Interludio
Capítulo 10.5: El cumpleaños de Miyu
Yoh no era una persona realmente detallista —de hecho, ni siquiera recordaba qué le había regalado a Anna en su último cumpleaños—, pero aun así tuvo la iniciativa de planear una pequeña celebración para Miyu. Sabía que los últimos meses habían sido fatales para ella, llenos de confusión, revelaciones y muchos cambios. Antes de venir a Izumo lo único que hacía era trabajar y entrenar, y ahora que finalmente tenía un espíritu acompañante sus jornadas se redujeron en exclusivo al entrenamiento.
— Quiero que se olvide por un momento que es una shaman y tenga un cumpleaños como una chica común y corriente — le explicó al grupo después de comentar su idea en el jardín del templo Asakura.
Pero los shamanes no lucían realmente a gusto.
— Yoh, no tenemos tiempo para estas tonterías — objetó Horohoro.
— ¿Acaso olvidaste que Manta sigue desaparecido y que Hao y "Los Salvadores" están al acecho? — le recordó Ren con una expresión de pocos amigos.
— Además, ni siquiera ella sabe cuándo es su cumpleaños.
— ¡Pero es una buena época para festejar un cumpleaños! — exclamó Yoh. — Si de todos modos no lo recuerda, quiero inventarle uno…
— Te estás preocupando demasiado. Si Anna estuviera aquí no lo permitiría. — Cuando Horohoro dijo esto, el castaño no pudo evitar estremecerse.
— Son unos aguafiestas — intervino Ryu, quien se encontraba sentado en la saliente de madera del templo con las piernas cruzadas y la espada apoyada en su regazo. — Yo creo que es una gran idea, don Yoh. La señorita Miyu ha sido una excelente aprendiz y ha acatado cada una de nuestras pruebas sin chistar. Creo que lo menos que se merece es divertirse durante una tarde.
— ¡El joven Ryu tiene razón! — saltó Tamao aferrada con ambas manos a una escoba. — Ya casi se cumple un mes desde que llegaron a Izumo y la señorita Miyu ha mostrado increíbles avances.
— Y… ¿cuál es el plan? — dijo una voz femenina que hasta el momento no había participado en la conversación.
Los presentes voltearon sorprendidos hacia la fantasma de largo cabello rosa que acababa de hacer aparición desde el interior del templo.
— ¿Tsubaki? ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó Yoh.
— Miyu me pidió permanecer en el templo — explicó Tsubaki, quien ante la expresión perpleja del shaman agregó: — Dijo que quería dar un paseo a solas por el bosque.
— Vaya, esto sí que es una sorpresa — comentó Hina Kazama con ironía al encontrar a Miyu en las afueras de su templo medio destruido. — ¿No se supone que renunciaste a tu pasado?
La castaña vestía su uniforme de entrenamiento y la observaba con una expresión llena de determinación. Hacía solo unos días había salido de la cueva de Yomi y notaba su poder muy despierto, por lo que la líder del clan de Kazama ya no le intimidaba tanto como antes.
— No quiero recuperar mis recuerdos, pero sí quiero saber quién fui — respondió con firmeza. — Dime algo, Hina Kazama, ¿acaso yo tenía familia o amigos? ¿Quién era exactamente?
— Ni siquiera yo sé eso. — Al decir esto la muchacha ataviada del elegante kimono se encogió de hombros con desinterés.
— ¡No me mientas! — bramó Miyu. — Es imposible que no sepas nada de mí. Ambas fuimos aliadas de Hao.
— Pero no nos llevábamos bien. Tal y como dijo Tsubaki, tu presencia me resultaba molesta incluso antes de saber el mal que causaría tu amor hacia el señor Hao. — Hina lucía seria y no parecía estar mintiendo por lo que Miyu no tuvo otra opción más que dejar de insistir. — Es por eso que no sé casi nada sobre tus orígenes. Cuando el señor Hao me reclutó tú ya estabas con él.
— Entiendo… Entonces… quiero que tus cartas me den las respuestas que necesito.
La tarotista se sorprendió. No creía que Miyu persistiría después de todo y tendría el atrevimiento de pedirle una lectura.
— ¿Qué me darás a cambio? — quiso saber con desconfianza.
— ¿Qué quieres? — preguntó la chica.
Hina guardó silencio, reflexiva. Fue en ese momento que recordó una de las lecturas que realizó hacía solo unos días.
Bajó los escalones del templo, acercándose a Miyu a paso lento y con una sonrisa maliciosa dibujada en su bello semblante. La shaman se puso en alerta, mas permaneció en su misma posición.
— Esta tarde ocurrirá un evento interesante y recibirás algo que yo quiero — le advirtió Hina, pasando junto a ella. — Así que entrégamelo, ¿sí?
— ¿Algo que tú quieres? — repitió Miyu, sorprendida. — ¿Qué es?
— No te lo diré~ Tendrás que averiguarlo por ti misma.
Dicho esto, la tarotista acabó la larga escalera y se retiró hacia el interior del bosque, dejando a Miyu observando su espalda con la intriga: "Algo que recibiré… que Hina quiere… ¿Qué será?", se preguntó en su fuero interno. Con el paso de los minutos, un supuesto la hizo palidecer: "No será... ¡¿algo de Hao?!"
Mientras caminaba por el bosque Miyu no podía sacarse de la cabeza la advertencia de Hina Kazama, ¡esa muchacha era tan misteriosa! Pero si algo había comprendido en esos pocos meses de conocerla era que sus lecturas de tarot nunca se equivocaban. Si tal era el caso, esa tarde algo sucedería. Algo que le haría obtener aquello que Hina desea.
"Por más que lo pienso, solo puedo imaginar algo relacionado con ese sujeto… ya que Hina está perdidamente enamorada de él…", pensaba distraída dirigiendo sus pasos hacia la entrada del templo Asakura. "Pero desde nuestro último encuentro él desapareció y no hemos obtenido noticias suyas… Tal vez deba advertir a los muchachos de esto…"
Miyu suspiró. Acababa de atravesar la larga entrada del terreno de los Asakura, aún tenía la cabeza en otro lado cuando acercó su mano hasta el seguro de la puerta corrediza que la llevaría hacia el interior de la casona donde se hospedaba.
Sin preverlo, la puerta se abrió abruptamente.
— ¡Sorpresa! — Los shamanes recibieron a la chica con un pastel, serpentinas y globos. La mayoría sonreía con gran alegría. — ¡Feliz cumplea-!
— ¡AHHHHHHHHHHHHH! — Pero Miyu se llevó un gran susto y con los ojos cerrados se echó para atrás gritando: — ¡Lo sabía! ¡No te lo permitiré, Hao! ¡Tsubaki, concédeme tu alma!
El espíritu acompañante, tan desconcertado como los demás, obedeció sin chistar mientras Miyu se ponía en guardia.
— ¿Eh? — soltó Yoh sosteniendo el pastel con decoraciones de color rosa.
— ¿Por qué está haciendo la posesión de almas? — preguntó Horohoro con un gorrito de cartón y globos en ambas manos.
— ¡Espera, Miyu!
— ¡Al ataque! — exclamó la chica momentos antes de lanzarse hacia ellos con el abanico en posición de ataque.
Yoh se lanzó hacia el frente para detenerla mientras los demás se apartaban.
Así fue como el rostro de Miyu acabó estampado en su propio pastel de cumpleaños.
— ¿Eh? ¿Una fiesta sorpresa? — repitió la chica después de escuchar la explicación de sus amigos en la sala de estar con el rostro cubierto de crema, chocolate y biscocho.
— Sí, pero… no salió como esperábamos… — le dijo Yoh rascándose la mejilla.
Los shamanes asintieron en silencio. Todos —exceptuando Ren— llevaban un gorrito de fiesta en sus cabezas y algunos objetos de celebración utilizados al momento de recibir a Miyu: Tamao le había lanzado serpentinas explosivas, Horohoro se dedicó a hacer ruido con una corneta y Ryu cargaba una gran cantidad de coloridos globos de helio.
Ahora todos se encontraban echados en el suelo, exhaustos después de huir del ataque de la desorientada muchacha.
— El pastel lo cocinó Tamao — volvió a hablar Yoh. — Es una lástima que haya acabado en tu cara.
— Descuida, puedo comerlo así — le dijo Miyu mientras tomaba un pedazo del pastel de su cabeza y se lo llevaba directamente a la boca. — ¡Está delicioso, Tamao!
— M-me alegra que te guste — respondió la aludida un tanto nerviosa. Lamentaba que Miyu hubiera acabado tan sucia, pero al menos parecía estar disfrutando el pastel.
La castaña se relamió los dedos mientras le echaba un vistazo a la sala decorada con serpentinas y globos.
— Así que… ¿hoy es mi cumpleaños? — preguntó curiosa. — ¿Cómo lo saben?
— No lo sabemos, ¡pero eso no importa! — exclamó Yoh con una gran sonrisa. — ¡A partir de ahora, hoy es tu cumpleaños!
Miyu no acababa de entender el asunto cuando Ryu se le acercó:
— Se-señorita Miyu… — tartamudeó él mientras le extendía un regalo. — ¡Por favor acepte este humilde obsequio!
— ¡Ah, muchas gracias Ryu! No tenías que molestarte. — La cumpleañera recibió una caja de tamaño medio envuelta en papel de regalo, el cual rasgó para ver su contenido. Al parecer se trataba de un libro blanco de gran tamaño y bellas decoraciones doradas sobre la cubierta. — ¡Qué lindo! ¿Qué es?
— Es un álbum de fotografías para que atesore sus más valiosos recuerdos — respondió Ryu sonriéndole con calidez.
— ¿Qué broma es esa? ¡Si Miyu no tiene recuerdos! — saltó Horohoro.
— ¡Idiota! Me refiero a los recuerdos que construirá a partir de ahora en adelante.
— Está genial, Ryu… pero… ¿cómo saco las fotos? — preguntó Miyu mientras hojeaba curiosa el álbum vacío.
Al oírla, Ryu se quedó de piedra.
— Creo que olvidaste ese detalle — comentó Yoh seguido de su risilla particular.
— ¡Pues mira mi regalo! — habló impetuoso el shaman de hielo, abriéndose paso hacia la cumpleañera para entregarle una pequeña figurita rodeada de un listón rojo.
— Gra-gracias Horohoro, ¿esto es…? — tartamudeó Miyu avergonzada de no identificar lo que acababa de recibir.
— ¿Que no es obvio? ¡Eres tú tallada en madera! Dime si no tengo talento, me quedaste igual.
Horohoro sonaba orgulloso de su creación, pero Miyu difícilmente podía ver el parecido entre ella y la pequeña figurita que tenía en la mano.
— Lo atesoraré — dijo al fin, esbozando una sonrisa nerviosa hacia su amigo. Estaba dejando los regalos juntos cuando Ren extendió una elegante bolsa hacia ella. — ¿Eh?
— Es una tontería — acotó él sin mirarla directamente. Miyu aceptó la bolsa sin poder creer que fuera real. Aun sabiendo que sus sentimientos por el heredero de la dinastía Tao eran producto de un hechizo, su corazón empezó a latir con fuerza sin que pudiera evitarlo. — Más te vale no enamorarte de mí solo por esto — agregó el muchacho con altanería, ocultando el leve rubor que empezaba a aparecer sobre sus mejillas.
— ¡Eso es por…! — saltó ella, avergonzada, para entonces carraspear y corregirse a sí misma: — Gra-gracias… Ren — y dicho esto, abrió la bolsa para ver su contenido. Sus ojos brillaron al notar que se trataba de una caja de chocolates muy finos. — ¡Oh, se ven deliciosos!
— ¡Esos chocolates son muy costosos! — exclamó Yoh, asomándose sobre el hombro de Miyu para ver el regalo de Ren.
— No me digas que estás intentando seducirla aprovechando que tiene encima el hechizo de Kazama... — supuso Horohoro, colocándose junto a Ren para clavarle el codo en las costillas con picardía.
— ¡Claro que no! — saltó él más sonrojado que antes.
— ¿Me llamaron? — Una voz conocida los interrumpió.
Al voltearse hacia su origen, los presentes vieron a Hina Kazama aparecer en la entrada del salón.
— ¡Ay! ¿Y a ti quién te invitó? — se quejó Horohoro mientras hacía una mueca de desagrado. Ren también se puso en tensión al verla.
— ¡Hina! — exclamó Yoh sorprendido.
— Vine a ajustar algunas cuentas acerca de la reconstrucción de mi templo y tus abuelos me comentaron que hoy celebrarían algo, así que me invitaron a pasar — explicó la tarotista con su acostumbrada autosuficiencia, para luego notar lo que Miyu tenía entre sus manos y cambiar súbitamente de actitud. — ¡No puede ser! ¡Esos son mis chocolates favoritos!
— Ah, sí — recordó la cumpleañera, volviendo la vista hacia el regalo. — Me los obsequió Ren.
Hina se acercó como una zarigüeya y le arrebató los chocolates de golpe.
— No te importa si me los quedo, ¿verdad? — preguntó aferrándose a la caja. — Después de todo, tus sentimientos por Ren Tao fueron creados por mí.
— ¡E-espera un momento! — objetó Miyu, incorporándose del suelo indignada al recordar las palabras que Hina le había dicho esa misma tarde. — ¡¿De eso se trataba?! ¡¿Querías mis chocolates?!
— ¡No es cualquier chocolate! ¡Son muy finos! — le discutió la tarotista. — Quién diría que Ren Tao tendría tan buen gusto~
— ¡¿Por quién me tomas, eh?! — saltó Ren, acercándose furioso por su comentario.
— ¡Lo tengo! — Hina parecía tener una idea. — En lugar de realizar la lectura que me pediste, a cambio de estos chocolates puedo lanzar un nuevo flechazo auspiciado por la carta "Los amantes". ¿Qué tal si Ren Tao corresponde tus sentimientos? Eso estaría bastante bien para ambos, ¿verdad?
— ¡¿Qué?!
— ¡No, gracias! — se opuso Miyu. Tanto ella como Ren estaban sumamente rojos.
— ¡Deja de tomar esas decisiones sin mi consentimiento! — exigió el implicado.
— ¡Vamos, apuesto que mueres por ser correspondido! — insistió Hina, mirando de reojo a Tamao con una sonrisa perspicaz.
Tamao se percató de la insinuación y bajó la cabeza, muy avergonzada de estar siendo involucrada en el asunto. Esto hizo enfurecer aún más a Ren.
— ¡NO TE METAS EN LO QUE NO TE IMPORTA! — gritó él fulminando a Hina con el filo de sus ojos dorados.
Mientras la escandalosa discusión continuaba, Miyu se apartó del grupo resignada a perder sus chocolates. Cuando dejó escapar un suspiro, una tímida vocecilla le habló:
— Mi-Miyu… — Se trataba de su espíritu acompañante.
— ¿Qué sucede, Tsubaki? — le preguntó al verla flotar sobre su hombro.
— Lamento no poder regalarte algo, yo…
— ¡Descuida! ¿Cómo podrías hacerlo siendo una fantasma? — respondió Miyu, dedicándole una muy amigable sonrisa a la bella guerrera. — Con tu compañía es más que suficiente, Tsubaki. Mientras estés conmigo seremos invencibles.
— Miyu… — Tsubaki estaba realmente apenada de no tener nada que ofrecer, pero creyó en las palabras de su shaman y asintió con una sonrisa llena de cariño.
En ese momento, Yoh y Ryu parecían haber conseguido apaciguar los ánimos del grupo, pues el más alto hizo silencio para alzar la voz y decir:
— Bien, ya que estamos todos vamos a festejar a la señorita Miyu como corresponde. ¡Junto a Tamao le preparamos una deliciosa cena!
Miyu volteó hacia él, sorprendida del anuncio.
— N-no es la gran cosa… — murmuró Tamao, bajando la vista con timidez.
— ¡Una cena! ¡Eso se oye bien! — exclamó Horohoro.
— ¡Vamos, Miyu! — la llamó Yoh con entusiasmo, acercándose hacia ella para tomarla de la mano y llevarla.
— ¡E-esperen! — lo detuvo Miyu. Yoh dejó de jalarla, mas no soltó su mano. — Todo está muy lindo… Estos regalos, la fiesta, la cena… pero… ¿Qué se supone que estamos celebrando? Dicen que hoy es mi cumpleaños, pero no entiendo el punto. Manta aún está en peligro y yo tengo que entrenar, ¡no podemos perder más tiempo y dinero en tonterías!
La castaña estaba muy agradecida de los gestos que habían tenido sus amigos para con ella, sin embargo, todo eso la abrumaba. No creía tener el derecho de divertirse, no cuando la culpa por lo sucedido en los últimos meses aún la invadía.
Yoh la observó en silencio y, sintiendo el suave tacto de su mano, le sonrió.
— Hoy celebramos el día en el que llegaste a este mundo — afirmó muy seguro. — Solo queremos darte las gracias por estar viva y compartir día a día con nosotros.
Miyu enarcó ambas cejas, sorprendida. "¿De eso se tratan los cumpleaños?", al preguntarse esto, confirmó que sus demás amigos la observaban a cierta distancia con una gran sonrisa.
— Yoh... Chicos... — susurró sin poder contener la felicidad que se expandía por cada célula de su cuerpo.
En ese momento, el shaman del cabello castaño hurgó en su bolsillo una pequeña y elegante cajita, la cual entregó a Miyu con cierto nerviosismo que ella notó al verlo rascarse la nuca repetidas veces.
— Pensaba esperar hasta más tarde porque me da algo de vergüenza hacerlo frente a los muchachos... — confesó Yoh. — Pero toma. Este es mi obsequio.
La cumpleañera recibió la cajita conteniendo la respiración y, al abrirla, encontró un hermoso collar con una mariposa de plata en él.
— Yoh... Está precioso... — comentó maravillada. — ¡Lo cuidaré muy bien!
Ambos intercambiaron sonrisas llenas de afecto y complicidad ante la mirada atónita de los demás.
— Es algo romántico para mi gusto — comentó Hina mientras se llevaba una mano hacia la cintura.
— El joven Yoh es así de dulce con todos — aclaró Tamao intentando disimular lo incómoda que se sentía por el comentario y la escena en sí.
— Mmm… ¿en serio? — La tarotista no lucía nada convencida.
Ryu también observó la escena con seriedad, al tiempo que Yoh retiraba la cadena de plata de la cajita y se la colocaba a Miyu alrededor del cuello.
— ¡Me queda muy bien! ¡Gracias, Yoh! — exclamó la cumpleañera después de ver la brillante mariposa colgando sobre su pecho.
El shaman volvió a tomar su mano, satisfecho de verla tan feliz.
— Bueno… ¿Qué estamos esperando? — Yoh alzó la voz mientras guiaba sus pasos hacia el salón contiguo. Al abrir la puerta corrediza, un gran banquete de cumpleaños los esperaba. — ¡Vamos a comer!
NOTAS DE LA AUTORA:
¡Tanto tiempo sin actualizar! Pero aquí estoy, no crean que me he olvidado de esta historia.
Este es un capítulo especial dedicado a Mayu Miname, quien está de cumpleaños hoy, 27 de diciembre.
¡Feliz cumpleaños, preciosa! Espero hayas disfrutado este pequeño extra hecho con mucho cariño.
Nos vemos en "Líneas de tiempo".
