—Recuerden que los exámenes de medio término están a la vuelta de la esquina. —dijo el maestro mirando a la clase. —Espero que todos hagan un esfuerzo.
Silvana cerró el libro y estiró sus brazos sobre el pupitre. La campana de la escuela había sonado y los alumnos comenzaron a levantarse de los asientos y guardar sus útiles en los bolsos para regresar a casa.
—Sil.
—¿Que sucede Paula? —preguntó la chica dándose la vuelta.
—¿Enserio vas a seguir en La Orden? Escuché que sólo ayer se disolvieron como cinco clanes de los ocho que hay en Jenne. —preguntó una alumna con actitud cansada apoyando su cabeza en el pupitre. —Si esto sigue así...
En la escuela era obligatorio que los avatares de cada alumno sean representaciones exactas de sus personas reales, por lo que Silvana allí era una humana común y corriente de cabellos castaño oscuro y una vincha blanca que hacía que su pelo cayera hacia atrás libremente. —Tengo que ayudarlos. —respondió la chica melancólicamente. —Ellos hicieron mucho por mi y me corresponde devolver el favor.
La joven conocida como Paula suspiró. —A mi tampoco me gusta El Imperio… tienen todas esas listas de reglas y códigos de honor que son un incordio para respetar… dicen que El Enjambre es mucho más divertido y sin reglas molestas.
—No hay nada de divertido en matar a otros jugadores. —respondió Silvana con voz tensa. —Lo que esos tipos hacen es cruel, no solo con los jugadores, sino contra el propio Calypso.
—Otra vez con lo de la ecología. —la recriminó su amiga. —Es un mundo virtual Sil, no estas obligada a cuidar los árboles y las ballenas como en un planeta de verdad.
Pero la chica no estaba convencida y en cambio miró el paisaje por la ventana. —Puede ser una simulación. —dijo. —Pero es el mundo en el que vivimos y debemos protegerlo. ¿Acaso no sabías que los jugadores tenemos el completo control sobre el planeta?
Su amiga volvió a suspirar. —Piensas como una druida hasta cuando estás fuera del juego.
Antes de que la joven pudiese responder algo una tercera estudiante se acercó a ellas mostrando una pantalla desplegada desde su pad.
—Miren esto. —dijo señalando la imagen.
Era una captura de pantalla de Calypso que mostraba las montañas y algo de bosque. En la esquina superior izquierda se veía un puntito blanco bastante fuera de foco.
—¿Que se supone que sea eso? —preguntó Silvana.
—En las redes se comenta que varios vieron al avión ese de la NUNS sobrevolando al sur de Jenne.
Paula apartó los ojos de la imagen y miró a Silvana. —¿Ese no es el lugar donde vas a entrenar tus habilidades de Druida? —preguntó.
—Creo… creo que si. —respondió confundida.
—Se supone que es un Veedor de los militares. —dijo la chica recien llegada. —Nadie sabe quien es el piloto de ese avión o que función cumple dando vueltas por el cielo del planeta.
Silvana estuvo a punto de decir algo pero un cuarto estudiante se acercó al grupo. —Si ese avión solo estuviera dando vueltas por ahí, eso no molestaria a nadie. —dijo el chico señalando el puntito blanco. —Pero aparentemente ayer mató a un jugador en esa zona.
—¿Ma-Masao? —exclamó Paula sonrojándose. —¡No-no te vi llegar!
Masao era uno de los chicos más apuestos de la clase de Silvana y raramente se acercaba a hablar con ellas… salvo claro, cuando intentaba reclutarlas (Sin demasiado éxito hasta entonces) para su propia división de jugadores en El Imperio.
—Tu vas siempre a entrenar a ese bosque ¿Verdad Silvana? —preguntó el atractivo joven
mirando a la chica. —¿Pudiste ver algo?
A Silvana no le gustaba la actitud de ese chico y sus tácticas de reclutamiento. Casi todas las chicas que habían entrado al Imperio de su clase lo habían hecho convencidas por Masao y sus dulces palabras. —Estuve en el bosque toda la tarde. —dijo visiblemente molesta apartando la vista de los ojos verdes del joven. —No vi nada.
El chico asintió en silencio y sacó su propio Pad de uno de sus bolsillos. —Que lástima. Un testimonio directo seria algo mas interesante que los simples rumores que circulan por las redes sociales… sin embargo han aparecido cosas interesantes, esta es una reconstrucción digital que alguien hizo utilizando varias capturas diferentes de pantalla de gente que vio al avión ese.
La imagen que apareció en el pantalla del pad de Masao era un rejunte de pixels algo más claros, pero la forma del avión era reconocible, al menos las alas y los dos enormes motores resaltaban contra el cielo azul de Calypso.
Silvana extendió la mano y usando sus dedos índice y pulgar hizo un "zoom" a la imagen en la zona cerca de la cabina, tratando de distinguir la figura del pobre Dante atrapado por la mano del robot..
—¿Qué es lo que buscas? —preguntó intrigada Paula.
—Nada nada. —exclamó rápidamente Silvana regresando la imagen a su tamaño original.
Masao volvió a mirar a la chica de la vincha blanca. —Algunos afirmaron que el caza estaba con los brazos desplegados… como si estuviera llevando algo en una de sus manos. —dijo.
—Eso sí que no sería algo raro. —exclamó la otra chica. —Escuché que los militares secuestran jugadores para usarlos en experimentos y luego les borran la memoria.
—Yo escuché que reclutan a los mejores jugadores y se los llevan para entrenarlos en secreto en una base que hay en una de las lunas. —comentó Paula. —Quieren crear Super-Soldados con el cerebro lavado para cumplir las más horribles órdenes sin chistar.
Silvana suspiró agotada. —¿En serio creen en esas tontas leyendas urbanas?
Masao apagó la pantalla del Pad y golpeó la superficie del pupitre de Paula con el dedo. —Detrás de todas esas leyendas puede haber algo de verdad… se han visto luces en ciertas partes del cielo de Calypso en las noches más oscuras sin las lunas y algunos dicen que eran explosiones, como si hubiese un combate en la órbita del planeta. Eso solo pueden ser actividades militares, aunque vaya a saber cual es el verdadero motivo.
Para entonces varias chicas se habían unido al grupo atraídas por la presencia de Masao y todas ellas comentaban algo sobre las actividades ilícitas y poco éticas de los militares de la NUNS que, aparentemente, tenían agentes y acaso todo un ejército de robots listos para atacar y reprimir cualquier foco de disidencia en el videojuego. Silvia tuvo suficiente con aquello y continuó guardando sus libros.
—¿Quieres venir al centro comercial después de la escuela? —preguntó Paula volviéndose hacia su amiga.
Silvana sacudió la cabeza. —Tengo que estudiar para los exámenes y luego prometí que haría un par de sesiones en las catacumbas de la ciudad para recaudar algo de dinero para el Clan.
—Aburridoooo….
La joven se levantó del pupitre y tomó su bolso. —Estoy segura que encontraremos la manera de pasar la crisis. —dijo esperanzada. —Nos vemos mañana.
—No te quedes hasta muy tarde. —le respondió su amiga pero ya Silvana había salido del aula a todo correr. Masao la observó en silencio y disculpándose se retiró del grupo dejando a varias de las chicas suspirando.
—¿Desde cuando Masao se interesa en esa chica?
La pregunta sorprendió a Paula quien se dió vuelta y vió que la que preguntaba era la misma chica que había mostrado la imagen del pequeño punto blanco en el paisaje. Antes que pudiera responder otra joven lo hizo por ella. —¿No sabias? Esa chica tiene una Voldoriana Druida en Calypso con Stats casi perfectos… todos los clanes se pelean por tenerla en sus filas pero ella solo se junta con un grupo de perdedores de la ciudad inicial.
—Ya me parecía que un chico tan guapo no podía estar interesado en alguien tan… común. —contestó otra estudiante con actitud altanera. —Solo se interesa en ella por sus puntos de habilidad, que suerte tienen algunas.
Paula apretó los puños pero se contuvo. Quería darle una cachetada a cada una de esas idiotas, pero sabía que en la simulación aquello no era posible. Su golpe solo seria algo visual y ninguna de ellas sentía nada en absoluto; es más, de inmediato su acción violenta sería reportada al maestro más cercano como una violación a las normas de conducta de la escuela.
—Con permiso. —dijo en cambio levantándose del pupitre mientras recogía sus cosas. Se sentía enferma y quería salir de allí de inmediato.
Mientras tanto Silvana, ajena a todo aquello había llegado a la entrada de la escuela.
No estaba permitido conectarse a Calypso desde allí (Salvo algunos casos especiales donde maestros y alumnos realizaban alguna actividad coordinada con los administradores del juego) así que no era algo fuera de lo común ver a los alumnos que, a medida que atravesaban la entrada del establecimiento educativo iban desapareciendo en una explosión de pixels a medida que pasaban de un "universo" al otro.
Silvana era una jugadora que estaba acostumbrada a conectarse desde su propia casa, simplemente por la comodidad de poder estar cerca de su familia al momento de salir del juego.
"Cerca" y "Lejos" era conceptos que, dentro de la Simulación de la Flota 41, carecían completamente de sentido. Silvana abrió su interfaz de navegación y seleccionó su destino de transportación por defecto. De inmediato un halo de luz azul la rodeó e instantáneamente apareció frente a su casa.
Abrió la puerta y entró mientras seleccionaba la opción de cambio de guardarropa desde su interfaz por medio de unos simples gestos de la mano. Su uniforme de secundaria desapareció en una nube de luz y fué reemplazado por su ropa de entrecasa, una remera y unos pantalones cortos y pantuflas rosas. De la vincha que sujetaba su cabello salieron dos orejas de gato del mismo color de su pelo.
—¡Ya llegué! —exclamó hacia el comedor, donde distinguió la figura de su padre sentado frente a la mesa. —¿Y Mamá?
El hombre depositó el Pad sobre la mesa. —Está en medio de un Raid con unos amigos, creo que tiene para una hora más en Calypso. ¿Cómo estuvo la escuela hoy?
—Sin novedades. —respondió la joven. —Ahora voy a estudiar para los exámenes y luego voy a entrar a levelear un poco.
—Te avisaré una hora antes de que esté lista la cena. —informó su padre. —Asi tendras tiempo de terminar con lo que estés haciendo
—Okey.
Silvana subió las escaleras y se dirigió a su habitación. Una vez dentro se sentó frente a su escritorio y tras seleccionar en su interfaz de usuario algo de música suave para estudiar, se concentró en los problemas de trigonometría que tantos dolores de cabeza le causaban.
Mientras tanto la tarde avanzaba en Ciudad 41 y el cielo estaba adquiriendo tonos rosados mientras los últimos estudiantes y empleados se teletransportaban a sus casas. Al no existir tránsito en las calles la ciudad era extremadamente silenciosa y el sonido del viento y los pájaros podía escucharse prácticamente desde cualquier sitio. Solo las aglomeraciones de gente en los centros comerciales, cines y lugares de recreación podían sentirse como una verdadera metrópoli.
Era la hora en la que la mayoría de los Colonos de la Flota 41 entraban a Calypso y mientras la actividad decrecía en la ciudad simulada, en el mundo de fantasía comenzaban a tejerse las acciones que derivarian en nuevas guerras, tratados y traiciones.
Los ClanHalls se llenaban de aventureros, los hechizos y pociones eran preparados y las partys armadas. Todo el mundo se preparaba para una nueva noche de aventuras, con la esperanza de convertirse de una u otra forma en los heroes que marcaran el destino de aquel mundo simulado.
Calypso era un juego que se tomaba muy en serio, al menos por quienes dedicaban la mayor parte de sus vidas a dominar los secretos de la intrincada simulación del reino de fantasía.
Pero dejemos de lado (por un momento al menos) la geopolítica de Calypso y volvamos a Silvana, quien cerró su libro de ejercicios y contempló el atardecer desde su ventana medio abierta. Las cortinas se movían suavemente por la brisa mientras la luz teñía de tonos rosado su habitación.
—Me pregunto si Dante estará bien. —dijo mirando el poster de Calypso donde aparecia un poderoso guerrero blandiendo una enorme espada mientras las llamas de un enorme dragón negro rugian alrededor del héroe.
Sin esperar una respuesta se puso de pie y deteniéndose en el medio de la habitación invocó su interfaz de usuario para entrar al juego.
Apareció en su habitación del piso superior del ClanHall, en el mismo sitio en el que se había deslogueado la noche anterior. No vió a Mirna por ningún lado y a juzgar por lo tarde que era, seguramente los demás ya habían comenzado a recorrer las catacumbas de la ciudad en busca de monstruos que derrotar.
Sin perder un momento más salió de la habitación y descendió las escaleras hasta el salón principal. Lo encontró desierto aunque la chimenea aún estaba encendida. Se dirigió entonces hacia las barracas, donde los aventureros se preparaban antes de salir a sus misiones de entrenamiento.
Mirna estaba allí, así como Alex y Matilda. La arquera Voldoriana agitó las orejas en cuanto escuchó los pasos de su amiga en el pasillo y fué la primera en recibirla junto a la puerta.
—Hola Mirna… hola chicos, perdon por llegar tarde. —se disculpó con una pequeña reverencia. —Estuve estudiando un poco para los exámenes.
—Tonta, no tienes que disculparte. —la recriminó la espadachin de Windermere. —Tu prioridad es el estudio, no este maldito juego.
La joven miró a su alrededor. —¿Los demás ya están en las catacumbas? —preguntó.
Alex y Matilda se miraron un momento. —Walter armó una party algo más temprano y ya deben estar bien dentro del laberinto, en donde están los monstruos con mejor "loot" —dijo. —Nosotros no éramos suficientes para armar una segunda Party.
Las orejas de Silvana se bajaron en respuesta al cambio de su estado de ánimo. —No me digan que…
—Cuatro. —dijo Matilda levantando la mano con los dedos en alto indicando la cantidad de miembros que habían abandonado el Clan. —Los dos hermanos mestizos, el chico del perro y una pícara humana.
—Oh no. —exclamó la joven.
—Esta bien.—dijo Alex envainando su espada recién afilada. —No se preocupen, reclutaremos nuevos miembros…. esto es solo un problema temporal.
Por la forma en que la espadachin miró al joven, Silvana supo que pensaba exactamente lo contrario.
—¿Nya? —exclamó Mirna apoyando su cabeza en el pecho de Silvana.
La joven acarició la cabeza de su amiga. —No te preocupes Mirna, todo va a estar bien. Estoy segura que se unirán más jugadores y podremos tener más amigos en el Clan.
—Será mejor que te prepares, Silvana. —dijo Matilda señalando hacia uno de los arcones donde se guardaban el equipo de los aventureros. —Rita terminó de reparar tus ropas y están listas en aquel cofre.
—Enseguida. —exclamó la joven mientras se apartaba de la joven chica gato. —Espérame un momento Mirna.
—¡Nya!
Silvana tomó sus ropas de aventura y comprobó que las reparaciones hechas por la joven humana incluso habían dado a su túnica una bonificación de durabilidad extra. Utilizando el inventario recogió también su báculo de druida y comprobó el nivel de carga máxima en el panel de información del arma. Como lo sospechaba estaba completamente lleno, de hecho rara vez se descargaba en más de la mitad de su capacidad.
—Estoy lista. —exclamó una vez que todas sus ropas estuvieron equipadas en el inventario y en su hoja de personaje.
Alex la observó y asintió en silencio. —Bien, con nosotros cuatro bastará para limpiar los primeros cinco niveles, cuando lleguemos al fin del quinto evaluaremos nuestras reservas y salud para decidir si continuamos adelante o no. ¿Estamos de acuerdo?
—Me parece un buen plan. —respondió Matilda. —Aunque me preocupa un poco Silvana… no hay muchas plantas allá abajo y es posible que su magia se agote demasiado pronto.
—Llevaré una ración de cristales extra por las dudas. —dijo Alex palpandose uno de los numerosos bolsillos de su armadura de cuero endurecido. —Con eso bastará… espero.
La party de cuatro jugadores abandonó el ClanHall y se adentró en la calle, ahora casi desierta, en dirección al centro de la ciudad. Pasaron con las cabezas bajas ante el silencioso edificio en donde otrora los gloriosos Caballeros Escarlata dominaran el vecindario con el sonido de sus risas y gritos cada vez que se reunían en el enorme salón de fiestas a homenajear una victoria en el campo de batalla.
Pronto llegaron a la muralla que daba acceso al centro de la ciudad y vieron que la barrera estaba levantada. A esa hora eran muchos los aventureros que se dirigian a los diferentes destinos en los alrededores de la ciudad y el tráfico era demasiado denso como para que los guardias del Imperio revisaran uno por uno a los jugadores.
El mercado bullía de actividad y el grupo de amigos pronto se vió rodeado de jugadores y NPC's que vendian a gritos su mercancía.
—Esto no me gusta nada. —dijo Matilda. —miren esos precios.
—Un diez por ciento más caros que ayer. —dijo el líder de la party. —Los nuevos impuestos del Imperio ya han impactado en la economía de la ciudad.
Silvana observó un pequeño puesto montado sobre un carro en donde un mercader Windermeriano vendia pociones de curación. —Esos precios están muy fuera del alcance de un jugador que recién comience el juego. —razonó.
Alex ya había hecho los cálculos en su cabeza. —Se requiere derrotar a unos veinte monstruos de nivel cinco en promedio para comprar una sola poción de esas. —dijo sacudiendo la cabeza. —Alguien que recién comienza con un personaje de nivel uno no podría costear una de esas pociones hasta no ser, por lo menos, nivel siete u ocho.
Recorrieron varios puestos y el mismo escenario se repetía no solo con las diferentes pociones, armas, armaduras y todo ítem que pudiera equiparse o usarse en un personaje.
Todo lo que podía comerciarse había aumentado su precio base entre un diez y un veinte por ciento.
—Esto es un desastre. —dijo Alex. —Con un escenario como este, a un nuevo jugador no le queda otro remedio que ingresar a un Clan lo más pronto posible o no podrá costear el costo de sus aventuras.
Matilda asintió. —Apenas otra forma de presión más por parte de los del Imperio. —dijo sacudiendo la cabeza. —¿Es que acaso los administradores no van a hacer nada?
—No, no pueden hacer nada. —contestó el joven. —La autorregulación de la economía es parte del núcleo del juego. Cualquier intento por manipular artificialmente iría contra el compromiso que el desarrollador tomó con los jugadores.
—Tss. —exclamó la espadachin. —Al menos da consuelo saber que no quedan muchos nuevos jugadores por ingresar a Calypso… ¿Cuanto queda para que se inicie el FOLD de largo alcance? ¿Una semana?
—Diez días. —respondió Alex. —Una vez que todos los tripulantes de la Macross 41 entren a las vainas no habrá nuevos jugadores en el juego…
—Eso significa que tenemos que reclutar gente ahora o nunca. —exclamó Silvana mientras Mirna asentía con la cabeza. —Es nuestra última oportunidad.
—Buena suerte con eso. —suspiró Matilda. —Los el Imperio ya están "Campeando" el respawn de los novatos.
En efecto, sobre la explanada donde estaba ubicado el templo principal se encontraban los pedestales en los que los nuevos jugadores eran teletransportados al entrar al nuevo mundo. Una multitud de guardas y aventureros de alto nivel se encontraba alrededor de cada una de las plataformas y recibia amable pero insistentemente los recién llegados con la esperanza de reclutarlos de inmediato.
Algunos de los recién llegados intentaban alejarse de los insistentes reclutadores, pero eran seguidos por toda la ciudad mientras no cesaban de "aconsejar" y "advertir" al novato sobre los peligros de salir solo de la ciudad.
—Me dan asco. —dijo Matilda al ver como un grupo de cinco guerreros completamente armados y acorazados acosaba a una joven recién llegada, armada solo con un simple bastón de madera.
Silvana se asomó a la multitud para ver aquello y de pronto sintió que alguien la tomaba del brazo.
—¡Les dije que no necesito cambiar de Cla…! —gritó volviéndose hacia quien pensaba era otro matón del Imperio que quería reclutarla a la fuerza, pero de pronto se encontró con un rostro relativamente familiar.
—¿Silvana? ¿Realmente eres tu? —preguntó Dante asomando la cabeza entre dos guardias de coraza completa que lo tenían rodeado.
—¿Dante?
El joven se agachó y pasó por entre las piernas del guardia que tenía delante.—Permiso. —dijo escurriendose.
—Hey! ¡Vuelve aquí! —exclamó uno de los guardias pero uno de sus compañeros lo sujetó del hombro. —Déjalo, es solo un guerrero humano, tenemos muchos de esos ya. —dijo despectivamente.
Silvana condujo al joven hasta donde se encontraban sus amigos quienes se sorprendieron al ver al recién llegado. Mirna paró sus orejas y observó con curiosidad al desconocido, casi como si lo olfateara.
—Les presento a Dante. —dijo deteniéndose frente al grupo. —Creo que acabo de rescatarlo de las garras del Imperio.
El joven hizo una reverencia ante el grupo de aventureros. —Mucho gusto, soy Dante y acabo de entrar al juego, gracias por rescatarme de esos… tipos, creo. —dijo echando una mirada hacia Silvana. —¿Esos eran los del Imperio?
Alex dió un paso al frente y extendió una mano. —Bienvenido a Calypso, Dante. —dijo. —Me llamo Alex y soy el líder de La Orden
Dante estrechó la mano del joven con firmeza. —Gracias. —respondió. —¿Ustedes son los amigos de Silvana?
—Veo que ya conoces a nuestra Druida. —comentó la Espadachin. —Yo me llamo Matilda y ella es Mirna. —dijo señalando a la otra chica-gato.
—Nyan. —respondió la recién nombrada.
Silvana se adelantó y tomó las manos del joven. —Me alegro que hayas aceptado mi propuesta de hacerte un personaje… ¿Así que eres un guerrero humano?
—Eso parece. —respondió el joven.
—Estábamos a punto de hacer una calabozo para juntar oro e items… podrías venir con nosotros para subir de nivel rápidamente. —exclamó la joven Druida. —¿Qué te parece, Alex?
El joven de anteojos miró a Dante pensativo. —Creo que primero debería hacer el tutorial del juego y familiarizarse con la interfaz y todo eso… llevarlo con nosotros podría ser peligroso.
—¿Y dejarlo nuevamente a merced de esos idiotas del Imperio? ¡Ni hablar! —exclamó Matilda. —Creo que este chico nos ha caído literalmente del cielo y deberíamos ayudarlo a conocer el juego.
—Bien, antes de decidir algo, dejame agregarte como amigo. —dijo Silvana abriendo su interfaz. Dante hizo lo mismo y la petición llegó de inmediato.
—Tilda la opción de compartir contactos. —explicó la chica-gato. —Asi podrás ver a todos en el mapa.
Dante obedeció las instrucciones de la joven y de inmediato su lista de contactos se agrandó hasta tener una docena de nombres.
—Ahora acepta la invitación a nuestra Party.
Otra vez el chico obedeció y de repente la información que se desplegaba sobre la cabeza de sus cuatro nuevos amigos se expandió ante sus ojos.
—¿Pero que rayos…? —exclamó Matilda al ver la información de Dante. —¿Por que tienes un solo punto de vida?
Dante se rascó la cabeza. —Supongo que ya habré hecho algo mal. —reconoció. —Este juego parece muy complicado.
Alex y Matilda se miraron confundidos. —Ok no importa. —respondió el joven de anteojos. —Silvana… ve con Dante al templo y usen la fuente bautismal de la entrada para que recupere todos sus puntos de vida, no podemos gastar una poción ahora.
—Comprendo. —respondió la joven. —Ven conmigo Dante.
—¿Nyan? —exclamó la chica gato mirando preocupada a su amiga.
—Volveré pronto. —dijo ella acariciando la cabeza de la joven. —Espérame aquí con los demás. ¿De acuerdo?
—Nya.
Los dos jóvenes partieron en dirección al templo confiados en que no serían molestados por los acosadores del Imperio ahora que estaban en una Party. En efecto nadie los molestó y pronto llegaron a la explanada donde el enorme edificio de piedra estilo gótico dominaba la plaza de la ciudad.
Una pequeña multitud se había congregado en la entrada del templo, en su mayoría aventureros sin Clan que acababan de llegar de un raid y buscaban curación rápida y gratuita, ya sea para recuperar sus puntos de vida o para eliminar alguna enfermedad o maldición obtenidas durante su caza de monstruos.
Como Jenne era una ciudad pequeña, el templo local solo contaba con una pila bautismal donde curarse y una fila se había formado frente a ella. Dante y Silvana se colocaron al final y esperaron su turno pacientemente.
—Silvana.
—¿Que sucede Dante?
El joven miró a ambos lados del pasillo y se inclinó sobre la joven. —Necesito preguntarte algo muy importante… ¿Le haz contado a alguien lo que sucedió ayer? —preguntó.
La joven se turbó un poco por la cercanía del chico pero sacudió la cabeza. —N-no. —dijo. —Solo le comenté a Minra que te había conocido en el bosque, pero no le conté lo del gigante o lo del avión…
Dante suspiró aliviado. —Gracias a Dios. —exclamó.
—¿Pasa algo malo?
El chico sacudió la cabeza. —Mi jefe me mataria si supiera que ya empezaron a correr rumores sobre lo que pasó ayer.
Silvana estuvo tentada de decirle que en efecto, los rumores ya habían empezado a circular, pero al menos ella no había tenido nada que ver con eso.
Dante se inclinó aún más sobre la joven y Silvana se sonrojó por completo. —Necesito que me guardes el secreto por ahora. —dijo en un susurro. —Se supone que tengo que participar de Calypso como un jugador más sin llamar demasiado la atención.
Bueno, al menos en esa parte Dante ya había empezado a fallar. Pensó la joven. —No-no es necesario que me hables al oído. —dijo retrocediendo un paso. —Estamos en un chat privado, nadie puede oírnos.
Dante se golpeó la frente con la palma de la mano. —Rayos… perdona Silvana… no fue mi intención…
La joven se rió de aquello. —No te preocupes Dante… te entiendo.
Para entonces había llegado su turno y el joven colocó sus manos en la fuente que se ergui junto al altar de ceremonias. En cuanto tocó el agua transparente un resplandor dorado lo envolvió y su barra de vida volvió a llenarse de inmediato.
—¿Ese era todo el daño que recibiste ayer? —preguntó la joven.
—No, esto me la causó un martillo de guerra. —respondió el joven bajando del altar.
—¿Un martillo…?
Dante se encogió de hombros. —¿Te comenté que tengo un Jefe terrible?
Silvana meditó aquello unos segundos. —¿Entonces trabajas para los militares? —preguntó con cautela.
—No. —respondió secamente el jóven. —Aunque indirectamente debo tratar con ellos… bueno, con al menos UNO de ellos.
La joven recordó la actitud de la piloto de la NUNS que había tomado a Dante de forma tan violenta durante su encuentro. —¿Esa piloto…?
—Ah, la teniente O'Higgins… ella es una buena persona, solo tuvimos un pequeño malentendido al conocernos, eso es todo… eso si, te pido por favor que no hablemos mas del tema, tengo miedo que mi Jefe vuelva a golpearme.
Silvana se inclinó ante el joven. —Te prometo que no te incomodaré más con mis preguntas. —dijo. —Pero… me alegra que no te haya pasado nada. —agregó con una sonrisa.
—Gracias Silvana, yo también me alegro que las cosas hayan podido salir bien ayer… supongo que el destino de alguna forma nos juntó en aquella pradera.
Cuando dejaron la explanada del templo se dirigieron de inmediato hacia donde Alex y los demás los esperaban junto a una de las enormes portales de teletransportación.
—¿Todo en orden? —preguntó Matilda al ver llegar a ambos.
—Listos. —respondió Silvana mientras Minra se ponía inmediatamente entre ella y Dante.
El líder de la party miró a Dante un segundo y luego se volvió hacia los demás. —Hagan una última revisión para estar seguros de no olvidarse nada. Equipo y consumibles son prioridad, pergaminos y runas son opcionales.
Dante se aseguró que la comunicación entre él y Silvana era privada antes de hablar. —Es un buen líder. —dijo dirigiéndose hacia la Druida. —Se nota que sabe lo que hace.
La joven asintió entusiasmada.
—Todo parece estar en orden. —confirmó la espadachin al ver que todos estaban preparados.
—Bien, iniciaré la teleportación para todos juntos. —avisó el joven de anteojos mientras se acercaba a la superficie líquida del artefacto con una runa brillante en la mano. ¿Listos? ¡Va!
Cuando la luz se apagó Dante vió que estaban en una enorme caverna. Lo primero que sintió fué el sonido de una corriente de agua a su izquierda y al mirar hacia allí vió la cascada de agua que se precipitaba desde lo alto hacia un abismo oscuro. —¿Dónde estamos? —pregunto.
Alex descubrió una linterna y todos pudieron ver mejor. —Estamos debajo de la ciudad—respondió. —Jenne está construida sobre las ruinas de una antigua ciudadela abandonada hace muchos miles de años.
Diciendo esto el líder levantó la linterna y dirigió el haz de luz hacia la oscuridad delante de ellos. Un enorme arco de piedra medio derrumbado apareció entre las sombras. —Más adelante hay algo más de luz, solo el túnel de acceso es así de oscuro.
—Yo iré delante. —dijo Matilda. —Mirna, Silvana y Dante vayan en el medio, Alex cerrará la marcha.
El joven guerrero miró la oscuridad. —¿Hay peligro en esta zona? —preguntó.
—Solo si te caes por el abismo. —respondió Silvana. —Por eso será mejor que vayas en el centro con nosotras.
Alex asintió. —Cuando atravesamos terreno peligroso adoptamos un tipo de formación que nos permita protegernos mutuamente en caso de una emboscada. Aquí no hay peligro pero nos viene bien practicar las diferentes formaciones.
—Nyan! —exclamó Mirna.
Avanzaron por el túnel y tras pasar por debajo de lo que quedaba del arco de piedra el camino se angostó tanto que, en un momento, tuvieron que caminar lentamente y en fila por un angosto puente de piedra que cruzaba el abismo en donde se precipitaban las aguas provenientes de la superficie. Tras penetrar a un nuevo túnel y dar un par de vueltas, siempre con la impresión de estar descendiendo continuamente, llegaron a una zona más abierta, una caverna mayor en donde pronto distinguieron las luces de varias hogueras.
—Esta es la última zona segura antes de entrar a las catacumbas. —explicó Alex señalando las ruinas que se alzaban al fondo de la enorme caverna. —Algunos jugadores "hardcore" suelen acampar aquí durante dias para levelear rápidamente sus personajes sin abandonar la zona.
Vieron unos cuatro grupos de aventureros que habían montado improvisados campamentos alrededor de las fogatas. A Dante la llamó la atención uno de ellos, donde parecía haber varios heridos.
—¿Rita? —exclamó Matilda corriendo hacia la hoguera. —¿Que paso? ¿Están todos bien?
Todos corrieron tras la Windermeriana y pronto llegaron junto a la hoguera. Había cinco jugadores allí y todos estaban heridos en mayor o menor grado. Salvo en el caso de uno solo de ellos, todos mostraban barras de vida casi completamente agotadas. La joven a quien Matilda había llamado Rita estaba vendando la cabeza de un enorme guerrero cuya coraza estaba resquebrajada en varias partes.
El guerrero levantó la vista y vió llegar al joven de cabellos blancos y lentes. —Alex. —dijo. —Que bueno que por fin llegaste.
Silvana llegó corriendo y de inmediato desplegó su báculo de madera. Una luz azul brilló en la gema engarzada en el extremo del mismo y runas brillantes danzaron alrededor de la Druida.
—¡Curación! —exclamó.
Los cinco aventureros brillaron por un momento y sus barras de vida se llenaron hasta casi la mitad, recuperando un poco del tono verde característico.
—Gracias Silvana. —exclamó la humana llamada Rita, —Ya me estaba quedando sin vendajes.
Alex se acercó a la hoguera y se inclinó junto al guerrero. —¿Que sucedió allá dentro, Walter? —preguntó.
Pero el guerrero no respondió y solo le echó una mirada a Dante. —¿Quien es el? —preguntó poniéndose en guardia.
—Es Dante, es su primer dia en Calypso. —respondió Matilda. —Lo reclutó Silvana o eso creo. —agregó.
El grandulón esbozó una sonrisa. —Espero que no se lleve una mala impresión al vernos así, todos rotos. —dijo.
—¿Qué pasó? —preguntó Silvana. —¿Fueron demasiado abajo…?
Rita sacudió la cabeza. —No… todo lo contrario. —dijo. —Tuvimos que escapar del nivel doce.
Alex y Matilda se miraron confundidos. —¿Nivel Doce?
Dos de los miembros de la Party de Walter eran magos. Uno de ellos señaló la entrada a la catacumba. —Nos quedamos sin maná en medio de una de las salas y tuvimos que retirarnos mientras nos atacaban sin parar. Si no fuera por la Constitución de Walter que aguantó todo el daño sin recibir curación de respaldo, no hubiésemos podido salir con vida de allí.
Alex frunció el entrecejo. —¿Sin maná? ¿Cómo es eso posible? ¿No llevaron los suministros de respaldo como…?
Como respuesta, el quinto miembro del grupo de Walter, un asesino humano que estaba envuelto en una raída túnica negra, arrojó varios frasquitos de cristal vacíos al piso. —Los usamos todos antes de terminar la décima sala. —respondió.
—Imposible. —exclamó Matilda. —No hay enemigos tan poderosos antes del nivel diez y ustedes son lo suficientemente fuertes como para…
—Los enemigos no fueron el problema. —dijo Rita. —Son los cristales.
—¿Los cristales?
La humana se incorporó y se acercó al joven de anteojos. —Te lo mostraré, agregame a tu party.
Alex accedió a su interfaz y con unos movimientos de la mano agregó a la joven humana al grupo. Todos pudieron ver que su barra de maná estaba completamente agotada.
—Dame un cristal. —dijo.
Matilda extrajo un frasquito de uno de los bolsillos de su chaqueta y se lo pasó a la joven. Dante abrió los ojos como platos al ver lo que había dentro del frasco. —¿Eso es…?
—Un Cuarzo Fold, claro. —dijo Alex. —Se usan para recargar el maná durante las batallas.
Rita tomó el frasquito y lo destapó, luego tragó el pequeño cristal como si fuera un caramelo de fresa ante las miradas curiosas de todos.
—Miren mi barra de Maná. —dijo cruzándose de brazos.
Para sorpresa de todos (Menos de Dante que no comprendía lo que estaba pasando) la barra azul que indicaba los puntos de maná disponibles para el jugador comenzó a llenarse lentamente, sin embargo el ritmo comenzó a decrecer significativamente y se detuvo por completo antes siquiera de llegar a la mitad.
—Im-imposible. —exclamó Alex poniéndose de pié. —Cada uno de esos cristales tiene que llenar en su totalidad una barra completamente vacía. ¿Que rayos…?
Rita arrojó el frasquito al piso y lo pisó violentamente, rompiéndolo en mil pedazos. —No lo comprendo. —dijo con visible frustración. —Yo misma refiné esos cristales, es imposible que solo recarguen una fracción tan pequeña del total.
—A todos nos pasó exactamente igual. —aseguró uno de los magos. —Tuve que usar tres cristales enteros para llenar una sola barra de maná.
Silvana y Mirna se miraron sin saber qué hacer. Matilda se rasco la cabeza. —¿No estarán bajo los efectos de «Maná Burn»? —preguntó. —¿O algún tipo de maldición?
—Definitivamente no es «Maná Burn» —aseguró el guerrero. —Ese "Debuff" solo afecta la cantidad de puntos de maná que se que usan al lanzar un hechizo.
—Tiene razón. —agregó Alex. —Esto es un efecto que se manifiesta sin necesidad de lanzar un hechizo, pero tampoco podemos descartar algún tipo de maldición.
El joven de anteojos se puso de pié y colocó su mano sobre la cabeza del gigante mientras cerraba los ojos. —¡Identificar Maldición! —exclamó.
Hubo un pequeño resplandor dorado en la palma de su mano y luego nada. Alex suspiró mientras abría los ojos. —Si es una maldición, definitivamente es de algún tipo que no puedo identificar.
—Tendremos que ir al templo. —dijo el enorme guerrero. —Los NPC's podrán limpiar cualquier cosa que tengamos con sus bendiciones de purificación.
Matilda suspiró. —Adios a nuestra super eficiente recolección de recursos usando dos Partys simultáneamente. —dijo.
—No hay alternativa. —respondió Alex. —Nosotros entraremos ahora y será mejor que ustedes vuelvan a Jenne y se purifiquen en el templo, aquí ya no hay nada más que hacer.
Los magos y el asesino asintieron pero Rita sacudió la cabeza. —Yo iré con ustedes al menos… sería una tontería desperdiciar ese cristal que acabo de gastar en mi, además mi equipo está en bastante buen estado y puedo luchar todavía. —dijo mostrando una ballesta en su mano derecha.
El guerrero Ragnariano se puso de pie con dificultad y se apoyó en su enorme hacha de batalla. —De acuerdo. —dijo. —Nos retiramos por ahora.
—¿Pudieron… pudieron juntar algo? —preguntó Alex.
Walter activó la opción de intercambio en su interfaz y traslado su botín al inventario de su líder. —Once monedas. —dijo sacudiendo la cabeza. —Lo siento.
—No te disculpes. —respondió el joven con una sonrisa. —Gracias por arriesgar tu trasero por todos nosotros, eres un verdadero amigo, te has ganado un descanso… y ustedes también. —agregó volviéndose hacia los demás aventureros. —Descansen ahora y les prometo llegar hasta el fondo de esto… eventualmente.
El asesino se bajó la capucha y todos vieron que tenía la piel negra como el carbón. —Iré a recorrer las tabernas a ver si hay rumores sobre esto en otros grupos. —dijo con voz grave y profunda.
—Gracias, Dirk. —contestó Matilda. —Cualquier información que podamos obtener para evitar este Debuff en el futuro será de gran importancia.
Mientras el grupo se despedía, Dante se había sentado a un lado a meditar todo aquello. Se dió cuenta que Duval no bromeaba en cuanto habló de la complejidad de Calypso.
El golpe de martillo lo había tomado por sorpresa y la sensación de dolor, aunque increíblemente breve, fué terrible. Ciertamente era una sensación que esperaba no experimentar demasiado seguido.
Cuando se incorporó con dificultad tras caer detrás del puesto del operador de radar quedó perplejo al ver a sus atacantes.
—¿Quien diablos…?
Un enorme guerrero peludo, vestido con lo que parecía un atuendo de gladiador se erguía frente a él y su cabeza llegaba justo a tocar el techo del puente de mando de la Macross. Detrás de él, una voluptuosa Amazona de cabellos dorados vestida con una coraza lo miraba de forma divertida mientras pasaba el dedo por el filo de una enorme hacha. —¿Puedo golpearlo yo ahora? —dijo la desconocida lamiéndose los labios.
—Ya veremos. —respondió el guerrero. —¿Que diablos hace usted aquí, Joyner?
—Di.. ¿Director Duval?
—No, soy Conan el Bárbaro. —contestó el enorme sujeto haciendo una mueca. —Claro que soy yo.
—Y yo soy Willy, así que deja de mirarme las tetas. —respondió la joven amazona tomando asiento en una de las terminales.
La Teniente O'Higgins observaba la escena en silencio mientras los dos recién llegados dejaban sus armas a un costado y se acomodaban en los puestos de control de la nave.
—Lo-lo siento mucho. —exclamó Dante haciendo una reverencia. —No sabía que…
—Déjate de excusas, lo hecho hecho está. —respondió Duval. —Al menos no haz hecho algo tan estúpido como disparar las armas de la Macross… si hubieras hecho semejante idiotez te hubiera despedido de inmediato.
—¿El cañón principal es operacional? —preguntó sorprendido el joven.
—Así que realmente pensaste en usarlo. —dijo Willy con una sonrisa.
—TODO en la Macross es operacional. —respondió el Director mirando fijamente al joven. —Así que no vuelvas a tocar NADA de esta nave sin nuestro permiso. ¿Está claro?
—Si Señor. —respondió de inmediato Dante.
Duval asintió y se volvió hacia la joven piloto. —Me alegro al menos que ustedes dos se lleven mejor. —dijo. —Teniente… necesito que lleve al Señor Joyner hasta el territorio de Jenne para que pueda ingresar al juego de forma oficial.
—Entendido. —respondió Karina. —Prepararé una nave en el hangar Cinco del Prometheus en treinta minutos. Partiremos a las Mil Ochocientas Horas del tiempo estándar de Macross 41.
—Ahí estaré. —respondió Dante.
La joven hizo un saludo militar y salió del puente de mando no sin antes recoger su casco de donde lo había dejado previamente.
Cuando la puerta se cerró, Willy se volvió de inmediato hacia Dante. —Oye oye oye… ¿Hiciste que volara en mil pedazos allá fuera y sin embargo ahora son amigos? ¿Me quieres explicar como mierda lo haces?
Dante se encogió de hombros. —Ni yo lo entiendo todavia. —dijo. —Pero… ¿Ella siempre hace ejercicios en este lugar?
—Willy programó eso. —respondió Duval. —La teniente solía quedarse todo el dia en el hangar del Prometheus en la cabina de su avión, así que pensamos que incorporar una simulación a su rutina diaria la ayudaría a pasar mejor su tiempo con nosotros cuando necesitaramos venir a Calypso..
El joven miró la pantalla del radar. —Es buena. —dijo. —Aunque algo impulsiva.
—Si hubiera seguido tu vector de escape podría haber ganado ese ejercicio. —dijo la joven Amazona mientras miraba el registro de la estación de radar que Dante había escrito. —Sus habilidades de combate son buenas, pero no es de las pilotos que miran más allá del alcance de sus armas, casi siempre la derriban con un disparo certero de láser desde distancias superiores a los dos kilómetros.
—Un RIO sentado en la misma cabina solucionaría su problema. —aseguró Dante. —Solo necesita un par de ojos extra que cuiden su espalda.
Duval golpeó la consola frente a su terminal y todo el puente de mando pareció temblar bajo el poder de su puño. —Se supone que tu tienes que resolver NUESTROS problemas y no los de la Teniente O'Higgins. —lo recriminó el Director.
—Con gusto lo haré… en cuanto sepa de qué se trata todo esto. —dijo el joven con un gesto de impotencia.
—Lo averiguarás una vez que estés en el juego. —aseguró el hombretón.
El joven estratega se rascó la cabeza. —¿Algun consejo, Señor?
—Trata de pasar desapercibido allá abajo, Joyner. —dijo la Amazona guiñando un ojo.
—Y por el amor de Dios… no digas una sola palabra de nosotros o lo que vistes aqui. —lo amenazó Duval. —Nadie debe saber que eres un empleado de Alpha Corporation cuando estés entre los jugadores. ¿Entendido?
—¿Y ese abogado que nos visitó esta mañana? —preguntó intrigado el joven.
—Malkovich no irá a Jenne. —respondió Willy. —Y a menos que te vea directo a la cara, no creo que pueda reconocerte, en todo caso cuando tengas algo de dinero encima comprate un sombrero y una bandana o algo asi… asi nadie se fijará en tu rostro.
—De acuerdo. —dijo el joven. —Entonces jugaré en Calypso y trataré de aprender todo lo que pueda del juego y su funcionamiento.
Duval se rió. —Ni en diez años podrías aprender todo sobre Calypso. —aseguró. —La simulación del UniEngine es más profunda de lo que te imaginas, pero espero que lo descubras por tus propios medios.
—Así lo haré Señor,
—Bien, diviértete mientras puedas. —dijo el guerrero. —Ahora vete de una buena vez.
Dante hizo un ademán de irse pero lo pensó de nuevo y se volvió hacia el Director. —Señor… .¿Me permite hacerle una última pregunta?
—Dime.
—¿Cómo hizo para pasar por esa puerta minúscula? —preguntó Dante señalando la puerta de entrada al puente.
—Magia. —respondió Duval con una sonrisa.
Dante salió del puente y tras tomar el ascensor hasta la planta baja se dirigió hacia los vehículos aparcados cerca de donde partía la vía de acceso principal de toda la nave. El camino estaba bien señalizado y tardó sólo diez minutos en llegar al Prometheus.
El hangar seguía igual de desierto que el dia anterior, pero un par de luces brillantes al final del mismo delataban la presencia de la joven en uno de los puestos de rearme.
El joven dirigió su vehículo hacia allí y descubrió con asombro que Karina estaba poniendo a punto un VF-1D, la versión de entrenamiento avanzado del famoso caza transformable de la Primera Guerra Espacial.
En el momento en que Dante frenó junto al avión, Karina estaba usando una grúa remota para instalar el sistema FastPack con los Boosters necesarios para vuelo espacial. El enorme par de impulsores descendió lentamente sobre el fuselaje y quedó sujeto magnéticamente con un sonoro ¡CLACK! que hizo eco por todo el hangar.
—¿Vamos a ir con ese? —preguntó Dante bajando de un salto del transporte.
—Ya no eres más un avatar inmortal. —respondió Karina dejando a un lado el control de la grúa. —Si te saco al espacio en el puño de mi VF-4 vas a morir en cuestión de segundos.
—Siento haber hecho que destruyeran tu avión. —se disculpó mirando la brillante pintura anaranjada del Caza Variable de Entrenamiento.
—¿Destruido? No sea tonto Joyner, son solo datos en la simulación… allí está, en la bahía doce si no me crees.
El joven miró en la dirección que indicaba la teniente y vió el VF-4 con la cabina abierta tal y como había estado el día anterior.
—Oh.
—Será mejor que vayas subiendo. —dijo mientras tomaba una de las escalerillas de un carretón. —Se está haciendo tarde.
La joven colocó la escalera justo debajo del asiento del copiloto y la aseguró en los encastres del fuselaje. —Sube. —ordenó.
Dante subió por la escalerilla y se sentó en el borde de la cabina mientras miraba asombrado la enorme pantalla donde se replicaban los mismos controles que en el puesto del piloto en el frente, tal era la función de aquella nave de entrenamiento.
—No toques nada. —le advirtió la Teniente O'Higgins mientras desenganchaba la escalerilla. —Y quitate la espada de tu espalda o no vas a entrar en el asiento.
—Ok, ok. —la tranquilizó el joven accediendo a su interfaz. Seleccionó la espada de hierro y la guardó en su inventario. —Listo.
Mientras Karina despejaba los alrededores del avión, Dante se sentó en el puesto del copiloto y abrochó su cinturón de seguridad. También se colocó el casco de vuelo que estaba enganchado sobre el panel de control encima de la pantalla.
La joven no necesitaba de una escalera para subir a la cabina. Se impulsó usando el cañón de la cabeza del robot que asomaba por debajo del fuselaje como apoyo y de un salto aterrizó en la cabina abierta. Dante se preguntó si la chica sería así de ágil en el mundo real.
La cabina se cerró de inmediato y los sistemas del avión comenzaron a cobrar vida a medida que la Teniente inicializaba los sistemas uno a uno. En cuanto la pantalla frente a Dante se encendió, el rostro de la Amazona apareció proyectado en el mismo. —Aquí Control de Vuelo de Macross. —dijo guiñandole un ojo al joven. —ID asignada y registrada en el sistema.
—¿Cual es nuestro Callsign? —preguntó Dante activando la comunicación de radio en el casco de vuelo.
—VT-102. —respondió Willy. —¿Vas a rolear el papel de RIO de la Teniente O'Higgins al final? —preguntó con una sonrisa.
La joven del asiento delantero no contestó, pero levantó la mano con el dedo pulgar extendido hacia arriba. —Así parece. —respondió Dante captando el gesto. —VT-102 Listo para el rodaje. Solicitamos despegue inmediato con rumbo al Planeta Calypso.
—Plan de vuelo aprobado y pueden rodar por calle central hasta el elevador número tres, contacte nuevamente cuando se encuentren en la cubierta de vuelo.
—Entendido. —respondió Dante. —Rodaje aprobado hasta elevador tres y contactar en cubierta de vuelo. —repitió el joven.
—Readback correcto.
El VF-1D comenzó a moverse lentamente y avanzaron hasta la pista de rodaje que llevaba al frente del enorme hangar. Al llegar al extremo de la misma se desviaron hacia uno de los gigantescos ascensores que podían levantar hasta la cubierta de vuelo incluso a los pesados Destroids que se utilizaron en la Primera guerra Espacial.
El avión se detuvo justo en el centro y las barreras de contención se elevaron a cada lado de la nave. De inmediato la maquinaria se puso en funcionamiento y comenzaron a subir hacia el espacio mientras la enorme compuerta se abría sobre ellos.
El exterior del Prometheus estaba completamente oscuro pero Dante pudo ver la pequeña luz que brillaba en la Torre Principal de la Macross, apenas visible tras la enorme mole de la gigantesca nave.
Una vez que las barreras se bajaron y la plataforma se detuvo, Karina hizo que el caza avanzara por la pista marcada en la cubierta de vuelo del portaaviones hasta una de las catapultas de despegue. Una vez que estuvieron justo encima de la marca, el avión se detuvo.
—Torre de Control, aquí VT-102. —dijo Dante por la radio. —Estamos listos para despegar.
—Despegue aprobado VT-102. —Que tengan buen vuelo.
—Gracias señorita. —respondió el joven haciendo un saludo militar.
El Caza despegó acelerando los enormes motores principales al máximo. Dante sintió la terrible aceleración en su estómago y se vió casi aplastado contra el asiento. —¡Uff! —exclamó.
Salieron disparados a una gran velocidad y pronto la Macross fué un pequeño puntito en los espejos retrovisores a ambos lados de la cabina. En cuanto las fuerzas G se equilibraron, Dante se acomodó nuevamente frente a la pantalla.
—¿Donde aprendiste a ser un Copiloto? —preguntó Karina desde el asiento delantero.—Creía que solo habías ido a una Academia de Oficiales.
—Estuve viajando con pilotos de la NUNS durante casi un año por toda esta parte de la Galaxia. —respondió el joven. —Aprendí muchas cosas viajando en todo tipo de naves.
—Comprendo. —respondió la joven. —Me parece que tus talentos están siendo desperdiciados en un lugar como este.—agregó.
Dante miró hacia la piloto pero apenas podía ver su casco negro pegado al asiento. —Yo podría decir lo mismo de ti. —dijo.
—¿De mi?
El Director Duval y Willy reconocieron tus capacidades extraordinarias como piloto de Combate. —aseguró el joven. —Y yo mismo lo ví mientras estuve delante del radar de la Macross.
—Solo sigo órdenes. —respondió la chica. —Me fué asignada esta posición y tengo que cumplir con mi deber.
—En cambio yo fuí arrastrado a este mundo por la desesperación y fatalidad. —reconoció el joven. —No siempre se puede elegir, supongo.
—No. —respondió Karina. —No siempre se puede, prepárate para transferencia orbital.
Dante se acomodó en el asiento y contuvo la respiración en cuanto los dos enormes propulsores montados sobre el VF-1D agregaron una increíble cantidad de impulso a los motores principales. Lentamente la nave comenzó a cambiar de órbita mientras descendía hacia el planeta todavía envuelto en la oscuridad.
—Vector de reentrada confirmado sobre la región del objetivo. —informó la piloto. —iniciando reingreso atmosférico.
El caza comenzó a acercarse a las primeras capas de la atmósfera en cuanto el sol asomó por el horizonte.
El paisaje de Calypso se desplegó con todo un abanico de colores ante los ojos de ambos jóvenes. Las montañas lejanas reflejaban los rayos del sol en sus inmaculados picos cubiertos de nieve y los lejanos mares lanzaron brillos plateados a través de la atmósfera.
Dante miró hacia un lado y vió como alrededor del caza la fricción del aire comenzaba a crear una onda de choque que rápidamente se calentó hasta encenderse al rojo vivo.
—¿Crees que nos vean desde abajo? —preguntó.
—Este vector de aproximación pasa sobre regiones no habitadas. —explicó la joven. —De todas formas apenas seremos como una estrella fugaz a los ojos de un observador en tierra.
Avanzaron a gran velocidad por el cielo del planeta y pronto el sol se movió por el firmamento a medida que atravesaban las diferentes zonas horarias. Volaban a gran altura por sobre las nubes, por lo que era poco lo que podía verse del paisaje.
—Contacta a la torre de control y pide las coordenadas de alguna zona de aterrizaje seguro. —ordenó la joven.
—Entendido. —Torre de Control aquí VT-102.
—Aquí Macross. —respondió la voz femenina de Willy. —¿Que necesita, VT-102?
—¿Puedes darnos las coordenadas de una zona de aterrizaje segura?
—Estoy en eso.—respondió la Amazona. —Hay un pequeño templo en ruinas ubicado en un profundo valle a unas cuantas horas de viaje de Jenne. —nunca va nadie allí y estarán ocultos a las miradas indiscretas por la elevación del terreno circundante.
—Me parece bien. —respondió Karina.
—Enviando las coordenadas por el Datalink. —informó Willy.
La interfaz del panel de vuelo se actualizó con las nuevas coordenadas y un nuevo "Waypoint" apareció en el HUD.
—Coordenadas recibidas, vamos hacia allí. —informó Dante.
—Recibido, buena suerte chicos. —saludó Willy cortando la transmisión.
El caza voló por encima de las nubes hasta las coordenadas recibidas y descendió entre los picos de roca de una pequeña cordillera que servía de división a dos reinos de aquel mundo de fantasía. Al final de la cadena montañosa se erguía un valle profundo que albergaba un oscuro lago de aguas negras como el azabache. En el centro del lago una solitaria isla emergia de las oscuras aguas y los restos de un templo aparecieron entre las brumas.
—Hermoso lugar. —dijo Dante mirando las piedras rotas como dientes enormes. —Con mi buena suerte seguro me come un Dragón apenas baje de tu avión.
—No te preocupes. —dijo Karina maniobrando la nave entre la niebla. —No dejaré que nadie te haga daño.
El VF-1D pasó a modo Gerwalk y descendió en un espacio abierto que anteriormente fuese una especie de patio interno de aquel antiguo templo. Las neblinas fueron empujadas por el poderoso escape de los reactores y pronto el paisaje se aclaró un poco alrededor del avión. De inmediato la cabina comenzó a abrirse en cuanto las piernas del caza se posaron en tierra firme.
Dante se quitó el casco y respiró el aire de Calypso. —¿Que se supone que haga ahora? —preguntó.
Karina hizo que el brazo izquierdo del robot se extendiera y abriera la mano cerca del asiento del copiloto. —Sube. —dijo.
Dante se desabrochó el cinturón y tras dejar el casco sobre el asiento se subió a la mano del robot. —Listo.
Con habilidad Karina lo dejó en el suelo y Dante pudo bajar de un salto con seguridad.
—En la interfaz del usuario, vé a donde dice Tutorial. —explicó la joven mientras volvía a retraer el brazo.
—Entendido. —respondió Dante mientras navegaba por las opciones de su interfaz de juego.
—Hay un botón que dice "Reiniciar". Cuando lo actives, tu personaje será teletransportado a la ciudad de Jenne, donde aparecen todos los jugadores novatos, a partir de allí sigue las instrucciones del guia virtual que te explicará los fundamentos del juego.
Dante apagó la interfaz y miró a la joven sentada en la cabina del caza. —Gracias, Teniente. —dijo haciendo el saludo militar. —Ha sido un gusto volar con usted.
La joven piloto respondió igualmente al saludo. —Buena suerte, Joyner. —dijo mientras la cabina se cerraba sobre ella.
Dante retrocedió varios pasos y observó como el VF-1D se elevaba por el aire y pasaba a modo caza de forma casi instantánea en cuanto sus motores principales se encendieron. La Teniente O'Higgins salió disparada hacia el cielo de Calypso mientras Dante la miraba en silencio.
Cuando la aeronave no fué más que un puntito en el cielo azul, Dante volvió a equiparse la espada a su espalda y activando la interfaz de usuario presionó inmediatamente el botón de Reinicio.
—¿Dante?
El joven se sobresaltó cuando la Druida mencionó su nombre. Había estado perdido en sus pensamientos y no vió cuando la chica-gato se acercó a él.
—¿Te encuentras bien? —preguntó. —Estamos a punto de entrar.
—Si, estoy listo. —respondió poniéndose de pie. —Ya es hora que aprenda a usar esto. —dijo tomando la espada. El arma era de hierro macizo con la empuñadura recubierta por una tira de cuero atada alrededor, pero el joven no tuvo problemas en moverla con facilidad de un lado a otro. El hierro estaba sin brillo y el arma carecía de adornos o nada parecido, apenas una simple varilla de hierro servía de guardia para proteger su mano durante el ataque.
—Dame esa espada. —dijo Rita acercándose. —Ese trozo de fierro no te servirá de nada allí dentro. —dijo.
Dante activó la interfaz y traslado el arma al inventario de la humana, quien tomó la espada y comenzó a afilarla con una piedra especial que sacó de uno de sus bolsillos. Al cabo de unos minutos el color del metal cambió y un poco de brillo apareció en el filo.
—Esto te será más útil. —dijo la joven devolviendo el ítem a Dante.
—Gracias. —respondió el joven tomando el arma para volver a equiparla. Vió con sorpresa que un modificador +3 había aparecido en las propiedades de la espada.
Alex se paró en la entrada del calabozo y llamó a todos a su alrededor. —¿Todos listos? —preguntó.
—Listos. —respondieron todos a coro.
El joven sonrió. —Vamo a demostrar a Calypso que La Orden no se rinde tan fácilmente. —dijo. —¡Siganme!
El grupo levantó sus armas en forma de saludo y se internó en la oscuridad del túnel. Pronto las tinieblas los rodearon por completo.
