Al mitad de la noche, Kagome se despertó de pronto, vio que sus ropas eran las de dormir y estaba en una de las habitaciones de la nueva residencia. Se levantó y caminó hacia la puerta que daba al balcón. La ciudad Sen estaba iluminada como si aún fuera de día. Youkais y humanos caminaban de un lado a otro. Era una vista impresionante.
-¿Disfrutando de la vista?
Dijo aquella voz seductora, como si fuera susurrada a su oído.
-¿El príncipe heredero tiene tiempo para visitar doncellas a mitad de la noche?-Contestó en el mismo tono la joven princesa mientras regresaba lentamente al calor de la habitación. Vio a sus expertos en varias esquinas de los otros edificios y se extrañó de que no pudieran detectar a Sesshomaru en su habitación, eso la molestó mucho y se impacientó con el youkai.
-Sólo una pequeña pregunta.- Dijo Sesshomaru sentándose a la mesa. - ¿Qué es realmente la shikon no tama?
Kagome se sorprendió al escuchar la pregunta. No esperaba que la red de inteligencia de Sesshomaru fuera tan eficiente. Después de todo quien intentaba meter sus manos en esto era Jidai. La chica caminó, pero al hacerlo perdió un poco el equilibrio. Sesshomaru se movió a tiempo para atraparla. Despedía una fragancia dulce, su cabello aún estaba un poco húmedo, sus sirvientas personales tuvieron una buena batalla bañando a un borracho.
Al atrapar a Kagome la abrazó de la cintura y susurró a su oído: -No me malinterprete su Alteza, si hace mucho ruido sus guardias van a entrar.
Kagome se soltó de su agarre y luego tomó un pergamino con enojo, recitó un conjuro y lo lanzó a la pared de madera.
-¡¿Qué clase de comportamiento es ese Sesshomaru Taisho?! ¡Hombres y mujeres no deben tocarse de esa forma sin estar casados, si estuviéramos en Edo te mandaría a cortar las manos!-gritó.
Sesshomaru levantó una ceja, esa chica tenía pulmones grandes.
-Entre youkais algunos roces no se consideran tan serios, a menos que toques a la compañera de otro youkai.
Kagome rodó los ojos, Touga tenía cinco mil concubinas, donde aplicaba la lógica de Sesshomaru. Kagome se detuvo frente al espejo de cobre y al ver su aspecto muy revelador se tapó con prontitud con sus manos.
Tomó una capa de una silla y se envolvió en ella. Después de todo se acababa de levantar y no notó su apariencia.
-Este Sesshomaru no tiene interés en tu cuerpo infantil, crece un poco para llamar la atención de este Príncipe.
Los ojos de Kagome dispararon llamas de odio antes de responder. -La perla de Shikon fue creada por la quinta hermana de mi antepasado Kyota Higurashi, la señorita Midoriko Higurashi. Es una esfera que concede poderes inimaginables a los youkais y corrompe a los humanos. Fue destruida por mi ancestro hace miles de años, junto con la tribu de exterminadores y tu ancestro, el general Inutaisho Taisho. ¡Ahora VETE DE AQUÍ!
Los sensibles oídos de Sesshomaru escucharon con atención la primera parte, luego se arrepintió de ello. Dando una mirada fría a la chica le dio la espalda. Quería matarla, luego recordó el papel que jugaba y decidió calmarse.
-Este príncipe descubrió quién cambió tu vino.
Luego desapareció y Kagome se enojó todavía más. Dentro del palacio las únicas personas que podían actuar con libertad era InuYasha y Sesshomaru. Era consciente desde el primer sorbo que era vino de ciruela fuerte. Pero los ojos de Sesshomaru e Irasue fueron los únicos que reaccionaron al intercambio de miradas entre Jidai y Taishou, obviamente irían a buscarla y por la fama de Sesshomaru era alguien que gustaba de obtener respuestas cuando las pedía. Su comportamiento tan irrespetuoso podía originarse como forma de venganza, pero era difícil creerlo.
Arrancó el pergamino con fuerza.
-¡Sango!
Sango apareció enseguida. Al ver a Kagome tan alterada y con una capa creyó que algo malo había pasado. Pero no se explicaba eso porque Kagome era una chica fuerte en todo sentido.
-¿Kagome?
La joven princesa agarró las manos de Sango y la condujo a la cama. Calmó un poco su aspecto feroz y con seriedad preguntó a Sango: -¿Crees que mi aspecto es muy infantil?
La pregunta tomó de sorpresa a la joven castaña en traje negro de guardia oculto. Vio el semblante aún infantil de Kagome y sonrió, pero su sonrisa se tornó risa que al final no pudo contener.
Ja, Ja, Ja.
-¡Sango!
-Lo siento, Kagome-dijo mientras limpiaba sus lágrimas-. ¿Quién es el afortunado príncipe que ha capturado el corazón de nuestra princesa?
Kagome se molestó, se arrojó a la cama y se envolvió de pies a cabeza en las cobijas.
-¿Eh? ¿No me dirás quién es?
-¡No es nadie! ¿Porqué Kikyo a mi edad se veía más madura y yo sigo pareciendo de quince?- se quejó desde debajo de las sábanas.
Sango se puso a pensar antes de responder. -¿Tal vez porque ella ya había dormido con InuYasha antes de casarse? Sabes que ese cambio ocurrió de un mes a otro, aunque coincidió con el mes que cumplía años, nuevo ciclo, nuevo cambio.
-Mi cumpleaños es a finales de invierno, faltan tres meses, tal vez ocurra un cambio...
Sango no entendía para quien quería la princesa parecer más madura, era cruel, Kagome envejece lento, casi como un youkai y en esa fiesta había muchos youkais.
-Cuando cumplas años dibujare una flor de loto en tu frente como buen auspicio, te hará ver refinada y madura, también aplicare polvos fragantes en tu cara, se verá muy natural.-Consoló la castaña. Sango se acostó en la cama sobre las sábanas. Kagome era una niña amada por su padre, el emperador, su madre era amable y le profesaba cariño sincero, pero tenía un poquito más de amor por Kikyo. Al ser siempre comparada con Kikyo ella descuido su propia persona.
Creció entre los muros del palacio, admirando a su hermana mayor, aprendiendo las artes de una sacerdotisa, las técnicas para exterminar Youkai, artes marciales y otros entrenamientos militares. En esto Kagome era un prodigio, pero su tiro con arco no era perfecto como el de Kikyo, y su manejo de la energía espiritual no era tan bueno como el de ella y las personas solo señalaban esos errores, ni siquiera sabían, aún viendo ampollas en la mano de su señorita, cuanto practicaba. Tiro con arco, manejo de espada, quingong y otras más que nadie sospechaba.
-Nosotros, las perlas negras somos tu ejército, segunda princesa. Un maestro como tú aparece una vez cada mil años...
Sango se metió en las sábanas y durmió ahí, junto a su amiga, su maestra, su compañera de armas. Después de todo, en sus venas corrían cuatro bendiciones, una por debajo de Kagome.
