Alex deslizó la palma de la mano sobre su Pad y la pantalla se apagó de inmediato. Cuando levantó la vista ya el aula magna se estaba vaciando mientras los estudiantes abandonaban el recinto solos o acompañados en pequeños grupos. Solo un par de estudiantes quedaron sentados en las gradas mientras escribían algunas notas o repasaban la lección de la cátedra del dia.
—¿Otra vez te desvelaste en Calypso? —preguntó una voz conocida a su lado. El joven de lentes se volteó a un lado y vió el familiar rostro de su compañero de estudios, un joven de su misma edad con una tupida barba castaña. —Después de lo que pasó ayer me sorprendería enterarme que no haya sido yo el único que no ha cerrado un ojo en toda la noche. —respondió sonriendo.
—Escuché rumores. —mencionó el otro. —Pero como ya no estoy en el juego no leí los mensajes en el foro. —dijo levantando ambas manos. —Ya no es mi problema.
El joven de anteojos suspiró y miró la enorme pizarra digital donde todavía se podían ver las fórmulas matemáticas escritas por el profesor. —Mientras La Orden tenga al menos un solo miembro jugando en Calypso yo pienso seguir manteniéndola activa. —dijo tajantemente.
—Lo se. —respondió su compañero poniendo una mano en el hombro. —Y conociéndote como te conozco es lo que más me preocupa… viejo, tienes que pensar en tu carrera profesional, ese juego te está consumiendo la vida y estas desperdiciando tu tiempo en luchar una guerra que ya está perdida de antemano.
—No considero el tiempo pasado con amigos como un desperdicio. —respondió. —Y con respecto a la guerra… hemos soportado los primeros impactos y seguimos en pié, no dejaré que el miedo nos destruya como ya ha sucedido con otros clanes más grandes.
—El Imperio…
—El Imperio caerá, tarde o temprano se destruirá por dentro o será derrotado por otro grupo. Sea como sea no es cosa nuestra; La Orden es neutral y continuará siéndolo mientras exista Calypso. —afirmó el joven de anteojos.
Su compañero sonrió. —Esa es la segunda cosa que me gusta de ti; nunca te rindes.
—¿Y cual es la primera?
—Que no me hayas pedido que vuelva a jugar. —respondió el otro joven dándose la vuelta mientras levantaba una mano a modo de saludo. —Nos vemos.. ¡Trata de descansar un poco al menos!
Alex suspiró y volvió a encender la pantalla de su Pad, entonces volcó toda su atención a las capturas de pantalla que había realizado la noche anterior. Tras meditarlo varios minutos y comprobar lo tarde que se había hecho se resignó a apagar el aparato y se preparó para salir de la universidad.
Muchos de los estudiantes de la universidad se teletransportaban a sus destinos directamente desde el interior del Campus, pero Alex necesitaba pensar un poco antes de llegar al taller de Matilda. Salió por el gran portón principal y caminó bajo la sombra de las palmeras que crecían en el centro del boulevard que llevaba hasta el edificio principal de la institución Académica.
Una vez que salió del predio se dirigió hacia una parada de tranvías, donde convenientemente uno estaba detenido a la espera de pasajeros. Aquellos vehículos eran simplemente parte de la decoración de la ciudad que intentaba copiar algunos detalles visuales de varias ciudades de Estados unidos, pero fuera de eso casi nadie los usaba y estaban simplemente ahí como una curiosidad.
Tomó asiento en el solitario transporte y se dejó llevar por las calles vacías mientras el tranvía subía y bajaba las colinas de las afueras en dirección a la urbe unos pocos kilómetros en dirección a la bahía, donde un enorme puente colgante similar al que existía en la antigua San Francisco dominaba el paisaje.
Cuando veinte minutos más tarde se bajó en la parada cerca de su destino Alex ya se había decidido; no podía mantener eso en secreto por mucho tiempo y se dió cuenta que debía soportar aquella carga con alguien más.
El taller de Matilda se encontraba en un pequeño barrio residencial de casas bajas y pequeños apartamentos que no superaban los dos pisos de altura. La mujer rentaba un garage junto a su departamento y allí había montado un pequeño atelier donde trabajaba su arte entre sesiones de Calypso y un pequeño trabajo como acompañante terapéutico.
La persiana estaba abierta por la mitad y Alex se inclinó un poco para pasar por el espacio libre. —Permiso. —dijo al entrar al atelier.
—¿Alex? —preguntó la mujer asomando la cabeza tras un lienzo montado en un caballete. —Que inusual verte aquí en el barrio. —exclamó.
Matilda usaba un avatar de una espadachín de Windermere en Calypso, pero en la simulación de la Colonia usaba su aspecto real como avatar. Era una mujer entrada en los 40's de cabellos oscuros atados en una simple cola que casi siempre enrollaba en un rodete para protegerla de las manchas de pintura cuando se movía entre las obras en preparación de su taller. Vestía un delantal manchado de pintura bajo el cual se podían ver unos jeans gastados y una camisa clara. —Espero que todo esté bien.
—Hola Matilda. —saludo el joven deteniéndose junto a un rollo de lienzo que la artista usaba para montar en los bastidores de madera al momento de preparar las telas para pintar. —Siento interrumpirte. —se disculpó.
—Que va, sabes que siempre eres bienvenido en mi taller… ¿Quiere tomar un café? —preguntó ella dejando los pinceles sobre el marco del caballete.
—Me encantaria.
—Entonces ponte cómodo. —dijo levantándose del pequeño banquito. —Vuelvo enseguida.
—¿Puedo…?
—¿Mirar? Claro, pero recién lo empiezo. —dijo desde la puerta que daba a la habitación contigua.
Alex caminó hasta el otro lado del caballete y se puso a mirar la obra incompleta. Reconoció de inmediato a uno de los habitantes del bosque, una Dríada de las que protegía los lugares más sagrados y puros de la floresta. Matilda no bromeaba con que recién comenzaba: en la tela solo aparecia el bosquejo en lápiz y la artista solo había aplicado un par de pinceladas en los contornos del cuerpo y rellenado un par de formas con la pintura al óleo. Pinchados en los bordes del caballete había media docena de bocetos hechos en carbonilla donde aparecía el modelo de la Dríada en diferentes poses. —¿Silvana te las describió en detalle? —preguntó.
—La chica me dió un par de ideas. —se escuchó la voz desde la otra habitación. —De toda La Orden ella es la única que ha tenido contacto con esas misteriosas criaturas en Calypso… y solo de vista.
Las Driadas eran criaturas envueltas en misterio y no tenían contacto con ningún jugador, ni siquiera con aquellos que utilizaban los poderes del bosque y se identificaban con los poderes del bien. Algunos jugadores se jactaban de haber matado algunas a flechazos, pero nunca nadie mostró una grabación o fotografía que probase sus palabras. Las Driadas protegían el bosque y eran capaces de emboscar y matar a jugadores solitarios que se internaran en la floresta en busca de presas indefensas para matar y ganar experiencia. Muchos jugadores confiados de haber acorralado a un ciervo herido se vieron de pronto asfixiados por enredaderas salidas de entre los árboles o repentinamente el terreno bajo sus pies se convertía en una profunda ciénaga que rápidamente tragó y ahogó incluso al más fuerte de los caballeros envueltos en armaduras de acero.
El bosque era un lugar peligroso para recorrerlo en solitario y muchos habían pagado un alto precio por desoír las advertencias de los más experimentados.
El sonido tintineante de las tazas mientras Matilda volvía de la cocina hizo volverse al joven. —La increíble afinidad de Silvana con el bosque me hace creer que algún día ella podría ser la primera en entablar un contacto verbal con ellas—dijo.
La mujer depositó la bandeja en una pequeña mesita y comenzó a servir el café en dos tazas de porcelana. —Es posible. —opinó. —¿Pero estamos seguros que ellas hablan nuestro mismo idioma?
—Estoy seguro que la respuesta está en la Biblioteca de Mir. —dijo Alex. —Si solo nos permitieran el acceso a esos archivos…
—Olvidalo. —dijo tajantemente la mujer colocando unos cubos de azúcar en su taza. —Tendrías que cambiarte de clase a Enciclopedista para poder abrir siquiera esos antiguos pergaminos y tal vez ni siquiera alcance con eso… ademas, el Imperio jamás dejará que un clan neutral acceda a la Gran Biblioteca si puede evitarlo.
El joven tomó una de las tazas y aspiró el fuerte aroma a café. —Bien negro, como me gusta. —dijo mientras sorbía un poco de la caliente bebida.
—Alex. —dijo la mujer mirándolo fijo.
—Dime.
—Ayer enviaste a Dirk a seguir al muchacho nuevo. —dijo dejando la taza sobre el platillo de porcelana. —No dije nada entonces pero esa actitud en tí me preocupa bastante. ¿Qué es lo que sospechas?
El joven de lentes mantuvo la vista fija en el oscuro líquido unos segundos. —Algo en la actitud de Silvana me puso en guardia. —dijo.
Una arruga de preocupación apareció en el rostro de Matilda. —¿A qué te refieres?
—Ella y Dante se conocieron en el bosque el otro día, al menos eso es lo que pude averiguar, la chica está siendo muy secretiva con el asunto y esquivó todas mis preguntas… no hay que ser un experto para saber que algo está ocultando.
—Silvana es una joven adorable, no creo que esté tratando de ocultarte algo que piense que no deberías saber. —opinó la mujer. —¿Estás seguro que no estás siendo demasiado protectivo con ella?
—El imperio conoce los poderes y capacidades de Silvana y haría lo imposible por reclutarla para sus filas. —dijo el joven.
—Así que piensas que Dante es un "Topo" al servicio del Imperio —concluyó Matilda. —¿Es eso?
Alex depositó la taza vacía sobre el plato de porcelana. —Hasta anoche realmente lo creía. —dijo. —Pero ahora… no se que pensar.
—Explícate.
El joven pareció dudar unos segundos. —Creo… creo que Dante es algo más que lo que dice aparentar. —dijo mirando a su amiga a los ojos. —Pero no creo que esté con el Imperio o con el Enjambre.
—¿En qué te basas para pensar eso?
—Durante la partida de ayer se comportó como un novato y si bien ya se que es algo que se puede fingir, al menos su actuación fué bastante convincente…pero lo que realmente me llamó la atención fué su forma de analizar las cosas; parecía absorber todo lo que le explicaban con una rapidez inusual en un jugador novato.
—Puede ser un líder natural. —comentó Matilda. —Alguien que tiene la capacidad de comprender la situación y resolver rápidamente los problemas… tuvimos en nuestras filas a un jugador así hace un tiempo. ¿Recuerdas?
Alex no respondió y miró el cuadro a medio terminar. —En fin, Dante me pareció una persona muy capaz y por supuesto eso encendió las alarmas en mi cabeza, puede ser que con el tiempo me esté volviendo un poco paranoico.
—No es algo menor en los tiempos que corren. —comentó la mujer. —¿Que sucedió luego que Dirk lo siguiera?
—Dante fué hasta la entrada sur de la ciudad y se reunió con una mujer encapuchada cerca de las caballerizas a un lado de la puerta principal.
—¿Una mujer encapuchada? —preguntó Matilda abriendo los ojos. —Vaya… esto se está poniendo muy interesante.
—Dirk no pudo verle la cara y dice que al intentar usar su habilidad de reconocimiento sobre aquella desconocida obtuvo fallos completos en cinco intentos consecutivos.
—Conociendo las habilidades de Dirk, claramente se trató de un personaje de muy alto nivel… ¿O tal vez algún tipo de protección mágica? —se preguntó la mujer. —¿Qué pasó luego?
—La mujer tenía un caballo ensillado a la espera de Dante y ambos salieron al galope tendido por el camino principal en dirección al sur.
—Me imagino que intentó seguirlos.
Alex sacudió la cabeza. —No pudo, de inmediato aparecieron cuatro magos de batalla del Enjambre que estaban ocultos bajo la sombra del muro en las afueras de la ciudad y partieron a toda velocidad en persecución de Dante y su misteriosa acompañante, los cuatro montaban corceles de guerra especialmente preparados para interceptar jinetes fugitivos.
—¿Cuatro magos de batalla…? ¿En corceles de guerra? ¿Estás seguro?
—El jamás me mentiría. —afirmó Alex tajantemente.
—Mierda. —exclamó Matilda sacudiendo la cabeza. —Aun así es… difícil de creer. —dijo. —¿Que sucedió después?
—Dirk se subió a una de las atalayas del muro y observó todo lo que pudo hasta que se perdieron de vista. Al parecer los perseguidores se dividieron en dos grupos intentado rodear a los fugitivos, pero si lo lograron Dirk ya no pudo verlo desde allí.
—Comprendo.
—Dirk permaneció allí arriba casi media hora para ver si los perseguidores regresaban, pero desistió y volvió al ClanHall para informarme en persona de lo que habia visto.
—Necesito más café. —dijo Matilda mientras volvía a servirse una taza ella misma y rellenaba la de Alex.
—Gracias. —dijo el joven tomando nuevamente la taza llena. —Yo tampoco pude creer lo que me contó Dirk, era algo demasiado extraño, especialmente si el Enjambre estaba involucrado. Le di las gracias y dejé que continuara con su investigación acerca de lo sucedido con los cristales, pero entonces llegamos a la parte extraña de la historia.
Matilda dejó de beber y bajó la taza mirando fijamente al joven. —¿Todavía hay una parte más extraña? —preguntó.
—Como te dije, Dante actuaba como un novato y uno de los primeros errores que cometen los novatos es no utilizar todas las opciones de la interfaz de sus avatares. Cuando nos separamos en la plaza Dante estaba en party con nosotros y nunca seleccionó la opción de salirse de la misma.
Matilda comprendió de inmediato. —Tu eras el líder de la Party. —dijo. —Cuando todos nos fuimos luego de la reunión…
—Dante y yo aún seguíamos en ella. —confirmó el joven. —Por eso pude ver su localización en el mapa y confirmar todo lo que Dirk me había dicho.
—Oh rayos. —exclamó la mujer.
—Cuando Dirk se fué, abrí el mapa y me puse a buscar a Dante al sur de la ciudad… y lo encontré a unos treinta kilómetros al suroeste, fuera del camino principal y cerca de las Cavernas Ígneas.
—¿Las Cavernas Ígneas? ¿Ese no es el Calabozo de nivel épico donde está…?
—El Dragón Negro Vorax. —respondió Alex.
La mujer depositó la taza en el plato y miró la cafetera. —Necesito algo más fuerte que café. —dijo.
—Por favor no lo hagas. —le advirtió el joven. —Recuerda que Calypso no te dejará entrar si detecta alcohol en tu sangre.
Matilda resopló disgustada y miró al joven. —Vale ¿Qué pasó luego?
—Al principio pensé que usarían los desfiladeros que bordean al valle para esquivar a los perseguidores… hay toda una red de fracturas y pasajes alrededor de esa montaña que se pueden utilizar sin entrar en contacto con la maldición del valle.
—Terror Total. —dijo Matilda. —Escuché que cualquier personaje menor a nivel veinte que entre a ese valle sufre inmediatamente de locura extrema.
Alex asintió. —Es un tipo de Debuff terrible que va aumentando su efectos a medida que los jugadores se adentran en las profundidades de la montaña… escuché que mata instantáneamente a quienes no tengan los requerimientos mínimos de Coraje apenas se atraviesan las puertas que llevan al interior de la guarida.
La mujer miró uno de los cuadros que colgaba en una de las paredes del estudio; representaba un caballero portando una lanza rota luchando con un dragón negro. —Los exploradores del Imperio solo han mapeado los primeros niveles del calabozo… nadie en Calypso tiene el suficiente nivel para adentrarse más y llegar hasta el propio dragón, dicen que podría tomar años armar un ejército lo suficientemente poderoso para un raid épico como ese.
—Como sea, seguí el recorrido de Dante en el mapa hasta que desaparecieron en algún lugar al noreste de la montaña.
—¿Desaparecieron? ¿O fueron emboscados y muertos por el Enjambre? —preguntó a mujer.
Alex sacudió la cabeza. —Dante seguía estando en party y su barra de vida continuaba mostrando algo menos de la mitad de sus puntos totales de HP, tal y como estaba cuando se enfrentó con el Troll.
—Lo recuerdo. —dijo Matilda. —Nunca pudo curarse por completo en la iglesia ¿Entonces dices que desapareció debajo de la montaña sin morir?
—Es lo que sospecho. —afirmó el joven. —Las Cavernas Ígneas deben ser una zona donde no hay comunicaciones con el exterior usando la interfaz del juego… incluso revisé la opción de enviar un mensaje a Dante y la opción me aparecía apagada.
Matilda estiró y brazo y tomó un paquete de cigarrillos de uno de los caballetes. Tomó uno y tras encenderlo con un encendedor dorado se puso a fumar en silencio.
—No sabía que fumabas. —observó Alex.
—Lo hacía en el mundo real… aquí intento dejarlo. —respondió ella arrojando las colillas al piso.
—Deberias dejarlo en el mundo real, dentro de la simulación el tabaco no te hace daño, son solo datos.
La mujer sonrió. —Lo se… ¿No es tonto? —dijo. —No obstante creo que si pierdo el hábito aquí dentro me será más fácil dejarlo cuando lleguemos a destino…. así que… ¿Qué piensas? —preguntó lanzando una pequeña nube de humo.
Alex no respondió y sacó su Pad de uno de sus bolsillos tras lo cual seleccionó un archivo y apretó play. —¿Que pienso? Pienso que sea lo que sea que está pasando en Calypso, La Orden no está a la altura de seguir el ritmo de los acontecimientos. —dijo extendiendo su mano con el Pad.
Matilda tomó el aparato de las manos de Alex y examinó el video que en ese momento se estaba reproduciendo en la pantalla. —Dime que estás bromeando. —dijo levantando la vista. —¿Dante salió por la entrada principal de las Cavernas Ígneas? ¿Y cruzó el Valle Maldito como si nada?
El joven asintió con la cabeza.
—Esto… esto no tiene sentido. —dijo la mujer. —¿Quien es esa encapuchada? ¿Y cómo puede sobrevivir en semejante sitio?
—La única respuesta que se me ocurre es que sea uno de los administradores. —dijo Alex.
Matilda volvió a mirar la pantalla. —Un personaje Inmortal… tendría sentido claro. —dijo. —¿Pero por qué huiría un administrador a caballo a campo traviesa con el Enjambre pisándole los talones? ¿Por qué no teletransportarse a donde sea que quisieran ir? Simplemente no lo comprendo.
—Ni yo. —aseguró Alex.
Matilda arrojó los restos del cigarrillo al piso y lo aplastó con el pie para apagarlo. —¿Alguien más sabe de esto? —preguntó.
—Solo tu y yo… los del Enjambre dudo mucho que hayan podido seguirlos del otro lado de la montaña, pero podrían tener vigías en otros puntos, además…
—¿Todavía hay más? —preguntó la mujer mirando con atención a su invitado.
—Sigue viendo el video.
Ambos miraron la pantalla y vieron como el marcador en el mapa que representaba a Dante entraba a un bosque a una docena de kilómetros de la guarida del dragón. —¿Su campamento? —preguntó Matilda.
—Ahora veras.
Al cabo de un rato vieron como el marcador empezaba a moverse en dirección este cada vez más rápido hasta que se salió de la pantalla.
—¿Pero que...?
El video mostró como Alex había hecho un zoom para poder abarcar un sector más grande del mapa pero el punto se movía a una velocidad constante. Al cabo de unos minutos su dirección cambió significativo y desapareció.
Matilda se llevó una mano a la cabeza. —Ese movimiento tan veloz y lineal… ¿Crees que…?
—Un vehículo definitivamente. —respondió el joven bajando la voz. —¿Tal vez un caza de los militares?
—Yo también he oído esos rumores. —afirmó la mujer. —¿Realmente crees que Dante está trabajando para los militares?
El joven se encogió de hombros. —¿Honestamente? Ya no se que pensar… entre lo que sucedió ayer y esto que presencié anoche… siento que las cosas se han empezado a mover a una velocidad a la que ya no puedo seguir el ritmo.
Matilda devolvió el Pad y miró la cafetera con aire pensativo. —Dante todavía no se ha unido formalmente a La Orden ¿Verdad?
—Así es.
—¿Vas a permitirlo? —preguntó la Mujer. —Si ese joven es algo más de lo que dice ser… podría involucrar a todo nuestro clan en algo demasiado grande para que podamos controlarlo.
Alex meditó aquello en silencio. —No lo se. —dijo al cabo de un minuto. —Creo… creo que dejaré que Silvana sea quien decida eso, al fin y al cabo fue ella quien le ofreció unirse a La Orden.
—¿Quieres que hable yo con ella? —preguntó Matilda.
—No. —respondió el joven poniéndose de pie. —Iré yo mismo a hablar con ella, te agradezco mucho el haberme escuchado. —dijo Alex haciendo una pequeña reverencia.
—Lo menos que puedo hacer por nuestro gran líder es prestar un oído cada tanto. —respondió la mujer cruzándose de brazos. —Creo que hiciste bien en contarme esto; al menos no serás tu solo el que cargue con todo el peso del asunto.
El joven saludó con la mano y salió del atelier pasando debajo del portón a medio levantar. Miró el reloj en la interfaz de usuario y supo que era la hora de salida de Silvana de su escuela. ¿Qué hacer? Tras meditarlo un momento abrió la aplicación del mapa y se teletransportó cerca de la escuela a la que concurría la joven.
Tal como en el resto de la simulación, las calles estaban vacías y los pocos vehículos que se veían circulando eran apenas "NPC's" silenciosos que con su presencia daban un poco de vida a la solitaria ciudad. Sin perder más tiempo se puso a caminar y dió la vuelta a la manzana para llegar hasta la escuela.
Desde la vereda de enfrente vió que muchos estudiantes ya estaban saliendo del edificio y teletransportandose con un estallido de luz en cuanto salían por el portón de entrada. Alex cruzó la calle y se colocó a un lado de la salida para esperar a la joven. Tuvo que esperar unos veinte minutos pero finalmente la vió salir acompañada de una amiga.
—Hola. —dijo saludando con la mano.
—¿A-Alex? —exclamó ella mientras su amiga se colocaba a su lado con un gesto sobreprotector —¿Quien es ese? —preguntó mirando de reojo al joven de anteojos.
—Es Alex, el líder de La Orden. —explicó la chica. —Alex, ella es mi amiga y compañera de clase Paula.
—Un gusto conocerte Paula.. perdón por esperarlas aquí afuera, veo que estoy atrayendo las miradas de todos… espero que nadie me denuncie o algo asi .
En efecto varios de los estudiantes se habían detenido a mirar al extraño que hablaba con dos estudiantes de secundaria y cuchicheaban entre ellos.
Paula sonrió y le dió un pequeño empujón a su amiga. —Veo que tienes asuntos de Calypso que resolver. —dijo. —Ve tranquila, yo me voy para casa.
—Pero… —comenzó a decir Silvana. —Paula…
—No te preocupes Sil, luego me cuentas. ¿Ok? —dijo rápidamente la joven mientras activaba su baliza de teletransportación personal. —Nos hablamos luego.
Antes que Silvana pudiera decir algo más Paula había desaparecido en una explosión de luces brillantes.
—Lo siento Silvana. —se disculpó el joven visiblemente. —Debí haberte enviado un mensaje antes de venir.
La joven sacudió la cabeza. —No te preocupes Alex, no es ningún problema… ¿Ha pasado algo?
—¿Aparte de que todo Calypso se ha vuelto loco por lo de ayer…? No, por suerte no ha pasado nada grave. Estuve hace un rato con Matilda en su taller y estuvimos hablando un poco de nuestra aventura en las ruinas de la ciudad bajo Jenne.
Los dos amigos comenzaron a caminar por la calle y de inmediato la gente dejó de mirarlos de forma curiosa.
—¿Matilda está trabajando en una nueva pintura? —preguntó Silvana mientras ambos caminaban bajo la sombra de unos árboles que crecían a un lado de la acera.
—Matilda está siempre trabajando en una nueva pintura. —respondió jovialmente Alex. —Francamente es lo que más envidio de ella… que tenga tiempo para dedicar a su trabajo y su hobby y encima tener tiempo para Calypso.
—Tengo uno de sus posters en mi habitación. —dijo la joven. —El del Dragón Negro.
Alex miró con curiosidad a Silvana. ¿Era casualidad que justo ella mencionara al Dragón en aquella conversación? —Está comenzando una pintura sobre las Driadas. —dijo en cambio mirando las nubes del cielo primaveral.
—Ah… ella me preguntó algunas cosas el otro día, pero solo las ví un par de ocasiones en el bosque… o tal vez vi a una sola de ellas varias veces, no estoy segura. —dijo pensativa.
—Estoy seguro que las Driadas ven con buenos ojos que protejas el bosque de las criaturas malvadas. —aseguró el joven de anteojos. —Es solo que su naturaleza tímida no les permite comunicarse con los humanos.
Silvana asintió pensativa. —Una vez estaba leyendo bajo un roble en lo más profundo del bosque y escuché palabras… susurros apenas audibles pero que parecían palabras sueltas. ¿Crees que fueron ellas?
El joven se encogió de hombros. —¿Quién puede saberlo? Lo que sí estoy seguro es que si alguien alguna vez puede comunicarse con ellas, de seguro tu eres una de esas pocas personas.
—Oye Alex.
—¿Si?
—¿De qué querías hablar conmigo? —preguntó la joven.
El joven se acomodó los lentes sobre la nariz y miró hacia el camino delante. —¿Has hablado con Dante desde ayer? —preguntó.
La joven negó con la cabeza. —No. —dijo
—Silvana. —dijo Alex deteniéndose de pronto. —Voy a ser sincero contigo, creo que es lo menos que te mereces… voy a hacerte un par de preguntas sobre ese joven y espero que tu también seas sincera conmigo ¿De acuerdo?— la joven se detuvo inmediatamente a su lado y lo miró preocupada, pero aceptó sin discutir aquello. —Te contestaré lo más sinceramente que pueda. —prometió.
—¿Crees que Dante tiene lo necesario para entrar a La Orden? —preguntó mirando a los ojos de la joven.
—Si.
—¿Confias en el?
—Si
Alex la miró fijamente. —Entonces estoy tranquilo. —dijo al cabo de unos segundos con un suspiro de alivio. —Si tu confías en él, entonces nosotros también podemos hacerlo… siento haberte preocupado e importunado con preguntas . —dijo inclinándose frente a la chica.
— ¡Oh! No… no es necesario que te disculpes. —exclamó la chica sonrojándose. —Es… bueno, es entendible tu preocupación… en serio.
El joven se incorporó y sonrió. —Prometo no hacerte mas preguntas incómodas. —dijo. —Dante es bienvenido a La Orden y le enseñaremos todo lo que necesite saber, tienes mi palabra.
La expresión de Silvana se volvió de alegría absoluta y de un salto abrazó con fuerza a su amigo. —¡Gracias! —dijo emocionada.
