El VF-4 despegó en medio de un remolino de tierra y hebras de césped mientras Silvana se cubría la cabeza con ambas manos. En cuanto el rugido de aquellos poderosos motores se perdió en la lejanía volvió a quedar sola.

Todo había sucedido en un par de segundos; La misteriosa joven que pilotaba el caza transformable había vuelto a subir de un salto a la cabina y sin decir una palabra había usado el brazo de su robot para atrapar al pobre Dante, quien se dejó llevar por el aire sin poder resistirse. ¿Realmente lo estaban escoltando? Aquello le había parecido a Silvana más un secuestro que otra cosa.

La chica-gato suspiró y se sentó en el suelo a pensar un poco con la cabeza un poco más fría. Todo había sucedido tan rápido que no había tenido tiempo de poner en orden sus ideas. Al voltear la cabeza vió el enorme agujero que la huella del Zentradi había dejado en la tierra y recordó en donde estaba.

—Oh rayos, todavía estoy en una zona de PvP. —se dijo alarmada.

Se puso de pié y comenzó a caminar lo más rápido que pudo (Todavía tenía una penalización al movimiento por sus heridas) hacia la luz que se proyectaba desde el lugar donde se alzaba el Guardián, mirando nerviosamente a uno u otro lado por si veía venir a alguien con ganas de apuntarse una muerte fácil.

Tras varios minutos de marcha sus puntos de salud se había regenerado apenas lo suficiente como para que pudiera moverse a velocidad normal sin penalizaciones, pero su barra de vida seguía en rojo crítico y el mas pequeño golpe podía enviarle de vuelta al templo más cercano.

Aceleró el paso y redujo la distancia lo suficiente hasta que un pequeño indicador en su UI le hizo saber que se encontraba dentro del rango de protección del Guardián, pero aún así Silvana no se relajó del todo; incluso bajo aquella protección un proyectil mágico o una flecha lanzada por uno de los asesinos de nivel alto del Enjambre podían abatirla desde fuera del área de cobertura, mejor no arriesgarse.

El Guardián era un artefacto que no solo proporcionaba un área de campamento y descanso segura para los jugadores, era también el punto donde se encontraba uno de los accesos a la red de teletransportadores que conectaban diferentes puntos del planeta Calypso. Al pie del enorme obelisco de roca tallada con las cuatro figuras de los guardianes que, con uno de sus brazos extendidos hacia cada uno de los puntos cardinales advertía a los jugadores hostiles sobre las consecuencias de atacar a otro en esa zona, se encontraba el espejo ovalado que hacía las veces de portal de entrada y salida a todos los jugadores.

Solo vió a dos personas a un lado del espejo, al parecer dos amigos que habían salido a hacer alguna Quest rápida. Ambos vestían armaduras ligeras con los mismos colores por lo que debían ser del mismo gremio o clan. Al acercarse apenas se molestaron en dirigirle una mirada de desprecio y siguieron conversando en voz baja.

Silvana extrajo de sus ropas la runa donde estaba grabado su destino de teletransportación y el espejo se iluminó en cuanto la magia de la piedra resonó en la superficie pulida del mismo. La imagen reflejada se volvió líquida como el plomo fundido y la joven chica-gato la atravesó como si no estuviera allí.

En un abrir y cerrar de ojos estaba en Jenne, la pequeña ciudad que hacía de capital de aquel reino oriental en donde la mayoría de los jugadores iniciaba sus primeros pasos en el juego. Los fuertes aromas de las especies locales invadieron rápidamente sus fosas nasales reemplazando las sutiles fragancias del bosque y la pradera que tanto amaba Silvana. Aun asi, aquellos olores ya se habian fijado en su mente como su segundo hogar. Allí en esa ciudad estaba segura, al menos de momento.

La salida del portal estaba en la plaza principal en un pedestal de roca justo frente a las escalinatas que conducían al templo principal de la ciudad. Como siempre, una pequeña multitud de gente ocupaba aquella plaza, aunque Silvana sabía que la mayoría de ellos eran NPC's (Personajes no Jugadores) que cumplian sus rutinas diarias con la misma precisión de todos los días. Al principio le había resultado difícil distinguir a los verdaderos jugadores de aquellos muñecos guiados por la IA, pero con el tiempo aprendió a distinguir sus rutinas y sus diálogos, por lo que eventualmente podía distinguirlos con facilidad. Así y todo, aquella ciudad solo mantenía a un reducido grupo de jugadores; la mayoría de los que pasaba el nivel veinte se mudaban a una de las ciudades más grandes para conseguir mejores quest y equipo, cosas que aquella pequeña urbe no podía proporcionar.

Silvana solo dedicaba una pequeña parte de su tiempo al juego por lo que su personaje progresaba lentamente en contraste con los llamados "Hardcores" quienes jugaban veinticuatro horas al dia. Esos jugadores rondaban los niveles cuarenta y eran quienes mantenían el control de los principales gremios y clanes y quienes, en general, manejaban la política que movía los destinos de todos los pequeños y grandes reinos de Calypso.

Tras bajar del pedestal en donde se encontraba el espejo la joven atravesó la plaza a paso seguro, mirando los diferentes puestos tanto de NPC's como de jugadores por si veia algun objeto que llamara su atención.

El sector residencial de la ciudad se encontraba en el segundo anillo defensivo de la misma, por lo que tuvo que obligatoriamente atravesar una de las murallas internas que separaba los diferentes sectores de la ciudad. En el sitio donde la avenida principal atravesaba la muralla por un amplio arco abierto en la piedra un pequeño grupo de guardias del clan que controlaba la ciudad en aquel momento se encontraba holgazaneando junto a un pequeño puesto de guardia.

Silvana suspiró. Conocía a esos tipos y sabía exactamente lo que pasaría en cuanto intentara atravesar el puesto en dirección a su ClanHall, así que apuró el paso y se resignó a pasar por allí lo más rápido y furtivamente que pudo.

Para su mala suerte uno de ellos recabó en su presencia y dando la voz de alto se interpuso en su camino mientras hacía descender una barrera de madera que cerró el paso a través de la muralla.

—Druida. —dijo una vez que Silvana se hubiera detenido. —¿Vienes otra vez de la Pradera Oeste? ¿Todavía sigues arriesgándote a ir sola a ese lugar?

—Es el único bosque cercano a esta ciudad donde puedo entrenar tranquila. —contestó la joven resignada. —¿Quieres dejarme pasar? Tengo prisa.

El guardia sacudió la cabeza. —SI te unes al Imperio podrías entrenar en nuestras zonas seguras sin temer a los asesinos y PK's del Enjambre. —dijo señalando más allá de las murallas. —Los personajes de Soporte como tú son muy apreciados en nuestras filas, podrías tener el mejor equipo y acceso a los más poderosos hechizos para tu clase.

Silvana se cruzó de brazos. —Ya les dije mil veces que no me interesa el Imperio… solo quiero jugar en nuestra Guild con mis amigos… la política del juego no me interesa.

—Eventualmente tendrán que participar en los asuntos del reino. —dijo otro guardia acercándose. —Pronto los clanes pequeños y los jugadores solitarios se quedarán sin sitios para entrenar y tendrán que elegir un bando, quieran o no. —dijo muy seguro de sí mismo. —¿Puedes dejarme pasar? —exigió la joven moviendo nerviosamente la cola. —¿O tengo que hacer un reporte por acoso...?

El guardia se apoyó en la barrera. —No te enojes gatita. —dijo con sorna. —El reglamento dice que podemos interrogar brevemente a quien queramos para buscar espías del Enjambre mientras tengamos el control de esta ciudad… no es necesario que metas a los administradores en una tontería como esta. —agregó mientras levantaba la barrera con un gesto hosco. —Puedes pasar. —dijo.

Silvana hizo un gesto con la cabeza. —Gracias. —dijo pasando por el túnel sin molestarse en mirar hacia atrás.

—Piensalo bien. —gritó el otro guardia. —A ti y tus amigos no les queda mucho tiempo para decidirse.

Aquello último no le gustó nada. Silvana apuró el paso y llegó al sector residencial de la ciudad desde donde tomó una de las avenidas perimetrales y se internó en la zona donde los pequeños clanes tenían sus cuarteles generales.

Nunca había visto la calle tan desierta como en ese momento. Lo que hace unos cuantos meses era un vecindario lleno de jugadores ahora se había convertido casi en un pueblo fantasma. Los ClanHalls repartidos a lo largo de la calle estaban vacíos, las ventanas tapiadas, las puertas cerradas y los otrora brillantes estandartes con los colores de cada grupo de aventureros eran ahora simples trapos grises moviéndose al viento.

Era un fenómeno que venía ocurriendo desde hacía tiempo a medida que los jugadores abandonaban aquella pequeña ciudad y se marchaban hacia urbes más importantes, pero últimamente no eran simplemente mudanzas; uno a uno los gremios y clanes pequeños se estaban disolviendo a un ritmo cada vez más acelerado a medida que las dos facciones más grandes se volvían cada vez más poderosas y captaban los miembros de forma cada vez más agresiva.

Cuando la chica-gato dió vuelta a la esquina y vió el imponente edificio del Clan de los Caballeros Escarlata con las ventanas tapiadas y los carteles de "VACANTE", supo que la situación se había vuelto insostenible.

—¡Oh no! —exclamó caminando frente a la enorme mansión,ahora vacía y silenciosa, que otrora fuera el ClanHall más concurrido de la calle.

—Esto...esto está mal. —dijo sacudiendo la cabeza. —Realmente mal.

Avanzó hasta el final de la calle en donde se encontraba el pequeño edificio que agrupaba a su propio Clan, una construcción de madera de dos plantas y apenas una media docena de habitaciones, más que suficiente para un grupo de jugadores que no excedia la veintena de miembros. Aún así a Silvana le encantaba el look simple de aquel modesto edificio y los grandes macetones con flores que colgaban del balcón del primer piso eran algo que hacian único a aquel lugar en toda la calle.

Las ventanas del primer piso estaban cerradas pero se veía la luz de los candelabros en su interior. Silvana entró por la puerta y se dirigió de inmediato al salón principal. Cuando vió a todos los miembros que quedaban del clan reunidos en la enorme mesa de banquetes supo que había pasado algo.

—¡Silvana! —exclamó una espadachín de cabellos rojizos poniéndose de pié en cuanto vió entrar a la chica-gato. —¿Donde estabas? ¡Estuvimos tratando de contactarte desde hace como dos horas!

Matilda era una de las mejores guerreras del clan y su personaje, una noble Windermeriana especialista en el manejo del Rapier, era quien generalmente lideraba los raids y quests en el campo. A Silvana le parecía que su runa con forma de corazón era extremadamente cool, especialmente cuando las emociones de su dueña se exaltaban y brillaba fuertemente… justo como en ese exacto momento.

La joven Druida abrió su interfaz de mensajería y se encontró con la pila de notificaciones, todas marcadas como IMPORTANTE en su bandeja de entrada.

—¡Oh! —exclamó llevándose una mano a la cabeza. —Lo siento… tenía las comunicaciones bloqueadas… no me di cuenta.

La guerrera de Windermere se dejó caer en la silla suspirando. —Eres incorregible Silvana. —dijo llevándose ambas manos al rostro.

Había un joven vestido con ropas de noble en la cabecera de la mesa. Tenía cabellos blancos y usaba lentes de marco oscuro y miraba en silencio a la recién llegada sin decir una palabra. Silvana esquivó la mirada de aquel jugador lo más que pudo mientras buscaba su asiento.

Se sentó en su sitio y saludó fugazmente a su compañera de aventuras Mirna, una Voldoriana igual que ella pero que usaba un arco largo de madera oscura y era muy buena cazadora de bestias salvajes. Las orejas de ambas chicas gato se saludaron en silencio mientras los demás volvían sus rostros hacia el joven de lentes que presidia la reunión.

—Estamos todos entonces. —dijo Matilda cruzándose de brazos. —Podemos comenzar.

El joven se acomodó los lentes con una mano y miró directamente a Silvana, quien automáticamente agachó las orejas como preparándose para la reprimenda. —Haz vuelto a ir al bosque más allá de la pradera Oeste. ¿Verdad? —preguntó con voz calmada.

—Nya. —respondió la joven mirando la mesa de madera barnizada.

El joven se llevó una mano a la frente. —Silvana… te hemos dicho cientos de veces que no puedes salir a entrenar sola a ese sitio… tienes que salir en "Party" con al menos tres compañeros a tu lado.

Silvana sacudió la cabeza. —Mis horarios de juego son diferentes a los de la mayoría. —dijo justificándose. —Y no puedo dejar que mis pocos niveles sean una carga para el progreso del Clan… solo entrenando en mi tiempo libre puedo mantener el ritmo y estar al mismo nivel que los demás.

Matilda golpeó la mesa con el puño y todos se estremecieron. —¡Idiota! —exclamó clavando los ojos celestes en la chica-gato. —¡Tu no eres una carga para nadie! ¡Todos estamos aquí para ayudarnos y mejorar juntos, tienes que aprender a confiar en nosotros, tus amigos.

Uno de los guerreros de armadura pesada, un Ragnariano equipado con una pesada coraza hecha de placas de lo que parecía ser alguna especie de molusco gigante, golpeó la mesa con el dedo. —Matilda tiene razón, no tiene nada de malo que no puedas participar todo el dia en nuestras sesiones de entrenamiento, pero eso no significa que tengas que jugar sola allá afuera… el campo abierto se ha vuelto demasiado peligroso.

—¿Que sucedió hoy en el bosque? —preguntó el joven de lentes.

Silvana se estremeció. —¿En el bosque? ¿Por qué lo dices?

—Tus ropas están casi destrozadas. —dijo señalando la túnica de druida que vestía la joven. —¿Fuiste atacada por alguien?

—Yo…. en realidad.

—Dame tu equipo. —dijo una joven que vestía un overol verde oliva. —Si no lo arreglo de inmediato va a llegar a cero puntos de durabilidad y tendrás que comprar una túnica nueva.

Silvana activó el menú contextual y tras seleccionar el equipo dañado lo desequipó del inventario. De inmediato su gastada túnica fue reemplazada por un vestido azul oscuro y una camisa de lino blanca. —Toma Rita. —dijo enviando los ítems hacia la joven herrera.

En Calypso no había enanos o gnomos como en otros juegos RPG, así que todas las profesiones que involucraban la construcción, mejora y creación de equipo, pociones y hechizos recaia en los humanos, quienes de alguna forma eran una de las razas de la Protocultura que mejor había dominado la tecnología en todas sus facetas.

La joven recibió el maltrecho equipo de manos de Silvana y de inmediato lo puso en su inventario para analizar el daño detenidamente. —Wow. —exclamó. —Esto me va a llevar algo de tiempo para reparar… daño de aplastamiento, caída y… ¿Agarre? —preguntó incrédula mirando a la chica-gato. —¿Que rayos pasó allá en el bosque? ¿Un Zentradi te estuvo usando de trapo de piso?

—Nya Nya. —respondió la joven desviando la mirada.

El joven de la cabecera de la mesa volvió a acomodarse los lentes. —Silvana… nos han llegado rumores de que El Enjambre ha comenzado a cazar a los jugadores independientes. —dijo mirándola fijamente.

Matilda dió un pisotón tan fuerte que los vasos de madera que había sobre la mesa temblaron violentamente. —Nos están quitando las zonas de leveleo una por una… y esos idiotas del Imperio no hacen nada por evitarlo, aún estando a cargo de la seguridad de la ciudad y los territorios que la rodean..

El Ragnariano llamado Walter sacudió la cabeza. —No ayudarán de ninguna manera a los Clanes neutrales. —dijo resignado. —Ellos también se aprovechan de la situación y solo protegen a quienes se unen a su alianza.

Rita cerró el menú de ítems y señaló uno de los mapas de la región que se encontraban junto a la chimenea. —Todavía nos quedan los calabozos que hay debajo de la ciudad… no hay monstruos que den mucha experiencia allí claro, pero al menos son zonas libres de PvP; podremos entrenar tranquilos sin que los del Enjambre venga a molestarnos.

—Pero Silvana necesita el bosque para desarrollar todo su potencial. —dijo tímidamente la arquera Voldoriana, que se había mantenido en silencio todo ese tiempo. (Ella no era de hablar mucho)

—Mirna tiene razón. —afirmó Walter. —Esos calabozos no son lugar para una Druida, sin árboles o plantas alrededor sus habilidades se ven muy mermadas.

El joven de anteojos asintió con la cabeza. —No tenemos otra opción. —dijo mientras jugaba con una pluma de escribir en una de sus manos. —El Campo Abierto se ha vuelto demasiado peligroso para nosotros, tenemos que entrenar exclusivamente en las catacumbas.

—Alex. —dijo Matilda volviéndose hacia el joven de lentes. —Esos calabozos no están diseñados para jugadores más allá del nivel quince... podemos farmear la experiencia y el oro todo el dia, pero a la larga…

—Lo se. —respondió. —Y es por eso que es el momento indicado para dar a conocer el verdadero motivo por el que cité a esta reunión.

Los presentes guardaron silencio de inmediato mientras Alex se ponía de pié en la cabecera de la mesa. El joven de anteojos era el líder de aquel clan pequeño Clan de aventureros aunque en realidad era un puesto que había recibido heredado del antiguo líder. Su tarea original había sido la de administrar el tesoro y las finanzas del Clan, pero tras la partida de los fundadores del mismo se vió obligado a adoptar el liderazgo para evitar el desmembramiento del mismo. —El imperio ha dado a conocer un comunicado esta mañana y temo informar que son malas noticias. —dijo llendo al grano.

—Dejame adivinar. —dijo Rita cruzándose de brazos. —Más impuestos.

Alex asintió. —Han aumentado la cuota semanal de mantenimiento de los ClanHalls a quinientas monedas de oro.

—Quinientas…. —dijo Matilda abriendo los ojos como platos

—Es una locura. —exclamó Walter pateando el suelo. —¿De donde creen que un clan pequeño como el nuestro va a sacar una fortuna como esa semanalmente?

—Al menos no de las catacumbas de esta mugrosa ciudad. —agregó Rita. —Matando ratas y lagartijas a lo sumo podríamos juntar unas diez monedas por dia… quince si tenemos suerte con el loot.

Los demás presentes se miraron en silencio. Había un sentimiento de abatimiento y cansancio en los ojos de muchos de ellos.

—Yo no puedo seguir asi. —dijo uno de los Rastreadores Zola, un joven con orejas puntiagudas junto al cual descansaba un enorme perro negro que apoyaba el hocico junto al pié de su dueño. —Solo para mantener a mi familiar debo invertir cinco monedas de oro en carne todos los días. —dijo acariciando la cabeza del animal. —La carne de rata no otorga ninguna clase de beneficio a las habilidades de Max.

—Ni hablar del precio de los materiales. —agregó Rita. —Con el acceso al bosque y la pradera vedados, tendremos que comprar los componentes y otros consumibles en la tienda de NPC's o de otros jugadores… eso duplica… no, triplica el precio de cada cosa que hagamos.

Otras voces más se alzaron en modo de protesta. Todos tenían gastos y cosas que hacer y el costo semanal para mantener aquel edificio consumía buena parte del tiempo que dedicaban cazando y recolectando recursos. Silvana se había quedado callada y miraba con tristeza los rostros cansados de sus compañeros. Temía lo que estaba a punto de suceder.

Alex golpeó la mesa pidiendo silencio. —Lo superaremos. —dijo alzando la voz. —No dejaremos que el Imperio nos derrote con sus sucias tácticas cobardes. Si es necesario yo mismo bajaré a las catacumbas a farmear monedas para pagar lo que falte.

—Alex. —dijo Walter volviéndose hacia el joven. —Tu inviertes ya demasiado tiempo en mantener este clan… no puedes dedicarle más tiempo del que ya le dedicas al juego, además tu carrera...

—Dejaré la Universidad si es necesario. —dijo el joven con total convicción en la mirada. —Si me dedico full-time a recolectar recursos es posible…

—¿Estás loco? —exclamó Matilda poniéndose de pie. —¿Vas a dejar tu carrera por este juego?

El joven suspiró y se sentó en la silla mientras se llevaba las manos a la cabeza. —Yo… yo no sé qué más hacer. —dijo con la voz cansada. —No quiero perder a La Orden, no quiero perderlos a ustedes.

Walter se incorporó y puso su enorme mano sobre el hombro del joven. —Tranquilo amigo. —dijo. —Todos te ayudaremos, no estás solo en esto.

—Será duro perder este lugar. —dijo Rita mirando las llamas que crepitaban en el hogar. —Pero con o sin ClanHall seguiremos adelante, no dejaremos que esos cretinos del imperio nos aplasten bajo su yugo. —agregó.

La espadachín de Windermere se volvió hacia el guerrero de armadura de placas. —¿No hay otra opción? —pregunto. —¿Y que tal un ClanHall de esos que se ganan mediante un Raid? Hay una fortaleza Goblin que puede ser conquistada y reclamada a unas pocas horas de viaje hacia el sur. Estaremos un poco aislados si, pero podremos limpiar los recursos de la zona y matar a todos los monstruos de los alrededores sin preocuparnos por perder nuestra base. Esas fortalezas no pagan mantenimiento semanal y solo tendriamos que defenderla de un asedio de NPC's una vez por mes. —dijo esperanzada.

Alex sacudió la cabeza. —El Enjambre nos impediria siquiera terminar el raid con éxito en cuanto supiera que planeamos hacerlo. —dijo.

—Pamplinas… esos ClanHalls no son zonas de PvP, no podrían evitar que hagamos ese raid ni aunque quisieran. —respondió la joven.

—No en PvP. —respondió Walter sacudiendo la cabeza. —Pero he escuchado sobre su modus operandi: esperan a que comience el asedio y utilizan magia de curación y de refuerzo sobre los propios monstruos… a la larga los atacantes terminan cediendo ante enemigos que no mueren y son reforzados continuamente contra todo tipo de daño a distancia...y la fortaleza se pierde.

—Hijos de puta. —exclamó Matilda golpeando la mesa nuevamente. —¿Entonces no hay nada que podamos hacer? ¿Estamos condenados a perder todo lo que tenemos irremediablemente?

—Podríamos quejarnos al Concilio de Jugadores. —dijo el rastreador con el enorme perro negro. —Ellos podrían interceder con los clanes dominantes.

—Los miembros "independientes" del concilio hace rato que fueron comprados por uno u otro bando. —aseguró Alex. —Es inútil tratar de quejarse por esa vía.

—¿Y tratar directamente con los Administradores? —preguntó Rita. —¿Es posible?

—No. —respondió Walter. —No escuchan a jugadores individuales, para eso existe el concilio y ya sabemos lo bien que nos representa.

La joven Druida ya había oído lo suficiente. Se puso de pie y tras hacer una reverencia se alejó corriendo por la puerta del salón principal.

—¡Silvana! —exclamó Rita pero Walter le hizo un gesto para que la dejara ir. —Dejala… comprendo bien como se siente. —dijo.

Todos se sumieron en un incomodo silencio, no obstante Mirna se puso de pie sin decir una palabra y salió de la sala tras los pasos de su amiga.

Mirna encontró a Silvana sentada en la cama marinera que ambas compartían en uno de las habitaciones del piso superior. Sin decir una palabra (Al fin y al cabo ella era Mirna, la arquera Voldoriana que raramente hablaba) se sentó en la cama al lado de su amiga y recostó su cabeza en el regazo de la Druida.

Silvana acarició las orejas de gato su amiga tal como sabía que le gustaba. Aquella interacción íntima entre las dos chicas-gato era algo que las relajaba a ambas después de los agotadores raids que solían hacer contra los más peligrosos monstruos que asolaban los parajes alrededor de la ciudad. Aquella vida aventurera estaba, de alguna forma, a punto de desaparecer para ambas.

—¿Crees que en verdad perdamos este lugar? —preguntó a su amiga. Mirna no respondió y siguió ronroneando como si fuera un verdadero gato en el regazo de su dueña. Silvana estaba acostumbrada a no recibir respuestas de su amiga y, a decir verdad, lo preferia así… Mirna era una de las pocas personas que sabía escuchar y daba gusto estar en su compañía.

—¿Sabes? —preguntó mientras miraba las motas de polvo flotar suspendidas en el rayo de luz que se filtraba por la ventana. —Hoy conocí a un chico en la Pradera oeste.

Las orejas de Mirna se movieron al unísono, como si aquello la hubiese sorprendido.

—Estaba buscando raíces cerca de los túmulos de piedra que están en los lindes del bosque y vi que cerca había aparecido el efecto de luces de un teletransportador… me pareció extraño en esa zona y fuí a investigar.

Mientras Silvana hablaba no dejaba de acariciar el suave pelaje de su amiga, quien había cerrado los ojos y disfrutaba del suave tacto de la Druida.

—Era un joven mayor que yo. —dijo recordando los detalles. —Tenía el cabello oscuro y la piel morena… pero lo que más me llamó la atención es que vestía las ropas de un personaje recién creado en Calypso. ¿Qué hacía allí un jugador Nivel Uno? Antes que pudiera darme cuenta atrajo la atención de un Golem de Piedra y tuve que salir a salvarlo, ¡Y casi no lo llego a tiempo!

Silvana se recostó contra las almohadas mientras miraba el techo de madera de la habitación. —Nos separamos luego que un Zentradi del Enjambre intentara asesinarme. —dijo sacudiendo la cabeza. —Espero volver a verlo algún día, me pareció una persona muy interesante… ¡Y además dijo que era de La Tierra! ¿Puedes creerlo?

Mirna abrió los ojos y sonrió. En ese momento un mensaje entró en la interfaz de comunicaciones de Silvana y la joven lo abrió de inmediato frente a su rostro desplegando una nueva ventana. —Oh. —dijo viendo el mensaje. —Es mi madre… tengo que irme por hoy Mirna.

—¿Nyan?

—Trataré de venir un poco mas temprano mañana, así podremos ir a las catacumbas a juntar algo de oro para ayudar a Alex con los impuestos. —dijo la joven. —Mis habilidades de Druida no son muy útiles allá abajo, pero siempre hay musgo y liquen en las paredes de piedra que pueden utilizarse para algunos hechizos simples… estoy segura que podremos recaudar esa cifra y salvar nuestro ClanHall. —dijo entusiasmada la joven. —¿Me esperaras?

—Nyan. —respondió la arquera moviendo la cola.

Silvana acarició las orejas de su amiga una vez más y luego se incorporó dejando a su compañera tendida en la cama.—Hasta mañana. —dijo saludando con la mano.

Mirna respondió el saludo con su propia mano y vió como Silvana desaparecía en medio de una lluvia de pixel multicolores.