Epílogo.

Tres años después.

Japón.

El teléfono de escritorio repiqueteó con fuerza en un par de ocasiones, en la enorme oficina del presidente del consorcio de los Wakabayashi, antes de que Shuzou estirara la mano para alzar la bocina. Al otro lado de la línea, la voz de su eficiente secretaria, Majime, le informó que tenía una llamada urgente desde Alemania.

– Es su hijo, señor –añadió la mujer, para más señas.

Como era su costumbre, Majime omitió decir cuál de los hijos de su jefe era el que llamaba, a pesar de que sabía perfectamente bien que él tenía tres. Sin embargo, si se consideraba que Shuichi, el mayor, trabajaba en la misma empresa y que Eiji, el segundo hijo, vivía en Japón, por lógica Shuzou debía considerar que el que llamaba desde Alemania no podía ser otro que el rebelde hijo menor que vivía al otro lado del planeta.

– ¿Se lo comunico o le digo que llame más tarde? –preguntó Majime, aunque lo hizo por cortesía porque bien que sabía la respuesta.

– Pase la llamada, Majime, por favor –ordenó Shuzou, tras suspirar.

El hombre tenía su escritorio lleno de papeles: contratos pendientes de revisión, reportes de gastos y una previsualización del presupuesto del siguiente año, pero tratándose de Genzo todo eso podía quedar de lado por un momento, no sólo porque era su hijo predilecto sino también porque él llamaba tan pocas veces que, cuando lo hacía, sólo podía significar que le hablaba para comunicarle algo importante.

Moshi-Moshi? –La voz de Genzo se escuchó fuerte y clara, a pesar de encontrarse a medio mundo de distancia–. ¿Cómo estás, papá?

– Bien, hijo, gracias por preguntar –fue la lacónica respuesta de Shuzou–. ¿Y tú cómo te encuentras? Quisiera creer que si me llamas no es para darme malas noticias.

– Nada de eso –rio Genzo; se notaba que él se encontraba de muy buen humor–. Hablo para recordarte que mi cumpleaños está cerca.

– Oh, es verdad. ¡Casi lo olvidaba! –rio Shuzou, al tiempo en que consultaba el calendario de su Tablet, que tenía marcado el 7 de diciembre como una fecha importante que no debía dejar de lado.

En otras circunstancias Genzo se habría ofendido, como ya había sucedido en años anteriores, pero en ese momento él volvió a reír con tantas ganas que Shuzou supo que le había ocurrido algo muy importante y muy bueno, lo cual seguramente era la razón por la que le había llamado.

– No importa, padre, para eso te he llamado, para recordártelo –contestó Genzo–. Y también para decirte qué es lo que voy a querer de regalo este año.

– ¿Ah, sí? – Shuzou reprimió una risa. A pesar de ser un adulto bien formado y de estar casado, Genzo seguía actuando como un niño–. Creo recordar que hace tres años me dijiste que nunca más volverías a pedirme otro obsequio, Genzo.

– Es que este regalo sólo puedes dármelo tú –replicó el joven–. Además, Lily también espera que puedas cumplirlo, por eso me atrevo a solicitarlo.

– No me digas. –El señor Wakabayashi no pudo más y soltó una breve carcajada. Que la esposa de su hijo también insistiera en el asunto incrementaba la gracia–. ¿Así que Lily también está detrás de esto?

– Ella fue la de la idea, de hecho –señaló Genzo, sin inmutarse–. Probablemente te va a ocasionar algunos problemas de horario el darnos este obsequio, pero de verdad esperamos que puedas cumplirlo.

– ¿De qué se trata? –A Shuzou comenzó a darle curiosidad el asunto–. ¿Qué vas a pedir esta vez?

– Como deseo de cumpleaños, quiero que vengas a Alemania a comienzos de la próxima primavera para el nacimiento de tu nieta –solicitó Genzo, muy feliz–. Sé que no será tu primera nieta pero sí será la primera que vendrá de mí, así que me gustaría que estuvieras aquí para entonces.

Shuzou, que se esperaba casi cualquier locura menos esto, se quedó sin palabras durante algunos minutos debido a la asombrosa petición que acababa de hacerle su hijo. No era para menos: ¡Genzo acababa de avisarle que dentro de pronto iba a volver a ser abuelo!


Notas:

– Shuzou Wakabayashi es un personaje creado por Yoichi Takahashi ©.

– Por otro año más pude cumplir con esta loca tradición mía de escribir un fanfic para el cumpleaños de Genzo Wakabayashi. No era lo que tenía planeado para este año pero a la inspiración hay que dejarla ser. ¡Feliz cumpleaños a mi eterno amor platónico! Ya veremos qué nos depara el próximo año.