Le tomó casi media hora, pero finalmente los dados rodaron a su favor y la resistencia de las dos enormes columnas de piedra falló contra la poderosa fuerza de sus músculos. Las gruesas columnas temblaron y enormes grietas comenzaron a formarse allí donde las manos poderosas presionaban contra roca. Hubo un crujido y los enormes bloques estallaron en medio de una lluvia de fragmentos.

—Ya era hora. —gruño DiMarco poniéndose de pié entre las montañas de escombros que se habían formado a sus pies. Lo primero que hizo al tener las manos libres fué llamar su interfaz de mensajería. —Aquí DiMarco. —dijo usando el atajo que había configurado para hablar con varios Capitanes a cargo de los diferentes escuadrones que formaban el Ejército principal del Imperio. —Este es un aviso de emergencia, Clasificación Uno; Fugitivos han huido por las Catacumbas de Mir y se dirigen hacia el cañón del río, es prioridad absoluta bloquear las salidos de ambos extremos del mismo antes que puedan alcanzar las llanuras, quienes dispongan de tropas en el terreno cercanas a Mir deben suspender inmediatamente toda actividad y reportarse inmediatamente para ponerse a disposición del Cuartel general. Los fugitivos son tres; un guerrero humano nivel bajo y una asesina humana de nivel alto, hay un tercer individuo sin identificar, más datos serán transmitidos por este canal a medida que actualicemos la información. Es todo y buena caza.

DiMarco cortó la comunicación y tras recuperar su escudo salió de la habitación a grandes pasos sin molestarse en seguir por el camino que Dante, Karina y Diógenes habían tomado; sabía que no podría hallarlos dentro del laberinto, pero si intentaban salir de la región se llevarian una enorme sorpresa.

Más grande fué la suya al encontrarse frente a frente con su colega Elektra en cuanto salió al pasillo en el cual había interceptado a los fugitivos. —¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó al ver a la mujer y una pareja de asesinos que se encontraban tras ella.

—Supongo que llegamos tarde. —dijo la misteriosa lugarteniente. —Ya oímos tu mensaje, pondré a mis hombres en alerta a lo largo de todo el territorio.

DiMarco asintió con un gesto de la cabeza mientras su colega encendía un farol para iluminar el oscuro pasillo. —¿Todavía no han logrado cartografiar este maldito laberinto? —preguntó señalando hacia la oscuridad al final del pasillo. La mujer sonrió. —¿Los hubieras perseguido si así era? —preguntó, pero al ver la expresión de su camarada de inmediato volvió a su tono serio de siempre. —No. —explico. —Esta clase de Laberintos no puede ser mapeado de forma tradicional… creemos que el Gremio de Informantes ha obtenido los planos originales del mismo y posee la habilidad de modificarlo.

—¿Modificarlo? —preguntó confundido el guerrero.

—Pueden activar y desactivar trampas a voluntad así como cerrar y abrir caminos alternativos. Nuestros expertos creen que cambian la disposición del laberinto regularmente para evitar que otros puedan cartografiar un pasaje seguro.

—Muy astuto. —concedió DiMarco pasando su mano por las piedras de del túnel. —Me imagino que la forma más fácil de resolver esto es tu especialidad… ¿Verdad?

La mujer volvió a sonreír. —Todo hombre y mujer tiene su precio. —aseguró. —Obtendremos lo que queremos tarde o temprano, no te preocupes.

—Preocuparme es lo que me mantiene entretenido en este juego. —gruño el hombre empezando a caminar hacia la salida.

Elektra lo observó en silencio hasta que desapareció tras la última puerta, entonces se volteó hacia sus hombres y dió las instrucciones necesarias.

La cacería había comenzado.

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Si este amor puede venir solo una vez

Divirtámonos dentro de tí

Compartamos un beso indulgente

Los pétalos de la flor

Danzando a través del aire

Los cielos estrellados que aún no termino de contar

No puedo decirle a nadie sobre este aleteo que siento en el pecho

Silvana abrió los ojos. La sensación aún seguía allí. Más allá del holograma de Mikumo moviéndose al ritmo de la famosa canción estaba su habitación apenas iluminada por los colores que se proyectaban desde su Pad.

¿En qué momento se había quedado dormida? Solo recordaba haber cerrado los ojos unos segundos mientras descansaba un rato en su cama tras una mañana agotadora, pero al parecer la música la había transportado a otro mundo, a otro tiempo.

No tenía casi recuerdos de aquel sueño; solo su mano aún recordaba el peso de la espada en el momento de dar el golpe y aquello la confundía. ¿Una espada? ¿Ella…? ¡Imposible!

—Luz. —dijo mientras se volvía boca arriba. La lámpara del techo se encendió y llenó la habitación de luz blanca haciendo que las Walküre se tornaran algo más transparentes.

La joven estaba tendida en la cama con los brazos cruzados por sobre su cabeza. No había tenido una buena noche por cierto y los pocos intervalos de sueño habían sido interrumpidos por extrañas pesadillas, más no podía recordar sobre qué.

Estaba vestida solo con un par de shorts y una remera holgada, después de todo había aprovechado la mañana para ayudar en las tareas del hogar y estudiar un poco, no había sido necesario que se vistiera para salir de su casa y ahora tenía todo el resto de la tarde libre para poder volver a Calypso y encontrarse con sus amigos.

Pero no se sentía con ganas de entrar al juego. No todavía.

Se levantó de la cama y deslizó sus pies dentro de sus pantuflas tras lo cual salió de su habitación y bajó lentamente las escaleras hasta la planta baja de su casa.

Vió a su padre sentado en su sillón favorito completamente inmerso en Calypso, tal y como lo indicaban sus ojos cerrados y la pequeña aureola de runas celestes que flotaban sobre su cabeza.. Allí dentro de la simulación no hacía falta tener pesados cascos de realidad virtual como los que aún estaban trabajando en la nave colonial, todos civiles estaban ya en las vainas de suspensión y conectados veinticuatro horas al día al sistema. Aquel avatar que representaba a su padre sentado cómodamente en el sillón solo servía como un indicador que aquella persona estaba en esos momentos en otra instancia de la simulación.

—Oh, pensé que ya estarías jugando con tus amigos en Calypso. —dijo su madre asomándose desde la cocina. —¿Quieres comer un bocadillo o algo antes de jugar?

La joven sacudió la cabeza. —Gracias má, pero no es necesario. ¿Necesitas ayuda con eso? —preguntó en cambio señalando la cocina.

—Ya me haz ayudado bastante durante toda la mañana. —respondió la mujer mientras colocaba un plato en la alacena. —Tus puntos del dia ya han sido ganados asi que deberias relajarte ahora. —dijo cruzándose de brazos.

Que en una simulación como esa fuera necesario lavar platos y cocinar era algo que a cualquiera le parecería una pérdida de tiempo. ¿Acaso no era todo aquello simplemente datos? La comida podía aparecer con solo chasquear los dedos y uno hasta podría cambiar los muebles y el color de las paredes de la casa con solo desearlo…. mas no era así cómo funcionaban las cosas en la Flota 41.

Todo era parte del Proyecto del Gran Salto y los Colonos se habían comprometido al cien por ciento con el mismo. Para que las mentes de los viajeros que surcaban la galaxia en aquellas vainas resistiera el peligroso Síndrome de Transposición FOLD se tenía que crear una simulación extremadamente realista. La mente de las personas debía ser sometida a un ambiente creíble y real, de forma que sus actividades diarias fueran lo más normales posibles. Aún así muchas cosas se podían realizar sin esfuerzo por lo que el gobierno alentaba a que los Colonos vivieran lo más normalmente que pudieran y las tareas mundanas como lavar la ropa, cortar el césped o preparar la cena eran recompensadas por puntos diarios, que luego podian ser canjeados por accesos a diferentes modulos "Premium" de la simulación.

Era un sistema bastante justo y a pesar de que muchos sociólogos habían opinado que aquel sistema de "puntajes" era algo que recordaba a como ciertos gobiernos del siglo XX trataban de establecer valores de aptitud para cada ciudadano, en general se consideraba que los privilegios otorgados por un sistema de esa clase no creaba demasiada inequidad entre la población.

Silvana y los demás Colonos habían adoptada aquel sistema incorporandolo a su vida diaria de forma normal, claro que en el caso de ella y sus compañeros de preparatoria, las reglas eran algo diferentes.

Los niños pequeños solo podían entrar a los entretenimientos 100% inmersivos unas pocas horas al día (Y con supervisión de los adultos), con intervalos de descanso repartidos durante todo el tiempo libre cuando no estaban en la escuela. Los mayores de 13 años disponían de más libertad y podían manejar sus horarios de juego (Principalmente en Calypso) con total control, a cambio solo debían invertir los puntos ganados por las actividades diarias en asignar horas de juego como si fuera una especie de moneda de intercambio.

Era un sistema mucho más complicado, pero que premiaba a los "Buenos Ciudadanos" como se los llamaba en la Flota. Todos los jóvenes ganaban la misma cantidad de puntos base por día, sobre aquel total en bruto se aplicaban diferentes bonificaciones y penalizaciones en base a las acciones sociales de cada ciudadano. Buenas notas en la Escuela eran el principal modificador al valor base y podían fácilmente duplicar el valor del mismo en el caso de los estudiantes más dedicados, otras acciones como trabajos comunitarios, estudios paralelos o aportes en áreas como la cultura o investigación eran excelentes formas de aumentar el puntaje diario.

Silvana tenía buenas notas en la escuela y con ese pequeño plus podía costear sus tres o cuatro horas diarias de juego en Calypso sin preocuparse demasiado. No se consideraba a si misma como una jugadora dedicada por lo que disfrutaba cada momento del juego con sus amigos y no se preocupaba demasiado por maximizar el avance de su personaje, su equipo o poderes para participar de lo que era llamado "EndGame" de Calypso, algo a lo que aspiraban los jugadores más "hardcore" del VideoJuego.

La chica solo quería jugar, socializar y compartir aquel mundo maravilloso con sus amigos, pero comprendía que su falta de dedicación al desarrollo de su avatar estaba conspirando con la experiencia del juego. Si, muchos creían que su personaje tenía ventajas extraordinarias en Calypso, pero es algo que ella no comprendía muy bien y no se había molestado en ahondar demasiado. Tener maná casi ilimitado y poder lanzar hechizos casi en cualquier sitio eran ventajas enormes, pero jamás se había preguntado el por que era algo que solo su personaje podía hacer en esas circunstancias.

La Orden comprendía su situación y no la exigía demasiado, respetando sus horas de juego y promoviendo que se divirtiera ante todo, pero otros clanes más "Hardcores" no trataban con igual indulgencia a sus miembros y exigian cuotas de presentismo y metas concretas que los jugadores debían cumplir al pie de la letra so pena de ser expulsados y quedar fuera del "Powerplay" de Calypso.

—Má. —dijo la joven reposando su cabeza entre los brazos cruzados sobre la mesa. —¿Puedo preguntarte algo?

—Claro Sil. —respondió la mujer desde la cocina mientras el sonido de un vegetal siendo cortado sobre una tabla de madera llegaba hasta ella. —Sabes que puedes hablar de lo que quieras conmigo.

Silvana miró las flores que formaban el centro de mesa que tenía justo delante. Las pequeñas gotas de rocío brillaban en las hojas verdes como si aquellas flores hubieran sido recién cortadas de una pradera primaveral. —¿Es verdad que aun tenemos algo de sangre Zentradi en nuestra familia?

El sonido de la tabla de cortar se detuvo de pronto, pero su madre no contestó de inmediato.

—¿Má? —preguntó Silvana volviendo la vista hacia la cocina.

El sonido rítmico del cuchillo se reinició, algo más lento que antes. —Es… raro que me preguntes sobre eso. —dijo su madre con un tono extraño en la voz.

La joven guardó silencio mientras esperaba a que continuara hablando, en cambio la mujer dejó de hacer lo que estaba haciendo y salió de la cocina limpiándose las manos con el delantal mientras se dirigía hacia el comedor.

—Tu Bisabuelo fué el único Zentradi de mi familia. —dijo quitándose el delantal mientras corría una de las sillas para sentarse en la mesa junto a su hija. —Fué uno de los soldados que luchó contra los humanos en la Primera Guerra Espacial a principios de siglo y conoció a tu bisabuela luego del armisticio del año 2010.

Silvana se enderezó en la silla y miró a su madre. —¿Por que casi nunca hablan de él en nuestra familia? —preguntó.

Su madre la miró largamente en silencio y finalmente suspiró.—¿Alguien te ha dicho algo en la escuela sobre eso? —preguntó. —¿Acaso te han hecho "Bullying" por tener descendencia Zentradi?

La joven reaccionó a aquella pregunta con sorpresa. —¿Eh..? ¡No! —exclamó confundida. —Nadie me ha dicho ni hecho nada de eso. —afirmó.

Para asombro de Silvana, su madre hizo aparecer un cigarrillo en su mano y lo encendió en el aire con un simple gesto. (Al fin y al cabo ciertas acciones podían hacerse automáticamente en la simulación) —¿Mamá? —preguntó sorprendida al ver aquello. Su madre jamás había encendido un cigarrillo delante de ella.

—Tu bisabuelo fué uno de los rebeldes que rechazó la cultura y se levantó en armas contra los humanos sobrevivientes de la Primera Guerra Espacial. —explicó lanzando una nubecilla de humo. —Por eso no hablamos de esa persona en la familia. —afirmó mientras miraba a su hija. —Es algo que hemos llegado a común acuerdo a lo largo de todos estos años.

—Mamá…

—Ese… Zentradi abandonó a su esposa y a su hija recién nacida y se unió a los rebeldes que intentaron continuar la vida guerrera de sus antepasados. —Siguió narrando la mujer. entre pequeñas exhalaciones de humo perfumado provenientes del pequeño cigarrillo. No sabemos cómo ni dónde murió, pero tu bisabuela recibió la notificación de su muerte tras la Batalla Defensiva de Ciudad Macross en el 2012.

Silvana bajó la vista hacia la pulida superficie de la mesa. —Algo… algo sabía de la historia. —confesó.

—¿Hay alguna razón en especial para que me hayas preguntado eso justo ahora? —quiso saber su madre. —Si tienes alguna duda con respecto a tus orígenes o a tu herencia genética podemos….

La joven se puso de pie e hizo una reverencia a su madre. —No es nada. —aseguró. —Era solo curiosidad… no quiero molestarte hablando de temas que puedan resultar incómodos para ti. —dijo. —Se que es un tema difícil y aprecio mucho que hayas sido sincera conmigo.

Su madre apagó el cigarrillo y levantándose de la silla abrazó a su hija. —Jamás te ocultaré nada, hija. —dijo profundamente conmovida. —El pasado… es el pasado y no podemos cambiar lo que ha sucedido. Nuestra familia ha prosperado y ahora vamos rumbo a un nuevo futuro, donde podremos continuar nuestras vidas sin preocuparnos por los fantasmas del pasado.

Las dos mujeres permanecieron abrazadas un rato más tras lo cual Silvana se despidió de su madre para poder entrar en Calypso. —Ve tranquila, te avisaré cuando llegue la hora de la cena. —dijo mientras volvía a ajustarse el delantal.

—Nos vemos.

—Si te cruzas con tu padre, dile que todavía me debe varias pociones del otro dia. —le recordó su madre. —Que tengas un buen juego.

Silvana pasó junto a su padre y le dió un beso en la mejilla. Luego subió las escaleras y entro a su habitación justo cuando un nuevo tema de Walküre empezaba a sonar en su Pad que había dejado encendido sobre la cama.

Entonces vió las espadas.

Las cinco Walküre estaban vestidas con espléndidas armaduras adornadas con joyas y metales preciosos y portaban enormes espadas largas. En cuanto la joven entró al cuarto la parte interactiva del videoclip que se reproducía en el Pad entró en funcionamiento y el grupo de Idols saltó fuera de la pantalla rodeando a Silvana con sus espadas en alto mientras cantaban "Walküre Ga Tomaranai"

—¡No! —exclamó la joven cayendo de rodillas al suelo mientras se tapaba los oídos.

El videoclip se detuvo en el acto y los hologramas desaparecieron de inmediato. La habitación volvió a quedar a oscuras apenas iluminada por el resplandor azul de la pantalla del aparato sobre la cama.

Había vuelto a sentirlo, un fugaz momento de excitación al ver las cinco espadas holográficas sobre su cabeza, aquella sensación misteriosa que había experimentado incontables veces en los sueños sin nombre.

«Tu sangre» dijo una voz dentro de su cabeza. «Tu herencia no puede diluirse ni tras mil generaciones. Tus genes Zentradi aman la batalla, aman la guerra. Lo que sientes es el llamado de tu sangre»

Silvana seguía tapándose los oídos pero la voz continuaba apremiandola. «Lo sentiste cuando enfrentaste a ese gigante en el bosque. Por un momento tu sangre hirvió y experimentaste el éxtasis de la batalla, la sensación que toda Meltran atesora en su interior»

—Mientes. —gritó la joven hablándole al techo. —No soy una Meltran, no amo la guerra ni la destrucción. ¡Deja de decir mentiras!

La voz se extinguió y la oscuridad pareció retroceder de repente, Silvana se dió cuenta que un mensaje de correo electrónico había entrado a su Pad y la pequeña ventana holográfica que se había desplegado sobre la pantalla había iluminado la habitación.

La joven se incorporó lentamente y se sentó en la cama. La cabeza todavía le daba un poco de vueltas y los ecos de las palabras desconocidas aún sonaban en sus oídos. El mensaje era de Paula, su mejor amiga de la escuela. Usando los dedos de su mano derecha hizo un gesto sobre la pantalla y la ventana con el mensaje se desplegó frente a sus ojos mostrando una fotografía.

Era del personaje de Paula en Calypso junto con sus compañeros de Clan. La chica había abandonado La Orden hacía tiempo por presión de su familia (Quienes eran todos miembros del Imperio) y formaba parte de una pequeña división de aventureros casuales que, si bien mantenían cierta autonomía con respecto a las guerras y problemas diplomáticos de los grandes clanes, rendían pleitesía al Imperio y estaba obligada no solo a pagar una serie de impuestos por utilizar el territorio para cazar monstruos, también debía aportar horas de juego para los diferentes raids que organizaba el poderoso grupo que dominaba Calypso.

Al parecer Paula había logrado alcanzar el grado de Adepta del Fuego en la clase de su personaje y había enviado la fotografía a su grupo de conocidos para conmemorar la ocasión. Conseguir el reconocimiento del Gremio de Magos y ser nombrado Adepto le confería a la joven una gran responsabilidad y acceso a magia y hechizos más poderosos, lo que a la larga le permitiria explorar mas y mas lugares de Calypso, donde los monstruos más peligrosos acechaban a los aventureros y los mejores tesoros recompensaban a los audaces que desafiaban esos peligros.

Silvana era apenas una aprendiz de Druida y solo tenía acceso a los hechizos más básicos de defensa personal y ayuda para sus compañeros. Al ritmo que la joven avanzaba en Calypso podrían pasar años hasta que pudiera alcanzar el siguiente paso en el desarrollo de su personaje. Hizo un gesto con el dedo y un Emoji con un pulgar hacia arriba apareció en los comentarios de la fotografía. Silvana hubiese querido felicitarla de forma más efusiva, pero en aquel momento no se sentía de humor para hacerlo como se debía. Cerró la ventana del mensaje y se acostó en la cama mirando hacia el techo.

Amaba el mundo de fantasía de Calypso y deseaba protegerlo con toda su fuerza, pero sabía que en el fondo su voluntad sola no era suficiente. Ella era una simple Druida y el resto de los jugadores trataban al planeta como una caja de recursos infinita. Bosques destrozados, llanuras quemadas por la guerra, miles de animales masacrados solo por conseguir un par de monedas a cambio de sus pieles. Todo aquello no podía resultar en nada bueno, lo sentía, o más bien, estaba segura de que no podría resultar de otra forma.

Calypso era más que un juego, más que una escenografía… era algo que le hablaba a su interior, que se comunicaba de forma silenciosa con lo más profundo de su ser… y aquello la fascinaba.

Entonces también había descubierto la herencia de sus genes.

¿Era aquello la herencia Meltran? ¿El gusto excitante por la violencia? ¿El frenesí del combate? ¿Podía aquello resurgir en ella a pesar de la distancia…?

Deseaba con todo su ser hablar de ello con alguien, pero no podía, no con cualquiera. Su madre la ayudaria claro, pero Silvana no quería revolver más las heridas del pasado, ya había sido suficiente con ver cómo había reaccionado su madre ante su pregunta sobre su abuelo. No, no volvería a tocar ese tema delante de su familia, trataria de resolverlo sola.

O tal vez no.

Pensó en Dante y en lo que el joven le había contado sobre su truncada carrera militar. Seguramente él había estudiado mucho sobre los Zentradis, tal vez supiera algo sobre ellos que le diera algunas respuestas.

Hizo un gesto con la mano y la interfaz de la simulación apareció frente a sus ojos. Seleccionó el mundo de Calypso y dejó que su avatar se trasladase de un mundo a otro con solo un simple pestañeo.

Apareció en su habitación del primer piso del Clan Hall tal y como se había desconectado la noche anterior. Tras su difícil batalla en el bosque y el apresurado escape hacia un lugar seguro habían corrido sin pausa desde el bosque hasta la piedra de teletransportación de la llanura sin cruzarse con nadie afortunadamente. Todas estaban cansadas y se desconectaron del juego inmediatamente al llegar a las habitaciones. La túnica de Silvana todavia tenia las marcas del combate y necesitaba de reparaciones urgentemente. La joven se la quitó por medio del menú de equipo y la reemplazó por su vestido casual que utilizaba para moverse por la ciudad y otras actividades que no requerían el uso de sus habilidades de Druida.

Seguramente Rita la volvería a regañar por no haber cuidado de forma adecuada su equipo, pero dadas las circunstancias… al menos Matilda se pondría de su lado… o eso esperaba.

El reloj marcaba algo más de las tres de la tarde, por lo que la mayoría de los jugadores ya estarian en el campo abierto o en los calabozos ganando experiencia haciendo quest y matando monstruos a lo largo y ancho del continente de Tarsis. Cuando Silvana descendió por las escaleras y llegó a la planta baja escuchó que llegaban voces desde la sala de estar.

—Hola. —saludó mientras entraba a la habitación apenas iluminada por el fuego y un par de velas del candelabro que colgaba desde el techo..

Alex y los demás estaban junto a la pequeña chimenea y se volvieron al oír entrar a la joven. —Hola Silvana. —Saludó el líder de La Orden con un gesto de la mano.

También estaban Rita, Mirna, Matilda y Walter, todos ellos sentados alrededor del fuego, quienes también saludaron a la joven con gesto grave.

—¿Donde…? —comenzó a decir Silvana pero Matilda la interrumpió. —Somos todos los que quedan en La Orden. —dijo sacudiendo la cabeza. —Estamos todos aquí reunidos.

—A decir verdad, falta Dirk. —dijo Walter rascándose la cabeza. —Pero ya sabes como es él… aparece y desaparece a cada rato y uno nunca sabe cuando…

—Por cierto, estoy aquí. —dijo una voz proveniente de un rincón. Los presentes se voltearon y vieron al informante envuelto en su capa oscura apoyado junto a una columna del otro lado de la habitación.

—¡Pero me lleva…! —comenzó a exclamar el guerrero Ragnariano. —¿Desde hace cuanto tiempo que estas ahi…?

—Gracias por venir, Dirk. —lo interrumpió Alex avanzando hasta el centro de la sala. —Conociendo tu trabajo, no debe ser fácil que encuentres el tiempo para participar en estas reuniones.

El informante asintió con la cabeza. —Estaba en la zona, simplemente por eso. —explicó.

Silvana se sentó en el gran sofá junto a Mirna y la joven arquera apoyó su peluda cabeza sobre el regazo de la joven en forma juguetona. —Nya. —dijo sacudiendo las orejas.

La joven comenzó a acariciarla mientras miraba a los demás con preocupación. ¿Sucedió algo? —preguntó.

—¿No has leído los foros y las redes sociales? —preguntó Rita cruzándose de brazos. —¡Calypso está en estado de caos desde anoche! —exclamó.

—¿Ca-Caos? —preguntó Silvana.

Walter suspiró. —Han pasado demasiadas cosas en las últimas veinticuatro horas. —dijo mirando las llamas del pequeño fuego. —¿De esto querías hablar, Alex? —preguntó mirando al joven de anteojos.

—En parte. —respondió el joven. —Pero dejaremos eso para más tarde, ahora que estamos todos me gustaría hablar a todos sobre el futuro de La Orden.

El silencio en la sala se volvió tan tenso que hasta las orejas peludas de Mirna hacían ruido al moverse. Alex caminó hasta ponerse al lado de la chimenea y miró atentamente a todos los presentes. —La Orden ha quedado reducida a sólo siete miembros. —dijo sin cambiar el tono de voz. —Desde que establecimos esta casa en Jenne hace un poco más de un año, nunca nuestras filas estuvieron tan disminuidas como ahora.

Nadie dijo nada y Alex continuó hablando a pesar de las miradas sombrías y los rostros preocupados. —Todos estamos al corriente de la crisis que azota a Calypso y a la organización de los jugadores y creo que es necesario evaluar de una vez nuestra postura con respecto a ello y las decisiones que hemos tomado. Todos nosotros nos conocemos desde hace rato y hemos aprendido a confiar en uno al otro, en las buenas y, especialmente en estos últimos tiempos, en las malas. —dijo mientras se llevaba una mano al pecho. —Pero eso no significa que pueda lavarme las manos y no tomar la responsabilidad sobre algo que, como líder de este grupo, fué mi deber prevenir.

—Alex. —dijo sorprendida Matilda mirando al muchacho. —¿Que estas diciendo?

—Si La Orden ha llegado a esta crisis, yo asumo toda la responsabilidad. —afirmó el jugador. —Fué mi falta de visión lo que nos ha arrastrado a esta situación.

—Pamplinas. —exclamó Walter apretando los puños. —Tu no tienes la culpa de nada.

—No haber previsto esta crisis fué un error de liderazgo. —respondió Alex hablando completamente en serio. —Asumí la dirección de este grupo de amigos con un fin común, con la sola intención de mantenernos unidos, pero eso no es suficiente, no en los tiempos que corren.

—¡Eso es una mentira! —gritó angustiada Silvana haciendo que Mirna se levantara asustada de su regazo. —¡Tu no haz cometido ningún error, Alex, has sido un líder excelente y todos te debemos mucho!

—Silvana tiene razón. —coincidió Rita. —Eres un líder de primer nivel y nos has llevado a todos en este Clan de una forma impecable; de no ser por tí La Orden hubiera dejado de existir hace mucho tiempo.

Los demás asintieron con la cabeza, lo que hizo que Alex se sintiera aún más contrariado. —¡Pero…! —comenzó a protestar.

—¡Pero nada! —lo reprendió Matilda. —¿Es que no entiendes que ninguno de nosotros te culpa de lo que está sucediendo? Tienes que dejar de lado esa idea tonta de nombrarte el chivo expiatorio de toda esta situación de mierda; todos los clanes de Jenne han pasado por lo mismo y ahora somos la única agrupación independiente que queda… ¿Y tu quieres tirar todo el trabajo por la borda?

—Matilda tiene razón. —dijo Dirk desde el rincón. —Y lo sabes.

—¡Nya! —maulló Mirna con tono de reproche.

El joven se quedó sin palabras parado junto a la chimenea, avasallado por las muestras de amor de sus compañeros de aventuras.

—Tal vez solo quedamos siete. —observó Walter sacudiendo la cabeza. —Pero seremos siete espinas listas para clavarse en los pies del Enjambre o del Imperio si intentan pisarnos. —dijo con una sonrisa cómplice.

—Ocho. —lo corrigió Silvana. —Dante pronto se unirá a nosotros. —exclamó sacudiendo la cola.

Los demás la miraron sorprendidos. —Es cierto. —la apoyó Rita con evidente entusiasmo pintado en el rostro. —Pronto seremos ocho y será el comienzo de una nueva etapa para La Orden.

—Tal vez ocho y medio. —dijo Dirk mirando con curiosidad hacia el extremo opuesto de la chimenea, donde había un par de sillones ubicados junto a la pared, en un rincón donde la luz del hogar no llegaba a iluminar demasiado.

Todos se levantaron de inmediato de sus lugares al comprender que Dirk se refería a los extraños que estaban acurrucados en aquel rincón y habían pasado completamente desapercibidos hasta entonces. —¿Quienes rayos son esos dos? —preguntó alarmado Alex mientras encendía todas las luces de la sala de estar con un gesto de su mano sobre la interfaz de gestión. —¿Desde cuando…?

Dirk se cruzó de brazos y suspiró. —Ya estaban ahí cuando llegué hace rato. —dijo encogiéndose de hombros.

Silvana se acercó y reconoció rápidamente el rostro del joven dormido. —¿Da-Dante? —exclamó sorprendida.

Dante y Diógenes estaban acurrucados uno contra el otro compartiendo el mismo sofá y la misma manta y dormían plácidamente frente a las miradas de incredulidad de los siete miembros de La Orden que no podían creer lo que veían.

—¿Como rayos han entrado al Clan Hall sin ser miembros? —preguntó Walter rascándose la cabeza. Matilda y Alex intercambiaron miradas sombrías. —Esto es….

—A mi me preocupa más saber quién es el extraño. —dijo Dirk frotándose la barbilla.

—Al menos parece ser alguien de confianza de Dante, eso me hace sentir un poco más tranquila. —observó Matilda tras lo cual se volvió hacia Alex. —¿Puedes saber cómo hicieron para entrar por medio del Log del Clan Hall? —preguntó.

—Lo-lo intentaré. —respondió Alex haciendo varios gestos con la mano para localizar la página que gestionaba las visitas de los jugadores al edificio de La Orden, pero antes que pudiera desplegar la ventana, una voz proveniente de la entrada que daba a las cocinas hizo que todos giraran las cabezas.

—Disculpe el atrevimiento, Señor. —dijo el mayordomo haciendo una reverencia hacia Alex. —He sido yo quien ha dejado entrar a esos aventureros esta mañana.

Si los siete miembros del Clan se habían sorprendido al ver a los dos jugadores durmiendo plácidamente en el rincón, ahora estaban todos con las bocas abiertas por la sorpresa. —¿Como que has sido tú…? —preguntó confundido el líder de La Orden apartado las ventanas de frente a sus ojos para poder ver mejor al NPC que había aparecido ante ellos.

—El Aventurero Dante es un candidato a unirse a esta casa. —respondió con total normalidad el mayordomo. —Creí que sería oportuno ofrecerle un lugar para descansar ya que al parecer él y su compañero volvían de un largo y fatigoso viaje.

—Dime que es una broma. —dijo Matilda llevándose la mano a la frente. —¿Desde cuando…?

—Los permisos de acceso al Clan hall están seteados tal y como yo los dejé configurados. —explicó el joven mientras desplegaba las ventanas. —Es imposible que pudieran entrar por su cuenta.

—Esto no tiene sentido. —dijo Walter.

—¿Sabes quien es el compañero de Dante? —preguntó Rita en cambio.

—Solo se que su nombre es Diógenes. —respondió el NPC.

—¿Diógenes? —repitió confundida Silvana. —Nunca oí ese nombre.

—Pero yo si. —dijo Dirk avanzando hacia el centro de la habitación. —Y me imagino que debe ser el mismo Diógenes que suele merodear los alrededores de la Biblioteca Principal en la ciudad de Mir.

Aquel nombre despertó alarmas en todos los presentes. Todos habían oído sobre los disturbios en aquella ciudad y estaban al tanto de los rumores.

—Mir… esto no puede ser una casualidad. —dijo Matilda.

—¡Nya!. —exclamó Mirna coincidiendo con la Espadachin.

El NPC volvió a inclinarse. —Con su permiso Señor, volveré a mis tareas habituales.

—Si… por supuesto, gracias por la información.

El mayordomo volvió a hacer una reverencia y salió de la habitación en dirección a la cocina, dejando a todos los presentes sumidos en un profundo silencio, silencio que fué roto por Matilda mientras se rascaba la cabeza en evidente estado de frustración. —¡Arggh! —exclamó. —¿Que se supone que es todo esto?

Alex revisó la información de sus registros y la mostró a sus compañeros. —Supongo que al menos puedo confirmar la veracidad de los hechos. —dijo. —En efecto Dante y ese jugador desconocido entraron al Clan Hall a las cinco y cuarenta y tres de la mañana y sus personajes aparecen listados como "Invitados temporales", estado que se revirtió a "Extraños" en cuanto se desloguearon de Calypso.

—¿Que significa eso? —preguntó Silvana.

—Evidentemente ellos no abrieron la puerta, ya que esa acción solo pueden hacerlo los miembros de La Orden registrados… y nuestro mayordomo. —agregó suspirando.

—¿Deberíamos reportarlo a los administradores como un "Bug"? —preguntó Rita. —Se supone que la seguridad de los Clan Halls debe ser completa y son una zona donde los jugadores puedan sentirse a salvo… que alguien completamente ajeno pueda entrar así tan fácil...

—No hay "Bugs" en Calypso. —dijo Dirk. —O al menos eso es lo que afirman los dueños del juego…. creo que esto podría ser digno de investigar.

Alex asintió. —En todo caso solo Dante y su compañero conocen la respuesta a este acertijo. —dijo. —Pero me preocupa que algo como esto pueda ser usado por El Imperio o El Enjambre para sus actividades de espionaje.

—¿Crees que ellos pueden haber usado la misma modalidad para infiltrar otros clanes? —preguntó Walter notoriamente alarmado.

—Es posible.

Pero Dirk sacudió la cabeza. —Si hubieran hecho algo así, han guardado demasiado bien el secreto, especialmente de mi gente. —afirmó pensativo.

Antes que Alex pudiera responder un aviso sonoro hizo que desviara su atención momentáneamente del Informante. —Es un aviso del sistema de registro del Clan Hall. —exclamó el joven. —Un personaje ajeno a La Orden acaba de aparecer dentro de la propiedad.

Todos se giraron hacia el rincón donde descansaban los dos extraños y vieron como un pequeño indicador sobre la cabeza de Dante informaba que el jugador estaba En Línea en ese momento. El joven abrió los ojos y miró la habitación llena de personas que lo miraban con atención.

—Eh…. ¿Hola? —saludo haciendo un gesto con la mano.

—¡Dante! —exclamó Silvana avanzando hasta ponerse delante del joven. —¡Realmente eres tu!

El joven estratega se quitó la manta y volvió a colocarla sobre Diógenes, que seguía durmiendo plácidamente. Inmediatamente se volvió hacia los demás y se inclinó a la manera japonesa para disculparse. —Siento mucho haber entrado a su propiedad sin haber sido invitado. —se disculpó.

Alex suspiró aliviado. —Eres bienvenido cuando gustes, Dante. —respondió el joven con una sonrisa. —Nos sorprendimos cuando descubrimos que estaban durmiendo en ese rincón, pero no tienes que disculparte, tú eres un conocido de la casa y nuestras puertas están abiertas siempre a los amigos.

Dante se incorporó y señaló al jugador dormido. —El es Diógenes. Un jugador que conocí en Mir y me acompañó todo el camino hasta aquí. —explicó. —Dijo que se conectaría en un rato, así que dejaré que se presente el personalmente en cuanto despierte, creo que seria una buena adición a La Orden.

El rostro de Silvana se iluminó de alegría. —¿En serio? —dijo emocionada.

—Diógenes no es muy bueno luchando, pero sabe un montón sobre el juego y sus NPC's. Estoy seguro que sus talentos resultarán invaluables para tu y tus amigos, Silvana. —aseguró el muchacho. Dante entonces reparó en la presencia del informante en el rincón y le dirigió un gesto con la mano. —Gracias por la ayuda, Dirk. —dijo. —Lo que nos pediste ya está hecho.

El hombre asintió con la cabeza en silencio mientras Matilda examinaba al joven de arriba a abajo. —Estas hecho un desastre. —dijo mirando la ropa desgarrada y las manchas de barro. —¿Mir? ¿Y qué rayos hacías allí?

Dante volvió a hacer una reverencia. —Lo siento. —volvió a disculparse. —Hay… ciertas cuestiones de las que no puedo hablar por el momento, trataré de explicarles mejor más adelante, pero por el momento un compromiso me obliga a no discutir algunos detalles.

Los demás presentes escucharon asombrados esas palabras, pero Alex se adelantó y puso su mano en el hombro del joven. —Está bien Dante, no te preocupes. Nos alegra verte bien y a salvo y no importa lo demás; eres bienvenido a La Orden cuando gustes.

—Gracias. —volvió a repetir Dante. —Hoy tengo el día libre así que me gustaría aprovechar para aprender algo más del juego. —dijo.

—Bueno si, es sábado al fin y al cabo. —observó Silvana. —Se que tu Jefe es terrible pero... ¿Eso significa que también te hace trabajar los fines de semana? —preguntó confundida. Dante se rascó la cabeza. —No me sorprenderia. —dijo. —El caso es que mi Jefe y su ayudante están ahora durmiendo profundamente y no creo que pueda volver a hablar con ellos hasta el lunes.

—¿Durmiendo? —preguntó Matilda confundida.

—Privación de Sueño. —explicó Dante. —Parece que no durmieron durante setenta y dos horas consecutivas y se mantenían despiertos a base de bebidas energéticas… anoche colapsaron en el suelo de la oficina y esta mañana cuando los encontré desmayados tuve que llamar una ambulancia para que los revisaran.

—Wow.—exclamó Rita. —Deben ser jugadores muy Hardcore.

Antes que Dante tuviera que disculparse nuevamente por no poder responder a las preguntas de aquellos jugadores, Diógenes lo salvó apareciendo On-Line en ese preciso momento. El ícono sobre su cabeza giró varias veces y el jugador abrió los ojos.

—Buenas tardes. —dijo mientras salía de debajo de las mantas.

Los demás esperaron a que el extraño terminase de arreglar sus precaria túnica, cosa que Diógenes hizo lo mejor que pudo.

—Me llamo Diógenes. —comenzó a hablar el hombrecito haciendo una reverencia. —Permítanme primero disculparme por haber entrado a vuestra casa sin el permiso debido. —se disculpó.

Alex se adelantó y extendió la mano hacia el jugador. —Mi nombre es Alex, soy el líder de La Orden y déjame ser el primero en presentarse y darte la bienvenida. —dijo. —Si eres amigo de Dante, también lo eres de todos nosotros.

Diógenes estrechó la mano del joven y ambos sonrieron mientras Dante se cruzaba de brazos. —Hubiera sido genial si nos despertabamos los dos juntos. —dijo sacudiendo la cabeza.

—Lo siento Dante. —respondió el jugador. —Se que prometí conectarme contigo pero… bueno, hubo novedades y parecen importantes. —dijo.

—¿Noticias? —preguntó el joven estratega.

—Acabo de leerlo en uno de los foros. —explicó Diógenes mientras manipulaba una ventana en su Interfaz de Usuario. —Creo que deberías ver esto.

Arrojó la ventana hacia Dante quien la tomó con un gesto de la mano y la desplegó sobre su propia interfaz. —Mierda. —dijo al leer lo que mencionaba la noticia.

—¿Pasó algo malo? —preguntó Silvana.

—Me temo que si. —respondió el joven mirando a Diógenes. —¿Esto es de ahora?

El hombrecillo sacudió la cabeza. —Sucedió hace al menos una hora, esto es una filtración por supuesto…

Dirk parecía haber recibido la misma información también, ya que en ese momento tenía su propia interfaz desplegada y leia atentamente lo que ponían en aquella página. —Una explosión en El Salto del Ermitaño. —dijo el Informante mirando fijamente a los recién llegados. —Una parte de la cara del risco por donde desciende la cascada colapsó y cayó al lago, reportan que varios soldados del Imperio que habían montado un campamento cerca fueron aplastados por las rocas.

Diógenes y Dante se miraron un segundo. —Espero que Karina esté bien. —dijo el jugador.

Dante asintió, pero no dijo lo que pensaba.

Que casi con seguridad su compañera había destruido el VF para que no cayera en manos del Imperio.