La puerta de la habitación se abrió violentamente y los dos hombres junto a la mujer encapuchada entraron a toda prisa. Casi no entraba luz del exterior, salvo los violentos relámpagos que estallaban a intervalos regulares y hacian temblar los cristales de las ventanas. Las luces que brillaban fuera apenas alcanzaba para iluminar un poco las viejas maderas lustradas y las coloridas alfombras exóticas que adornaban el dormitorio.
—Ustedes dos monten guardia fuera en el pasillo. —ordenó DiMarco apartando bruscamente a dos de sus caballeros que hicieron el ademán de entrar al cuarto. —Que otro par haga lo mismo a los pies de la escalera, no quiero A NADIE cerca de esta habitación ¿Entendido?
Los dos hombres asintieron atemorizados y salieron al pasillo corriendo a toda prisa. El corpulento hombre cerró la puerta de roble de un golpe y solo quedaron tres personas en el pequeño cuarto.
—¿Paranoico? —preguntó Elektra con una sonrisa mientras se sentaba en uno de los sillones de terciopelo. —Te recuerdo que la contrainteligencia es mi especialidad. —comentó mientras observaba como DiMarco colgaba un pequeño amuleto del picaporte de metal. El artefacto mágico se iluminó con un resplandor dorado y de inmediato un hechizo de silencio selló por completo la puerta aislando por completo la intimidad del cuarto y sus ocupantes.
—Ahora vamos a hablar nosotros tres. —dijo el enorme guerrero volteandose. —¿Entendido?
El tercer jugador presente en la habitación se sentó asustado en la cama. Su pequeño sombrero de estudiante se había perdido durante el tumulto y la calva reflejaba los colores del atardecer. —Si… si señor. —respondió temeroso.
—Ya que hemos invertido tanto oro en asegurarnos su colaboración. —comenzó a decir Elektra cruzándose de brazos. —Será mejor que la información de la que dices disponer lo valga.
Mientras tanto el Capitán DiMarco había encendido las luces del cuarto. Colocó el candelabro de plata sobre un exquisito mueble aparador y luego corrió las cortinas de modo que nada pudiera verse desde fuera, finalmente arrojó un par de troncos a la chimenea y pronto la estancia quedó agradablemente iluminada.
—¿Alguna noticia de Su Majestad? —preguntó el guerrero. Elektra sacudió la cabeza. —Solo la confirmación de la orden de no abandonar la ciudad y esperar instrucciones.
DiMarco asintió y se volvió hacia el aprendiz de erudito. —Será mejor que nos diga hora eso tan importante que tiene que decir. —exigió.
—Creo… —comenzó a tartamudear el hombre. —Creo que en la Plaza se activó un Artefacto. —dijo.
Elektra abrió los ojos asombrada. —¿Un Artefacto? ¿Está seguro?
Había comenzado a llover y las gotas golpeaban tras los cristales opacos. El viento hacia crujir las vigas del techo y mas de alguna teja floja estaria volandose en ese momento.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó el guerrero.
—Nuestra clase tiene una afinidad especial con la magia, no del tipo que utilizan los magos o hechiceros...nosotros no manipulamos la energía mágica directamente, pero estamos entrenados para ver su fluir y resonancia, por eso pude sentir eso.
—¿"Eso"? —preguntó Elektra.
—Una oleada de poder mágico que se desató como una bomba. Alguien debió de activar un objeto muy poderoso en la vecindad de la Plaza, la explosión de energía mágica aún retumba entre las laderas de las montañas alrededor de Mir, todavía puedo sentir sus ecos…
Los dos oficiales de alto rango del Imperio intercambiaron miradas de preocupación. —Esto no me gusta nada. —dijo el Capitán. —Un objeto de poder en manos de un bando desconocido…
—¿Desconocido? —preguntó Elektra. —¿Ya has descartado al Enjambre como sospechosos?
DiMarco sacudió la cabeza. —El Enjambre usa abiertamente la magia y todo artefacto de poder que tienen a la mano… eso que pasó en la plaza fue…
—Una emboscada. —dijo Elektra. —Alguien usó ese artefacto justo cuando el NPC estaba en medio del caos de la plaza y podían acercarse sin ser identificados. Teniendo en cuenta que mis espías conocían la identidad de casi todos los personajes del Enjambre presentes en la Ciudad en el momento de levantarse el puente… si, yo tambien pienso que podría haberse tratado de un grupo diferente.
El Capitán se volvió hacia el otro hombre. —¿Puedes decirnos qué clase de magia usaron en la plaza? ¿Que tipo de Artefacto..?
El jugador sacudió la cabeza. —¿Acaso no es evidente?
—Un "Boost" de Stats. —respondió Elektra. —Usaron algún tipo de artefacto para aumentar las características de Sabiduría al máximo posible, es probable que en el caos de la tormenta y el rayo que cayó en el centro de la plaza hayan podido obtener la quest y la información esté siendo analizada en estos momentos.
DiMarco golpeó la mesa de ébano. —El imperio no puede quedar relegado en estos asuntos. —exclamó. —Tenemos que saber de qué se trata esa Quest.
La mujer hizo un gesto con la mano y desplegó su Interfaz de datos. —Sea como sea, momentáneamente nos hemos quedado sin movimientos en este tablero de juego. —dijo. —Descubrir la identidad del jugador que activó la quest es nuestra prioridad número uno.
—¿Qué sugieres? —preguntó el Capitán.
La mujer sonrió. —Esto es trabajo de serpientes. —dijo.
El hombre la miró seriamente y suspiró. —De acuerdo, regresaré al castillo apenas levanten el puente por la mañana, ya no hay nada que pueda hacer yo aquí.
—Podrías arrojarte por el precipicio y renacer en la base. —sugirió la espía.
Pero DiMarco no respondió, simplemente se acercó a la puerta y quitó el talismán de protección.
—Que.. ¿Que voy a hacer yo? —preguntó el jugador experto en conocimiento mágico.
—Guardar tu oro y cerrar el pico. —respondió el Capitán. —Gracias por la "ayuda" pero ya no te necesitamos… ¿Que estas esperando? ¿Un abrazo? ¡Vete de una vez!
El jugador abandonó la habitación a las corridas y desapareció en la escalera ante la atenta mirada de los guardias. Elektra lo señaló con el dedo. —No lo culpo por estar frustrado, Capitán. —dijo. —Pero debe confiar en sus compañeros para las cosas que usted no puede hacer.
—Confiaria mas en mi espada desenvainada. —respondió DiMarco. —Pero ni modo… lo dejo todo en sus manos.
Dicho eso abandonó la habitación e hizo una deman a los guardias para que lo siguieran. Cuando salió a la calle no había signos del estudioso por ningún lado, pero la tormenta aun persistia.
El agua caía torrencialmente en forma casi oblicua sobre la plaza principal creando una cortina de plata que prácticamente no le dejaba ver lo que había del otro lado. Las formas oscuras del enorme castillo apenas podían adivinarse en medio del diluvio. No había quedado un alma en la plaza; todos los NPC habían corrido a ponerse a cubierto dejando abandonados los puestos, carros y herramientas que eran arrastrados por el viento como juguetes a merced de un niño travieso.
—Mierda de tormenta. —maldijo el Capitán.
Se dirigió de inmediato hacia la biblioteca ya que quería confirmar algo. En efecto vió que en la entrada de la misma ya se había formado una comitiva de espera y reconoció a los hombres de Elektra. Espías, asesinos e informantes todos vestidos con capas oscuras tratando siempre de pasar desapercibidos. (Aunque allí era completamente inútil, ya que a solo unos diez metros se encontraba un similar grupo de personajes de la misma calaña pero pertenecientes al Enjambre, vigilando atentamente la misma puerta)
Uno de sus oficiales se acercó cubriéndose de la lluvia y le habló al oído. —No hay hombres de la guardia en la entrada de la biblioteca. —explicó.—¿Dejo unos cuantos?
—No. —respondió el Capitán. —Con los hombres de Elektra es suficiente; lo que suceda esta noche de perros no es cosa de guerreros. —dijo tras lo cual ordenó a sus hombres que lo siguieran.
Abandonaron la plaza desierta por la calle principal y se dirigieron hacia una posada donde el resto de la tropa había improvisado un cuartel general en la ciudad de Mir. Los hombres de guardia en la puerta lo saludaron de inmediato y le franquearon el paso al interior del edificio.
El penalizador por mal tiempo se extinguió de la interfaz de estado de DiMarco en cuanto caminó por el hall de entrada de la posada. Allí el calor que provenia de la enorme chimenea central de la sala principal comenzó de inmediato a secar sus empapadas ropas.
—¿Cuales son las órdenes para esta noche? —preguntó el mismo oficial que habia hablado en la entrada de la biblioteca.
—Descansen. —respondió el Capitán quitandose los guanteletes. —No hay nada mas que hacer aqui asi que nos iremos al amanecer apenas levanten ese maldito puente de huesos. Tienen la noche libre.
El oficial hizo una reverencia y se alejó para distribuir las ordenes mientras DiMarco subia las escaleras de madera en dirección a su propia habitación.
Cuando entró al cuarto su armadura estaba completamente seca y el estado anímico de su personaje estaba dentro de los valores normales, aunque anímicamente DiMarco se sentía de un humor de perros. Habían fallado si, pero lo más peligroso era lo que habían descubierto; alguien tenía acceso a un poder oculto que, para peor, estaba fuera del alcance del Imperio.
Ignoró la cama y en cambio se arrodilló sobre la alfombra en medio de la habitación y desenvainando su exquisita espada larga se puso a repasar la hoja del brillante metal con una piedra especial para mejorar su filo.
Era un arma magnífica, una obra de arte de los mejores herreros del Imperio imbuida con una docena de propiedades mágicas que le otorgaban características inigualables en el campo de batalla, pero aun así no era una verdadero artefacto mágico de aquellos que hablaban las leyendas de Calipso. Sus bonificadores eran útiles pero modestos; no era un arma digna de un rey o un héroe, era apenas una herramienta de trabajo.
Y lo que más le disgustaba a DiMarco era no hacer bien su trabajo.
Aquella noche su espada y habilidades no habían servido para nada. El objetivo había sido comprometido frente a sus narices y el enemigo se había burlado de ellos. Aquello era humillante.
El sonido de la piedra de afilar contra el metal se detuvo de inmediato en cuanto la interfaz de mensajería desplegó el aviso de comunicación entrante frente a los ojos del Capitán. Habia una muy buena razón para que aquella ventana ocupara todo el centro de su visión y reclamara su inmediata atención: solo un contacto en su lista tenía la suficiente prioridad para merecer aquel trato especial.
—Su Majestad. —exclamó DiMarco enfundando la espada mientras se postraba en señal de sumisión. La conversación no mostraba imagen alguna y era solo de voz, pero adoptar aquella postura era algo natural para el.
—Capitán. —dijo la voz del líder del Imperio. —He leído su informe. Debe regresar mañana por la mañana al castillo tal y como estaba previsto, ha realizado una magnífica labor durante todo el día de hoy.
—Majestad. —volvió a decir DiMarco. —Lamento profundamente haber fallado en la misión encomendada; no pudimos evitar que elementos extraños accedieran al NPC e interactuaran con él y me hago completamente responsable de ello.
—No ha sido su culpa, Capitán. —aseguró la voz. —Teniendo en cuenta las circunstancias, usted y la Oficial Elektra han hecho lo mejor que han podido.
—Aún así hemos fallado. —respondió el hombre bajando aún más la cabeza. —Enemigos desconocidos tienen ahora mismo acceso a información privilegiada antes que nosotros y eso…
—¿Eso es lo que le preocupa? —preguntó la voz. —Capitán, usted está para blandir su espada en mi nombre, no para preocuparse por lo que el Imperio sabe o no.
—Pero…
—Le aseguro que El Imperio no ha perdido un milímetro de ventaja con respecto a nuestros rivales. —afirmó la voz. —El balance de poder no ha sido afectado en lo mas mínimo.
DiMarco levantó la vista pero sus ojos solo vieron el nombre del contacto en la ventana de mensajería. —¿Quiere decir…?
Tras una larga pausa la voz volvió a hablar. —Descanse tranquilo esta noche, Capitán. Tampoco ellos han logrado su objetivo. —aseguró el hombre más poderoso del Imperio.
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—Ah… ahí están.
Dante desplegó la ventana de mensajería y aceptó la comunicación de sus jefes en órbita del planeta Calypso. —Aquí Joyner, retirada completa, estamos en un sitio seguro. —informó sin esperar demasiado.
La Teniente O'Higgins se encontraba junto a la ventana mirando las personas correr bajo la lluvia a medida que los últimos NPC's abandonaban la plaza a toda prisa. La tormenta arreciaba y enorme chorros de agua caían desde los aleros de los edificios circundantes.
—Buen trabajo. —respondió Duval.
Dante observó que Karina apretaba los puños. Buen trabajo y una mierda, habían fallado y lo único exitoso de aquel desastre era una retirada apresurada a una posada de mala muerte en medio de un diluvio de proporciones bíblicas. —Gracias. —respondió el joven apartándose un mechón de cabello mojado de delante de los ojos. —¿Y ahora?
—Ahora… solo nos queda esperar a que alguna de las dos facciones importantes haga el primer movimiento. —respondió el Director.
—Esperar de brazos cruzados no suele ser la mejor táctica en el campo de batalla. —opinó el joven. —Especialmente cuando se ha perdido la iniciativa.
Karina le devolvió una mirada de aprobación. Al parecer la chica coincidía en que no hacer nada era lo peor que podían hacer.
—¿Entonces tienes un mejor plan? —preguntó el Director. —Por que si lo tienes, no se que mierda esperas para decirlo de una buena vez.
Dante miró el agua correr por los cristales empañados de la ventana. —No. —reconoció. —Pero mientras estemos aquí me gustaría recabar algo de intel para ver qué tanto afectó nuestro "plan" a los locales.
Tras unos segundos de silencio Duval volvió a hablar. —Preferiría que regresen a la Macross inmediatamente. —dijo. —La situación se ha estabilizado por lo que resta de la noche y no quisiera preocuparme sabiendo que ustedes dos están dando vueltas en el lugar donde todos los ojos de los clanes más poderosos se encuentran fijos en el momento.
—Lo que usted ordene Jefe.
—Esperen a que pase la tormenta y luego regresen a la base, hasta entonces procuren mantener un perfil bajo.
—Entendido.
La comunicación finalizó y Dante cerró la interfaz con un suspiro de frustración. —No ha sido tu culpa. —dijo mirando a la joven de guardia junto a la ventana. —Ni siquiera Duval sabía los requerimientos de Sabiduría para esa Quest en particular.
Karina se volvió hacia él pero su expresión no revelaba sentimiento alguno. —No estoy enojada. —respondió.
La habitación de la posada era, como habíamos dicho al principio, bastante modesta. Una simple cama de madera con un colchón de paja forrado en tela arpillera. Una simple bolsa rellena de lana servía de almohada y un pedazo de lona completaba lo mínimo indispensable para llamar a aquello "cama".
Al menos el techo mantenía la lluvia afuera, lo que era un milagro teniendo en cuenta el estado de deterioro de vigas y tablones que formaban aquel edificio a punto de derrumbarse.
Aun así aquel lugar no desentonaba en nada con el barrio que Dante y Karina habían elegido para ocultarse luego del fallido intento por activar aquella misteriosa quest.
Dante se rascó la cabeza y miró hacia la puerta. —Ni yo. —aseguró el joven. —Pero al menos pienso obtener toda la información que pueda mientras esté en el campo.
—¿Vas a desobedecer las órdenes de Duval?
Dante sacudió la cabeza. —No, el dijo que esperaramos a que pase la tormenta… y es lo que voy a hacer, pero también pienso aprovechar el tiempo recabando información.
La joven lo miró con curiosidad pero no intentó detenerlo. Dante salió de la habitación y caminó por el oscuro pasillo mientras las viejas maderas crujían bajo sus pies.
Al bajar por la escalera se encontró con la sala principal de la posada atestada de gente. Un fuego ardía con dificultad en la chimenea y parecía soltar mas humo que calor, no obstante sintió que sus ropas ya se estaban secando y los penalizadores de incomodidad desaparecieron de su interfaz de estado.
Dante recorrió la habitación de un vistazo y comprendió de inmediato la situació ellos eran NPC's según informaba la interfaz y algunos le lanzaron miradas de hostilidad. Aparentemente lo reconocían como un extraño y desconfiaban de él.
Esquivó a los parroquianos y se sentó frente a la barra donde un posadero gordo con un delantal lleno de grasa conversaba con una mesera de piel oscura.
—¿Que va a tomar, forastero? —preguntó de forma brusca el posadero en cuanto Dante puso sus ojos sobre el NPC. De inmediato la interfaz de compra/venta se abrió en una ventana delante de sus ojos y varias bebidas e items comestibles aparecieron remarcados con sus respectivos iconos y precios. Había también unas pocas opciones de diálogo para entablar conversación con el personaje, pero ninguna de ellas eran sobre cosas importantes o que tuvieran relevancia en aquel momento.
—Sidra. —pidió Dante y el hombre gordo asintió con un gruñido. La ventana de comercio se cerró y el posadero se dirigió hacia uno de los barriles en el fondo del local para buscar la bebida requerida en un enorme vaso de madera no muy limpio a decir verdad.
Mientras esperaba el joven se volvió hacia un lado y miró al parroquiano que estaba sentado junto a su izquierda bebiendo de una jarra de vino barato. Vestía ropas de trabajo grises muy gastadas y llenas de polvo, probablemente era un obrero o albañil o algún otro tipo de oficio que implicara ensuciarse de esa forma. Al mantener la mirada fija sobre el NPC la ventana de inicio de diálogo se abrió automáticamente y el hombre lo miró frunciendo el ceño. —¿Que? —preguntó molesto al ver interrumpido su descanso.
Antes que Dante pudiera decir algo una media docena de opciones aparecieron listadas debajo del rostro del NPC.
—Horrible clima ¿Verdad? —preguntó el joven eligiendo la frase más casual que pudo encontrar. El obrero gruñó y volvió su atención a la jarra de vino que tenía delante. La ventana de diálogo se cerró automáticamente dando por finalizada la conversación.
—Buen intento, pero Pete no es de los que se preocupen mucho por el agua, a menos que sea la que el posadero pone dentro de su jarra para estirar el vino.
Dante se volvió sorprendido al escuchar aquello y se encontró con Diógenes sentado en el banquito a su derecha. El pequeño hombrecillo estaba sobre una pila de almohadas que lo ayudaban a alcanzar la parte superior de la barra donde una jarra de cerveza a medio tomar descansaba frente al jugador.
—¿Diógenes? —preguntó Dante sin creer lo que veía. —¿Qué hace usted aquí?
—¿Que qué hago yo aquí? Vivo en esta posada de mala muerte desde que llegué a Mir hace más de un año… es más, ya estaba aquí antes que la flota abandonara Eden. ¿Qué haces tú aquí? —preguntó mirándolo con inquisitiva curiosidad.
Dante se encogió de hombros y miró la fina capa de humo que se arremolinaba entre las vigas del techo. —Una casualidad, supongo— dijo descuidadamente. —Huimos de la plaza en cuanto comenzó la tormenta y tras perdernos en las callejuelas nos metimos en la primera posada que encontramos.
—Es curioso como puede resultar el azar. —observó Diógenes bebiendo un trago de su propia jarra.
En ese momento el posadero llegó con la sidra de Dante y tras dejarla frente al joven lo miró directamente a los ojos. — ¿Así que es amigo de esa rata de biblioteca? —preguntó de pronto iniciando el diálogo antes que el joven pudiese darse cuenta de lo que estaba pasando. —Tenga cuidado y no lo deje hablar demasiado o terminará con un dolor de cabeza. —agregó mientras se alejaba en dirección a una de las camareras.
Aquello desconcertó profundamente a Dante, quien no se esperaba que un simple NPC pudiera interactuar espontáneamente con el y especialmente para hablar de otro jugador.
—Que… ¿Que rayos ha sido eso? —preguntó el joven volviéndose hacia Diógenes.
—¿A que se refiere?
—Hace menos de cinco minutos todos se comportaban en forma hostil conmigo y ahora…
Dante se volvió sobre su silla y echó un nuevo vistazo a su alrededor. Las miradas hostiles que lo habían acosado desde el momento en que había entrado a la sala común habian desaparecido por completo. Nadie lo miraba ni le prestaba atención, el ambiente era completamente diferente.
—Ah eso. —respondió Diógenes. —Trate de hablar con Pete nuevamente y lo comprenderá.
El joven se volvió hacia el obrero sentado a su izquierda e inició la interfaz de conversación nuevamente. Para su sorpresa las opciones de conversación que aparecieron eran no sólo mucho más numerosas que antes; abarcaban temas mucho más importantes y numerosos que las cuatro o cinco frases casuales que había tenido durante su primera charla.
—Wow. —exclamó Dante. —¿Cómo es que…?
—En Calypso la reputación lo es todo. —respondió el jugador enderezando la espalda sobre los almohadones apilados. —Usted hace unos momentos era un forastero para esta gente, pero ya no.
El joven se rascó la cabeza. —No entiendo…¿Qué pudo haber hecho en solo unos minutos para que dejaran de verme de esa forma?
—Oh, es muy simple… lo han visto conversar amigablemente conmigo… eso les ha bastado para comprender que no es un completo desconocido… pregunte a Pete algo sobre mi si lo desea.
Dante se volvió hacia el obrero y tras indicar a la interfaz de conversación que deseaba iniciar un diálogo con el NPC, buscó una de las opciones tras desplazarse por toda la lista de frases. Para su desconcierto no encontró nada que pudiera usar.
—No veo ninguna pregunta sobre usted en la lista de opciones del menú de conversación. —informó confundido el joven.
—Así es, ciertas preguntas solo pueden hacerse directamente…
—¿Directamente?
Diógenes asintió e inmediatamente lo señaló con el dedo índice. —Hable con el NPC usando sus propias palabras, tal y como me está hablando a mi. El software de reconocimiento de Calypso transformará su voz en una nueva opción que Pete podrá interpretar sin problemas.
Dante se rascó la cabeza y miró al obrero a los ojos. —¿Que opina de mi amigo Diógenes? —preguntó todavía no del todo seguro.
En cuanto Dante hubo terminado aquella pregunta el obrero dejó el jarro a medio terminar sobre la barra y giró la cabeza en su dirección.
—¿Ese tipo? —Respondió Pete. —Es raro, pero a veces da uno o dos buenos consejos a cambio de una cerveza… es buena compañia, le gusta escuchar cuando tengo algo que contar entre jarra y jarra.
El hombre volvió su atencion al vino mientras Dante volvía a rascarse la cabeza.
— ¿Y bien? ¿Qué dijo?
—Dice que usted es un tipo raro. —respondió el joven tomando la jarra de madera tallada burdamente llena hasta el tope de sidra.
Diógenes se encogió de hombros. —Es lo que casi todos los NPC's opinan sobre los Aventureros. —dijo.
—Osea los Personajes Jugadores.
—Así es. Nosotros somos todos Aventureros a sus ojos y claro… actuamos de forma extraña, sin lógica aparente con respecto a las reglas de Calypso… oiga, yo que usted no bebería eso.
Dante detuvo la jarra de sidra justo al borde de sus labios. —¿Que…?
—Ni con un espectrógrafo nuclear creo que podría encontrar rastros de una manzana dentro de ese líquido.
El joven alejo la jarra y miró el brebaje marrón oscuro que giraba lentamente. —Creo que se me fué la sed. —observó cautamente depositando nuevamente la bebida en la barra.
—Por cierto. —dijo Diógenes apurando el último trago de su cerveza. —¿Y su compañera?
—Ella permaneció en la habitación. —respondió Dante. —Supongo que no le gusta socializar demasiado.
—Ya veo. ¿Estaban ustedes dos en la plaza cuando estalló la tormenta entonces...?
Dante deslizó el dedo sobre la jarra y miró distraídamente al posadero. —¿No habrá algo de comer en este lugar? —preguntó tratando de desviar el tema de la conversación.
Diogenes sonrió y levantó la mano llamando la atención del obeso propietario. —¡Hey Mantecas! ¡Traenos unas galletas para engañar al estómago, preferentemente que sean comestibles!
El posadero se agachó detrás de la barra y tras revolver unos segundos se incorporó poniendo una bandeja sucia llena de galletas duras frente a los parroquianos.
—Ponlas en mi cuenta. —exclamó el hombrecillo.
El posadero puso los brazos en jarra y lo miró fijamente. —Esa cuenta ya es más larga que todos los rollos de pergamino que hay en la maldita biblioteca… ¿Cuando…?
—Pronto Mantecas. —respondió Diógenes juntando las dos manos frente a si como disculpándose. —Te pagaré tan pronto en cuanto pueda…
El hombre gordo suspiró y sacudió la cabeza. —Si al menos fueras como uno de esos aventureros que salen a cazar monstruos… a esos nunca le falta el dinero. —dijo guiñando un ojo a Dante. —Pero tú… ¿Alguna vez has matado siquiera a un mosquito?
—No tengo el nivel suficiente. —se excusó Diógenes. —La última vez que lo intenté fallé y sufrí 2 HP de daño al golpear la mesita junto a la cama.
El hombre soltó una carcajada y se alejó dejando a los dos aventureros mirando el plato de sucias galletas con desconfianza. Dante tomó una de ellas y la examinó detenidamente. —Grado C-. —dijo en cuanto la descripción del objeto hubo aparecido frente a sus ojos..
—No te preocupes, los ítems comestibles se consideran tóxicos a partir del grado D… deberias estar seguro a menos que tengas alguna penalización genética o algo. —lo tranquilizó Diógenes.
Dante dió un mordisco a la galleta y lo masticó con dificultad.—Comparado con el emparedado Grado A+ que comí el otro dia esto es como masticar un trozo de madera.
— ¿Grado A+? —preguntó su compañero. —Me imagino que debió de ser algo preparado por un jugador top level entonces, una de esas "builds" especializadas en ser cocineros o chefs en Calypso.
—En realidad Silvana es una Druida. —respondió Dante esbozando una sonrisa recordando el entusiasmo de la chica por los bocadillos que había preparado. —Supongo que debe ser una buena cocinera en el mundo real.
—Oh, eso es perfectamente posible. —observó el hombrecillo. —Si eres bueno en algo fuera del juego puedes arrastrar esa habilidad a Calypso sin dificultad.
El joven tragó el resto de la galleta y se abstuvo de tomar otra. —No entiendo una cosa. —dijo volviéndose hacia su acompañante. —Si usted no tiene habilidades de lucha… ¿Como gana experiencia en Calypso? —preguntó.
Diógenes le respondió con una pequeña sonrisa. —Eso es una de las cosas más interesantes de este juego. —dijo levantando el dedo índice. —Hay más de una forma de jugarlo.
Dante reflexionó unos segundos. —Eso de que usted es una rata de biblioteca… ¿Significa que allí es donde pasa todo su tiempo en el juego? —pregunto.
Para su sorpresa Diógenes sacudió la cabeza. —Los jugadores solitarios como yo no podemos entrar a la Biblioteca de Mir. —dijo.
—¿Osea que solo los grandes clanes pueden acceder al conocimiento dentro de ese edificio? —preguntó Dante.
—Técnicamente cualquiera puede hacerlo… pero la cantidad de dinero que hay que reunir para la "donación" a uno de los escribas hace virtualmente imposible que alguien de mi posición pueda lograrlo.
El joven asintió. —Así que al no poder salir a matar monstruos, debe ganar experiencia dentro de los muros de la ciudad. ¿Osea que se la pasa salvando NPC's de ser atropellados por caballos desbocados?
El hombrecillo soltó una carcajada. —Ese es un buen ejemplo claro, pero Calypso no premia dos veces igual por hacer la misma acción… no, ciertamente hay otras formas menos violentas de progresar en el juego; una de ellas es mediante la adquisición de conocimientos y en eso la biblioteca de Mir es el mejor lugar que existe en todo el planeta.
—Lugar al que, por supuesto, no puedes entrar. —recalcó Dante.
—Ciertamente. —reconoció el hombrecillo. —Pero el conocimiento odia quedarse encerrado en un sitio… los libros están hechos para leerse y a diferencia de los libros, los lectores si aman moverse de un sitio a otro.
Dante lo miró con curiosidad. —Creo que ya estoy entendiendo a lo que te refieres. —aseguró. —Como no puedes acceder a esos libros, tu única chance es acceder a los NPC's que leen esos libros y van y vienen de la biblioteca… ¿No?
—Correcto.
El joven se reclinó sobre la barra y miró al posadero que charlaba animadamente con uno de los parroquianos. —Sabía que Calypso era una simulación extremadamente compleja… pero lo que me estás contando supera con creces todo lo que había escuchado hasta ahora. ¿Solo por medio del diálogo con NPC's es que has estado subiendo de nivel hasta ahora? ¿Que…?
—¿Que nivel soy? Veinticinco. —respondió Diógenes sacudiendo una mano restándole importancia. —No es como si la cantidad de niveles influya demasiado en mis habilidades.
—¿Qué quieres decir?
—El conocimiento… bah, llamémosle información, el valor que tiene no se puede computar en experiencia, el valor real es el que le dá cada personaje dentro del juego. Lo que Calypso "premia" es el uso que cada jugador le dá a esa información y las relaciones que puede establecer en base a ella. ¿Conoce algo sobre la Teoría de la Información?
—Solo un poco. —respondió Dante.
—Calypso usa muchas de las funciones de esa rama de las Ciencias Informáticas adaptadas al comportamiento de los NPC's, sabiendo eso me es posible aprovechar al máximo cada pequeño paquete de información y encausarlos por la mayor cantidad de canales, maximizando de esa forma las conecciones que se puedan realizar. Calypso me otorga experiencia en base a cuantos vínculos puedo producir con cada unidad de información que mi personaje "aprende".
—Eso es maravillosamente ingenioso. —reconoció Dante. —Toda su experiencia de juego está construida alrededor de la comunicación entre los NPC's de Calypso… pero…
—¿Pero?
—¿Por que vive en esta posada de mala muerte? ¿Y por que no ha ofrecido sus servicios a uno de los grandes clanes que controlan el juego?
Diógenes sacudió la cabeza. —¿Mis servicios? ¿Y cómo podría proporcionarlos?
—Conozco un jugador cuya profesión es ser Informante. —explicó el joven. —Adquiere información tal como usted lo hace y la vende a las diferentes facciones por un precio. ¿Usted no podría hacer lo mismo?
El pequeño personaje hizo una mueca. —Ah… pero e ahí el dilema del asunto. —afirmó. —Los clanes poderosos pagan muy bien por información sobre otros jugadores y organizaciones que dependen de ellos ¿Pero sobre las vidas de estos NPC's? —dijo señalando a los parroquianos alrededor de la taberna. —Nadie me pagará un cobre por saber de la vida de Pete, o la de Crag o la de la tabernera Lucy.
Dante asintió con la cabeza. —Tal vez no con esta gente. —respondió el joven. ¿Pero qué hay de otros NPC's? ¿De los miembros del gobierno de la ciudad o...?
Diógenes lo miró con atención. —¿O ese NPC de la biblioteca del que todo el mundo está pendiente ahora mismo…? —preguntó guiñando un ojo.
Dante no respondió y volvió su atención hacia el plato de galletas. —¿Sabes algo de eso? —preguntó al cabo de un rato tomando una de ellas pro sin intención de masticarla.
—¿Directamente? No. —afirmó el hombrecillo. —Ni siquiera me dejan acercarme y de todas formas los rumores hablan de unos requerimientos de Sabiduría muy por encima de los que poseen los jugadores en esta ciudad… aunque no voy a negar que me gustaría mucho ver de qué se trata lo que tiene que decir ese funcionario. —dijo pasando el dedo sobre el borde de la jarra de cerveza.
—Aparentemente ni siquiera llevando al máximo la sabiduría por medios mágicos es posible cumplir con los requerimientos de ese NPC. —dijo Dante suspirando.
—Tiene sentido. —replicó Diógenes. —El máximo alcanzable del atributo de sabiduría es fijo para todos los personajes, cualquier bonificador que apliques por medio de magia no puede superar ese techo, a menos…
—¿A menos…?
—A menos que se trate de un "Natural"
La galleta que Dante tenía en la mano se partió en dos pedazos en cuanto el joven escuchó aquello. —¿Un Natural? ¿Quiere decir…?
Diógenes asintió. —Un personaje cuyos atributos genéticos favorezcan exclusivamente la Sabiduría por sobre todas las cosas… un personaje así estaría exento del límite o techo impuesto por Calypso y podria, en teoria, cumplir con cualquier requerimiento de puntaje… siempre y cuando exista un bonificador lo suficiente poderoso para aumentar su Sabiduría más allá de ese límite, claro está.
El joven dejó los trozos de bizcocho sobre la mesa y se acarició la barbilla. —¿Existirá alguien así en Calypso? —preguntó pensativo.
—Imposible saberlo. La sabiduría no es un atributo como la fuerza o la agilidad que otorgan "superpoderes" a aquellos que tienen los máximos puntajes posibles; su influencia es más sutil y no afecta el mundo "físico" como los demás atributos. Alguien así podría pasar perfectamente desapercibido para todo el mundo.
—Comprendo. —respondió Dante. —¿Qué clases se verían beneficiadas con ese tipo de atributos?
—Definitivamente ninguna de ellas relacionada al combate. —afirmó el hombrecillo. —La sabiduría se traduce en la acumulación de conocimiento y en la habilidad de usar esa información para conseguir poder. La diplomacia, el tráfico de influencias, una gran sabiduría otorga autoridad absoluta a los ojos de todos los demás, es algo que va más allá de los atributos físicos del personaje.
—Eso de influenciar gente se parece mucho a lo que usted ha venido haciendo en esta ciudad. —observó Dante mirándolo detenidamente. —¿Usted no será...?
Diogenes soltó una carcajada y se volteó hacia una de las meseras —¡Oye Lucy! —gritó para que su voz se oyera por sobre los gritos y charlas de la taberna.
Una joven morena de abundantes carnes que llevaba varias jarras de cerveza llenas hasta el tope se volvió hacia el hombrecillo. —¿Qué quieres ahora, Diógenes? —preguntó.
—¿Me das un besito?
—Ni muerta. —respondió sacando la lengua. —Antes que eso besaría a un trasgo.
Los parroquianos estallaron en un coro de carcajadas y la joven continuó sirviendo las mesas como si nada hubiese pasado.
Diogenes suspiró y sacudió la cabeza. —Si soy un "Natural" de seguro tengo una maldición o algo anda mal con mi personaje. —aseguró.
Fué el turno de Dante de suspirar. —Hubiera sido demasiado bueno para ser verdad. —dijo.
Diógenes le dió una palmada en la espalda tratando de animarlo. —¿Qué es tan importante de esa famosa quest? —preguntó. —¿Por que los clanes más poderosos de Calypso están tan interesados en averiguar de qué se trata?
—Tal vez porque como usted dice, el conocimiento es poder. —respondió el joven. —Tal vez lo que ese NPC tenga guardado no sea más que una Quest de recolectar fresas en el bosque… pero quien posea esa información primero obtendrá algo más valioso que la Quest en sí.
Diogenes asintió y colocó ambas manos sobre la barra llena de manchas de vino y grasa. —Ciertamente, al menos estoy seguro que no se trata de juntar fresas en el bosque. —aseguró.
—¿Y cómo podrías saberlo? —preguntó intrigado Dante.
—Bueno… no directamente claro. —respondió el hombrecillo. —Pero tengo el presentimiento que está relacionado con cierto sueño que el Patriarca tuvo anoche y bien podría tratarse de una profecía.
Dante sintió un escalofrío y se dió vuelta de inmediato hacia Diógenes. —¿Qué quieres decir…? ¿Que sueño…?
—Hablé con varios escribas hoy por la tarde y logré captar ciertas piezas de información en forma de rumores. —dijo Diógenes bajando la voz. —Parece que el Patriarca de Mir tuvo un sueño… extraño, de esos que son premoniciones del futuro o algo así… aparentemente ordenó a los sabios de la biblioteca que intentaran descifrar el significado. Ese funcionario tal vez intente conseguir la ayuda de los aventureros para lograrlo y esa podría ser la famosa Quest que todo el mundo está intentando activar.
Antes que Dante pudiera decir una palabra más, alguin se interpuso entre él y Diógenes. —Así que aquí estabas.
Karina habló por el canal privado y su voz no llegó a los oídos de Diógenes. —¿Qué haces hablando con ese jugador? Te dije que no confio en el.
Dante intentó volver a hablar con su compañero pero Diógenes saltó desde la pila de almohadas e hizo una reverencia desde el suelo. —Veo que tienen cosas que discutir… en fin, fué muy agradable charlar con usted Dante, nos veremos en otra ocasión.
Dicho eso se alejó rápidamente entre la gente y pronto desapareció de la vista de ambos.
La joven se volvió hacia Dante con los brazos en jarra. —¿Qué rayos has estado haciendo?
—Comiendo galletas. —respondió el joven señalando los bizcochos. —Por cierto; estan horribles, ni las toques.
—No gracias, pero ahora en serio… ¿Que estaban hablando ustedes dos? La tormenta está amainando, podremos salir en un rato en cuanto ces por completo la lluvia.
El joven la miró con el semblante serio. —Creo que todavía podemos hacer algo aquí. —dijo.
Karina frunció el entrecejo. —¿Qué has averiguado?
—Es solo un presentimiento. —respondió el joven. —Pero necesito hablar con Duval antes, no quisiera apostar todo a un rumor.
Dante desplegó la interfaz de comunicaciones y se aseguró que Karina también formara parte de la conferencia que estaba a punto de iniciar. —Aquí Joyner ¿Me escucha, Jefe?
Para su desconcierto nadie respondió la llamada. Debieron esperar varios minutos a que Willy estableciera la conexión del chat y su voz se escuchara en la comunicación. —¿Joyner? ¿Todavía están en Mir? Ya deberían estar aquí.
—La tormenta no nos ha dado respiro. —exageró el joven. —Podrian pasar un par de horas más hasta que podamos volver. ¿Duval está disponible?
—Está reunido con el Departamento de Asuntos Internos. —explicó el programador.
—Lo que tengo que decirle es… ¿Asuntos internos dijiste? —preguntó Dante desconcertado. —¿Cómo…?
—Aparentemente tenemos una fuga de información interna. —susurró Willy. —El Imperio ya sabe qué fracasamos en el intento por conseguir la Quest antes que ellos.
—Mierda. —exclamó Dante. —¿Nuestra identidad ha sido comprometida?
—No lo creo. —respondió el programador. —Pero el Jefe no va a tomar riesgos innecesarios, menos teniendo a un "topo" entre nosotros… espera, Duval ya está disponible. —agregó.
La voz cansada del Director se escuchó por la comunicación privada. —¿Todavía siguen allá abajo? Ya no hay nada más que hacer en Mir, tienen que regresar de inmediato.
—Con respecto a eso Jefe. —dijo Dante. —Tengo una información importante sobre ese NPC y la quest que posee.
Tanto Duval como Willy hicieron silencio del otro lado de la comunicación. —¿Jefe? —preguntó nervioso Dante.
—Joyner. —dijo la voz del Director. —Esa información que dispones… ¿Proviene de un jugador?
—Afirmativo. —respondió el joven.
—Entonces no nos haga perder el tiempo. —exclamó Duval y su voz sonó colérica. —Le ordené que no perdiera tiempo en buscar rumores y mantuviera un perfil bajo… ¿Y ahora me sale con esto? ¿No le bastó con desobedecer mis órdenes?
—Pero… Jefe…
—Joyner. —dijo Willy aprovechando una pausa en la comunicación. —Hay un centenar de rumores dando vuelta por las redes sociales que usan los jugadores de Calypso fuera de la simulación. Sea cual sea la versión del rumor que oíste de labios de un jugador, de seguro ya nuestra gente de Comunicaciones tiene una copia de ello registrada y archivada. Tenemos todo un equipo de colaboradores recopilando esa clase de información, pero lo que necesitamos de usted es trabajar en base a información probada. Los jugadores de Calypso no son una fuente confiable.
Dante meditó aquello unos segundos y tomó una decisión. —Willy. —dijo.
—¿Que pasa?
—Si es por la credibilidad de la fuente de la información, creo que puedo proporcionarte algo que despeje todas tus dudas.
Karina lo miró extrañada. —¿Que te propones hacer? —preguntó.
—Joyner, no tenemos tiempo… —comenzó a decir hastiada la voz de Duval pero el joven la interrumpió. —¿Pueden monitorear desde allí a los NPC's que están junto a mi? —preguntó.
—Si, claro. —dijo Willy. —¿Pero que tiene…?
Dante se volvió hacia el NPC que estaba bebiendo aquel vino aguado. —Hey Pete. ¿Como se llama este lugar?
El obrero lo miró extrañado pero vió que el joven estaba preguntando ese en serio. —El Tintero de Alabastro. —dijo.
—Gracias… ¿Lo has escuchado Willy? Estamos en una posada llamada El Tintero de Alabastro. ¿Puedes revisar a los NPC's que están aquí conmigo ahora mismo?
—Dame un segundo. —respondió el programador. —Lindo nido de ratas eligieron para esconderse… debe ser el establecimiento más sucio de todo Mir…. listo, tengo las fichas del posadero y las dos meseras abiertas en la terminal. ¿Qué quieres que haga con esto…?
—Solo observa. —respondió Dante levantándose de la silla al ver que el posadero avanzaba por el medio del salón llevando varias jarras de bebidas. —¡Eh! ¡Mantecas!
El hombre gordo se detuvo y lo miró con mala cara. —Me llamo Teodoro. —dijo lanzando una mirada de furia hacia el joven. —¿No le gustó la Sidra? Lo siento, no hay reembolsos.
—Olvídese de la Sidra. —exclamó Dante. —Mi amiga aquí presente tiene una duda sobre algo que nos dijo Diógenes y quisiera tranquilizarla un poco… ¿Cree que esa persona es de confiar?
El posadero miró a Karina y mostró una sonrisa de dientes amarillos. —Esa rata de biblioteca me debe como un barril entero de cerveza, pero no es de las personas que suelen mentir, no señor. —afirmó. —Puede confiar en el, señorita.
Cuando Dante regresó a su lugar junto a la Teniente O'Higgins había un completo silencio del otro lado de la interfaz de comunicación. —¿Haz visto eso? —preguntó el joven.
—Joyner. —dijo nerviosa la voz de Willy. —Eso… ¿Eso ha sido un NPC hablando de un personaje jugador?
—Correcto. Ese tal Diógenes parece haberse ganado la confianza de muchos habitantes de Mir, si los NPC's de Calypso confían en el….
La voz de Duval sonó fuerte y clara en la interfaz de ambos jóvenes.
—Encuentren a ese Jugador. —dijo. —Es una orden.
