El guerrero bloqueaba por completo el pasillo y se erguía amenazante como una torre de acero brillante. Ninguno de los tres compañeros dijo nada para contestar el desafío del recién llegado, pero de todas formas sabían que las palabras no eran necesarias.
—Soy el Capitán DiMarco. —dijo el hombre sin esperar respuesta mientras apoyaba sus enormes manos enguantadas en malla sobre la empuñadura de la espada. —Depongan sus armas de inmediato y garantizaré su seguridad.
Karina no se movió un centímetro y Dante desenvainó su cuchillo mientras asumia una posición defensiva cubriendo a Diógenes con su cuerpo. El gesto del joven hizo que una expresión de desilusión se marcase en el rostro del hombre fuerte del Imperio. —Es inútil que se resistan. —dijo apretando los puños. —Y les pediría que no me hagan perder el tiempo; de todas formas ustedes tres van a venir conmigo, caminando o como sacos al hombro, eso no cambiará nada.
—Lo siento pero no consentimos con eso. —dijo Dante levantando la voz. —No tenemos intenciones de iniciar ningún encuentro PvP o como sea ni queremos tener tratos con El Imperio.
El guerrero les devolvió una mirada de desprecio. —¿Consentir? No seas ridículo, no necesito el consentimiento de ninguno de ustedes para llevarlos a la rastra hasta nuestros oficiales de inteligencia.
—Eso suena como un secuestro. —opinó Dante rascándose la cabeza. —¿Que clase de juego permite que alguien secuestre a un jugador contra su propia voluntad?
Ahora la mirada de DiMarco era de perplejidad. —¿Te estas burlando de mi? ¿O realmente eres un novato sin ninguna idea de donde se ha metido? Esto es una zona PvP, aqui no hay consentimiento ni nada que los proteja y mi gente y yo queremos respuestas. Ahora.
Dante se aseguró que el chat estuviese en privado y se dirigió hacia Diógenes. —¿Es verdad eso? ¿Puede realmente llevarnos contra nuestra voluntad?
—Oh si. —respondió el jugador. —Solo necesita dejarnos fuera de combate, cosa que estoy cien por ciento seguro que no le demandará más de unos pocos segundos.
—¿Y puede secuestrarnos a los tres sin que podamos hacer nada?
—Bueno, las mecánicas de captura y prisión son algo complejas… pero si, en esencia puedes permanecer en el juego como un prisionero esperando tu rescate o Calypso te permite salir de la simulación y hacer otra cosa mientras transcurren las veinticuatro horas de tiempo máximo en que tu avatar puede permanecer como prisionero.
—¿Veinticuatro horas? —preguntó Dante.
—Al pasar ese tiempo y si tu personaje no es "rescatado" o "Liberado" por sus captores, entonces se considera una "muerte" y simplemente apareces en el templo más cercano como si te hubiese asesinado un monstruo.
—¿Que pueden hacernos mientras seamos sus prisioneros? —preguntó Karina.
—No mucho. —respondió Diógenes. —Escuché que hay hechizos que pueden hacer que el avatar suministre información básica como simulando un interrogatorio, por ejemplo lugares o NPC's con las que ha hablado o interactuado, nada demasiado escabroso por suerte… lo más preocupante es que pueden tener acceso total a nuestros inventarios e items y pueden tomar lo que quieran.
—¿Eso es… legal? —preguntó Dante.
—Si el juego lo permite, lo es. —afirmó el jugador. —Ahora si es ético o no… bueno, eso queda a criterio de los propios jugadores.
Karina sacudió la cabeza. —Esa no es alternativa para nosotros. —dijo mientras pasaba el cuchillo a su mano izquierda e inclinaba su cuerpo apoyando su peso en la rodilla derecha. Dante comprendió que aquel movimiento liberaba su mano para desenfundar su arma reglamentaria y disparar con un solo y letal movimiento. ¿Que tan efectiva sería una bala calibre nueve milímetros contra un monstruo como ese?
—Willy responde. —transmitió Dante por el chat. —Necesitamos tu ayuda AHORA.
Pero nadie respondió. El programador no había vuelto a comunicarse con ellos desde que entraran al subterráneo. —Mierda. ¿Donde estará Willy? ¿Y qué rayos pasó con Duval? ¿Donde están todos…?
Diógenes se dejó caer sobre las piedras del túnel. —¿Y ahora qué hacemos? —preguntó.
—Huir no es una opción. —dijo Karina sin quitar la vista del guerrero. —Y con respecto al combate… me gustaría evitarlo si es posible.
El jugador llamado Diógenes la miró desconcertado. —¿Evitar? Suena como si creyeras tener una chance de victoria contra DiMarco… ese tipo derrotó a un Zentradi solo y sin ayuda.
Dante se volvió asombrado. —¿Derrotó a un gigante el solo? —preguntó.
—Eso dicen los rumores.
DiMarco estaba perdiendo la paciencia. Aquellos jugadores no aprecian tener ganas de decidirse a hacer nada y se estaba hartando de su insolencia. —¿Y bien? ¿Que va a ser entonces? —preguntó lanzando una mirada sombría.
Dante no se dejó amedrentar. —Nos negamos a ir en contra de nuestra voluntad. —exclamó el Joven. —No hemos cambiado de opinión al respecto y no nos dejaremos intimidar por amenazas o bravuconadas de ninguna clase. Creía que el Imperio trataba diferente a los demás jugadores, pero aparentemente en el fondo se comporta igual que El Enjambre.
El rostro del guerrero del Imperio se puso rojo de ira y las manos apretaron tan fuerte el pomo de la espada que el crujido del metal llegó claramente ante ellos. «Bingo» —pensó Dante. Había puesto el dedo en la llaga sobre el tema del honor. ¿Pero cómo podría usar eso a su favor? DiMarco estaba visiblemente furioso ¿Desencadenaria un ataque repentino o le daría tiempo a descubrir algo más…? La cabeza de Dante trabajaba a toda velocidad tratando de analizar toda la información que tenía.
—¡No nos compares con esa mierda! —gritó el guerrero apuntandoles con la enorme espada. —¿Crees que un insecto insignificante como tú puede juzgarme a mí o a los míos? ¿Quien eres tu, apenas una rata escurridiza que trama vaya a saber qué a espaldas de los demás jugadores? ¿Como sé que ustedes no son realmente espías del Enjambre?
Algo frente al enorme guerrero pareció cambiar, como si el aire temblara de repente. Dante sintió que su mano derecha comenzaba a temblar y vió con terror como sus dedos se movían solos y el arma comenzaba a resbalarse. Con un rápido movimiento tomó la empuñadura del cuchillo con ambas manos y la sujetó con fuerza, pero aún así no pudo detener los temblores.
—¿Pero que mierda…?
—Es el aura de DiMarco. —gimió Diógenes. —El hombrecillo estaba tendido boca abajo en el piso de piedra como si un gran peso lo estuviese aplastando contra las baldosas. —Los guerreros tan poderosos como él pueden imponer su voluntad solo con proyectar su fuerza… lo que tu personaje está experimentado es miedo.
—Mierda.
El gigante de acero lanzó una mirada de lástima. —Patético. —dijo mirando como el cuchillo que sostenía Dante temblaba entre sus manos. —No eres digno ni siquiera de estar ante mi… tu compañera en cambio parece ser más fuerte de lo que aparenta. —dijo mirando a Karina a los ojos. —Ella al menos se muestra digna de blandir las armas que le fueron dadas, lástima que sea solo una mujer.
La joven no se había movido un milímetro y mantenía la misma posición de guardia, pero Dante sabía que aquel comentario la había herido como un cuchillo afilado.
—Dame la señal y le haré tragar sus palabras. —dijo Karina por chat privado. —Estoy lista.
Dante sacudió la cabeza comprendiendo las ganas que tenía su compañera de meter una bala entre ceja y ceja de aquella enorme cabeza. —Me gustaría evitar que lo ataques en lo posible. —respondió el joven. —No mientras no quede otra alternativa.
Diógenes levantó con dificultad la cabeza del suelo. —Algo me dice que la reticencia de la joven Karina a atacar no es justamente por temor a que sea algo completamente inútil. —dijo el hombrecillo.
—Tibio, tibio. —dijo Dante. —Se supone que estamos aquí en una misión encubierta, involucrarnos en PvP contra uno de los jugadores más influyentes de Calypso no es la mejor forma de mantener el perfil bajo. Responder al desafío de ese jugador podría revelar información sensible.
—¿A qué te refieres con "Revelar"? —preguntó Diógenes
—Karina no es una jugadora normal. —explicó Dante. —Y por ahora me temo que no puedo decirte nada más.
El hombrecillo meditó aquello solo unos segundos. —Comprendo. —dijo. —Y creo tener la solución a su problema: Dile a tu amiga que rete a DiMarco a un duelo.
—¿Eh? —respondieron ambos jóvenes al unísono. —Pero si es justamente…
—Los duelos no son combates PvP tradicionales, se trata de justas de honor en donde dos jugadores combaten en la mayor igualdad de condiciones… sin magia ni bonificaciones de fama o cosas como esas... Cuando dos jugadores se retan a duelo no importa a qué facción o orden pertenezcan, durante la duración de la justa se comportarán como dos entidades independientes del sistema de reputación o balance de Calypso.
—Eso… ¿Es cierto? —preguntó Dante.
—No tengo ni idea… pero antes que dejarnos capturar sin hacer algo…
El joven procesó aquello unos segundos. ¿Cómo forzar a ese jugador a aceptar un duelo que, de ser cierto lo que decía Diógenes, no le suponía ninguna ventaja? Ellos estaban a su completa merced allí, no había chances de que aceptara a menos…
—Sígueme la corriente. —dijo Dante mirando a Karina mientras cambiaba nuevamente al chat local para que DiMarco pudiera oírlo. —¿Qué rayos estoy escuchando? —exclamó mientras guardaba su daga y se adelantaba poniendo la mejor cara de sorprendido que podía (y se aguantaba la risa) ¿Acaso…? ¿Acaso acabas de hacer un comentario sexista contra mi compañera?
DiMarco bajó un poco la espada y miró al joven desconcertado. —¿Que…?
—¡Ese jugador acaba de realizar un comentario despectivo hacia una mujer! —gritó Dante señalando al enorme guerrero vestido de armadura que bloqueaba el pasillo. —Ustedes lo oyeron ¿Verdad?
El efecto del aura del jugador del Imperio había desaparecido por completo y Diógenes pudo incorporarse con algo de dificultad. —¿En esta época? ¿En serio? —dijo sacudiendo la cabeza. —¿Como se atreve?
DiMarco se puso rojo como un tomate. —Yo no…. Es decir… ¡Ese no es el maldito punto! —gritó volviendo a levantar la espada.
—¿Como que no? —respondió Dante. —¿Crees que por ser mujer ella no tiene derecho a jugar a este juego? ¿Crees que eso la hace menos digna que tu?
—Qué vergüenza. —observó Diógenes.
—Por cavernícolas como tú es que hay tan pocas mujeres en este juego. —afirmó señalandolo con el dedo. —Esa actitud machista no tiene ninguna justificación, has deshonrado a mi compañera y a todas las jugadoras de Calypso con ese comentario misógino.
Karina había bajado su daga y miraba a Dante y a Diógenes con expresión de desconcierto en el rostro. —Oigan… no ha sido para tanto. —dijo sin saber que hacer. Los dos compañeros la miraron con impaciencia esperando que continuara con aquella farsa. La joven Teniente suspiró y levantó su daga apuntando al pecho blindado del guerrero. —No estoy interesada en ese PvP o como mierda se llame, pero si quieres respaldar tus palabras con tu espada y no solo con tu lengua, acepta justar conmigo.
La petición de Duelo apareció en cuanto la joven dijo aquellas palabras y un cartel similar apareció en la interfaz de DiMarco justo frente a ella. —¿Un duelo? —preguntó confundido el guerrero.
—Si eres hombre, acepta. —exigió Karina.
—Esto es una pérdida de tiempo. —gritó colérico DiMarco moviendo la espada de lado a lado. —Ustedes ya son mis prisioneros de todas formas ¿Como crees que un duelo podría cambiar algo?
—Si ganas, iremos contigo de buena gana. —dijo Karina. —Pero no aceptaré otra disculpa que no sea por medio de la restauración del honor.
La mención de aquella palabra hizo que el hombretón cerrara la boca de inmediato (Y a todos les pareció escuchar el sonido que hicieron sus dientes al chocarse de golpe) Inmediatamente soltó la mano sujeta al escudo y realizó un gesto con sus dedos frente a su rostro mientras presionaba el botón de Aceptar.
—Que perdida de tiempo. —dijo aceptando el desafío. —Que conste que lo hago solo por…
Karina no lo dejó terminar la frase. Con un salto repentino salvó los pocos metros que la separaban de la mole de acero y lanzó un golpe directo a la yugular del guerrero, el único punto de piel expuesto y al alcance de su ataque.
DiMarco no había siquiera bajado el brazo izquierdo cuando tuvo a la misteriosa asesina a unos pocos centímetros de su rostro. Sin posibilidad de volver a tomar su escudo utilizó el propio brazo para detener el ataque. La hoja del cuchillo mordió la malla de metal y arrancó varias anillas. Unas gotas de sangre flotaron en el aire antes de caer en el suelo mientras Karina retrocedía de un salto y se preparaba para un nuevo ataque.
—¡Tu…! —exclamó el guerrero poniéndose en posición de combate. —Eso ha sido un truco…. espera. —dijo de pronto comprendiendo lo que acababa de pasar. —¿Haz atacado en modo manual?
Karina no tenía intención de hablar y volvió a atacar con toda su furia, pero esta vez el hombre levantó el escudo mientras lanzaba un mandoble en diagonal. El terrible golpe podria haber partido facilmente a una vaca por la mitad, por suerte la joven lo esquivó a tiempo y utilizó el enorme escudo como punto de apoyo para volver a saltar y ponerse lejos del alcance del siguiente golpe.
—Te subestimé. —dijo el guerrero. —No solo eres valiente, estás utilizando tus habilidades innatas. ¿Quien rayos te ha entrenado? ¿Cómo es que nunca escuché hablar de ti en Calypso?
—Cállate y pelea. —respondió la joven cambiando de táctica. Esta vez se lanzó hacia el lado de la espada, sabiendo que era imposible atravesar el escudo del enemigo, pero DiMarco adivinó sus movimientos y simplemente se acercó más a la pared, cubriendo su lado expuesto sin dejar ninguna rendija por donde Karina pudiera pasar.
Dante y Diógenes se alejaron hacia la entrada de la siguiente habitación en cuanto Karina se lanzó al combate. Querían dejarle todo el espacio libre que pudieran y molestar lo menos posible. —Parece que no ha notado nada extraño. —observó el joven. —Esto podría funcionar.
Pero Diógenes sacudió la cabeza. —No quiero sonar pesimista pero… realmente lo dudo mucho.
El joven corroboró aquella afirmación al echar un vistazo a los indicadores de estado de Karina en su interfaz de party. La vida de la joven no había descendido un solo punto, pero su barra de estamina se reducía rápidamente. —No podrá soportar ese ritmo por mucho tiempo. —dijo sabiendo que se les estaba acabando el tiempo. —Tenemos que ayudarla de algún modo.
—No puedes interceder…
—Ya se, ya se. —respondió Dante. —Me refiero a indicaciones tácticas… echémosle un vistazo a esta sala a ver si se nos ocurre algo, pero cuidado con las trampas.
Los dos compañeros entraron a la habitación con cuidado mientras los ruidos del combate retumbaban en el angosto pasadizo.
Se encontraron en una estancia amplia pero con el techo bastante bajo. Un par de gruesas columnas de roca en el centro de la habitación rodeadas de unas gradas semicirculares de solo dos niveles eran lo más destacable del mobiliario, aunque vieron también algunos nichos tallados en las paredes que contenían unas formas oscuras envueltas en telas podridas. Unas pocas antorchas apenas daban la suficiente luz para distinguir los contornos de la arquitectura de la habitación.
—¿Sabes que lugar es este? —preguntó Dante.
Diógenes observó a su alrededor con evidente curiosidad —Casi con seguridad que se trate de una cámara dedicada a reuniones, probablemente colocarían al muerto en el centro de la sala, en esa especie de espacio circular entre las columnas y el resto de los monjes se sentaria a su alrededor mientras durara el velorio. —respondió el jugador señalando el centro de la estancia.
—Todo este espacio extra podría ser beneficioso para la agilidad de Karina, pero la ventaja sigue siendo mínima... no puede ganar por cansancio. —dijo el joven tomando una de las antorchas tras lo cual caminó con cuidado hacia el centro del cuarto. —Mira este símbolo tallado en el centro del círculo... ¿Puedes leer lo que dice?
Una rápida mirada le bastó a Diógenes para saber de que se trataba. —Riqueza. —dijo. —Es el símbolo del antiguo lenguaje que representa la buena fortuna y los bienes preciosos como el oro y las joyas.
Dante miró con interés la roca en donde hábiles manos habían tallado aquella runa en la superficie pulida. —¿Trampa o Decoración? —preguntó.
—Definitivamente trampa. —respondió el jugador. —Parece que pusieron aquel símbolo para atraer a los saqueadores a examinar aquella losa de piedra.
Dante se encaramó a las gradas circulares y observó el espacio abierto en donde estaba inscripta el símbolo, luego sopló con fuerza para quitar el polvo que se había depositado sobre el piso.
Una pequeña grieta apenas visible apareció a lo largo de la piedra dividiéndola en dos. —¿Crees que sea un pozo que se abra al pisarlo? —preguntó Dante señalando la tenue división.
—Probablemente.
—Bien, con algo de suerte Karina podrá hacer que ese monstruo pise la losa y caiga en la trampa, tenemos que avisarle. —exclamó el joven entusiasmado de tener un plan.
Diógenes sacudió la cabeza. —No creo que DiMarco sea tan tonto como para caer en algo así. —dijo.
—Entonces modifiquemos las condiciones, ya que al menos tenemos esa ventaja. —respondió Dante. —Ayudame a apagar las antorchas; sin luz no podrá distinguir una piedra de la otra.
Se pusieron manos a la obra de inmediato arrancando las antorchas de los soportes de las paredes y arrojandolas al suelo donde las apagaron con varios pisotones. Pronto la estancia quedó completamente sumida en la oscuridad del laberinto.
—Karina. —dijo Dante abriendo la interfaz de comunicaciones. —Trata de traer a DiMarco hasta la habitación al final del pasillo, hay una trampa en el centro de la habitación al que puedes arrastrarlo si te las ingenias.
—Puedo vencerlo yo sola. —respondió categóricamente la voz agitada de la Teniente.
—No me cabe ninguna duda, pero vencer a ese jugador en PvP no es parte de nuestra misión, ahora tenemos que salir lo más pronto posible de Mir y te estoy ofreciendo la forma más directa de hacerlo.
La joven no respondió pero el sonido del combate comenzó a oírse más cerca de la puerta. —Ok, ya vienen… será mejor que nos preparemos del otro lado de la sala. —dijo.
—A la orden jefe.
Corrieron hacia la salida y justo en ese momento el marco de piedra de la entrada que daba al pasillo pareció explotar en cuanto el enorme espadón del jugador golpeó contra la roca lanzando cientos de esquirlas dentro de la habitación.
Karina pareció emerger de entre la nube de polvo como si se hubiese materializado en medio de la explosión, pero simplemente había saltado en el momento del terrible golpe para evitar una derrota inmediata. Con gracia aterrizó en las baldosas de piedra y miró hacia la entrada.
DiMarco apareció ocultando la poca luz que llegaba del pasillo y su sombra cubrió por completo a la pequeña asesina que se encontraba delante. —¿No crees que es suficiente? —preguntó. —Ya deberías haberte dado cuenta que no estamos en el mismo nivel, duelo o no duelo. Ríndete de una vez y prometo que no se los maltratará durante el interrogatorio.
—Ahorra el aliento para cuando me derrotes. —respondió.
El guerrero lanzó un golpe vertical y Karina lo esquivo hacia la derecha, de inmediato DiMarco se cubrió con el enorme escudo mientras redirigia la espada y se preparaba para atacar desde otro ángulo. Aquella arma parecía no respetar las leyes de la física o acaso la fuerza del jugador era tan grande que el peso de la espada no le impedía blandirla con la flexibilidad de una simple vara de sauce.
Aun así era evidente que el peso de la espada y la energía que DiMarco usaba para lanzar los golpes eran fácilmente predecibles y una vez que Karina observó el alcance y velocidad de los golpes del jugador se hizo una idea general de cómo esquivar cada ataque. El único problema era que Dimarco no dejaba puntos vulnerables que atacar; su armadura cubría por completo su cuerpo dejando solo descubiertos el cuello y la cabeza, pero para llegar a ellos Karina debía acercarse demasiado y aún cuando pudiera esquivar la espada, aquel enorme escudo de torre era usado por el jugador como una enorme pared móvil que amenazaba con aplastarla de golpe cada vez que lograba ponerse a su alcance.
Dante y Diógenes observaban la batalla sin nada más que hacer que rogar que ninguno de los terribles golpes del guerrero diera en el blanco. Karina estaba demostrando una gran habilidad, no cabía la menor duda de ello, pero el tal DiMarco bloqueaba todos sus ataques con demasiada facilidad, casi con desdén.
—Karina. —dijo Dante. —El escudo.
—¿Qué pasa con el escudo? —preguntó la joven esquivando un nuevo ataque.
—La espada parece no tener masa, pero el escudo lo obliga a compensar la inercia de su peso cada vez que lo usa como arma.
—Entendido.
Karina cambió su modo de ataque y comenzó a lanzar estocadas hacia donde DiMarco mantenía su escudo pegado al cuerpo. El guerrero se veía obligado a rechazar los ataques adelantando el pesado artefacto de metal y, al hacerlo, su cuerpo avanzaba acompañando el movimiento del mismo. Poco a poco Karina fué haciendo que el hombre se acercara inadvertidamente al centro de la estancia. Cuando el pie de DiMarco chocó contra la grada circular de piedra el hombre se detuvo un momento para salvar el obstáculo.
—¡Ahora! —gritó Dante pero no era necesario; Karina vió la oportunidad y lanzó una de sus dagas arrojadizas hacia el rostro del guerrero, quien tuvo que levantar el escudo para protegerse del ataque. El cuchillo rebotó en el brillante metal y salió despedido hacia la oscuridad mientras la joven se lanzaba a atacar la parte baja del cuerpo de DiMarco que había quedado desprotegida.
Pero el guerrero no se dejó engañar. Con un rápido movimiento bajó el escudo de golpe intentando aplastar a la joven con la afilada punta de acero. —¡Te tengo! —gritó triunfante mientras movía aquella pesada pieza de equipo, pero Karina había previsto aquello.
Utilizando la grada como punto de apoyo saltó hacia un costado justo cuando la punta de acero se clavaba en la piedra (En el sitio donde justo estaba su cabeza unos momentos antes) rompiéndola en mil pedazos. El impulso del ataque fué demasiado grande y el guerrero se vió arrojado hacia delante mientras se veía obligado a saltar por sobre los escombros hacia el espacio libre entre las columnas.
Karina giró en el aire como un gato y sus pies se apoyaron en una de las columnas, tras lo cual tomó impulso para saltar una vez más, esta vez lista para empujar al pozo con todo el peso de su cuerpo al ahora desequilibrado guerrero.
Pero no apareció ningún pozo.
En cuanto DiMarco pisó la losa de piedra la misma se abrió al medio, apenas dejando una profunda rendija de veinte centímetros de espesor. Aquello no era un pozo, era una trinchera que servía como riel de guía para algo mucho más peligroso.
—¡Karina cuidado! —gritó Dante.
La gruesa columna en la que se había apoyado Karina para impulsarse de un salto comenzó a moverse de forma repentina, tomando por sorpresa a la joven que de pronto se vió lanzada hacia delante mientras veía horrorizada como la columna del lado opuesto del centro de la estancia se acercaba velozmente a su encuentro. —¡Oh mierda! —gritó cuando comprendió que era imposible saltar debido a la aceleración repentina que la empujaba contra la columna de roca. Estaba a punto de ser aplastada como un sapo y lo único que pudo atinar fué a cubrirse el rostro con el brazo.
El enorme escudo que DiMarco había arrojado la golpeó repentinamente de costado y la lanzó volando hacia un lado, entonces las dos columnas de roca chocaron violentamente en el centro de la estancia levantando una nube de polvo.
Dante y Diógenes corrieron al encuentro de la joven pero esta se levantó de inmediato antes que sus compañeros llegaran a su lado. Dándose la vuelta contempló atónita la escena que se desarrollaba en el centro del cuarto en cuanto se disipó la polvareda.
DiMarco estaba con una rodilla apoyada en el suelo de piedra mientras que con sus potentes brazos mantenía separadas a duras penas las dos enormes columnas de piedra que amenazaba con aplastarlo. La fuerza que estaba ejerciendo aquel guerrero era tan grande que las rocas vibraban por el esfuerzo.
—¿Eres idiota? —lo increpó la joven acercándose con la daga en la mano. —¿Por qué hiciste esa estupidez?
El guerrero tenía la cara roja por el esfuerzo y levantó la vista hacia la Teniente O'Higgins. —Te-tenía una deuda de honor contigo. —dijo.
Karina suspiró y lo miró directamente a los ojos. —¿Realmente crees que el honor es una especie de moneda de intercambio? Idiota, el honor no es un gesto heroico en un videojuego de moda; es la suma de tus valores morales, de tu compromiso con los tuyos y de tu voluntad para dar lo mejor de ti… esto… esto no es honor. —dijo señalándolo con la daga. —Esto es solo galantería de caricatura. Si fueras un hombre honorable no hubieras dicho lo que dijiste y nos hubieras dado una oportunidad de evitar este combate ridículo.
Dante y Diógenes escucharon atónitos aquellas palabras y permanecieron en silencio sin saber qué decir.
DiMarco bajó la vista avergonzado. —Lo… lo siento. —dijo. —Tienes razón.
Disculpas aceptadas. —respondió Karina guardando su daga.—Al menos eso sí sonó sincero. —dijo tras lo cual se volvió a sus compañeros. —Salgamos lo más pronto posible de este lugar, Dante dame la mano.
Dante extendió su mano mientras tomaba la de Diógenes, de inmediato los tres salieron corriendo por el oscuro túnel y se internaron en el laberinto mientras el impotente Capitán DiMarco los veía escaparse sin poder hacer nada para evitarlo.
Recorrieron en silencio los angostos túneles guiados por Karina, quien seguía las instrucciones del "mapa" ahora a la inversa, ya completamente segura de la fiabilidad de las mismas. Cuando se hubieron alejado un centenar de metros de donde habían dejado al jugador atrapado en la trampa el duelo se canceló automáticamente y el mensaje de "Abortado" apareció en la interfaz de la joven, quien desechó el mensaje sin darle más importancia.
Ni una sola vez tuvieron que detenerse y avanzaron mucho más rápidamente que cuando recorrieron aquel laberinto la primera vez.
Diógenes estaba asombrado. —¿Acaso tu compañera puede ver en la oscuridad como los Voldorianos? —preguntó intrigado.
—No sabía que los hombres-gato podían hacer eso. —reconoció el joven sonriendo. —Aunque supongo que tiene sentido… con respecto a Karina, ella tiene una que otra sorpresa debajo de la manga, no te preocupes. —dijo mientras se imaginaba la cara de sorpresa del jugador si supiera que la teniente estaba usando un sofisticado visor nocturno de la misma clase que usaban las fuerzas especiales de la NUNS.
Tardaron solo veinte minutos en llegar a la habitación en donde habían encontrado a Dirk y descubrieron que no había nadie allí. El aroma de la tela quemada todavía flotaba en el ambiente pero no había rastros de que alguien hubiese estado allí, hasta habían borrado las huellas en el polvo.
Salieron por la misma puerta y pronto el pasadizo se convirtió en el tosco túnel tallado en la roca que desembocaba en la ladera del precipicio.
—Estamos por salir. —dijo Karina.
—No veo nada…. ah pero claro, es de noche allí afuera. —razonó Diógenes.
En aquel momento los tres sintieron el aire fresco que soplaba directamente en sus rostros y respiraron con ansiedad el aire puro.
—Alto. —dijo Karina señalando la oscuridad delante. —Yo iré primera, esperen a mi señal.
Obviamente Dante se imaginó que la joven aprovecharia aquel momento para quitarse el equipo "extraño" y preparar todo para evacuar a Diógenes. La joven le soltó la mano a Dante y desapareció en la oscuridad unos metros más adelante. Al cabo de unos segundos se escuchó su voz resonar en el túnel. —Todo despejado, pueden salir.
Los dos hombres salieron a la pequeña saliente de roca y vieron el abismo oscuro frente a ellos. Las dos Hermanas estaban casi sobre el cenit del acantilado y su luz apenas alcanzaba para iluminar un poco la pared de roca en donde se encontraban. Diógenes se volvió hacia el túnel y lanzó una exclamación de asombro al ver la ilusión que ocultaba la entrada. —Se sabia hace rato que hay más de una entrada secreta a la ciudad. —dijo entusiasmado mientras pasaba su mano por el espejismo de roca. —Esto es muy emocionante.
—Y hablando de eso… —dijo Dante volviéndose hacia Karina. —Tenemos que preocuparnos de ciertas cuestiones de honor nosotros también. —dijo. —¿Puedes darme el mapa que nos dió Dirk?
Karina tomó el papelito con las instrucciones del laberinto y se lo dió a Dante, quien lo rompió en una docena de pedacitos y lo arrojó al abismo. —Bien, eso ya está hecho, ahora…
—El anillo. —dijo Karina acercándose a Diógenes. —Por favor devuélveme el anillo que usaste en la plaza. —exigió.
El jugador se volvió hacia la joven y se encogió de hombros. —Con respecto a eso… —dijo desviando la mirada del rostro severo de la joven..
—No me gusta el tono de eso. —observó Dante. —¿Sucede algo?
—Con todo lo que pasó allí atrás se me olvidó mencionarlo pero… cuando desperté tras el pequeño "vuelo" por la plaza, ya no tenia mas ese anillo en mi poder.
Karina y Dante se miraron un instante entre ellos.
—Explicate. —exigió la joven cruzándose de brazos. —No nos moveremos de aquí hasta que lo hagas.
El jugador levantó la mano derecha y les mostró sus pálidos dedos. En el índice se podía ver una marca negra todo alrededor de la blanca piel. —Cuando me miré la mano descubrí esta marca y el anillo ya había desaparecido del inventario. —explicó.
—Duval nos va a matar. —dijo Dante rascándose la cabeza. —Dalo por hecho.
Karina no estaba del todo convencida y miraba a Diógenes con ganas de sacudirlo cabeza abajo hasta que el bendito anillo cayera al suelo, pero al menos se contuvo lo suficiente para cambiar de idea. —Dejaremos que sea el Director quien resuelva esto. —dijo en cambio. —Tú te vienes con nosotros.
—¿Tengo otra alternativa?
La joven no respondió y en cambio tomó la andrajosa capa de Dante y le arrancó un grueso trozo de un solo golpe. —¡Eh! —exclamó el joven.
—A partir de aquí tendrás que acompañarnos con los ojos vendados. —dijo mientras doblaba la tela sobre sí misma. —Espero que no le moleste.
Como Diógenes se encogió de hombros Karina tomó ese gesto por un "si" y procedió a atar aquel vendaje improvisado a la calva cabeza de Diógenes.
El siguiente paso fué preparar el equipo de descenso. Karina desactivó el holograma que ocultaba el pequeño drone y procedió a revisar que el ancla estuviese bien firme en la roca. luego desenrolló la cuerda y la arrojó al abismo. —Uno de nosotros tendrá que bajar a Diógenes. —dijo.
—Yo me encargo. —respondió Dante. —Lo ataré a mi cintura con un trozo de cuerda y bajaremos juntos.
Karina le pasó a Dante un rollo más pequeño de soga y una vez que ambos estuvieron bien asegurados comenzaron a descender primero mientras la joven vigilaba desde lo alto.
No les llevó más que unos veinte minutos descender hasta el fondo del abismo. A mitad del descenso Diógenes suspiró profundamente.
—¿Pasa algo? —preguntó el joven deteniéndose en una pequeña saliente. —¿Quieres descansar?
—No, no es eso. —respondió el jugador sacudiendo la cabeza. —Solo es que me había resignado por completo a tener aventuras con este avatar.
Dante sonrió. —¿Esto es más de lo que esperabas? —preguntó reiniciando el descenso.
—Me pregunto si fué una buena idea haber ido al mercado hoy a la tarde. —volvió a suspirar el jugador. —Algo me dice que esto de hoy es solo el inicio de más problemas.
La oscuridad en el fondo del precipicio era casi completa y la luz de las lunas no llegaba a iluminar mucho en aquel lugar. Dante desanudó la cuerda que lo ataba a Diógenes y tiró de la soga varias veces para indicar a su compañera que podía iniciar el descenso. La joven solo demoró unos diez minutos en llegar hasta ellos y cuando lo hizo fue tan silenciosa como una sombra. —Vamos. —dijo señalando la oscuridad. —Cuidado al cruzar el río.
En ese momento un ruido sordo resonó en lo alto del risco indicando que la pequeña carga explosiva colocada por la Tenientehabía desintegrado al drone y eliminado toda prueba de su existencia en el juego.
Dante volvió a alzar a Diógenes y siguió a su compañera hasta donde las agitadas aguas creaban remolinos de espuma entre las rocas. Si saltar de roca en roca les había parecido desafiante al llegar, hacerlo en medio de la noche con la poca luz de las lunas que llegaba hasta allí entonces era una tarea casi imposible. Dante dejó que Karina eligiera la ruta más segura y saltó por las mismas rocas que la joven escogía con seguridad.
Una vez seguros del otro lado suspiraron aliviados.
Entonces fué cuando descubrieron que el caza no estaba más allí.
