar aire fresco, se sentía enferma, asqueada y confundida, y maldijo una y otra vez el momento de debilidad que tuvo al aceptar a Dion como pareja, pues era culpa suya que en ese momento Lily se encontrara metida hasta las rodillas en ese lodazal.

"Habría preferido también que Wakabayashi no me hablara", se dijo. "Hubiera preferido no saber qué sucedió con Dion ni por qué terminó tan repentinamente conmigo, por no mencionar que así ese cínico portero nunca habría entrado en mi vida".

El otoño había entrado ya al hemisferio norte desde hacía tiempo así que la temperatura ambiental era baja y estaba descendiendo todavía más; quizás caería aguanieve o al menos una lluvia fría, el cielo encapotado así lo auguraba, así que la calle estaba desierta pues todos los transeúntes habían corrido a buscar refugio. Lily escuchaba el sonido de sus propios pasos sobre la acera de cemento y se sintió mejor, tal vez era hora de volver a casa a tomar una ducha larga para quitarse la extraña sensación que le había causado la historia de Genzo Wakabayashi. Saber el nombre de la mujer que había causado la ruptura entre Dion y ella fue como abrir una herida que ya estaba en vías de cerrarse y Lily no entendía el por qué Genzo había decidido hacerle eso, no lo justificaba ni por el hecho de que él fuera el otro engañado. Era cierto que Lily reconoció al portero desde la primera vez que lo vio entrar al restaurante, pero nunca se le ocurrió que fuese una tremenda combinación de casualidades la que lo hubiera llevado ahí ni que fuese ella su principal objetivo.

"Todo esto es una burla", pensó ella, fastidiada. "No tenía caso que Wakabayashi me buscara para saber por qué su prometida prefirió a Dion en vez de a él, eso era algo que pudo preguntárselo a ella directamente en vez de molestarme a mí. ¿Por qué insistió en buscarme?".

Estaba tan concentrada en sus pensamientos que tardó unos minutos en darse cuenta de que alguien la seguía, a juzgar por el sonido de pasos que buscaban emparejarse a los suyos, los pasos de alguien más alto y pesado que además caminaba a mucha mayor velocidad. Tomando en cuenta que la pequeña calle estaba desierta en esos momentos, no había muchas posibilidades de que alguien ajeno eligiese pasar ahí por casualidad.

"No empieces a imaginar cosas que no son", se dijo para tranquilizarse, al tiempo en que el aire arreciaba y le agitaba el cabello. "Seguramente es una persona que está buscando un refugio contra la inminente lluvia. Reprime esas ganas de salir corriendo, harás el ridículo cuando ese desconocido pase junto a ti sin hacerte caso".

– Ésta es la tercera vez que salgo tras de ti, doctora, espero que no se convierta en una costumbre –dijo Wakabayashi, al darle alcance–. Las primeras dos veces lo entendí, pero ésta no tenía razón de ser.

– ¡Ah! ¿Por qué me has seguido? –preguntó Lily, con asombro. Su corazón dio un pequeño vuelco y ella lo censuró de inmediato–. Y el que yo salga corriendo no implica que me tengas que seguir, por si no lo sabías.

– ¿Por qué lo hago? ¿Todavía lo preguntas? –bufó Genzo y la obligó a detenerse–. Te marchaste sin darme la oportunidad de terminar, todavía me falta decirte varias cosas.

– ¿Ah, en serio? ¿Qué más le faltaba a esta comedia de situación? –preguntó Lily, con cierta agresividad–. ¿Los créditos finales?

– Una escena post créditos –replicó él, sin amedrentarse–. Te aclaré que estaba seguro de que había dejado de amar a Anna porque me sentía atraído por otra persona.

– ¿Y eso a mí por qué me importa? –cuestionó ella, temiendo la respuesta que Wakabayashi pudiera darle.

– Porque esa persona eres tú –confesó Genzo, sin titubear–. No te habría contado toda la historia que me llevó a conocerte ni te habría esperado durante tantos días a que aparecieras sino fuera porque necesitaba volverte a ver y decirte que a últimas fechas pienso cada vez menos en Anna y más, mucho más, en ti.

Bien, que ahí estaba y era mucho peor de lo que pensaba. Lily dio un paso hacia atrás y Genzo temió que ella diera la media vuelta y echara a correr, pero después se dio cuenta de que no lo haría gracias a la chispa de felicidad que él vio en sus ojos color chocolate, la que tiene alguien que ha recibido una noticia maravillosa, aunado a ese sentimiento de atracción correspondida que Genzo estaba seguro de haber sentido antes.

– Como si las cosas no estuvieran lo suficientemente complicadas –protestó Lily–. ¿Cómo se supone que debo tomarme tus palabras o qué esperas que haga? Esto no podría ponerse peor.

– ¿Y eso es culpa mía? –Genzo frunció el ceño–. Uno no elige de quién sentirse atraído, doctora. ¿Crees que a mí me agrada que me hagas dudar de mis emociones, siendo que eres la ex novia del tipo con el que mi prometida se acuesta? Pero tienes una férrea determinación y un sentido del humor que no le he visto a nadie en mucho tiempo y eso me perturba.

– Perturbación no es lo mismo que atracción –replicó Lily–. No te confundas.

– Al principio pensé que sólo se trataba de admiración, lo admito –reconoció él–. Pero luego descubrí que constantemente pensaba en qué se sentiría besarte y por qué demonios alguien sería tan idiota como para dejarte por cualquier otra mujer, aun cuando se tratara de mi propia mujer, y supe que algo no andaba bien.

– ¡Por supuesto que no está bien, mira lo que estás diciendo! –exclamó Lily, colorada y escandalizada a partes iguales–. ¿Qué esperas que yo te conteste a eso? ¿Qué también me siento atraída por ti? ¡Aunque así fuera no pienso decírtelo!

– No necesito que lo hagas –la cortó Genzo y se acercó a ella–. Lo he visto más de una vez en tus ojos.

– Eres demasiado engreído, ni siquiera sabes lo que es el amor, mucho menos sabrás reconocerlo en los ojos de alguien –aseguró Lily–. ¡No eres ni capaz de definir qué es lo que siente tu novia por ti ni mucho menos confrontarla! ¿Cómo puedes asegurar que yo me siento atraída por ti?

Touché, doctora. –Genzo esbozó una mueca burlona–. Pocas veces me han dicho mis verdades con tanta dureza, pero si bien no puedo saber qué sientes tú ni tampoco lo que piensa Anna, sí sé que más de una vez quise dejar de acudir a ese restaurante pero no pude hacerlo porque quería verte. Al principio fue más la curiosidad lo que me motivaba a buscarte, pero después no le encontré una justificación que me permitiera salir bien librado y mandé al demonio al instinto que me ordenaba que me alejara de ti antes de que fuera demasiado tarde. Ignoré todo razonamiento lógico simplemente porque necesitaba verte y otra vez estoy ignorando el consejo de mi subconsciente de que te deje ir para evitar complicar más esto, pero simplemente no puedo marcharme sin saber si tú sientes lo mismo por mí.

– Deberías de hacerle caso a tu instinto –replicó Lily, mientras luchaba para cerrarse el abrigo, el viento era cada vez más fuerte y sus dedos comenzaban a congelarse–. ¡Hasta el mismo clima parece ir en nuestra contra! ¿Por qué insistes en seguir con esto?

– Porque soy rebelde y malcriado, ¿lo olvidas? –Genzo se acercó y la ayudó a abotonarse el abrigo–. Y siempre obtengo lo que quiero.

– Esto no es una maldita novela, tómate las cosas con más seriedad –refunfuñó Lily, evitando mirarlo a los ojos.

Genzo se dio cuenta de que si no aprovechaba el momento, nunca más tendría otra oportunidad: era ahora o nunca. No estaba seguro de qué esperaba que sucediera cuando besó a Lily, sólo quería saber si esa atracción que sentía por ella desaparecería en cuanto lo hiciera. No fue así: en cuanto él rozó los labios de ella, un torrente de emociones se desbordó en ambos con la fuerza de un vendaval. Antes de que fueran conscientes de que habían roto todos los límites, ambos se estaban besando como si la vida les dependiera de ello. El portero sentía que el viento los castigaba con fuerza y les congelaba el cuerpo, pero el calor que manaba de ese beso lo hacía olvidar la inclemencia del tiempo y a la doctora parecía pasarle lo mismo. Después de lo que les parecieron cortísimos segundos, Lily se separó con menos rudeza de la que Genzo esperaba (tampoco recibió una bofetada, eso era otro punto a favor); él sabía que debía darle su espacio así que no intentó abrazarla de nuevo.

– Bien, ahí lo tienes, ¿ya estás feliz? –musitó Lily–. Has empeorado esta historia que ya era lo suficientemente complicada por sí sola. Bueno, no, la verdad es que has sido tú el que ha enredado esta situación.

– No he sido el único –replicó Genzo, con una sonrisa petulante–. Si tú no me hubieras correspondido el beso, yo simplemente me habría disculpado contigo y me habría marchado para no volver a buscarte más. Pero siendo que te aferraste a mí como si fuese tu amante no puedo irme y fingir que nada sucedió.

– En primera: no me aferré a ti –puntualizó ella, ofuscada–. Y en segunda: ¿Cuál es tu idea, señor Wakabayashi? ¿Quieres que ahora invirtamos los papeles? ¿Qué pasó con eso de "ser un ejemplo para la sociedad japonesa"?

– En primera, en estos momentos la sociedad japonesa es lo que menos me importa; además, casi nadie sabe que estoy comprometido –respondió Wakabayashi–. Y en segunda, creo que debemos de dejar de actuar en base a lo que Anna y Chastain hicieron con nosotros, Lily. Es momento de empezar a tomar nuestras decisiones en base a nosotros mismos y a lo que queremos hacer.

Ella, sin poder evitarlo, esbozó una sonrisa genuina y dulce y soltó una risilla nerviosa, dos cosas que no pasaron desapercibidas para él.

– ¿Qué sucede? –quiso saber Genzo–. Tal pareciera que dije algo gracioso.

– Es una estupidez. –Lily puso los ojos en blanco–. Pero es la primera vez que me llamas por mi nombre y me río de lo mucho que eso me gustó. Estoy más perdida de lo que esperaba, maldita sea.

– No puedo decir que eso me moleste –replicó él.

– ¿Y bien? No me has dicho cuál es tu idea –preguntó la doctora–. ¿Dejarnos llevar y ver qué pasa?

– Es básicamente lo que hemos estado haciendo hasta ahora –asintió Wakabayashi–. Desde hace días que ya no hemos estado actuando en base a lo que han hecho los otros dos y nos ha ido bien hasta el momento.

– Sí, pero hay muchas cosas que podrían salir mal –aseguró Lily, tras lo cual titubeó; la sola cuestión le causaba vergüenza pero debía dejar las cosas en claro.- Además, no sé qué estás pensando con respecto a la cuestión íntima.

– ¡Oh! Realmente no había pensado en eso –aseguró Genzo. "Mentira, claro que lo has pensado y mucho"–. Pero no es de mi interés el obligarte a hacer algo que no quieres.

Lily lo miró fijamente durante unos instantes, tras lo cual dio la media vuelta y caminó tres pasos, aunque después regresó y lo miró con fijeza, titubeando otra vez; era evidente que ella también luchaba consigo misma y con su conciencia, así que él esperó a que ella se decidiera a darle una respuesta. Sin previo aviso, la doctora se acercó y lo besó con intensidad hasta que dejó a Genzo sin aire para respirar.

– No quiero convertirme en tu amante a sabiendas que estás comprometido –aclaró Lily, cuando terminó el beso–. No me importa si tu prometida te engañó con mi ex novio, yo no voy a ser "la otra" pues también tengo mi dignidad, al igual que tú. Y ya que insistes tanto en saberlo, sí, sí me siento atraída por ti, sí me gustas y si me pidieras que me acostara contigo me costaría mucho trabajo decirte que no, pero no pienso darte algo más que este beso que te acabo de dar mientras no resuelvas tus problemas con tu prometida. Que algo te quede bien en claro, Genzo Wakabayashi: yo no voy a ser el instrumento de venganza contra tu futura esposa. Así pues, será mejor que decidas qué es más fuerte: tu cariño por tu prometida o tu atracción por mí. Mientras no lo tengas en claro, yo seguiré marchándome del restaurante sin mirar hacia atrás.

A Genzo se le congeló la sonrisa en el rostro, pues no esperaba esa respuesta por parte de ella. Al mismo tiempo lo embargaba la emoción de la confesión que Lily le acaba de hacer y la decepción de toparse con la dura realidad: una de las cosas que más le gustaban de la doctora Del Valle era su autoestima, ¿por qué creyó que ella la dejaría de lado por él, si no lo había hecho por su ex pareja? Sin embargo, Wakabayashi tuvo que admitir que, si Lily hubiera aceptado ser su amante sin condiciones, habría perdido parte del respeto que le tenía.

– Lo que pides es justo –aceptó Genzo, al tiempo en que comenzaban a caer las primeras gotas de lluvia–. Ha sido demasiado egoísta de mi parte el desear que aceptaras lo que siento por ti cuando no puedo ofrecerte más que ser mi amante.

– Al menos lo reconoces –dijo Lily, con una mirada de tristeza–. Además, de nada me servirá rogarte que me elijas en vez de a ella si tus sentimientos no están enfocados en mí; si es a tu prometida a quien quieres, por mucho que yo te ruegue no me vas a amar a mí, así no funcionan las cosas, Wakabayashi.

Las gruesas gotas heladas que habían empezado a caer se convirtieron en una lluvia intensa que los obligó a buscar refugio. Lily sugirió ir al hospital, ya que estaban a poco menos de una cuadra de él, cosa que sorprendió a Genzo aunque después se dio cuenta de que era lo más lógico: por algo el restaurante estaba lleno de personal de la salud, porque quedaba cerca del nosocomio. Ambos se sintieron agradecidos cuando vieron la entrada del área de consulta externa y pudieron refugiarse bajo el techo que cubría el vestíbulo; a esas horas había poca gente en la entrada y la mayoría eran personas como Genzo y Lily que habían corrido a guarecerse en cuanto se soltó el aguacero.

– Estoy empapada, pero creo que te ha tocado la peor parte –comentó Lily y exprimió su larga cabellera–. Me pareció que tratabas de cubrirme de la lluvia mientras corríamos.

– No seré un romántico caballero como tu ex, pero me preocupo. –Wakabayashi se encogió de hombros.

– No me parece que sea habitual en ti el cotejarte con otros –replicó Lily, mientras buscaba algo en su bolso–. Aunque me hayas dicho que te comparaste con Dion por una cuestión de amor propio, realmente no me creí tu explicación por la sencilla razón de que eres demasiado egocéntrico como para que te importe lo que haga otro hombre.

– No sabía que además de médica eras psicóloga –se burló Genzo para ocultar su incomodidad, pues ella había dado en el clavo.

– Todos los médicos tenemos algo de psicólogos, son gajes del oficio –aseguró ella, mientras sacaba un pañuelo seco–. Deja que te seque el rostro, al menos.

Antes de que él pudiera decir algo, Lily estiró la mano y le limpió de la cara las gotas de lluvia. Esto tomó a Genzo con la guardia baja y no pudo evitar estremecerse con este gesto, no sólo porque ella estaba muy cerca sino también por la ternura con la que lo hizo. Él entonces le retiró de la cara un par de mechones apelmazados por el agua para acomodárselos detrás de las orejas, lo cual Lily agradeció con una sonrisa.

– Somos un desastre, me parece –señaló ella, con ironía.

– Tal vez. –Genzo continuó acariciando su rostro hasta que llegó a sus labios y los tocó con cierta sensualidad–. Pero eso lo hemos sabido desde el principio y nunca nos ha importado.

Ella lo miró a los ojos y le sonrió; Genzo sintió en sus dedos la suavidad de sus labios y cómo estos se curvaban con su sonrisa y se dijo que, al menos que algo terrible sucediera, iba a besarla sin importarle lo que Lily pudiera reclamarle después.

– Tienes los labios fríos –señaló él, en voz baja.

– No es para sorprender, con este clima –susurró Lily y lo miró a los ojos.

– Algo tendremos que hacer al respecto –dijo Genzo, al tiempo en que Lily cerraba los ojos.

"Al menos no tiene algo en contra de los besos, ya con éste son tres al hilo", pensó el portero, mientras Lily se refugiaba en sus brazos y le correspondía al beso. No sabía si se debía al frío, a que estaba empapada o al contacto físico, pero Lily se estremeció y Genzo la abrazó con más fuerza, en un intento de generar calor (cosa que, bien mirada, no era tan difícil de lograr). Fue un momento único que, como todo lo bueno en esta vida, fue demasiado corto.

– ¿Lily? –preguntó una voz masculina con acento francés–. ¿Qué estás haciendo?

Wakabayashi nunca había escuchado esa voz antes pero no necesitaba hacerlo para suponer de quién se trataba. No debería de sorprenderse realmente, después de todo estaban en el hospital y por lo que tenía entendido el ex novio de la doctora Del Valle era médico también, así que encontrarlo por ahí no sería cosa rara; sin embargo, lo jodido era que justamente fuese pasando por ahí en ese momento, o quizás ya estaba ahí desde que ellos llegaron y simplemente esperó a ese instante para interrumpirlos.

– Esto tiene que ser una jodida broma –farfulló Lily, en voz baja.

– Adivino: es tu ex –comentó Genzo–. ¿Es demasiado tarde para correr?

– Acertaste: ése es Dion –bufó la doctora–. Espero que no sea muy tarde para huir, prefiero congelarme bajo esta tormenta helada que tener que verle la cara.

Wakabayashi giró la cabeza para ver hacia la entrada del área de consulta externa, que era el lugar de donde provino la voz. No le sorprendió ver al mismo médico de piel oscura que, semanas atrás, había roto con Lily en el consabido restaurante para después marcharse con Anna. El hombre se dirigía a ellos a toda velocidad con cara de pocos amigos, y sólo hasta ese instante Genzo se dio cuenta de que seguía rodeando a Lily con los brazos.

– ¿Quién es él, Lily? –preguntó Dion–. ¿Por qué estaba besándote hace un momento?

– Hola, Dion, cómo estás, qué gusto verte –contestó Lily, con un resignado sarcasmo–. Es bueno ver que sigues teniendo modales. Fíjate que en realidad estaba haciéndole una revisión exhaustiva de amígdalas al joven aquí presente y me pareció que esa técnica era la mejor para llevarla a cabo.

– No juegues conmigo, esto no me parece gracioso –arguyó Dion, con dureza–. ¿Quién es este tipo?

– Yo soy Genzo Wakabayashi –dijo el japonés, cansado del cinismo de su rival–. Y la he besado porque me gusta, así de sencillo. Antes de que lo olvide, quiero señalarte también que "este tipo", como me has llamado, es el todavía prometido de la joven con la que te estás acostando actualmente, Anna Tirrell.

La expresión que puso Dion no tuvo precio. Lily se lamentó el no haber sido lo suficientemente rápida como para sacar su teléfono y tomarle una fotografía, la habría mandado enmarcar para seguirse burlando cada vez que tuviera deseos de hacerlo. Dion, sin embargo, se recompuso rápidamente, como era su costumbre, y volvió a retomar su actitud de enojo, aunque en un nivel menor.

– ¿De qué estás hablando? –preguntó–. No te entiendo.

– Yo creo que sí me entiendes –reclamó Genzo–. Déjate de estupideces y al menos ten el valor de admitir que te acuestas con Anna.

Ante la mención del nombre de Anna, Dion ya no pudo mantener su postura de ignorancia y volteó a ver a Lily, quien le devolvió una mirada de enojo. En ese momento el médico debió recordar algo porque puso una expresión de angustia, como si hubiera dejado a Jun Misugi en plena sala de operaciones con el pecho abierto de par en par. Dion dudó entre dar la media vuelta y solucionar el problema que lo estaba aquejando o quedarse a reclamarle a su ex novia por haberlo olvidado; al final, le ganó lo último y ése fue su error.

– De acuerdo, lo admito: sí estoy con otra mujer ahora, pero ella no significa nada para mí –admitió Dion, aunque no reconoció que esa persona fuese la mujer de otro hombre–. Sé que te costará trabajo creerme, Lily, pero al estar con ella me he dado cuenta de lo idiota que fui por dejarte y pretender que podría estar sin ti. Lo cierto es que te sigo queriendo, no he conseguido dejar de pensarte ni un solo instante.

– Tú crees que yo nací ayer, ¿verdad? –Lily se echó a reír–. ¡No puedo creer que seas tan cínico! ¿Cuándo te diste cuenta exactamente de que "todavía me quieres"? ¿Después de acostarte con esa chica o cuando me viste besándome con otro?

– A veces las cosas no salen como uno quiere –contestó Dion, evadiendo ambas preguntas–. Yo no quería hacerte daño, por eso lo mejor era terminar contigo para no hacerlo. ¿No te das cuenta? No quería engañarte y por eso decidí que lo mejor era cortar nuestra relación.

– ¿No habría sido mejor que simplemente no te metieras con otra mujer mientras estabas con ella? Peor todavía: con una mujer comprometida con otro hombre –intervino Genzo, quien tuvo unos repentinos deseos de darle un puñetazo a Dion–. Eso habría hablado más de tu amor por la doctora que el decir que terminaste con ella para no herirla.

– ¿Ahora tú me vas a dar consejos de amor? –bufó Dion de manera burlona, como si hubiera recordado algo que le hubiesen dicho acerca de Genzo–. No tienes ni remota idea de cómo tratar a una mujer y me quieres venir a dar clases de cómo tratar a la mía.

– No puedo creer que de verdad seas tan cínico –exclamó Lily, enojada también–. Yo no soy "tu mujer", maldita sea. Además, Wakabayashi tiene toda la razón del mundo: si tanto me amabas, bien pudiste aguantaste las ganas de revolcarte con otra.

A pesar de que el doctor quería mantenerse concentrado en los otros dos, se notaba que algo lo inquietaba, pues constantemente lanzaba miradas preocupadas hacia la entrada del área de consulta externa, como si en cualquier momento fuese a aparecer por ahí la Muerte en forma de camión repartidor (lo cual, en el mundo de Captain Tsubasa, es para tenerle pavor). Tras el cuarto o quinto vistazo angustiado por parte de Dion, Wakabayashi llegó a la conclusión de que el médico temía que apareciese en cualquier momento algo o alguien que pudiera empeorar la situación y fue entonces cuando la última pieza encajó en el cerebro del portero: Anna sin duda alguna también debía estar ahí. Y casi como si la hubiera invocado, una figura se materializó en la entrada de consulta externa y, aún sin voltear a ver de quién se trataba, Genzo supo que era ella.

– ¿Gen? ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó Anna, casi a gritos debido a que el ruido de la lluvia opacaba los demás sonidos; el temblor en su voz revelaba que ella estaba tan impactada como los otros tres por la coincidencia de eventos en la que acababa de verse envuelta.

Ante lo ridículo de la situación, Wakabayashi se echó a reír, pues la presencia de Anna era lo que faltaba para que esa comedia barata estuviera completa. Lily giró la cabeza para ver a la persona que había hablado y visualizó a una joven de piel clara, corto cabello oscuro y ojos negros, quien los miraba a Genzo y a ella con cierta rabia contenida, una rabia que era similar a la que mostraba Dion; éste, a su vez, veía a Anna como quien mira a algo que le da vergüenza y que no sabe cómo esconder. "Ahora entiendo por qué Wakabayashi se está riendo", pensó Lily, mirando al japonés de reojo. "En momentos así, es lo único que se puede hacer".

– Anna, vuelve adentro –le ordenó Dion; su voz sonó débil, quizás porque sabía que ya no tenía caso pedirle que se marchara ahora que los otros dos la habían visto.

– Genzo, ¿quién esta mujer? –preguntó Anna, muy seria–. ¿Y por qué estás con ella?

A Lily le dio la impresión de que la última pregunta más bien iba a ser "¿Por qué la estás abrazando?", pero era obvio que Anna sabía controlarse mejor que Dion. Y se dio cuenta de que Genzo pensó lo mismo pues inconscientemente la soltó. "Claro, no podía esperar que unos meses de conocernos borraran de un plumazo tantos años de relación", pensó Lily, decepcionada. "Sería muy tonta si pensara que podía ser lo contrario".

– Es ella, ¿verdad? –le preguntó a Wakabayashi, en voz baja–. Tu prometida.

– Sí –contestó él, en el mismo volumen de voz–. No me sorprende el haberme encontrado con tu ex, pues aquí es en donde trabaja, pero no esperaba que Anna estuviera con él.

– Créeme que yo tampoco lo esperaba –suspiró Lily.

– ¿Gen? ¿Por qué no me contestas? –Anna empezó a caminar hacia ellos y se detuvo a pocos pasos de Dion–. ¿Quién es ella y qué estás haciendo aquí?

– ¿No debería preguntarte lo mismo? –contradijo el portero, señalando a Dion–. ¿Qué haces tú aquí con él?

– ¡Oh! –exclamó Anna y se puso muy roja–. El doctor Chastain es mi médico de cabecera y vine a que me hiciera unos exámenes.

Claramente ella ya había pensado en esa excusa porque le salió muy natural, como si la hubiera ensayado varias veces delante del espejo. Por supuesto, Anna no contaba con que la tendría que decir frente a su aún prometido y a la ex novia de su amante, por lo que no pudo evitar que la turbación que sentía alterara su semblante.

"Lo más probable es que esa información haya sido cierta alguna vez: esta mujer pudo haber conocido a Dion al venir al hospital para ser atendida por alguna enfermedad", pensó Lily. "Seguramente él le dio la consulta y de ahí ella continuó viniendo a verlo, pretextando que seguía sintiéndose mal. Lo demás se debió dar por sí solo, o quizás el mismo Dion lo propició, no me sorprendería en lo más mínimo que hubiese sido así".

– Anna, no insultes mi inteligencia –bufó Wakabayashi, ajeno a los pensamientos de Lily–. Nos conocemos desde hace años y sabes que no puedes engañarme, sé bien que él es tu amante. No me insultes más de lo que lo has hecho ya.

– No, no es verdad, él no es mi amante, no te estoy mintiendo –se apresuró a decir Anna–. Él es mi médico de cabecera, nada más.

– Si te refieres a que soy tu médico de cabecera porque siempre estoy en tu cama, entonces sí lo soy –intervino Dion, sin poder evitar jactarse delante de su rival.

– Cállate –le espetó Anna, con una energía que no iba acorde a su apariencia frágil–. Gen, no creas nada de lo que dice, sólo estoy aquí para unos análisis.

– Ya basta, no finjas más –la cortó Genzo, fastidiado–. Sé quién es él y sé que no es tu médico, los he visto juntos, no me puedes engañar. Además, por si fuera poco, la doctora a la que besé hace unos instantes es su ex novia y ella me ha confirmado que él la dejó por ti.

El rostro de Anna se desfiguró por la angustia y Lily no supo definir si esto se debía a que ella no podía seguir manteniendo la mentira delante de Genzo o a que éste confirmó que se había besado con otra. En vez de responder, Anna se aferró al brazo de Wakabayashi, salvando la distancia que había entre ellos con un salto. Lily se preguntó si era demasiado tarde para emprender la huída, pero Dion le cortó la retirada al darse cuenta de sus intenciones.

– No te vayas Lily –pidió él–. Tenemos mucho de qué hablar.

– Gen, por favor, déjame explicarte –suplicó Anna a Genzo.

Wakabayashi intercambió una mirada con Lily, quien a su vez le volvió a confirmar lo que ya le había dicho antes: tenía que decidirse si quería volver con Anna o si prefería intentarlo con ella, pero no podía tenerlas a las dos a la vez. La doctora no se hacía demasiadas ilusiones: era demasiado práctica como para ignorar que Anna llevaba las de ganar; por esta razón fue que, en cuanto Genzo le confesó que estaba comprometido, Lily intentó mantener su atracción por él al margen, sin éxito, pero ella estaba decidida a no suplicarle que la eligiera en vez de a Anna, pues estaba consciente de que no se puede obligar a una persona a que te corresponda como tú lo esperas si ésta así no lo desea.

– No creo que sirva de mucho hablar en estos momentos si sólo vas a decirme mentiras, Anna –bufó Genzo–. Me parece increíble que hayas llegado al extremo de asegurar que ese hombre es tu doctor. Los vi besándose y salir juntos en un automóvil hacia quién sabe dónde, no trates de verme la cara de idiota más de lo que me la has visto ya.

– Perdóname, Gen, por favor. –Anna lo tomó por la manga de la chaqueta–. No sabes lo arrepentida que estoy, te juro que esto fue un desliz.

– No estoy de humor para hablar ahora, de verdad –aseguró Wakabayashi; con el rabillo del ojo vio que Dion se había llevado a Lily unos pasos más allá y discutían también–. Necesito que primero se me baje el enojo antes de pensar en qué va a suceder con nosotros.

– ¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Anna, con angustia mal disimulada–. Es decir, sí, cometí un error terrible, hasta ahora me doy cuenta de cuán grande ha sido y sé que no merezco perdón, pero estoy segura de que es algo que podemos resolver. Tenemos una historia de vida tú y yo, Gen, ¡no lo dejes perder por un error!

Genzo no le prestó la atención que debía porque estaba más interesado en la discusión que tenían Dion y la doctora Del Valle. Él intentaba acercarse a ella usando técnicas que habrían hecho caer a cualquiera, le acariciaba el cabello, le hablaba en voz baja o intentaba tomarla de las manos, pero Lily lo esquivaba sin ceder un ápice. Wakabayashi notó que todavía tenía muchas ganas de golpear a Chastain, ¿empeoraría mucho la situación si se dejaba llevar por ese impulso?

– Tengo que reconocer que sí, lo que dices es cierto: me fui con Anna porque es más sumisa que tú –decía Dion en esos momentos–. No estoy acostumbrado a que una mujer tenga tanta determinación y muchas veces no sabía cómo actuar contigo.

– Ya me lo esperaba, más o menos, lo saqué como conclusión en cuanto Wakabayashi me habló de ella. –Lily lo miró con dureza–. Lo que no me queda claro es el por qué me rogaste durante tanto tiempo para que estuviera contigo si ya sabías que yo no soy sumisa. ¿Qué esperas, que me volviera loca de amor por ti y mágicamente comenzara a actuar de una manera en la que no soy?

– Lo que esperaba era que me amaras al grado de que no me importara que no seas lo que esperaba que fueras –replicó Dion–. Pero nunca cediste conmigo y no me dabas todo lo que quería, así que eso me empujó a buscar en otra mujer lo que necesitaba de ti.

– Me encanta que lo hagas ver como si fuera mi culpa. –Lily se echó a reír–. Eso te funcionará con muchas mujeres, Dion, pero no conmigo.

En ese momento Anna volvió a tirar de la manga de Genzo y lo sujetó con fuerza por el brazo, lo que hizo que él se distrajera de la conversación. Wakabayashi pudo ver entonces que ella tenía los ojos anegados en lágrimas y se sintió inexplicablemente mal, como si todo ese problema fuese culpa de él y no de ella. Sin embargo, hubo algo diferente en esta ocasión que no hubo en las otras, quizás el hecho de que Anna había actuado cínica y descaradamente como no hizo en todo el tiempo que llevaba de conocerla, y gracias a eso Genzo supo reconocer que ella se había salido con la suya a lo largo de tantos años de relación gracias a que sabía manipularlo con sus llantos: Wakabayashi era pésimo consolando a las personas y más todavía si se trataba de una mujer, así que prefería ceder cuando Anna se ponía a llorar en vez de discutir con ella.

– Gen, estabas con esa mujer, ¿verdad? –preguntó Anna, en un tono quejumbroso que era muy familiar para él–. Te vi besarla hace unos minutos. ¿Estás con ella por lo que te hice?

– No –negó Genzo, aunque su mente rectificó: sí, era culpa de Anna que él hubiera conocido a la doctora, pero ésta no le gustaba por cuestiones de venganza–. Yo no pensaba hacerte lo mismo que tú me hiciste a mí.

– ¿Pero entonces por qué la besaste? –insistió ella.

– Ésa es una de las muchas cosas de las que tenemos que hablar –masculló el portero.

– ¿Qué cosas? –cuestionó Anna–. ¿Sí sientes algo por ella?

– No voy a hablar de eso ahora –negó Wakabayashi.

– Eso quiere decir que sí. –Anna le apretó el brazo con más fuerza–. No vas a romper nuestro compromiso por culpa de esa mujer, ¿verdad?

– ¿De verdad te sentirías bien casándote conmigo a sabiendas que me engañaste con otro y que me mentiste cuando te descubrí con él? –preguntó Genzo, suavizando el tono de su voz–. ¿Qué esperanza le encuentras a un matrimonio que tiene un comienzo así?

– Te juro que daré mi vida entera para compensar esto –aseguró Anna–. Voy a ser la esposa perfecta, seré que lo que esperas de mí. Te juro que todos los días me dedicaré a servirte y a serte fiel para borrar este imperdonable error. Por favor, dame otra oportunidad, no quiero que me dejes.

En ese momento, Genzo recordó lo que le dijo a Lily acerca de que Anna acabaría volviendo a él tarde o temprano, aun cuando estuviera enamorada de Dion, porque de lo contrario estaría condenada al repudio social y además estaba demasiado bien educada como para ir en contra de lo que le enseñaron durante años. Aunque a Genzo ya no le importaba lo que sucediera con ella, justo en ese instante se dio cuenta de que no podía simplemente dejarla abandonada a su suerte, había llegado a quererla lo suficiente como para no hacerlo. Sin embargo, también era cierto que un matrimonio que empieza mal, en algún momento va a terminar mal y Wakabayashi ya no estaba seguro de que Anna fuese la mujer con la que quería pasar el resto de su vida.

– Por favor, Gen –insistió Anna una vez más, mirándolo con súplica–. Yo todavía te amo, te juro que lo del doctor Chastain no fue más que un momento de debilidad. Perdóname, no termines nuestra relación por una tontería.

Ambos se dieron cuenta entonces de que Lily se marchaba con Dion pisándole los talones, mientras le suplicaba que le diera otra oportunidad. Quiso Genzo ir tras ellos y decirle al médico que la dejara en paz, que se alejara de ella cuanto antes, pero con Anna colgada de su brazo supo que lo mejor era dejarlos ir.


Notas:

– Dion Chastain y Anna Tirrell son personajes creados por Lily de Wakabayashi.

La Federación Japonesa de Natación sancionó al nadador Daya Seto en octubre de 2020 por haber tenido una aventura extramatrimonial, con una suspensión que le impidió nadar en actividades deportivas y oficiales por el resto del año. A consecuencia del escándalo, Seto renunció a su puesto como capitán del equipo olímpico de natación de Japón y perdió el patrocinio de las aerolíneas ANA.