Cuando Dante abrió los ojos lo primero que hizo fué extender el brazo para activar la interfaz de usuario y poder ver la hora, pero lo único que logró es mover su mano en forma ridícula mientras la miraba recortarse contra el techo de su habitación.
—Oh rayos, cierto que estoy en el mundo "real". —dijo con una sonrisa mientras se sentaba al borde de la cama.
Su Pad estaba apoyado sobre la mesita de luz y proyectaba un holograma de la hora unos cuantos centímetros por encima de la pantalla. Todavía faltaban quince minutos para que sonase la alarma que había configurado la noche anterior así que suspiró y se levantó de la cama. Su pié golpeó con algo y al bajar la cabeza vió el casco de realidad virtual que había quedado junto a las cobijas caidas. Suspiró y tras recogerlo volvió a dejarlo sobre las sábanas mientras bostezaba sonoramente.
Inmediatamente se dirigió hacia el baño así como estaba, solo con los calzoncillos puestos. Hacia unos dias que no se afeitaba y una incipiente barba estaba comenzado a aparecer en su rostro, si quería mostrarse presentable ante el Capitán Simmons sería mejor solucionar aquello de inmediato.
El botiquín del baño estaba bien provisto de elementos de higiene personal y Dante pudo afeitarse sin problemas, luego se quitó la ropa interior y entró a la ducha.
Una vez refrescado e higienizado el joven salió del cuarto de baño con solo una toalla envolviendo su cintura. Lo primero que hizo fue revisar su mochila de viaje y comprobó que solo le quedaba una muda de ropa limpia (Y por suerte era la ropa que utilizaba para los eventos de la Academia que no requerían el uniforme) Suspiró y decidió que comprar algo de ropa en la Flota 41 sería la siguiente cosa en la lista… siendo la primera sobrevivir a la entrevista de esa mañana.
Se vistió lentamente y sin prisa mientras trataba de recordar algo sobre el Capitán de la Flota 41, pero reconoció que no sabían nada sobre aquel militar. Tendría que recurrir a la red Galaxy en busca de datos.
Lo siguiente fué desayunar algo. Con todo lo que había pasado en Calypso el dia anterior se había saltado un par de comidas y su estómago estaba haciendo ruido en forma bastante insistente para recordárselo. Puso a hacer café en la máquina automática y mientras tanto revisó la heladera en busca de algo para comer.
Tomó un paquete de pan en rebanadas y sacó un par de ellas para hacer unas tostadas. No había mantequilla ni jalea, tendría que comprarlas luego, así que se conformaría con masticar las tostadas solas.
Desayunó en la cocina, de pie junto a la nevera mientras revisaba las noticias locales en los boletines y redes sociales de la Flota 41. Al parecer el ochenta y cuatro por ciento de la población civil ya estaba en las vainas de viaje y conectadas a la simulación virtual que los mantendria protegidos de los efectos del Síndrome de Transposición FOLD durante el Gran Salto. No era de sorprender que hubiese tan poca gente en la calle.
Un mensaje apareció en su bandeja de entrada y Dante movió el dedo sobre el cristal para acceder a su contenido mientras bebía el café de su taza. Era un mensaje de Willy diciendo que estuviera listo en diez minutos en la puerta de su apartamento.
—No bromeaban con lo de ir bien temprano. —murmuró mirando las luces de la calle que entraban por la ventana. Vació su taza de un solo trago y la colocó dentro del lavavajillas, luego salió de la cocina y se preparó para salir.
Exactamente diez minutos más tarde salía por la puerta principal del edificio con las manos en los bolsillos mientras miraba el desolado paisaje. Se preguntó qué le depararía aquel nuevo día en la misteriosa flota 41. El sonido de un motor hizo que volteara la cabeza y pudo ver cómo una camioneta tipo furgón doblaba la esquina y se dirigía hacia la acera frente a él. El vehículo no tenía ventanas en la parte trasera, lo que llamó poderosamente la atención del joven quien contempló con curiosidad como la camioneta se detuvo justo frente a la puerta donde estaba el parado. De inmediato la ventanilla del conductor comenzó a bajar.
—Hola. —saludó Dante al ver el silencioso rostro de Karina al volante de la camioneta. —¿Una Van? No lo esperaba realmente. —agregó encogiéndose de hombros.
La puerta lateral se abrió hacia un lado y el rostro enorme de Duval apareció asomándose desde el oscuro interior del vehículo. —¿Que esperabas? ¿Una limusina?
El joven estratega contempló asombrado el rostro del Director. —Señor… ¿Como..? Es decir… ¿Cómo puede usted entrar ahí dentro…? —preguntó confundido.
—Magia. —respondió Duval con una mueca. —Sube de una maldita vez.
—Is this the real life? —cantó Dante aquella vieja y conocida canción mientras abría la puerta del acompañante al frente de la camioneta. —Is this just fantasy?
—No escape from reality. —respondió Willy (también cantando) asomando la cabeza junto a la del Director.
—Por los mil demonios cállense ustedes dos. —gruño el enorme hombre cerrando la puerta de golpe. —Listos Teniente, puede arrancar cuando guste. La joven asintió en silencio con la cabeza y apenas Dante hubo cerrado la puerta y ocupado el asiento del acompañante puso en marcha el vehículo.
Dante se ajustó el cinturón de seguridad y se volteó para ver el interior de aquel extraño vehículo. Como lo sospechaba el interior estaba en penumbras pero completamente lleno de monitores y equipos electrónicos. Duval ocupaba todo el espacio central de la caja trasera y Willy apenas tenía un rincón disponible para trabajar alrededor de varias pantallas holográficas. —¿Así que esta es su guarida de emergencia? —preguntó el joven.
—Hasta que estemos cien por ciento seguros que la oficina no está comprometida estamos trabajando desde aquí. —respondió Willy. —No es el ambiente de trabajo mas cómodo del mundo pero…
El joven se volvió hacia la conductora y sonrió. —Estoy destinado a ser tu copiloto por siempre. — joven no respondió pero Dante observó una pequeña sonrisa asomándose tímidamente en los labios.
—Joyner. —dijo Duval desde el fondo de la camioneta. —Tenemos que arreglar algunos asuntos antes de la entrevista con el Capitán. —Por favor revisa esto. —agregó extendiendo un pad con su enorme mano.
Dante se estiró y tomó el aparato tras lo cual se puso a leer lo que aparecía en la pantalla. —¿Esto es…?
—Tu contrato. —explicó el Director. —Tenemos que oficializar tu puesto antes que te involucres más en todo esto. Leelo atentamente antes de firmarlo, todavía tenemos tiempo antes de llegar hasta la Battle 41
El joven sacudió la cabeza. —Como si rechazar este contrato ahora mismo fuera una opción. —dijo Dante poniendo su dedo en el campo indicado para certificar su huella digital, luego tomó un pequeño dispositivo de escritura a un lado de la pantalla y puso su firma en el documento. —Listo. —dijo.
—Bienvenido a bordo. —dijo Willy haciendo un saludo. —Acabas de vender tu alma al diablo.
—Oh no seas tan dramático. —respondió Duval. —Es solo su cuerpo el que acaba de ceder a los militares, su alma sigue siendo de su propiedad.
—¿Que? —preguntó el joven mientras alcanzaba el Pad a las manos del Director. —¿Como que mi cuerpo…?
—¿Haz leído algo sobre la Flota 41 en todo este tiempo? —preguntó Duval. —¿Tienes alguna idea de que lugar es este?
—Una… ¿Flota de Inmigración? —respondió inseguro el joven.
—Una Flota de Inmigración Experimental. —lo corrigió Willy. —Énfasis en la parte de "Experimental".
Dante se rascó la cabeza. —¿Así que somos conejillos de indias entonces?
—Técnicamente si. —respondió Duval.
El joven se rascó la barbilla pensativo. —¿Me devuelve un momento ese Pad, Señor? —preguntó señalando el aparato que Duval todavia tenia en la mano.
—Buen intento, pero ya es tarde. —dijo el hombre con una sonrisa. —Te dije que leas el contrato antes de firmar.
Willy estalló en carcajadas y cerró todas las pantallas que tenía delante de sí. —No te preocupes Dante, no es tan malo… ademas cuando encontremos un planeta habitable el gobierno va a asignar a cada Colono un kilómetro cuadrado de tierras libres de impuestos por treinta años para que hagas lo que quieras con ellas. Es un muy buen negocio… siempre y cuando lleguemos vivos.
—Eh…
—Ya firmaste, así que no quiero quejas. —dijo Duval guardando el Pad. —Ahora escucha, esto es importante; vamos a entrevistarnos con el Capitán de esta nave y necesitamos que todos en este vehículo estemos en la misma página.
Dante miró a Karina y luego se volvió hacia el Director. —Un momento… ¿Nosotros cuatro somos los únicos representantes de Alpha Corporation en la Flota 41?
—Somos los únicos que todavía no han entrado a las vainas. —respondió Duval. —Hay otros catorce empleados más y tres técnicos que trabajan desde dentro de la simulación, pero ellos no pueden participar de esta reunión.
—Ok, entiendo. —dijo Dante levantando las manos. —¿Que necesito saber?
—Calypso es una parte fundamental de este proyecto. —continuó explicando el Director. —Por eso es necesario obtener la completa colaboración de las autoridades ANTES que todos entremos a las vainas o será demasiado tarde… lo que pasó ayer en nuestra oficina no puede volver a suceder y necesitamos una garantía de las autoridades para proteger al proyecto.
Dante se llevó una mano a la frente y se volvió hacia Duval. —Un momento Jefe… ¿Como que "todos"? Por un momento pareció que estaba insinuando que yo también…
—Tú también vas a entrar a una vaina. —dijo el Director. —Eso que firmaste es el consentimiento para que los militares velen por la seguridad de tu persona durante el Gran Salto; tu cuerpo va a permanecer a salvo dentro de una de esas cosas durante todos los años que dure nuestro viaje.
—Oh mierda…
Mientras hablaban Karina ya había conducido la camioneta a la autopista principal que corría por el centro de la nave colonial en dirección a la proa de la misma. El tráfico era inexistente y no tardaron mucho en llegar al final de la misma en donde se encontraba el ramal de acceso al "cuello" que conectaba a Ciudad 41 con la Battle Class 41.
El primer Checkpoint antes de entrar a la ruta de conección entre ambas naves apareció ante ellos y Karina detuvo el vehículo frente al puesto de control para mostrar sus credenciales mientras Duval explicaba al sorprendido Dante los pormenores de lo que sería su futuro en la extraña flota.
—¿Osea que todos nosotros vamos a trabajar desde dentro de Kalypso? —preguntó Dante.
—No necesariamente desde dentro de Kalypso. —respondió Willy. —Recuerda que el planeta en donde se desarrolla el juego es apenas una capa de simulación de varias disponibles para los Colonos… todos nosotros tendremos acceso a la Colonia Virtual; una representación de la Ciudad 41 que es donde la mayoría de la gente pasa su tiempo trabajando, estudiando o haciendo lo que mejor crea conveniente para pasar su tiempo; esta Colonia Virtual hace las veces de "Lobby" o "Hub" comunal en donde puede accederse a diferentes instancias de simulación, Calypso es una de ellas, aunque en realidad es la principal y de mayor escala de todas las que existen.
—Dejame adivinar. —dijo Dante pensativo. —Cada una de esas instancias es en realidad un "juego" en si ¿Verdad?
—Exacto. —respondió Duval. —Si quieres jugar al Golf, tienes una simulación exclusiva con docenas de campos diferentes, lo mismo si quieres hacer alpinismo o bucear en las profundidades; cada actividad tiene su propia escenografía completamente separada una de otra.
—Entiendo. ¿Qué es lo que hace a Kalypso tan diferente y especial comparado con las demás simulaciones? —preguntó Dante. —Además de haber sido hecho por los militares, claro está.
—Primero y principal; la escala. —respondió Duval. —Calypso no es solo el planeta que visitaste… es todo el sistema solar completo.
—¿Todo el…?
—Una estrella Clase G de Secuencia Principal de 1.1 Masas Solares, tres gigantes gaseosos, nueve planetas rocosos y siete Planetas Enanos. —recitó Willy desde su rincón. —También hay medio centenar de lunas desparramadas por todos los cuerpos mayores del sistema y un cinturón de asteroides.
—¿Y todos ellos…?
—¿Son tan detallados como Calypso? Por supuesto que no. —respondió el Director. —Solo Calypso posee una biosfera y sistemas complejos de simulación provistos por el UniEngine, el resto de los cuerpos celestes, especialmente los gigantes gaseosos, solo interactuan con el planeta como simples entes autónomos y poseen características básicas de representación visual.
—Osea que tu puedes verlos desde Calypso. —explicó Willy. —Y su influencia se siente en las mareas y en la mecánica orbital de los cuerpos observados desde el terreno, pero solo son "hologramas", no están allí verdaderamente.
—A menos que cometas la locura de acercarte a uno de ellos. —dijo Duval mirando a Dante.
—¿Que pasaria si alguien se acerca demasiado a uno de esos hologramas? —preguntó Dante.
—UniEngine comenzaría a crear el planeta desde cero. —respondió Willy. —Literalmente haría aparecer un planeta simulado solo para tí en el momento.
Willy suspiró. —No me quiero imaginar la carga bestial que representaría eso para el sistema informático de la Flota 41. —afirmó. —¿Sabías que Calypso demoró nueve años en ser compilado?
—¿Nueve…?
En ese momento la camioneta se detuvo en un nuevo puesto militar y el vehículo fué escaneado con un enorme detector de explosivos y armas ocultas. Los pasajeros se quedaron en silencio hasta que los soldados dieron el visto bueno y Karina pudo seguir conduciendo por el ahora estrecho túnel que llevaba al Dock en donde se encontraba unida la Battle Class a la Ciudad 41.
—¿Cual era la función original de Calypso entonces?—preguntó Dante una vez que los soldados hubiesen quedado atras. —¿Por que los militares invirtieron tanto tiempo en crear un planeta entero con tanta fidelidad?
—Algún tipo de investigación que utilizara una simulación a escala planetaria supongo. —respondió Duval encogiéndose de hombros. —El caso es que no hay documentación sobre eso, solo tenemos a nuestra disposición lo referente a este famoso "API" del que te habló Willy.
—Osea el software que usamos para entrar y comunicarnos con Calypso.
—Exacto.
La voz de la Teniente O'Higgins los interrumpió en ese preciso momento. —Llegaremos en cinco minutos. —informó sin apartar la vista del frente.
—Entendido. —respondió el Director haciendo un gesto con la cabeza. —Iremos directamente a hablar con Simmons, así que en lo posible trata de no decir nada a menos que te lo pregunten directamente. —le advirtió Duval mirando al joven en el asiento de adelante. —Todavía hay muchas cosas que no sabes del proyecto.
—Sí Señor, —respondió Dante.
Karina aparcó la camioneta junto a varios otros vehiculos civiles y apagó el motor. Dante fue el primero en bajar y prontamente abrió la puerta lateral para ayudar a su enorme jefe a pasar por el reducido espacio. Duval resultó ser más flexible de lo que parecía y pudo pasar por la puerta con relativa facilidad ante la mirada asombrada del joven. Finalmente bajó Willy llevando una mochila al hombro como único equipaje.
—¿Tenemos que llevar algo de eso con nosotros? —preguntó Dante mirando el equipo informático desperdigado por el fondo del vehículo.
—No mucho, pero deja que Willy se encarga de eso. —respondió el Director haciendo un gesto con la mano hacia la entrada iluminada. —Vamos, es tarde.
Abordaron un transporte militar con capacidad para seis personas (En realidad Duval ocupaba gran parte del asiento trasero y Dante junto con Willy ocuparon la fila del medio. Karina se sentó junto al soldado que conducía el vehículo y dió indicaciones al mismo hacia dónde querían ir.
El cabo puso en movimiento el transporte de inmediato y los condujo por la enorme esclusa de interconección entre ambas enormes naves. Cuando la enorme puerta se cerró tras ellos con un poderoso estruendo, el vehículo quedó firmemente sujeto a un vagón ferroviario que los llevó rápidamente hacia la popa del enorme portanaves de batalla.
Nadie hablaba en el vehículo. Solo se limitaban a observar en silencio la enorme estructura interna de la nave, donde miles de soldados trabajaban día y noche para mantener aquella monumental maquinaria de combate lista para la batalla. No obstante Dante pronto se dió cuenta de algo. —La dotación de Soldados y Técnicos es bastante más reducida que en otras naves que conozco. —comentó el joven.
—Muchos soldados ya han entrado a las vainas. —respondió Karina, quien se volteó un poco desde el asiento delantero.
—Oh. —exclamó Dante. —Comprendo.
En realidad no comprendía del todo. ¿No se suponía que solo los Colonos iban a entrar a la simulación? ¿Acaso también los militares participarian en Calypso? Antes que pudiese pensar más en el asunto otra cosa llamó su atención y era la abundancia de mechas pesados en el interior de la nave. Contó una docena o más de robots humanoides similares a los antiguos Destroids solo en aquella sección de la nave, pero estos eran versiones más modernas, enormes robots utilitarios provistos de soldadores, montacargas y enormes pinzas de metal que los cuerpos de ingenieros usaban para el mantenimiento de los enormes portanaves capitales. Los colores y emblemas en aquellas enormes máquinas corroboraban su suposición.
El viaje estaba llegando a su fin y el vagón que los transportaba se detuvo en una estación iluminada pero casi desierta de soldados. Cuando las barreras de contención se replegaron, el transporte volvió a ponerse en marcha y pronto estaban circulando por un nuevo pasillo ascendente. Al cabo de unos minutos se detuvieron frente a una entrada fuertemente custodiada donde fueron recibidos por un grupo de cuatro Marines que se acercaron de inmediato al vehículo una vez que este se hubo detenido.
—Teniente O'Higgins. —saludó uno de los soldados adelantándose a los demás. —La escoltaremos a usted y a los civiles hasta la oficina del Capitán.
La joven ya se había bajado del vehículo y respondió el saludo militar de la misma forma. —Gracias Sargento. —dijo.
Dante, Willy y Duval descendieron del transporte y pronto los cuatro estuvieron reunidos frente al grupo de soldados. —Por aquí. —indicó el Sargento.
Las puertas se abrieron de par en par y el grupo entró fuertemente custodiado tanto por delante como por atras.
El puente de las Battle Class se encontraba aislado del resto de la nave y podía separarse en caso que tuviese que ser abandonada. Era un diseño que predominaba desde la antigua SDF-1 y por suerte solo se había utilizado en un par de ocasiones. El puente de mando era, en efecto la "cabeza" del enorme robot gigante y no solo contenía la cubierta en donde el Capitán dirigía las operaciones de la flota; también estaban contenidas todas las salas de operaciones de combate, el centro de cómputo de toda la nave y, por supuesto, los camarotes de todos los oficiales necesarios para la operación de aquella terrible arma de guerra.
Mientras el grupo caminaba por el pasillo escoltado por los hombres armados, Willy le dió un codazo a Dante para llamar su atención. —¿No te diste cuenta?
—¿Eh?
—Somos una "Party" y estamos entrando al castillo del Lord local. —dijo en voz baja guiñando un ojo.
—Uhh… —exclamó Dante. —¿Entonces se supone que el Director es el líder de nuestra party?
—El jefe es el guerrero, yo soy el mago y nuestra querida Teniente bien podría ser una paladín… por su incansable dedicación y vocación de servicio. —agregó el técnico.
—¿Tu eres un mago?
—Obvio, un mago nivel Treinta y uno… espera un momento. —dijo mirándolo con interés. —¿Tu tambien eres un mago en entrenamiento?
—¿Yo un mago? ¿A que te…?
—Se refiere a tu virginidad. —dijo Duval gruñendo. —Hay un meme muy conocido entre los jugadores de rol que dice que si pasas los treinta años de edad y sigues siendo virgen ganas poderes mágicos.
—Enséñeme, Senpai. —dijo Dante sonriendo nervioso.
—Cierren el pico ambos o voy a convertirlos en papilla con mis propias manos. —amenazó el Director sonándose los nudillos. —Esto no es un puto juego, concéntresen en la reunión.
Los dos jóvenes asintieron en silencio.
El camarote del Capitán (Y su oficina) se encontraba varios niveles por debajo de la enorme Torre de Control. Un oficial (Que cumplia las funciones de Secretario de Simmons) los recibió en una pequeña recepción en la entrada del camarote y tras despedir a los guardias les indicó que lo siguieran al interior de la oficina.
La estancia estaba sobriamente decorada (Si solo unos cuantos cuadros y diplomas podían considerarse una decoración) lo que a Dante le indicaba que Simmons era un hombre abocado a su trabajo pero que no hacía alarde de ello. Sabía por experiencia propia que otros Capitanes decoraban suntuosamente sus camarotes y oficinas privadas, pero en el caso de la Flota 41 su Capitán parecía ser un hombre de gustos simples.
El hombre en cuestión estaba sentado tras un escritorio de metal examinando varias pantallas con gráficos de barras. Al advertir la presencia de los recién llegados se puso inmediatamente de pie.
—Capitán. —dijo el oficial. —Han llegado los representantes de Alpha Corporation que tenían una cita programada para hoy.
Simmons era un hombre alto pero no demasiado corpulento. Poseía el cuerpo de un soldado más que el de un oficial acostumbrado a pasar la mayor parte del tiempo sentado en una oficina que en el campo de batalla o en los entrenamientos. Parecía no llegar a los cincuenta años de edad y solo unos pocos cabellos blancos aparecían aquí y allá en su prolijo corte estilo militar. Tenía una mirada severa y el bigote clásico estilo Chevron resaltaban lo duro de su expresión. Dante comprendió de inmediato que ese hombre no se reía ni sonreía hace años.
—Gracias. —dijo con voz grave. —Puede retirarse.
El hombre hizo un saludo y salió de inmediato de la habitación. Mientras tanto Karina se había adelantado al grupo y se puso firme frente a su padre. —Teniente Karina O'Higgins reportandose, Capitán. —exclamó haciendo un saludo.
—En descanso. —respondió el hombre devolviendo el saludo pero sin cambiar el tono de voz.
El ambiente de la oficina parecía haberse vuelto una cámara frigorífica. El primer impulso de Dante fué ponerse en posición de firme y saludar, ya que su cuerpo estaba acostumbrado a reaccionar de esa forma al estar frente a un uniforme, pero se contuvo a tiempo. Todavia tenia que recordar a su propia memoria muscular que era un simple civil.
El Capitán Simmons apenas le dirigió una breve mirada. —Recibí su informe ayer a última hora. —dijo en cambio volviéndose hacia Duval. —Envié a mi oficial de contrainteligencia para que revisara el edificio; me ha confirmado que encontraron dispositivos de escucha y extractores de datos en dos de los pisos inmediatamente por debajo de sus oficinas.
—Agradezco profundamente su preocupación por este desagradable asunto. —dijo Duval haciendo una pequeña reverencia. —No podía haber sucedido en un momento más crítico.
—Dejaremos la investigación sobre quién colocó esos dispositivos en manos de la justicia militar. —afirmó el hombre. —Aunque me temo que en el poco tiempo que nos queda no creo que puedan lograr algún resultado concluyente. Mientras tanto asignaré una custodia permanente del edificio y haré que un oficial de contrainteligencia se mantenga en contacto con usted para reforzar sus sistemas de seguridad.
Duval volvió a inclinarse. —Muchas gracias Señor. Es justamente lo que necesitamos para garantizar la continuidad de las operaciones de control de la simulación sin temor a interferencias o filtraciones de seguridad.
—No dejaré que ningún terrorista interfiera en este proyecto. —afirmó el hombre. —Veinte Mil civiles van a estar inmersos en esas cápsulas durante el viaje y su seguridad depende exclusivamente de nuestra vigilancia. No se trata de un maldito juego.
—Por supuesto que no. —afirmó el Director. —El Proyecto Calypso es uno de los sistemas de simulación más avanzados del Consorcio Macross y como tal tiene prioridad absoluta en lo que respecta a la seguridad y respaldo por parte de Alpha Corporation; la colaboración entre las autoridades civiles y militares y la de nuestros técnicos e ingenieros es vital para lograr una experiencia óptima de los viajeros de la Flota 41.
Simmons asintió. —Doy mi palabra de honor que los sistemas informáticos de esta nave son completamente seguros y a prueba de todo tipo de injerencia externa. —afirmó. —Yo personalmente respondo por el accionar de mi gente en la operación del hardware involucrado en este proyecto.
Entonces el hombre giró su cabeza y miró a Dante directamente a los ojos. —¿Puede usted, Director Máximo Duval, decir lo mismo de sus hombres? —preguntó.
«—Oh mierda» —pensó el joven estratega tragando saliva.
El Director puso cara de sorpresa. —Por supuesto que sí, Capitán. —respondió calmadamente. —Respondo por completo por el accionar de todo el personal a mi cargo.
El Capitán no era de las personas que usaran indirectas ni nada similar. Simplemente levantó un dedo y señaló a Dante frente al resto de los presentes. —¿Sabe que clase de hombre tiene entre sus empleados? —preguntó.
—Si Señor. —respondió inmutable Duval. —Estoy al corriente del historial y experiencia de cada uno de ellos.
—¿Entonces está al corriente de lo que esta persona hizo en una de las más prestigiosas instituciones de la enseñanza militar? —preguntó.
—La experiencia del señor Joyner con el Engine de la Simulación durante sus estudios en la Academia de Oficiales es en extremo valiosa para nosotros, desde un punto de vista teórico por supuesto. —explicó el hombre.
Dante apretó los puños pero permaneció en su sitio junto a Willy sin decir una palabra. Sentía latir las venas en su cuello mientras su pulso se aceleraba. Aquel hombre…
Simmons bajó la mano y miró fríamente al Director. —¿Que clase de "valiosa" experiencia puede sacar de alguien que se aprovechó de esa simulación para amasar la mayor cantidad de puntaje posible y poder graduarse a costa de sus propios camaradas?
Los dientes de Dante crujieron de tanto que los estaba apretando.
—Los pormenores de la graduación del señor Joyner no son de mi incumbencia. —respondió calmadamente el Director. —Solo puedo opinar desde el punto de vista del informe que los técnicos encargados del software de simulación militar enviaron a los laboratorios de mi compañía para ser analizados; las acciones de Joyner dentro de la simulación dispararon una serie de eventos que el software tuvo dificultad en resolver y ese tipo de situaciones son registros muy valiosos para que nuestros programadores puedan prever situaciones similares en el futuro.
La explicación no pareció ser suficiente para aplacar la ira del hombre, por suerte Duval no era un simple empleado. —Dejando de lado la cuestión ética Señor, es algo muy común entre los ingenieros de software el contratar la ayuda de quienes se dedican a romper las reglas y buscan agujeros de seguridad en los programas a fin de obtener los mejores expertos en cada campo…
—¿Está diciendo que su compañía también contrata Hackers…? —preguntó Simmons frunciendo el ceño. —¿También delincuentes?
—Le aseguro que nadie de Alpha Corporation en toda la flota 41 tiene antecedentes penales en esta u otra jurisdicción del Gobierno unificado. —aseguró el hombre. —Jamás contrataremos a alguien que viole sistemáticamente la ley.
—Eso me hace sentir verdaderamente seguro. —escupió el Capitán con evidente desprecio. —Mantenga a esa… persona vigilada. —dijo señalando a Dante. —No es bienvenida en mi Portanaves ni en ninguna otra nave militar en toda la flota 41. Que sea la última vez que lo trae a una reunión conmigo. ¿Queda claro?
—Si Señor. —respondió Duval. —Ahora con respecto a los informes que ha solicitado…
—Enseguida veré eso. —lo interrumpió el Capitán mientras se volvía hacia su propia hija. —¿Como se ha desempeñado la Teniente en su asignación como colaboradora en su equipo? —preguntó.
—La Teniente O'Higgins ha sido de una ayuda inconmensurable. —respondió Duval. —Su desempeño y profesionalidad son extraordinarios.
—Me alegra saber que tener a una conductora de camionetas con las capacidades de la Teniente O'Higgins son de su agrado. —comentó Simmons de forma casi casual.
Dante sintió que el corazón se le detenía en el pecho. Lentamente giró los ojos en dirección a Karina y contuvo la respiración.
La joven permaneció en su lugar sin dar muestras de haber escuchado aquel terrible insulto. El joven no podía creer lo que estaba sucediendo.
—Ahora muéstrame esos informes. —dijo el Capitán volviéndose hacia Duval. —Y dese prisa, no tengo toda la mañana.
—Enseguida Señor. —respondió el Director haciendo un gesto hacia Willy.
El Programador abrió la mochila que llevaba consigo y extrajo un Pad que rápidamente encendió y se lo alcanzó al Capitán Simmons. Este lo tomó y tras colocar su dedo en el lector de huellas digitales pudo desbloquear el informe confidencial
—Joyner. —dijo Duval volviéndose hacia el joven. —Será mejor que se retire de la oficina; vamos a revisar material confidencial al que no está autorizado a acceder.
—Entendido. —respondió Dante haciendo una pequeña reverencia. —Los esperaré fuera en el pasillo.
—Gracias.
Dante abandonó la oficina y cuando las puertas se cerraron tras él suspiró aliviado. No había estado tan mal...considerando que ahora tenía prohibido el ingreso a la battle 41 y probablemente no tendría que volver a enfrentar a ese hombre. Caminó hasta el pasillo ante la mirada atenta del Secretario de Simmons y se apoyó en una de las paredes a esperar al resto de su equipo. No tuvo que esperar demasiado; Karina salió de la oficina unos minutos más tarde y se dirigió hacia él con total normalidad, tras lo cual se colocó a su lado mientras se cruzaba de brazos.
—Ahora sabes por que estoy asignada a este proyecto. —dijo la Teniente mirando hacia el pasillo donde dos soldados caminaban haciendo una ronda de patrullaje.
Dante asintió con la cabeza. —Para humillarte. —afirmó. —El Capitán Simmons no es de las personas que salgan con indirectas.
—Me ha tratado con esa clase de desprecio desde que entré a la milicia. —reconoció la joven.
—¿Porque eres su hija?
—Porque soy mujer. —respondió Karina y un relámpago de ira cruzó su mirada.
Dante guardó silencio y miró hacia las puertas cerradas. —Creí que esa clase de pensamiento arcaico ya no existía en la milicia. —dijo.
—Agradécelo a los Hughs
—¿Los Hughs? —preguntó el joven asombrado de escuchar ese nombre de labios de su compañera.
—Ese Clan de militares se ha nombrado a sí mismos defensores de las tradiciones militares del siglo Veinte. Como la única familia de militares sobreviviente tras el holocausto de la Primera Guerra Espacial han adoptado el papel de guardianes oficiales de la tradición castrense…
—O sea de las prácticas más retrógradas y barbáricas de los militares desde las épocas Napoleónicas. —concluyó Dante. —Que agradables sujetos.
—Mi padre jamás me perdonó por haber nacido mujer. —reconoció la joven. —Pero la ofensa más grande que le he causado es haberme unido a la fuerza; desde que ingresé a la Academia de vuelo ha dejado de llamarme por mi nombre.
—Eso es… realmente muy triste. —dijo el joven sacudiendo la cabeza.
Karina asintió. —No importa, ya solo pienso en el como mi superior y un colega más en la fuerza, por cierto siento no haberte advertido sobre esto ayer por la noche.
—¿Sobre que tu padre sabía lo de mi expulsión? No me sorprende en lo más mínimo. —aseguró el joven. —Se nota a la distancia que es un hombre que está al día de lo que sucede en su nave y quienes son los que trabajan para el…
Karina lo miró atentamente. —Tal vez deberías desistir de tu anhelo de volver a la fuerza algun dia. —dijo. —Hay rencores que no se olvidan fácilmente.
—Lo mismo me dijo Sutherland. —afirmó el joven. —Pero si dejamos que gente como los Hughs o con el pensamiento del Capitán Simmons guíen los destinos de la fuerza… creo que es nuestro deber luchar por el bien y el futuro de la institución; no me daré por vencido. —aseguró Dante.
Karina sonrió. —Pensamos igual. —dijo.
El Secretario de Simmons se acercó a ellos y señaló la puerta de la oficina. —El Capitán dice que entren. —dijo simplemente.
Los dos jóvenes asintieron y entraron juntos a la oficina del Capitán. Vieron que Simmons había tomado asiento tras su escritorio mientras analizaba una de las pantallas con atención.
—Joyner. —lo llamó Duval haciendo un gesto con la mano. —El Capitán Simmons nos ofreció ocuparse de la seguridad extra en las oficinas durante los días previos al Gran Salto, me temo que tendrás que mudarte de tu apartamento a nuestras oficinas.
—¿A las oficinas, Señor? —preguntó el joven confundido.
—No te preocupes, te montaremos unas habitaciones provisorias en el mismo piso de la Oficina Principal del Jefe. —explicó Willy.
—Es necesario. —continuó diciendo el Director. —Si las oficinas fueron comprometidas, es seguro que tu departamento sea el blanco siguiente… si no es que ya lo ha sido.
—¿Creen que…?
—No lo sabemos con seguridad, pero es mejor no correr riesgos. —dijo Duval. —De seguro lo intentarán una vez que sepan que las oficinas ya no son un blanco fácil. El domicilio de los empleados es una tentación que no podrían pasar por alto.
Dante se rascó la cabeza y suspiró profundamente. —Si no queda otra opción… pero es una lástima, me estaba empezando a gustar eso de vivir de forma independiente.
—De todas formas solo te quedaba una semana para disfrutar de tu departamento. —le recordó Willy. —Eventualmente ibas a tener que meterte en una de las vainas como todos nosotros.
El joven asintió. —Con respecto a eso Jefe…
—¿Qué sucede?
—¿No va a quedar nadie de Alpha Corporation fuera de la Simulación?
—En efecto. —respondió el Director. —Toda la plantilla de empleados y la Comisión Directiva estará trabajando desde dentro del sistema durante el viaje.
—¿Osea que solo el personal militar va a quedar fuera de las Vainas vigilando y controlando la seguridad de los Colonos?
Antes que Duvel pudiera responder, fué el propio Simmons quien levantó la cabeza. —¿Acaso nadie le ha explicado todavía de qué va el Gran Salto? —preguntó con la voz cargada de ira. —¿Esa es la clase de empleados que considera usted como algo "valioso"?
Duval volvió a inclinarse ante el Capitán. —No se preocupe Capitán, le aseguro que…
—Ningún ser humano puede resistir un salto de larga duración a causa del Síndrome de Transposición FOLD. —lo interrumpió abruptamente Simmons. —Todos mis hombres estarán dentro de una vaina en el momento del salto… yo mismo seré el último en entrar en una de esas cosas en cuanto termine los preparativos y de la señal de partida.
Dante abrió los ojos sorprendido. —Entonces… si todos los tripulantes de la flota 41 van a entrar a la simulación durante el Gran Salto… ¿Quien va a supervisar…?
—Esa tarea me corresponde a mi. —dijo una voz desconocida a sus espaldas.
Dante y los demás se dieron vuelta y se encontraron con una presencia casi sobrenatural, aunque de inmediato quedó claro la naturaleza de aquella aparición repentina.
—¿Un holograma? —preguntó Dante viendo como la figura femenina iba tomando forma mientras las partículas de luz aparecían flotando en el medio de la habitación.
—Una IA. —lo corrigió Willy. —¿Entonces ella es…?
El holograma se consolidó con un resplandor dorado y de pronto apareció ante ellos una joven de cabellos dorados envuelta en un extraño vestido celeste formado por matrices de datos, como si la tela fuera en realidad una seda finísima tejida con mallas poligonales y caracteres de datos computacionales.
—Caballeros, les presento a Aurora. —dijo Simmons poniéndose de pie. —Es la IA que se encargará de supervisar el largo viaje y de despertarnos en cuanto lleguemos a destino.
Duval se inclinó ante la figura que flotaba en el aire a pocos centímetros del suelo alfombrado. —Es un placer conocerla. —dijo. —Conocía de su existencia por supuesto, pero es la primera vez que estoy en la presencia de su avatar completo.
Tanto Dante como Willy se recuperaron rápidamente de la sorpresa y de inclinaron también a modo de saludo.
—¡Teniente O'Higgins! exclamó de pronto Simmons con voz atronadora, sobresaltando a todos en la oficina. —¿Está usted ciega? ¡La Primer Oficial Aurora es su superior, no se quede ahí parada como una idiota!
La joven se puso firme de inmediato y realizó el saludo militar correspondiente. —¡Teniente Karina O'Higgins presentándose, Señor! —exclamó con la misma voz neutral de siempre.
—Así está mejor. —gruño el hombre mientras expendía el Pad que había estado examinando hacia el Director Duval. —He firmado los documentos correspondientes, con esto terminamos los requerimientos legales.
Duval tomó el aparato y volvió a inclinarse ante el Capitán. —Gracias Señor. —dijo. —Podemos empezar con los últimos preparativos de inmediato.
—Excelente. —respondió Simmons. —Ahora retírense de una vez, tengo cosas que hacer. ¿Aurora?
—Sí Capitán. —respondió la joven volviéndose hacia su superior.
—Haz un resumen del informe que está en mi escritorio. —dijo señalando las pantallas con los datos que Willy había traído desde la oficina. —Y envía copias a todos los oficiales del Puente de Mando.
—Entendido. —respondió la IA moviendo las manos en el aire. Las pantallas que estaban flotando sobre el escritorio se duplicaron y comenzaron a ser reescritas en tiempo real.
Duval y los demás inclinaron la cabeza a modo de saludo y comenzaron a dirigirse hacia la salida mientras Karina hacía un saludo militar a sus superiores. Cuando Dante atravesó la puerta se volvió a mirar a aquella misteriosa joven del holograma y se asombró al ver que ella lo estaba mirando atentamente con unos irresistibles ojos azules.
Algo en esa mirada le dijo que seguro volverán a verse, y más pronto de lo que al joven le gustaría.
