Las puertas de vidrio se cerraron detrás de Dante y el joven contempló las calles vacías de la ciudad. Un pequeño drone revoloteaba en las alturas y a lo lejos se escuchaba el martillar de alguna máquina pesada. Fuera de eso no había señales de vida en el interior de la enorme nave colonial.
Tomó su Pad y buscó entre las aplicaciones de la Colonia la que necesitaba en esos momentos, a los pocos minutos un solitario taxi autónomo doblaba la esquina y se detenía junto a la entrada del enorme edificio.
Ya habían pasado varios minutos del mediodía y su estómago le estaba recordando de forma algo maleducada que no había desayunado nada más que un jugo de naranja en la oficina de Duval. Volvió a consultar el Pad e indicó al piloto automático que se desviara hacia una tienda de comestibles cercana que se mantenía abierta las 24 horas.
A esas alturas Dante ya no se sorprendió de no encontrar a nadie en el establecimiento. Tomó un par de bocadillos y unas bebidas de las heladeras y pasando por la caja dejó que el sistema automático registrara sus compras y las debitara automáticamente de la cuenta que Alpha Corporation había creado para él el día anterior. Se sentía bien volver a tener un poco de dinero para gastar.
Subió al taxi y se dejó llevar por las solitarias calles de la ciudad hasta su departamento mientras meditaba en las cosas que había presenciado aquella mañana. Su mente había absorbido toda la información como una esponja sedienta, pero aún así había varios puntos que no le quedaban claros. El más apremiante era que ni Duval ni Willy le habían explicado cuál era el problema que querían que solucionase.
Todo parecía girar en torno a ese misterioso enjambre. ¿Se trataría de una especie de culto que se estaba formando dentro del juego? ¿O tal vez algún tipo de agrupación terrorista? Eran posibilidades claro, pero si fuera algo de esa gravedad la NUNS no lo pensaría dos veces y arrancaría sin muchos miramientos a los sospechosos de esas vainas.
Debía haber algo más en todo aquello, un problema que debía solucionarse internamente, sin interferencia de los militares o el gobierno.
El pensar en la milicia trajo a su mente el rostro de la Teniente O'Higgins y su actitud hostil desde que se conocieran. Dante sospechaba que la chica podría tener lazos con los Hughs y su "Vendetta" a través de lo largo y ancho de la galaxia pero… ¿La hija del Capitán de la Flota 41? Willy no bromeaba con que se había buscado los enemigos más difíciles de todo el juego… si es que aquel desastre en el que se había convertido su carrera profesional podría calificarse como uno.
Tendría que cuidar sus palabras cuando estuviera cerca de la Teniente. Al menos le consolaba saber que la chica era de hablar poco y probablemente sus oportunidades de interacción estarían limitadas. Un malentendido en el lugar y momento inoportunos y terminaria sus días en una de las celdas de la Macross 41.
Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no reparó en cuanto el taxi llegó a destino. La voz digital del asistente le informó el importe del viaje y le recordó que no dejara ningún efecto personal olvidado en el interior del vehículo. Dante se bajó y sin perder más tiempo se dirigió hacia su nuevo hogar.
Su apartamento se encontraba en uno de los barrios que rodeaban la urbe de la Colonia. Podía ver desde la calle las enormes paredes de metal que se alzaban hasta encontrarse con el techo a casi a un centenar de metros por encima de su cabeza. Se veain un par de luces más en las ventanas del edificio y Dante se preguntó si debía presentarse a sus nuevos vecinos o simplemente comenzar a vivir ahí sin llamar demasiado la atención tal y como Sutherland le había recomendado que hiciera.
Dejó la decisión para más tarde y entró al palier llevando su mochila en una mano y la bolsa con las compras en la otra.
Unos cinco minutos más tarde se encontraba en su apartamento y tras sacarse los zapatos en el recibidor se arrojó en un pequeño sillón para relajarse un poco.
No tardó mucho en perder todo interés en la relajación, al fin y al cabo estaba trabajando, aun desde la comodidad de su nueva casa. Se levantó y caminó hasta la habitación en donde echó una mirada al casco de realidad virtual que había quedado sobre la cama a medio hacer. Estuvo tentado de colocarselo enseguida pero lo pensó nuevamente y se dirigió en cambio a la pequeña cocina.
Mientras el agua en la cafetera hervía guardó sus compras en el refrigerador y examinó un poco mejor lo que tenía a su disposición. El apartamento estaba muy bien amueblado y bien provisto de todo lo necesario para una vida confortable. Tomó uno de los paquetes de ramen instantáneos que había comprado y tras abrirlo echó en su interior el agua hirviendo. Posteriormente cerró la tapa del envase y lo dejó sobre la mesa para dejar que se prepare solo.
Mientras tanto se cambió de ropa y ordenó un poco el lugar mientras pensaba en su "asignación" del dia. ¿Debía ponerse a jugar un videojuego? Duval dejó bien en claro que la prioridad era que conociese el juego. ¿Tendría que hacer un tutorial? ¿Buscar alguna guia On-Line?
Volvió a la mesa del comedor con su Pad encendido y destapó el envase de ramen. Una nube de vapor se elevó desde el interior y el aroma a fideos y caldo inundó el ambiente. Dante tomó los palillos y tras separarlos con un solo movimiento se puso a comer ávidamente mientras miraba la pantalla del aparato donde una serie de videos que había seleccionado le contaban cosas sobre el juego.
Calypso era muy similar a otros juegos que Dante había jugado en su niñez. Uno elegía una clase de personaje y a medida que derrotaba monstruos y realizaba trabajos para las diferentes facciones del mundo podía ir progresando y mejorando las habilidades de su personaje. La única diferencia sustancial era que en el mundo de Calypso conviven todas las razas de la Protocultura que la humanidad se había encontrado en los últimos 70 años de exploración de la Galaxia.
Obviamente los Zentradis eran los más conocidos, tanto en su forma gigante como en su forma "Microniana", pero también existía el Mestizaje, que amalgamaban características de ambas razas, lo que potenciaba (o limitaba) ciertas habilidades inherentes de cada una.
Pero no solo entre Humanos y Zentradis podían crearse personajes mestizos; todas las razas de la Protoculturas podian entrecruzarse y generar diferentes tipos de mestizaje (Y al parecer el jugador podía definir la cantidad de características genéticas que se podían manifestar durante la creación de un personaje) y así la variación de personajes era extremadamente amplia, así como sus poderes y habilidades innatas a cada una de ellas.
Un simple vistazo al proceso de creación de personajes de Calypso hizo que la cabeza de Dante comenzara a dar vueltas. Las opciones eran apabullantes y se alegró de todo corazón que Willy hubiese generado un personaje con valores aleatorios para librarlo de todo ese proceso que, al parecer por la duración del video, podría durar más de una hora.
Lo unico que habia pedido el joven era que se conservara su apariencia real, lo que en definitiva dictaminó que su personaje sería un Ser Humano sin ningún tipo de habilidad mágica o sobrehumana.
Dante no tenía ningún problema con ello y Willy completó los últimos detalles a su cuenta de jugador con el pulsar de solo un par de teclas. —Aquí tienes a tu personaje. —señaló el Ingeniero mientras su dedo apuntaba a la pantalla. —¿Qué te parece?
Dante apareció vestido con las mismas simples ropas con las que había aparecido en Calypso la noche anterior, la única diferencia es que ahora su piel era del tono adecuado y una espada larga asomaba colgada de la espalda.
—¿Voy a ser un guerrero? —preguntó Dante.
—Todos los humanos aparecen con el mismo equipo básico. —respondió Duval. —Puedes escoger luego con que tipo de arma especializarte, hay más de una docena de clases de armas de las que escoger y especializarte… te recomiendo que pruebes todas las que puedas y te familiarices con la forma de combatir.
—O puedes escoger el camino de la magia. —agregó Wally. —Pero los humanos en Calypso están más orientados a usar armas físicas y ataques cuerpo a cuerpo, tus opciones arcanas son algo limitadas.
—Comprendo. —había respondido el joven.
—Cuando estés listo para volver al planeta envía un mensaje a la Teniente, ella te dejará cerca de la ciudad de inicio para que puedas empezar tu aventura.
Dante se rascó la cabeza. —¿Enserio me van a pagar por hacer esto? —preguntó mirando al enorme Director.
—Aún estás a prueba. —respondió Duval mirándolo fijamente con esos grandes ojos. —Recuerda que nos queda una semana hasta que comience el salto de largo alcance, todavía puedo meterte en un transporte y regresarte a Eden de una buena patada en el trasero.
—Si Señor. —respondió nervioso el joven.
El juego era, en apariencia, muy simple. Todos los ataques y acciones se realizaban mediante la virtualización de los movimientos que el cerebro del usuario generaba y eran "interceptados" por el casco de realidad virtual para ser traducidos al juego. La verdadera complejidad de Calypso residia en todos los subsistemas simulados que eran, generalmente, transparentes al usuario.
Desde la cantidad de energía que era disipada por un golpe de espada cuando impactaba en un escudo hasta la aerodinámica de una flecha lanzada por un arquero en un dia particularmente húmedo, el UniEngine aplicaba una exhaustiva simulación física a cada elemento presente del juego.
Calypso era fácil de aprender pero casi imposible de dominar. La cantidad de factores en juego en cada acción del usuario hacían que depender del sistema de ayuda del juego o "Sexto Sentido" como se lo conocía más familiarmente, fuera algo casi obligatorio.
Obviamente ese sistema de ayuda podía desactivarse a voluntad de uno, pero en ese caso era el usuario mismo el que debería ser un experto en esgrima, arquería o acrobacia para realizar las proezas en el juego, cosa que pocos podían lograr.
Terminó su almuerzo y arrojó el envase usado y los palillos al cesto de reciclaje tras lo cual abrió una cerveza mientras se asomaba a la ventana que daba al exterior.
El paisaje allí era tan o más deprimente que el que se veía desde el elevador de la torre de Alpha Corporation. Bloques y bloques de edificios de apartamentos se erguían uno junto al otro iluminados por las luces naranjas del alumbrado público. La mayoría de las ventanas estaban cerradas y con las cortinas corridas. No se veían plantas ni árboles por ningún lado.
Sin nada más que hacer terminó su bebida y corrió las cortinas. Luego se dirigió a su habitación y atenuó las luces lo suficiente para que no le molestaran durante su sesión de juego, pero sin dejarlo en una completa oscuridad. Se había puesto ropa algo más cómoda para entrar a Calypso así que simplemente se acostó en la cama y se puso el casco en la cabeza.
En cuanto el aparato detectó sus ondas cerebrales los auriculares se desplegaron sobre sus oídos y la pantalla frente a sus ojos se encendió y la interfaz de inicio se desplegó informando el estado del aparato y el de los servidores del juego. Todo estaba en verde.
—Estoy listo para entrar. —dijo en voz alta para que el sistema reconociera su voz. Un breve escaneo de sus pupilas y la interfaz instruyó a Dante que se relajara y dejara sus brazos al costado de su cuerpo mientras los generadores de ondas Alfa comenzaban a inducir el estado de sueño REM en el cuerpo de Dante.
Los ojos del joven se cerraron de golpe en cuanto el hardware de Calypso tomo completo control del sistema nervioso central.
Y se volvieron a abrir en la misma habitación del hotel en donde Dante se había desconectado el dia anterior.
Dante se incorporó y observó que vestía las mismas ropas de aventurero que había visto en la pantalla de la terminal de Willy. Extendió el brazo hacia atrás y sintió el pomo de la espada fijada a su espalda. Quiso desenfundar el arma pero un cartel le informó que se encontraba en un área pacificada.
Desistió de examinar su nueva espada y en cambio se dirigió hacia la ventana. El paisaje de la ciudad de la SDF-1 era el mismo que recordaba, pero ahora se sentía extrañamente fuera de lugar vestido con ropas medievales en la habitacion lujosa de un hotel de finales del siglo Veinte.
Salió de la habitación y descendió hasta el vestíbulo de la entrada usando el elevador. Tal y como había pasado la noche anterior no vió a nadie en los alrededores y todo estaba igual que antes. Incluso vió el mismo cigarrillo humeando en el cenicero.
Pensó en llamar a la Teniente O'Higgins pero desistió de inmediato. Quería explorar la ciudad y si acaso podía, la nave entera.
Dante conocía la SDF-1, la real por supuesto. Había ido con su escuela cuando tenía diez años y todavía recordaba la profunda impresión que aquellas dos torres enormes que se elevaban al cielo causaron en sus jóvenes ojos. La nave había sido completamente reconstruida y se había transformado en los cuarteles generales de la NUNS en La Tierra, aunque su función era más ceremonial que práctica. Si bien la nave podía despegar desde el sitio en donde estaba anclada, era algo que se reservaba para ocasiones extraordinarias y que pocos habían presenciado.
El joven recordaba la enorme torre de control y el puesto del Capitán y los oficiales pero también recordaba como habían reconstruido parte de la ciudad de South Ataria dentro de las entrañas de la nave, aunque claro, aquellos edificios eran apenas una escenografía destinada a los curiosos que querían ver cómo había sido una parte de la historia de la humanidad. En Calypso se podía entrar a cada uno de ellos si quisiera y explorar libremente todos los recovecos.
Cuando salió a la calle ya estaba decidido a explorar la nave en solitario. Comenzó a caminar en la dirección en la que había visto el parque y no tardó en llegar hasta la base de donde partían todas las escaleras y pasarelas que llevaban hasta donde se podían ver las copas de los árboles asomando entre las cubiertas de metal.
El parque era pequeño pero muy bien cuidado e iluminado. Vió no sólo árboles, sino césped verde, flores y la fuente de agua cristalina que danzaba reflejando las luces del alumbrado público. El joven dió una vuelta completa por el lugar y descendió al nivel de la calle por el otro lado. Quería buscar un lugar que recordaba haber visto en un video de la Academia.
Encontró el restaurant chino de la familia de Minmay en una esquina a solo una cuadra de distancia. Las puertas estaban abiertas y las luces encendidas como todos los locales que había visto. Para su sorpresa muchas de las mesas estaban preparadas y servidas. Vió platos rebosantes de comida y bebida, incluso con las velas encendidas.
Sonrió cuando vió aquel enorme plato con una cabeza de Atún como una siniestra decoración, pero lo que más le sorprendió la enorme foto que vió en una de las paredes del restaurante.
Minmay aparecía en ella vestida con sus ropas de mesera del restaurante chino y Dante no pudo hacer nada más que admirar en silencio el rostro de aquella mujer que, solo con su voz, había derrotado a uno de los ejércitos más poderoso de la galaxia.
Minmay.
Era algo más que una leyenda por supuesto, había algo mágico en su voz, algo que hacía que los hombres (y otras razas de la Protocultura) quedasen sin palabras ante aquellas canciones que llegaban al corazón para dejar su huella imborrable. Si existía la magia en el mundo real, Minmay era la prueba viviente de ello.
Se alejó del poster y pasó junto a una mesa donde habían colocado una bandeja repleta de bollitos al vapor que aún humeaban. Dante tomó uno de ellos y sintió el calor en sus dedos. Sin pensarlo dos veces se metió uno en la boca e intentó saborearlo. Para su desilusión no sintió ningún sabor ni nada especial. Tragó el bocadillo y tomando uno más de la pila se lo metió en el bolsillo por si acaso más tarde tuviera hambre, luego salió del restaurante silbando una melodía.
Todavía le quedaba un lugar por conocer en la nave y era el Puente de Mando de la Macross. Caminó por la ciudad hasta que vió un transporte de personal militar aparcado junto a lo que parecía un puesto de control de la Policía Militar. Se subió al vehículo y con satisfacción vió que las llaves estaban puestas y las baterías cargadas.
No le resultó difícil encontrar una ruta hacia su destino. Dado que la posición de la ciudad con respecto al centro de la nave (Desde donde se erguía el puente en modo crucero) era conocida, le bastó con poner rumbo hacia la proa y comenzar a subir por las cubiertas cada vez que veía una rampa en la dirección deseada. Al cabo de diez minutos de dar vueltas encontró la ruta principal y para su fortuna se encontraba perfectamente señalizada. Cinco minutos más tarde se encontraba justo debajo de la enorme superestructura del puente de mando.
Se apeó del transporte y tomó uno de los elevadores. No había guardias ni sistemas de seguridad automáticos. Todo estaba abierto y sin vigilancia. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron toda la majestuosidad del enorme espacio se reveló ante el asombrado joven.
El Puente de mando de la Macross era una verdadera torre compuesta por varios niveles en donde el Capitán y sus oficiales ocupaban la parte superior. Todo el conjunto de puestos de mando estaba a su vez encapsulado por el enorme domo de cristal que formaba el frente de la Torre propiamente dicha. Desde la cubierta en donde los ascensores llevaban a diferentes partes de la nave partían rampas que daban acceso a todos los puestos de control. Dante se dirigió hacia la parte superior, casi como si estuviera entrando a un sitio sagrado.
La desconcertantemente pequeña puerta se abrió con un leve zumbido y dante se agachó para no golpearse la cabeza con el marco de acero. El asiento del Capitán no se encontraba en el centro de la estancia, al contrario de las nuevas naves Clase New Macross, sinó que se hallaba a un lado, como si fuera otro puesto de comando más. La única diferencia con el resto era el tamaño del respaldo de la silla.
Bruno J. Global había sido un hombre grande, no solo en lo que a su excelente carrera militar se refería y al parecer su silla de Capitán reflejaba eso mismo.
El joven caminó en silencio por el puente observando el increíble y exquisito detalle con el que los diseñadores habían reproducido cada tornillo, cada muesca en el respaldo de los asientos. Era algo casi real. Acarició los materiales de cada uno de los aparatos y mobiliarios de aquel lugar sintiendo las diferentes texturas en sus dedos. Era una experiencia realmente asombrosa.
Resistió la tentación de sentarse en la silla del Capitán. Aquel sitio era un lugar casi sagrado y ningún hombre menor podía mancillarlo en ausencia de su legítimo ocupante. Se sorprendió al notar que todos los sistemas parecían estar funcionando, tanto las pantallas de radar como la computadora de navegación mostraban en ese momento que todo se encontraba en estado de espera dentro y alrededor de la nave.
Dante caminó hasta los puestos del navegante y el oficial de comunicaciones y miró por la ventana
Calypso mostraba su lado oscuro en aquel momento y solo se veía el contorno azul iluminado por la luz que se refractaba en la atmósfera rica en oxígeno del planeta. Por supuesto no se veían luces artificiales en aquella noche dado que la electricidad no existía en Calypso, no obstante se podían ver las descargas eléctricas de las regiones en la que estallaban las tormentas en aquel mismo momento.
Macross se encontraba en una órbita tal que siempre se mantenía sobre el lado oscuro del planeta. Dante supuso que el objetivo de tan curiosa posición era evitar que la nave espacial fuera visible desde Calypso para los jugadores ya que el albedo de la fortaleza debía ser extremadamente reducido con el sol eclipsado por el planeta. De todas formas con algo más de 1.2 kilómetros de largo y a esa distancia dudaba que pudiera ser visible a simple vista, incluso si alguna de las dos lunas llegaban a reflejar la suficiente luz para iluminar el oscuro casco de la nave.
Algo en una de las pantallas del oficial de radar llamó su atención y se acercó con curiosidad al puesto que ocupara la Oficial Vanessa Laird. El radar estaba en modo pasivo y solo rastreaba los contactos que llegaban por medio de los sensores repartidos por toda la torre de control, pero también de las señales que llegaban retransmitidas de otras naves.
Para su sorpresa, descubrió que uno de los datalink estaba activo y recibiendo datos en tiempo real.
—Esto parece interesante. —dijo tomando asiento frente a la enorme pantalla. —Veamos que hay allí fuera.
La interfaz del radar era extraña, muchos de los controles eran incluso analógicos con perillas y botones reales que uno tenía que presionar y girar con fuerza para introducir las instrucciones a la computadora, pero al menos la simbología del sistema de rastreo y adquisición de blanco era bastante similar a las actualmente usadas por todas las naves de la NUNS. Poco había cambiado en casi Setenta años de existencia de las fuerzas de defensa aeroespaciales y al parecer la máxima de "Si funciona, no lo arregles" era una de las favoritas de los militares. El joven estaba entrenado para interpretar esa clase de información y pronto su mente comenzó a olvidarse que llevaba una espada de hierro atada a la espalda y estaba vestido como un aventurero de fantasía.
Dante descubrió que el enlace de datos activos pertenecía a un caza que en aquellos momentos se encontraba a una distancia de casi ocho mil kilómetros de distancia y al parecer se encontraba enzarzado en un combate.
Sin pensarlo dos veces activó el radar principal y apuntó el vector de rastreo hacia la zona en donde aquella nave se encontraba operando. El enorme array de sensores ubicados en la parte superior de la Torre de Control se puso en movimiento y varias antenas apuntaron hacia una región del espacio señaladas por las instrucciones del joven estratega.
Para su sorpresa una nave Zentradi apareció en la pantalla y varios contactos más pequeños pronto la siguieron.
—Vaya vaya. —murmuró Dante mirando la pantalla. —¿Que demonios pasa aquí? ¿Es una broma o que?
Identificó el contacto como clase Picket, un tipo de nave relativamente pequeña usado para reconocimiento e interdicción por la Armada Zentradi.
El joven centró su atención en la nave de combate que luchaba contra las tropas enemigas, ampliamente superada en número, pero aun asi parecia estar desenvolviéndose de forma excepcional en el campo de batalla. Los contactos enemigos desaparecian del radar cada vez que se cruzaban frente a las armas de aquel misterioso caza, pero simplemente eran demasiados.
Dante pensó en que una descarga de artillería podía fácilmente acabar con la nave Zentradi que se encontraba estacionaria y al alcance de las armas secundarias de la fortaleza. Diablos, incluso hasta podría usar el cañón principal… ¿O no? Apartó aquella idea de su mente de inmediato.
Examinó el Datalink en busca de información sobre el piloto y su avión y confirmó lo que ya sospechaba desde el principio.
—Así que realmente es usted, Teniente O'Higgins. —exclamó el joven con una sonrisa.
La joven luchaba contra una docena de pods Zentradi que la atacaban incansablemente de todas las direcciones al mismo tiempo. El VF-4 se movía entre el fuego enemigo como si un rayo se tratase, pero su fuselaje mostraba varios impactos indirectos. El combate no marchaba bien para la piloto.
Dante observó que el enlace enviaba dos tipos de señal de video: uno originado en la cámara principal de rastreo del caza (Osea la cabeza del robot) y otro originado en la consola de la cabina, por lo que si queria, podia ver el rostro de la piloto desde su pantalla.
Revisó nuevamente el radar y rápidamente comprendió la situación. Sin pensarlo dos veces tomó el Headset de comunicaciones y tras calzarse el voluminoso aparato en la cabeza habló al micrófono con voz clara y firme. —Skull Uno, aquí SDF-1 Macross. El radar detecta una docena de contactos con rumbo de intercepción a su posición actual. Se recomienda una retirada inmediata de la zona de combate.
Hubo unos segundos de silencio en la radio y de pronto la voz alarmada de la Teniente se escuchó claramente por sobre el sonido de las explosiones. —¿Quien habla? ¡Identifíquese de inmediato!
—Soy Dante Sebastian Joyner y estoy operando el radar principal de la SDF-1, siga mis vectores y la sacaré prontamente de la zona de peligro. —respondió calmadamente. —Cambie inmediatamente el rumbo al vector cero-cero-seis…
—¡Sal inmediatamente de ese lugar! —exclamó la Teniente. —¡No puedes estar ahí!
La imagen de la piloto apareció en una ventana de la pantalla del radar y Dante supo que ella tambien podia verlo. —Nadie me dijo que no podía entrar aquí. —se disculpó el joven. —Pero estoy entrenado para manejar estas cosas y si no sigues mis instrucciones…
—¡No necesito tu maldita ayuda, Joyner! —gritó la joven. —¡Esto no te incum…! ¡Ahhh!
Lo último que vió el joven antes de que la transmisión se cortase abruptamente fué la cabina envuelta en una enorme explosión.
Dante se quitó el auricular y lo apoyó en la consola de comunicaciones sabiendo que había firmado algo así como su sentencia de muerte. Suspiró profundamente y apagó el radar activo y los enlaces de comunicaciones. Mientras los enormes discos de metal volvían a su posición original el joven terminó de apagar el resto de los sistemas. Al cabo de unos minutos todo volvió a estar en "Stand-by" tal y como lo había encontrado. Tomó la bitácora del puesto de radar y escribió rápidamente lo que había sucedido tal y como estaba entrenado para hacerlo.
No tardó mucho en abrirse la puerta del Puente de Mando y la teniente O'Higgins, todavía llevando su traje de vuelo negro, entró con el casco en la mano. Dante se levantó de la silla y sin pensarlo demasiado se arrodilló en el piso e inclinó su cabeza hasta tocar con la frente el suelo de metal, tal era la manera japonesa de ofrecer sinceras disculpas. —Lo siento mucho. —dijo sinceramente arrepentido.
Karina O'Higgins lo miró y dejó su casco sobre una de las consolas, luego sin decir una palabra se encaminó hacia el puesto del navegante y se sentó en la silla. —Tenías razón. —dijo al cabo de unos segundos de silencio mirando el planeta envuelto en la oscuridad.
Dante abrió los ojos. —¿Eh?
—Revisé la simulación en mi Pad. —respondió la joven mostrando la pantalla de su aparato. —El vector que me diste era la única salida posible de aquella emboscada.
Dante se incorporó y se apoyó en una de las consolas. —Siento realmente haber arruinado tu entrenamiento. —dijo. —Me… propasé, nunca debí haber entrado aquí sin permiso pero… este lugar es…
—Te comprendo. —respondió la joven. —Este lugar es algo así como un sitio sagrado. ¿Tu eres de La Tierra, verdad?
Dante asintió.
—¿Conoces la SDF-1 por dentro?
—Si, la visite hace años durante una excursión con la escuela, pero la entrada al puente está estrictamente prohibida, solo recorrimos algunas partes del interior y la reconstrucción de la ciudad.
La Teniente acarició el metal de la consola del puesto que ocupara Claudia LaSalle. —Esto es lo más real que se puede conseguir con la tecnología actual. —dijo con voz extrañamente melancólica.
Los dos jóvenes permanecieron en silencio escuchando el sonido de las máquinas alrededor. El único indicativo del paso del tiempo era Calypso girando lentamente sobre su eje. Fué La joven quien rompió primero el silencio.
—¿Es verdad lo que se dice en la milicia sobre ti? —preguntó de forma directa.
Dante se encogió de hombros. —¿Me creerías si dijera que no?
Karina seguía mirando las estrellas a través del cristal. —Hasta anoche no. —respondió sin dejar de mirar hacia afuera. —Pero esta mañana, luego que me fuí de la oficina, me puse a revisar algunos detalles sobre tu caso en las redes del ejército.
El joven guardaba silencio.
—Dicen que saboteaste una operación conjunta para sumar puntos en tu historial y poder graduarte con puntaje perfecto, matando a todos tus compañeros en el proceso. —dijo volviendo la cabeza hacia Dante. —¿Es verdad?
—Es verdad que morimos todos durante la operación. —respondió el joven. —Y que fuí el único responsable de ello. —reconoció.
La teniente O'Higgins lo miró intrigada. —Osea que no lo niegas.
—Solo la parte de los puntos es una vil mentira. —dijo mirando el casco de vuelo de la Teniente.
—Algunos dicen que solo eres un Troll, que tu objetivo fué poner en ridículo a la milicia, pero otros dijeron que eres un manipulador peligroso e impredecible y que expulsarte de la fuerza fué la medida más adecuada para evitar que una locura tuya pusiera a hombres y mujeres en peligro.
Dante la miró a los ojos. —Pero incluso después de leer todas esas cosas horribles sobre mi, me das el beneficio de la duda… ¿Por que?
La joven frunció el entrecejo. —Porque sé lo manchada que está la milicia por dentro. —dijo con un dejo de ira en la voz. —Y porque vi como defendias a esa jugadora durante nuestro encuentro ayer por la tarde.
El joven sacudió la cabeza. —Fue un gesto inútil, no tenía ninguna chance de proteger a Silvana de ese monstruo, además… ¿No podría haber sido solo una actuación? —preguntó mirando a la piloto nuevamente a los ojos. —¿No crees que alguien de mi calaña intentaría dar una buena impresión?
Karina sacudió la cabeza. —No serias el primero que intenta ganarse mi amistad con un gesto falso. —respondió. —Muchos me creyeron una vía fácil para acceder a los favores de mi padre y no me costó trabajo demostrarle lo errados que estaban.
Dante asintió. —Y sin embargo…
—Y sin embargo no estaba del todo segura sobre ti. —respondió ella cruzándose de brazos. —Algo en tu historia me intrigaba.
—¿Que cosa?
—Sutherland. —respondió la Teniente. —El General Retirado Robert Sutherland te dió su apoyo. Eso no es una casualidad.
El joven la miró asombrado. —Tu…
—Puedo dudar de la integridad de la Fuerza. —continuó diciendo la joven. —Pero no de la integridad del General Sutherland. Ese hombre personifica el honor y la vocación de servicio.
—Fué el propio Sutherland quien me rogó que dejara la Milicia. —respondió Dante. —Dijo que la corrupción en la fuerza se había estado extendiendo como un tumor por toda la galaxia.
—Si, lo se. —respondió ella. —Y él ha quedado completamente solo y rodeado de enemigos.
Dante sintió una oleada de remordimiento. Karina O'Higgins tenía toda la razón por supuesto. —Hubiera con gusto renunciado a esa mierda de puntos con tal de quedarme con él y aprender todo lo que sabe. —dijo apretando los puños. —Pero otros decidieron mi destino a la fuerza y no pude hacer nada para evitarlo… ¡Nada!
—No eres el único, Joyner. —dijo la joven mirando la silla del Capitán. —No te creas que estoy aquí por voluntad propia.
Aquello verdaderamente sorprendió al joven, quien la miró extrañado. —¿A qué te refieres?
Pero la joven no respondió y volvió a mirarlo fijamente. —Tal vez te haya juzgado mal al principio, Joyner. —dijo. —El tiempo dirá si estuve equivocada o no.
—Puedes llamarme Dante. —dijo el joven rascándose la cabeza.
—De acuerdo, Dante. —dijo suspirando. —Espero que el martillazo no duela tanto.
—¿Que martilla…?
El golpe del enorme martillo de guerra dió de lleno en la cabeza del joven y lo lanzó violentamente contra la pantalla del radar. El crujido que hizo el cráneo del estratega al recibir aquel devastador golpe fué tan realista que hasta la propia Teniente O'Higgins hizo un gesto de dolor.
