Cuando Dante salió al callejón oscuro en donde se encontraba la entrada del Tintero de Alabastro no había señales de Diógenes por ningún lado.

—Mierda. —exclamó Dante golpeando la pared de piedra. —¿Dónde se habrá ido?

Ninguno de los NPC's de la Taberna había podido decirles el paradero del jugador. Solo la mesera llamada Lucy les había dicho que vió a Diógenes salir de forma apresurada por el callejón que daba al mercado, fuera de aquello no tenían ninguna otra pista. Mientras Karina se adelantaba y salia al callejón a investigar los alrededores (Al fin y al cabo su vista y oído en Calypso eran mejores que las de Dante) el joven interrogó uno a uno a los parroquianos mientras Duval y Willy monitoreaban atentamente desde la SDF-1

—Es absolutamente increíble. —exclamó el programador al comprobar las hojas de dialogo de los NPC's con los que hablaba Dante. —Todos ellos tienen registros que mencionan el nombre de ese tal "Diógenes" en varias subcapas de conocimiento e interacción.

—¿Y porque es tan extraordinario eso? —preguntó Dante apartando la ventana de diálogo frente a sus ojos para poder ver la interfaz de comunicación.

—Porque la interacción de los NPC's con los jugadores solo se produce en un nivel superficial de lo que llamamos "Matriz de Personalidad" —explicó Duval. —Un NPC crea registros o "memorias" de un personaje que usa como entrada principal para crear un valor de Reputación, este valor dicta el tipo de disposición que el personaje muestra cuando un jugador interactua con el… por ejemplo si alguien realiza una Quest y tiene éxito, su reputación con ese personaje es incrementada. Una reputación alta afecta el intercambio de información con todos aquellos relacionados por los vínculos culturales.

—¿Vínculos Culturales?

—Religión, afiliación política, incluso gustos musicales, estéticos o hasta de la comida favorita de cada habitante de Calypso. —explicó Willy. —Cuando formas un vínculo con un NPC no solo lo haces en base a una "facción" unidimensional. Puedes establecer conexiones en muchos niveles simultáneamente.

—En ese aspecto Calypso no tiene igual en lo que respecta a la simulación de sus personajes no jugadores. —agregó Duval.

Dante se acercó a la barra y tomó una de las galletas que aún quedaban en el plato. —¿Entonces Diógenes creó vínculos con todos esos NPC's en varios niveles culturales? —preguntó examinando la superficie del duro bizcocho donde creyó reconocer pequeñas marcas de dientes ¿Ratones tal vez...?

—No cabe la menor duda de ello. —afirmó el Director. —Pero lo más llamativo es que su nombre aparece en una capa de datos en la que no debería estar.

—¿No debería?

—Te lo explicaré fácil. —dijo Willy. —¿Haz visto lo que sucede cuando terminas un juego de aventuras, derrotas al villano, salvas a la chica y al mundo y tu personaje logra el reconocimiento de todos? Algunos juegos al terminar la historia principal dejan que tu personaje siga explorando el mapa y, a los ojos de todos los personajes, tu eres el héroe indiscutido y el rumor de tus proezas ha corrido hasta los más recónditos sitios del mundo. Incluso NPC's que nunca te habían visto o interactuado contigo durante el juego de pronto conocen tus hazañas y saben quien eres y qué has hecho.

—Osea que el rumor se esparce automáticamente e instantáneamente por todo el mundo. —razonó Dante. Mantecas se acercó y quitó la bandeja vacía donde solo quedaban un par de migas. —¿Vas a comerte eso o te vas a quedar mirándolo como si fuera el culo de una moza? —preguntó de mala manera.

—Tal vez más tarde. —respondió Dante guardando la galleta en uno de sus bolsillos.

El tabernero se alejó y el joven volvió su atención hacia el chat privado.

—Es algo muy normal en todos los juegos de este estilo. —afirmó Duval. —Y lo más preocupante de todo es que estamos viendo algo muy similar con este jugador llamado Diógenes.

—¿Como que algo muy similar?

—Willy ha estado revisando matrices de personalidad de NPC's a lo largo y ancho de Mir y ha encontrado el nombre de Diógenes registrado en casi todos los individuos…. incluso en aquellos que no tienen contacto con los jugadores.

Dante tragó saliva. —¿Que no tienen contacto…? ¿Entonces como…?

—La explicación más lógica sería pensar que esos NPC's aprendieron sobre Diógenes de forma indirecta, sin interactuar con el. —respondió Willy.

—Eso no tiene sentido. —exclamó Dante. —¿O si? ¿Es acaso Diógenes un héroe del que todo el mundo ha oído hablar…?

—Definitivamente no lo es. —afirmó Duval. —Pero de alguna forma su nombre ha corrido de boca en boca entre los habitantes de Mir… y eso de la profecía que te mencionó de pronto parece tener mucha más credibilidad en base a este descubrimiento.

Dante había contado brevemente las palabras de Diógenes sobre la profecía, lo que había despertado inmediatamente el interés del Director en saber más sobre aquel misterioso jugador.

—He localizado a dos escribas que tienen entradas de datos relacionados con el Patriarca y un sueño extraño. —explicó Willy. —Ambos están relacionados directamente con el NPC que tiene la quest que nos interesa.

—¿Y si es una pista falsa? —preguntó Dante. —¿Y si Calypso puede crear sus propios rumores así como lo hacen los jugadores?

—Es posible. —respondió Duval. —Pero hasta no encontrar otra pieza de información que contradiga este rumor sobre el sueño, creo que no nos queda otra opción más que trabajar con lo que tenemos.

—Y sin poder acceder a la Quest del NPC, Diógenes es la única persona que puede conseguir esa información de forma indirecta.

—Exacto. —dijo Willy.

Dante se incorporó del banquito y caminó hacia la salida. —¿Han intentado comunicarse con el jugador que utiliza a Diógenes?

—Fué lo primero que hicimos. —respondió Duval. —Pero su terminal está en modo de respuesta automática; es posible que pasen varios días hasta que salga de Calypso y vea el mensaje, lo que no me extrañaria si se trata de un jugador "Hardcore".

—Así que será mejor encontrarlo dentro del juego. —reconoció Willy. —Y pronto.

La tormenta se había movido por encima de la cordillera y solo una llovizna fina quedaba luego del terrible aguacero. Torrentes de agua sucia corrían por las veredas calle abajo en dirección a las troneras que desembocaban en el precipicio, al menos esa ciudad no podía inundarse nunca.

Las botas sucias de Dante pisaron los charcos de agua y el joven caminó por el oscuro callejón en dirección al pequeño mercado ahora desierto. Los faroles estaban apagados y la poca luz que había en el lugar llegaba desde las ventanas de las posadas y casas que rodeaban aquel caserío de mala muerte.

Una sombra se movió silenciosamente entre una pila de cajones vacíos derrumbados por la fuerza de la tormenta, pero el joven supo inmediatamente quién era gracias al ícono que aparecia resaltado sobre la cabeza de aquella oscura silueta.

—¿Haz visto algo? —preguntó Dante.

—Nada. —respondió Karina echándose hacia atrás la capucha. —Revisé los callejones que salen de este mercado en su totalidad y no hay rastros de ese jugador.

—Tampoco ha vuelto a su habitación en El Tintero de Alabastro. —informó Dante consultando su lista de amistades. —Su contacto está en gris por lo que tampoco puedo enviarle un mensaje directo.

La Teniente apretó el puño con evidente frustración. —¿Donde pudo haberse ido?

Dante miró hacia la calle que desembocaba en la plaza principal. —Tendremos que volver a la plaza y separarnos; podremos cubrir más terreno así.

La joven sacudió la cabeza. —Suena como buscar una aguja en un pajar… ah por cierto. —dijo mientras accedía a su inventario. —Creo que esto podrá servirte si nos separamos.

Dante aceptó el intercambio y una lámpara de aceite apareció entre sus manos.

—Gracias. —dijo el joven examinando el artefacto. —Déjame ver si… ah, aquí está la acción de interacción adecuada; encender.

Una pequeña llamita brilló entre ambos y la luz se derramó entre los puestos del mercado desierto. Rápidamente Dante cubrió la lámpara con la pantalla de metal y solo dejó una pequeña rendija por donde la luz iluminara en la dirección que él quería. —Servirá. —dijo mientras movía la linterna haciendo que el estrecho rayo iluminara los objetos en la oscuridad del mercado, entonces dió un repentino salto hacia atrás en cuanto los pequeños ojos brillantes devolvieron el reflejo de la lámpara

—¡¿Pero que..?! —exclamó Dante quitando la pantalla para poder ver mejor.

Frente a ellos, en lo que antes solo habían percibido como escombros y pedazos de madera destrozada, el rostro pálido de un niño apareció emergiendo de entre unos andrajos sucios.

—Es una niña. —dijo Karina relajándose solo un poco (Aún tenía su mano sujetando una de las dagas bajo su capa). —Un NPC.

Dante depositó la lámpara en el suelo solo cubrió parcialmente la llama, de modo que la luz no se proyectase en los ojos de la niña. —Lo siento. —dijo acercandose. —No quería asustarte. ¿Estas bien…?

A pesar de haber dirigido la palabra al NPC, la interfaz diálogo del juego rechazó el inicio de la conversación y desapareció frente a los ojos de Dante mientras la niña se encogia sobre si misma y cerraba los ojos sin dejar de temblar. —Está aterrada. —dijo Dante retrocediendo lentamente. —No creo que acepte iniciar una conversación conmigo.

Karina miró el rostro de la pequeña con atención. —Más que aterrada, esa niña está desfalleciendo de hambre. —dijo. —Mira el rostro demacrado y los ojos brillantes, esos son signos de desnutrición.

El joven miró a la niña y metiéndose la mano en uno de sus bolsillos extrajo la galleta que había guardado en la posada y se la ofreció a la niña. —Toma. —dijo extendiendo la mano. —Come.

Dante no estaba del todo convencido si era seguro darle aquella cosa apenas edible a un niño, pero para su asombro, la joven abrió los ojos al olfatear la galleta y tras mirar detenidamente el rostro de Dante estiró uno de sus bracitos flacos y tomó el alimento de manos del joven con un rápido movimiento. De inmediato se metió toda la galleta en la boca y se puso a masticarla con desesperación mientras Dante volvió a retroceder para no molestar a la niña. —Espero que no le cause dolor de barriga. —dijo volviéndose hacia Karina.

La Teniente suspiró. —Fué una buena acción, lo admito, pero deberíamos centrarnos en encontrar a ese tal Diógenes...no podemos hacer nada por estos NPC's al fin y al cabo, son solo una parte del decorado de la ciudad.

Dante se puso de pié y se rascó la cabeza. —Es… demasiado real para ser un simple decorado. —dijo sacudiendo la cabeza. —Mirala.

La niña gruñia y luchaba por masticar aquella dura galleta, pero comía con avidez como si no hubiese probado bocado en días. —¿Qué necesidad hay de TANTO realismo? —preguntó. —Es algo… inmoral.

Karina no supo que responder así que Dante volvió a ponerse en cuclillas y esperó a que la niña terminara de tragar la galleta. —Procura beber algo o se te quedará trabada en la garganta dijo. La pequeña tragó el último bocado y lo miró agradecida con sus grandes ojos brillantes, pero la interfaz de diálogo no volvió a aparecer.

—Ella no te responderá extranjero. —dijo una voz desconocida a espaldas de Dante. —Un hombre malo le cortó la lengua.

Cuando Dante se incorporó de golpe y se volteó hacia el origen de aquellas palabras Karina ya estaba lista para el combate y por la posición de su mano el joven estaba seguro que lo que estaba ocultando en ese momento era su pistola reglamentaria y no una de sus dagas.

Frente a ellos un chico desgarbado y flaco, apenas vestido con unos harapos, los miraba curioso con las manos en los bolsillos, además no estaba solo.

—Cuento a seis a la luz de la lámpara. —informó Karina. —Una docena mas nos rodea entre las sombras.

El desconocido no podía tener más de diez u once años, pero Dante estaba seguro que aquel chiquillo no se sentía para nada amedrentado por ellos dos. —Espero que Willy esté monitoreando esto. —dijo en voz baja mientras se acercaba a Karina. —Está bien, puedes relajarte… no están armados y no creo que quieran hacernos daño.

Para su tranquilidad escuchó el sonido del arma al deslizarse devuelta en la funda de cuero y luego el chasquido de la correa al cerrarse por completo. Karina extrajo su mano derecha de debajo de la capa y la dejó junto a su cadera bien a la vista de todos.

El niño asintió ante aquel gesto de buena voluntad y también mostró sus manos vacías. —No se preocupen, no es nuestra intención atacarlos. —aseguró.

—¿Entonces qué haces aquí a estas horas de la noche? —preguntó Dante.

—Aquí vivimos. —respondió el niño encogiéndose de hombros. —De noche es el único momento en el que podemos salir a buscar comida sin que los adultos nos peguen o encarcelen sin motivo.

Dante asintió. —¿Entonces todos ustedes son huérfanos? —preguntó.

—Algunos de ellos tienen padres, pero no son reconocidos y por ello terminan viviendo aquí en las calles. —explicó el chico. —Me llamo Lim.

Dante se dió cuenta en aquel momento que estaba interactuando con el NPC mediante el diálogo directo, sin usar ninguna de las opciones que la ventana de frases le ofrecía para interrogar al chico. ¿Era por eso que la conversación se sentía tan… "real"?

—Mi nombre es Dante. —dijo. —Y mi compañera se llama Karina. Estamos…

—Buscando a Diógenes, lo sabemos. —dijo el niño cruzándose de brazos. —Estuvimos escuchando su conversación y los rumores circulan rápido entre las callejuelas angostas de Mir.

Tanto Dante como Karina se quedaron mudos al escuchar aquello. De inmediato se miraron a los ojos. —Ok. —dijo Dante haciendo un gesto con la mano. —¿Lo digo yo o lo dices tú?

Karina sonrió. —¿Que que cosa te preocupa más? Yo diría que la parte en que pueden escuchar una conversación PRIVADA es la más importante de todas.

Lim continuaba mirándolos con la misma expresión de curiosidad de antes por lo que Dante se dirigió nuevamente hacia el. —¿Cómo es que puedes escuchar nuestra conversación?

—Los Aventureros son extraños. —observó el chico. —No solo hacen movimientos raros con las manos en el aire como si pudieran tocar y mover cosas invisibles… también tienen esa rara costumbre de hablar en voz alta entre ellos y pensar que nadie puede oír lo que dicen.

—Ellos no pueden ver las interfaces de Usuario de los jugadores. —razonó Dante. —Y el modo de chat privado parece no aplicarse a ellos. —dijo la Teniente.

El chico ignoró aquellos comentarios sin sentido y se volvió hacia Karina. —¿Por que buscan a Diógenes? El no ha hecho nada malo.

La Teniente se encogió de brazos. —No es asunto nuestro lo que él pudo o no haber hecho, solo queremos que nos ayude en nuestra misión.

—¿Misión? —preguntó Lim.

—Es… complicado. —intentó disculparse Dante. —El punto es que necesitamos su ayuda ¿Tu sabes donde está?

Lim no respondió y bajó la vista hacia la pequeña lámpara que iluminaba el piso frente a ellos. Dante estaba seguro que tanto Willy como Duval estarían en ese mismo momento escarbando en la Matriz de Personalidad de ese niño en busca de la información que deseaban. La idea le pareció grotesca.

—Oye Lim. —dijo con voz relajada. —Comprendo que Diógenes es una persona querida por la gente de esta ciudad, así que realmente no te culpo si crees que revelar su paradero puede ser peligroso para el.

El chico levantó la vista y asintió en silencio. —Diógenes es una buena persona, nos trata bien y no nos pega patadas o empujones como los otros Aventureros.

—Eso… es horrible. —exclamó Karina —¿Por que harian algo asi?

—Porque pueden. —reflexionó Dante. —Y porque estos chicos son parte del juego para ellos.

En ese momento la niña muda a sus espaldas comenzó a toser, aparentemente atragantada por la dura galleta. Uno de los huérfanos se acercó a ella y le ofreció una jarra llena de agua que la niña bebió rápidamente casi sin respirar.

—Diógenes nos dá comida a veces. —dijo el chico volviéndose hacia los Jugadores. —Pero no es un guerrero o un mago poderoso como los otros Aventureros. —afirmó. —Junta algo de dinero que encuentra en las calles y apenas le alcanza para vivir, incluso así nos ayuda con un poco de pan o medicina cada vez que puede permitirselo…¿Usted es un guerrero? —preguntó el chico señalando el pomo de la espada que asomaba tras la espalda de Dante.

—Uno muy novato. —reconoció Dante con una sonrisa.

—Entonces Diógenes no pude ayudarles. —dijo. —El es muy débil, más débil que yo incluso. —afirmó el chico.

En ese momento Dante tomó su decisión. Diógenes tenía razón al fin y al cabo; estaban en Calypso y debían seguir sus reglas, lo que significaba tomarse el juego con total seriedad.

—Calypso está en peligro. —dijo Dante ante la mirada de confusión de Karina. —Y Diógenes puede ser el único que conozca la clave para comprender a qué nos enfrentamos.

Un coro de murmullos se elevó entre los huérfanos que los rodeaban. Aquellas palabras eran un mal presagio y en boca de uno de esos aventureros tomaban otro significado aún más amenazador.

Lim miró a Dante con ojos brillantes (y Dante creyó ver algo mágico en ellos ¿Tal vez estaba tratando de ver si mentía…?) en completo silencio. Al cabo de unos segundos volvió a hablar con voz profunda. —¿Que clase de peligro? —preguntó.

Dante tragó saliva. No podía echarse atrás ahora. Si la información estaba relacionada en varios niveles, si realmente había un enlace invisible entre todos los seres que vivían en Calypso… entonces tal vez…

—No lo sé con exactitud. —dijo Dante bajando la voz. —Pero podría estar relacionado con que Vorax pueda despertar de su sueño...pronto.

—¿¡Que!? —gritó Duval por el chat privado. —¿Que diablos estas diciendo Joyner? ¿Que…?

Dante ignoró la exclamación de su jefe y continuó mirando fijamente al niño que tenía delante. —No estoy seguro del todo, pero tal vez Diógenes tenga las respuestas que necesitamos o tal vez pueda interpretar la poca información que tenemos. —agregó.

Lim asintió en silencio pero al cabo de unos segundos de duda por fin se decidió a hablar. —Hace cosa de dos días… hubo un temblor. —dijo lentamente. —Los Escribas de la Biblioteca dijeron que la tierra se había sacudido en las Cavernas Ígneas y temían lo peor…

—Mi compañera y yo estuvimos allí ese día. —afirmó el joven. —Fue Vorax quien causó ese temblor.

Los demás niños gimieron de terror, muchos de ellos comenzaron a sollozar, pero Lim mantuvo la compostura. —El Dragón… ¿Despertó? —preguntó con temor.

—Se movió. —dijo Dante. —Es todo lo que se.

Por el chat de voz llegó el sonido de un golpe seco; probablemente Duval había golpeado con toda su fuerza la consola frente a su silla y toda la superestructura de la Torre de Control del SDF-1 estaba temblando en ese preciso momento.

La niña muda salió de su pequeño refugio entre la basura y se puso junto a Lim, tomándolo de la mano mientras miraba a los dos Aventureros con temor en los ojos. El chico apretó la pequeña mano de la niña y sacudió la cabeza.—Diógenes está en la tronera sur, en donde la pared del acantilado se une con el flanco de la montaña… es el mejor lugar para ver a las Hermanas asomarse por sobre las montañas. —dijo mirando a los dos compañeros.

—¿Las Hermanas…? —preguntó confundido Dante.

—Las dos Lunas de Calypso. —explicó Karina. —Oi a Duval llamarlas así una vez que discutimos sobre las mecánicas orbitales del planeta.

Lim acarició los cabellos sucios de la niña pequeña en un gesto de ternura que parecía demasiado real. —Por favor. —suplicó mirando a los dos jugadores. —Ustedes los Aventureros son los únicos que pueden ayudarnos. —dijo. —Si ese Dragón despierta….

—Lo sabemos. —respondió Karina. —Haremos todo lo posible por evitarlo.

Dante se inclinó frente a los niños y les habló con seguridad. —No dejaremos que le pase nada a este planeta ni a ninguno de sus habitantes. —prometió. —Para eso estamos aquí.

El rostro de la niña pequeña se iluminó con una sonrisa y apretó con fuerza la mano del Lim.

En ese momento una campana sonó en la oscuridad. Dante se incorporó y miró nervioso alrededor. —¿Oyeron eso? —preguntó alarmado.

Los niños se miraron entre ellos. —No hemos oído nada. —dijo Lim confundido.

—Yo también lo oí. —afirmó Karina mirando alerta en todas direcciones. —Espera… ¿No habrá sido…?

—Joyner. —dijo Duval con un tono aterrador por el chat de voz. —Revisa tu Jornal.

Dante movió la mano y seleccionó la ventana de la interfaz que llevaba los registros como un diario de viaje. Había un pequeño indicador parpadeante que avisaba de una nueva entrada.

—¿Pero que…? —preguntó Dante.

Karina imitó el gesto y desplegó el Diario frente a sus ojos. —Es una Quest. —dijo. —Se ha activado justo ahora y… ¡Oh!.

Dante abrió su propia ventana y comprendió de inmediato el porqué de aquella exclamación de su compañera. —¡Oh mierda!. —fué su turno de exclamar mientras se llevaba una de sus manos a la cabeza.

La Quest que apareció en su jornal tenía como título solo cuatro palabras:

El Fin del Mundo.