La primera en asomarse por sobre la oscura masa de rocas fué Lianna, la mayor de las hermanas. Su luz blanca hizo retroceder un poco la oscuridad en el profundo cañón en donde se recostaba la silenciosa ciudad de Mir. Su hermana pequeña, Cassiopea, apareció unos minutos más tarde derramando un poco de luz roja, pero su superficie no reflejaba tanta luz como la de su hermana. Los últimos jirones de nubes se escurrieron velozmente tras las montañas y un mar infinito de estrellas cubrió la bóveda celeste sobre la ciudad dormida.
Diógenes se frotó las manos para darse un poco de calor y ajustó los harapos lo mejor que pudo mientras se acercaba al pequeño telescopio de latón que había montado sobre un improvisado trípode de madera en la pared de roca que corría todo a lo largo de la cara expuesta de la ciudad hacia el acantilado.
El jugador arrastró un tronco junto a la pared y tras colocar una pequeña almohada sobre el mismo se sentó lo más cómodamente que pudo mientras observaba a Lianna por el pequeño lente de cristal del instrumento.
Al cabo de unos minutos dejó de observar la luna y extrayendo un manojo de hojas en blanco comenzó a escribir unas anotaciones usando un lápiz de carbonilla.
—No se que me sorprenda más. —dijo una voz a sus espaldas. —Que tenga un telescopio o que no use la interfaz del juego para tomar notas astronómicas.
Diógenes levantó la cabeza y vió a Dante y a Karina observandolo con curiosidad a unos pocos metros de distancia.
—Vaya vaya. —respondió el hombrecillo guardando sus notas entre las viejas ropas. —El guerrero Dante y su misteriosa compañera… vaya sorpresa realmente.
Karina se cruzó de brazos y se sentó en la pared de piedra. —Me llamo Karina. —dijo mientras hacía un gesto con la mano. —Creo que no me habia presentado antes.
—Oh… sí claro. —respondió el jugador. —Pensé que querrían discutir algo importante y preferí venir a mi cita diaria con las Hermanas. —dijo señalando hacia el cielo. —Me llamo Diógenes, aunque creo que usted ya lo debe saber… mucho gusto.
Dante observó con curiosidad el pequeño instrumento de latón. —¿Usted lo construyó? —preguntó mirando al hombrecillo.
—¿Yo? claro que no. —respondió el jugador. —Se necesita una habilidad enorme para fabricar estas cosas….pero si conoces a la persona indicada y le haces los favores adecuados… bueno.
—Se entiende perfectamente. —dijo Dante levantando ambas manos. —Aun así es fascinante… ¿Y por que toma notas en forma directa?
—Para venderlas, obviamente. —explicó Diógenes. —Los sabios de la biblioteca pagan buen dinero por diagramas, fórmulas y números… es la única forma en la que un jugador como yo puede vivir en este mundo de violencia y muerte continua.
Dante y Karina se miraron confundidos.
—¿Osea que usted no "juega" con espadas o magia y simplemente se dedica a… estudiar cosas? —preguntó intrigada Karina.
—Es lo que hay. —respondió Diógenes encogiéndose de hombros. —Solo juego con las cartas que me tocaron.
Ahora fué el turno de Dante de mirarlo confundido. —No comprendo. —dijo. —¿Acaso usted no creó a su personaje para jugar de esta forma?
—Claro que no. —respondió el jugador con una sonrisa. —Lo que ves delante tuyo es el resultado completamente al azar de Calypso… yo solo escogí el nombre una vez que el sistema me presentó el resultado de la generación genómica de mi personaje. —dijo mientras extendía los brazos para que los dos jóvenes pudieran ver aquel cuerpo compacto que asomaba entre los andrajos de tela.
Una rafaga de aire helado sopló desde el precipicio y Diógenes volvió a abrigarse con sus harapos mientras tiritaba de frío. —Brrr… —exclamó.
—Escuché que Calypso genera a los personajes de varias formas. —comentó el joven volviéndose hacia su compañera. —El jugador puede elegir una raza y clase predefinidas o puede utilizar una especie de herramienta de edición genética para desarrollar determinadas características genéticas.
—Así es. —confirmó el jugador. —Pero hay otra opción que muy poca gente conoce, más que nada porque no suele dar los mejores resultados como podrás ver. —agregó.
—¿Que clase de opción es esa? —preguntó Karina.
—Utilizar tu propio ADN como "semilla" para la creación de un perfil único en el juego. —explicó Diógenes.
—¿Semilla?
El hombrecillo volvió a frotarse las manos. —Cuando generas números al azar no partes de la nada… necesitas algo, un comienzo… los dados al rodar tienen seis caras con diferentes valores en cada una de ellas, al lanzarlos generas un numero al azar en base a una distribución uniforme. El tipo de dado y la cantidad de veces que uno lo arroja son la "semilla" que genera un resultado al azar, por dar una explicación bastante general del tema.
Dante se rascó la barbilla. —Algo me dice que el ADN es algo más complicado que un simple dado. —dijo.
—Oh claro que lo es. —respondió el jugador. —Mis expectativas cuando llegué a la flota 41 eran la del jugar como un Zentradi gigante. —explicó Diógenes haciendo un gesto amplio con las manos.
—¿Un Zentradi? —preguntó Karina. —¿Osea que usted es un Zentradi micronizado en la realidad y quería usar su propio ADN para jugar en Calypso?
El jugador sacudió la cabeza.—Uno de mis abuelos lo fué al menos. —reconoció. —Yo soy un mestizo de segunda generación, por lo que ni siquiera mantuve el tono de la piel de mi abuelo… ja, apenas si parece que tuviera un bronceado ligero. —bromeó.
Dante asintió con la cabeza. —Así que esperaba que esos genes en su linaje lo transformaran en un gigante aquí en Calypso.
—O al menos en un mestizo con buena predisposición a la lucha. —reconoció Diógenes suspirando. —Pero Calypso me jugó una mala pasada y los dados no me sonrieron como bien puede ver.
—¿Y no pudo volver a generar el personaje? —preguntó el joven.
—Calypso no permite generar otra semilla diferente basada en el ADN del usuario. —explicó Diógenes. —Claro que me quedaba la opción de elegir yo mismo una clase predefinida y utilizar los stats con valores promedio pero… ¿Dónde está la gracia de eso? Me propuse aceptar mi herencia genética y jugar con este personaje a pesar del nivel de dificultad "Nightmare" que Calypso me proponía.
—¿Y qué tan difícil ha sido? —preguntó Karina.
El Jugador hizo un gesto de resignación. —Básicamente si salgo de esta ciudad puedo darme por muerto; la constitución de mi personaje es mínima y cualquier golpe o herida me dejaría fuera de combate casi de inmediato. ¿Luchar? Olvidenlo, apenas tengo fuerza suficiente para acarrear un pequeño inventario de mis ropas y la comida que uso diariamente.
—Wow. —exclamó Dante. —Eso es…
—Una verdadera mierda, si me disculpa usted el atrevimiento. —dijo el hombrecillo haciendo una reverencia hacia la joven Teniente. —El caso es que me tocaron estas cartas y debo jugarlas de acuerdo a las reglas de Calypso… lo que, supongo, está relacionado con la presencia de ustedes aquí. ¿Verdad?
Karina lo miró fijamente. —¿A que se refiere? —preguntó.
—A que me encontraran de forma tan sencilla. —aseguró. —Pero en definitiva no me sorprende.
Mientras Karina y Dante se miraban sin comprender el jugador volvió a inclinarse sobre el telescopio y tras ajustarlo cuidadosamente se incorporó satisfecho. —Creo que con eso bastará… ¿Quieren verlo?
—¿Que cosa? —preguntó Dante.
—Veanlo por ustedes mismos.
Karina se acercó al pequeño aparato y miró por el tubo de metal. —No veo nada. —dijo.
—En cualquier momento. —advirtió Diógenes.
Karina mantuvo la vista fija y entonces lo vió. Un pequeño punto brillante atravesó el campo de estrellas apenas perceptible. La joven se incorporó y miró al jugador sin decir nada.
—¿Lo vio? —preguntó Diógenes. —No es necesario que me diga nada, eso es definitivamente un satélite artificial en una órbita baja, pasa por sobre Mir una vez cada ciento veinte minutos. —aseguró.
Dante miró hacia el cielo estrellado y se preguntó si Duval y Willy los estarian viendo ahora en la imagen actualizada del satélite (y como se sorprenderán al ver que ellos le estaban devolviendo la mirada desde la imagen). Contuvo las ganas de saludar hacia el cielo y en cambio se volvió hacia el jugador. —No lo hemos localizado gracias a un GPS. —aseguró metiéndose las manos en el bolsillo.
—Tal vez no. —respondió Diógenes. —Pero eso no quita que la presencia de ustedes en esta ciudad no esté rodeada de más misterios de los que me gustaría saber.
—¿Misterios? —preguntó Karina.
—Para empezar, ninguno de los guardias de la ciudad los vió a ustedes dos cruzar el puente. —aseguró el jugador. —Y eso ya es bastante sospechoso de por sí, pero Mir tiene otras entradas ocultas y es sabido que ciertos jugadores conocen el valor de esos secretos.
Karina se cruzó de brazos y miró al hombrecillo sin decir nada. Diógenes se sentó sobre el cojín que había puesto en el tronco y continuó hablando. —Al principio sospeché que ustedes dos serían parte de la red de espías del Enjambre, pero descarté esa idea de inmediato al ver cómo actuaron en la Plaza Central… definitivamente un miembro del Enjambre nunca hubiera salvado a un NPC de ser arrollado por un caballo.
Karina le dirigió una mirada enigmática a Dante y el asintió. —Así que nos estabas siguiendo en la plaza. —afirmó el joven con seguridad. —No estabas allí de casualidad.
—Así es. —reconoció el jugador. —Confieso que cuando oí hablar a los NPC's de una pareja desconocida de Aventureros que apareció de la nada en medio de Mir, la curiosidad pudo más que el sentido común y fuí a la plaza a ver si los encontraba, pero puedo asegurarle que nunca estuvo entre mis planes el ser atropellado por los caballos del imperio.
—El azar…
—O tal vez el destino. —reconoció el jugador. —¿Quien sabe? El asunto es que no fué solo la curiosidad la que me llevó allí ¿Saben que fue?
—Ni idea. —respondió Dante.
—La sabiduría e inteligencia son dos de los stats mas fuertes en mi personaje. —explicó señalandose la cabeza con uno de sus pequeños dedos. —Y esos dos stats son particularmente afines a las fuerzas mágicas que dominan el mundo de Calypso… vamos, en realidad son el requerimiento básico para las clases que dominan las fuerzas arcanas en el juego.
—Pero usted no es un mago poderoso. —observó Karina.
—Muy cierto. —respondió Diógenes. —El conocimiento y la Inteligencia son las llaves que dan acceso a lo arcano, pero el poder mágico se canaliza por medio del cuerpo físico de cada jugador, cosa que en mi caso…
—Tu cuerpo no puede manejar esa magia. —razonó el joven.
—Exacto. —afirmó el jugador. —Y por eso mismo soy bastante sensible a su presencia, especialmente cuando se trata de objetos mágicos extremadamente poderosos, como los que podría llevar encima uno de los Administradores del juego.
Para entonces Dante había comprendido que aquel jugador no solo había estado siguiendolos desde el primer momento, sinó que sabia mucho mas sobre ellos de lo que temían. Nunca mas tendria dudas sobre la corazonada de un piloto de combate. ¿Pero cuánto sabía aquel personaje realmente? ¿Que tan comprometida había quedado su misión?
Diógenes se cruzó de brazos y miró hacia la oscuridad del abismo. —Artefactos mágicos causando el caos en Mir son una cosa, satélites y rumores crecientes de un caza variable volando por los cielos de Calypso son otra cosa… ¿Entonces cuál es la respuesta al enigma? —preguntó volviéndose hacia los jóvenes. —¿Están ustedes con los Administradores de Alpha Corporation o con la NUNS que supervisa esta flota?
«Equivocado y acertado al mismo tiempo» —pensó Dante mientras sonreía, pero aquella sonrisa solo duró una fracción de segundo. ¿Qué hacer con Diógenes? No podían revelar su identidad, El Director lo había prohibido expresamente. ¿Podrían realmente confiar en el? Solo había una forma de saberlo.
—A pesar de tus sospechas, no te hemos mentido en lo que respecta a cómo te encontramos. —dijo Dante señalando a su compañera. —No hemos usado nada fuera de las reglas del juego para llegar hasta ti.
—Difícil de creer, especialmente en dos novatos como ustedes. —insinuó el jugador. —¿Su primera vez en Mir y se mueven por la misma con la suficiente familiaridad como para encontrar a una sola persona entre miles? ¿Realmente esperan que me trague eso? Nadie más en esta ciudad conoce mis movimientos, soy prácticamente invisible a los demás jugadores quienes me toman por un NPC mas… es imposible que ustedes me hayan encontrado sin romper las reglas del juego.
Dante se encogió de hombros. —No se enoje con nosotros. —se disculpó. —Pero tampoco fué un jugador el que nos dijo dónde estaba usted esta noche.
Diógenes los miró con el rostro confundido. —¿Que…? ¿Qué quieres decir…?
—Un tal Lim fué el que nos dijo dónde encontrarlo. —dijo Karina sin darle mucha importancia al asunto.
La boca y los ojos de Diógenes se abrieron casi por completo al oír aquello. Tras unos segundos de perplejidad el jugador sacudió la cabeza. —Ustedes… ¿Que le han hecho a Lim? ¿Cómo…?
—Tranquilo. —dijo Dante extendiendo una mano. —El chico se nos acercó a nosotros primero, nadie la ha hecho nada a él ni a ninguno de los otros huérfanos del mercado.
Al oír sobre los otros niños la actitud del jugador cambió radicalmente. Su confusión se convirtió en ira y apretando los puños con fuerza se enfrentó a los dos extraños que lo miraban atentamente. —Debí suponer que mi forma de interactuar con los NPC's de Calypso llamaría la atención de los administradores eventualmente. —dijo desafiante. —¿Por eso están aquí? ¿Que tanto he roto su tan famoso y "perfecto" juego? —preguntó con sorna.
—No se de que hablas y realmente no me interesa si has roto o no la simulación. —afirmó categóricamente Dante. —Hemos venido en busca de tu ayuda, nada más.
—Mientes. —dijo Diógenes. —Lim no me hubiese traicionado nunca, ustedes debieron de usar las herramientas de administración para sacar esa información que de otra forma el chico nunca les hubiese dado de buena gana.
La paciencia de Karina se estaba colmando y por la forma en que abría y cerraba la mano derecha Dante se imaginó que si no hacía algo pronto aquello iba a terminar mal, al menos para Diógenes.
—Lim no lo traicionó. —aseguró el joven. —Simplemente hizo lo que creyó que era lo correcto.
—¿Ah sí? ¿El novato que no lleva ni veinticuatro horas en esta ciudad ahora conoce lo que es mejor para sus habitantes más pobres e ignorados por todos los demás? ¿Enserio quieres que crea eso?
—Preguntaselo al propio Lim si no me crees. —respondió Dante suspirando. El joven también se estaba cansando de aquella actitud hostil del jugador, pero tenía que ganar su confianza de alguna manera. —Pero dese prisa o el marcador de Quest que apareció sobre su cabeza va a atraer la atención de otros jugadores primero.
El rostro de Diógenes se puso blanco. —¿Que? ¿Un marcador de Quest? ¿En….Lim? —preguntó mientras su cuerpo temblaba visiblemente.
—Apareció una vez que terminamos de hablar con el. —explicó Karina señalandose con el dedo el espacio encima de su propia cabeza..
—No le estamos mintiendo. —volvió a asegurar Dante. —Necesitamos su ayuda, lo que está en juego no es solo algo que atañe a los jugadores de Calypso; también a los NPC's por igual.
Diógenes se incorporó y salió corriendo en dirección a la ciudad. Karina reaccionó con velocidad y lo tomó del brazo frenandolo en el sitio. —¡Espera! —gritó la joven. —¡Escucha lo que tenemos que decir al menos!
El jugador se volvió y miró con furia a los dos jóvenes. —Ustedes no comprenden. —explicó. —Esos chicos están indefensos en esta ciudad. No son solo una escenografía o actores digitales… su sufrimiento es igual de real que el del mundo exterior. —exclamó.
—Lo sabemos. —intentó tranquilizarlo, pero Diógenes no parecía estar dispuesto a escucharlo.
—Si los jugadores comienzan a hostigar a esos chicos en busca de una quest no podrán buscar comida o asistirse mutuamente… ¡Morirán escondiéndose de los aventureros! —exclamó Diógenes.
—No lo harán. —gritó Karina sacudiendo al hombrecillo. —Ese tal Lim es más listo de lo que crees.
—¿Eh…?
—Los NPC's no pueden ver la interfaz de los jugadores en Calypso tal y como la vemos nosotros los jugadores. —dijo Dante. —Iconos, marcadores, ventanas de diálogo… todo eso forma parte de una especie de dimensión alterna a la que ellos no tienen acceso, sin embargo pueden sacar partido de ello simplemente conociendo su existencia.
—Le informamos a Lim que pronto los aventureros querrían hablar con él simplemente al verlo. —dijo Karina. —Y que debía sacar provecho de ello.
—¿Provecho…?
Dante asintió. —Le explicamos que debía pedirle comida o medicinas a los aventureros a cambio de hablarles sobre un rumor en particular… siempre y cuando el aventurero se comportara de manera gentil con ellos. Si se sentía amenazado o maltratado, simplemente debía ignorarlos.
Diógenes estaba blanco y temblaba como una hoja. —¿Que… qué "rumor" es ese? —preguntó.
—Justamente está relacionado con aquello en lo que necesitamos su ayuda. —explicó el joven. —Pero mientras tanto le dijimos a Lim que hable con los aventureros de "Tiempos Oscuros que se Avecinan", eso es lo suficientemente vago como para mantener a los demás jugadores alejados del verdadero asunto.
El jugador asintió en silencio y Karina lo soltó lentamente. Tras varios segundos de incertidumbre Diógenes se volvió hacia Dante y lo miró directamente a los ojos. —¿Me prometes que no les pasará nada a esos niños?
—Lim parece ser un chico brillante. —dijo Dante con seriedad. —Ha vivido una vida muy dura y eso lo ha hecho fuerte, pero no se realmente que le depare el futuro. Espero que la información que le hemos dado lo ayude, sea como sea, ahora la prioridad es que usted nos ayude a nosotros con nuestro problema.
—¿Y ese problema es…?
—La destrucción de Calypso. —respondió Karina.
Tras unos breves instantes de confusión mientras el jugador trataba de discernir si estaba ante una broma o no, finalmente optó por hacer lo más sensato en esa situación, que fué sentarse en el suelo y reirse de buena gana de todo aquello. —Esto… ¿Es algún tipo de broma…?
—No, es un juego. —respondió Dante rascándose la cabeza. —Y queremos que se mantenga así para que todos puedan jugarlo lo mas tranquilamente que puedan durante el Gran Salto.
Mientras Diógenes meditaba aquello Dante abrió la interfaz de comunicaciones e inició un chat con sus jefes. —Voy a invitar a Diógenes a la party. —dijo. —Quiero que vea la Quest y la información que tenemos sobre la misma.
Del otro lado de la pantalla Duval suspiró resignado. —Espero que sepas lo que haces, Joyner. —dijo. —Ya hemos tenido docenas de filtraciones de seguridad y tu quieres invitar a un jugador que acabas de conocer e involucrarlo de lleno en nuestro problema más crítico… ¿Que podría salir mal?
—Ya lo veremos. —respondió el joven tras lo cual cerró la ventana. —Diógenes, voy a invitarlo a nuestra party, quiero que vea a lo que nos enfrentamos.
El jugador levantó la cabeza y sonrió mirando al joven. —¿En serio no son un grupo "HardCore" que se toman el juego totalmente en serio?
—Ella odia el juego. —dijo Dante señalando a su compañera. —Y yo… bueno, tampoco me tocaron las mejores cartas, como bien dijo usted, así que estoy metido en este lío sin muchas opciones tampoco.
El jugador suspiró. —Desde que llegué a Calypso nunca nadie me había invitado a una party. —dijo.
—Si todo sale bien, le presentaré a un clan de amigos, creo que se sentirán muy a gusto de tener un nuevo miembro. —respondió el joven… pero primero me temo que tendrá que prometernos que no hablará sobre lo que vamos a mostrarle a continuación. —dijo Dante con un tono de voz más serio. —Se que no tengo forma de hacer cumplir lo que le pido, pero apelo a su honor para ello.
—¿Sabes lo que vale el "Honor" en este juego? —preguntó el jugador.
—Si. —aclaró Dante. —Ya me lo advirtió cierto informante amigo, pero así como él eligió confiar en nosotros, yo elijo confiar en usted.
Dante no esperó respuesta y abrió la interfaz de la party para buscar el botón correspondiente. Miró a Diógenes y envió la invitación para unirlo al grupo en cuanto la opción se materializó sobreimpresa arriba del personaje del jugador.
Vieron que Diógenes levantaba la mano derecha y la sostenía frente a su rostro mientras meditaba aquello, pero solo se demoró unos pocos segundos. De inmediato el avatar de su personaje y su información apareció reflejada en la interfaz de Dante y Karina.
—¿Diez Puntos de vida? —exclamó el joven rascándose la cabeza. —¿Eso es toda la salud que tiene tu personaje? —preguntó.
—Le advertí que la constitución de mi avatar es extremadamente débil. —se excusó el jugador. —De hecho estoy actualmente con un penalizador por frío y mi salud empezará a mermar dentro de poco tiempo sí seguimos aquí fuera.
Antes de que ninguno de los tres pudiera decir algo más, una sesión de chat se abrió en la interfaz de los tres jugadores y todos pudieron escuchar la voz del Director de Alpha Corporation.
—Buenas noches. —dijo la voz cansada de Duval. —Hemos enviado por correo electrónico un contrato NDA que deberá firmar a la brevedad, el señor Joyner lo pondrá ahora al tanto de la situación actual, pero apreciaríamos que firme ese documento lo más pronto posible para cumplir con las formalidades.
—Supongo… que si, no hay problema. —respondió dubitativo el jugador. —Mi terminal de conexión está en modo de no molestar asi que leere ese contrato apenas me desconecte del juego.
—Gracias. —respondió el Director. —En cuanto a usted Joyner, las órdenes son volver aquí mismo con el señor Diógenes, de ser posible lo más pronto que pueda.
—Entendido. —dijo Dante, pero de inmediato se dió cuenta de algo importante. —Espere un momento… ¿Se refiere a…. allí arriba?
—Si. —respondió el hombre sin entrar en detalles. Y una cosa más. —agregó Duval. —Hasta que no firme el documento deberemos tomar ciertas medidas para resguardar nuestra presencia y el impacto en el resto de los jugadores de Calypso…. me temo que tendrán que vendarle los ojos al Señor Diógenes en cuanto inicien el regreso.
Dante y Karina se miraron inquietos. —¿Es posible hacer eso? —preguntó el joven.
—Supongo que viajaremos algo apretados. —respondió Karina. —Por mi no hay problema.
—Bien. Los dejaré con Willy mientras se preparan para volver, ahora debo desconectarme.
El nombre de Duval desapareció del Chat y casi de inmediato apareció el de Willy. —Increíble personaje tiene usted, señor Diógenes. —exclamó entusiasmado el programador. —Debe ser una "Build" única en todo Calypso… yo me llamo Willy, es un placer conocerlo.
—Gra-gracias. —respondió el jugador refregándose las manos para entrar en calor. —El gusto es mío… creo.
—Mientras usted tenga ocultas sus preferencias de privacidad no puedo ver exactamente sus atributos, pero por lo que me ha contado Joyner sus habilidades de socialización son de primer nivel. —comentó Willy mientras el sonido del teclado llegaba por medio de la comunicación. —Cuando tenga algo de tiempo me encantaría hacerle un par de preguntas sobre…
—Será mejor que nos vayamos de aquí pronto. —lo interrumpió Dante mirando el indicador de estado de salud de Diógenes. —O nuestro nuevo asesor va a sufrir una Hipotermia aguda.
Desmontaron el pequeño telescopio y el jugador lo envolvió en una vieja tela que cuidadosamente guardó en su inventario, luego comenzaron a caminar junto a la baranda de piedra hasta llegar a donde una pequeña torre servía de punto de observación para los vigías. Desde allí un muro bajo cortaba el camino por lo que se internaron en las callejuelas de ciudad en dirección a la plaza central.
—Así que al fin y al cabo ustedes estaban con los Administradores. —comentó Diógenes mientras caminaba junto a Dante por las angostas calles. Karina caminaba unos metros más atrás vigilando la retaguardia.
—Se podría decir que mi compañera y yo somos Consultores Externos. —explicó el joven. —Y ese tal Duval que apareció en el chat… me imagino que es "El" Director Máximo Duval. ¿Verdad?
—Así es. —confirmó Willy por el chat. —El Director y yo somos las personas con jerarquía más alta en el proyecto Calypso… al menos hablando desde la parte civil, claro está. —explicó.
El grupo de aventureros (Porque ya Dante consideraba que eran una party hecha y derecha) salió de entre los caseríos que rodean a los templos principales y se encaminó por una de las calles principales en dirección a la biblioteca. Allí el viento frío ya no soplaba y el penalizador en la salud de Diógenes desapareció en cuanto la caminata hizo entrar en calor a su menudo cuerpo. Dante no había perdido tiempo y una vez que la party estuvo armada invitó al nuevo miembro de su grupo a compartir la Quest que habían recibido de Lim unas horas antes. El jugador examinó con atención la descripción de la misma mientras los demás guardaban silencio.
—Esto de las Cavernas Ígneas. —dijo señalando la ventana con la quest. —Lo escuché de varias fuentes diferentes; desde los sabios de la biblioteca hasta viajeros que estaban en los caminos cuando sucedió el temblor; es definitivamente algo verídico.
—Ya lo sabemos. —dijo Dante. —Ese tal Vorax se movió y parece que no es algo para tomarse a la ligera.
—Todavía no puedo creer que ustedes dos hayan guardado silencio sobre eso.—dijo Willy con tono indignado. —Si ese monstruo llega a despertar…
—Lo que necesitamos saber ahora es si esa actividad del Dragón está relacionado con la profecía que el Patriarca cree haber recibido. —explicó Diógenes. —Ninguno de los sabios con los que puedo hablar sabía nada del tema, por lo que debe ser algo que solo el círculo privado de consejeros que lo rodea debe conocer en su totalidad.
Dante meditó aquello unos momentos. —¿Hay alguna forma de hacer que Diógenes acceda a ese círculo de consejeros? ¿O al famoso Patriarca directamente?
—No directamente. —respondió Willy. —Se puede hablar con algunos miembros del consejo como representante de una organización que haya cerrado tratos con la ciudad, por ejemplo proveyendo servicios de Mercenarios o Caravanas de Comercio, tanto el Imperio como los Gremios de Comercio y Magia tienen reuniones semanales con algunos funcionarios del palacio.
—Pero esas reuniones son a puertas cerradas. —agregó Diógenes. —Y siempre dentro del palacio; hay funcionarios que jamás salen por las puertas de ese edificio.
Los tres compañeros llegaron a la plaza central y vieron los NPC's habian vuelto a salir a las calles. Al parecer la vida nocturna de la ciudad era bastante activa y habían encendido farolitos alrededor de la fuente principal en donde se reunía un gran grupo de gente. Algunos charcos todavía podían verse aquí y allá pero la mayoría de los destrozos causados por la lluvia había desaparecido.
—Allí. —señaló Dante. —Parece que el NPC de la Quest está finalmente saliendo de la biblioteca para volver a su casa. —dijo Dante.
Del otro lado de la plaza vieron al grupo de jugadores del Imperio y del Enjambre arremolinarse alrededor del NPC mientras comenzaban a escoltarlo lentamente hacia la puerta del palacio en donde estaban sus habitaciones.
—Al menos sabemos que ningún otro personaje puede acceder a esa Quest. —suspiró aliviado el joven.
Diógenes se volvió hacia él y lo miró con curiosidad . —¿Intentaron iniciar la Quest ustedes solos?
—Karina tiene Stats altos. —explicó Dante señalando a su compañera que en esos momentos vigilaba los alrededores. —Usamos un anillo mágico que nos dió el Director para llevar su puntaje al máximo posible, pero no sirvió de nada.
La voz de Willy volvió a sonar por la comunicación. —Será mejor que no des mas información confidencial o Duval va a pintar las paredes de las oficinas con tu sangre. —amenazó el joven.
—Los artefactos mágicos también sufren el tope máximo del valor total de Sabiduría. —comentó el jugador. —Es muy probable que a partir de mañana haya toda una caravana de sabios con toda clase de chucherías mágicas viniendo a probar suerte...pero ninguno lo logrará, de eso al menos estamos seguros.
—Probablemente se necesite un Enciclopedista o un Archivista con Stats Naturales para desbloquear eso. —dijo Willy con aire desanimado. —No hemos visto nada como eso hasta ahora en Calypso.
Karina se había acercado a ellos tras examinar los alrededores y solo captó una parte de la conversación. —¿Archivista? —preguntó cruzándose de brazos. —¿Esa es otra clase de personaje en este mundo?
—Los especialistas en el Lore de Calypso. —explicó Diógenes. —Son los que estudian las leyendas y los mitos populares.
—Oh era eso. —Exclamó la joven algo decepcionada. —Yo pensaba en los Zentradis que acompañan a los Comandantes en las Nupetiet-Vergnitzs.
Dante conocía aquel nombre, pero Diógenes la miró confundido —¿Lo que…? —preguntó el jugador mientras se sentaba en el suelo.
—Las naves insignias de las flotas Zentradi. —explicó Dante. —Cada flota está bajo las órdenes de un Comandante Zentradi, una versión aún más grande y poderosa de un Zentradi común, son quienes ostentan el mando de todas las tropas y dirigen las operaciones cuando no están bajo las órdenes de un Comandante Supremo como Bodole-Zel, por ejemplo.
—Y junto a cada Comandante Zentradi siempre hay un Archivista. —agregó Karina. —Son como… ¿Asesores? ¿Consejeros…?
—Consejeros es adecuado. —afirmó Dante. —Aunque su papel principal es ser una especie de Oficial de Estado Mayor y tienen poder de mando como Comodoros en caso de ser necesario, pero generalmente se los considera como enciclopedias vivientes y quienes registran la bitácora de las operaciones de la flota...y son mucho más pequeños; miden poco menos que la mitad de un soldado Zentradi.
Diógenes soltó una carcajada. —Bueno… al menos ahora ya sé de dónde viene este cuerpo maltrecho que Calypso me dió. —exclamó divertido.
Pero Dante no se rió. Miró al jugador fijamente casi sin pestañear.
—¿Que? —preguntó Diógenes al ver la cara seria del jóven.
—¿Y si realmente tienes genes de Archivista…? —preguntó Dante… ¿Haz oído Willy?
La voz del programador sonaba cansada, pero era evidente que aquello había captado su interés. —No lo sé con seguridad. —respondió intranquilo. —Conozco un caso de un personaje con genes de Comandante Zentradi, es uno de los lugartenientes del Enjambre; un bruto de casi quince metros de altura que aplasta todo lo que se cruza en su camino… asi que tecnicamente es posible que Calypso genere también los genes de un Archivista… tal vez.
Dante se volvió hacia Karina y la tomó de las manos. —Tenemos que intentarlo de nuevo. —dijo mirándola a los ojos.
—¿Eh? —exclamó Karina. —¿Que…?
—Hay que hacer que Diógenes se acerque al NPC y active la Quest. —intentó explicar el joven. —Creo que los genes de su herencia Zentradi tienen el potencial adecuado para lograrlo.
—Un momento Joyner. —exclamó Willy. —¿No estás insinuando que…?
—Dame el anillo. —pidió el joven.
Karina retrocedió un paso sin saber que hacer ante la repentina petición. —El Director… el Director dijo que… —comenzó a decir.
—No hay tiempo. —exclamó Dante. —Confia en mi ¡Dame el anillo!
—¡Dante no! —gritó Willy. —¡Tenemos que solicitar el permiso de Duval! ¡No puedes usar un Artefacto en un jugador cualquiera!
—¡Karina!
Las luces parecieron atenuarse alrededor de ellos así como los sonidos de la multitud que los rodeaba. La Teniente O'Higgins se soltó del agarre de Dante y retrocedió rápidamente mientras desenvainaba uno de sus cuchillos. —No. —dijo desafiante mientras separaba las piernas. —No desobedeceré una orden directa.
Los ojos de Diógenes se abrieron como platos al presenciar la escena. —Oh rayos. —murmuró.
Dante comprendió que la chica hablaba en serio. Hasta aquel momento su relación había sido de camaradería, pero, al contrario del propio Dante, ella era personal militar. Su lealtad hacia sus superiores era indiscutida y no podría a forzarla a hacer lo que su sentido del deber le prohibía.
—Karina. —dijo Dante extendiendo ambas manos hacia delante para intentar calmar la situación. —¿Que te dice tu instinto de piloto?
—Que es una locura. —respondió la joven. —No funcionó una vez ¿Por qué crees que va a funcionar ahora? ¿Qué es lo diferente?
—No puede ser una casualidad. —contestó Dante. —Si lo que Willy sospecha es cierto, Diógenes debe ser el único jugador de todo Calypso con un personaje capaz de cumplir con las condiciones que ese NPC pide para poder hablar sobre la Quest.
—Eso no es garantía que…
—No, no lo es. —reconoció el joven. —Pero mi análisis de la situación apunta a que las condiciones están dadas para que suceda. Soy un estratega, solo puedo interpretar la información que me llega y crear un plan con el mejor resultado, no puedo tomar chances ni corazonadas. Estoy viendo una oportunidad escurriéndose justo delante de nuestras narices y todas las células del cerebro me están gritando que no la deje escapar; por eso te lo vuelvo a preguntar a ti: ¿Que dice tu instinto?
La joven lo miró en silencio sin decidirse a responder mientras el tiempo corría. El NPC había pasado la fuente del centro de la plaza y se dirigía a las puertas del palacio mientras los jugadores alrededor se lanzaban insultos y pullas entre ellos.
—Karina…
La joven guardó el cuchillo con un movimiento casi felino y extendió el puño cerrado hacia Dante. —Le diré al Director que me forzaste a hacerlo. —dijo.
—Como si tuviera una mínima chance de lograrlo. —respondió Dante tomando el anillo. —¡Aprisa! ¡No hay tiempo!
—¿Cual es el plan? —preguntó Willy sonando bastante excitado en el chat de voz. —No me dejen fuera de esto…
—Mantén la vista fija en el NPC, tal vez tengamos una fracción de segundo para poder abrir la interfaz, tendrás que sacar todos los datos que puedas en ese tiempo. —instruyó por el chat, luego se volvió a Karina y señaló hacia la multitud. —Ve al otro lado de la plaza en donde está el callejón que lleva a las catacumbas; en cuanto el NPC llegue a las escaleras haz algún tipo de distracción.
—¿Distracción? —preguntó la joven.
—Derriba un par de canastas de frutas, ponte a gritarle algo a algún NPC… solo trata de atraer la atención lejos de la entrada al palacio, será nuestra señal para actuar.
—Esto no puede funcionar. —exclamó Karina mientras partía a la carrera. —¡Esto nunca va a funcionar!
Cuando Karina desapareció entre la multitud fué el turno de Dante y Diógenes. El joven ayudó al jugador a ponerse de pie y lo instó a que se pusiera en marcha. —Tenemos que llegar hasta NPC lo más rápido que podamos. —dijo.
Comenzaron a correr en dirección al palacio esquivando a los NPC's que llenaban la concurrida plaza. Pronto tuvieron que avanzar despacio y escurrirse entre los pocos espacios libres que quedaban entre la multitud.
Con horror comenzaron a comprender que no llegarian a tiempo. Cuando el signo de exclamación que flotaba sobre la cabeza del NPC apareció por entre el mar de cabezas que lo rodeaba, Dante comprendió que estaban demasiado lejos. Aún así se lanzó hacia delante y gritó a la multitud para que lo dejaran pasar. Algunos se apartaron al reconocer a Diógenes, pero en su mayor parte simplemente no se movían del sitio y los dos compañeros debían apartarse a uno u otro lado.
—El NPC está casi en la entrada del Palacio. —exclamó Dante mientras saltaba sobre un par de cajones y derribaba uno de ellos ante la mirada de desaprobación del tendero. —No llegaremos.
Quince metros. Dante ya podía distinguir los uniformes del Imperio y los del Enjambre que rodeaban al NPC, quien estaba justo a los pies de las escaleras de mármol blanco que subían desde la plaza hasta las enormes puertas del palacio. Los guardias armados con enormes hachas ceremoniales comenzaron a bajar las escaleras y se acercaron al funcionario para escoltarlo lejos de la muchedumbre de la plaza. El NPC comenzó a subir la escalera que de pronto ya no era blanca, sino roja.
—¿Pero que…? —exclamó Dante al ver aquello.
Todo se había vuelto rojo y el silencio tan repentino que se hizo en la plaza dejó escuchar aquel silbido penetrante mientras todas las miradas se volvían rápidamente hacia el otro extremo de la misma.
El NPC se detuvo al llegar al segundo escalón y se volvió también boquiabierto al ver aquello. Nadie hablaba.
—Eso es… ¿Una bengala? —preguntó Diógenes sin creer lo que veía.
—Oh mierda. —exclamó Dante golpeándose la frente con la palma de la mano.
La bengala roja que había disparado Karina se elevó en medio de un penetrante zumbido a más de trescientos metros de altura iluminando a toda la ciudad con aquel poderoso resplandor rojizo. Todos los rostros que estaban en la plaza (Y definitivamente en toda la ciudad y varias millas en los alrededores) se volvieron a mirar aquella poderosa luz que ardió con la fuerza de un sol en medio del oscuro cielo estrellado y comenzó a descender lentamente girando sobre sí misma..
Dante comprendió que solo disponía de unos pocos segundos para actuar y que solo había una forma de cubrir el terreno que lo separaba del funcionario y que ahora estaba completamente cubierto de NPC's y jugadores paralizados por igual a causa del resplandor de la bengala.
—Toma. —dijo sujetando la mano de Diógenes mientras soltaba el anillo en la palma abierta. —Ponte esto de inmediato y prepárate para hacer contacto con el NPC.
Diógenes recibió el artefacto y tras cerrar el puño con fuerza lo miró confundido. —¿Pero cómo vamos a llegar hasta el funcionario con toda esta gente en el medio? ¿Volando?
—Si.
Diógenes no llegó a ponerse blanco porque Dante no le dió tiempo a hacerlo. Sin perder un segundo mas lo tomó entre sus brazos y lo alzó con facilidad sobre las cabezas de la sorprendida multitud. —No te preocupes, gasté un par de puntos extra en la habilidad de arrojar cosas, soy bastante bueno en esto —exclamó mientras tomaba impulso. —¡Buena Suerte!
Dante lanzó a Diógenes por sobre la multitud y el hombrecillo salió volando mientras sus harapos revoloteaban al viento. Solo le tomó unos cuatro o cinco segundos cubrir aquella distancia, apenas lo necesario para que pudiese equiparse el anillo. Al levantar la vista vió el rostro asombrado del NPC acercarse a toda velocidad por lo que extendió la mano y tocó la interfaz de diálogo, justo instantes antes que el suelo se acercase a recibirlo a toda velocidad.
La bengala finalmente cayó sobre el techo de paja de una enorme construcción, probablemente un granero u otra clase de depósito y comenzó a arder en forma descontrolada. A los pocos segundos las llamas se levantaron en el cielo y el pánico se desató en toda la ciudad.
La gente gritaba y corría en todas direcciones mientras un torrente de guardias salía por las puertas del palacio en dirección a la plaza para intentar poner algo de orden en medio de aquel caos. Las campanas de incendio comenzaron a resonar en toda la ciudad y pronto todo fué locura y terror por igual.
Dante corrió hasta los pies de la escalera y a la luz del incendio distinguió el cuerpo de Diógenes tumbado sobre los adoquines. No se movía.
—Mierda. —exclamó comprendiendo que se había pasado. Aquel jugador apenas tenía un puñado de puntos de vida y él lo había arrojado como una bolsa de patatas contra las piedras.
Un rápido vistazo al ícono de su personaje en la interfaz de la Party le confirmó que en efecto la barra de vida del jugador se había reducido considerablemente y ahora estaba en rojo parpadeante. —Por favor no te mueras, por favor no te mueras. —repetía mientras acortaba la distancia rápidamente.
Diógenes no estaba muerto pero si inconciente. El NPC que tenía la Quest estaba parado a su lado y lo miraba con una expresión de horror en el rostro, sin comprender lo que estaba pasando. Un par de guardias se acercaron a cada lado y lo escoltaron fuera de la escena mientras Dante se acercaba a toda prisa.
—¡Diógenes! —gritó. —¿Puede oírme? ¿Está consciente?
Apenas se inclinó junto al jugador y colocó sus manos encima del pequeño cuerpo, la interfaz de curación apareció sobre el mismo. Esta vez Dante sabía que hacer y seleccionó la opción adecuada y tras solo dos intentos pudo estabilizar exitosamente el estado del hombrecillo.
—Tengo que invertir algún punto más en Primeros Auxilios. —comentó el joven mientras levantaba a su compañero. —¿Puedes oírme?
Diógenes abrió los ojos. —No-no vuelvas a hacer eso. —lo increpó.
—Lo tendré en cuenta. —prometió el joven con una fugaz sonrisa. —¿Puedes ponerte de pie…?
—No. —respondió. —Y creo que tenemos compañía.
Decenas de gritos sonaron a su alrededor y varios jugadores se acercaron corriendo. —¡Aquí! ¡Ese tipo llegó volando y activó el NPC! —gritó uno de ellos vestido con ropas del Imperio señalando el sitio donde Dante y Diógenes permanecían arrodillados.
—Oh mierda. —exclamó Dante mientras se ponía de pie con el cuerpo de su compañero en brazos. —Esto se va a poner feo.
Una docena de jugadores se dirigía a toda velocidad hacia ellos, pero no lograron acercarse mucho; de pronto unas veinte figuras, de apenas un metro o poco más de altura completamente envueltas en capas oscuras, se cruzaron en el camino de los miembros del Imperio y del Enjambre y todo fue confusión y gritos.
—¿Pero que…? —comenzó a decir Dante cuando una de las figuras tiró de la manga de su pantalón. El joven bajó la vista hacia el desconocido y vió los ojos brillantes y la piel sucia de la niña.
—Tu…
La niña sacudió la cabeza y volvió a tirar del pantalón de Dante. Quería que la siguiese. El joven asintió y cargando al desvalido Diógenes partió a toda velocidad tras la extraña niña muda mientras los jugadores gritaban desconcertados ante la barrera de NPC's que habían aparecido de la nada y ahora les cerraban el paso por completo.
Rodearon la plaza en medio del pánico generalizado y llegaron a las callejuelas en donde Karina los esperaba. La joven se había ocultado bajo la arcada de un edificio y salió de entre las sombras al reconocer a sus compañeros de Party. —¿Que ha sucedido? ¿Pudieron…?
Los gritos de Willy por el chat fueron suficiente respuesta a su pregunta. —¡Ya lo tengo!¡Ya lo tengo! —gritaba la voz del programador de forma ensordecedora. —¡Salgan de allí de inmediato!
—No hace falta que nos lo digas. —respondió Dante.
—¿Que le ha sucedido a ese jugador? —preguntó Karina alarmada al ver el estado de Diógenes. —¿Y quienes…?
La niña muda se bajó la capucha y la joven piloto comprendió al instante. De inmediato les hizo señas para que la siguieran por el callejón, cosa que ambos jóvenes hicieron de inmediato.
En la plaza quedaba muy poca gente, solo los frustrados y confundidos miembros del Imperio y el Enjambre y algunos NPC's que corrían todavía agitados por el fuego que ya se estaba extinguiendo. De inmediato ambos bandos comenzaron a buscar por toda la plaza el rastro de aquellos misteriosos jugadores que se habían desvanecido misteriosamente en la conmoción. Las cenizas en lo que quedaba del techo del almacén no se habían apagado del todo aún cuando una catarata de rumores comenzó a inundar las redes sociales fuera de Calypso. La noche recién comenzaba para algunos.
Dante y Karina se detuvieron junto a un callejón y tomaron un descanso mientras revisaban las heridas de Diógenes. Depositaron con cuidado el avatar del jugador en el piso y comprobaron la información de salud.
—Creo que tu personaje está más preparado que el mío para hacer curaciones. —observó Dante. Karina se acercó e interactuó con el cuerpo de Diógenes. De inmediato la interfaz de curación se desplegó ante ella. —Tiene un par de costillas rotas. —dijo. —¿Que rayos pasó allá…?
—Luego te lo contaré. ¿Puedes curarlo? —preguntó el joven.
—Creo… creo que si, dejame examinarlo primero.
Mientras la joven aplicaba las primeras curaciones, Diógenes abrió los ojos y sonrió a la niña pequeña que miraba la escena con los ojos brillantes. —Hola Jazmín. —saludó el jugador haciendo unas señas con la mano mientras hablaba simultáneamente. El rostro de la niña pareció iluminarse y respondió con la misma clase de gestos mientras desplegaba una inmensa sonrisa a la que le faltaban un par de dientes de leche.
—¿Tu le enseñaste el lenguaje de señas? —preguntó Dante asombrado.
—Por supuesto. Es lo menos que podía hacer por ella. —respondió el hombrecillo. —Hay hechizos de curación de nivel épico que podrían regenerar su lengua por completo, pero solo unos pocos personajes los conocen.
—Y ninguno de ellos los usaría nunca en un NPC. ¿Verdad? —razonó Dante.
—Es la triste verdad… pero oye. —exclamó Diógenes asombrado. —Me siento mucho mejor… esta dama sabe lo que hace.
Karina culminó sus curaciones y ayudó al jugador a incorporarse. —Eso debería permitirte caminar al menos. —dijo.
El indicador de vida de Diógenes se habían regenerado un par de puntos, al menos ahora su barra de estado estaba amarilla en vez de roja. El jugador se puso de pie con dificultad y se apoyó en Karina. —Creo… creo que podré lograrlo. —dijo.
Dante se puso en cuclillas y acarició el cabello sucio de la niña. —Los huérfanos nos ayudaron. —dijo el muchacho. —Si no fuera por ellos los jugadores del Imperio y del Enjambre nos hubieran rodeado por completo.
La niña le sonrió y levantando la mano hizo un gesto con el pulgar hacia arriba.
—Dice que "De nada" —tradujo Diógenes.
Para entonces varios niños se habían unido a ellos y los rodeaban en silencio. Una figura encapuchada más alta que el resto se adelantó y se detuvo frente a los jugadores. —¿Quien es el? —preguntó Karina poniéndose en guardia. —No parece un niño…
Diogenes lanzó una carcajada al comprender lo que sucedía. —Claro que no parece UN niño. —dijo comprendiendo de inmediato la situación. —¡Son dos!
La figura desconocida se abrió la capa y a la altura del pecho apareció el rostro de Lim, quien llevaba a hombros a un niño pequeño para completar aquel disfraz de hombre adulto. —¿Se encuentra bien Señor Diógenes? —preguntó.
—Perfectamente, por fortuna esta joven me ha dado los primeros auxilios necesarios… creo que viviré un par de días más.
El alivio fue visible en la cara del niño pero entonces Diógenes reparó en el icono de ques que brillaba sobre la cabeza del niño (y quedaba semioculto por el disfraz que lo cubría) —Oye Lim… con respecto a eso. —dijo poniéndose serio de pronto.
El joven también cambió la expresión. —Lo se. Dante me explicó sobre los signos que sólo los Aventureros pueden ver, por eso me estoy ocultando así.
—Es una buena idea. —reconoció el jugador. —¿Pero crees poder manejarlo?
—Lo intentaré. —prometió Lim. —Dante cree que podemos obtener comida y medicina si utilizamos el signo que flota en mi cabeza como una carnada para atraer la atención de los Aventureros.
Diógenes asintió. —Ten cuidado Lim, ya sabes que no todos los Aventureros son buenas personas y algunos tratarán de engañarte utilizando magia o palabras envenenadas… nunca bajes la guardia cuando trates con ellos.
—Me dejaré ver solo en el patio del templo o en la entrada al monasterio; esos lugares deberían estar protegidos contra las artes oscuras, en cambio...
El joven se adelantó y abrazó fuertemente al jugador. —Por favor haga todo lo posible por salvar a este mundo. —pidió. —Todos los niños confían en usted.
Diógenes estaba emocionado y se dejó abrazar hasta casi perder el aliento. Los demás niños también se acercaron y lo abrazaron mientras lloraban asustados por la perspectiva de despedir a un amigo querido.
—Increible. —comentó Karina volviéndose hacia Dante. —Esto es…
—Demasiado real. Lo se. —afirmó Dante con el rostro serio.
Una vez que las últimas palabras de despedida fueron dichas los niños desaparecieron entre los callejones con una velocidad que le pareció a Dante casi obra de la magia. La última en irse fué la niña muda llamada Jazmín, quien levantó la mano y saludó a los Aventureros antes de desaparecer entre las sombras.
—Es hora que desaparezcamos nosotros también. —dijo Dante incorporándose.
—El puente no se levantará hasta la mañana. —observó Diógenes. —Pero me imagino que eso no es problema para ustedes… ¿Verdad?
—Hay un laberinto debajo de la ciudad que desemboca en el cañón, por allí vinimos. —dijo Karina.
—Las viejas Catacumbas de Mir. —explicó Diógenes. —Fueron excavadas por la orden de monjes que fundó esta ciudad hace mil doscientos años. Al principio era la propia ciudad la que se hallaba en las cavernas, pero luego comenzaron a edificar en la superficie y los túneles y cámaras subterráneo se convirtieron en osarios y tumbas para los monjes muertos.
Dante miró al jugador fascinado. —¿Usted conoce esos túneles? —preguntó.
—¿Yo? No. —reconoció el hombrecillo. —Esos túneles están llenos de trampas y cosas muertas que protegen los tesoros de las tumbas… pero he visto mapas de los primeros niveles y conozco a varios de los monjes que atienden el osario principal, en donde se dejan reposar los huesos de los muertos cuando se los retira de las tumbas del templo mayor.
—Tenemos una especie de mapa. —dijo Dante señalando a Karina. —Las trampas son un problema claro, pero si seguimos los pasos de la Te… digo de nuestra compañera, todo irá bien.
—Adelante entonces.
El grupo de Aventureros abandonó el callejón y se internó entre las ruinas de las casas que parecían a punto de derrumbarse justo en donde las enormes paredes de roca se elevaban en vertical hacia la noche estrellada. Al cabo de unos minutos localizaron la escalera de piedra que descendía hacia las catacumbas y tras tomar una de las antorchas bajaron hacia la oscuridad.
Recorrieron los primeros niveles sin problemas pero se detuvieron al llegar a la primera cámara mortuoria en un largo pasadizo iluminado pobremente por un par de antorchas chisporroteantes adheridas a las paredes. Tras la enorme puerta de piedra comenzaba el verdadero laberinto y las trampas más peligrosas. Karina ordenó que se detuvieran en la antecámara y les indicó que se acercaran. —Yo iré al frente marcando el camino ¿Puedes cargar a Diógenes en tu espalda? —preguntó mirando a Dante.
—No creo que haya problema alguno. —respondió el joven. —¿Pero crees que es necesario?
—Preferiría que en el caso de activar accidentalmente una de las trampas seas tú y no Diógenes el que reciba el daño. —razonó la joven. —Además un par de pies menos en el suelo me harían sentir más tranquila.
—Le aseguro que soy un excelente saco de patatas. —bromeó el jugador. —No me ofendes en absoluto si me llevan de aquí para allá, solo espero que no tengan que arrojarme por el aire otra vez.
—¿Arrojarlo por el aire? —preguntó Karina mirando confundida a Dante. —¿Eso fue…?
—Luego te explico.
La joven suspiró y señaló la entrada a la cámara. —Bien, entonces apagaremos las antorchas y continuaremos a oscuras, de ese modo…
La forma en que Karina se interrumpió hizo que a Dante se le erizaran los cabellos de la nuca. La chica sacó una de sus dagas y de inmediato se colocó frente a sus compañeros en posición de combate. —¿¡Quien vive!? —gritó hacia el fondo del corredor por donde habían llegado ellos.
Una figura oscura apareció en la puerta. Era enorme, de casi dos metros de altura y tan ancha como el mismo pasillo. Sin responder a los gritos de Karina comenzó a avanzar despacio y sus pisadas resonaban en las baldosas de piedra como los pasos de un gigante.
—Oh mierda. —dijo Dante al reconocer la armadura en cuanto el extraño llegó hasta la zona iluminada por las antorchas. —Dime que es una broma.
El Capitán DiMarco bajó su enorme escudo de torre y la punta de acero partió una de las baldosas de piedra solo con el peso del metal. —Conque aquí están las ratas que huyeron de la plaza. —dijo lanzando una mirada triunfante sobre los tres aventureros arrinconados. —Queremos tener una charla con ustedes sobre lo que sucedió esta tarde... y esta noche. —dijo mirando fijamente los rostros iluminados por la antorcha. —¿Vendrán por las buenas o por las malas? —preguntó desenvainando su enorme espadón de acero mágico.
—Mierda. —volvió a exclamar Dante. —Mierda.
