Nota del Autor: Perdón por la demora, no reo poder mantener el ritmo semanal de antes, pero haré todo lo posible por tener al menos uno o dos capítulos seguros por mes.
No reconoció el techo inmediatamente por lo que tardó un par de minutos en comprender en dónde estaba. Lo primero que cruzó por su mente era el de haber despertado en otro día de la misión simulada, después de todo la sensación de estar en un sitio extraño era muy similar.
Tuvo la inmediata sensación de estar en peligro por lo que se incorporó de golpe en la cama y un Pad que estaba entre las mantas resbaló y cayó al suelo atrayendo la atención de una enfermera, quien tras correr las cortinas que rodeaban la cama y daban cierta privacidad al paciente, lo miró con curiosidad. —¿Ya estas despierto? ¿Cómo te sientes?
El joven miró el aparato en el suelo y luego se giró hacia la enfermera. La sensación de alerta había pasado —Bien… creo.—dijo rascándose la cabeza. —¿Donde…?
—Estás en la Enfermería del Campus. —contestó la mujer agachándose para levantar el Pad. —Haz dormido unas diez horas de corrido, por si te interesa saberlo. —agregó depositando el aparato sobre la pequeña mesa a un lado de la cabecera de la cama.
—¿Diez… horas?
La enfermera le sonrió. —Me dijeron que apenas te despertaras fueras al Casino de Oficiales… un tal Sutherland quiere hablar contigo sobre algo urgente.
El nombre del antiguo General hizo que todo lo que había ocurrido el día anterior volviera de golpe a su memoria. Dante se llevó la mano a la frente y asintió con la cabeza. —De acuerdo. —dijo volviéndose hacia la joven. —Gracias por el aviso.
La joven le sonrió. —Tus ropas están en aquel perchero. —dijo señalando el mueble justo enfrente. —Te dejaré cambiarte a solas pero avisame si tienes alguna dificultad en levantarte o te mareas.
—Gracias. —contestó el joven mientras la mujer corría las cortinas y salía por el mismo sitio por el que había entrado.
Dante permaneció en la cama hasta que escuchó alejarse los pasos y el sonido de una puerta al cerrarse, entonces suspiró aliviado.
Se incorporó lentamente y tras sentarse en la cama tomó su Pad y activó la cámara delantera para verse el rostro. El espejo improvisado le devolvió una imagen de si mismo algo desgarbada y un poco más pálida de lo que recordaba, pero al menos no se veía tan mal. Apagó el aparato y se bajó de la cama, había unas pantuflas convenientemente puestas en el lugar donde sus pies tocaron el piso así que se las puso y se dirigió hacia donde estaban sus ropas.
Se vistió sin prisas, rememorando todo lo ocurrido el día anterior. ¿Así que se había desmayado debido al agotamiento? Le costaba creerlo, pero no cabía otra explicación posible… al menos se había podido defender de forma satisfactoria de aquellas acusaciones en su contra. Todavía recordaba la sonrisa torcida de ese hijo de puta de Hughs, ojalá la Junta Investigadora le haga algo más que solo quitarle algunos puntos.
Tras ponerse los zapatos descorrió las cortinas y salió de su pequeña "habitación". La enfermería estaba vacía y no se veía rastro de la enfermera. El joven caminó hasta la puerta y tras abrirla miró dentro, a lo que parecía ser un consultorio privado.
—¿Listo para salir? —preguntó la joven asomando la cabeza tras la pantalla de una computadora. —Genial… voy a necesitar que pongas tu dedo aqui. —dijo la mujer incorporándose mientras sacaba un Pad de uno de los bolsillos de su uniforme.
Dante se acercó a la joven y colocó su dedo en la pantalla donde un pequeño rectángulo holográfico indicaba su consentimiento para dejar la enfermería. De inmediato la forma quedó registrada y la pantalla se apagó.
—Si vuelves a sentirte mareado, ven a vernos. —explicó guardando el aparato nuevamente en su bolsillo. —Será mejor que aproveches el día y descanses un poco en tu cuarto. Hoy tienes franco, ¿Verdad?
—Si. —respondió el joven poniéndose las manos en los bolsillos. —Luego de un ejercicio de larga duración siempre tenemos un día libre para recuperarnos.
Tras saludarse con un apretón de manos el joven abandonó la oficina y tras cruzar las hileras de camas en la enfermería salió por fin al exterior.
El reloj del campanario del edificio principal de la academia marcaba unos pocos minutos pasados de las once de la mañana. La mayoría de los alumnos estaban en medio de sus clases y no se veía a nadie caminar por los senderos arbolados que unían cada uno de los edificios del Campus. Dante respiró el aire perfumado y dirigió sus pasos hacia donde se encontraban los edificios de las autoridades militares, un complejo de construcciones que imitaba un poco a aquella famosa Academia West Point de mediados del siglo Veinte.
El Casino de Oficiales era una pequeña edificación que se levantaba a un lado del complejo principal y estaba destinado al personal jerarquico que cumplia funciones permanentemente en la Academia. Hacia allí se dirigió Dante sintiendo el sol en el rostro. Todo rastro del cansancio se había esfumado de su cuerpo y se sentía de bastante buen humor, aunque algo le decía que lo que tuviera que decirle ese viejo General no serían justamente buenas noticias. Sin perder un minuto más de tiempo comenzó a subir las escalinatas con resolución.
Un solitario "marine" guardaba el acceso al edificio. Dante se acercó al soldado e hizo un saludo militar. —Buenos días.
El guardia devolvió el saludo. —Buenos días. El casino de Oficiales se encuentra fuera de límite para los estudiantes. —agregó en forma mecánica.
—Lo se. —contestó el joven encogiéndose de hombros. —Vengo a ver al General Sutherland; solicitó que viniese a verlo a este lugar.
—Por favor anunciese en el escritorio de entrada. —respondió el hombre dando por terminada la charla.
—Gracias.
Tras atravesar las puertas de cristal se encontró con un pequeño recibidor, en donde una joven secretaria tomó su nombre y le pidió que esperara sentado en uno de los sillones. Al cabo de unos minutos la joven le indicó que podía pasar.
El salón principal estaba practicamente vacio. Solo se veía al barman limpiando unas tazas detrás de la barra del bar y a un conserje que caminaba entre las mesas del comedor pasando la escoba aquí y allá. Al fondo de todo había un gran ventanal desde donde podía verse un parque interno con algunas palmeras y arbustos en flor. Un hombre estaba sentado en una mesa junto a la ventana y le hizo una seña para que se acercara en cuando lo vió entrar.
Sutherland parecia mucho mas viejo que la jornada anterior. Tal vez le pareciera así por la forma en la que se encontraba sentado en aquel sillón mientras un vaso de whisky a medio beber reflejaba la luz que entraba por el ventanal. El caso es que realmente parecía un viejo jubilado y no una persona de su fama.
—Joyner. —dijo indicando el sillón frente a él para que se sentara. —Me alegro verlo bien esta mañana… anoche nos dejó a todos bastante preocupados.
Dante tomó asiento frente al hombre y se quitó la gorra de cadete. —Gracias por preocuparse por mi salud, Señor. —dijo inclinando levemente la cabeza.
—Nada de Señor. —respondió el hombre. —¿Recuerdas? Retirado, jubilado y todo eso… ¿Quieres beber algo? —preguntó haciendo una seña. El barman llegó momentos más tarde y miró con curiosidad al estudiante que no debería de estar allí.
—Pide lo que quieras. —dijo Sutherland
Dante miró el Whisky y sacudió la cabeza. —Agua . —se decidió mirando al barman. —Solo agua.
El hombre inclinó la cabeza y se alejó mientras los dos comensales se relajaban en la mesa.
—¿Cómo te sientes? —fué lo primero que preguntó una vez que volvieron a estar solos.
Dante se inclinó de hombros. —Bien supongo… creo que no me di cuenta realmente de lo agotado que estaba anoche.
El hombre asintió con la cabeza. —La sesión se extendió demasiado, demasiado incluso para el gusto de Bradley y los demás profesores… pero como te habrás dado cuenta, tú te habías convertido en la atracción principal de la noche.
El joven se puso serio. —Me habían advertido que lo de ayer podía traer consecuencias.
Sutherland en cambio bajó un poco la voz. —No te imaginas hasta qué punto. —dijo mirando hacia la entrada del comedor. —Los planes de Bradley & Cia. eran los de expulsarte allí mismo delante de todos los alumnos para hacer de tu caso un ejemplo… que estuviera yo allí para impedirlo fué solo una casualidad.
Aquella revelación sorprendió al joven. —¿Expulsarme?
—Expulsión y muy probablemente te hubiesen acusado de felonía y otras cosas peores… creo que la intención de varios de la Junta Examinadora era que pasaras la noche en un calabozo… bueno, más de una noche. —agregó bebiendo un trago de su bebida.
Dante bajó la cabeza sin saber que decir, de pronto había tomado consciencia de lo que había estado a punto de ocurrir en su vida. —Gra-gracias. —dijo mirando a los ojos a su salvador. —Sí no hubiera sido por usted...
Sutherland hizo un gesto con la mano restándole importancia al asunto. —Haría lo que sea por agriarle el día a Bradley. —dijo con una mueca. —Pero creo que anoche quemé mis últimos cartuchos.
En ese momento el barman volvió trayendo una copa y una botella de agua para Dante y una botella de whisky para rellenar el vaso del viejo veterano. Sutherland hizo un gesto y el hombre sirvió una generosa cantidad en el vaso.
—¿A que se refiere con… últimos cartuchos? —preguntó temeroso el joven mientras el barman volvia a retirarse.
Sutherland levantó el vaso y lo agitó para que los pequeños hielos recién agregados al Whisky mezclaran bien la bebida. —Estoy viejo. —dijo mirando los reflejos dorados del vaso. —Viejo y cansado… me he pasado los últimos veinte años de mi carrera militar cruzando la galaxia de aquí para allá tratando de resolver los problemas de esta maldita organización militar que todos llaman NUNS. —dijo con un dejo de rencor en la voz. Dante tragó saliva al escuchar aquello.
—Todos aquellos buenos oficiales, gente de bien que mantenía en lo más alto los valores del ejército. Uno a uno han muerto o se han retirado del servicio activo. Nunca he estado más solo que ahora, rodeado de inútiles y cobardes, gente de pocos escrúpulos y lamebotas profesionales.
Tras unos minutos de silencio, el hombre bebió otro trago y dejó el vaso sobre la mesa. —La milicia… la milicia ya no es lo que era. —dijo suspirando. —Los capaces, los verdaderos líderes con capacidad de mando… los buenos hombres bah… ya no hay de esos en toda la puta galaxia… —dijo levantando los ojos hacia el estudiante. —La NUNS se está convirtiendo en un rejunte de inútiles y descerebrados frente a mis propios ojos… y yo ya no puedo luchar contra ellos, son demasiados. ¿Entiendes? Demasiados.
El joven asintió en silencio.
—Hubo un tiempo en el que creí poder cambiar algo, en que podía purgar a toda a milicia de esa lacra ociosa, de esos militares de escritorio que solo saben vestir su uniforme para los bailes de gala… al final todo mi esfuerzo ha sido en vano.
Dante bebió un trago de agua y apoyó el vaso en la mesa. —Eso no es cierto, si me permite decirlo, señor. —respondió el joven. —Su carrera ha sido un ejemplo para mi y miles de estudiante a lo largo de la galaxia. Conocemos sus logros y proezas y su vida entera nos ha inspirado a seguir nuestra propia carrera en la milicia. Nosotros…
—Propaganda. —dijo el hombre mayor mirando directamente los ojos de Dante. —Todo lo que dices suena a propaganda… ¿De qué sirven hoy en dia los heroes si no es para reclutar más tropas?
El joven estudiante apretó el vaso con fuerza y el líquido en su interior se agitó. —No. —dijo devolviendo la mirada. —Eso no es verdad; usted es mucho más que un recurso de reclutamiento…muchos jóvenes como yo ingresan al ejército siguiendo su ejemplo. No pueden ser todos tan malos… ¿Verdad?
Sutherland soltó una pequeña risita y se reclinó hacia atrás en el sillón. —El Gobierno Unificado me envió a este lugar para que pasara mis últimos años en donde no pudiera traerles más problemas. —dijo mirando las flores tras las ventanas. —Me enviaron a una Academia moribunda, con cada vez menos estudiantes para que mi "experiencia" sea útil de alguna forma… ¡Y ni siquiera soy profesor o tengo matricula para enseñar! —exclamó divertido.
Aquello sorprendió al joven. —¿Lo enviaron aquí? No comprendo. —preguntó confundido.
El viejo militar golpeó la madera de la mesa con el dedo. —Era aquí o cerca de los Cuarteles Generales… y creeme que muchos de la Plana mayor quieren tenerme lo más alejado posible de sus oficinas… si, este fué el lugar más adecuado para tenerme "guardado" hasta que los años terminen de hacer su trabajo.
Tras guardar unos segundos de silencio el hombre volvió a inclinarse hacia el estudiante. —Pero no me refería solamente a mi edad cuando hablé de esos últimos cartuchos. —explicó el hombre. —Soy uno de los pocos sobrevivientes de los primeros hombres que se lanzaron al espacio a luchar contra lo desconocido… la academia en donde muchos oficiales como yo se formaron fué la misma SDF-1 Macross, nuestra ceremonia de graduación no fué bajo una lluvia de birretes lanzados al aire, sinó el bombardeo de los cañones de energía de la armada Zentradi. Conmigo se extinguen los últimos soldados del siglo veinte, la generación que nació en un pequeño planeta, el único conocido por sus habitantes y creció viendo como la humanidad se expandia por toda la galaxia… y quedamos pocos ya, alcanza para contarnos los dedos de una mano. —dijo señalando su propia mano para recalcar el punto.
Las imágenes de aquella guerra vista como un documental de video por Dante eran, en realidad recuerdos vividos en la mente de Sutherland. Aunque más de medio siglo separaban a aquellos dos hombres, de pronto ambos se sentían conectados por una cosa en común.
—Eso que yo leí en los libros… —comenzó a decir el joven. —Las tácticas de combate de los Zentradi y las formaciones de batalla para contrarrestar sus movimientos...
—Nosotros lo vivimos desde las pantallas de los radares. —respondió el hombre mirando los hielos que flotaban en el Whisky. —Cada vez que un puntito azul desaparecía en las pantallas, era saber de inmediato que uno de nuestros pilotos había sucumbido al fuego enemigo. —dijo con la voz casi quebrada.
Dante asintió en silencio. —Los oficiales no deberían olvidar nunca que son hombres y mujeres como uno los que ejecutan las órdenes y planes que uno diseña en papel. Mientras más lejos uno se encuentre del frente...
—Más irreal y borroso se vuelve el campo de batalla. —respondió Sutherland. —Eso no se puede aprender en un lugar como este, por más simulaciones hiper-realistas que hagan.
Tras guardar unos momentos de silencio, Dante hizo la pregunta que sentía era necesario hacer. —¿Por qué a mi, señor? —preguntó.
—Porque a pesar de ser una simulación, a pesar de ser, como lo has llamado; "Solo un videojuego", a pesar de todo hiciste lo correcto. Pusiste tus valores por encima del deber y, al hacerlo, te diste a conocer como un buen soldado.
—¿Que va a pasar ahora? —preguntó.
Sutherland vació de golpe el vaso de whisky y lo apoyó en la mesa. —Esa es… una excelente pregunta, Cadete Joyner. —suspiró el hombre, tras lo cual se volvió a mirar las palmeras apenas movidas por el viento. —Como te dije… quemé mis últimos cartuchos y ya no tengo amigos en la milicia. Lo que sucedió ayer es probable que ya esté redactado en un informe que será leído por alguno de los burócratas del Alto mando, como sea; me ganaré seguramente la reprimenda de algún mandamás y se me prohibirá volver a ir a las clases o seminarios…
Dante se movió inquieto en el sillón. —¿Pueden hacer eso? —preguntó nervioso. —¿A usted?
—Oh si, claro que pueden. —Le aseguró. —Bradley es solo un Coronel, pero alguien con un poco más de peso en el escalafón militar bien podría mantener a un viejo como yo apartado de las actividades de la Academia… sea como sea, no puedo protegerte más aquí, Joyner. —confesó el hombre. —Debes irte de la milicia si quieres tener un futuro.
Aquello fue devastador para el joven. —Pero… ¿A donde ir? —dijo con un hilo de voz. —Yo esperaba ser parte de las fuerzas armadas… no aquí claro, pero en alguna flota…
El hombre de cabellos grises sacudió la cabeza. —No te imaginas los enemigos que te has ganado anoche. —dijo bajando la voz. —Los Hughs… bueno, son un apellido que tiene mucho peso en la milicia, son de esa clase de familia que siempre tiene uno o dos oficiales en la fuerza y ostentan su cargo solo por el estatus de poseerlo. —explicó.
—Los militares son servidores públicos. —dijo Dante. —Nuestra función es defender al pueblo, nuestro trabajo no es un título nobiliario.
—Dile eso a un Hughs. —gruñó Sutherland apretando el puño. —Dante… lo único que puedo hacer ahora es darte un consejo, asi que escuchame atentamente. Corres peligro aquí.
El Cadete escuchó aquello sin inmutarse. Luego bajó la vista hacia su vaso de agua y contempló el reflejo de su propio rostro en la superficie del líquido. —No quiero huir. —dijo levantando la mirada. —No me iré con el rabo entre las piernas solo porque el hijo de una familia de carcamanes de la milicia tenga un berrinche conmigo.
Fue el turno de Sutherland de suspirar. —Haz lo que quieras, Joyner. —dijo el hombre haciendo un gesto con la mano. —Como te dije antes, ya no tengo más influencia en este lugar, solo consejos y la experiencia de un viejo para dispensarla. —dijo con algo de tristeza en la voz.
Mientras tanto Dante había sacado su Pad y tras consultar sus credenciales estudiantiles confirmó lo que sospechaba. —Es cierto. —dijo girando la pantalla en dirección al viejo militar. —Me han acreditado la totalidad de los puntos y oficialmente mis prácticas están terminadas… puedo graduarme inmediatamente, no hay razón por la que deba permanecer aquí y correr peligro como usted dice.
Sutherland empujó el Pad nuevamente hacia el joven. —No importa a donde vayas, las cosas no se olvidan tan fácilmente en la milicia. —aseguró bajando un poco la voz. —He conocido a personas que esperaron veinte o treinta años para vengar una afronta de su juventud, solo por esperar el momento adecuado para causar el mayor daño posible a la carrera profesional de su enemigo… tienes que comprender que el Ejército se ha llenado de gente de la calaña de los Hughs, gente sin honor ni escrúpulos, quienes solo piensan en ellos y no en quienes han de proteger.
El hombre se volvió hacia el ventanal y vió un pequeño pájaro posarse sobre una cerca de piedra que rodeaba uno de los canteros con flores. —Yo estuve en las Guerras Delta. —dijo con un extraño tono de voz.
—Lo se. —respondió Dante. —Su rol fue fundamental para destrabar el conflicto y evitar que el derramamiento de sangre se extendiera por todas las Colonias.
El viejo Almirante volvió la mirada hacia el joven Cadete. —Fué un Hughs el primero en abrir fuego contra los civiles. —dijo con la voz cortada por la rabia. —Esos tipos no tienen honor, ni respeto por la mismísima vida humana.
Dante se quedó mudo ante aquella revelación. —Los libros… —comenzó a decir.
—Los libros no dicen nada sobre lo que verdaderamente ocurrió en las Colonias que se rebelaron… pero yo sí estaba allí y ví con mis propios ojos como un Hughs dió la orden de abrir fuego contra las naves de refugiados, miles de mujeres, ancianos y niños… todos muertos en segundos frente a mis ojos.
—Entonces… más razón aún para quedarme en la milicia. —reconoció el joven levantando la mirada hacia su compañero. —No podemos dejar que gente como esa se salga siempre con la suya.
—No. —dijo Sutherland secamente. —No podemos, ni tu ni yo podemos hacer nada por el momento.
—¿Por el momento? —preguntó el joven viendo el extraño brillo en los ojos del veterano oficial.
Sutherland cruzó sus manos debajo de la barbilla. —Algo está cambiando en la milicia. Se avecinan tiempos difíciles, tiempos duros. —dijo mirando una pareja de soldados mientras hacían rondas por el jardín interno.
Dante tragó saliva.
—La NUNS se ha expandido demasiado… como si de un tumor maligno se tratase y algunos están hablando (en voz baja por supuesto) de que la humanidad está por cometer los mismos errores que condujeron a la desaparición de la República Estelar. —sentenció el hombre.
—La Protocultura. —exclamó Dante con los ojos abiertos de par en par.
—Yo no estoy totalmente convencido en que algo así pueda suceder en estos tiempos. —dijo Sutherland. —Pero algo se ha puesto en marcha, algo que definitivamente se tornará en un punto de inflexión para el futuro de la raza humana.
Los dos amigos se contemplaron en silencio un buen rato, luego el Pad de Dante emitió un aviso de mensaje y rompió aquel momento de contemplación.
—Las cosas se han puesto en movimiento ya. —dijo el hombre cruzándose de brazos. —Al menos en lo que a tu futuro inmediato respecta.
El joven hizo un gesto con el dedo y desplegó la pantalla de su aparato. —Es del Centro de Estudios… dicen que mi diploma está listo y que puedo pasar a retirarlo por la Secretaría Académica. —exclamó con un hilo de voz.
Sutherland asintió con la cabeza. —Así que han decidido deshacerte de tí de la forma más rápida posible. —dijo pensativo.
Dante apagó el Pad y lo guardó en su bolsillo. —Eso significa que puedo entrar en servicio activo de forma inmediata.
El hombre se inclinó hacia adelante y le lanzó una mirada profunda. —Dante…. no lo hagas.
—¿Eh?
Sutherland bajó aún más la voz. —No sé hasta que punto te has ganado enemigos entre los amigos de Hughs, pero esto. —dijo señalando el Pad que asomaba del bolsillo de joven. —Me da muy mala espina… han aprobado tus puntos extra con demasiada celeridad, algo que esos burócratas de escritorio no haría nunca normalmente.
El joven miró hacia el edificio principal de la Academia que se veía tras los árboles. —Sea lo que sea, solo me queda seguirles el juego y cumplir con mi deber.
—Podrías abandonar la milicia. —dijo Sutherland inclinándose. —No es necesario que pidas un puesto al graduarte, podrías trabajar en el mercado civil un tiempo hasta que tu nombre se "enfríe" un poco.
Dante sacudió la cabeza. —No hay oferta laboral en el mercado Civil para el tipo de especialidad en la que me he recibido. —aseguró. —Y si está insinuando que venda mis habilidades a un grupo de Mercenarios…
Sutherland hizo un gesto con la mano. —Hoy en día numerosas compañías tienen equipos de seguridad propios y no todos son Mercenarios o Soldados de Fortuna. Yo mismo conozco varias PMC's de investidura y comportamiento intachable que serían la envidia de cualquiera de estos zoquetes del Cuartel General.
Dante sacudió la cabeza. —Aún así… yo deseo ser parte del Ejército, no puedo abandonar mis sueños sin al menos intentarlo primero.
El hombre mayor suspiró y finalmente se dió por vencido. —Ojalá me equivoque. —dijo resignado. —Tienes un enorme potencial en la fuerza, lamentablemente los tiempos no han sido los mejores me temo.
El joven estudiante (O mejor dicho, el recientemente graduado) se puso de pié y miró largamente a quien prácticamente había salvado su vida el dia anterior. —Señor. —dijo.
—¿Si Joyner?
—El Cadete Homs… él y sus compañeros cercanos, son hombres muy capaces y creo que serán excelentes oficiales. —dijo pensativo. Sutherland asintió en silencio.
—Estoy seguro que ellos aceptaran y darán mucha utilidad a sus consejos. —agregó con una sonrisa. —Tenga un ojo puesto en ellos.
—Lo intentaré. —prometió el hombre. —Yo tambien he visto potencial en ellos. —tras unos segundos de silencio, ambos camaradas de armas se miraron. —¿Es el adiós entonces? —preguntó el Ex-Almirante. Dante extendió la mano. —Nuevamente gracias por todo, señor. —dijo estrechando fuertemente aquella arrugada mano. —No olvidaré nunca lo que hizo por mi.
—Cuídese Joyner. —dijo Sutherland con la voz emocionada. —Mantenga un perfil bajo y no llame tanto la atención, es el mejor consejo que puedo darle… y ahora váyase, no quiero que llegue tarde a su graduación por mi culpa.
Dante sonrió y tras soltar la mano de Sutherland hizo un saludo militar. —Hasta pronto, Señor.
El hombre mayor devolvió el saludo y observó en silencio como el joven se alejaba entre las mesas del comedor y finalmente salía por la puerta principal.
—Buena suerte, Dante. —murmuró hablándole al vaso vacío de Whisky. —Vas a necesitar toda la suerte del mundo allá fuera.
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La ceremonia había sido corta y formal, sin ninguna clase de la usual pompa que una ocasión de ese tipo merecería normalmente… pero dado que solo un cadete estaban de pié ante el oficial a cargo, realmente no valía la pena hacer algo más elaborado.
El hombre rompió el sello del paquete y extrajo el certificado enrollado en un pequeño tubo lacrado. Tras examinar la pequeña etiqueta dorada se lo entregó al joven con un gesto casi mecánico.
—Felicitaciones en su graduación. —dijo sin ningún tipo de emoción en la voz. —Aquí tiene su diploma.
Dante tomó el rollo con ambas manos y se inclinó en un gesto de agradecimiento. —Gracias Señor! —exclamó entonces haciendo el saludo militar.
El oficial contestó el saludo y sin prestar demasiada atención al nuevo oficial tomó su pad y comenzó a navegar una de las tantas redes sociales de moda.
Lo había logrado. Finalmente se había graduado como un verdadero experto en estrategia y geopolítica de la NUNS tras sortear todas las dificultades que la vida había puesto delante de su camino. Aquel momento era suyo, la culminación de sus sueños, una victoria que seguramente sería la primera de una brillante carrera que de seguro…
El sonido de un maullido hizo que perdiera el tren de pensamientos. Al parecer el oficial que le había entregado el diploma estaba viendo videos de gatos en la internet.
—¿Todavía estás aquí? —preguntó el hombre levantando la vista de la pantalla.
Dante volvió a tomar la posición de firme. —Sí señor… todavía no…
—Oh lo siento… en descanso.
El joven asumió la posición de descanso sosteniendo fuertemente el diploma con su mano derecha.
—Señor…
—¿Si?
—Me preguntaba… bueno, me preguntaba cuándo podrían asignarme a mi nuevo puesto. —dijo Dante visiblemente nervioso.
—Ah eso… bueno, deberías pasar por la oficina de recursos humanos para que te den tu nueva asignación. —respondió el oficial rascándose la cabeza.
Antes que Dante pudiera preguntar algo mas el hombre había vuelto su atención a los videos de gatitos de la red. El joven suspiró y tras hacer un saludo que fue completamente ignorado por el oficial salió lentamente de la oficina.
La primavera había comenzado hacía pocos días y todavia se podia sentir una brisa fresca que llegaba de las montañas. Dante metió sus manos en los bolsillos de su uniforme y atravesó la puerta vidriada que conducia al parque exterior de la Academia Militar. A esa hora había pocas personas en aquel lugar, probablemente aquello cambiaría una vez que las clases culminaran y llegara la hora del almuerzo.
Reconoció a un par de profesores que tomaban café cerca de una de las máquinas expendedoras automáticas. Los docentes también lo vieron pero apartaron la vista con muestras de desdén. Vaya, al parecer los pormenores de su pequeña "proeza" ya se habían difuminado por toda la academia. Dante se preguntó si aquello lo perseguiria por toda su vida.
Hizo un saludo con la mano y continuó su camino ante la mirada cargada de rencor de los hombres. Definitivamente se alegraba de no tener que volver a ese lugar.
El edificio de recursos humanos se elevaba sobre un pequeño terraplén al que se accedía por medio de una ancha escalera de cemento blanqueado por el sol. Los alrededores estaban completamente desiertos y el viento agitaba las banderas del Gobierno Unido de La Tierra y las Fuerzas de la NUNS.
La enorme puerta de cristal se abrió automáticamente y un lobby inmenso y casi desierto aparecieron frente al joven graduado. Un solitario escritorio ocupado por una mujer de mediana edad se erguía inmediatamente frente a la entrada. Dante se dirigió lentamente hasta quedar frente al mismo y tras quitarse el gorro hizo una pequeña reverencia.
—Buenos días. —dijo esbozando su mejor sonrisa.
La mujer tenía el pelo corto y lo miró con unos inquisitivos ojos verdes tras los finos cristales de unos anteojos de marco negro. —Buenos días cadete. —dijo observando el uniforme del joven. —¿En qué puedo ayudarle?
Dante se llevó la mano a la cabeza de forma desinteresada. —Acabo de graduarme en la especialidad de Recursos Estratégicos y Geopolítica Aplicada. —dijo sin titubear. —Queria saber que puestos disponibles hay para aplicar mi postulación. —dijo entusiasmado.
La mujer se quitó los lentes y lo miró con curiosidad. —¿Oh? ¿Así que un estratega? —preguntó con una sonrisa. —Hace mucho que no veía a alguien recibido en esa especialidad. —dijo.
El joven extrajo su tarjeta de identificación y se la alcanzó cortésmente. —Fuí el único estudiante este año así que supongo que no es una carrera demasiado popular. —dijo encogiéndose de hombros.
La oficial tomó la tarjeta y la colocó sobre la superficie del escritorio. Un cubo holográfico de color azul rodeó la identificación como surgiendo de la misma madera y volvió a desaparecer al cabo de unos segundos, tras lo cual una serie de pantallas holográficas se desplegaron alrededor de ambos.
—Dante Sebastian Joyner. —dijo observando los datos en la pantalla. —Veintiséis años, oriundo del planeta Tierra… Información biométrica actualizada, estudios completados… todo parece estar en orden. —dijo con un gesto de la mano mientras apartaba la pantalla con el resumen de su carrera universitaria, lo que la dejó solamente con la imagen del joven en su traje de cadete. —¿Así que quieres una asignación en las fuerzas? —pregunto.
—Por favor. —respondió Dante. —No es necesario que sea en La Tierra. —agregó de pronto. —Puedo viajar a cualquier parte de la galaxia si es necesario.
La mujer volvió a consultar la terminal de datos e introdujo unos patrones de búsqueda apropiados a los estudios del recién graduado.
Al cabo de unos segundos la ventana de resultados apareció y desplegó la información ante el rostro de la secretaria.
—En estos momentos no hay vacantes disponibles en ninguno de los departamentos que poseen asignación automática a los egresados. —dijo señalando el campo vacío. —Pero no desesperes aún; es solo el primer intento, ahora debemos refinar un poco y acomodar tu hoja de resumen para que puedas ser asignado sin ningún problemas a un área acorde a tu campo de experiencia y… espera un momento, algo acaba de actualizarse en el sistema.
La joven hizo un gesto con la mano y un pequeño recuadro con un signo de exclamación se desplegó frente a las demás ventanas.
—¡Oh! —exclamó la mujer.
De la madera del escritorio volvió a emerger el cubo holográfico que de inmediato rodeó la tarjeta de identificación de Dante, pero esta vez era de un color escarlata. En un abrir y cerrar de ojos una abertura se abrió justo debajo de la misma y el pequeño rectángulo de plástico cayó en el agujero que se cerró un segundo después.
Dante se puso pálido al ver aquello.
—Oh… no puede ser… ¡El Sistema te ha dado de baja automáticamente! —dijo mirando la información actualizada y luego el rostro sorprendido del joven. —¡Esto nunca me había sucedido antes!
—¿Está segura que no es un error? —preguntó Dante con la voz entrecortada.
Tras hacer que sus finos dedos bailaran sobre el teclado, la joven sacudió la cabeza. —He confirmado el origen y veracidad de la orden de descargo; la computadora central tiene la misma información y todas las bases de datos confirman lo mismo: ha sido dado de baja de las fuerzas de la NUNS, Señor Joyner… a partir de este momento usted es un Civil.
El mundo pareció derrumbarse alrededor del joven. De pronto ni todas las advertencias de Sutherland o Homs se sintieron tan oscuras y apocalípticas como aquel terrible momento.
—Que… ¿Que se supone que haga ahora? —preguntó el joven llevándose una mano a la cabeza.
La joven Administrativa sintió pena por el chico, pero no podía hacer absolutamente nada más que comprender el difícil momento por el que estaba pasando.
Dante extrajo su Pad y comprobó su balance financiero. —Me quedan solo trescientos cincuenta créditos en la cuenta. —dijo suspirando. — No podré llegar al fin del mes con esto solo.
—¿No puedes pedirle a tus padres que te giren algunos créditos de emergencia? —preguntó la mujer, pero el gesto que hizo Dante con la cabeza dió a entender que aquello estaba fuera de discusión.
Tras un minuto de silencio la mujer suspiró. —Puedes pasar la noche en los dormitorios. —dijo como un pequeño consuelo. —No es que te pongan de patitas en la calle ahora mismo, pero deberás despejar tu cuarto en las siguientes cuarenta y ocho horas hábiles siguientes…. lo siento— agregó tratando de mostrar un poco de simpatía.
Dante volvió a suspirar y miró el parque a través de las puertas vidriadas. —Me las arreglaré. —dijo pensativo. —Aunque tenga que dormir un par de días en una plaza, no voy a dejar que aplasten mis sueños tan fácilmente.
En ese momento la puerta corrediza se abrió y una joven cadete entró casi sin aliento al edificio luego de, aparentemente, subir corriendo las escaleras que conducían a la entrada principal. —¡Dante! —exclamó de pronto recuperando el habla al ver a la persona que buscaba.
El joven tardó un par de segundos en reconocer aquel rostro. —Tu eres… ¿La Timonel de la Macross 35? —preguntó asombrado. —¿Que haces aqui?
La Cadete se acercó al mostrador y saludó a la oficial que miraba confundida a ambos hombres. —Me llamo Sandy. —dijo tendiendo la mano. —No tuvimos oportunidad de presentarnos de forma correcta anteriormente.
Dante apretó la mano de la joven afectuosamente. —Es un gusto… lamento haberle hecho... eso a tu nave.
—Nos has dado una anécdota genial a todos los estudiantes para contar de aquí hasta que nos graduemos. —respondió la joven con una sonrisa. —¿Es cierto que te dieron de baja?
Tanto Dante como la Oficial la miraron asombrados. —¿Cómo puedes saber eso? No han pasado ni cinco minutos desde que sucedió… —exclamó la mujer tras el escritorio.
—Homs me lo dijo… en realidad Sutherland fué el que habló con él anoche luego que te dejamos en la enfermería y le comentó que era una de las posibilidades… yo no pude creer en que pudieran llegar a hacerte eso pero…
—¿El General Retirado Sutherland? —preguntó la mujer mirando a los jóvenes. —Sea cual sea la historia que hay detrás de todo esto, me imagino que no debe ser algo para tomarse a la ligera.
—Ni que lo diga. —respondió el joven, quien de inmediato se volvió hacia la Cadete Sandy. —¿A qué has venido? ¿Sutherland te envió?
La joven sacudió la cabeza. —Yo no hablé con Sutherland, fué Homs el que me envió un mensaje.
—¿Mensaje?
Sandy metió su mano en uno de los bolsillos de su uniforme y extrajo una tarjeta. —Toma. —dijo poniéndola en la mano de Dante.
El joven examinó el pequeño rectángulo de papel donde un logo escrito con letras negras mostraba el nombre de una empresa. —¿Alpha Corporation? —leyó intrigado. —¿Que clase de compañía es esta?
—Es donde trabaja mi hermana mayor… es la compañía de Software que desarrolló la plataforma lógica donde corre el simulador principal que usamos en los ejercicios. Homs sabía que yo tenía un familiar trabajando en la empresa y cuando se enteró por Sutherland de tu posible… "expulsión" creyó que un hombre que pudo colgar a todo un software militar desde el mismo interior de la simulación podría llegar a captar el interés de los ingenieros y directivos de la empresa.
Dante miró la tarjeta sin saber qué hacer. Luego recabó en las letras pequeñas en la base de la misma. —¿Flota 41? —preguntó mirando a su ahora ex compañera de Academia. —¿Desde cuando hay una Flota 41? —preguntó mirando a la joven.
—Es una nueva flota de inmigración que ha sido comisionada desde el planeta Eden… creo que deberían partir en los próximos meses. El viaje es algo largo pero… al menos tienes una oportunidad. —respondió la joven encogiéndose de hombros. —Le envié un mensaje a mi hermana esta mañana y dice que uno de los ingenieros de software está muy interesado en hablar contigo sobre lo sucedido con la lógica del simulador.
Dante le devolvió la tarjeta ante la evidente decepción plasmado en el rostro de la joven. —Es una oferta tentadora pero… no tengo los medios necesarios para llegar hasta Eden. —dijo el joven sacudiendo la cabeza. —Ni siquiera creo poder llegar a fin de mes.
—Creo… creo que yo podría ayudar con eso. —dijo la mujer tras el mostrador acomodándose los lentes. Los dos jóvenes la miraron sorprendidos ¿En serio puedes?
—preguntó Sandy.
—Hay un pequeño detalle que podría resultar interesante en tu caso. —continuó diciendo la mujer señalando la pantalla de la computadora. —Cuando eres dado de baja en la NUNS, hay una cláusula que establece que puedes solicitar un traslado final, un último viaje por decirlo así… y no hay realmente un límite de distancia que te prohiba cruzar toda la galaxia si quieres.
Los dos jóvenes se miraron y la esperanza renació en ellos.
—Pero…
Sandy fue la primera en suspirar. —Era demasiado bueno para ser verdad… ¿No?
La mujer de anteojos soltó una risita. —Bueno… si y no… el punto es que un traslado de esta clase no se considera prioritario… tu viaje e itinerario tendrá que ajustarse a las rutas y vuelos que haya disponibles… puedes pedir que te lleven a Eden por supuesto, pero no lo harán en un transporte de primera clase me temo. —aclaró.
Dante suspiró. —Si no aprovecho esta oportunidad me lo voy a recriminar toda la vida. —dijo rascándose la cabeza. —Además… ¿Tengo otra opción?
—Yo diría que no. —dijo la joven cadete. —Oye Dante.
—¿Si?
—Ojalá algún día puedas volver a la fuerza. —dijo sonriendo. —Sería absolutamente genial estar en la misma nave juntos otra vez.
El joven asintió con convicción. —Puede que las cosas se hayan torcido un poco ahora pero… haré todo lo posible por volver. Te lo prometo.
Sandy lo abrazó con fuerza por casi un minuto entero. —Cuidate. —dijo con lágrimas en los ojos una vez que se hubieran separado. —Te estaremos esperando.
—Lo haré. Dale saludos a Homs de mi parte y dile que cuando llegue a Capitán, me guarde un lugar entre sus oficiales.
—Pero que sea lejos del timón. —exclamó la joven dirigiéndose hacia la puerta. —¡Hasta pronto, Joyner!
Tras quedar solos, el chico suspiró y se volvió hacia la mujer de lentes. —¿Desde que momento comencé a perder el control de mi vida? —preguntó.
La mujer lo miró seriamente. —¿En el caso de ustedes los hombros? Desde el momento que terminan de salir de nuestros vientres. —dijo con seguridad. —Ahora será mejor que no desilusiones a esa chica, tiene muchas expectativas con volver a verte.
—¿Acaso tengo otra alternativa? —preguntó Dante volviendo a encogerse de hombros.
—No. —respondió la mujer con una sonrisa. —Claro que no la tienes. —agregó mientras cargaba los datos necesarios en la computadora. —Te daré una credencial provisoria que podrás utilizar mientras estés en tránsito. —dijo señalando un mapa de la galaxia. —Una vez que la petición de traslado sea aprobada por el sistema podrás dirigirte al puerto espacial de Ciudad Macross y ponerte a las órdenes del oficial de logística de la base. El será el que te enviará en la primera nave que salga con destino a Eden.
Una abertura apareció en el escritorio, exactamente en el mismo lugar en donde había desaparecido su vieja credencial, y una brillante tarjeta azul emergió como por arte de magia.
—No la pierdas. —dijo la mujer poniéndola en la mano del joven. —Ahora eres un paquete que la NUNS se compromete a llevar hasta Eden.
—Algo es algo. —dijo Dante recogiendo la tarjeta.
La mujer se cruzó de brazos y lo miró atentamente por debajo de sus finos lentes. —Bueno, es todo lo que puedo hacer por usted, Señor Joyner. Solo me queda desearle un buen viaje y éxito en sus proyectos.
Dante se guardó la tarjeta e hizo un saludo militar (Aunque sabía que no tenía ningún sentido hacerlo) —Gracias. —dijo. —¿Alguna última recomendación?
—No hagas esperar a una mujer. —afirmó ella. —Nunca.
—Afirmativo.
Dante se convirtió así en un paquete propiedad de la NUNS y tal como aquella mujer había dicho, uno con mínima prioridad de embarque. Aunque hay que reconocer que la milicia lo trató bien y tuvo alojamiento "adecuado" en cada uno de los múltiples puntos intermedios de su largo trayecto, no obstante Dante sospechaba que detrás de su largo viaje estaban sus enemigos en la NUNS, quienes hacían todo lo posible por hacer de su vida un infierno en la Tierra… o lo que es más correcto de decir, en el espacio.
¿Tenían realmente los Hughs tanta influencia en la milicia como para hacer que un viaje que habitualmente duraba unas pocas semanas se convirtiera en una especie de tortura de casi once meses de duración? Todo parecía indicar que ese era el caso, ya que tras pasar una semana en el principal puerto espacial de Ciudad Macross, a la sombra de la imponente Fortaleza-Monumento que dominaba la enorme metropolis, Dante fue embarcado en un transporte de suministros con rumbo a una flota de exploración en algún sitio a mitad de camino entre La Tierra y Edén, más luego tuvo que esperar casi un mes entero a que otra nave lo condujera a otra flota, donde el proceso volvió a repetirse una y otra vez.
Algunas veces retrocedía y otras veces avanzaba, pero nunca encontraba naves con la ruta adecuada y siempre quedaba relegado al último lugar, al último sitio a la hora de embarcar.
Eventualmente aquel traumático traslado llegó a su fin cuando uno de los transportes que lo llevaba a una solitaria colonia minera sufrió un desperfecto y tuvo que ser rescatado por una flota que, por una casualidad del destino tenía como base de operaciones la base de New Dallas en Edén. Dante pudo solicitar el traslado de nave y tras luchar contra la burocracia de los oficiales a bordo pudo conseguir su ansiado traslado hasta la estación que orbitaba el planeta.
Mas aquello no fue el final de su odisea, ya que cuando llegó por fin a su destino, descubrió con desesperación que la flota 41 había partido del planeta hacía más de tres meses.
Estaba atrapado en Edén y sin medios para tomar una nave hacia aquella flota. Una vez que descendió al planeta se quedaron con su pase y ahora sí se convirtió definitivamente en un simple civil con solo doscientos créditos en su billetera.
Pero aun asi no desesperó y mantuvo la cabeza lo más fría que pudo. El único contacto que tenía con aquella flota era la compañia que habia creado ese software de simulación y de alguna forma debía hablar primero con ellos. Tras consultar la información local dió con una oficina comercial de aquella compañía en el planeta y tras gastar sus últimos créditos en un pasaje de tren se dirigió hacia allí.
La oficina estaba desierta y un cartel de alquiler colgaba de una de las ventanas. Dante supo que su suerte se había acabado definitivamente.
Apoyó la frente en el cristal oscuro y observó el local vacío, apenas unas cuantas cajas de cartón y papeles tirados en el piso dejaban alguna evidencia de que alguna vez habia habido gente trabajando allí. Dante golpeó el cristal con el puño maldiciendo su suerte.
—¿Eres el nuevo inquilino? —dijo una voz de mujer a sus espaldas. —Se supone que hasta mañana no entregamos las llaves de las oficinas.
El joven se dió vuelta y vió a una mujer de mediana edad que lo miraba con curiosidad mientras cargaba varias cajas de cartón. Algo en el rostro de la desconocida captó inmediatamente su atención.
—¿Tu… trabajas aquí? —preguntó Dante tratando de recordar.
—Ya no más. —respondió colocando las cajas en el piso. —Las oficinas de Alpha Corporation en Edén fueron cerradas el mes pasado, solo quedó un grupo pequeño de personal administrativo para cerrar y liquidar los últimos activos. ¿Estas buscando a alguien en especial?
El joven asintió. —Tu… tienes una hermana menor en la Academia de la NUNS en La Tierra… ¿Verdad?
El rostro de la mujer cambió de repente ante aquella pregunta. —¿Como sabes…? ¿De donde conoces a Sandy…? ¡Oh por todos los….! ¡¿Tu eres Joyner?! —exclamó de pronto abriendo los ojos como platos.— ¿Donde rayos te habías metido? ¡Te esperábamos desde hace más de cinco meses!
Dante se llevó una mano a la cabeza. —La NUNS me estuvo paseando por toda la galaxia. —dijo haciendo una reverencia. —Te pido humildemente que me disculpes, te aseguro que quería llegar aquí lo antes posible, pero me vi envuelto en la burocracia de la NUNS.
La mujer se llevó una mano al rostro. —No me hables de Burocracia a mi… la NUNS es uno de nuestros clientes principales, se exactamente de lo que hablas.
Tras suspirar largamente miró con atención al joven frente a ella. —Tenemos que llevarte de inmediato a la Flota 41. —dijo sacando su pad. —Si tenemos un poco de suerte… ¿Ana me escuchas? ¿Sabes si ya despegó el Transbordador…? ¿Estás segura?
Dante observaba a la mujer sin entender nada.
—Si si… entiendo. —dijo haciendo un gesto con la mano. —Lo intentaremos… ¡Adios!
Tras guardar su aparato se agachó para recoger las cajas. —Debemos apresurarnos, hay un transporte a punto de despegar del puerto de Ciudad Capital, tal vez no podamos llegar a tiempo. ¡Sígueme!
Ambos echaron a correr por la calle en dirección a un pequeño furgón amarillo que los esperaba con las luces encendidas. Arrojaron las cajas en la parte de atrás y subieron a la cabina casi corriendo. La mujer puso en marcha el vehículo y salieron a toda velocidad en dirección a la avenida principal a unas pocas cuadras de allí.
—¿Todos en tu familia son asi conduciendo? —preguntó Dante agradecido de haberse abrochado el cinturón de seguridad, ya que el pequeño vehículo zigzagueaba por entre el tráfico de la ciudad a toda velocidad.
—Mi hermanita es la que mejor manejaba los Kartings en la pista que tenían mis padres en uno de los parques de recreo de la ciudad. —respondió la mujer mientras pasaba a pocos centímetros de un enorme camión con acoplado. —Aunque a ella se le dió por volar naves espaciales, dice que estar pegada a la tierra la hacen sentir confinada.
—Definitivamente será una buena timonel. —dijo Dante viendo los otros autos pasar como flechas a su alrededor. —Tiene muchísimo potencial además… si no fuera por ella yo no estaría hoy aquí.
—Todavía no cantes victoria… ah por cierto, mi nombre es Dana, mucho gusto. —dijo la mujer sin quitar la vista de la autopista.
—Dante Joyner. —respondió el joven. —Gracias por ayudarme, realmente estaba desesperado.
Dana sacudió la cabeza. —Debes ser el único aspirante a ser entrevistado que llega cinco meses tarde a su entrevista y todo el mundo actúa como si nada hubiese pasado… pero han sucedido ciertas cosas en los últimos meses que requieren toda la ayuda que podamos conseguir.
Dante la miró confundido.—¿Que cierta clase de… cosas? —preguntó.
—Ya te explicarán durante el viaje… me imagino que no sabes mucho sobre la Flota 41. ¿Verdad?
—Solo su nombre. —reconoció el joven.
Frente a ellos apareció la bahía en donde la enorme urbe se recostaba entre el mar y las montañas. Varias naves se encontraban amarradas a los enormes muelles mientras otras cruzaban con gracia las tranquilas aguas para entrar a los corredores de ascenso orbital correspondientes. Cada tanto se veían los resplandores en la atmósfera superior que indicaban las entradas y salidas de cada nave de los procedimientos de salto FOLD.
—Hay mucho tráfico en el puerto. —observó Dante contemplando la actividad.
—Es temporada alta… lo que tal vez nos ayude, el transporte ya se ha retrasado media hora de su salida prevista, todo este tráfico extra está causando serias demoras en el puerto.
El furgón amarillo avanzó por el tráfico (Que por suerte no era demasiado denso aún) y se desvió por una salida que era usada únicamente por los camiones de carga que se dirigían al puerto.
Llegaron a una de las entrada de vehículos del puerto espacial y tuvieron que detenerse en el checkpoint de seguridad.
—Yo me encargaré del papeleo. —dijo Dana quitándose el cinturón de seguridad. —Tu corre hacia el dock catorce, avisaré que te esperen todo el tiempo que puedan, pero tendrás que apresurarte.
Dante asintió y se bajó del vehículo apenas este se detuvo frente a los guardias y de inmediato comenzó a correr en la dirección que la mujer le había indicado. Escuchó las protestas del personal de seguridad, pero Dana los tranquilizó de inmediato y dejaron que Dante continuara su carrera en solitario.
El puerto era enorme y le tomó casi diez minutos llegar al enorme muelle donde un transporte estaba esperando con los motores encendidos. Una sola de las escotillas estaba abierta y un empleado del puerto se encontraba sosteniendo uno de los puentes plegables, listo para quitarlo en cuanto la escotilla se cerrase.
Gritando y agitando los brazos de forma desesperada, Dante llegó casi sin aliento los últimos veinte metros. El empleado le dedicó una mirada hostil pero tendió el puente mientras le indicaba que tuviera cuidado con los escalones. Un enorme hombre de overol azul se asomó por la escotilla y miró con asombro al joven que caminaba lentamente por el puente haciendo equilibrio con sus pertenencias haciendo de contrapeso en cada mano. —¿Donde rayos estabas? —gritó y tomándolo del cuello de la camisa lo arrastró al interior de la nave de un tirón.
Segundos más tarde los motores aceleraron y la nave se apartó lentamente del muelle mientras los últimos amarres eran retirados. El transporte maniobró por las atestadas aguas de la bahía en dirección a su posición de ascenso. Las gaviotas volaban y gritaban alrededor mientras la brisa soplaba desde las montañas.
Desde el muelle, Dana miraba la bahía apoyada en el furgón amarillo mientras se protegía los ojos con una mano. Cuando la nave comenzó a ascender verticalmente dejando una fina lluvia de agua de mar tras sí, sonrió. —Buena suerte, Joyner. —dijo.
