El aceite derramado de la lámpara había empapado la tela negra y ahora que las llamas habían aumentado su intensidad, toda la habitación estaba iluminada. Karina mantenía fuertemente apresado al hombre con un brazo mientras que apoyaba el afilado cuchillo junto a su garganta expuesta. —¿Que…? —comenzó a decir mientras Dante se adelantaba desde la entrada oscura y quedaba a la vista del hombre tirado en el piso. —¿Me recuerdas? —dijo guardando su cuchillo.

—Eres el novato. —dijo el hombre con un tono de voz calma que nada parecía acorde con la situación extrema que se vivía en aquella pequeña habitación subterránea.

—Puedes soltarlo. —dijo el joven mirando a su compañera.

—¿Estás seguro?

Dante asintió con la cabeza y Karina aflojó la presión sobre el hombre. Inmediatamente usó su mano libre para quitarse las gafas de visión nocturna y ocultarlas bajo su capa.

—Está bien. —dijo apartando finalmente el cuchillo de la garganta mientras retrocedía unos pasos sin dejar de estar alerta ante un posible movimiento brusco del prisionero. —Lo que tu digas.

El hombre se acarició el cuello en el punto donde Karina había apoyado su arma e hizo el ademán para girar la cabeza, pero la voz de la mujer lo detuvo en seco. —No te des vuelta. —ordenó en forma imperativa. El hombre asintió con la cabeza y volvió la vista hacia Dante.

—Tu nombre es… Dirk ¿Verdad? —preguntó el joven poniéndose de cuclillas frente a él. —Nos conocimos en las catacumbas debajo de la ciudad hace poco. ¿Eres un Asesino de La Orden, verdad?

El hombre de tez oscura mostró una sonrisa blanca. —¿Asesino? —preguntó. —No, tengo el aspecto de uno claro, pero mi verdadera profesión es Informante.

—Osea un espía. —dijo Karina.

El hombre no corrigió a la Teniente por lo que Dante pensó que era mejor cambiar de tema inmediatamente. —¿Qué estás haciendo aquí? ¿La Orden también utiliza estos túneles para entrenar a sus luchadores?

Dirk miró atentamente a Dante pero ya no sonreía. —¿Realmente crees que tengo que responder a esa pregunta? —preguntó.

—¿Eh?

—Soy un jugador que se especializa en pasar desapercibido, en descubrir y documentar rumores y secretos, en recolectar toda clase de información y discernir lo verdadero de lo falso para poder venderlo al mejor postor. Estos túneles, junto con los callejones y rincones oscuros son mis zonas de confort y mi lugar de trabajo, soy uno con las sombras y los secretos…¿Y tú me preguntas qué hago YO aquí? ¿Que haces TU aqui, novato? Eres un recién llegado a Calypso que no llega ni a la primera semana de juego y te encuentras en uno de los laberintos más secretos y peligrosos de todo el mapa del juego. ¿Cómo has llegado aquí? ¿Quien es esa misteriosa mujer que se movió en completo silencio sin que mis agudizados sentidos del oído y olfato hayan podido detectarla?

—No responderemos a ninguna de esas preguntas. —dijo Karina. —Hemos perdonado tu vida, conténtate con eso.

Dirk sacudió la cabeza. —Mi vida no valía nada para ustedes. —afirmó. —Si usted, señorita, hubiese rasgado mi garganta con ese cuchillo mientras estaba completamente oculta a mis sentidos jamás hubiera sabido quien o que me mató, la interfaz solo me informaria que un jugador me atacó por sorpresa, pero ninguna información extra podría sacar de eso… ahora en cambio… —dijo mirando a Dante a los ojos.

Dante se cruzó de brazos y sonrió. —Al menos puedes comprobar que realmente somos novatos en esto. —se sinceró el joven suspirando.

Dirk asintió. —Te concedo eso, Dante. —respondió el hombre. —Pero tu sinceridad no es suficiente, no en estos tiempos de oscuridad e incertidumbre en donde las lealtades valen menos que los harapos que vistes ¿Sabes que lugar es este?

—Mir. —dijo Dante. —Como verás estamos tratando de entrar a la ciudad.

—Y haz elegido el peor camino posible. —respondió el hombre de piel oscura. —Más allá de esa puerta. —dijo señalando una abertura oscura del otro lado de la habitación. —Allí comienza uno de los laberintos más difíciles y traicioneros de todo Calypso, jamás podrás salir con vida de estos túneles malditos.

—Pero tú estás aquí. —dijo Dante. —Así que no debe ser tan imposible de recorrer. —razonó.

El Informante guardó silencio sin quitar los ojos de encima a Dante, quien meditaba las palabras del hombre tratando de encontrar una forma de persuadirlo para que los ayudara. Karina no obstante se estaba cansando de la actitud del hombre. —¿Estas con el imperio o con El Enjambre? —preguntó.

—Con ninguno de ellos. —respondió Dirk. —Cuando tienes un trabajo como el mío, no puedes elegir un bando.

—Osea que te vendes al mejor postor según la oportunidad. —dijo con desprecio la Teniente.

—Lo que vendo es información. —la corrigió él hombre. —Esto no tiene nada que ver con lealtades.

Dante escuchó aquello y sacudió la cabeza. —¿Alex te envió a averiguar lo que sucedía en esta ciudad? —preguntó.

—No. —dijo Dirk. —Mi presencia aquí no tiene nada que ver con La Orden.

—¿Entonces?

Dirk volvió a sonreír. —Mi gente es quien descubrió estos túneles, nadie salvo nosotros conoce su existencia y ni los del Imperio o el Enjambre han logrado recorrer todo el laberinto desde Mir hasta encontrar una salida fuera de la ciudad… ¿Entonces cómo es posible que un novato como tu haya entrado desde fuera de la ciudad y llegado hasta aquí?

Dante se rascó la cabeza. —Escucha Dirk… realmente no puedo decirte nada sobre como llegamos o que vamos a hacer aquí. ¿Comprendes?

—Todos tenemos secretos, Dante. —dijo el informante. —Pero algunos son más valiosos que otros. Tu presencia aquí (y la de tu misteriosa compañera) me dice varias cosas, pero es lo que callas lo que más me revela sobre tu verdadera identidad o propósito en Calypso. ¿Comprendes?

Karina tuvo suficiente de aquello. —Volvamos. —dijo. —No tiene sentido perder el tiempo aquí, regresemos a la entrada y escalemos el acantilado, si nos damos prisa llegaremos al anochecer.

—Si su plan es entrar a Mir sin ser vistos, esa es una pésima idea. —dijo Dirk mientras movía su cabeza y hacía sonar las vértebras del cuello.

—¿A qué te refieres? —preguntó Dante.

—Hay espías apostados a lo largo del muro perimetral, tanto desde dentro como desde la orilla frente al acantilado… muchos de ellos con hechizos y habilidades de Visión Verdadera y Percepción Aumentada… no podrán subir sin ser vistos.

—Tendremos que arriesgarnos entonces. —dijo Dante poniéndose de pie. —No podemos perder tiempo en un Laberinto desconocido.

El informante lo miró en silencio unos segundos. —¿Por qué es tan importante que vayas allí? —preguntó.

—No puedo decirlo. —respondió Dante. —Solo puedo asegurarte que hacemos esto por el bien de Calypso y de todos los jugadores de esta simulación, así que puedes elegir creerme o no, sea como sea no voy a perder más tiempo aquí viendo quien tiene los mejores secretos de todo el puto juego.

Dicho esto Dante hizo un gesto con la cabeza y Karina se bajó la capucha hasta casi ocultar su rostro.

—Espera. —dijo Dirk extendiendo una mano hacia el joven que se había dado la vuelta. —¿Comprendes realmente tu situación? Tu presencia en estos túneles no pasará desapercibida para mi gente.

—Haz lo que quieras con la información que tienes. —dijo Dante. —Y ojalá consigas un buen precio por ella. —agregó mientras se dirigía hacia la abertura por donde había entrado.

En cuanto Dante hubo traspasado la puerta vió que se abría la interfaz de ítems y una petición de intercambio se desplegó frente a sus ojos. Cuando se dió vuelta vió que Dirk estaba de pie con una mano extendida sosteniendo un trozo de papel amarillento. —Toma. —dijo mirándolo con seriedad.

Dante aceptó el intercambio y tomó el papel de las manos del informante. —¿Esto es…? —preguntó mirando los símbolos que asemejan a flechas escritos en carbonilla de forma apresurada.

—Sigue esas instrucciones y podrás atravesar el laberinto. —aseguró el hombre. —Pero debes destruir ese papel en cuanto salgas y no intentar memorizarlo… ¿Comprendes?

El joven asintió.

—Allí arriba se está gestando algo grande. —dijo Dirk señalando hacia el techo de roca. —No se que rayos puedas hacer tú para resolver el misterio de ese NPC y la quest que apareció repentinamente en medio del Concilio, pero definitivamente quiero ser el primero en enterarme si lo haces.

Dante sonrió y agitó el papel frente al hombre. —¿Estás seguro de esto? —dijo. —No tengo nada con que pagarte.

—Las lealtades no valen nada en este juego. —dijo Dirk. —pero la confianza es una moneda en extremo valiosa y en estos momentos estoy apostando mucho más de lo que me corresponde al darte eso. —afirmó.

—Gracias. —dijo Dante. —No se como, pero algún día trataré de devolver en favor de alguna manera.

Dirk no respondió y en cambio aplastó con su pié el trapo que se había consumido casi por completo por el fuego. La oscuridad volvió a cerrarse sobre la habitación y Dante solo podía ver un pequeño resplandor en los ojos del hombre. —Vete ahora, yo tengo que quedarme aquí a esperar a otro de los míos; no eres el único que trata de entrar a la ciudad sin llamar la atención.

Karina se adelantó y tomando a Dante del brazo lo arrastró hasta la entrada que había señalado el Informante. —Vamos. —dijo usando el chat privado. —Deprisa.

En cuanto se hubieran alejado de la puerta Karina volvió a equiparse las gafas de visión nocturna y tras tomar el papel con el rudimentario mapa de manos de Dante guió al joven por una serie de pasillos y habitaciones que comenzaron a aparecer a ambos lados del túnel por el que avanzaban.

Derecha, izquierda, arriba, abajo, lo intrincado del laberinto hacia que mas de una vez tuvieran que consultar entre ellos el significado de las instrucciones ¿Arriba quería decir las escaleras o aquel agujero en el techo? ¿Derecho era a través de aquella grieta en la pared o la puerta de la habitación siguiente? Y luego estaban las trampas… dispositivos de todas las clases y tamaños que cubrian por igual pisos, techos y paredes de aquel intrincado laberinto.

Karina no tenía ninguna dificultad en verlas a simple vista. Si acaso era una habilidad que Willy había inculcado a su personaje de antemano o era el producto de los elevados stats de su avatar, el caso es que cada trampilla, cada baldosa trampa y cada hoja afilada oculta atraia inmediatamente su atención por lo que ninguna de ellas se activaba al paso de ambos compañeros.

No vieron NPC's o monstruos en los corredores, aunque ambos sospechaban que se debía principalmente a la protección de la teniente contra los encuentros "aleatorios". Solo una vez descubrieron dos puntos de luz brillantes como ojos que los observaban desde un agujero en la pared, pero si era una criatura hostil o un simple efecto de luz para infundir terror en los exploradores, jamás pudieron saberlo.

Al cabo de media hora de recorrer aquellos pasillos ya habían perdido por completo el sentido de la orientación. Por lo menos podian recordar haber ascendido y descendido docenas de veces, por lo que desconocían por completo si estaban ya por encima o por debajo de la plaza de la ciudad. Al cabo de un rato Karina pudo finalmente quitarse las gafas de visión nocturna por completo ya que las habitaciones y pasillos estaban casi todas alumbradas por varias antorchas y candelabros. La cantidad y peligrosidad de las trampas también decreció, por lo que dedujeron que se estaban acercando al comienzo del laberinto.

Las últimas habitaciones eran cuartos casi en ruinas llenos de basura y muebles rotos. La luz del atardecer se filtraba por los agujeros del techo pintando los cuartos con decenas de tonos naranjas y rosas. Tras la última puerta se encontraron con un estrecho callejón entre dos enormes edificios de varias plantas de altura. Siguieron el estrecho pasillo hacia lo que parecía ser la zona más iluminada y pronto los sonidos y olores de la ciudad llegaron hasta ellos.

Emergieron entre cajones y barriles llenos de mercancía de toda clase en un rincón de un pequeño mercado ubicado en las afueras de la plaza principal. No vieron jugadores en las inmediaciones, solo vendedores y ciudadanos NPC's que continuaban sus rutinas normales sin fijarse en los extraños que habían aparecido entre las sombras.

—Hora de contactarnos. —dijo Dante mientras señalaba los restos de tela que colgaban de un tenderete destruido y formaban un precario refugio. —Vamos a llamar al jefe desde allí.

Se ocultaron entre los restos y mientras Karina se mantenía en guardia Dante activó la interfaz de comunicaciones. —Estamos en la ciudad, Jefe. —dijo.

—Era hora, maldita sea ¿Porque se demoraron tanto? —se escuchó la voz de Duval

—Tuvimos que tomar un atajo. —respondió el joven. —Pero ya estamos en el interior de la ciudad.

—¿Alguien los vió entrar?

—No se preocupe Jefe, nadie de El Imperio ni del Enjambre sabe que estamos aquí. —respondió el joven dirigiendo una sonrisa a su compañera, quien suspiró y volvió sus ojos vigilantes a las personas que circulaban por el mercado.

La voz de Duval les llegó más aliviada. —Buen trabajo. —dijo. —Willy les dará información actualizada del objetivo.

—Entendido.

Al cabo de unos segundos la voz del Programador sonó claramente por la interfaz de audio. —El NPC ha salido de la biblioteca y en estos momentos está bebiendo en la taberna principal de la plaza. —informó. —Pueden interceptarlo cuando regrese a su puesto en aproximadamente treinta minutos.

—Entendido. —dijo Dante. —¿Puedes darnos una descripción física del objetivo?

—Cabellos castaños cortos, ropa de noble, enorme signo de exclamación dorado sobre su cabeza… no creo que puedas perderlo. —bromeó Willy.

Dante cortó la comunicación y se dirigió a Karina. —¿Lista? La joven asintió con la cabeza y juntos salieron de entre las ruinas en dirección al inicio de aquella calle interior, en donde se veían algunos faroles que anunciaban las tiendas y establecimientos cercanos a la plaza principal.

El camino empedrado los condujo hacia arriba siempre dando vueltas alrededor de las enormes mansiones de piedra que formaban las principales edificaciones alrededor del castillo, la iglesia y la biblioteca. Había grandes cantidades de NPC's en las calles así como guardias de la ciudad y lo que aprecian ser aprendices de la biblioteca. Se los reconocía por la extraña toga color violeta que llevaban siempre puesta y el extraño sombrero redondo que coronaba sus, por lo que parecía, calvas obligatorias.

Tardaron diez minutos en llegar a la Plaza Principal y allí por fin vieron a los jugadores de ambos bandos. Karina contó una docena de ellos, sentados y parados a cada lado de la entrada de la taberna en donde aparentemente estaba el objetivo.

Al ser una zona protegida, ninguno de ellos podía atacar a sus rivales, por lo que se mantenían distantes y se lanzaban miradas desafiantes, pero poco más que eso.

—¿Cual es el plan? —preguntó Karina mientras ambos observaban la escena desde uno de los laterales de la plaza.

Dante examinó las caras de aquellos hombres y sacudió la cabeza. —Primero vamos a echar un vistazo a los alrededores. —dijo. —Pensaremos en algo mientras tanto.

Echaron a andar entre la gente y pronto se confundieron con la multitud de NPC's que caminaban de un lado al otro de la plaza. Fueron hasta la fuente de mármol y subieron a la escalinata que rodeaba la base del monumento en forma de concha marina donde las aguas que caían desde lo alto provenientes de la ánfora que sostenía una especie de personaje mitológico mitad cabra mitad hombre.

—Un sátiro. —dijo Dante de pronto y vió como Karina se ponía de inmediato en guardia —¿Donde? —dijo nerviosa mirando a un lado y otro de la plaza.

El joven soltó una carcajada. —Digo que la estatua representa a un Sátiro… es una criatura mitológica. Karina se avergonzó y escondió su rostro debajo de la capucha de la capa. —Tonto. —dijo apartando la mirada

Desde aquella elevación podian apreciar bastante bien la entrada al edificio. La taberna era una edificación de cuatro plantas exquisitamente adornada con maderas preciosas, trabajadas y torneadas de forma que cada ventana, cada moldura y cada parte de la fachada era una verdadera obra de arte. La enorme puerta de roble oscuro estaba exquisitamente tallada con escenas de cacería y leyendas populares.

—¿Crees que debemos entrar? —preguntó Karina observando detenidamente.

Dante sacudió la cabeza. —No creo que sea una buena idea… mira como esos de ahí afuera están vigilando a todos los que entran a la taberna.. si ven entrar a dos jugadores desconocidos seguramente llamaremos su atención.

—¿Cual es el plan entonces? —volvió a preguntar Karina.

—Creo que lo mejor que podemos hacer es ponernos en medio de la ruta que tomará el NPC para llegar desde el Taberna hasta la biblioteca. Si nos quedamos en un lugar sin movernos podremos activar la conversación en el exacto momento que pase junto a nosotros sin llamar la atención.

Karina asintió. —Es un buen plan… ¿Pero como sabremos la ruta exacta que tomará el NPC?

Antes que Dante pudiera responder observaron un pequeño alboroto en la entrada del edificio. Había gritos y empujones y una especie de conmoción. —Algo pasa. —dijo la teniente.

—Acerquémonos un poco, me gustaría escuchar lo que están gritando. —dijo Dante saltando desde la plataforma hasta la base de la fuente. —Vamos.

Avanzaron entre la gente y pronto los gritos comenzaron a ser más audibles. No estaban ni a cincuenta metros de la entrada de la Taberna cuando la interfaz de comunicaciones de ambos comenzó a emitir una alerta de mensaje entrante.

—¿Que sucede Jefe? —preguntó el joven abriendo la ventana de audio.

—Dante, ha habido una situación. —dijo la voz claramente alterada de Duval.

—Puedo confirmarlo. —respondió el joven. —Veo una conmoción cerca de donde está el NPC, pero solo escucho gritos y murmullos. ¿Puede elaborar…?

—Nos hemos enterado que El Imperio ha contratado la ayuda de un Archivista de renombre que prácticamente vive en la ciudad, de alguna forma han comprado sus favores y lo están escoltando hacia donde está el NPC en estos momentos.

—Mierda. —respondió Dante. —¿Crees que…?

—Definitivamente es el jugador con mejores stats de sabiduría que hay en Mir en estos momentos. —dijo Willy sumándose a la conversación. —Pero no hay garantías de que sea suficiente.

La cantidad de gente era tan abundante allí que tuvieron que detenerse en medio de la masa de NPC's y no pudieron avanzar más. En ese momento Karina tiró de una de las mangas de la camisa de Dante. —Allí vienen. —dijo señalando por sobre el gentío en la dirección opuesta a la taberna.

Una comitiva avanzaba a caballo entre los NPC's quienes debían esquivar a las grandes bestias para no ser arrollados. Dante contó tres caballeros que abrían la marcha y dos más que la cerraban. En el centro de la comitiva sobre una yegua gris viajaba una mujer encapuchada junto con uno de esos aprendices de toga violeta montado en un caballo de porte menor, no obstante quien llamó la atención del joven estratega fué el caballero que abría la marcha.

—Conozco a ese tipo. —dijo Dante frunciendo el entrecejo. —Es el patán que nos cruzamos en la salida al calabozo del otro día.

Karina miró al enorme guerrero de armadura que montaba un poderoso corcel blanco recubierto por una pesada armadura. —Entonces mejor que él no te reconozca a tí, vienen directo hacia aquí a toda velocidad. —dijo tomando del hombro a su compañero. —Será mejor que te ocultes entre la gente hasta que pasen.

En ese momento y de forma casi sobrenatural, la multitud de NPC's que los rodeaban se abrió y retrocedió a los lados como si el sistema del juego estuviese apartándolos de forma que los jugadores que avanzaban tuvieran el camino libre. De pronto Dante se encontró casi solo en medio de un sendero entre la multitud con los jinetes avanzando a paso vivo hacia el.

—Oh mierda. —maldijo dando un salto hacia atrás. Entonces vió al niño que había quedado junto a él y que no había reaccionado a tiempo. El primer caballo de la vanguardia ni siquiera aminoró el paso y se abalanzó sobre él pequeño.

—¡Cuidado! —exclamó Dante estirando el brazo lo más rápido que pudo. A último momento consiguió tomar el hombro del niño y lo jaló hacia atrás justo en el instante que los enormes caballos del imperio pasaban a toda velocidad haciendo saltar las piedras de la plaza.

La fuerza del impulso fue tan grande que Dante y el pequeño cayeron hacia atrás entre la gente, fue por eso que los ojos del Capitán DiMarco solo vieron una revuelo de telas y las botas sucias de Dante que quedaron dadas vueltas hacia arriba cuando la multitud se cerró sobre el.

Cuando la comitiva pasó la gente volvió a esparcirse en forma pareja por la plaza y Dante quedó tirado en el suelo con Karina a su lado que lo miraba confundida. —¿Estás bien? —pregunto.

—Eso fue… intenso. —dijo el joven desde el suelo. Inmediatamente se puso de pie y se sacudió las ropas llenas de polvo. —Espero que no me hayan visto.

Karina volvió la vista hacia la taberna y vió la conmoción que los recién llegados estaban generando. —Parece que eran tipos importante del Imperio, el VIP que escoltaban debe ser el sujeto que mencionó el Jefe. —Antes que Dante pudiera decir algo más fué interrumpido por una extraña voz.

—Gracias por salvarme, Héroe. —dijo una voz ronca y extraña.

Dante se volvió sorprendido y bajó la cabeza hacia el origen de aquellas extrañas palabras. —¿Pero que…? —atinó a preguntar atónito.

A sus pies no había ningún niño, sinó un curioso personaje que de infante solo tenía el tamaño. Al ponerse de pie vieron que apenas le llegaba a la cintura del joven y vestía ropas de adulto… aunque llamar ropas a esos harapos era ser muy generoso a decir verdad.

—Dante. —advirtió Karina por chat privado. —Es un jugador.

El extraño media, como habíamos dicho, apenas algo más de un metro de altura y a pesar de tener la complexión de un niño sus facciones eran completamente diferentes. La pigmentación oliva de la piel denotaba algún tipo de ancestro Zentradi, pero si había algo de esa antigua raza en la sangre de ese personaje, ahí nomás terminaban sus características. Ese cuerpo flaco y desgarbado definitivamente no pertenecía a un guerrero, ni siquiera al de un aldeano o un pastor. Era un cuerpo deforme y enfermo más apto para reposar en una cama que para aventurarse en un mundo de peligros tan grandes como lo era Calypso.

Dante se rascó la cabeza sin dejar de mirar al extraño personaje que se volvió a inclinar delante de él. —¿Perdón? ¿Se refiere a mi?

—Por supuesto. —respondió el extraño. —Me ha salvado la vida y le estoy agradecido por ello.

—En realidad le había confundido a usted con un niño. —respondió el joven estratega cruzándose de brazos. —Se supone que los jugadores no podemos recibir daño aquí en la ciudad. ¿Cómo es que le he salvado la vida?

El misterioso personaje suspiró y se encogió de hombros. —Y también se supone que esto es un juego de rol ¿No? Al menos tratemos de ponernos en la piel de nuestros personajes. —dijo suspirando. —Por supuesto que el caballo del Capitán DiMarco no me hubiese hecho absolutamente nada, incluso si me pasaba por encima… Calypso simplemente me apartaría a un lado a último momento y nadie saldría lastimado pero… lo que valió fué «intentar» representar ese momento… ¿Lo comprende?

—Supongo… que eso tiene sentido… —se preguntó Dante volviéndose hacia su compañera. —¿O no? —Karina se encogió también de hombros sin saber que decir.

El joven suspiró. —Sea como sea… fue un accidente. —dijo. —No ha sido nada.

—Oh, si que lo ha sido… es más, estoy seguro que Calypso le ha otorgado experiencia por ello. —afirmó el hombrecillo.

—¿Experiencia…?

—Ya sabe… por realizar una acción heroica y todo eso… ¿No me cree? Revise su bitácora de Sistema.

Dante desplegó la ventana de información en donde aparecian los avisos del sistema y comprobó asombrado que su personaje había ganado un centenar de puntos de experiencia. —Tiene razón. —exclamó rascándose la cabeza. —Realmente Calypso me ha recompensado por ello.

—¿Lo ve? Calypso recompensa a los buenos jugadores, especialmente a aquellos que se meten en sus personajes y realizan acciones sin pensarlo demasiado.

Mientras el desconocido hablaba el tumulto había ido en aumento en la entrada de la taberna y la guardia de NPC's había arribado al lugar para apartar de forma respetuosa (pero absolutamente irresistible) a los representantes del Enjambre quienes se habían plantado frente a la puerta para retrasar el ingreso de la gente del Imperio. Una vez que la entrada estuvo despejada la comitiva de caballeros entró al establecimiento y las puertas se cerraron tras ellos.

—Algo muy interesante ha de estar pasando ahí dentro. —dijo el diminuto hombre rascándose la barbilla. —¿No creen?

Dante y Karina se miraron un momento entre ellos y asintieron con un leve movimiento de la cabeza. —Oiga. —dijo el joven volviéndose hacia el desconocido. —Me encantaria charlar con usted en algún momento; se ve que conoce mucho de este juego y debe tener más de una buena historia que contar.

—No le quepa ninguna duda de eso. —respondió el hombrecito cruzándose de brazos.

—En fin… mi compañera y yo estamos con algo de prisa, si nos disculpa debemos irnos ahora.

El hombrecillo hizo una reverencia cómica en dirección a la Teniente O'Higgins y le dirigió una sonrisa. —No hay nada que disculpar amigos.

Dante extendió la mano y estrechó la del extraño. —Me llamo Dante. —dijo. —Ha sido un gusto conocerle.

—Diógenes. —respondió el extraño jugador. —El placer es mío.

Karina saludó con la cabeza pero no articuló ninguna palabra, por lo que Dante volvió a hablar en su lugar. —Le he enviado una solicitud de amistad, ojalá podamos compartir un trago en otra ocasión.

—Sería todo un placer. —aseguró el jugador conocido como Diógenes. —¡Hasta la próxima!

Tras decir aquello el hombrecillo desapareció entre la gente con una velocidad sorprendente.

Dante permaneció unos segundos mirando la multitud y luego se volvió hacia su compañera. —Ya se ya se… —dijo haciendo un gesto de la mano ante la mirada de reproche de la joven Teniente. —La misión…

—Parece que ya están por salir. —respondió la joven mirando hacia la multitud. —será mejor ubicarnos en posición o perderemos nuestra oportunidad.

En ese momento una nueva comunicación desde la SDF-1 llegó por la interfaz de usuario. —¿Hay novedades? —preguntó Dante respondiendo la llamada.

—Buenas noticias. —dijo la voz de Willy. —El Archivista tampoco ha podido cumplir los requerimientos para iniciar la Quest y el NPC ha iniciado el regreso a la Biblioteca, debería salir por la puerta principal de un momento a otro.

—Lo estoy viendo ahora. —dijo Dante asomando la cabeza por entre las de la multitud. —Intentaremos interceptarlo a mitad de camino para no llamar la atención. ¿Puedes confirmarme si tomará el camino más corto desde la taberna hasta el edificio de la Biblioteca?

—Dame un segundo. —dijo Willy. — Tomará un camino curvo alrededor de la fuente y pasará por el lado derecho, la IA ya ha trazado el camino y el NPC lo seguirá lo más rigurosamente que pueda.

—¿Pueden los demás jugadores interferir en su ruta? —preguntó Karina.

—No demasiado, el NPC mantendrá conversación sin dejar de caminar por lo que podrá aceptar la petición de diálogo sin detenerse o cambiar de ruta. —explicó el programador.

—Muy bien, ejecutaremos la interdicción junto a la fuente. —exclamó Dante ya resuelto a terminar aquello de una vez. —Hora de movernos.

—Buena suerte. —exclamó Willy cerrando la comunicación.

Los dos compañeros dieron la vuelta y se dirigieron lo más rápidamente que pudieron hacia la fuente en el centro de la plaza. No había tanta gente allí y buscaron un lugar en el que el movimiento de transeúntes era más fluido justo al lado del monumento en una zona donde un comerciante había levantado un puesto de venta de ropas típicas de Mir. —Este parece ser un buen lugar. —dijo Dante señalando los cajones llenos de telas y vestidos. —El espacio entre el puesto de venta y el borde de la fuente no es mayor a cinco metros… cuando pase por aquí estará al alcance del menú de interacción. ¿Sabes cómo proceder? —preguntó mirando a su compañera.

—Debo mirar fijamente al NPC, invocar el menú de interacción y establecer diálogo. —respondió la joven.

—Recuerda ponerte el anillo antes. —le recordó el joven. —Y crucemos los dedos. ¿Lista?

—Lista.

Dante abrió la interfaz de comunicación y envió un mensaje rápido a Duval. —Estamos en posición, listos para proceder.

Inmediatamente ambos jóvenes ocuparon sus lugares. Karina se ubicó junto al puesto de ropa y fingió estar mirando las túnicas colgadas de las perchas mientras Dante se sentaba junto a la fuente y simulaba consultar su interfaz. El NPC había salido ya de la taberna y comenzó a caminar en dirección hacia ellos.

—Dante. —dijo Karina utilizando el chat privado mientras tomaba el anillo de su inventario y lo colocaba en su mano.

—Dime.

—Es con respecto a ese tal Diógenes. —dijo ella mirándolo a través de las sedas de colores.

—¿Qué sucede con él? —preguntó intrigado el joven.

—Creo… creo que no se encontraba allí de pura casualidad. —dijo. —Es… un presentimiento que tengo.

Dante meditó aquello. —¿Un presentimiento? ¿O realmente sospechas algo?

—No estoy segura. —reconoció ella acariciando la tela con sus dedos. —Es una corazonada.

Dante miró la multitud que se acercaba y sacudió la cabeza. —Solo estoy seguro de una cosa. —dijo. —Si voy a tomarme en serio las corazonadas de alguien, definitivamente serán las de un piloto de combate…

La joven miró a su compañero sorprendida. —¿Eh?

—Nosotros los estrategas estamos lejos del campo de batalla. Nos alimentamos de la información que los observadores en el frente nos suministran prácticamente en tiempo real, pero estamos rodeados de la falsa seguridad de nuestros cuarteles generales. Hay quienes dicen que solo experimentamos una narración de la guerra y, hasta cierto punto es perfectamente cierto.

—Dante…

—Nuestro trabajo consiste en descubrir que hará el enemigo y en adelantarnos a sus movimientos. Muchas veces la información con la que trabajamos para elaborar esas predicciones es insuficiente y nos vemos obligados a especular…

Dante levantó la vista y vió a la comitiva a unos veinte metros de donde estaban esperando. El NPC marchaba al frente y el símbolo dorado de exclamación que flotaba sobre su cabeza era perfectamente visible. Tras él marchaba una docena o más de jugadores empujándose entre sí mientras se gritaban groserías y todo tipo de insultos y comentarios hirientes.

—Pero no tenemos corazonadas. —dijo haciendo la señal acordada con la mano. —No podemos darnos el lujo de involucrar a la fortuna en la vida de los miles de soldados bajo nuestra responsabilidad. No sería… justo.

El NPC avanzó entre los puestos junto a la fuente y se acercó a menos de diez metros de Dante.

—Pero un piloto de combate es diferente. —dijo el. —Un piloto de combate es uno con el campo de batalla, ya que no solo es el aire que respira, es el mismo aire por el que se mueve, por el que se juega su vida. Un piloto de combate "Siente" el Campo de batalla de una forma completamente diferente, y por ende, absolutamente desconocida para mi. ¿Pero si tuviera que elegir? Definitivamente pondría mi vida en sus manos, corazonada o no, jamas subestimaria a alguien que es uno con el viento… ¡El objetivo está en rango! ¡Ahora o nunca!

Karina se colocó el anillo en el dedo y avanzó entre las sedas mientras clavaba los ojos en el noble con la marca de Quest sobre su cabeza. No había avanzado ni cinco metros hacia el objetivo cuando un trueno estalló en el corazón de Mir y el fragor ahogó todos los demás sonidos.