El país Edo es el más rico del continente Era. Su capital Tokio estaba ubicada en las faldas del monte Tokio, tomándose su nombre. El palacio imperial de la familia Higurashi se extendía subiendo el monte Tokio, siendo el salón imperial donde la corte se reunía la planta más baja, los pisos superiores eran de uso exclusivo de la familia imperial.
La leyenda contaba que hace miles de años el dios de la montaña recibió a los miembros errantes del clan de cazadores de youkais Higurashi, habían librado una batalla contra el ancestro de Touga Taisho donde aquel gran youkai perdió la vida y ahora su hijo los buscaba por venganza.
Ryota Higurashi era un humano especial, la cantidad de energía espiritual que fluía en su cuerpo era grande y sus habilidades como monje y espadachín le habían válido para enfrentar frente a frente a un oponente poderoso, eso le costó más de la mitad de su clan y una grave herida en su costado derecho. El monte Tokio tenía una barrera espiritual que mataba a cualquier youkai que trate de atravesarla. Ryota subió la montaña seguido de sus cuatro hermanas menores y un pequeño grupo de doscientas personas contando niños, mujeres, soldados y algunos ancianos. Era todo lo que quedaba de su clan de cazadores.
El dios de la montaña sintió curiosidad por la familia Higurashi, en especial por Ryota quien tenía un cabello negro con raros reflejos azul oscuro y ojos de un extraño color azul zafiro, su tez era blanquecina y su altura era de más de ocho pies. Era un ejemplar de belleza y poder. Sus hermanas eran todas sacerdotisas entrenadas en el arte de exterminar youkai, pero seguían siendo inferiores en combate a su hermano mayor.
— Humano... ¿Qué deseas encontrar aquí?
La voz rugía por todo el monte asustando a grandes y pequeños. Ryota que encabezaba al grupo se arrodilló inmediatamente haciendo que su herida sangre de nuevo. Sus hermanas al verlo entraron en pánico.
—¡Venerable hermano mayor!
Ellas trataron de levantarlo, Ryota sentía el poder emanar por todo el lugar, ese dios de la montaña no era tan simple como pensó.
—¡Silencio! ¡Todos a arrodillarse!—gritó usando su voz interior para que todos escucharan, un hilo de sangre corrió por la comisura de sus labios, eso no afectó su rostro impasible.
La multitud obedeció sin demora. Su gran líder capaz de vencer al emperador youkai se arrodilló ante una deidad desconocida. Además una abrumadora presencia los empezaba a asfixiar.
Una risa aguda inundó la montaña. — Veo que sabes conocer tu lugar...—En la rama más baja de un árbol, estaba una elegante mujer en ropas rojo carmesí con negro que flotaban con el viento. Sus cabellos de color negro y ojos entre el rojo y el gris, muy fieros, analizaron al hombre frente suyo, un cuervo, un pequeño zorro blanco y un mapache estaban unas ramas más arriba vigilando.
—No me atrevo, pido a su excelencia nos dé un lugar donde recuperarnos, los vestigios del ejército youkai aún nos persiguen, prometo salir con mi gente en un par de días.
El dios de la montaña lo evaluó de pies a cabeza, a él, sus hermanas y el resto de su clan. Ryota era alguien que llamaba su atención.
—En un par de días estarás muerto...—La sonrisa en su cara brilló siniestra, ella podía oler la sangre emanar de la herida—. Esta gente que te sigue ni siquiera lo ha notado, has exprimido hasta lo último de tu fuerza para llegar aquí, este lugar será tu tumba.
El joven hombre levantó su cabeza con suavidad y sonrió dulcemente antes de decir:—Si su excelencia así lo cree entonces no me molesta hacerle compañía en esta solitaria montaña...
La sonrisa de un hombre moribundo es fatal, en ella no hay ni arrepiento ni vacilaciones. Según dicen el dios de la montaña quedó prendado de la sonrisa de aquel joven hombre. Le concedió cinco bendiciones, a sus hermanas cuatro bendiciones. Para los niños y mujeres concedió dos bendiciones, para los soldados concedió tres. A los ancianos sólo dedicó una bendición. Con la bendición corriendo en sus venas las heridas de Ryota sanaron y se establecieron en la montaña. Cuando se buscó una esposa para Ryota se dice que el dios de la montaña se disfrazó de doncella y se hizo pasar por una de las candidatas, sin embargo Ryota había descubierto su engaño y aún así se casó con ella. De esa historia al presente habían pasado miles de años.
Sesshomaru estaba aburrido de ver tal espectáculo frente a él. En el salón imperial de la capital Tokio en el país Edo, su noveno hermano menor estaba inclinado ante el emperador Kyota Higurashi. Junto a él estaba una dama hermosa, de aspecto delicado y fríos ojos marrones viendo hacia el emperador con ademán suplicante.
El emperador miró a su emperatriz y está a su vez estaba molesta. Hoy su hija mayor junto al prometido de su hija menor solicitaban la anulación del compromiso anterior.
— Su Alteza el noveno príncipe podría decirme los motivos para declinar el ofrecimiento matrimonial que su padre solicitó a nuestro Edo.
Por las palabras del emperador este asunto lo indignaba. Más aún porque a quien dejaban de lado era a su hija favorita, Kagome, quien apenas cumplía quince años.
— Su majestad, este humilde Príncipe ha estado enamorado de la primera princesa Kikyo desde hace unos años, su talento y belleza cautivaron a este príncipe, la segunda princesa Kagome, es incomparable en belleza, pero este príncipe es fiel a su admiración y desea la mano de la primera princesa.
Para Sesshomaru esto era estúpido. Aunque InuYasha tenía razón al decir que Kagome era bella, en comparación al talento de su hermana mayor declinaba. La alegría y juventud de Kagome contrastaba con la tranquilidad y seriedad de Kikyo, dándole a la primera un aire de chica tonta.
— Kikyo... ¿están tus pensamientos alineados con los del noveno príncipe?
El emperador deseaba que solo sean los caprichos de un lado de la balanza, así la reputación de Kagome no se perdería ante tantas personas ni ante el Príncipe heredero del país Sengoku.
— Padre imperial, es mi pensamiento igual que su Alteza, rogando al padre que conceda la petición de esta humilde.
El rostro de Kyota se ensombreció. Su pequeña hija que apenas cumplía quince años no podía compararse con Kikyo quien ya pasaba de los treinta y cinco. El promedio de vida de un miembro de la familia imperial Higurashi es de seiscientos años y a los treinta era la edad para buscar un compromiso de matrimonio, sin embargo la hija mayor había arrebatado el compromiso a la hija menor.
— Buyo, trae a la segunda princesa ante mí.
El sirviente salió corriendo a buscar a Kagome y regresó unos minutos después. La joven que entró vestía un elegante kimono hecho de fina seda roja carmesí, elegantes horquillas doradas cubrían su fino cabello negro y un par de puros ojos azules le daban inocencia a su mirada, era sólo una niña.
— Kagome saluda al padre imperial y a la madre imperial—. dijo inclinándose.
El aspecto de Kagome era bello, pero sus ojos tan claros le daban un aire inocente que muchos malinterpretan como si fuera un tonto.
— ¿Kagome, ya estás al tanto de por qué fuiste convocada? —Preguntó la emperatriz.
— Sí, su Señoría.
— ¿Qué opinión tienes al respecto?
La princesa se arrodilló frente al trono y golpeando tres veces su cabeza en el suelo dijo: —La armonía entre hermanos es importante, por esa razón no deseo ser quien acabe con la felicidad de mi única hermana, rogando a su Majestad que anule el compromiso previo con el noveno príncipe y conceda un nuevo decreto a la hermana mayor.
Sesshomaru se sorprendió; quienes debían estar arrodillados eran la primera princesa y su estúpido hermano, no Kagome, a quien estaban perjudicando. Esa chica era realmente idiota. Su reputación y toda su cara fue tirada al piso por esas personas y aun así se rebajaba por ellos, realmente una estúpida mujer humana.
Cuando el emperador pidió que se realizarán los nuevos edictos salió de la sala con una cepillada de sus mangas, viendo apenas a la gente en la sala. Kikyo e InuYasha se marcharon sin mirar a Kagome que seguía arrodillado, la emperatriz salió detrás del emperador luego de darle una mirada a Kikyo. La sala estaba casi vacía cuando ella se puso de pié, estuvo un momento así y luego caminó dignamente a la salida.
Los ojos de Sesshomaru podían engañaron pero su olfato no. En ese momento que la chica estuvo de pié y sus mangas cubrían las palmas de sus manos nadie pudo notar los puños crispados, tanto que un ligero aroma a sangre llegó hasta sus fosas nasales.
— El príncipe heredero no debe sorprenderse, está princesa sabe lo que hace.
La espalda recta, pasos dignos al caminar, barbilla ligeramente levantada, no muy altiva, no muy humilde. Era una auténtica princesa imperial, con la capacidad de volverse una emperatriz.
— Este príncipe no duda de las capacidades de su Alteza.
Siguió a Kagome fuera del salón, después de todo, hoy era el banquete de homenaje por el nacimiento del príncipe heredero de Edo. Los rumores decían que el emperador de Sengoku propuso una alianza entre el Príncipe heredero y la primera princesa de Edo, Kyota estaba dispuesto a aceptar y por esa razón kikyo sedujo al noveno príncipe. La crueldad del príncipe heredero de Sengoku y su odio a los humanos era algo conocido, el emperador quería a Kagome, por lo que arregló su matrimonio con InuYasha, que era mitad humano.
Pero al final eran solo rumores, Kyota jamás entregaría una posición de poder en manos de Kikyo. Antes de que se case iba a hablar seriamente con ella y castigarla. Se atrevió a tocar con sus corruptas manos a su pequeña Kagome.
Muchas gracias por la lectura! Nos vemos en el siguiente capítulo.
