Deseos sombríos.

Antes que nada: Los personajes son propiedad de JK Rowling.

El título viene de la casa de Harry (del "grim-old" place), pero la idea de un lugar viejo y sombrío me hizo pensar en un recóndito espacio en lo profundo de nuestros deseos que creemos poder ignorar pero una vez despierto y a la luz se convierte en una amenaza al equilibrio que creíamos tener, y que aquí nuestros pobre protas se verán forzados a tomar la decisión entre enfrentarlo o frustrarse para siempre.

Aclaraciones:

«pensamientos»

Recuerdos

Y como en todos mis fanfics de Harry Potter: George está vivo.

El contenido +18 será específicamente advertido en esos capítulos.

Sinopsis: Lo que Hermione no esperaba cuando Harry le pidió cuidar de la 12 Grimmauld Place durante su ausencia, era tener a un indeseable ex mortífago como compañero para la tarea. Dramione.

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«Un tiempo de paz y soledad, para relajarme.»

La casa de Harry estaba abarrotada de gente. Hermione no percibió exactamente cuándo fue que comenzaron a llegar de a montones. No se sentía de ánimos para asistir a una fiesta, mucho menos a una donde estaba segura que, tarde o temprano terminaría viendo a Ron. Las cosas no habían terminado bien, o no habían terminado del todo en realidad, no sabía precisarlo; solo sabía que la desmedida e inmadura actuación de Ron no fue lo que se esperaba. De solo pensarlo, la sangre le hervía y sus ánimos le quedaban por el suelo. No estaba preparada para verlo y hablar con él, o mejor dicho no-hablar con él. Porque eso era exactamente lo que hacía; evadirla, fingir que no escuchaba y arruinarle el ánimo con su sola presencia, llenándola de culpa. Pero iba a marcharse junto a Harry iba a marcharse por varios meses al exterior. Su famoso amigo sería recibido como invitado de honor en Castelobruxo donde dictaría un seminario intensivo para prometedores nuevos aurores y como no podría ser de otra manera, llevaría a su más fiel compañero y auror como primer asistente.

Pese a que era igual de heroína de guerra que el propio Harry, le dolía pensar que su papel en este honorífico seminario sería únicamente el de quedarse donde siempre, sin ningún honor o nombramiento, y cuidar del hogar mientras los otros dos no estaban. Estaba segura de que la elección de Harry de llevar solamente a Ron tenía que ver con la reciente e incómoda ruptura.

Le molestaba pensar en ello, pero aunque tenía muchas ganas de conocer otro continente más allá del océano Atlántico, de algún modo estaba agradecida de que Harry no le hubiera propuesto ir. Le habría resultado penoso decirle que no, incluso dudaba de poder hacerlo, pero tener que viajar con Ron en esas circunstancias habría vuelto toda la experiencia en algo tedioso y amargo.

Además, a pedido explícito de Harry, quedaría a cargo de la 12 de Grimmauld Place durante ese tiempo.

«No quiero que Kreacher vuelva a quedar solo, rodeado de influencias o recuerdos poco positivos.» Le había dicho su amigo.

El anciano elfo loco no sería una compañía muy agradable justamente para alguien como Hermione, pero tampoco una molestia a tener en cuenta. Mientras mantuviera los insultos al mínimo, no existiría razón para llevarse mal con él. Incluso, pensó, que con tanta cantidad de tiempo tal vez podría explicarle un poco sobre conceptos básicos de derechos élficos y leyes anti-maltrato.

Un joven que pasó a su lado la empujó sin querer haciendo que derramara un poco de cerveza en el piso.

- Ups… lo siento.- Le dijo sin más al pasar, alzando la voz para que lo escuchara por sobre la música. Hermione le hizo un gesto forzado de que estaba todo bien.

«No podemos dejar que Harry se vaya sin agasajarlo antes. Hay que darle algo para recordar y para que nos extrañe, no sea que decida quedarse en Brasil para siempre. Vamos, que será una reunión tranquila, solo entre amigos íntimos.»

Eso fue lo que había dicho George. Precisamente eso. De solo recordarlo los ojos se le tornaban blancos por inercia.

«Solo entre amigos íntimos… sí cómo no», se mofó mientras vio desfilar por la entrada a una sarta de magos extraños, gente con la que se habrá cruzado una vez en la vida, como mucho, en los pasillos del Ministerio, compañeros de su generación cuyos rostros apenas recordaba, y hasta gente con la cara absolutamente aniñada y gestos inmaduros; alumnos de segundo o tercer año de Hogwarts que encontraron manera de ser invitados a la "famosa casa del famoso Harry Potter" buscando diversión y anécdotas.

«Tal vez conozca a cinco de entre toda esta multitud.» Tomó un sorbo de cerveza de mantequilla y caminó hasta el salón buscando un sofá en el que reposar. Cuando logró hacerse lugar entre la gente del pasillo -en medio de empujones y abriéndose camino con los codos- no le sorprendió encontrar el sillón repleto de adolescentes medio ebrios y otros besándose.

Suspiró. Repentinamente se sintió mucho más vieja que sus diecinueve años recientemente cumplidos. Cuando por fin pudo hacerse con un margen ínfimo de espacio para sentarse, el sonido de un cristal rompiéndose la hizo levantarse de repente y, como no podría ser de otra manera en alguien con meticuloso cuidado hacia los demás, Hermione instintivamente corrió hacia el lugar del estruendo a ver si todo estaba bien.

- Está bien, está bien. No pasa nada.

Escuchó decir a un pelirrojo levantándose del suelo con ayuda. No llegó a ver su rostro, pero no fue necesario. Del otro lado de la sala, Ginny Weasley y Patil Pavarti clavaron sus ojos alarmados en ella entrando a la habitación. Entonces Hermione fijó su vista en el techo un segundo para tomar aire: Ronald Weasley estaba levantándose con torpeza del suelo

No sabía cuándo había llegado, pero de antemano estaba segura de que tendría que verlo en algún momento; era imposible que Ron no se apareciera en una fiesta dedicada a Harry y a él mismo. Desde que terminaron, no lo había visto más que una vez accidentalmente en una oficina del Ministerio. En esa ocasión solo se limitaron a saludarse y desearse un buen día. Irónicamente, eso alcanzó para arruinarle el día a Hermione en aquella oportunidad.

Patil le hizo un gesto con el rostro para que saliera de allí, pero fue tarde.

- ¿Cómo estás? –dijo el menor de los Weasley acercándose a saludarla.

Distante, frío, incomprensible. Era la actitud que había adoptado y que no les permitía tener ni una mínima conversación coherente para sanear la situación.

- Bien, ¿y tú?

- Muy bien.

Dicho esto, pasó por su costado saliendo de la cocina, seguido por un Harry que se encogió de hombros al pasar frente a ella, como disculpándose por el encuentro.

El volumen de la música muggle subió de repente, por lo que le costó entender qué le dijo Padma al acercarse con una copa oscura.

«Solo diviértete y muéstrale que no te importa» le repitió Ginny «Un sorbo de esto y el idiota de mi hermano no volverá a ser un problema para ti.»

Hermione la observó desconfiada. No se podía ser una bruja poderosa sin una pizca de malicia y autoridad. Y si pensaba en una bruja poderosa, evidentemente Ginny aparecía en su mente.

- ¿Qué es?

- Solo vino de sauco, y… un poco de relajación extra.

Hermione observó con recelo. Las últimas semanas post ruptura habían sido bastante intensas en cuanto a diversión entre chicas; Ginny, las Pavarti, y alguna que otra amiga siempre parecían resueltas a evitar que Hermione pensara en algo que tuviera que ver con Ron.

- Ginny- dijo apartando la copa – realmente no es necesario, estoy bien. Mañana se irá, y ya no tendré que volver a verlo ni accidentalmente por un largo tiempo. Cuando regrese estaré como siempre. No, no como siempre. Estaré mejor que nunca…

- Ya cállate y bebe- dijeron las hermanas Pavarti al unísimo.

- La última vez que lo viste estuviste de mal humor y quejándote de "cómo tu ex pudo ser tan bruto" durante una semana entera. Es molesto. Hazlo por ti, pero también por nosotras.- completó Patil.

- Ok. Ante tal insistencia, al punto de llamarla molesta, Hermione realmente no se sentía con demasiada fuerza de voluntad o carácter en ese momento. Solo quería que la fiesta terminara de una vez, que Harry se marchara y ella quedara completamente sola en la 12 de Grimmauld Place para cuidarla. Sería un excelente tiempo a solas consigo misma para ordenar sus pensamientos sus emociones, y saber qué sería lo siguiente a hacer. Aparte, aprovecharía para leer cada uno de los libros antiquísimos que aguardaban por ella en la biblioteca de los Black. Después de todo, muchos de sus mejores recuerdos estaban exactamente en esa casa, no sentía que pudiera haber un mejor lugar en ese momento. Tomó la copa y le dio un sorbo desconfiado, comprobando que el sabor era extraño, algo que nunca había sentido antes en ninguna bebida o comida; era absolutamente delicioso y quería más.

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Al despertar, Hermione sintió dos cosas.

Primero: que su cabeza estaba pesada, y que incluso sus párpados parecían caerse solos. Cuando se llevó con algo de lentitud una mano a la sien, notó que estaba latiendo, y que su piel estaba pegajosa.

La bruja más brillante de su generación en Hogwarts nunca había tomado alcohol en exceso, no obstante, las cosas cambiaron un poco desde que Ron había roto con ella semanas atrás.

Las salidas con Ginny Weasley y las Pavarti se habían convertido en algo más o menos frecuente durante las últimas semanas.

«Vamos a salir, después de unas cuantas fiestas, él será solo un recuerdo lejano» es lo que Ginny le había dicho la primera vez, y cómo negarse. Debía admitir que le gustaba, la noche, las luces, la música. No le gustaba demasiado el alcohol, pero algún whisky de fuego que otro tampoco había matado a ningún brujo antes.

Presionó con sus dedos sobre la sien, intentando calmar la sensación de pesadez. De repente recordó el delicioso vino de sauco que le habían dado sus amigas. Barbas de Merlín, qué era exactamente ese pseudovino.

Entonces sintió algo más.

Segundo: había un peso muerto extraño sobre su cadera. El brazo de alguien.

Parpadeó dos veces, con los ojos enormes como un búho. Recién entonces su vista recorrió la habitación.

«¿Dónde estoy?»

Intentando reconocer por descarte; no era su cuarto y tampoco el de Ginny, eso seguro.

Paredes elegantes, adornos en madera de roble tallada y pintura de color verde opaco. Las sábanas se sentían suaves, de satén o seda, y la forma de la ventana cerrada le recordaba a una construcción vieja. Una vieja y escondida, para ser más precisos. Le dio algo de paz saber que estaba en la enorme casa con dirección en el número 12 de Grimmauld Place. Habían tenido una fiesta la noche anterior para despedir a Harry.

Sí, ya se situaba en su lugar.

Pero aún el brazo extraño de un hombre continuaba plácidamente acomodado sobre su cuerpo. Bueno, ahora por lo menos tendría la tranquilidad de no haber estado tan ebria como para terminar con un extraño en algún motelucho. Padma podría hablar al respecto.

Los eventos de la noche anterior flotaron en su memoria, y aunque recordaba bien hasta cierto punto, el extraño que yacía a su lado era prueba de que había ciertos huecos en la reconstrucción que intentó de la historia.

Sintió un irremediable miedo de que hubiera acontecido lo peor. Debía levantar la vista y asegurarse de no haber cometido el error de involucrarse con Ron, como un rezago de esos noviazgos inertes que nunca terminan de terminar, valga la redundancia.

Lentamente echó una mirada de reojo hacia su costado, solo para sobresaltarse por dos motivos: 1) estaba equivocada, definitivamente no era Ron, y 2) lo ridículamente atractivo que era aquel sujeto. El pelo rubio estaba hecho un desastre, sobresalía despeinado y húmedo en todas direcciones, sus hombros desnudos y anchos la hacían sentirse diminuta ante el peso el brazo aún posado en ella.

«Qué estoy pensando… Espera.»

Así como su vista recorrió la figura masculina a su lado, se tomó el tiempo de examinarle con mayor cautela las facciones.

Nariz aristocrática, mandíbula afilada, la manera en la que reposaba boca abajo con la mitad de la cara hundida en la almohada.

Sus pestañas proyectaban suaves sombras en sus pómulos, su respiración era lenta y tibia. Inconsciente, el abrazo la tenía bastante cerca y le había enterrado su rostro en el cuello. Hermione se mordió el labio sin intención.

A esa cercanía, podía sentir el aroma a sudor y perfume que desprendía de su piel. Colonia, sudor, y un vestigio lejano de aroma a manzana.

Entera y absolutamente embriagador.

Trató de apartarse de él sin moverse demasiado en orden de poder reconocerlo.

Con la yema de sus dedos le quitó del rostro las mechas de cabello que ayudaban a ocultarlo.

Intentó descifrarlo, con su mente todavía nebulosa. Estaba segura de haber visto una cara como esa antes, en algún momento, pero ¿de quién?

«Memoria Hermione, no hace falta verle de frente para darse cuenta.»

Pero se distrajo sin más. Ante la tranquilidad de que estuviera profundamente dormido, se tomó el atrevimiento de acariciarle la mejilla y jugar con su cabello.

El hombre rubio se movió apenas sus dedos le rozaron la piel, y Hermione se congeló, temerosa de que despertara.

El gemido ronco que le salió de los labios pareció resonar en la vieja y monumental habitación que permanecía a media luz.

Los ojos del sujeto se abrieron de golpe, y cuando su mirada cayó sobre ella, le lanzó un gesto soñoliento y arrugó los párpados.

- Ah. Buenos días, Granger.

El maldito Malfoy.

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¿El maldito Malfoy?

Hermione quedó tiesa como si le hubieran lanzado un hechizo que la tornó en mármol.

¡El maldito, maldito Draco Malfoy!

¡¿Cómo podía ser tan estúpida?! ¿Qué diablos había pasado? Y más importante; ¿Cuál había sido el orden de los desafortunados eventos que culminaron con Draco Malfoy durmiendo aparentemente desnudo mientras la abrazaba como si fuera su almohada favorita?

Rápidamente buscó entre sus dedos poder agarrar las sábanas y taparse los muslos desnudos. Frunció el entrecejo a más no poder, absolutamente ofendida con toda la faena. No entendía la conexión entre los desafortunados hechos que desembocaron en esa engorrosa situación, pero alguien pagaría muy caro por ello, al menos de eso estaba segura.

Él sonrió ante la cara por completo estupefacta de la Gryffindor.

- No seas estúpida- le respondió prácticamente riéndose cuando la vio ocultar su semi-desnudez y las piernas.

- ¿¡Qué haces aquí!?

Draco carraspeó ante la pregunta, demorando un instante antes de responder.

- Bueno, yo estoy… quedando aquí. - frunció el seño ante la falta de información de la chica- ¿No andas hablando mucho con tu best friend forever potty, verdad?

Hermione tragó saliva. Aunque continuaban hablando, ciertamente hubo un distanciamiento con Harry a causa de Ron en el último tiempo. Era verdad que su mejor amigo tenía preferencia por el Weasley más que por ella. Si a Ron le molestaba Hermione, entonces Harry también la dejaría de lado. Aquello le dolía lo indecible.

Todo resto de mareo se le fue de repente y sus sentidos quedaron alerta y en guardia como si estuviera en franco en peligro. Como si una guerrera de la Orden se encontrara ante un mortífago. Mm, Bueno…

- Me refiero aquí, a esta… habitación.

- Yo debería preguntártelo; es mi habitación. O mejor, lo que debería hacer es echarte: -tiró de la sábana- lárgate Granger.

Draco se movió de la cama para levantarse. De forma automática Hermione, aún en la cama y cubriéndose, se alejó un poco más de él.

Cuando irguió su estatura de casi metro noventa, notó que la desnudez del chico no iba más allá del torso.

- ¿Tu habitación? ¿De qué diablos hablas? ¿Harry sabe que te metiste en su casa?

Draco suspiró.

- Por Merlín, Granger, recién estoy despertándome y debo decir que no dormí muy bien con ese odioso ruido muggle a todo volumen de anoche. Dame un respiro antes de comenzar a arruinarme el día.

Prendiéndose los últimos botones de su camisa volteó hacia Hermione, que en un rápido movimiento de ojos fingió no haber estado viendo.

Sonrió de lado con suficiencia.

- ¿Disfrutando del paisaje, eh?

Ella refunfuñó sin contestar.

- Tranquila Granger, comprendo las necesidades biológicas. Y debe resultarte fascinante ver una figura masculina, en especial una como la mía, después de tanto tiempo. ¿Hace cuánto fue que ese pobretón bueno para nada te dejó en la más ruinosa soledad?

Mejor cierra la boca. No te interesa, y no vas a eludir mi pregunta logrando molestarme.

- ¿Segura? Puedo ser bastante persuasivo si de eso se trata.

- Malfoy…

Mejor pregúntaselo a tus amigas, ellas te trajeron aquí.

Hermione se peinó el cabello castaño revoltijado hacia atrás y apoyó la cabeza sobre sus rodillas.

- ¿A dónde vas?- le preguntó cuando este tomó un saco del mismo color que su pantalón, y fue en dirección a la puerta.

- A desayunar, Granger, ¿o quieres que me quede aquí contigo todo el día?

Cuando abrió la puerta, un rayo de luz entró desde el pasillo.

Hermione se sujetó la cabeza.

Harry nunca dijo nada respecto a un Malfoy viviendo en su casa, y Ginny la emborrachaba, embrujaba, o lo que sea que hizo mediante ese vino contra su voluntad, oh cielos, sí que tenía buenos amigos…

«Ok, Hermione- se dijo a sí misma- solo será un tiempo. Si Harry sabe que él está aquí, tendrá sus razones para ello. Solo cumple con lo que prometiste a tu mejor amigo. Obviamente no dejaría su casa sola con un condenado exmortífago, por eso Harry te quiere aquí. Te necesita. Habrá tenido sus motivos para no decírtelo. Lo de esta mañana fue un absoluto error, la casa es muy grande, ya no tendrás que toparte con ningún Malfoy otra vez

Por un semestre.

Hermione hundió su cabeza entre las sábanas. El solo pronunciarlo hacía que su tarea, devenida en condena, cobrara un peso muy real.

Por Dumbledore, en qué se había metido.

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Muchas gracias a cualquier bella lectora que haya llegado hasta aquí, si quieres hacerme feliz con un review te lo agradeceré mucho.

Hasta la próxima.