Mirna regresó al cabo de unos minutos y susurró algo al oído de Silvana.
—Es un nido de serpientes de drenaje, probablemente haya entre doce o quince, un par de ellas parecen ser Ferales. Mirna contó unos tres nidos.
—Bien, procede. —susurró Alex.
La joven Druida extendió el báculo por la abertura en la roca y recitó unas palabras en un extraño idioma. La punta del arma se iluminó cuando las runas dejaron de moverse y la joven completó la última palabra del hechizo.
—¡Sopor!
Unos murmullos apagados llegaron de la caverna adyacente y luego todo fue silencio. Mirna se asomó por el agujero y movió las orejas en rápida sucesión.
—Todo despejado. —tradujo Silvana con una sonrisa.
El grupo de aventureros rodeó la columna de roca y entró a estancia en donde se encontraba el nido de las serpientes. Todas ellas estaban durmiendo gracias al hechizo de la Druida. Dante fué el último en entrar, con su espada en una mano y una antorcha en la otra.
—¿Se han dormido todas? —preguntó el joven sorprendido.
—Y por un buen rato. —lo tranquilizó Matilda. —Guarda la espada si quieres, no la utilizaremos aquí.
El joven contempló a las serpientes enroscadas unas con otras en el suelo de piedra como si fueran simples sogas tiradas en una cordelería abandonada . —Silvana me dijo que La Orden no atacaba animales salvajes ni otras criaturas que no fueran malvadas… supongo que eso incluye las serpientes por muy venenosas que sean.
Silvana se acercó al joven asintiendo con la cabeza. —Los niveles superiores del laberinto que rodea a la ciudadela están llenos de animales salvajes que buscan refugio y cazan entre las ruinas… no son malvados, es simplemente su naturaleza defender sus nidos y territorios de apareamiento de los intrusos.
—Y nosotros somos esos intrusos. —dijo Rita mientras se acercaba a uno de los nidos. —Por eso tratamos de hacer el menor daño posible.
La mujer tomó uno de los huevos del nido y dejó el resto sin tocar.
—Tampoco depredamos todos los recursos. —explicó Alex. —Estos huevos son ingredientes para toda clase de pociones y tienen un buen valor de reventa en el mercado local, pero si nos apropiamos de todos, las serpientes no podrán reproducirse y eventualmente abandonaran estas ruinas y el recurso se agotará. De esta forma garantizamos su supervivencia.
El joven se rascó la cabeza. —Eso es… bastante impresionante para tratarse de un simple videojuego. —reconoció.
—Calypso es una simulación extremadamente compleja. —respondió Matilda. —Y el medio ambiente es una parte importantísima de ella.
No solo los huevos eran un botín deseado, dos de las serpientes eran especímenes más fuertes que sus congéneres, como si tuvieran más niveles que el resto y los colores brillantes de sus escamas así lo delataban. Mirna tomó con cuidado a una de ellas y usó un pequeño frasco de cristal para recolectar el veneno que fluía de la boca abierta de la serpiente dormida.
—El suero también es algo importante para neutralizar diferentes tipos de venenos. —explicó Alex. —y extraerlo de una serpiente viva le da propiedades mucho más fuertes que si lo extraemos de la misma serpiente ya muerta,
Una vez que los aventureros hubieran obtenido todo lo que necesitaban abandonaron la caverna y se internaron nuevamente en el laberinto de túneles que descendía cada vez más a las entrañas de aquellas ruinas antiquísimas.
El calor iba en aumento a medida que descendían asi como la humedad en el terreno y las paredes de roca desgastada. Mirna había tomado la delantera ya que su aguzado sentido del oído le permitia escuchar la presencia de animales (y otras criaturas) antes que percibieran su presencia. Tuvieron dos encuentros más con criaturas salvajes (unas ratas del tamaño de perros medianos y un par de arañas del tamaño de pollos) pero Silvana se encargó rápidamente de dejarlos fuera de combate sin necesidad de utilizar las mortíferas armas de los guerreros.
Pronto abandonaron las grutas y llegaron a una zona donde comenzaba el verdadero laberinto; largos pasillos cubiertos de losas de piedra gris se adentraban en lo profundo de aquella ciudadela y en cada esquina acechaban criaturas maléficas, ya no simples animales salvajes, sinó versiones más salvajes y sedientas de sangre, poseídas por un espíritu maléfico que hacía que los ojos de la criatura brillaran como la sangre y un vapor negro saliera de entre los colmillos afilados.
El primero de estos seres los atacó de improviso, descolgandose desde una grieta oculta en el techo de piedra. Cayó en medio del grupo a escasos dos metros de donde estaba Dante, quien sintió el aliento putrefacto de la criatura en cuanto lo miró con los ojos inyectados de sangre. En el tiempo que le llevó al joven estratega levantar su espada ya la certera flecha de Minra había apagado uno de los ojos en medio de una violenta explosión de sangre negra. La criatura retrocedió un paso y cuando se disponía a saltar nuevamente sobre su víctima, el proyectil pesado de la ballesta de Rita lo lanzó hacia atrás con tanta fuerza que quedó clavado a la pared de roca, atravesado de parte en parte por el virote de metal de la terrible arma.
—Es tuyo, novato. —dijo Matilda envainando su fina espada de duelo. —Es hora que estrenes tu acero...o hierro, o lo que sea de lo que está hecha esa cosa que llamas espada.
El joven se acercó a la criatura y usando sus dos manos para lanzar una estocada precisa atravesó el pecho del monstruo donde, pensaba, debería estar el corazón.
La punta afilada de la espada penetró sin dificultad la carne putrefacta mientras la criatura se agitaba violentamente. Entonces murió.
—No está mal. —dijo Alex. —Eso fué un monstruo cinco niveles por encima del tuyo, deberia darte una buena cantidad de puntos de experiencia.
En efecto Dante sintió como su cuerpo brillaba y de pronto una notificación en su interfaz de usuario indicó que había ganado dos niveles completos.
—Soy nivel tres, aparentemente. —exclamó el muchacho sacando con facilidad la espada del cadáver de la criatura.
—Excelente. —respondió el joven de anteojos. —No gastes tus puntos de habilidades ahora mismo, espera a terminar la sesión y luego podrás estudiar con tranquilidad en que quieres desarrollar a tu personaje… las opciones son casi ilimitadas, especialmente para un humano.
Silvana se acercó con expresión de alegría. —¡Felicitaciones Dante! —exclamó. —¡Pronto serás un gran guerrero!
El joven se rascó la cabeza. —Gracias. —dijo. —Aunque de no ser por Minra y Rita, ahora sería pasto de esa… ¿Como se llama esa cosa?
—Ghoul. —dijo Rita mientras cargaba nuevamente su ballesta. —Es como un Zombie, pero un poco más inteligente; puede tender emboscadas y atacar cuando lo cree conveniente.
A partir de ese momento tuvieron que estar en guardia continuamente. Perros demoníacos, arañas blancas como espectros, enormes murciélagos negros que se lanzaban sobre sus cabezas con gritos aterrorizantes… el peligro acechaba realmente en cualquier esquina y Dante agradeció de todo corazón tener a tantos buenos guerreros a su lado.
Era el momento de las armas cuerpo a cuerpo y la pericia de Matilda hacía que su rapier se convirtiera en una delgada línea plateada que cortaba entre los enemigos como hierbas altas segadas por una filosa guadaña.
Mirna y Rita atacaban con sus proyectiles desde la retaguardia sin descanso, debilitando a los enemigos para que cuando llegaran frente a las espadas de Alex y Matilde pudieran ser presa fácil de sus habilidades.
Solo Dante y Silvana permanecían en el centro de la formación expectantes de cómo se desarrollara el combate. La Druida no tenía hechizos demasiado efectivos contra los seres poseídos por los espíritus malignos, en cambio utilizaba su magia para reforzar a sus compañeros, lanzando conjuros de curación cada vez que era necesario o entorpeciendo el avance de los enemigos cuando había peligro que su número hiciera colapsar la defensa de los dos guerreros.
En aquellos pasillos no había plantas ni árboles, apenas un poco de musgo y líquen que reptaban por las paredes y se introducían en cada grieta y fisura, extrayendo los nutrientes y humedad de la roca misma. Silvana podía extraer un poco de magia de esas pálidas plantas y utilizarlas para enredar los pies (y patas) de sus enemigos o en crear suelos resbaladizos de musgo para detener la carga de un atacante lanzado a plena carrera.
Dante obtuvo un nuevo nivel de experiencia y comenzó a sentirse un poco más confiado, sin embargo no desoyó el consejo de Alex y se mantuvo en su posición al lado de Silvana, listo para ayudar con su maltrecha espada por si algo salia terriblemente mal.
Tras limpiar una sala llena de arañas, descubrieron un cofre escondido debajo de una monstruosa tela pegajosa y tras abrirlo se encontraron con un pequeño escudo redondo. Rita lo examinó para comprobar que no tuviera ninguna maldición y una vez satisfecha se lo pasó a Dante. —Aquí tienes tu primer Upgrade. —dijo.
El joven tomó el escudo y lo equipó en el casillero correspondiente de su brazo izquierdo, pero para su frustración sintió el brazo pesado y le resultaba difícil moverlo mientras llevara aquella pieza de equipo, no tardó en descubrir el por qué; Un cartel apareció frente a sus ojos informando que no poseía la habilidad necesaria para usarlo y si deseaba gastar uno de sus puntos recién ganados en aprenderlo.
—Adelante. —dijo Alex. —Ese escudo pequeño te servirá de maravillas en estos espacios cerrados.
Dante usó uno de sus puntos y de inmediato el escudo se volvió más liviano y brillante. Ahora podía mover el brazo con facilidad y blandir la espada simultáneamente.
Aquel escudo no podía haber llegado en un momento más oportuno, ya que el siguiente grupo de enemigos que los atacó eran Goblins armados con unas peligrosas hondas que lanzaban piedras a una enorme velocidad. Tuvo que ponerse delante de Silvana y cubrirla de aquellos peligrosos proyectiles, lo que le valió recibir varios piedrazos en ambas piernas y el brazo de la espada, con la correspondiente pérdida de unos pocos puntos de vida, no obstante aprendió rápidamente la trayectoria de aquellos primitivos proyectiles y pudo detener la mayoría de ellas con su escudo mientras la arquera Voldoriana aniquilaba a las malditas bestias una a una con sus mortíferas flechas de plumaje verde oscuro.
Una vez despachado el último Goblin, Alex dió la voz de alto y ordenó que todos se reunieran en el centro de la estancia.
—Buen trabajo. —dijo una vez que todos se encontraran cara a cara. Hemos avanzado bastante y hasta ahora todos se han portado de forma extraordinaria. ¿Cómo están tus heridas, Dante? —preguntó girándose hacia el chico.
—Tratadas y en recuperación. —mostró el joven levantando el brazo derecho para que pudieran ver la venda que lo envolvía desde el codo hasta la mano de la espada.
—Excelente. Me gustaría que gastaras otro punto de habilidad en desbloquear la rama correspondiente a resistencia, el primer casillero te dará resistencia al dolor y un porcentaje de recuperación algo más acelerado que el que tienes ahora.
—Entendido. —respondió Dante.
Alex se volvió hacia Rita. —¿Como estamos con la reserva de proyectiles?
—Tengo suficientes. —respondió la joven. —¿Y tu Mirna?
—Nyan. —respondió la chica gato mostrando un carcaj repleto de flechas.
—¿Silvana? ¿Cómo estás de maná?
—Ochenta por ciento de mi reserva está intacta y algo más de la mitad de carga en mi báculo. —dijo moviendo la cola.
—¿Matilda?
—No me preguntes, tú ya puedes verlo. —dijo la espadachin señalando la barra sobre su cabeza. —Tuve que abusar mucho de la habilidad "Aceleración" para acercarme y poder flanquear a esas pequeñas pestes verdes antes de que pudieran rodearnos… solo me queda un veinte por ciento.
Alex asintió con gravedad. —Preferiría que tengas tu maná completamente lleno. —dijo. —Tenemos que prevenir cualquier eventualidad.
La joven espadachín sacó un frasquito de cristales y lo observó a la luz de las antorchas. —¿Crees que me suceda lo mismo que a Rita y los demás? —preguntó.
—Solo hay una forma de averiguarlo.
Matilda suspiró y abriendo el frasquito se metió el pequeño cristal en la boca. —Crucen los dedos. —dijo después de tragarlo.
Los otros cinco miembros del grupo contuvieron el aliento mientras la barra de maná comenzaba a crecer sobre la cabeza de la espadachín Windermerense… entonces se detuvo exactamente a la mitad.
—¡Mierda! —exclamó arrojando el frasco vacío al piso. —¡Estamos jodidos!
Alex se sentó en una roca y cruzó los brazos pensativo. —Calma. —dijo mirando a la guerrera. —Vayamos paso a paso… sabemos que esta reducción de la efectividad de los cristales es algo que comenzó recientemente y, por ahora, solo sucedió en este lugar. ¿Correcto?
—Correcto. —afirmó Rita.
—Podría ser algún tipo de Debuff de área, tal vez un nuevo y poderoso enemigo ha aparecido en las ruinas y esta "condición" afecta a todo el que entra.
—Es posible. —dijo Matilda. —Pero algo me preocupa; ¿Por que la interfaz no muestra ningún cambio en los estados de nuestros personajes? Siempre que hay un área de efecto activa tiene que aparecer junto con los otros cambios de estado.
Los demás se miraron confundidos, pero Alex ya había tomado una decisión.
—Nos vamos. —dijo poniéndose de pie.
—¿Irnos? ¡Pero si todavía no hemos llegado ni siquiera a donde están los monstruos de nuestro nivel! —exclamó Silvana bajando las orejas.
El joven de anteojos sacudió la cabeza. —Es muy peligroso seguir bajando sin contar con reservas de maná suficientes, además… tenemos que pensar en Dante.
El joven se rascó la cabeza. —No se preocupen por mi. —dijo. —Prometo que no voy a molestar.
Matilda se adelantó y apoyó su mano en el hombro del joven. —Alex tiene razón. —dijo. —No es solo por ti, todos nosotros corremos riesgo si hay algo desconocido allá abajo. Necesitamos recabar algo más de información antes de aventurarnos más allá de las murallas de la ciudadela.
Dante admitió que tenía razón. Aquello era algo más que un simple juego y ese tal Alex estaba guiando a sus hombres con buen tino, sin exponerlos a peligros y riesgos innecesarios. —Comprendo. —dijo. —Una retirada ahora sería una sabia decisión.
—Bien, comiencen a prepararse para el viaje de regreso, pueden usar sus cristales y pociones para reforzar sus personajes si lo desean.
Mientras los demás se preparaban, Alex comenzó a examinar los cadáveres de los Goblins derrotados mientras sostenía un extraño objeto de metal oscuro en su mano derecha.
Dante se acercó intrigado. —¿Qué es eso? —preguntó señalando lo que Alex tenía en la mano.
—Un extractor. —respondió el joven de anteojos mostrando un cilindro negro adornado por unas finas runas de plata de unos cuatro centímetros de largo por dos de diámetro. —Los enemigos derrotados a partir del nivel 10 pueden tener pequeñas partículas de Cuarzo Fold en sus cuerpos; este aparato me permite extraerlas de sus cadáveres. Observa.
Acercó el aparato al vientre de la criatura y una pequeña luz escarlata iluminó la parte del cilindro de metal que tocaba la piel del Goblin muerto.
—¿Así es como extraen los cristales? —preguntó intrigado Dante.
—También se pueden minar de ciertos lugares, pero son territorio vedado para clanes pequeños como el nuestro. —respondió Alex. —Generalmente se lo consigue como "Drop" de las criaturas y se lo puede refinar en un alambique de alquimista. Todos los aventureros dependen de esta forma de extracción para alimentar el uso de la magia en sus personajes.
—La única excepción es nuestra amiga Silvana. —dijo Rita señalando a la chica-gato. —Ella puede extraer mana directamente de las plantas y animales a su alrededor de forma pasiva.
Dante la miró sorprendido. —¿Enserio? ¡Increible! —exclamó.
La chica se sonrojó de inmediato. —Es… es una habilidad que todos los druidas tienen. —dijo.
—No seas modesta. —la increpó Matilda. —Tu personaje está perfectamente sintonizado con la biosfera de este planeta, tu regeneración de magia no tiene igual entre todos los jugadores de Calypso, deberias estar mas orgullosa de tus habilidades.
La joven Druida pareció encogerse en sí misma y Minra de inmediato se acercó a ella, mirando de mala a la espadachin como reprochándola por sus duras palabras.
—En todo caso. —dijo Alex tratando de cambiar de tema. —Hemos aprendido un par de cosas interesantes hoy. Hay que regresar cuanto antes a la base para planificar nuestros próximos movimientos en base a esta nueva información.
Rita sacudió la cabeza. —Si este "Debuff" es algo permanente, tendremos que desistir de usar este sitio como zona de entrenamiento… lo que nos deja nuevamente en el mismo sitio en el que estábamos ayer.
—¿Qué sucede? —preguntó Dante mirando los rostros caídos de todos. —¿Pasa algo malo?
—Te lo contaremos más tarde. —dijo Alex. —Ahora será mejor volver cuanto antes. ¿Están todos listos?
Los demás asintieron y de inmediato Mirna salió de la habitación para escudriñar el camino por delante y evitar emboscadas. Unos minutos más tarde Matilda y los demás partieron siguiendo los pasos de la sigilosa arquera Voldoriana.
La ruta que tomaron en dirección a la superficie era diferente, ya que en vez de recorrer las cavernas llenas de monstruos para cazar y obtener dinero y loot, Alex tomó la ruta principal, un camino pavimentado de baldosas que subía hasta la caverna de entrada dando vueltas sobre sí misma, como una enorme rampa en espiral. Mirna los estaba esperando en una de las salidas del laberinto que daba a esa ruta y les hizo señas para que se acercaran en silencio.
—¿Que sucede, Mirna? —preguntó Matilda.
—Gritos. —respondió la chica-gato sacudiendo las orejas. —Y algo grande allá arriba.
Ahora los gritos era audibles para todos y Alex asomó la cabeza por sobre una roca para ver lo que estaba sucediendo.
—¡De-Deculture! —exclamó.
—¿Qué sucede? —preguntó preocupada Silvana.
—Un Troll de las cavernas está persiguiendo a alguien por el camino principal.
—Es un mago… no, dos magos —dijo Mirna usando su vista de gato para atravesar las tinieblas. —Túnicas negras, emblema hexagonal rojo en la espalda…
—El Enjambre. —dijo Rita apretando el mango de la ballesta. —¿Qué hacen aquí esos hijos de puta? Esta zona no es PvP.
Silvana se asomó a la abertura y espió la escena por encima del hombro de Alex. —Tenemos que ayudarlos. —dijo.
—¿Estas loca? —respondió Matilda dándose vuelta de inmediato. —¿Quieres ayudar a un PK del Enjambre?
La druida agachó las orejas pero asintió con la cabeza. —Es… es nuestro deber como miembros de La Orden… proteger a los que lo necesitan de las criaturas del mal.
Rita se llevó la mano a la cara. —Dime que estás bromeando… esos malditos del Enjambre no califican como alguien que merezca nuestra ayuda.
Pero Alex sacudió la cabeza. —Silvana tiene razón. —dijo con resignación. —No podemos dejar pasar esto, si lo hacemos no seremos mejor que esos tipos.
Dante observó la reacción de los demás y supo que nadie cuestionaria la decisión de aquel hombre. —¿Que… que tan malas noticias es ese monstruo? —preguntó.
—Muy malas noticias. —dijo Rita. —Tienen completa resistencia a las armas normales y solo se los puede dañar seriamente con fuego o ácido, hechizos de los que no estamos muy bien provistos en esta party.
—Yo puedo inducir daño por fuego en mi rapier. —dijo Matilda desenvainando su arma para que todos pudieran verla. —Pero apenas es un modificador +3, no será suficiente para derrotar a un bruto como ese, lo que necesitamos son magos de batalla lanzando bolas de fuego.
Continuaron mirando la escena sin decidirse a hacer nada. El monstruo se movía rápido a pesar de su tamaño y los dos hombres que escapaban subían trabajosamente por la espiral de roca, era evidente que estaban heridos y apenas podían caminar apoyándose en las paredes.
Uno de ellos se detuvo y volviéndose hacia el monstruo lo señaló con el dedo. Hubo un chispazo y una línea de fuego salió disparada de su mano hasta el pecho del enorme Troll, quien continuó avanzando sin siquiera molestarse en apagar las pequeñas llamas que quedaron encendidas en los jirones de harapos que colgaban de su cuerpo.
—Dardo Flamígero. —dijo Alex. —Es un hechizo nivel uno, están por completo sin maná.
El Troll se detuvo y tomó una enorme roca que sobresalía al costado de la rampa, Sin molestarse siquiera en apuntar la arrojó hacia adelante en donde estaban escapando los magos, quienes se arrojaron al suelo para evitar ser aplastados como moscas.
—Oh mierda. —exclamó Matilda.
La roca golpeó la rampa de lozas y provocó que una parte se derrumbara en medio de un pequeño terremoto. Los magos retrocedieron asustados, ahora atrapados entre el abismo y la criatura que avanzaba irremediablemente hacia ellos.
—Si vamos a hacer algo, tenemos que hacerlo AHORA. —exclamó Dante saltando del escondite.
—¡Eh! —exclamó Rita. —¿Qué crees que estás haciendo?
—Lo que pueda. —respondió el joven.
Dante salió al camino seguido por Alex y Matilda. —Dime que tienes un plan. —dijo el joven de anteojos. —Nunca podremos derrotar a ese monstruo en un combate directo.
—Entonces empujemoslo al abismo. —respondió Dante señalando el pozo alrededor del cual se enroscaba el camino.. —Es nuestra única chance.
El monstruo estaba unos cien metros por delante y encima de ellos y por suerte les daba la espalda. El grupo corrió algo así como la mitad del camino sin decidirse exactamente por dónde empezar. —¡Dante! —exclamó el joven de anteojos deteniéndose mientras se refugiaba contra la pared a su izquierda. —Tenemos que atraer el "Aggro" del monstruo hacia nosotros, es la única forma de salvar a esos dos.
—¿Aggro? —preguntó el joven dándose la vuelta.
—El objetivo del monstruo. —dijo Matilda. —Tenemos que atraer su atención hacia nosotros y que olvide a los dos magos.
—Proyectiles. —dijo Dante, pero Mirna y Rita ya sabían que hacer. Tomaron posición tras unas rocas y apuntaron sus armas. —¡Listas! —exclamó esta última.
—¡Silvana!
La joven se sobresaltó al escuchar que Dante gritaba su nombre. —¿Si?
—¿Puedes hacer crecer musgo en los pies del Troll? Intentaremos hacer que resbale hacia el abismo.
—¡S-si! —exclamó.
—Espera a nuestra señal, intentaremos que se acerque lo más posible al borde del camino. ¡Vamos!
Los tres guerreros se lanzaron al ataque empuñando sus armas, como pequeñas hormigas arrojándose sobre un elefante que amenazaba con aplastar su nido de un pisotón.
El Troll era enorme, medía más de tres metros y su piel era de un tipo de material correoso, que parecía más roca molida y unida con pegamento que a un verdadero tejido vivo, de allí venía su nombre y lo que lo hacía tan peligroso.
La primera en atacar fué Matilda. Usando su habilidad especial de aceleración se lanzó perpendicularmente a las piernas del Troll lanzando un rápido tajo a la parte de atrás de cada rodilla mientras la punta de su fina espada brillaba con la magia del fuego y dejaba tras sí una espiral de humo negro.
El monstruo dio un alarido y se giró en redondo para ver a sus nuevos enemigos, en ese preciso momento Alex y Dante atacaron sin piedad.
—¡Toma esto! —gritó el joven estratega lanzando un tajo en diagonal a la pierna izquierda. La hoja del arma mordió la piel gris y pareció rebotar frente a Dante, quien inesperadamente recibió parte de la energía devuelta en su brazo derecho, haciendo que perdiera momentáneamente el equilibrio. —¡Mierda! —exclamó cuando vió que el troll estiraba su largo brazo velludo con la intención de arrancarle la cabeza de un zarpazo.
Afortunadamente en ese momento Alex descargó una precisa estocada en la anterodilla derecha del monstruo, logrando que este se inclinara un poco sobre la articulación herida y errando por muy poco la cabeza de Dante, quien vió como la enorme garra de uñas negras pasaba a pocos centímetros de su rostro.
Era el momento que tanto Mirna como Rita esperaban. Ahora que el monstruo se había dado la vuelta pudieron disparar sus proyectiles hacia el rostro del Troll. La flecha de la chica-gato arrancó un trozo de la nariz ganchuda y rebotó a un lado sin causar más daño, en cambio el virote pesado de Rita destrozó uno de los colmillos curvos del troll y se hundió profundamente a un costado de su boca babeante.
—¡Retírate ahora Dante! —gritó Alex esquivando un nuevo ataque del monstruo. —¡Te hará pedazos de un solo golpe!
Para entonces Matilda había dado la vuelta y volvía a atacar desde una dirección diferente. Ella y Dante golpearon uno de los costados del Troll mientras este recuperaba el equilibrio y se preparaba para defenderse de los tres nuevos enemigos.
La espada mágica de la joven espadachín no sólo cortaba la dura carne, su punto al rojo vivo producía quemaduras horribles que hacían aullar de dolor al monstruo con cada estocada.
—¿Quien tiene el aggro? —preguntó Dante rebotando hacia atrás al golpear inútilmente con su espada la carne dura del Troll.
—¡Yo! —gritó la espadachín Windermerense saltando mientras el brazo del monstruo pasaba por debajo.
Dante volvió a atacar y su espada finalmente hizo un tajo en la zona del muslo de la criatura, pero para su sorpresa el chorro de sangre negra que brotó resultó ser una trampa mortal. Las gotas negras salpicaron la mano que empuñaba la espada y comenzaron a quemarlo como si fuera ácido. El joven retiró la mano lo más pronto posible pero sus puntos de vida se redujeron drásticamente… solo por unas cuantas gotas de sangre envenenada.
—¡Matilda! ¡Ve hacia el borde, trataremos de tumbarlo entre todos! —gritó mientras se tomaba la mano lastimada. —¡Silvana! ¿Lista?
—¡Lista!
Matilda saltó hacia atrás y quedó justo al borde del abismo mientras las rocas caían a su alrededor. El Troll lanzó un grito terrible y se abalanzó sobre ella.
—¡Ahora! —gritó Dante.
Mientras Mirna disparaba una nueva flecha hacia la cabeza del Troll destrozando una de sus orejas (Rita todavía estaba recargando su ballesta) Silvana levantó su báculo mientras las runas comenzaron a danzar a su alrededor. Fijó su vista en la parte del suelo frente a Matilda y pronunció las palabras del hechizo —¡Alfombra de Musgo!
Las baldosas resquebrajadas justo debajo del monstruo comenzaron a humedecerse mientras pequeños brotes verdes aparecieron entre las grietas.
—¡Todos empujen! —gritó Dante lanzándose hacia las piernas del monstruo con el escudo hacia delante. —¡Ahora o nunca!
Matilda activó su habilidad de aceleración y se arrojó de cabeza por entre las piernas abiertas del Troll, quien lanzó un terrible zarpazo en dirección a la guerrera que, afortunadamente, había sido lo suficientemente veloz como para escapar del mortal ataque. En el preciso momento en que se escurría por entre las piernas del monstruo, Alex y Dante se arrojaron a toda velocidad con todo el peso de sus cuerpos contra las piernas del Troll.
El golpe fué terrible, pero Dante comprendió demasiado tarde que algo no había salido como lo había planeado.
—¡Oh mierda! ¡La sangre!
La sangre venenosa del Troll manaba profundamente de los cortes hechos por Alex (La espada de Matilda quemaba y cauterizaba a la vez las heridas por lo que la sangre no brotaba de ellas). Esa misma sangre caía sobre las losas del piso y había quemado por completo la fina capa de liquen y musgo que Silvana había hecho aparecer por entre las piedras. Las piernas del Troll retrocedieron un poco por el golpe de los guerreros, pero las poderosas garras negras de sus pies se clavaron en el sitio y no se movieron más.
—¡Retirense! ¡Retirense de inme-...!
El Troll se dió la vuelta y lanzó un poderoso golpe perpendicular con el revés de su brazo, golpeando primero a Alex y luego a Dante. El joven pudo llegar a cubrirse con el escudo de su brazo izquierdo pero fué un gesto inútil. El pequeño redondel de metal se quebró en dos pedazos por el terrible impacto y el estratega salió volando hacia atrás y cayó entre las rocas que se habían desprendido de una de las paredes por la ferocidad del combate. Su barra de vida quedó casi vacía, con solo un par de puntos restantes.
—¡Dante! —gritó Silvana al ver volar a su amigo mientras Rita disparaba ahora su segundo Virote, pero el Troll ya estaba prevenido y usó su propio brazo para cubrirse del ataque. El proyectil de metal se clavó en la extremidad sin producir un mayor daño. El monstruo entonces se inclinó sobre Alex, quien yacía herido a un costado del camino. El monstruo abrió su mano extendiendo las enormes garras negras y apuntó directamente a la garganta expuesta del ahora indefenso guerrero.
Dante abrió los ojos y comprendió que habían fracasado. Lo primero que vió fue su mano de la espada, quemada y manchada por llagas negras aun soltando humo... y algo más cerca, casi al alcance de sus dedos quemados, vió un pequeño bulto marrón, como si…
Abrió la interfaz de su personaje y lo más rápido que pudo seleccionó sus puntos de habilidad restante y los gastó todos en un tipo de habilidad que había considerado como secundaria unas horas antes.
«Lanzamiento aumentado» informó la interfaz. «Probabilidad base de éxito aumentada en 7%»
—¡Silvana! —gritó mientras de un movimiento tomaba aquello con el puño quemado y se ponía de pie con dificultad. —¡Piensa rápido! —gritó arrojándolo en dirección al gigantesco Troll.
Silvana no vió de inmediato el pequeño objeto que Dante había arrojado, pero sintió su poder como un destello cruzando la oscuridad vacía. Levantó el báculo y apuntando hacia donde calculó que caería aquello, recitó su hechizo. —¡Bomba de esporas! —gritó.
El pequeño hongo marrón brilló repentinamente y comenzó a hincharse como una enorme bolsa. El destello de luz captó de inmediato la atención del Troll pero ya era tarde, cuando levantó la vista aquella masa de tejido fungal media un metro de circunferencia e impactó de lleno en su rostro, lanzando millones de esporas venenosas que se pegaron a su gruesa piel. —¡Salgan de allí todos! —gritó Silvana! —¡Va a explotar!
Mirna conocía aquel hechizo y estaba preparada para el siguiente paso. Invocó un pequeño hechizo y la punta de la flecha que había encajado en su arco se volvió incandescente. Era un pequeño bonificador +1 por fuego, pero suficiente para encender aquella nube de partículas.
—¡Nya! —exclamó soltando la flecha.
La explosión fue terrible y por suerte Matilda ya había sacado a Alex de la zona de peligro con los últimos vestigios de su ya drenada habilidad de aceleración. La onda expansiva lanzó al Troll hacia el abismo y sus gritos se perdieron en las oscuras profundidades junto con los ecos murientes de la enorme explosión.
—¡Curación! —recitó Silvana acercandose a Dante, quien había vuelto a caer de rodillas en el piso tras es el esfuerzo. Su cuerpo brilló y los pocos puntos de vida aumentaron lo suficiente para que la barra sobre su cabeza quedara de color amarillo. —¿Estas bien?
—Si… gracias. —respondió el chico sentándose en el suelo. —¿Los demás…?
—Todos vivos. —respondió Alex aun sostenido fuertemente por Matilda. —Dante… todavía no puedo creer que hicimos una locura semejante… ¿Como…?
Pero un sonido los interrumpió. Los dos magos del Enjambre aún estaban intentando escapar. Uno de ellos tomó carrera y saltó la brecha derrumbada, aterrizando justo en el borde. Tras casi perder el equilibrio se sujetó con dificultad de las rocas y trepó hasta estar seguro del otro lado. Su compañero dudó un segundo, pero al ver que el grupo de Alex los miraban atentamente se decidió a saltar también.
Tomó carrera y saltó, pero no tuvo la suerte de su compañero o tal vez las heridas recibidas habían mermado su agilidad. Sus piernas tocaron el borde al otro lado y las piedras se derrumbaron bajo el peso de su cuerpo. Logró sujetarse precariamente de una losa aún firme en su sitio con su mano izquierda y gritó pidiendo ayuda a su compañero
.
El otro mago le lanzó una mirada de desprecio y huyó por el camino, abandonandolo a su suerte ante las miradas asombradas de los miembros de La Orden.
—Esa es la clase de jugadores que hay en El Enjambre. —dijo Alex señalando al desgraciado que caía al vacío mientras lanzaba una maldición a su compañero traidor. —Si hubiera sido una zona PvP, su mismo compañero lo habría arrojado al pozo solo por el gusto de hacerlo. —dijo sacudiendo la cabeza.
—El pensar que arriesgamos la vida por esas mierdas me hace sentir enferma. —dijo Rita acercandose al grupo junto a Minra. —Por suerte estamos todos bien.
No pudieron relajarse por mucho tiempo. Gritos provenientes desde abajo hicieron que todos se volvieran de inmediato. Tras un recodo de la rampa vieron la luz de varias antorchas que se acercaban.
—¿Y ahora qué diablos…? —exclamó Matilda pero Alex la detuvo con un gesto. —El imperio. —dijo reconociendo el brillo blanco y dorado de sus armaduras.
Eran una docena de guerreros que se dirigian a paso vivo hacia donde ellos se encontraban, Dante vió que muchos de ellos tenían las armaduras abolladas y con signos de haber estado en una fuerte pelea. Algunos incluso tenían manchas de sangre negra todavía humeante en algunas partes de sus armaduras. Así que esos tipos también habían estado luchando con aquel monstruo o uno de la misma clase.
Los guerreros estaban muy bien armados. Sus armaduras, aunque bastante maltrechas por la batalla, eran de excelente calidad. Las espadas y lanzas brillaban con una especie de halo que denotaba sus propiedades mágicas, definitivamente eran jugadores profesionales y muy bien equipados para explorar esa zona.
Quien parecía ser el líder, un enorme guerrero equipado con una coraza completa sumado a un enorme escudo de metal que cubría la mitad de su cuerpo, se adelantó al grupo y se detuvo frente a Alex.—¿Dónde están los magos del Enjambre? ¿Dónde está el Troll de las Cavernas…? ¿Ustedes…?
—¡Allí! —gritó uno de los exploradores señalando hacia arriba. —¡Veo a uno de ellos!
—¡Maldición!. —exclamó aquel hombre al ver la grieta abierta en el camino. —¿Cómo lograron escapar?
Alex suspiró. —Al menos uno de ellos cayó por el abismo junto con el Troll. —dijo.
El enorme guerrero se quitó el casco y miró asombrado al pequeño grupo. —¿Ustedes derrotaron al Troll? ¿Como rayos…?
—A duras penas. —respondió Dante. —¿Quienes eran esos dos magos? ¿Por que los estaban persiguiendo?
El hombre hizo una mueca de desagrado. —¿Que clase de pregunta estúpida es esa? Eran del Enjambre y nosotros somos El imperio; perseguimos y destruimos a esa mierda en donde quiera que aparezca. ¿Te has golpeado la cabeza o que?
Alex levantó la mano. —No te enojes con él, es su primer dia en Calypso. —dijo tratando de calmar al hombre. —Sabemos perfectamente quienes son ustedes y los del Enjambre, pero no es asunto nuestro meternos en su guerra.
El hombretón miró a Dante con gravedad. —Si no fuera por esas quemaduras de sangre negra me hubiera resultado hasta cómica tu mentira. —dijo sacudiendo la cabeza. —Pero por el daño que veo en todos ustedes, evidentemente dicen la verdad. Eso quiere decir…
—No saques conclusiones apresuradas., —dijo Alex comprendiendo de inmediato el cambio de actitud el guerrero. —No estamos del lado de El Enjambre, matar ese monstruo era nuestro deber.
—Esos hijos de puta lanzaron hechizos de curación y refuerzo sobre el Troll mientras mis hombres estaban atacando… perdí a cinco guerreros y durante la batalla nos quedamos sin mana para revivirlos.
—¿Ustedes también…? —preguntó Silvana pero Rita la obligó a guardar silencio poniendo su mano en el hombro de la druida.
—Mis magos pudieron cambiar el aggro del Troll con hechizos de confusión, pero ya era muy tarde para mis hombres. Esos hijos de puta huyeron como ratas mientras nosotros tuvimos que atender a los heridos, perdimos a dos más por desangramiento. —exclamó con visible rabia. —Y ahora ustedes los dejaron escapar como si nada. ¿Como quieres que me tome esa actitud?
—Alégrate de que el Troll este muerto. —dijo Matilda. —De una u otra forma hubieras tenido que enfrentarlo.
—Eso no cambia nada. —respondió el hombre. —Voy a reportar esto a mis superiores y veremos que tan "neutrales" serán nuestros próximos encuentros de aquí en adelante. —dijo mientras se ponía en casco nuevamente. —Veo que el novato aún no se ha unido a su Clan… expliquenle que todavía tiene una oportunidad de salir corriendo y evitar la ira del Imperio.
—Vete a la mierda. —respondió Dante.
Los hombres del Imperio utilizaron varias lanzas largas y pedazos de loza para tender un precario puente sobre la brecha (Sus armaduras pesaban demasiado para que pudiesen saltar) y cruzaron lentamente ante la atenta mirada del hombre. Una vez que todos los hombres cruzaron del otro lado levantaron el puente y dejaron al grupo de Alex mirando desconsoladamente el agujero en el camino.
—Que buena gente. —dijo Dante rascándose la cabeza. —¿Y bien? ¿Volvemos por el camino largo?
—Ni loca. —dijo Rita atando una soga a uno de sus virotes. —Ya tuve suficiente cavernas y monstruos por hoy.
Disparó el proyectil que se clavó con fuerza en la roca del techo y tras comprobar que estaba firmemente incrustado y soportaría su peso usó la soga para balancearse y llegar al otro lado de un solo movimiento.
Matilda y Mirna simplemente saltaron del otro lado usando su agilidad sobrehumana, pero Alex, Dante y Silvana tuvieron que utilizar la soga de Rita para llegar con seguridad del otro lado ya que, al menos en el caso de los guerreros, las heridas habían mermado bastante su agilidad y movimientos.
Estoy orgulloso de todos ustedes. —dijo Alex una vez que estuvieron todos a salvo del otro lado. Hoy hemos hecho proezas dignas de ser contadas en canciones. Estoy seguro que nos espera un futuro brillante si nos mantenemos así de juntos para afrontar a todas las dificultades.
Silvana se acercó a Dante y le sonrió. —Entonces… ¿Quieres unirte a La Orden? —preguntó.
—Silvana… —la recriminó Matilda pero el joven estratega empezó a reírse mientras levantaba la espada y los restos de escudo para que todos pudieran ver el calamitoso estado en que estaban. —¿Y donde mas podria reparar gratis estas cosas sinó? —dijo entre carcajadas. —Quieran o no ya estoy metido hasta el cuello en lo que sea que pasó allá atrás… así que cuenten conmigo. —dijo.
—Bienvenido a La Orden. —dijo Alex extendiendo la mano abierta. —Tengo que reconocer que has dejado una buena impresión en todos nosotros. —dijo.
Los demás se acercaron y palmearon en la espalda a su nuevo integrante mientras Silvana movía la cola entusiasmada. —Voy a preparar un platillo especial para festejar esta victoria. —dijo.
—¿Un banquete de celebración? —preguntó Rita cruzándose de brazos. —Me parece una idea excelente.
—¡Nyan! —exclamó Mirna moviendo las orejas.
Matilda se acercó a la joven druida y la señaló con el dedo. —Ya se que platillo sería del agrado de este joven. —dijo volviéndose hacia Dante.
—¿De veras? Oh...déjame adivinar… ¿Algo con Champignones?
Todos estallaron en carcajadas y las risas se elevaron por el abismo, rebotando y haciendo eco entre las paredes de roca hasta llegar al lugar donde se encontraban los hombres del Imperio, quienes voltearon sus cabezas sin saber el porqué de tanta alegría desde el fondo del pozo.
Pero las risas también llegaron más arriba, hasta una grieta oculta en la pared donde una misteriosa figura envuelta en una túnica descolorida había observado toda la batalla. Los ojos del desconocido brillaron y desapareció de inmediato entre las sombras.
