Un Día Más
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei Animation.
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No sabían desde cuándo tomaban tantos riesgos, sobretodo en la escuela y sin que tuvieran que transformarse para pelear contra algún inesperado enemigo. Sus batallas habían quedado atrás hacía poco más de un año, al menos las más serias, pero no se negaban el derecho de intervenir si la situación lo necesitaba. Tenía alrededor de un mes que habían intervenido cuando un ladrón tenía rehenes en un banco y justo ellas estaban de paso. Todo salió bien, cabría decir, oponentes humanos incluso con armas de fuego no eran un reto que hiciera sudar a las Emisarias de la Luz.
Estaban en su segundo año de preparatoria, las vacaciones de verano se encontraban a la vuelta de la esquina y ya tenían planes para sus días libres.
Pero dentro de la sala del club de ciencias, ya entrada la tarde, Nagisa y Honoka no hablaban precisamente de sus planes para verano. Tenían más de un año saliendo, Honoka se le confesó a Nagisa una tarde que la lluvia las atrapó a la salida de la escuela y tuvieron que apresurarse a casa de Honoka, que era la más cercana. Una plática llevó a otra y entre tema y tema, a Honoka se le ocurrió preguntar a Nagisa cómo iba todo Fujimura, pues hacía tiempo que no la veía contemplándolo en los entrenamientos como era su costumbre. Nagisa se ruborizó un poco mientras miraba a otro lado, Honoka estaba por decirle que si no quería responder estaba bien, pero en lugar de eso, otras palabras salieron de su boca.
─Me gustas ─le dijo a Nagisa en ese momento y ni ella misma fue capaz de explicar la razón por la que esa confesión se le escapó. Se tapó la boca, se sintió nerviosa, enrojecida y sin lugar para escapar porque estaba en su casa. Nagisa se sorprendió también, sólo atinó a tomarle la mano para no permitir que se alejara por culpa del pánico.
Hubo silencio, luego un intercambio de miradas antes de que Nagisa tragara saliva y asintiera a la confesión de su compañera. ─Creo que... También me gustas ─fue la torpe respuesta de la deportista.
─¿Quieres intentarlo, Nagisa? ─preguntó Honoka con una sonrisa pequeña, aliviada, amorosa.
─Hemos estado juntas en el fin del mundo más de una vez... Esto... Esto de estar más juntas, no sólo como amigas, me gusta más ─rió la deportista─. Hay que intentarlo.
Y sus intentos fueron tímidos al principio, el salir juntas se sentía distinto. Comenzaron a tomarse más de la mano y días después compartieron su primer beso en la ribera del río, uno de sus puntos de paseo (y batallas) habitual. La dorada luz del atardecer fue el acompañamiento perfecto para un dulce, corto y memorable primer beso.
Con el paso de las semanas y los meses, la intimidad de su relación fue escalando y los tímidos y fugaces besos se convertían en largas sesiones donde disfrutaban estar abrazadas y permitiendo que sus labios hicieran lo suyo. Los lugares habituales para sus más profundos besos era en la privacidad de sus habitaciones. Gracias a esa misma privacidad, sus manos buscabron un poco más que sólo aferrarse a la ropa ajena o dar suaves caricias en mejillas y espalda. Para una pareja que había estado en el fin del mundo más de una vez, simplemente se permitieron la una a la otra sentir más, sentirse más y conocerse de una nueva forma.
Su primera noche fue en casa de Honoka, en una pijamada a la que Hikari no pudo asistir. No que tuvieran planeado hacer algo más que jugar juegos de vídeo y ver películas de samuráis, la oportunidad simplemente se dio, el deseo nació y los besos subieron la temperatura hasta encender su libido adolescente.
Un poco torpes, nerviosas, emocionadas y dispuestas a experimentar y conocerse en un plano totalmente distinto. Su primera noche fue linda y por demás memorable.
Pero en ese momento, en el laboratorio y cerca de la hora en la que la escuela debía estar vacía de alumnas y personal académico, la joven pareja estaba enredada en un fuerte abrazo. Honoka sentada en una de las mesas, Nagisa frente a ella y tan pegada a su cuerpo como le era posible, y de hecho vestía su uniforme de lacrosse mientras Honoka seguía enfundada en su bata de laboratorio. Se suponía que Nagisa iría a cambiarse mientras Honoka limpiaba la sala de club (era su turno) y salir juntas de la escuela apenas terminaran sus actividades. Incluso pensaban pasar a comer algo de takoyaki, pero Nagisa prefirió comerse a besos a Honoka aprovechando la oportunidad.
─Si nos atrapan, va a ser tu culpa ─advirtió Honoka entre besos, tampoco que hiciera mucho para detenerla o alejarse. Estaba segura de que nadie más las molestaría, cerró bien la puerta del laboratorio─. Todavía estás caliente por el ejercicio ─comentó luego de un largo beso donde se animó a morder los labios de Nagisa─. Tu cabello sigue húmedo por el sudor ─sonrió, pasando sus dedos por la nuca de la castaña─. Me gusta pero no quiero que te resfríes.
─Espero no apestar ─rió Nagisa de divertida manera antes de ir directo al cuello de Honoka y depositar unos besos juguetones. Le gustaba sentir a su compañera estremecerse por culpa de los escalofríos que le provocaba.
─N-no vayas a hacerlo fuerte ─murmuró Honoka con un fuerte rubor, su cuello en especial era débil a las atenciones de su novia─. Si dejas marca será complicado explicarlo de nuevo.
─Siempre puedes echarle la culpa a los mosquitos, hay muchos en ésta época, diles que te picó un mosquito —respondió una sonriente y ladina Nagisa antes de morder un poco, al menos procuró un sitio donde el uniforme le cubriera bien─... De nuevo ─aquella vez fue casi un accidente, se emocionó de más y no supo dónde mordió hasta que Honoka la sacó de su amoroso trance. Sus manos comenzaron a abrirse camino por debajo de la blusa ajena, con los dientes desabrochó los botones del chaleco.
─No te vayas a tragar un botón de nuevo ─advirtió Honoka con una pequeña risa que le provocó el sólo acordarse, aquello hizo que Nagisa soltara una carcajada.
─No puedo creerlo... Tú sí que sabes romper el ambiente ─reprochó Nagisa entre divertidas risas antes volver a lo suyo, pero usando las manos ahora. Bajó la bata y el chaleco, lo siguiente fue su blusa pero sólo hasta la mitad; todo lo hacía con una sonrisa enorme, emocionada. No podía cansarse de verla, de sentirla, desde antes sabía que Honoka era una chica hermosa, pero ahora lo confirmaba en cada oportunidad. Y estaba más emocionada porque era la primera vez que harían una travesura en la escuela.
─Nagisa ─la chica de cabello oscuro dejó de reír al sentir los labios de Nagisa tentar sobre la piel de sus hombros—... Si... Si quitas más... Yo...
─No podrás detenerme, lo sé ─rió su compañera, dio un enorme suspiro antes de pegar su cara en el pecho de Honoka─. Y no querré detenerme...Y me enfadaré en serio si nos interrumpen.
Eso hizo que Honoka volviera a reír y abrazara la cabeza de su novia con ambos brazos. ─Yo pensaba más en que pueden castigarnos, pero sí, sería una pena que nos interrumpieran ─dijo entre pequeñas risas mientras peinaba el cabello de su novia con sus dedos.
A mencionar que la abuela de Honoka ya sabía de su relación y las apoyaba como siempre. Nagisa se sinceró con su familia y se los contó todo, y aunque causó bastante impresión al principio, sus padres sólo le pidieron discreción, eran jóvenes todavía y no querían que la gente intolerante fuera cruel con ellas.
En ese momento no estaban siendo para nada discretas, por cierto, así que decidieron detenerse. Con cara digna de una tragedia de telenovela, Nagisa volvió a acomodar la ropa de Honoka. Y Honoka, entre suspiro y suspiro para bajar su propia temperatura, terminó de limpiar lo que le faltaba. Dejó que Nagisa fuera a cambiarse el uniforme a su propia sala de club.
Ya ambas con sus pendientes finalizados, pudieron salir de la escuela. Tal como estaba planeado pasaron por takoyaki, saludaron a Hikari, a Akane y al pequeño Hikaru mientras que Mepple y Mipple jugaban con Porun y Lulun. Estuvieron un rato ahí antes de ir directo a casa de Honoka. Nagisa mandó un mensaje a su madre avisando que haría los deberes con Honoka y que llegaría a casa antes de las cena.
Y ya con todo cubierto, lo último que quería hacer Nagisa apenas llegaran a la residencia de los Yukishiro, eran los deberes escolares. La abuela Sanae les recibió con una sonrisa, un par de tazas de té y bocadillos para acompañar mientras hacían la tarea, avisó que estaría en la estancia como siempre por si necesitaban algo. Nagisa en serio agradecía que la abuela fuera mucho más perceptiva y, sin duda, más comprensiva con ellas al permitirles toda esa privacidad. Incluso Mepple y Mipple les dieron esa misma privacidad buscando la propia en otro lado de la casa.
Honoka bebió un poco de té mientras Nagisa se quitaba el chaleco para estar más fresca, ésta bebió té por igual y devoró el 75% de los bocadillos que la abuela les dejó. Compartieron una mirada, luego una sonrisa y Nagisa estiró su mano hasta alcanzar un mechón del largo cabello de Honoka, se sentó a su lado y pegó el mechón a su nariz. Respiró hondo.
─Siempre hueles bien ─murmuró Nagisa con un tono bajo, casi ronco─. Justo acabo de entrenar, seguro que apesto ─rió un poco, en ese momento Honoka pegó su nariz a su cuello y sintió cosquillas y una pequeña risa.
─No hueles mal, te lo aseguro ─cómoda con la privacidad y emocionada con esa voz que le hacía estremecer desde dentro, aspiró hondo el aroma de su compañera y depositó un dulce beso bajo su oreja. La sintió respingar y eso la hizo sonreír. Le dio un beso más, luego otro y ésta vez fue ella quien se encimó en el cuerpo de Nagisa, ambas quedaron en el suelo junto a la cama─. Tenemos que hacer la tarea, no es mucha.
─Si no es mucha, la haremos cuando acabemos ─murmuró Nagisa con gracioso enfado mientras abrazaba a Honoka y la pegaba más a su cuello─. Justo ahora... Ahora mismo... Sólo te quiero a ti ─sonrió para sí misma y acarició el cabello de su compañera─. ¿Está bien? ─tenían la sana costumbre de preguntar cuando estaba bien intimar.
─A decir verdad... En éste momento sólo me gustaría besarte un rato más y hacer la tarea y luego... Ah... Podemos hacer otra cosa. ¿Qué dices?
Nagisa sonrió. Aunque el fuego de la pasión la quemaba por dentro en esos momentos y le ordenaba quitarle la ropa a su novia, tampoco le gustaba imponerse si Honoka realmente no quería hacer más. No tenía ningún problema en respirar hondo, mojarse la cara y calmar su acelerado corazón. Que Honoka estuviera cómoda y segura con ella era muy importante. ─De acuerdo. Vamos a besarnos todo lo que quieras el tiempo que quieras y luego haremos la tarea ─asintió─. ¿Puedo desabrochar un par de botones? ─al menos quería sentirla un poco más.
Honoka aceptó la petición de Nagisa y sólo tomó suficiente espacio para desabotonarse la blusa un poco más y darle el contacto que quería a Nagisa. Hecho eso, la abrazó de nuevo, Nagisa se aferró a su cintura y sus labios se encontraron en un profundo, dulce y lento beso. Tan lento que no hacían ruido, tan profundo que podía sentir el calor y el sabor de su boca, tal cálido que hizo que su corazón se encogiera de felicidad pura.
A veces así eran las cosas y Honoka únicamente quería besarla y abrazarla. A Nagisa le pasaba lo mismo, a momentos sólo quería estar pegada de ella y recibiendo mimos y caricias en el cabello, pedir uno o dos besos solitarios y disfrutar de la comodidad del pecho o el regazo de Honoka. Siempre preguntaban, siempre se consultaban y siempre respetaban los deseos de la otra.
Salvo contados momentos donde el deseo mutuo realmente se palpaba en el aire y se dejaban llevar sin más, por lo general esperaban a la respuesta de su novia.
Nagisa se abrazó del cuello de Honoka, ésta quedó contra la cama y se contentó con abrazar a su amiga por la cintura, fuerte. Se estrechaban con cariño, se daban calor mutuamente y que ya estuvieran inundadas por el calor de Verano siempre les sacaba risas al sentir la temperatura aumentar y no precisamente por sus besos.
─Hace mucho calor ─se quejó Nagisa entre risas pequeñas y besos. Besó el mentón de Honoka, su mejilla y le dio un tierno pico en el cuello antes de volver a su boca. Que en ese momento sus manos debieran estar quieras no quería decir que sus bocas también.
─Nos vamos a derretir de calor si nos seguimos abrazando así ─comentó Honoka con una risa que se ahogaba en la boca de Nagisa. A pesar del calor del ambiente, sumado al calor que producían sus cuerpos, no se soltaban. Simplemente no se soltaban, podían quejarse pero sólo eso─. Tus besos tampoco ayudan ─agregó, buscando los dulces labios de Nagisa.
─Lo sé ─y fue todo lo que la deportista dijo al respecto. No pensaba soltarla─. Usaremos el ventilador cuando... Cuando acabemos ─aunque a veces ni eso era suficiente para aliviar el calor del Verano, al menos en su caso, Honoka sabía sopesarlo mejor con todo y su hermoso y largo cabello oscuro. Aún no sabía cómo no le daba un choque de calor.
─Y un poco de té helado ─sonrió entre los besos, fue a sus mejillas y luego a su nariz con juguetones besos dulces que provocaban cosquillas en su novia, las risas de Nagisa la delataban. Volvió a sus labios para saborear mejor su saliva y profundizar el beso tanto como su compañera se lo pidiera. Lo importante era no perder el control─. Pensaba comentarlo después, pero ─más besos─... Compré un bote de helado de chocolate para comerlo mientras hacemos la tarea.
Y escuchar eso hizo que Nagisa casi saltara de la alegría. ─¿En serio? ¡Genial! ¡Gracias, eres la mejor, Honoka! ─los ánimos de Nagisa salieron del terreno de la pasión y pisaron el juguetón, porque comenzó a depositar besos en todo el rostro de Honoka─. ¿Y qué esperamos esperando? ¡Hagamos la tarea!
Honoka asintió con alegría y ambas se acomodaron y acomodaron sus cosas en la mesa de la habitación. La joven científica fue por el helado prometido y también algunas bebidas y galletas que había comprado para acompañar el helado. Sirvió dos bolas de helado en la copa de Nagisa, ella estaba bien con una bola pequeña. Cuando regresó a su habitación, se encontró con una muy bien portada Nagisa, que la esperaba con visible emoción y paciencia apenas contenida.
─Es una marca extranjera, espero que te guste ─dijo Honoka antes de que Nagisa atacara su helado.
─Tiene buena pinta si me lo preguntas, ¡probemos! ─Nagisa dio una probada más bien pequeña, se dio su tiempo de saborear el helado y sentir cómo se derretía sobre su lengua y el sabor le inundaba la boca. Honoka estaba atenta a su opinión. Sonrió de manera inmensa─. ¡Sabe genial!
─Me alegra saberlo, entonces podré comprar el mismo cuando se acabe el bote ─una contenta Honoka también probó el helado y sonrió al confirmar que las palabras de Nagisa eran ciertas. Dio un par de probadas más antes de abrir su libreta. Desde hace un tiempo se podían permitir comer y trabajar al mismo tiempo. Descubrió que Nagisa se concentraba mucho mejor en esa modalidad y desde entonces procuraba tener algo que le mantuviera la boca ocupada a su novia.
Nagisa hizo lo mismo, tenía la cuchara en la boca mientras abría su libreta de matemáticas y veía los ejercicios con gracioso gesto de horror. Suspiró hondo y dio otro bocado a su helado antes de concentrarse en su tarea. ─Sólo debo usar la fórmula, ¿verdad?
─Sí. Aunque los números cambien, la mecánica es la misma ─respondió Honoka con una sonrisa─. ¿Tienes dudas con la fórmula?
─Deja lo intento por mi cuenta primero, ¿y puedes revisar cuando acabe?
─Sabes que sí.
─¡Genial!
Compartieron una sonrisa y comenzaron con sus deberes. Honoka no tenía mucho problema en terminar, pero le gustaba revisar todo de dos a tres veces para aprender las lecciones a consciencia. Así era ella. Nagisa, por su lado, le bastaba con hacerlas bien una vez y al menos memorizar las fórmulas para la siguiente clase. Llevaba unas calificaciones decentes desde principios de preparatoria y quería seguir así. De momento no pensaba en la universidad, sólo quería llegar al Verano y disfrutar todo antes de que tuviera que concentrarse en asuntos más serios.
Terminaron sus tareas alrededor de una hora después y Nagisa se puso muy contenta cuando Honoka sólo le corrigió un par de ejercicios de matemáticas y algunas palabras de sus deberes de inglés. Se tardaba en terminar su tarea, pero al hacerla con más calma y sin saturar su cabeza, la hacía mucho mejor.
Honoka siempre la felicitaba por ello, y eso solía inflar el orgullo de Nagisa de buena manera.
Pero no había orgullo que valiera cuando se sentía asfixiar por el calor, se había acabado el helado y Honoka ya no sirvió más para no acabarse el bote. Y como quedaron en hacer algo más cuando acabaran su tarea, Nagisa aprovechó para buscar una buena manera de refrescarse junto con Honoka.
Diez minutos después, ambas estaban sobre una manta, en el césped del patio y con Chuutaro a un lado. La sombra del árbol más frondoso de la casa les regalaba una frescura y una comodidad sin igual. Ambas suspiraron con gusto. Estaban tomadas de la mano.
─Está muy fresco acá afuera ─comentó Honoka luego de un profundo respiro.
─Ahora sólo esperemos a que la abuela nos llame a comer ─dijo Nagisa. Tenía los ojos cerrados y sus dedos entrelazados con los de Honoka─. ¿Te gustaría salir a algún sitio nuevo por las vacaciones?
─Pensaba en ello, ya tenemos edad para viajar solas y... ¿Sabes? Siempre he querido ir a la playa ─les quedaba lejos, pero nunca había ido a una porque su abuela no estaba precisamente en edad para hacer viajes largos.
─¡Oye, esa es una gran idea! ─Nagisa sí había ido a la playa, hacía bastantes años de ello, su hermano apenas caminaba por ese entonces. A pesar de no saber nadar, no le tenía miedo al agua y disfrutó mucho esos paseos─. Supongo que solas, ¿verdad? ─dijo con un tono juguetón.
─No es mala idea, siempre salimos con las chicas, o con nuestras familias. Deberíamos aceptar el trabajo de medio tiempo que Akane no está ofreciendo, y podremos ahorrar para ir a la playa y no pedir dinero a nuestros padres.
Ese asunto de crecer, madurar y tratar de ser más independientes era duro, pero emocionante de muchas maneras. Nagisa sonrió. ─Tenemos un par de semanas antes de que comiencen las vacaciones... Umm... ¡De acuerdo, hagámoslo! ─exclamó con viva emoción. Se acomodó de costado y animó a Honoka a hacer lo mismo─. ¿Puedo besarte?
Y por única respuesta, Honoka fue quien la besó primero. Un beso suave, dulce, casi juguetón que no buscaba más que sólo sentir a Nagisa; sin encender la llama, en verdad hacía calor.
─Sabes a helado ─murmuró Honoka entre labios.
─Y tú a té... Me gusta.
Rieron entre labios y se besaron unos segundos más antes de volver a sus posiciones anteriores. Suspiraron a la par y estrecharon un poco más sus manos. Ese asunto de crecer, de madurar y prepararse para cosas serías las hacía conscientes de que cada día que pasaba, inevitablemente las llevaba a una etapa donde ya no tendrían tanto tiempo la una con la otra. Irían a distintas universidades, Honoka a una especializada en ciencia y tecnología, Nagisa a una universidad deportiva.
Ya lo tenían decidido, ya lo habían platicado entre ellas y con sus familias.
Por eso querían disfrutar esos días, cada día que les permitía estar juntas. Ninguna de las dos sabía qué les esperaba el día de mañana, así que lo único a lo que podían aferrarse, era a que su lazo era fuerte, que sus corazones siempre estarían unidos y amándose a pesar de la distancia que les tocara afrontar. Ya se las arreglarían. Estuvieron en el fin del mundo, dos veces, la universidad no debería ser un enemigo más poderoso que la Oscuridad misma, ¿verdad?
No saber qué les deparaba el futuro tampoco era tan malo, Honoka estaba emocionada, Nagisa nerviosa pero no de mala manera.
─¿Qué quieres hacer luego de comer? ─preguntó Honoka, tenía los ojos cerrados, estaba en un estado de visible relajación.
─Estaba pensando en una siesta, aquí mismo, ¿qué dices?
─Me encanta la idea.
Ya fueran besos, un abrazo, la tarea, un paseo o estar tumbadas bajo un árbol, la joven pareja compartía sus días tomadas de la mano. Un día más juntas, haciendo y no haciendo nada, pero juntas. Cualquier fuera el futuro que les esperara, lo afrontarían... Juntas.
─Oye, Honoka...
─¿Uh?
─Te amo.
─Y yo a ti.
Compartieron una sonrisa y el resto de la tarde. Un día más juntas.
FIN
