Ni borracho Brick se hubiera imaginado el estado en el que le había puesto Blossom.
Era simplemente inimaginable, él, ahí, súper enamorado de una súper heroína. Le daba ganas de estamparse la cabeza contra su pared hasta que perdiera la consciencia. No, es que, ¡No!
¿¡Cómo mierda funciona esto!?
El líder, acostumbrado a su mentalidad práctica, analítica, y racional, el tener algo tan incomprensible como el amor en su ser le parecía desesperante. El solo pensar en la joven le retorcía por completo las entrañas, sumado a los nervios que le provocaba la cita que tendrían en treinta minutos. ¡Pero eran malditos nervios felices! ¿¡Cómo mierda puede ser eso lógico!?
Brick miró al reloj, ansioso, gruñó al ver que todavía faltaba para la ocasión. En su locura, se levantó y tomó rápidamente las llaves de su casa, saliendo y dirigiéndose al punto de encuentro: una parte del parque de Townsville en el que no habían demasiadas personas.
Llegó y, en cuanto encontró un espacio bastante alejado de los mortales, se recostó en el césped, respirando el aire fresco y dejando que los rayos del sol le den directamente; después de todo, no le afectaba como normalmente lo haría con los humanos.
Él siempre había adorado recostarse a tomar sol. Amaba el calor (después de todo, el fuego era su poder especial) y era por eso que su piel siempre lucía en un pigmento más oscuro del que realmente era. También, su poder especial y el llevar tanto tiempo siendo alumbrado por aquella gran estrella lo había llevado a tener su espalda llena de lentigos solares, un hecho que le había acomplejado hasta que Blossom comenzó a besarlos bajo el pretexto de que le encantaban.
Mierda, ahí estaba otra vez.
La chica que, a pesar de controlar el frío y ser lo más cercana a todo lo que se le relacione, le había brindado más calidez que todo aquello que hubiera conocido antes.
Blossom era simplemente... inexplicable. Tan contradictoria a su imágen que daba risa. A pesar de que, según sus propias palabras, no se caracterizaba por ser muy sensible, era muy abierta con respecto a sus sentimientos. Esto le generaba al Rowdys cierto pánico, ya que el era todo lo contrario: sensible y cerrado.
Ella lo sabía, es por eso que siempre le había animado con sus palabras. Le decía todo el tiempo: Brick, te amo, no dudes jamás que eres sumamente increíble. Y cosas por el estilo.
¿Cómo se suponía que reaccione a eso?
La vida jamás le había dado tiempo a sentir, decía a él. Demasiadas situaciones de mierda a tan corta edad que acabó guardándose todo para poder tratar de seguir adelante. Y ahora que todo estaba medianamente bien, ¿qué sucedía?
Él no quería que le rompan el corazón.
Más tampoco quería estar solo.
— ¡Brick, amor!
Abrió los ojos y alzó la cabeza al ver a su amada en frente suyo con una gran sonrisa. Tenía puesto un ligero vestido blanco, una capelina y su largo y naranja cabello suelto con una trenza que recogía su flequillo.
Le devolvió la sonrisa.
Blossom, la Golden Girl.
Ahí estaba, preciosa como siempre, tomando el control de la situación y de su ser. Adueñándose por completo de su corazón de manera inocente con un simple gesto o un beso en la mejilla. Erizando sus cabellos cada vez que sus pieles se rozan.
El sol le alumbraba y acompañaba la calidez de su ser. Ella era así, cálida, en su ropa, en su personalidad alegre y jovial, era tan brillante como una misma estrella. Excelente líder, excelente persona, con toda su terquedad (y, a veces incluso, su falta de piedad).
¿Recuerdan que dije que era contradictoria? Bueno, juzgando a su súper heróica manera de ser, pensarían que había llegado temprano a su cita como una obsesiva por la puntualidad; pues no, llegó diez minutos tarde. Blossom era así, pero solo con él, porque lo que más amaba de el ex criminal era que siempre a su lado se sentiría libre; podría andar como quería, siendo quien quería, relajada y tranquila.
Brick adoraría hasta el fin de los tiempos la manera en la que Blossom le hace sentir siempre amado. Siempre, solo con ver sus ojos rosas como un cuarzo de dicho color, él sabría que es ahí.
Cuando la vea reír, jugar, luchar, dormir, comer, emocionarse e, incluso, cuando tenga que limpiar sus lágrimas, él sabría que es ahí.
Porque ellos eran como el Kintsugi, él era la vasija y ella el oro.
Dos imperfectos que funcionaban tan perfectamente.
Brick siempre trataría de retribuirle toda esa calidez que ella le había brindado. Y lo haría, porque Blossom también se sentiría amada por él hasta en los más pequeños gestos de amor y cuidado que suele darle.
Atravesaron la cita perfectamente. Almorzando, viendo el cielo, y hablando poco a poco de sus sentimientos. La heroína le daba el espacio que necesitaba, respetando sus miedos e inseguridades y el Rowdy contaba todas sus andanzas mientras le escuchaba atentamente.
Se abrazaron mientras él acariciaba sus cabellos suavemente. Ella comenzó a quedarse dormida.
Brick sonrió ante la imágen. Y fue ahí cuando entendió todo, cuál había sido el remedio a su falta de esperanza y a la rotura de su corazón.
Amarla a ella era el antídoto.
ES COMO LA QUINTA VEZ QUE SE ME BORRA I'M TIRED OF THIS SHIT.
Son las tres de la mañana, definitivamente un mal horario para ponerme de pésimo humor.
Saben que siempre sus interpretaciones sobre su relación al leer ésta historia son recibidas. Me encantaría conocerlas.
En mi opinión, Brick adora a Blossom de esa manera porque ella es quien le complementa. Ninguno de los dos son perfectos, pero encajan bien, tratan de atravesar las cosas juntos.
Saben que amo compararlos con sus respectivos poderes especiales, solo que ahora jugué un poco con que sus personalidades simbolicen cosas contrarias a lo normalmente asociado.
EN FIN. Usen protector solar, por favor, no son Brick.
¡Espero que les haya gustado!
- Ghost.
