Nuestra Canción

Precure pertenece a Toei Animation, el plot es mío.

Por: Escarlata

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No había dejado de buscarla desde lo sucedido al final de las clases. Que se gritaran la una a la otra era lo normal, pero ésta vez su amiga repostera le gritó sin justificación alguna. Kanade a veces era tan desesperante que seguía preguntándose porqué la estaba siguiendo para tratar de arreglar las cosas con ella. ¡Ni siquiera había sido su culpa, maldición! Todo pasó demasiado rápido y de repente Ouji le estaba declarando su amor y admiración. No percató que Kanade estaba ahí hasta que fue demasiado tarde.

No que Kanade estuviera de frente precisamente, y claro que su sorpresa y horror salieron acompañados con un sonoro insulto a Hibiki. La escena seguía repitiéndose una y cien veces dentro de su mente. Tenía que saber en qué parte de todo eso ella tenía algún tipo de culpa. Tonta Kanade.

Ese día comenzó normal como de costumbre.

Con la graduación casi tocando puerta, había muchos preparativos. Ellen se mostraba particularmente emocionada, había leído muchísimo sobre la graduación escolar y ya tenía preparada una brillante birreta de tono verde fosforescente y un discurso de diez minutos. Sabía que eso era culpa de los libros de Otokishi, no tenía idea de dónde conseguía lecturas tan raras. Luego de la graduación, Ellen iría con Hummy y Ako a visitar Major Land por la temporada vacacional, por lo que Hibiki y Kanade tenían sus propios planes para una fiesta de "Nos veremos pronto" en casa de Kanade. Pasteles y cupcakes para todos.

Hacía un año desde que Ouji había dejado de estudiar en el colegio Aria, pero tenía de dos a tres sesiones semanales de práctica con el padre de Hibiki en la sala de música de siempre. Era como si nunca se hubiese ido. Kanade, junto con las otras fanáticas de Ouji, esperaban cada lunes, miércoles y viernes por la visita del príncipe. Y Hibiki tenía que estar ahí por ser la otra aprendiz de su padre, practicaba con el chico pero lo hacía por indicaciones de su padre. Aceptaba que practicar con otras personas era una buena manera de mejorar, Ouji era bueno, Hibiki lo admitía.

El programa de graduación incluía un concierto de piano de despedida a los alumnos de tercer grado, todo cortesía de Ouji, desde luego, y la razón por la que Kanade quería que su graduación fuera YA. Hibiki no tenía en mala estima a Ouji, eso era definitivo, era como un agradable conocido, como un primo lejano. Y definitivamente la persona con la que no le gustaría estar más de diez minutos consecutivos a solas, sin volverse loca por la presencia de sus ruidosas fanáticas, ¡parecían olerlo cuando estaba cerca! Y antes de percatarse ya estaban alrededor pegadas a las ventanas. Kanade incluida. Eso era molesto.

La graduación sería el viernes de esa semana, apenas era lunes y ya había comenzado mal para Hibiki.

Tenía que llevarle a su olvidadizo padre unas partituras que había dejado en casa. Por ser la última semana de clases, las de último grado no tenían mucho que hacer salvo despedirse de amistades, seguir haciendo recuerdos, terminar sus papeleos y hacer actividades con sus respectivos clubes. Se suponía que luego de ver a su padre en la sala de música, iría con el equipo de fútbol femenil a jugar con Waon y las chicas. Simple y sana diversión.

Al llegar al salón de música notó la solitaria figura de Ouji sentado frente al piano y haciendo algunos ejercicios con los dedos. Apenas era lunes, así que no sabía que diablos hacía ahí el muchacho. Si las demás se enteraban se acabaría la paz para el rubio príncipe.

—Hey —fue el casual saludo de Hibiki y a cambio recibió una cordial sonrisa—. Llegaste temprano.

—Pedí permiso para salir antes —fue la sonriente respuesta del rubio, aunque era fácil notar que estaba particularmente nervioso—, quiero aprovechar y practicar un poco más. La ceremonia es en pocos días —pronto notó que la chica buscaba algo por la forma en que miraba furtivamente el salón—. Por cierto, Houjou-sensei fue por un café.

—Bien, dile que olvidó esto —dejó el montón de hojas sobre uno de los escritorios—. Te veo después, suerte con tu práctica.

—Hibiki-san, espera —fue la veloz respuesta del chico y detuvo a Hibiki a pocos pasos antes de salir del salón.

—¿Uh? ¿Qué quieres? —solo lo miró con un gesto cansado. No quería permanecer más tiempo ahí, pronto todo estaría rodeado de las fieles seguidoras de Ouji.

La nerviosa reacción del muchacho finalmente relajó e hizo sonreír a Hibiki. Se veía gracioso con la cara roja y su sonrisa quebrada. Era raro ver a tan compuesto chico así de nervioso. Y ver aquella sonrisa en cara de la chica no hizo más que acrecentar los nervios del rubio príncipe. Tenía que decirlo o quizá no tendría una nueva oportunidad con ella.

—Hibiki-san... yo...

—Anda, sólo suéltalo. Tengo prisa y no quiero estar aquí cuando tus fans lleguen —rió Hibiki con una mano en la cintura.

Por otro lado, y al tanto de que Hibiki había ido a dejar unas partituras a su padre, Kanade fue a buscarla al salón de música. Quería hablar con ella y hacer algunos planes para la tarde-noche después de su práctica de piano. El club de repostería quería hacer dulces para todos como parte de sus actividades de fin de curso. Y era más fácil preguntarle a Hibiki, que estaba en todos los clubes deportivos de chicas, de los postres que más gustaban a las demás miembros. Era más práctico que preguntar a cada presidenta de dichos clubes. Unas compañeras suyas iban a ir a los clubes de chicos.

Y mientras planeaba uno y mil posibles postres que pensaba darle a probar a Hibiki primero, vio a ésta en el salón de música a través de las ventanas. Y lo otro que notó también fue a Ouji cerca de su amiga. Eso no era una escena nueva. Ver a su ídolo antes que todas las demás era como un sueño hecho realidad. Con Hibiki cerca claro que no sentiría sus nervios habituales y podría hablar con Ouji.

Con calma fue a la entrada del salón. No que el otro par la hubiese notado. Ouji estaba demasiado nervioso como para fijar su vista en otro lado que no fuera el rostro de la hija de su mentor. Hibiki estaba bastante divertida. Si sus fanáticas vieran esos momentos de poca compostura... Lo más seguro era que murieran de un ataque de éxtasis o algo así.

─Hibiki-san... Yo ─el chico tragó saliva─...

─¡Anda, sé hombre y dilo de una vez! ─exclamó Hibiki con cada vez menos paciencia.

─¡Me gustas, Hibiki-san! ¡Sal conmigo por favor!

La confesión del muchacho se mezcló con la entrada de Kanade y un gesto de completa sorpresa de parte de Hibiki.

Silencio.

─¡Estúpida Hibiki! ─fue lo único que gritó la repostera antes de salir corriendo de ahí.

─¡Kanade! —demasiado tarde, ya no estaba─. ¡Diablos! ─enseguida miró a Ouji y suspiró. Sólo había una respuesta en su mente, se inclinó ante él antes de mirarlo de frente─. Te admiro por confesar tus sentimientos y me siento muy halagada, pero no puedo corresponderte. Seguro hay una chica especial para ti en algún lado ─sin querer miró a la puerta por donde se había ido Kanade─, estoy totalmente segura que la encontrarás.

Y sin esperar respuesta alguna, salió corriendo del salón de música en busca de su amiga. Casi podía adivinar a dónde había ido. Podía encontrar a Kanade sin importar dónde se encontrara. Simplemente dejó que sus piernas corrieran a toda velocidad y a voluntad. Claro que recordaba perfectamente que tenía un compromiso, pero en su lista de prioridades Kanade era de la primera de todas. Y de verdad esperaba de todo corazón que esa chica destinada para Ouji no fuera su Kanade.

Se llevó dos dedos a los labios, lanzó un fuerte silbido y en cuestión de dos segundos Waon corría a su lado.

─Hey, Hibiki, ¿qué pasa? Ya deberías estar en la cancha ─dijo Waon con esa inmensa sonrisa de costumbre─. Las chicas y yo te estamos esperando y...

─¡Emergencia Nivel 1! ─exclamó sin dejar de correr─. ¡Discúlpame con las chicas, luego las compenso!

─Uh... Nivel 1 ─su gesto era de graciosa alerta, sólo le guiñó un ojo de manera juguetona─. ¡Suerte con Kanade-san! ─corrió de regreso a las canchas de la escuela─. ¡Y no olvides decirle eso que me contaste!

Fingiendo no haber escuchado eso último que agregó Waon, Hibiki su carrera siguió por unos minutos más hasta que tuvo el sitio a la vista. Su amiga era tan obvia. Corría al único lugar al que se sentía a salvo, a la vieja sala de música con el piano. El sitio estaba vacío, Otokichi se encontraba en Major Land revisando que el inútil esposo de su hija tuviera todo en orden en el reino. Y no que fuese un sitio muy popular para visitar a menos que hubiera eventos. Sólo había un piano. Y si algo sobraba en la ciudad eran instrumentos musicales en todos lados.

Kanade, por su lado, tenía un intenso dolor en el pecho que no sabía explicar. Dolía, sí, pero en ese momento su mente estaba tan revuelta que no sabía si su enojo se debía a que Hibiki fuera el objeto del afecto del príncipe... O la remota posibilidad de que Hibiki correspondiera el sentimiento. ¡Por todos los cielos, era lógico que una pareja así llegara a funcionar! Ambos sabía tocar bien el piano, tenían por mentor al famoso Dan Houjou, los dos eran talentosos y llenos de carisma; Ouji era el ídolo de todas... Y Hibiki también, por cierto.

Esos dos funcionarían tan bien que era imposible evadir la sensación de sobrar. ¡Por Dios, claro que eran la pareja perfecta! La familia de Hibiki estaría más que feliz de tener en sus filas a un pianista tan talentoso como él. ¡Toda una familia musical! Ellos dos podrían hacer tantas canciones juntos.

De estar en los zapatos Ouji, elegiría a Hibiki en lugar de a sí misma.

─¡Tonta Hibiki!

La idea de que fuera ella le dolía, por alguna razón dolía más a comparación de imaginarse al chico con alguien más.

¿Acaso era un sentimiento de traición por el hecho de que Hibiki sabía que ella estaba loca por Ouji? Esa idea no la tenía del todo convencida por más que deseara que así fuera. Que fuera Hibiki, su amiga, le dolía y la enfadaba muchísimo.

Las ideas le daban vueltas, el enojo crecía, corrió por inercia a donde sus piernas quisieran correr. No importaba dónde, sólo quería alejarse lo más posible de la escuela. Corrió y corrió hasta que tuvo que detenerse a recuperar el aliento. Quedó ligeramente agachada, con sus palmas sobre sus rodillas. Nunca había corrido tanto. Levantó la mirada y lo primero que vio fue ese piano cargado de recuerdos. ¿En serio había corrido hasta ese sitio?

Ya sin mucha energía y nada de ánimo para seguir corriendo, se sentó por inercia en el sitio de siempre, justo donde solía escuchar música junto con Hibiki. No se dio cuenta de ello hasta que miró el vacío a su alrededor. Más lágrimas cayeron de sus ojos y lloró en silencio a pesar de saber que estaba sola en el sitio. No quería que el silencio la escuchara, pero éste lo hizo y su respuesta al llanto de la chica fueron débiles ecos de sus sollozos.

La imagen y la declaración seguían repitiéndose indefinidamente en su cabeza. El corazón le dolía, el pecho lo sentía pesado, sus pensamientos estaban revueltos y entre sus labios sólo pudo decir una palabra... Aquello que más temía perder.

─Hibiki...

─Aquí estoy, Kanade.

La repostera respingó más por la sorpresa que por el susto y se puso de pie, se giró apenas y descubrió a Hibiki a dos metros de ella. Había ido tras ella, en verdad la había seguido. Verla ahí la hizo sonreír por dentro...

Pero sólo por dentro, porque por fuera seguía con un gesto de genuina indignación.

─¿Qué haces aquí? ─preguntó Kanade con tono seco.

Esas palabras provocaron cierta furia en Hibiki, y seña de ello fue que apretó ligeramente los puños. ─Tonta, vine por ti. ¿Qué querías que hiciera luego de verte correr así? ─respondió la deportista de forma poco complacida por el frío recibimiento.

─¡No me digas tonta! ¡Tú eres la que debería estar al lado de su nuevo novio! ─alegó de forma muy dolida.

─¡¿Nuevo novio?! ¡De verdad estás loca! ─refunfuñó la pianista.

─La loca eres tú, ¿quién estaría tan demente como para negarse a una declaración de Ouji? ─entre gritos se acercó dos pasos más a Hibiki.

─¡Bien sabes que él no me gusta, ni siquiera es mi amigo! ¿Porqué crees que le daría un sí? ─ella acortó más la distancia.

─¡Porque todos querrían estar contigo! ─gritó sin poder contener unas lágrimas que habían luchado por salir desde que comenzó su discusión. Sus puños estaban apretados─. Eres... Eres la mejor ─sollozó─, eres una gran pianista, eres la mejor en deportes, todos y todas te admiran, quien te pide ayuda puede contar contigo. Cualquiera prefería estar contigo...

"Hasta yo" fue lo último que Kanade no pudo decir. El llanto ya no la dejó seguir hablando.

Verla así fue suficiente para que Hibiki se rindiera a sus deseos y abrazara con fuerza a Kanade. No se le iba a escapar de nuevo, no hasta que escuchara lo que tenía que decirle.

─En serio que eres una tonta ─murmuró contra su cabello, sintió cuando Kanade se aferró de su ropa con fuerza, correspondiendo a medias el abrazo.

─Cállate... Deja de burlarte de mi...

─No me burlo ─suspiró─, sólo digo la verdad. Te fuiste sin dejarme explicar nada e hiciste toda una novela en esa tonta cabeza tuya. Ya sabes que él no me gusta, sólo es el otro alumno de papá, lo siento más como un familiar muy lejano. ¿Cómo pudiste pensar que le daría un "sí" a alguien de quien no estoy enamorada?

La única respuesta que obtuvo fue el abrazo completo y el cuerpo de Kanade menos tenso de un segundo a otro.

─A ti te gusta Ouji, no a mi ─recalcó con cierta reproche que fue incapaz de contener, apretando un poco más sus brazos alrededor de Kanade.

─Hibiki... Yo... Cuando te vi con él ─por suerte ya estaba recuperando el habla, tenía los ojos enrojecidos solamente─, me dolió mucho la idea y al principio no sabía porqué. Quise pensar que era por Ouji... Pero lo que más me dolía era la idea de verte con él, a ti con él, no a él contigo... No puedo soportar esa idea.

Ahora la que tenía ganas de llorar era Hibiki, ¿tanto le gustaba ese chico que era incapaz de aceptar algo así? ¿Eso fue lo que quiso decir? No, eso no fue lo que ella le estaba dando a entender.

Tragó saliva.

─Sé más clara, no entendí lo que dijiste ─dijo con un pequeño gruñido de descontento.

Por respuesta obtuvo un tímido y casi mudo murmuro.

─No quería perderte... No quiero perderte.

Kanade sentía su corazón casi estallar al decir esas palabras pero, por otro lado, era como si hubiese dejado de cargar un enorme peso en su espalda. Aunque la calma no duró mucho por culpa de las siguientes palabras de una tensa Hibiki.

─A decir verdad, sí estoy enamorada de alguien que definitivamente no es Ouji ─dijo la deportista con sumo nerviosismo─. Así que saca la loca idea de tu cabeza de que me verás a su lado, eso no es posible porque a mi me gusta alguien más.

A Hibiki le gustaba alguien más, eso no era posible. Pero si algo le sobraba a Hibiki eran fieles fanáticas y una horda de amistades. La sola idea de perder a su amiga con alguien más la entristeció y trató de liberarse del abrazo.

─¿Quién es? ─preguntó débilmente, al menos quería saber quién se la había ganado.

─Es la persona más genial del mundo ─respondió Hibiki con mas nerviosismo que entusiasmo, apretó el abrazo al percibir que Kanade trataba de alejarse de su cuerpo─. Te diré quién es, pero más vale que no me sueltes ni te vayas. Puedes gritarme después si quieres.

Por un momento Kanade quiso reír por el cómico tono con el que Hibiki agregó lo último. Si Hibiki estaba enamorada de alguien, como su amiga tenía que apoyarla y así no la iba a perder por completo, ¿verdad?

─Entonces dime quién es...

─Eres tú, Kanade, tú eres a la persona a la que le daría un "sí" sin dudarlo un segundo...

Silencio.

Lo siguiente que sucedió fue un largo silencio. Los cuerpos de ambas se tensaron en el abrazo.

─¡¿Y no pudiste decírmelo antes, tonta?! ─gritó Kanade soltando el abrazo sólo para golpearla torpemente en el pecho. Estaba enrojecida hasta las orejas─. ¡¿Tienes idea de lo mal que la estaba pasando?!

─¡Como si fuera tan fácil decirte algo cuando babeas por Ouji! ─reclamó Hibiki, igualmente roja y encarando a su compañera con gesto ofendido.

─¡Pudiste habérmelo dicho de todos modos, ahora ya sabes que te elegiría a ti!

─¡Déjame en paz y responde algo que no sea un insulto!

─¡Sí, quiero estar contigo, Hibiki!

─¡Genial! —refunfuñó la pianista y obedeció la siguiente orden de su corazón.

Sin darle tiempo a Kanade de responder con otro grito, lo único que hizo Hibiki fue besar suavemente sus labios. Hacía tanto tiempo que deseaba hacer eso... Pero ni sus mejores fantasías se comparaban con la verdadera suavidad de la boca de Kanade.

Por su lado, la repostera se quedó tiesa por el primer par de segundos que duró el beso. Luego de eso se rindió y correspondió el gesto con un suave movimiento de labios. Ese simple beso le devolvió la paz a su mente y la alegría a su corazón. Sólo pudo abrazarse de ella y dejar que sus labios hicieran lo suyo hasta el final del beso.

─Te quiero, Kanade.

─Yo también te quiero, Hibiki.

Compartieron una sonrisa... Segundos antes que Hibiki frunciera el ceño. ─Y ahora que estamos juntas, ¿seguirás suspirando por Ouji?

Kanade se sonrojó bastante. ─¡Tonta, ahora estoy contigo no tengo porqué suspirar por nadie más!

─¡Y como ya eres mi novia, todos los dulces que hagas serán míos!

─¡Ni creas que dejaré que te indigestes!

─¡Yo no me indigesto con tus pasteles! ¡Podría comer cien de tus pasteles!

Siguieron gritándose la una a la otra por el resto de la tarde, entre besos, sonrisas y una recuperada felicidad. Se quedaron ahí hasta tarde, disfrutando el inicio de su propia canción.

FIN