6
La Teniente Karina O'Higgins tenía prisa. Tras ponerse nuevamente su casco saltó con agilidad sobrehumana al interior de la cabina de su VF-4 y de inmediato el brazo izquierdo del robot se movió hacia donde estaban ambos jóvenes. Dante no puso ninguna resistencia y la gigantesca mano lo levantó por el aire como si fuera un muñeco de trapo.
La cabina de caza todavía no se había cerrado por completo cuando ambos ya estaban varios metros en el aire ante la sorprendida mirada de la chica gato, quien quedó paralizada en su sitio viendo como la poderosa máquina de guerra se sumergia entre las nubes blancas hasta que fué apenas un puntito en el horizonte.
Dante contempló fascinado el paisaje. En pocos segundos habían alcanzado los mil pies de altura y el caza niveló su vuelo mientras aceleraba en dirección a la cadena montañosa que el jóven había observado al momento de despertar en aquel fascinante mundo. Las cimas cubiertas de nieve reflejaban la luz del sol, pero aquí y allá se podían ver pequeños manchones negros desperdigados entre los campos de nieve; Dante agudizó la vista y pudo ver lo que parecían ser campamentos de tiendas negras. Las montañas eran un territorio vigilado y los signos de guerra se veían incluso desde allí.
El VF-4 se elevó aún más y pasaron con facilidad sobre la extensa cadena montañosa mientras el viento arrastraba las nubes de humo negro que las hogueras de un centenar de campamentos de guerra arrojaban al brillante cielo azul de las alturas.
—¿Se están preparando para una guerra allá abajo? —preguntó el joven en dirección a la cabina, pero pronto se dió cuenta que era imposible que aquella piloto pudiera escucharlo desde allí dentro.
Era extraño. Aquella Teniente no había vuelto a dirigirle la palabra desde que lo recogiera de entre la hierba con una inusitada violencia. Dante estaba seguro que de no haber sido aquel un videojuego, su pobre cuerpo hubiese sido aplastado como un tomate maduro ante el poderoso agarre de aquella mano robótica.
La forma en que lo había mirado y examinado detenidamente tampoco le habian parecido una buena señal a Dante, eran demasiados signos hostiles en alguien a quien recién conocía. ¿Podría ser la Teniente Karina O'Higgins uno de sus numerosos enemigos en la NUNS? ¿Incluso dentro de aquel mundo de fantasía llegaba la venganza y rencor de los Hughs?
O'Higgins no era un nombre familiar para Dante, incluso habiendo estudiado de forma exhaustiva la historia militar de los últimos cien años, no recordaba haber visto aquel nombre en la milicia.
Miró hacia la cabina y captó, por casi una fracción de segundo, como la cabeza de la piloto se volvía rápidamente hacia delante. ¿Lo había estado mirando ella también? Un escalofrío recorrió el cuerpo del joven.
El caza atravesó un frente de nubes blancas y de pronto un paisaje irreal apareció ante los ojos del sorprendido Dante.
—Mierda. —exclamó sin creer lo que veía.
Por delante de ellos se extendía una escenografía que parecía sacado de un sueño o de las alucinaciones de un loco.
Enormes islas flotantes cubrían el paisaje hasta donde la vista abarcaba. Había gigantescas masas de roca de varios kilómetros de largo e infinidad de pedruscos de solo un centenar de metros de diámetro, todos ellos flotando a diferentes altitudes completamente inmóviles.
Abundante vegetación cubría algunas de aquellas islas, otras en cambio estaban desiertas y algunas parecían estar a punto de derrumbarse y solo estaban sostenidas por las raíces y ramas de antiguos y titánicos árboles, ahora muertos y fosilizados. Al parecer había todo un ecosistema basado en la diferencia de altura de cada isla y su posición por sobre la línea divisoria de la cadena montañosa cercana. Dante pudo observar junglas, sabanas y desiertos pero también praderas y bosques de coníferas a diferentes alturas, como si existiera un orden natural en aquella mezcla de ecosistemas aislados en sus pequeñas naves de roca flotando sobre lo que parecía un abismo oscuro. Le pareció distinguir, a lo lejos, las paredes blancas de alguna enorme construcción, pero al mirar una segunda vez aquello quedó oculto tras las ramas de los monstruosos árboles de una enorme selva tropical.
Dante miró hacia abajo y vió que, en efecto, existía un gigantesco abismo que descendía mucho más allá que lo que debía ser la altura a nivel del mar del planeta. ¿Estaría relacionado aquel enorme cráter con la perturbación gravitacional que causaba la flotabilidad de aquellas islas? Mantuvo la vista fija en aquella negrura para ver si distinguía su profundidad, pero la oscuridad del abismo hizo que se mareara rápidamente y tuvo que apartar sus ojos a los pocos segundos. Aquel abismo era algo antinatural.
El VF-4 voló sin disminuir la velocidad entre aquel archipiélago de fantasía, volando temerariamente entre las peligrosas rocas que, como escollos emergiendo de un océano invisible, aparecian y desaparecian frente al caza cada vez que la joven Teniente O'Higgins dirigia su avión por entre el intrincado laberinto de islas mientras Dante quedaba boquiabierto ante el espectáculo.
La chica sabía lo que hacía, era algo que el joven reconoció de inmediato. Su forma de volar, aunque temeraria para cualquier otro observador, se revelaba ante Dante como de una fluidez y sutileza extraordinaria. Los virajes eran suaves, calculados, la computadora del VF-4 no estaba usando los propulsores vectoriales para corregir la trayectoria de la aeronave al volar entre los apretados espacios libres que quedaban entre isla e isla…
—Oh mierda… ¿Está volando con el sistema GCAS (1) inactivo? —exclamó asombrado Dante al comprender la razón de aquella forma tan suave de volar.
El caza utilizaba solamente las superficies de control aerodinámicas en su vuelo, no había ningún tipo de corrección del sistema automático. Aquello era… increíblemente peligroso y definitivamente ilegal, al menos en la Fuerza Aeroespacial.
Pero estaban en un videojuego y allí eran inmortales… ¿Verdad? Tal vez si chocaran contra una de aquellas islas simplemente rebotarian o atravesarian la roca como si no estuviera allí.
No, definitivamente no chocarian con nada. La chica sabía lo que hacía y tenía la pericia necesaria para volar por aquella zona. Además… se veía a simple vista que conocía aquel lugar. ¿Cuántas veces habría volado por esa misma ruta?
Mientras Dante se perdía en aquellos pensamientos la cantidad de islas a su alrededor comenzó a disminuir y pronto el VF-4 salió al espacio abierto. Una nueva cadena montañosa apareció por delante de ellos y la aeronave comenzó a ganar altura rápidamente. Demasiado rápidamente para el gusto de Dante.
—Espera un momento. —exclamó cuando vió que atravesaban las últimas capas de nubes más altas de la atmósfera y continuaban subiendo. —No me digas que…
El morro del avión se elevó aún más, casi a ochenta grados con respecto al horizonte artificial que indicaba la actitud de la aeronave desde el panel de instrumentos en la cabina.
El VF-4 aceleró sus motores principales y comenzó a salir de la atmósfera del planeta.
Dante se cubrió la boca y nariz con ambas manos y cerró los ojos con fuerza en cuanto vió las primeras estrellas aparecer en el cada vez más negro cielo del planeta Calypso. Sin un traje espacial no aguantaría demasiado allí afuera.
Los minutos pasaron y como no sucedía nada Dante abrió finalmente los ojos.
La curvatura del planeta apareció bien marcada ante sus sorprendidos ojos y pudo ver dos enormes lunas asomándose por sobre el horizonte. Una de ellas era de un color gris, similar a la propia luna del Planeta Tierra, pero la otra, algo más pequeña, era de un color rojo sangre, más parecido a la superficie de Marte.
Aquellas lunas formaban, aparentemente, un sistema binario que orbitaba a su vez aquel planeta, sin embargo estaban demasiado cerca como para formar una órbita estable; Evidentemente los diseñadores del juego no cumplieron formalmente con toda la fidelidad de mecánicas orbitales y fueron simplemente por la opción más "cool" de tener aquellas dos enormes lunas lo suficientemente cerca del planeta como para resultar atractivas a simple vista..
La interfaz del juego estaba en ese momento advirtiendo sobre los peligros a los que el cuerpo de Dante estaba siendo expuesto mientras el VF-4 abandonaba la órbita baja del planeta y adquiria la suficiente Delta V para escapar del pozo gravitacional de Calypso. Falta de oxígeno, temperaturas de congelación, dosis fatal de radiaciones cósmicas… ya debería haber muerto una docena de veces de no ser por aquella especie de protección que Alpha Corporation brindaba a sus empleados. Dante suspiró y giró la cabeza hacia el planeta que se hacia mas pequeño a medida que el VF-4 se alejaba a toda velocidad de su órbita cercana.
No fueron demasiado lejos sin embargo. Pronto la aeronave corrigió su curso y los impulsores vectoriales tomaron el control de la orientación del avión y tras una serie de impulsos tomaron un nuevo rumbo.
Dante calculó que se encontraban aproximadamente en lo que sería la órbita geoestacionaria del planeta Calypso y durante varios minutos circunnavegaron el planeta hasta que la estrella del sistema (Una estrella amarilla del tipo de Secuencia Principal clase G, muy similar al Sol del Sistema Solar) fue eclipsada por Calypso y la oscuridad los envolvió por completo.
Las luces de navegación del VF-4 se hicieron visibles en ese momento mientras el planeta se transformaba en un brillante anillo azulado al reflejar su atmósfera rica en oxígeno la luz dispersa del lado iluminado del cuerpo celeste.
El silencio era total y Dante ni siquiera sentía su propia respiración. (Al fin y al cabo no había nada que respirar allá fuera, pero el movimiento reflejo de su yo "real" fuera del juego aún continuaba haciendolo asi que…) Sin nada más que hacer que contemplar las estrellas, se dejó llevar durante varios minutos hasta que los propulsores delanteros del VF-4 se activaron repentinamente mientras el tren de aterrizaje se desplegaba desde debajo del fuselaje. Cuando la poderosa luz se proyectó hacia delante Dante ahogó un grito de asombro.
Una enorme nave apareció frente a ellos iluminada por el brillante haz de luz y Dante conocía bastante bien aquellas formas, especialmente las del puente que se erguía silencioso a menos de un centenar de metros de donde estaban ellos.
—¿Eso es una Clase SDFN? —preguntó aunque sabía que su voz no se escuchaba en el espacio. —No espera… hay algo diferente… no… no puede ser.
El VF-4 se movió alrededor de la torre donde se encontraba el Puente de Mando y el enorme cristal que cubría el frente del mismo devolvió los reflejos del poderoso reflector que iluminaba la escena. Dante observó a través del cristal la estructura del puente, más ninguna luz se veía en el interior, todo estaba oscuro y silencioso. ¿Acaso aquella nave estaba desierta?
Cuando el caza descendió por babor de la enorme nave y las luces iluminaron el sitio donde debería estar anclado el portanaves clase ARMD, Dante comprendió que no estaba ante una clase SDFN ordinaria.
—Oh mierda. ¿Esa es… Macross?
El enorme portaaviones construido a fines del siglo Veinte era inconfundible y la forma en la que había sido anclado a babor de la gigantesca fortaleza no dejaba lugar a ninguna duda; estaban ante la misma nave que había albergado al último remanente de la humanidad y los había protegido del holocausto que los Zentradi habían desatado sobre el Planeta Tierra.
Aquella nave era la SDF-1 Macross.
—Dime que estás bromeando. —exclamó Dante sin poder creer lo que veía. —¡Ese es el Prometheus!
Descendieron hasta estar en la propia cubierta del Portaaviones que otrora fuera la nave insignia de las fuerzas de la UNSpacy en los mares del planeta Tierra y la Teniente O'Higgins dirigió su caza hacia uno de los elevadores para aviones que se encontraba cerca de la superestructura que alojaba el puente. En cuanto estuvieron sobre la plataforma el VF-4 adoptó el modo Gerwalk y las piernas se apoyaron sobre la cubierta metálica.
De inmediato el elevador se puso en movimiento mientras el VF, ya firmemente anclado magnéticamente a la plataforma, descendía al interior del mismo.
Las luces del hangar estaban encendidas, pero nadie fue a recibirlos. Todo estaba silencioso y desierto. En cuanto el elevador se detuvo el VF-4 simplemente caminó varios metros hasta un sector libre cerca de varios contenedores de misiles y depositó al joven en el piso.
Cuando los enormes dedos de la mano del robot se abrieron Dante se incorporó y miró asombrado a su alrededor. Contó una docena tal vez de viejos VF-1 en varias configuraciones de las más conocidas, todos ellos con las cabinas abiertas y en las estaciones de mantenimiento listos para recibir a sus pilotos, más no había nadie en todo el inmenso hangar, ni pilotos ni técnicos, ni siquiera soldados o marinos.
Para entonces el VF-4 había apagado sus motores y la cabina ya se estaba abriendo. La piloto Karina O'Higgins se quitó el casco y tras soltarse el cabello oscuro bajó de un salto desde la cabina.
—¡Este es el Prometheus! —exclamó Dante hacia la joven que se aproximaba. —¡Estamos en la Macross? ¿Cómo es posible?
La Teniente lo miró y sin decir una palabra pasó de largo como ignorándolo. Dante se quedó perplejo ante aquella descortesía. —¡Oye! —gritó. —¿Cual es tu problema?
La joven se subió a un transporte de personal y tras arrancarlo se quedó esperando mientras miraba al joven. Dante suspiró y se acercó al trote.
—¿Vas a guardar silencio por siempre? —preguntó en cuanto hubo subido al asiento del acompañante. —¿Es por algo que hice o dije?
—Solo vine a escoltarte fuera del planeta. —dijo mirando fríamente al joven, quien retrocedió asustado contra su asiento. —No soy una guia de turismo ni nada, asi que guarda silencio y déjame hacer mi trabajo.
Dante se rascó la cabeza. —Oye… no es que quiera presumir de ello, pero durante meses enteros he viajado con docenas de pilotos de toda clase, desde naves de transporte hasta en cazas biplaza y ninguno de ellos me trató ni remotamente tan mal como lo has hecho tu.
—Puedes escribir una queja a la Administración. —respondió la joven mientras pisaba el acelerador. El transporte dió un brinco hacia delante y salió a toda velocidad por la vía de acceso principal del hangar.
—¡Ten más cuidado! —gritó Dante sujetándose como pudo mientras luchaba por ponerse el cinturón de seguridad.
Avanzaron hasta el final del hangar donde un elevador los llevó varios niveles por debajo de la cubierta de vuelo. Al abrirse las enormes compuertas y atravesar un largo túnel que parecía estar articulado en varios segmentos Dante supo que ya no estaban en el Prometheus.
—Hemos entrado a Macross —¿Verdad?
La joven asintió con la cabeza. Dante pensó que aquello era un avance.
Continuaron por aquella ruta y tras dar varias vueltas y ascender algunos niveles mas Dante perdió por completo el sentido de la orientación. ¿Estaban yendo hacia la proa o la popa de la enorme nave?
Cuando tomaron un túnel y salieron a un espacio abierto algo más iluminado Dante supo donde estaban.
—Esta… esta es…
Una ciudad apareció ante ellos y el vehículo emergió del túnel entrando a una calle rodeada de tiendas y oficinas. El cambio del paisaje fue tan brusco que el joven se quedó sin habla durante varios minutos en los que recorrieron varias manzanas de la extraña urbe.
—Esto… esto es increíble. —dijo Dante mirando a ambos lados de la calle. —¡Esta es la ciudad que los refugiados de South Ataria reconstruyeron en el interior de la Macross!
La joven no respondió y dobló en una esquina. Un enorme edificio apareció ante ellos y el vehículo se detuvo junto a la entrada de lo que parecía ser un hotel. Todo estaba desierto a su alrededor pero al menos las luces estaban encendidas.
—Bajate. —ordenó la Teniente y Dante obedeció de inmediato.
—Puedes quedarte en cualquier habitación que elijas. —explicó la joven mientras señalaba con un dedo la entrada iluminada del edificio. —Cuando estés listo desloguea tu avatar y espera a que un empleado de Alpha Corporation se ponga en contacto. Por ningún motivo debes abandonar este lugar ¿Queda claro?
Dante estuvo tentado de hacer un saludo militar pero se contuvo. —Entiendo. —dijo simplemente.
—Mi misión ha terminado entonces. —dijo la joven y antes que Dante pudiera reaccionar para preguntar algo ya había pisado el acelerador del transporte. El vehículo hizo rechinar las ruedas y desapareció tras doblar una esquina mientras el joven se quedaba mirando con cara de estupor.
—¿Qué diablos le pasa a esa tipa? —se dijo mientras se rascaba la cabeza. —¿Y donde rayos estoy? —se preguntó mientras se daba vueltas. Evidentemente estaba dentro de la Macross, pero no había nadie más alrededor para confirmar aquello. Sin nada más que hacer se encaminó hacia las puertas vidriadas que se abrieron de par en par para dejarlo entrar.
El Hall del hotel estaba completamente iluminado y desierto, como todo lo que había visto en el interior de la nave. Las plantas estaban verdes y saludables, el agua borboteaba en una fuente dorada e incluso vió que en un cenicero una colilla de cigarrillo todavía humeaba a medio apagar. Era como si todo el mundo hubiera desaparecido de repente y solo Dante permaneciera vivo en aquel lugar.
Exploró el salón comedor, las cocinas e incluso los closets donde se guardaban los artículos de limpieza. Cuando se cansó de no encontrar a nadie tomó una llave de detrás del mostrador de la recepción y tras subir al elevador se dirigió al último piso del hotel.
La habitación que había elegido era una de las más lujosas del lugar. Tras encender las luces y caminar por el recibidor alfombrado se acercó a la ventana y miró hacia afuera.
La ciudad no era muy grande, de hecho estaba densamente comprimida en lo que parecían ser menos de cuatrocientos metros cuadrados. Dado que la Macross media en total unos mil doscientos metros de longitud, aquella urbe ocupaba algo así como un poco menos de la mitad del espacio interno del casco. Eso sí, si bien la ciudad no era muy extensa a lo largo y ancho, al estar compuesta en varios niveles superpuestos a través de todo el espacio interno hacia un uso muy eficiente del volumen disponible, multiplicando de esa forma la cantidad de edificios que se apilaban uno sobre otros con varias pasarelas que conectaban los diferentes niveles, reservando el nivel de la calle para comercios y oficinas mientras que los módulos de vivienda se encontraban en las alturas, incluso surgiendo del mismo techo de aquel enorme espacio interno.
En el centro mismo de aquel rejunte de edificios se encontraba un pequeño parque con unas fuentes y varios árboles. Dante tuvo deseos de ir allí pero no se tomó a la ligera la advertencia de la Teniente. Seria mejor terminar allí su sesión de juego de una buena vez, además desde hacía rato que se estaba sintiendo algo cansado.
Se alejó de la ventana y tras cerrar las cortinas fué hasta la enorme cama King Size y se arrojó sobre los suaves acolchados sin sacarse los zapatos siquiera.
—Vaya dia. —dijo mientras cerraba los ojos.
La opción de desloguear su avatar apareció en medio de la interfaz de usuario. Dante la seleccionó y de pronto había vuelto al mundo real.
Se incorporó en su cama mientras se quitaba el pesado casco de la cabeza. Aquella cosa era bastante incómoda, la recomendación de usarla estando acostado debería ser un requerimiento obligatorio en vez de solo una sugerencia. Tras hacer un par de ejercicios de estiramiento se masajeó el cuello dolorido y fué hacia el baño, donde luego de orinar mientras silbaba una melodía de moda se terminó de higienizar rápidamente en el lavabo. Al salir vió que la pantalla de su Pad estaba iluminada indicando que había recibido un mensaje. —Los de Alpha Corporation seguramente —pensó el joven tomando el aparato.
Veinte minutos más tarde Dante salía de su apartamento llevando apenas una mochila mientras bostezaba sin poder evitarlo. Siete horas había pasado sin darse cuenta dentro del juego y ahora eran las ocho de la mañana en el mundo real (O al menos así era el horario local de la Flota 41) —Se suponía que solo iba a estar una hora dentro de Calypso.—protestó frente a la imagen que aparecía en el espejo del elevador que lo llevó hasta la calle, pero el cristal solo le devolvió una versión ojerosa y bastante desgarbada de sí mismo.
La calle estaba desierta y Dante tuvo, por un momento, la misma sensación que había experimentado dentro del juego en aquella misteriosa ciudad en el interior de la Macross. De pronto un vehículo dobló por la esquina y pasó frente a los departamentos donde Dante esperaba en la puerta. Ver otras personas tranquilizó un poco al joven, quien se dispuso a esperar su propio transporte mientras recordaba todo lo que había sucedido el día anterior.
Al cabo de unos pocos minutos un vehículo de dos plazas se detuvo frente a Dante y la puerta se abrió sola. Para su decepción vió que era un vehículo autónomo en piloto automático, adiós a sus planes de hablar con alguno de los locales.
Una vez que hubo abordado el pequeño transporte la puerta se cerró y se pusieron en marcha de inmediato. El día anterior Dante no había podido ver mucho de la ciudad pero ahora que estaban circulando por una vía más importante podía apreciar el verdadero tamaño de aquella colonia.
La Macross 41 era una flota cuya nave Colonial era algo más pequeña que las "clásicas" islas protegidas por el enorme caparazón de almeja que albergaba un ecosistema completo en el que vivían los colonos. Si bien Macross 41 tenía una forma ligeramente achatada, abandonaba el diseño de entorno "abierto" a favor de una estructura cerrada, sin cristales que permitieran el paso de la luz al interior de la Colonia. En ese sentido se podría afirmar que Macross 41 estaba más relacionada a la Flota Galaxy en cuanto a que ni siquiera se molestaba en simular un cielo azul para sus habitantes.
El cielo de la ciudad por donde circulaba Dante eran bloques de metal y estructuras tubulares, lo que en cierta medida le recordaba la ciudad del interior de la Macross, la diferencia por supuesto era la escala… y la gente.
Dante vió varias personas trabajando y circulando por las calles aledañas. Sabía que la población de la Flota 41 ascendía algo así como a un cuarto de millón de almas, pero la mayoría de ellas se encontraba ya en las vainas de estasis, participando de aquel proyecto de viaje de larga duración mientras unos pocos empleados mantenían los sistemas de la nave desde fuera del videojuego.
Lo que sí vió en abundancia eran robots. Los había de todo tipo; pequeños drones que revoloteaban entre los edificios y otros del tamaño de camiones que recorrían las calles limpiando las aceras. Vio robots de construcción del tipo Destroids, grandes mechas de forma humanoide usados por la industria pesada (Y ocasionalmente por los militares) pero estaban quietos y silenciosos. En realidad no había gran actividad en la ciudad y los pocos habitantes que vió trabajando eran encargados de limpieza y mantenimiento. Ningún proyecto de construcción se encontraba en desarrollo en aquel momento
Tras varios minutos de marcha el vehículo se desvió de la autopista que atravesaba el centro de la ciudad y se dirigió hacia la zona donde enormes rascacielos de oficinas casi llegaban a tocar las placas metálicas del cielo de la Colonia. Para sorpresa de Dante se detuvieron justo en la puerta de uno de los más altos, una enorme mole de cristal y acero de casi ochenta pisos de altura. La puerta del transporte se abrió y la voz sintetizada de la computadora de abordo lo instó a que se bajara pronto.
El joven tomó su mochila del asiento del acompañante y bajó del vehículo. Otra vez volvía a estar solo en medio de la vereda sin peatones u otros vehículos a la vista. Suspirando se echó la mochila al hombro y entró al enorme edificio.
El vestíbulo estaba también vacío. En el mostrador de la entrada vió a un solitario guardia de seguridad que se sorprendió al ver las puertas de cristal abrirse. Dante se dirigió hacia allí y alcanzó su tarjeta de identificación ante la mirada extrañada del hombre.
—Dante Sebastian Joyner. —leyó el guardia en la pantalla de su Pad. —Lo esperan en la oficina del Director General en el piso ochenta y dos.
Mientras hablaba una pequeña compuerta se había abierto en el piso, justo al lado de donde Dante estaba parado y un pequeño Drone con forma de esfera se elevó por el aire hasta quedar a la altura de los ojos del joven. —Por favor siga al guía hasta su destino. —instruyó el guardia mientras devolvía la tarjeta de identificación.
—Gracias. —respondió el joven.
El pequeño Drone desplegó unas pequeñas alas holográficas, como si quisiera imitar una especie de hada galáctica y la palabra "Sígueme" apareció resaltada en el cuerpo metálico.
—Adelante. —dijo él encogiéndose de hombros.
Dante siguió al pequeño guia por el vestíbulo hasta una hilera de elevadores hacia el fondo de la misma. Las puertas se abrieron automáticamente al acercarse y ambos entraron mientras una serie de pantallas holográficas se encendían en las paredes del mismo mostrando paisajes y flores en vívidos colores.
El elevador tenía una de sus paredes vidriadas que daban a la cara externa del edificio, por lo que Dante ignoró las pantallas y se concentró el mirar el paisaje de tonos grises y marrones que se extendía ante él a medida que ganaban altura. Definitivamente Macross 41 no era una flota bonita. Todo era utilitario y funcional, no se veían plantas ni obras de arte, como una de esas ciudades del antiguo bloque comunista de mediados del siglo veinte que se construian con el solo objetivo de dar un lugar de reposo y vivienda al obrero y poco más.
Llegaron al piso indicado rápidamente y el guía volvió a insistir con que lo siguieran. Dante apartó la vista del paisaje gris y salió del elevador con la sensación que los constructores de la flota 41 la habían hecho fea a propósito para que la gente se quedara dentro de Calypso.
Tras un pequeño recibidor se encontraban las puertas de la oficina del Director, no obstante no vieron a nadie tras el mostrador en donde se suponia que deberia estar la secretaria de tan importante personaje. Las puertas estaban entreabiertas y una luz azulada se filtraba entre las enormes hojas de roble oscuro. Dante leyó el nombre « » en una placa dorada que informaba el nombre de la persona que se encontraba detrás de aquellas puertas.
El Drone flotó hasta la entrada y tras emitir un par de "bips" de aviso desapareció por una abertura que se abrió en el piso tal y como lo había hecho en la planta baja.
Dante se asomó a las puertas y miró hacia el interior de la enorme oficina. Las persianas de las ventanas estaban bajas y la mayoría de la luz provenía de una multitud de pantallas desperdigadas por techos y paredes pero también sobre mesas y racks de equipos de informática y servers cuya función escapaban al entendimiento del joven. El escritorio principal que se erguía justo frente a los ventanales cerrados parecía ser el del Director, pero la silla estaba vacía y no se veía a nadie alrededor.
—Permiso. —se disculpó Dante entrando a la habitación.
Detectó un movimiento en una de las sombras a su izquierda y vió que lo que al principio había confundido con un bulto era en realidad una persona inclinada sobre una estación de trabajo, quien de inmediato se quitó un grueso par de auriculares de la cabeza mientras se giraba hacia el recién llegado.
—Dante… ¿Verdad? —preguntó mirándolo con interés con unos ojos negros brillantes bajo un par de gafas de lectura.
Dante calculó que aquel joven no pasaría de los veinte años de edad, lo más llamativo era que no tenía un solo cabello en su cabeza y la luz azulada de las pantalla se reflejaba en la brillante piel de su cráneo, dándole una apariencia casi sobrenatural.
—¿Es usted el Director…? —preguntó extendiendo la mano pero se detuvo en cuanto vió que el joven sacudia la cabeza. —Detrás de tí. —dijo el otro señalando en la dirección en la que había llegado.
Dante se dió la vuelta y se encontró mirando el pecho de un desconocido que fácilmente sobrepasaba los dos metros de altura. El joven sorprendido dió un paso atrás, volteando en el proceso una silla que cayó con mucho alboroto sobre el piso de la oficina.
—No te asustes. —dijo la poderosa voz del desconocido mientras extendía las manos hacia delante. —¿Eres Joyner, no?
—Si… si señor. —respondió nervioso el joven.
El desconocido dio un paso al frente y la luz de las pantallas iluminó el rostro con rasgos Zentradi. Si bien era imposible distinguir el verdadero color de su piel debido a la escasa luz, Dante supuso que fuera de ese lugar sería de un color cercano al verde oliva. Tenía el cabello corto y bien peinado y sus ojos azules eran vívidos y brillantes y delataban una mente rápida e inteligente tras ellos. Vestía una simple camisa blanca la cual se había arremangado hasta los codos y al parecer se había quitado también la corbata. Daba un aspecto bastante amenazador, incluso vistiendo aquellas ropas de oficinista agotado por una larga jornada laboral.
—Soy el Director General de la Filial de Alpha Corporation en la Flota 41. —dijo extendiendo una enorme mano, casi del doble de tamaño que la del sorprendido joven. —Mi nombre es Máximo Duval.
Dante apretó la mano y contestó al saludo lo mejor que pudo. —Dante Sebastian Joyner. —dijo algo nervioso sintiendo la poderosa presión de la mano del hombre. —Es un placer conocerlo, Señor.
El Director retiró la mano y se cruzó de brazos mirando al joven desde lo alto. —Siento haberle asustado antes, señor Joyner, realmente no esperábamos su llegada… de hecho casi nos habíamos olvidado de usted… ¿Donde…?
—Es una larga historia. —dijo Dante pasándose una mano por los cabellos. —Digamos que me vi envuelto con la peor parte de la burocracia militar de la NUNS. —dijo encogiéndose de hombros.
—Ya veo. —respondió el hombre. —Tiene… una biografía interesante, por lo que recuerdo haber leído. —dijo mientras se llevaba una mano a la barbilla. —¿Así que le dieron de baja automáticamente luego de graduarse en la Academia...?
—Algo así. —respondió Dante con cautela.
El Director Duval lo miró con seriedad examinando cuidadosamente el rostro del joven. Aquellos ojos azules parecían poder ver a través de las cosas. —Como sabrá, trabajamos para los militares aquí. —dijo mirando hacia la ventana en donde unas pocas líneas de luz pasaban a través de las cortinas. —Y algo me dice que la abrupta interrupción de su carrera como oficial en las fuerzas armadas no es algo que quiera mostrar voluntariamente en su currículum. —agregó.
Dante tragó saliva.
El enorme hombre caminó alrededor de Dante mientras el otro joven sentado frente a su computadora seguía la escena interesado. —El Departamento de Recursos Humanos me preparó un informe sobre usted mientras estaba de viaje. —continuó diciendo mientras examinaba al nervioso joven. —Lei un par de cosas que llamaron mi atención, pero me gustaria saber mas en persona y no por lo que dice un reporte escrito por vaya a saber quien…. ¿Me comprende?
—Comprendo. —respondió Dante.
—Déjame preguntarte algo. —dijo acercandose mientras se inclinaba un poco para que su rostro estuviera a la altura de Dante. —¿Tienes algún resentimiento contra la milicia? —preguntó directamente.
—No. —respondió Dante sin dudarlo. —No tengo ningún resentimiento contra la NUNS. Mi idea era continuar en servicio activo, pero otros decidieron por mi.
El Director Duval se incorporó y movió la cabeza pensativo. —Ya veo. —dijo mirando más allá del joven que tenía enfrente. —Solo quería estar seguro de eso. Como te dije antes, el Gobierno unificado es nuestro único cliente y debemos trabajar en conjunto durante todo este viaje, nos guste o no. Supongo que ya has conocido a la Teniente O'Higgins el día de ayer. —dijo bajando la vista hacia el joven.
—Me temo que no nos conocimos en las mejores circunstancias. —reconoció Dante encogiéndose de hombros.
—¿Oh? —exclamó Duval mirando intrigado al joven. —Bueno no me sorprende… usted se adelantó y entró a Calypso antes de lo esperado… se suponía que debía tener una pequeña charla introductoria antes de acceder al sistema.
Dante se inclinó hacia el Director con una reverencia de disculpa. —Lo siento mucho. —dijo arrepentido. —Vi el casco de realidad virtual sobre mi cama y… debo reconocer que no pude resistir la tentación de probarlo. —reconoció.
Duval suspiró. —Me imagino. —dijo sacudiendo la cabeza. —Pero no es conmigo con el que tienes que disculparte… es con ella.
El joven sintió que su corazón se detenía cuando vió que Duval señalaba en dirección a su espalda. Tras respirar profundamente se volteó y vió a la Teniente O'Higgins que lo miraba fijamente cruzada de brazos apoyada contra una pared.
—Oh.. rayos. —exclamó el joven mientras Duval lanzaba una carcajada.
La joven vestía un simple uniforme de conscripto color caqui, pero a la poca luz que había Dante observó que su aspecto era exactamente igual al que tenía dentro de Calypso.
—Siento mucho haberle incordiado el dia de ayer. —dijo Dante volviendo a inclinarse hacia la joven. —No fué mi intención crear tantos problemas.
La Teniente O'Higgins miró hacia un lado y no dijo una palabra mientras Dante continuaba con la cabeza mirando hacia el piso.
—No te preocupes por ella. —dijo Duval pasando su enorme mano bajo el pecho de Dante obligándolo a enderezarse con una fuerza irresistible. —No es de hablar mucho… Oh por cierto, ese de allí es William, es el ingeniero en sistemas que estuvo interesado en tu pequeño incidente con el software de entrenamiento que suministramos a la milicia.
El joven levantó la mano en dirección a Dante. —Llamame Willy. —dijo rascándose la nariz.
Dante le dirigió una sonrisa. —Gracias por darme la oportunidad de llegar hasta aquí. —dijo. —Literalmente quedé en la calle cuando me dieron de baja en la fuerza… de no haber sido por toda una serie de coincidencias…
—Algunos de nosotros creemos en el Destino. —afirmó el Director cruzándose de brazos. —En fin, sea como sea ya estás aquí y eso significa que puedes empezar a ayudarnos con nuestro pequeño problema.
Dante miró al enorme Directivo y vió que su semblante se había puesto tenso de pronto. —¿Problema? —preguntó intrigado.
Pero Duval no lo estaba mirando a el. Dante se giró y vió que tanto Willy como la Teniente estaban mirando hacia la puerta de entrada, donde alguien había aparecido sin hacer ruido.
—Oh, veo que ya están todos aquí. —dijo una voz desconocida.
Dante se volteó y vió que una persona sobre una silla de ruedas había entrado a la oficina.
—Luz. —dijo Duval y la estancia se iluminó de repente mientras el recién llegado hacía avanzar su silla de ruedas hacia donde el Director y Dante estaban de pie.
El hombre que estaba recostado en la silla era de mediana edad y vestía un costoso traje de negocios de corte italiano. A uno de los lados de la silla se encontraba colgado un maletín de cuero negro y lo que más llamó la atención de Dante fué el dispositivo que colgaba de la parte trasera de la silla. Reconoció de inmediato el casco de realidad virtual como el que había estado usando en su habitación, pero en cambio el del desconocido parecía formar parte de la misma silla por medio de un brazo robótico que podía desplegarlo por sobre la cabeza del usuario cuando este lo quisiera.
—Así que este es el famoso estratega que han contratado? —preguntó el hombre mirando de reojo a Dante. —Creí que se había perdido en algún rincón del espacio desde hace meses. —agregó con una amplia sonrisa que mostró una dentadura perfecta.
Dante sintió un escalofrío al escuchar hablar a ese hombre. Algo en su interior le decía que ese tipo eran malas noticias.
No se equivocaba.
(1) GCAS Ground Collision Avoidance System (Sistema de Evasión de Colisiones contra el Terreno)
