El sol se asomaba por entre los lejanos picos cubiertos de nieve y sus rayos hicieron brillar con un intenso fulgor dorado los techos recubiertos de oro de la enorme biblioteca que se erguía en el medio de la ciudad de Mir.
El Capitán Rossi DiMarco apartó la mirada de aquellas lejanas cúpulas y miró en cambio las oscuras siluetas que formaban fila en el camino unos cien metros más abajo de donde él y su pequeño grupo de soldados se encontraba.
Los dos caminos que ascendían desde ambos lados de la montaña terminaban en aquella pequeña cornisa que colgaba de uno de los flancos del enorme macizo rocoso al que se podia llegar luego de una cabalgata de varias horas siempre en subida. Ante ellos se encontraba un profundo desfiladero con un caudaloso río en el fondo plagado de rocas y restos de árboles fosilizados. Del otro lado del abismo, la ciudad de paredes blancas contemplaba a los emisarios en silencio.
—¿Preocupado? —preguntó una voz a sus espaldas. El poderoso guerrero hizo que su caballo de guerra se volviese al encuentro de la yegua gris que se acercaba con un trote ligero. La mujer que se encontraba a las riendas tenía el rostro oculto bajo los pliegues de una capucha azul oscuro. —Elektra. —dijo el hombre con desprecio reconociendo a la misteriosa jinete.
La desconocida se detuvo junto al poderoso guerrero e hizo una pequeña reverencia. —Llegas temprano.
El hombre la miró atentamente. —He llegado justo cuando tenía que llegar. —respondió.
La mujer se rió de aquella respuesta. —Oh vamos… si has venido tan temprano es solo para ganarle a los enviados del Enjambre. —dijo lanzando una mirada a los jinetes que se encontraban camino abajo. —Estoy segura que no tienes ni el más remoto deseo de estar aquí.
—Mi lugar es el campo de batalla. —dijo el Capitán. —El concilio y esta ciudad de intrigas no son lugar adecuado para un hombre como yo.
Unas trompetas sonaron a lo lejos y el resto de los jinetes que se encontraban en el camino se acercaron al borde del precipicio, pero manteniendo las distancias entre los diferentes grupos. —¿Por que te envió Su Majestad? —preguntó el guerrero.
—Tu lo haz dicho. —respondió la mujer. —No estás hecho para estas cosas, pero tu presencia es un símbolo de poder que podría ser echado en falta. En cambio yo estoy a gusto en esta ciudad. —dijo guiñando un ojo.
—Una serpiente se siente a gusto entre otras serpientes. —espetó el hombretón.
Un sacerdote se acercó al grupo de emisarios precedido por dos acólitos. Caminó hasta el borde del precipicio y dándose la vuelta dió la espalda a los muros de la ciudad. —Bienvenidos en paz sean todos ustedes, poderosos señores. —dijo haciendo una reverencia. —En breves momentos estarán ustedes entrando en la magnífica ciudad de..
—Cierra el culo de una puta vez, NPC. —exclamó uno de los emisarios del Enjambre; un mago envuelto en una capa color violeta oscuro interrumpiendo violentamente el discurso del sacerdote. —Corta la charla y despliega el maldito puente.
El hombre volvió a hacer una reverencia. —Mir es una ciudad en donde dejamos el conflicto de lado en pos del conocimiento y entendimiento mutuo… la violencia está prohibida entre sus muros y poderosas fuerzas mágicas nos protegen de ella, mas no así del lenguaje violento y las provocaciones, así que por favor moderad vuestras palabras señores.
—Bla bla bla. —Se burló el compañero del mago que había hablado primero.
El sacerdote volvió a hacer una reverencia y se giró hacia el precipicio, donde tras extender los brazos en alto recitó unas plegarias en un idioma desconocido. Las palabras fueron llevadas por el poderoso viento y el eco resonó en las profundidades del abismo hasta que hubo una respuesta.
Un temblor hizo estremecer la cornisa donde los emisarios se encontraban y de pronto enormes costillas blancas comenzaron a surgir de las paredes del acantilado formando un largo puente como el esqueleto de una serpiente monstruosa.
Cuando el terrorífico puente quedó firmemente anclado en ambos extremos del abismo, el sacerdote de la ciudad fué el primero en poner su pie sobre el blanco hueso. —Por aquí Poderosos Señores. —dijo haciendo una reverencia.
El Capitán DiMarco sacudió las riendas y su poderoso corcel comenzó a cruzar el puente seguido por Electra y su cabalgadura.
El puente era bastante ancho y permitia que dos caballos avanzaran lado a lado por el mismo, cosa que la mujer llamada Elektra aprovechó de inmediato. —¿Preferirías haber venido solo? —preguntó una vez que ambos caballos caminaron al mismo paso sobre las enormes costillas del puente.
—Preferiría estar en cualquier otro lado menos en este puente de mierda. —dijo mirando las aguas agitadas por entre los espacios que quedaban entre hueso y hueso. —Pero no voy a desobedecer las órdenes de Su Majestad.
—Tu presencia en el Concilio es más importante que tu batalla contra El Enjambre. —comentó la mujer lanzando una mirada hacia atrás. —¿Así que perdiste cinco hombres ayer?¿En un Área PvE?
El guerrero gruñó una maldición. —Eso te alegra el día. ¿Verdad? —preguntó sin apartar la mirada del camino.
—No seas idiota. —respondió la mujer con dureza. —Se supone que esas cosas no deberían pasar en una zona controlada como lo son las ruinas debajo de Jenne. ¿Qué sucedió realmente?
—Nos la jugaron. —respondió DiMarco. —Y ese maldito "Nerfeo" de los cristales hizo las cosas aún más difíciles para nosotros.
—¿Quieres decir que dos magos solitarios del Enjambre pusieron en jaque a dos partys completas de guerreros del imperio? —preguntó mirando fijamente.
—Estaban escondidos y actuaron cuando estábamos en medio de la batalla. Lanzaron hechizos de refuerzo y curación sobre el Troll de las Cavernas con total impunidad.
Elektra suspiró. —Sabes perfectamente cómo contrarrestar esa clase de abusos. —dijo sacudiendo la cabeza. —No es excusa.
El Capitán volvió a gruñir. —Si hubiera estado con mis tropas regulares eso no habría sido un problema. —afirmó. —Pero lo de ayer era una party de tropas frescas, era su primera vez en esa clase de calabozos.
La mujer sonrió. —Entonces ha sido una experiencia valiosa para ellos. —dijo. —Procura que hayan aprendido a no bajar la guardia ni siquiera en una zona PvE. —agregó. —¿Qué pasó con esos magos? ¿Escaparon?
—Escaparon, si. —respondió de mala gana el guerrero. —Por culpa de unos idiotas entrometidos.
—Bueno… eso es algo interesante. —comentó la mujer. —¿Qué sucedió?
DiMarco detuvo su cabalgadura en medio del puente y miró a la mujer mientras sostenía las riendas. —¿Que sucede que estas tan interesada en lo que pasó ayer? ¿Tan desesperados están por echarme la culpa de algo?
—Estás provocando un embotellamiento. —señaló la mujer hacia atrás en donde la fila de emisarios murmuraba en voz baja sobre las causas de aquella parada inesperada.
El Capitán gruño y sacudió las riendas para volver a avanzar. —Un clansucho de esos que quedan neutrales en Jenne mató al Troll antes que el bicho se cargarse a los magos del Enjambre. —respondió.
—Osea que te quitaron el placer de la venganza. —dijo la mujer. —No fué para tanto.
—No es cosa tuya.
Elektra sonrió. —¿Ah no? Para tu información si lo es, especialmente porque si no fuera por mi y mis agentes ciertas cosas importantes podrían pasar por debajo de tu propia nariz sin que lo notaras. —afirmó la mujer.
—¿A qué te refieres? —preguntó el hombre mirando intrigado a su compañera.
—Oh, nada de lo que debas preocuparte. —aseguró la mujer. —Cosas de serpiente.
Los dos caballos llegaron juntos al otro lado del puente y descendieron a una plaza redonda que servía como entrada a la ciudad suspendida en el flanco de la montaña. Dos guardias montados se acercaron a recibirlos y tras hacer un saludo de rigor pidieron que los sigan por las calles de la ciudad.
—Lo siento. —dijo el Capitán DiMarco mientras su caballo y el de Elektra ascendían las empedradas calles en dirección al palacio que se erguía al fondo de la urbe. —No quise…
—¿Llamarme serpiente? —preguntó la mujer con una leve sonrisa.
El hombre carraspeó. —Yo lucho mis batallas frente a frente… todo esto del subterfugio y la intriga no es…
—Disculpas aceptadas. —dijo la mujer levantando una mano. —No es necesario que diga nada más Capitán, lo comprendo perfectamente.
En ese momento los dos magos del Enjambre pasaron galopando a toda velocidad por el pequeño espacio que quedaba a ambos lados de la calle y se alejaron calle arriba lanzando una andanada de insultos y gestos obscenos a los dos jinetes del Imperio que avanzaban despacio. De inmediato los dos guardias a caballo salieron al galope para intentar "escoltar" a los emisarios que tenían prisa.
—¿Y bien? —preguntó el Capitán una vez que todo se hubo calmado. —¿Me lo vas a decir o no?
—¿Que cosa? —preguntó la mujer.
—Lo que sucedió ayer durante mi salida de entrenamiento que atrajo la atención de la jefa de espionaje. —respondió el hombre. —Ya pedí las disculpas pertinentes.
Elektra se rió con ganas. —Usted es un hombre completamente transparente, Capitán. ¿Lo sabía?. —Preguntó.
—Creo que es una de mis cualidades que más aprecia Su Majestad. —contestó DiMarco. —Siempre digo lo que tengo en mente.
—Y por eso mismo la gente como yo es necesaria en El Imperio. —afirmó la mujer. —No todos los hombres son tan transparentes.
El hombre se encogió de hombros. —Por desgracia. —murmuró.
La mujer guardó silencio y dejó que su yegua avanzara al paso por la calle empedrada mientras miraba los rincones oscuros y callejuelas que se abrían a ambos lados—Ese "Clansucho" que se interpuso entre usted y su venganza ayer por la tarde… ¿Notó algo extraño?
DiMarco sacudió la cabeza. —No. —dijo. —Eran una party con una composición bastante normal para esa clase de calabozos; tres luchadores cuerpo a cuerpo, dos lanzadores de proyectiles y un soporte… nada del otro mundo ¿Que es lo extraño de eso?
—¿Recuerdas qué clase de soporte era? —preguntó Elektra.
—No. —respondió el Capitán. —Una joven vestida con una túnica y un bastón, seguramente un monje o sacerdote o diez clases más diferentes que usan el mismo tipo de equipo...
—Era una Druida. —afirmó la mujer.
—¿Una Druida? ¿En las ruinas de una ciudad seca como el hueso? —preguntó el hombre chasqueando la lengua. —Ridículo, esa clase de personaje es casi inútil en ese tipo de terrenos sin plantas o animales del bosque.
Elektra sacudió la cabeza. —Eso no supone ningún problema para un Natural. —dijo.
DiMarco casi vuelve a frenar su cabalgadura, pero desistió de inmediato. —¿La chica es un Druida Natural? —preguntó mirando a la mujer con cara de asombro. —¿Que escala…?
—Entre un ocho y un diez. —respondió Elektra. —No hay datos sobre sus stats, pero lo poco que sabemos sobre ella apuntan a que tiene valores máximos o cercanos a máximos en todos los atributos de su clase.
—Mierda. —exclamó el hombre. —Eso explica el por qué tienes los ojos encima de la chica. ¿No han tratado de reclutarla?
La mujer sacudió la cabeza. —Ese personaje pertenece a un jugador casual, la clase de persona que solo dedica unas cuantas horas de su día a Calypso… no le interesa formar parte del Powergame del juego ni de participar de la guerra de facciones, solo quiere jugar con sus amigos.
—Que desperdicio. —contestó el Capitán suspirando. —¿Entonces por que la vigilan?
—Porque queremos estar seguros que El Enjambre no la reclute en sus filas. —dijo, tras lo cual agregó. —Pero hay algo más, te lo contaré todo cuando sea el momento indicado .
La calle se abrió de repente y los dos emisarios del Imperio salieron a una enorme plaza redonda atestada de NPC's. Los guardias habían apartado a la gente lo suficiente para dejar un camino abierto que conducía al enorme palacio que parecía estar esculpido directamente en la misma roca de la montaña. A los lados de la enorme plaza se podían distinguir otros dos edificios imponentes, pero de menor tamaño que el palacio; a la derecha se encontraba el templo de la ciudad y frente a él, la enorme biblioteca que albergaba gran parte del conocimiento de Calypso.
Unas amplias escalinatas de mármol blanco partían desde la plaza hacia la entrada del palacio. DiMarco y Elektra desmontaron de sus cabalgaduras y comenzaron a subir las escaleras mientras el resto de la comitiva llegaba en aquel momento a la plaza.
Al llegar a la explanada superior vieron como los emisarios del Enjambre habían subido con sus caballos hasta allí dejándolos descuidadamente justo en la entrada. Uno de ellos había incluso defecado y la pila de estiércol resaltaba de forma obscena en la pulida piedra blanca del piso del elegante palacio. Uno de los NPC's rápidamente corrió para limpiar la suciedad pero nadie tocó los caballos de los emisarios.
—Mira a esos inadaptados. —comentó el Capitán frunciendo la nariz al llegarle el hedor del estiércol fresco. —Deberian expulsarlos de esta ciudad y del concilio en vez de tratarlos con tanto honores.
Elektra sacudió la cabeza y se bajó la capucha revelando su cabellera oscura. —Es solo un juego, Capitán. —dijo mirándolo con sus ojos almendrados mientras sonreía. —No debería tomarse estas cosas tan a pecho.
Un mayordomo los recibió y los condujo por el interior del enorme castillo hasta una enorme sala abovedada donde una imponente mesa redonda se erguía solitaria en el centro de la amplia estancia. Los dos emisarios del Enjambre ya habían tomado asiento y los miraron con expresión hostil en cuanto entraron al salón. Había otra persona también sentada en la mesa, un NPC que representaba a la propia ciudad de Mir en nombre del consejo de sabios que gobernaba la ciudad. Su presencia era meramente decorativa ya que no participaba de las discusiones y solo se limitaba a repetir un par de frases corteses en forma automatizada si alguno empezaba un diálogo con el.
—Vamos a sentarnos del lado opuesto a esa lacra. —dijo DiMarco. —Hasta aquí me llega el olor a excremento.
Eso hicieron mientras comenzaban a llegar los demás emisarios y el salón comenzaba a poblarse de susurros y conversaciones en voz baja.
Al cabo de unos minutos los 12 representantes de los jugadores de Calypso estaban sentados a la mesa y solo quedaba esperar al inicio de la sesión cuando sonara una campana de oro que uno de los mayordomos sostenía en un atril del otro lado de la entrada principal al salón. Pero el mayordomo no estaba en su sitio y en cambio los presentes se sorprendieron al ver aparecer a un personaje desconocido.
Un hombre vestido con una levita de terciopelo entró por una puerta lateral y todo el mundo guardó silencio de inmediato.
—Es uno de los Administradores. —dijo Elektra hablando en privado con su compañero. —Había rumores de que haría acto de presencia.
El hombre no se sentó en la mesa, en cambio fué hacia un estrado a un lado de la sala y se colocó tras una pequeño atril de madera. —Buenos días. —dijo alzando la voz. —Debido a la gran cantidad de preguntas y dudas que han surgido en las redes sociales y canales de contacto de la Comunidad de Calypso, he sido enviado por la Administración para responder cualquier tipo de duda con respecto al funcionamiento del juego. Podéis comenzar cuando lo deseéis.
—¿Que rayos esta pasando con los cristales de maná? —preguntó un representante de uno del gremio de comerciantes. —¿Por que han reducido la efectividad de la recarga de puntos de cada cristal? De inmediato el salón se llenó de las voces de los demás emisarios que avalaban la pregunta. Los representantes del Imperio guardaron silencio.
El hombre del estrado se aclaró la garganta. —Con respecto a eso… solo puedo informar que la administración no tiene nada que ver y se trata de un evento dentro del ecosistema de Calypso. No se han hecho cambios en las mecánicas de la magia ni de ninguna clase de consumibles o items de ayuda relacionados.
Al oír aquellas palabras varios jugadores exclamaron indignados y algunos golpearon la mesa violentamente con sus puños. —¿Que rayos estan diciendo? —gritó un mago que representaba un gremio de adeptos a lo arcano. —¿Como que la administración no tiene nada que ver? ¡Esto es claramente un Nerfeo a las clases mágicas! —exclamó indignado.
Los ánimos de los presentes comenzaron a encenderse y varios se habían puesto de pie para gritar su descontento ante la mirada pasiva del representante de la compañía administradora del juego. Uno de aquellos emisarios, un hombre joven de considerable altura y cabellos blancos como la nieve había permanecido en silencio todo el tiempo, pero se puso de pie al cabo de unos minutos y pidió la palabra a los demás con un gesto de la mano.
—¿Sabes quien es ese? —preguntó Elektra. DiMarco asintió. —Es ese abogado llamado Malkovich. —dijo. —Representa o dice representar a los usuarios de Calypso para defenderlos de las prácticas poco éticas de Alpha Corporation.
—Querrás decir defender a los del Enjambre y sus prácticas de abusos sistemáticos amparándose en los vacíos legales del reglamento del juego. —aseguró la mujer.
El Capitán suspiró. —Dije que no me gustaba el espionaje, no que fuera ciego y sordo. —dijo. —Se perfectamente quien es ese tipo y a quienes representa… los rumores se escuchan hasta en las barracas de los soldados más novatos.
El avatar del abogado era un alto guerrero de raza Windermerense. Los cabellos blancos y ondulados caían desprolijamente a ambos lados de su cabeza y llegaban hasta los hombres. De su espalda colgaba una larga espada de plata exquisitamente decorada con joyas y metales preciosos. —El punto cuatro, inciso tres establece que Alpha Corporation debe informar con un plazo mínimo de cuarenta y ocho horas de antelación los cambios a realizarse en las mecánicas o eventos del juego. —comenzó a explicar el hombre mirando atentamente al representante. —Lo que ha sucedido con los cristales es una clara violación a lo estipulado en el EULA firmado por los jugadores. ¿Que tiene que decir la Administración con respecto a eso? —preguntó.
El representante de la compañía sacudió la cabeza. —Vuelvo a explicar que lo sucedido el dia de ayer no fué ninguna clase de rebalanceo o modificación de las mecánicas de magia en Calypso… los detalles del evento no...
—¡Mentira! —exclamó uno de los magos interrumpiendo violentamente la explicación. —¡Si se tratara de una maldición o una penalización o algo aparecería claramente en la interfaz de administración de los jugadores! ¡Eso no ha sucedido!
Los gritos del jugador fueron acompañados por exclamaciones de furia de otros representantes mientras el hombre intentaba calmar los ánimos desde el estrado. —Calma, por favor. —pidió extendiendo las manos. —Ustedes comprenden que Calypso es una compleja simulación infinidad de ecosistemas que interactuan unos con otros continuamente… y no todo lo que sucede en la simulación se ve reflejado en la interfaz de Usuario; les aseguro que la respuesta a este evento se encuentra dentro del lore del propio juego.
DiMarco se puso de pie y su movimiento no pasó desapercibido para los demás, quienes guardaron silencio de inmediato. —¿Afirmas entonces que no se trata de algo adrede o de un "Bug"?
—Así es. —respondió el hombre. —No hay "Bugs" en Calypso; el código es perfecto en todo sentido.
—Eso es una audaz afirmación. —agregó Elektra mientras Malkovich tomaba asiento y la miraba con evidente curiosidad. —Pero el Imperio aceptará las explicaciones oficiales, en definitiva lo que nos interesa es encontrar una solución que beneficie a todos. ¿Qué medidas va a tomar la Administración para paliar esta crisis? —preguntó.
El representante de Alpha Corporation miró confundido a la mujer. —¿Medidas? —preguntó.
—Los precios de los Cristales se han disparado. —dijo uno de los comerciantes, un Ragnariano de prominente barriga cubierta de tatuajes. —Los jugadores nuevos o independientes tienen cada vez más dificultades para costear su entrenamiento y eso influye en el comercio; menor actividad, pocas ventas y poco movimiento de dinero es malo para Calypso.
—Más razón entonces para que se unan a uno de los bandos con los recursos adecuados. —exclamó uno de los emisarios del Enjambre. —Nosotros no tenemos escasez de cristales, se lo aseguro.
—Lo que les sobra en recursos les falta en honor. —respondió DiMarco volviéndose hacia el mago.
—A tu madre le falta honor; grita como cerda en la cama. —gritó el otro mago haciendo un gesto obsceno.
El representante de Alpha Corporation golpeó el estrado con la mano. —¡Silencio! —exclamó. —¿Que esto? ¿Un concilio o el patio de recreo de una escuela primaria? Dejen sus rencillas para las zonas PvP, aquí no es el lugar ni el momento adecuado.
DiMarco hizo una reverencia y tomó asiento pero sin apartar la mirada de los dos emisarios del Enjambre.
—En fin. —dijo el hombre una vez que se hubieran calmado los ánimos tras lo cual se volvió hacia Elektra. —¿Pides medidas? Es posible, lo comunicaré a la Junta Directiva y evaluaremos qué es el mejor curso de acciones a tomar para los jugadores de Calypso; tenemos varias opciones para implementar con las que podriamos balancear el mercado de NPC's de las ciudades iniciales… pero recuerden que este mundo tiene sus propias reglas y no nos corresponde a los Administradores ir contra la simulación del juego. La supervivencia de las razas de la Protocultura en este planeta depende pura y exclusivamente de las acciones de cada uno de ustedes… ¿Algo más que necesiten discutir?
Los emisarios se miraron entre sí y murmuraron varios minutos. —Necesitamos mejores herramientas para lidiar con el espionaje. —dijo de pronto un representante de los jugadores independientes. —Es demasiado fácil para los grandes clanes infiltrar a los más pequeños y provocar caos y discordia desde sus propias filas; es algo injusto y que debe ser remediado.
—El espionaje es legal en el juego. —dijo Malkovich con una sonrisa. —Y el juego ya posee las herramientas necesarias para contrarrestarlo.
—Es abusivo. —respondió el hombre. —Y las "herramientas" de las que hablan solo son obtenibles en niveles altos, solo disponibles para aquellos mismos clanes que abusan de ellas.
—Así es el juego. —dijo el abogado. —Si no pueden adaptarse a este mundo… bueno, siempre queda la opción de jugar al Golf en la simulación siguiente.
Un par de risas se escucharon alrededor de la mesa (Provenientes claro de los magos del Enjambre) El resto de los presentes solo se limitó a guardar silencio mirar con hostilidad aún más evidente al abogado de cabellos blancos.
El resto de la reunión fué usado para tratar temas referentes a las zonas de PvP, impuestos y derechos de explotación de diferentes recursos controlados por los jugadores. Actualmente en Calypso no se reconocía a ninguna nación o reino controlado por los propios jugadores… en cambio los diferentes clanes ofrecían su servicio y/o lealtad a los diferentes gobernantes de la región a cambio de ofrecer protección tanto de los monstruos como de bandidos (IA's y jugadores por igual) de modo que el comercio entre las diferentes regiones no fuera interrumpido y los caminos fueran, al menos en la teoría, libres y seguros de transitar.
DiMarco observó que Elektra se había pasado casi toda la reunión escribiendo y leyendo mensajes desde su interfaz de usuario. Que clase de secretos y conspiraciones había en esos correos era algo que el guerrero no podía (ni quería) comprender. —Al diablo con los espías y sus puñaladas en la espalda. —prensó mientras giraba la cabeza para mirar a los demás presentes en forma aburrida.
Entonces notó algo extraño.
—Elektra. —dijo dando un codazo a su compañera.
—Espera un segundo. —respondió la mujer. —Tengo que terminar esto antes de…
DiMarco no era un hombre paciente. Tomó el brazo de la mujer y la obligó a voltearse hacia un lado de la mesa. —¡Mira eso! —exclamó.
Al principio la mujer no comprendía lo que estaba viendo, entonces por fin vió el pequeño ícono en forma de signo de exclamación sobre la cabeza del NPC sentado junto a la mesa.
—Oh mierda. —exclamó Elektra. —Eso es…
El Capitán se levantó del asiento interrumpiendo la conversación de los demás quienes giraron las cabezas en su dirección mientras el poderoso hombre de armadura de placas rodeaba la mesa y se dirigía al personaje NPC que todo el mundo ignoraba por costumbre.
Entonces ellos también comprendieron lo que estaba pasando.
El NPC inició la conversación con DiMarco mientras los demás enviados se levantaban al unísono de sus sillas para investigar por ellos mismos aquel extraño fenómeno. Ese personaje sólo podía interactuar con un jugador a la vez por lo que los demás tuvieron que esperar pacientemente su turno mientras el hombre del Imperio mantenía la atención del NPC sobre si.
—¿Es una Quest? ¿O un Evento? —preguntó Elektra por el chat privado. —¿Qué es lo que dice?
—Dice que no reuno los requisitos necesarios. —respondió el Capitán. —Quiere hablar con un erudito.
La mujer lanzó una maldición. —Mis atributos en Sabiduría son mejores que los tuyos, pero ni por asomo son los mejores de entre todos los presentes. —dijo mirando a los demás que se habían agolpado alrededor del Capitán y el NPC. —Los emisarios del gremio Arcano tienen excelentes atributos, así como los dos magos del Enjambre… si ellos consiguen la información antes que nosotros...
—¿Puedes iniciar tu el diálogo con el? —preguntó DiMarco.
—Estoy tercera en la fila de turnos despues de ti. —respondió. —Esto pinta mal… necesitamos saber antes que nadie qué clase de información tiene este NPC, no es casualidad que esto haya pasado aquí y ahora.
—¡Dese prisa! —gritó uno de los comerciantes. —¿Cuanto tiempo mas va a tomarse con ese NPC?
DiMarco chasqueó la lengua. —Tengo que dejar al siguiente en la fila o incurriré en una violación de Metagame. —dijo reprimiendo su frustración mientras lanzaba una mirada a Malkovich, quien le devolvió una sonrisa malévola.
—Está bien, no podemos hacer nada más por ahora. —dijo Elektra dándose por vencida. —Enviaré un mensaje a la base solicitando la presencia de un Archivista por si yo tampoco consigo iniciar la Quest con el NPC.
DiMarco asintió y cerró la ventana de interacción. El NPC inclinó la cabeza despidiéndose del jugador y se volvió a mirar al siguiente en la cola que se había formado para hablar con el.
—Enviame un mensaje si te enteras de algo. —dijo DiMarco mientras se preparaba para salir.
—Creí que estas cosas de intrigas no te gustaban. —respondió la mujer con una sonrisa.
—No. —dijo el Capitán. —Pero tengo un mal presentimiento de todo esto.
El hombre se apartó de la mesa y observó que el representante de Alpha Corporation se había marchado por la misma puerta por la que había entrado. ¿Era aquello algo planeado? ¿Un Evento como decía Elektra? El resto de los emisarios que no esperaban su turno para hablar estaban en esos momentos enviando mensajes a sus clanes y gremios pidiendo instrucciones e informando de todo lo que había sucedido en la reunión.
Sin nada mas que hacer salió del salón y caminó por los pasillos hasta llegar a la entrada del castillo. Los caballos del Enjambre seguían en su sitio pero alguien (probablemente NPC's) habían colocado abundante paja alrededor de los mismos para evitar que siguieran ensuciando. Los detalles de ese juego eran increíbles.
DiMarco bajó las escalinatas y activó la interfaz de acciones para invocar a su montura. Al estar dentro de una ciudad inmediatamente su caballo fué traído de las caballerizas por un NPC que lo dejó solícitamente a los pies de la escalera.
El Capitán acarició el cuello blindado de acero de su poderosa montura y miró el enorme edificio de la biblioteca donde un par de palomas levantaron el vuelo en ese momento. El sol ya estaba alto en el cielo y los techos de oro brillaban tanto que lastimaban la vista. Al apartar la mirada y volverla hacia la plaza creyó ver una pequeña sombra que se escurria tras el gentío de NPCs. Fue tan fugaz que creyó que lo había imaginado.
—Al carajo con esta ciudad llena de serpientes. —dijo subiéndose a su caballo de guerra. —Odio este sitio.
El caballo relinchó como respondiendo las palabras del guerrero y partió calle abajo mientras la multitud se apartaba a su paso y dos curiosos ojos amarillos seguían su movimiento desde las sombras de la plaza atestada de gente.
