Veinte años después de la humillante escena, para los humanos normales esto podía ya no ser relevante, para la gente de Edo y los del país Sengoku fue un parpadeo. Pues los plebeyos en Edo vivían cerca de cuatrocientos años.
Kagome viajaba en su propio carruaje de fenix, con linternas de piedra fluorescente en cada esquina, tirado por hermosos caballos blancos. Delante de ella iba el carruaje de Kikyo e InuYasha. Hoy era el banquete de tributo en Sengoku. Príncipes de todo el continente Era estarían ahí. Ella sólo podía suspirar.
—¿El maestro se encuentra bien?
Kagome vio a uno de sus subordinados aparecer, era un youkai zorro de pelaje naranja. Por su apariencia ya pasaba los cien años. Kagome logró salvarlo de unos youkais, pero no consiguió salvar al padre. Los brillantes ojos verdes del youkai lo hacían parecer un joven de quince años.
—Está bien, Shippo —respondió—. Debes estar alerta, pronto entraremos en ciudad Sen.
Shippo siguió las órdenes de Kagome y se transformó en una joven doncella y se mezcló con el séquito de Kagome. Diez años atrás cuando su nuevo amo lo encontró se dio cuenta de la infamia que pesaba sobre ella y al ver a InuYasha con Kikyo tenía fuertes deseos de matarlos. Sólo la sangre podía borrar tan grande afrenta.
En el carruaje Kagome podía adivinar los pensamientos de Shippo, pero no podia hacer más. Con un chasquido de sus dedos aparecieron dos personas ante ella.
—Sango, Miroku— les dedicó una mirada de alivio—. ¿Cuál es la situación de Sengoku y que tanto trata de ocultar con este banquete de tributo?
Era la primera vez que la princesa viajaba a Sengoku. Anteriormente solo lo veía desde los puestos fronterizos.
—Su Alteza, Sengoku se eleva un poco sobre Jidai, los demás países pequeños como Meiji, Showa, Heisei y Taishou no son una amenaza y dada su ubicación dispersa y la cantidad de sus ejércitos serían fácilmente aplastados por Sengoku, cuya fuerza militar se ha duplicado en el último siglo desde que el Príncipe heredero asumió el mando—. Las cejas de Sango se arrugaron un poco al recordar algo—. Kirara interceptó una caravana de Jidai con varios carros cargados de tesoros.
La joven princesa también notó lo raro.
Miroku sin embargo respondió con calma:—Jidai es un país youkai, tanto Sengoku como Jidai no han cruzado la línea y se han declarado la guerra. Con la alianza previa establecida por la primera princesa, su Majestad prometió ayudar, pero no prometió recursos, ni soldados. Eso demuestra el lugar que ocupa su Alteza imperial en el corazón de su Majestad. Kikyo se volvió una carta vacía que Sengoku no puede usar.
—Con una línea dibujada, Jidai seguramente quiere comprar la lealtad de los países pequeños cercanos a el, Showa y Taishou. Heisei está aislado y Meiji está muy lejos de Jidai—continuó Sango.
Kagome sirvió una taza de té para ella. Luego sirvió una a Sango y otra a Miroku. —No se trata más que de adular... niguno de estos países será tan rico como Edo mientras mantengan tres mil concubinas en su corte imperial, los despilfarros que hacen mujeres aburridas debe costeados de los impuestos del ciudadano común. Edo es un país fértil que comparte el buen clima con Sengoku y en parte con Jidai. Pero ambas naciones tienen suelos muy pobres. Viven de sus minas de jade y carbón.
—Su Alteza tiene razón— secundó Sango—. Si aprendieran un poco de Edo no estarían tan mal.
—Debemos agradecer que no sean muy listos.—agregó Miroku.
—Pueden retirarse. —Los vio asentir—. Busquen a Kaede para que trate sus heridas. Sus vidas son importantes.
Los rostros de ambos jóvenes se iluminaron, asintieron en respuesta y luego se fueron.
—Sí, Alteza.
Al llegar al Palacio imperial de Sengoku vio la calidad usada en la madera, el barniz rojizo y los bloques de oro. Los grandes perros dorados en la entrada, símbolo del Inukami imperial.
El salón imperial estaba preparado para recibir a sus invitados, Kagome entró detrás de Kikyo e InuYasha. Al llegar frente al trono se inclinó ante el youkai, ella mantuvo la vista baja desde que entró.
—Anunciando al príncipe Han y su princesa consorte.
InuYasha camino seguido de Kikyo.
—Este Príncipe paga sus respetos al padre Imperial, que su Majestad tenga larga vida.
—Está princesa paga sus respetos a su Majestad, larga vida a su Majestad imperial— siguió Kikyo.
—Anunciando a la segunda princesa de Edo, Kagome Higurashi.
—Está humilde es la segunda princesa de Edo, agradeciendo a su Majestad el recibimiento, larga vida a su Majestad y a su Señoría.
Alguien en la sala aspiró una bocanada de aire frío.
—Pueden levantarse—respondió la emperatriz.
Kagome por fin observó a aquellos que casi llama padres imperiales, el youkai en el trono dorado tenía una apariencia madura, su cabello era platinado muy parecido al de ambos príncipes de Sengoku, sus ojos eran igual que el oro fundido. Un mirada fría se dirigió a Kikyo e InuYasha, en cambio, para ella fue una mirada más gentil.
—¿Ha tenido un buen viaje la segunda princesa?
Kagome hizo una reverencia y respondió: —Agradeciendo a su Majestad la preocupación, el viaje fue tranquilo, su Majestad se preocupa por la gente común de Sengoku, sus caminos a la capital Sen son suaves y transitables.
Un ligero murmullo se escuchó desde atrás, está segunda princesita fue tratada de mejor manera que el noveno príncipe y su consorte.
—Este Touga está felíz de escucharlo.
El grupo procedió a dar los regalos del tributo. Pernos de fina seda, joyerías, antigüedades y muebles de fina madera. Luego el grupo se retiró.
El tributo de Jidai llamó la atención de Kagome. Quienes representaron a Jidai en el tributo fueron el príncipe heredero, Byakuya Onigumo y la princesa Kagura. En comparación con los carros que vieron llegar desde Jidai, según el reporte de Kirara esto no era ni la décima parte. Las sospechas de Kagome se confirmaron.
De Meiji pasó el príncipe heredero Koga Ookami a dar sus respetos.
De Showa entró únicamente el Príncipe heredero Tsukuyumaru Shin y su hija la princesa Shiori.
Cuando pasó el turno de Taishou, Kagome notó una extraña aura fría emanar del príncipe heredero, Hakudoshi Entei, lo acompañaban sus hermanos el segundo Príncipe Akago Entei y Kanna Entei, la primera princesa. Había cierta complicidad entre Jidai y Taishou, sólo tres personas en el gran salón lograron notarlo.
Heisei es el país del que vino la consorte imperial madre de InuYasha. Se dice que Touga la arrebató de su Palacio después de quedar encantado con su belleza, fue tan favorecida que Touga evitó que Irasue le diera la droga de esterilización, dio a luz a varios hijos, pero estos morían a causa de los celos de las tres mil concubinas en el Palacio interior y la emperatriz Irasue, su noveno hijo fue criado por Touga personalmente y sólo así pudo sobrevivir. Aún así murió cuando InuYahsa todavía era joven a causa de su cuerpo frágil.
Los representantes de Heisei fueron el Príncipe heredero Kuranosuke Takeda y la princesa Sara Asano, sobrina del emperador Uranosuke Takeda. Ya que Heisei era un país aislado no podían oponerse a Sengoku, sus tributos fueron justo pero no impresionantes.
Cuando los tributos terminaron comenzó la fiesta en los jardines del Palacio. Por esta ocasión hombres y mujeres eran libres de sentarse entre ellos.
—Su Alteza Koga, recuerde que su abuelo le dijo que mirara bien a una princesa o una dama noble con la cual aliarse... —dijo Ginta muy cerca de Koga. El ruido de la música y el baile evitaba la conversación de los youkais.
—¿Cuántas veces les he dicho que sólo me llamen "Koga"?—gruñó el lobo.
—No es necesario que su Alteza se altere, estamos en el Palacio de Sengoku, no en Meiji.—Regañó Hakkaku.
Por otro lado Kagome caminaba elegantemente entre los jardines, algo que odiaba de los palacios imperiales era que no podía traer a sus propios guardias consigo. Se acercó a la mesa donde Kuranosuke y Sara se encontraban.
—Ofreciendo un brindis por su Alteza el Príncipe heredero y la princesa Sara.
Los aludidos bebieron con cortesía. El príncipe heredero se levantó y pidió que volvieran a llenar las copas.
—Ofreciendo un brindis por su Alteza imperial la segunda princesa.
Kagome se fue a sentar en la mesa más lejana luego de brindar con los príncipes y princesas de otros países. Después de todo ella era la única persona nueva entre los príncipes y princesas. Se sintió un poco mareada cerca del lago artificial, era pleno otoño y las hojas de los árboles caían como lluvia. Cuando Sesshomaru llegó vio a una hermosa chica bebiendo sola un trago de vino.
Kagome era hermosa, eso no lo podía negar, ella podía ser una belleza capaz de hacer caer países.
—Ofreciendo un brindis a la segunda princesa.
Las mejillas de Kagome estaban sonrosadas. Ella nunca fue buena con el vino.
—Ofreciendo un brindis por el príncipe... ¿Qué príncipe es?... ¡Por su alteza!
Los ojos del youkai se abrieron ligeramente al verla inclinar su cabeza con elegancia y tomar la taza. El aroma a vino de ciruelo le pareció extraño, se suponía que se estaba sirviendo vino de arroz para prolongar la fiesta, el vino de ciruela era muy fuerte a pesar de ser dulce y se serviría de último. Alguien quería jugarle una escena a esta princesa cambiando su vino.
—La irracionalidad ya está en ti, me temo que así no podemos charlar. —Antes de irse miró con detalle a una sirvienta.
—Royakan.
Apareció un youkai lobo con armadura encima. Estaba completamente vestido de negro.
—Sus órdenes amo.
—Trae al responsable de esto a mi palacio, puedes ponerlo en la prisión subterránea, yo mismo le sacaré la información.
—Sí, amo.—Desapareció como una sombra.
Kagome estaba dormitando un poco. Sesshomaru tomó una taza de té de una sirvienta y luego se la dio a Kagome.
—Está princesa no está ebria, el príncipe heredero me ofende con su taza de té. —murmuró la chica arrastrando un poco la lengua.
Sesshomaru sólo levantó una ceja. Estaba un poco molesto, tenía asuntos que hablar con ella y de pronto la encontraba ebria. Por arruinar sus planes esa sirvienta debía sufrir mucho.
El joven youkai caminó hacia una sirvienta y ordenó que llevarán a Kagome a su carruaje cuando todavía podía ponerse de pié.
—An.
—Sus órdenes, amo.
El youkai que apareció esta vez tenía la piel de color verde oscuro y vestía ropas oscuras de pies a cabeza donde sólo se observan sus manos y ojos, unos ojos reptilianos de color amarillo.
—Sigue a la segunda princesa hasta su destino, vigila quienes la siguen, asegúrate que llegue a su carruaje y salga del palacio... y manda un palaquin para ella.
—Sí, amo.
Sesshomaru sabía que fuera del palacio habían expertos en artes marciales esperando a su ama. El peligro siempre estaba en el palacio. No se explicaba como Kagome fue tan tonta de caer en una trampa tan simple. Pero un sentimiento de haber sido usado no se quitaba de su corazón, si esa mujer se atrevía a hacer eso, la mataría después de obtener la información que necesitaba.
Dio media vuelta, ya después cobraría este favor a la princesa de Edo.
Disfruten el capítulo :D
