Dante desapareció en medio de una explosión de pixels y los miembros de La Orden (Y el recluta Diógenes) quedaron en silencio en la pequeña sala donde el fuego crepitaba alegremente en la chimenea.
El jugador recién llegado suspiró y se sentó en uno de los sillones ante la curiosa mirada de los demás. —Espero que la joven Karina esté bien.—dijo.
Alex se cruzó de brazos y miró las llamas del hogar. —Algo me dice que Dante no querría que te preguntemos nada sobre su repentina salida y esa tal "Karina" —razonó. —Al menos espero que no haya sido nada grave, pero por lo que acabo de escuchar...
Dirk caminó unos pasos hacia el centro del salón y cerró su interfaz de comunicaciones. —Sea lo que sea que sucedió en el Salto del Ermitaño, El Imperio acaba de poner una recompensa por información en varios de los tablones de Quest.
Dicho eso compartió el cartel con la petición de información que el Clan más poderoso de todo Calypso había comenzado a distribuir por todas las redes sociales de la Colonia.
—Jugador Femenino, posible asesino o Pícaro, 1,85m, contextura delgada, nivel alto. Última ubicación conocida: Salto del Ermitaño. —leyó Matilda. —Jugador masculino, cabellos castaño oscuro, lampiño, guerrero, 1,87m, contextura media, nivel bajo/medio. Última ubicación conocida: ciudad de Jenne.
—¿Y nada sobre mi? —preguntó decepcionado Diógenes. —De seguro otra vez me han tomado por un NPC.
—Nyan.
Los demás se volvieron al escuchar el maullido de Mirna y vieron que la joven chica gato estaba espiando por una de las ventanas que daban al exterior. —Nya. —volvió a exclamar mientras se le erizaba la cola.
—Dejame adivinar… tenemos custodia exclusiva en el frente del Hall. —dijo Matilda con una sonrisa.
—Dos soldados del Imperio y un mago de soporte. —informó Alex mirando por entre las cortinas hacia donde los tres hombres estaban apoyados contra una pared mientras vigilaban la puerta cerrada del edificio. —De seguro es alguna especie de especialista en magia de adivinación.
—Lo que significa que cada vez que entre o salga alguien de aquí será minuciosamente examinado y reportado. —razonó Walter. —Dudo que podamos salir sin ser vistos incluso usando los pergaminos de invisibilidad que tenemos.
—Hijos de puta. —exclamó Rita. —Se creen los dueños de la ciudad.
—Técnicamente lo son. —la corrigió Alex suspirando. —En todo caso no hay nada que hacer al respecto; tendremos que adaptarnos a la nueva situación.
Los demás guardaron silencio al comprender que una nueva campaña de hostilidad hacia ellos estaba por comenzar y esta vez no sería solo maltrato y desprecio en las zonas de cacería de monstruos y calabozos. Ahora ellos serían un blanco de sus guerreros.
—Un momento… ¿Alex, verdad? —dijo Diógenes incorporándose del sillón. —Esto no tiene nada que ver con ustedes, no es necesario que El Imperio les declare la guerra.
—No dejaremos que esos hijos de puta los cacen a ustedes como conejos por todo Calypso. —dijo Matilda apretando el puño con fuerza. —No abandonamos a un camarada en apuros.
Diógenes la miró confundido. —Por si no lo recuerdan, todavía no me uní a este Clan. —dijo. —No tienen por qué involucrarse en esto…
—Tarde para eso. —respondió Alex. —Ya le hemos dado a Dante nuestra invitación y no nos echaremos atrás, lo mismo contigo y con esa misteriosa jugadora llamada Karina, si también quiere unirse a esta casa.
—Además, nadie conoce la identidad de ustedes dos. —les recordó Silvana moviendo la cola entusiasmada. —Si los mantenemos ocultos es posible que evitemos a los matones del Imperio por completo.
Aquello hizo que el ánimo de todos mejorara un poco, pero Dirk sacudió la cabeza sin estar convencido de aquello. —Es posible que la identidad de esa mujer se mantenga en secreto… si es quien yo creo que es, tuvo la precaución de llevar siempre una capucha sobre su rostro. —dijo recordando lo que había pasado en las catacumbas. —Dante por otro lado estuvo siempre con la cara descubierta, es cuestión de tiempo antes que alguien ponga un nombre a su rostro.
Alex levantó la mano y el silencio se hizo de inmediato en la sala. —Dejaremos las especulaciones para más adelante, además es algo que me gustaría discutir con Dante personalmente y ya que él no está aquí ahora mismo, será mejor ocuparnos de otro tema.
Dicho esto desplegó su interfaz y seleccionando una ventana la envió hacia el confundido Diógenes. —Esta es la solicitud para ingresar a La Orden. —explicó. —Es una membresía estándar de los Guids de Calypso, pero recomiendo que leas el estatuto de los compromisos que tomamos; La Orden no participa en guerras por poder o territorio, solo podemos participar en combates PvP como respuesta a una agresión sin provocación previa y solo cazamos monstruos que pongan en peligro a las personas y animales del planeta.
Diógenes tomó la ventana que flotaba en el aire y usando un lápiz de luz que apareció en su mano colocó su firma en el espacio que aparecia resaltado para ello. De inmediato su estatus cambió y los indicadores de facción aparecieron frente a sus ojos y sobre su cabeza.
—Bienvenido a la Orden, Diógenes. —dijo Alex extendiendo la mano. —Ojalá puedas divertirte y pasar un buen rato con nosotros.
El jugador estrechó la mano del líder y sonrió complacido. —El placer es mío. —dijo. —Además ya me estaba aburriendo un poco de jugar solo.
—¿Esta es la primera vez que entras a un Clan? —preguntó asombrada Silvana.
—Así es, desde que llegué a Calypso he estado todo el tiempo jugando solo en Mir y si no fuera por Dante, de seguro todavía estaría allí.
Dirk se rascó la barbilla. —Desde que apareció ese joven las cosas han empezado a sacudirse por completo. —reconoció con una sonrisa que dejó al descubierto su blanca dentadura.
—Díselo a los del Imperio. —respondió el nuevo integrante de La Orden.
Los demás miembros estrecharon la mano del recién llegado e intercambiaron contactos en la interfaz de comunicaciones. Una vez terminadas las formalidades, Rita examinó al jugador de arriba a abajo. —Lo primero que vamos a hacer es darte equipo nuevo. —dijo sacudiendo la cabeza. —¿Que clase de harapos llevas puesto? ¿Y que arma usas?
—Ni siquiera estoy segura si su personaje tiene una clase definida. —observó Matilda. —¿Que clase de personaje es tu avatar? —preguntó.
—Hasta ayer era un aprendiz de Escriba. —explicó. —Pero al parecer ya no lo soy.
Alex lo miró con preocupación dibujada en el rostro.—¿Qué quieres decir? —preguntó confundido.
Diógenes abrió una ventana de su interfaz y tras activar el modo de compartir información privada, envió la imagen de sus atributos al centro de la habitación. —Miren ustedes mismos. —dijo.
—"Archivista" —leyó Silvana en voz alta, entonces observó el listado de atributos. —¡Oh! —exclamó al comprender que todos ellos eran de un simple dígito, salvo uno.
—¿100 en Sabiduría? —exclamó Walter abriendo los ojos como platos. —¡Deculture!
—Eres… un natural. —dijo Rita sin poder creer lo que veía. —¿Como…?
—Ni yo lo comprendo todavía. —explicó Diógenes cerrando la ventana. —Supongo que es una de las razones por la cual sigo junto a Dante; para descubrir qué rayos le ha pasado a mi personaje desde ayer por la noche.
Matilda se cruzó de brazos y miró al nuevo jugador. —Es impresionante. —reconoció. —Pero el resto de tus stats son…bueno, literalmente basura, para ser lo más delicada posible al decirlo. —agregó.
—Nya. —coincidió Mirna moviendo la cola, pero Alex no parecía muy convencido. —No es el primer jugador con una base de stats inadecuada para el combate. —dijo sacudiendo la cabeza. —Hay muchas formas de ganar experiencia en Calypso y estoy seguro que todos podremos ayudar a Diógenes a desarrollar su profesión sin necesidad de exponerlo al peligro de una batalla.
—Muchas quest exclusivas de los clanes generan experiencia en forma pasiva para todos los miembros del grupo. —explicó Rita. —Siempre que logremos los objetivos propuestos, todos recibimos una parte de lo ganado.
—En todo caso… ¿Que es lo que hace un Archivista? —preguntó intrigada Silvana sacudiendo las orejas. —¿Es una especie de… bibliotecario…?
—Algo parecido. —aclaró Diógenes. —Archivista es una clase que se escoge cuando un Escriba realiza su prueba de aptitud y puede elegir una especialidad en base al camino del conocimiento que prefiera… en mi caso, mis posibilidades eran ser un Arcanista o un Archivista.
—¿Arcanista? —preguntó confundida la chica-gato.
—Los Arcanistas son sabios especializados en la magia, los hechizos y las fuerzas sobrenaturales que dominan Calypso. —explicó Alex.
—¿Entonces son los magos más poderosos? —volvió a preguntar la joven Druida.
—No. —dijo Diógenes. —No son magos… entender la magia no es igual a utilizarla: Los Magos o Hechiceros (Y otras clases que se basan en las fuerzas arcanas como herramientas para desarrollar sus poderes) utilizan la energía mágica canalizandola directamente en el momento de usarla en base a lo que aprendió en sus libros o adquirió a lo largo de su entrenamiento. Un Arcanista no tiene acceso a esa energía directamente, sólo puede sentirla y entenderla y eso es lo que los hace tan valiosos e importantes.
—Los Arcanistas son quienes crean nuevos hechizos, los escriben en los libros y dejan que los magos los aprendan y los utilicen. —explicó Alex.
—¿Entonces ellos no pueden usar magia? —preguntó Walter confundido.
—Oh si, claro que pueden… pero en forma de varitas, bastones y otros artefactos que canalicen la magia por ellos. —respondió Diógenes. —De hecho son los más hábiles usuarios de artefactos mágicos y quienes pueden sacar el máximo poder de ellos.
—Comprendo. —dijo Silvana. —¿Y el Archivista? ¿Qué es lo que hace?
—Los Archivistas se especializan en el conocimiento general; la historia, las leyendas, el folklore y la cultura. Son quienes llevan los registros del reino y escriben las crónicas que luego forman parte del "lore" de Calypso. —explicó Diógenes.
Rita lanzó un silbido de asombro. —Eso sí que es una profesión. —exclamó la muchacha. —¿Así que tu clase solo gana niveles entre libros y pergaminos…? ¿Y eso es… divertido? —preguntó.
Diógenes soltó una carcajada. —Oh no… bueno, no dudo que para algunos lo sea… pero las Bibliotecas no tienden a tener libros infinitos. —dijo guiñando un ojo. —Incluso la gran Biblioteca de Mir solo tiene un número finito de ellos y aunque cada tanto llega alguno nuevo, el conocimiento es limitado.
—¿Entonces…? —preguntó Matilda.
—Trabajo de Campo. —respondió Diógenes. —Los Archivistas suelen ser los mejores arqueólogos, científicos y observadores.
—¿Arqueólogos? —exclamó asombrada Silvana.
—Este planeta está lleno de ruinas de antiguas civilizaciones y un Archivista puede aprender muchas cosas analizando los objetos que hay dentro de ellas, luego ese conocimiento se puede escribir en libros y pergaminos para enriquecer la historia de todo Calypso.
Alex sonrió satisfecho. —Realmente La Orden es muy afortunada de reclutar a alguien de los conocimientos y habilidades de Diógenes. —dijo. —Que un clan tan pequeño como el nuestro tenga acceso a una clase de especialización como la que posee un Archivista….
—¿Tan escasos son? —preguntó intrigado Walter.
—Si. —respondió el joven de anteojos. —Entrenar a uno de ellos demora varios meses completos de estudio y dedicación veinticuatro horas al dia, casi un año completo solo para prepararse como escribas antes del cambio de clase y eso ni siquiera es una garantía que puedan ser reconocidos como verdaderos Archivistas por los sabios de la Biblioteca...el test es muy largo y difícil… pero principalmente es costoso.
—¿Costoso? —preguntó Rita.
—No se muy bien el procedimiento. —reconoció Alex encogiéndose de hombros… pero se que es bastante caro.
—Hay que sobornar a todos los sabios y acólitos de la biblioteca. —dijo Dirk desde su rincón oscuro. —No es tanto el pasar una prueba de conocimientos, sino convencer a todos los sabios en ponerse de acuerdo a cambio de una buena cantidad de oro.
—Cantidades de oro del cual no todos los jugadores disponen. —agregó Alex.
Diógenes se encogió de hombros. —Al menos esa parte yo me la salté. —reconoció. —Pero me temo que ni yo puedo explicar con seguridad que es lo que pasó anoche, aunque tengo mis sospechas…
—Y por supuesto, están relacionadas con Dante. —dijo Matilda poniendo los brazos en jarra. —Más le vale a ese chico dar un par de respuestas pronto o nos quitará el sueño a todos.
Alex levantó la mano. —Ya dí mi promesa que no lo haríamos sentir incómodo con preguntas. —afirmó el joven. —Dante tendrá sus buenas razones para no contarnos sobre su vida o trabajo y yo estoy de acuerdo con ello: al fin y al cabo estamos aquí en Calypso para jugar y pasarla bien ¿No es verdad?
Nadie más cuestionó a su líder y Alex estuvo satisfecho. —Mientras esperamos a Dante voy a mostrarte el Clan Hall. —dijo. —¿Vienes?
—Será un placer. —respondió Diógenes.
Dejaron a los demás charlando en el recibidor y fueron hacia el pasillo que conectaba las diferentes áreas de la planta baja. Alex le enseñó la sala de consejo con su gran chimenea y la mesa de reuniones y luego pasaron a las cocinas, donde el Mayordomo y el cocinero saludaron amigablemente a Diógenes como si lo conocieran hace tiempo.
—Felicitaciones en unirse a esta casa. —dijo el NPC haciendo una reverencia hacia el jugador ante la sorprendida mirada de Alex. —Cualquier cosa que necesite, estoy a su servicio.
—Gracias. —respondió el jugador devolviendo la cortesía. —¿Tienen muchos empleados trabajando en la casa? —preguntó dirigiéndose a su compañero.
—Tres. —respondió Alex aún no repuesto del todo de la sorpresa. —Nuestro Mayordomo al que ya conoces, el cocinero Phill y una Mucama llamada Maria. —dijo tras lo cual miró a Diógenes. —Tus habilidades de interacción con los NPC's son… sorprendentes. —reconoció. —¿Es gracias a tu elevado puntaje en Sabiduría? —preguntó.
Diógenes se rascó la cabeza. —Es posible. —dijo. —Aunque la verdad es que siempre me ha gustado hablar con ellos en cada juego que pruebo y en Mir era casi lo único que podía hacer, debo haberme vuelto extremadamente bueno en eso
Salieron de las cocinas y recorrieron la sala de entrenamiento que se encontraba en la parte trasera del edificio. Luego visitaron el taller de Rita y finalmente regresaron al pasillo central para subir al primer piso.
—Aquí están las habitaciones de los miembros. —explicó el joven de anteojos. —Hay… varias libres para que puedas elegir, como podrás observar. —dijo señalando las puertas abiertas. —Pero creo que tengo algo mejor en mente.
Caminaron por el pasillo y tras atravesar una puerta salieron a una amplia terraza exterior. Junto a una de las alas del edificio se elevaba una torre de modestas dimensiones, casi un capricho de decoración más que una construcción funcional. —Ven, subamos hasta arriba de todo. —indicó Alex.
Entraron por una puerta lateral y vieron una escalera caracol de metal oscuro con peldaños de madera que subía unos doce metros hasta la parte superior de la torre. —¡Oh! —exclamó asombrado Diógenes al asomar la cabeza por el hueco de la escalera y ver la habitación iluminada por la luz que entraba por un tragaluz en el techo de tejas.
La planta circular allí arriba apenas tenía unos cuatro metros de radio y habían montado una pequeña biblioteca. En las siete de las ocho paredes que formaban aquel octágono habían colocado estanterías llenas a rebosar de toda clase de libros. En la pared que quedaba libre habían instalado un placard, un cofre y algunos muebles de cuidado personal. El resto del mobiliario lo componian un par de mesas de escriba separadas por dos grandes estantes llenos de libros y un pequeño sillón de dos cuerpos al otro lado de las barandas que protegían el hueco de las escaleras justo en el medio de la estancia.
—Puedes usar La Torre como tus aposentos personales. —le indicó Alex. —Nadie la utiliza y a tu personaje le vendrá muy bien el bonus especial que dá estar en una de ellas.
Diógenes se volvió hacia el joven e hizo una profunda reverencia. —Le estoy inmensamente agradecido. —dijo emocionado. —Es… perfecto.
Alex se cruzó de brazos mientras miraba el cielo azul a través del cristal del techo. —Es una biblioteca pequeña, me temo que es lo mejor que pudimos permitirnos al momento de elegir este lugar… espero que puedas disfrutarla el poco tiempo que podremos mantenerla.
Diógenes se incorporó y miró preocupado al joven. —¿Como que por poco tiempo? —preguntó.
—El costo del mantenimiento se ha disparado. —reconoció Alex. —Y ya no ganamos tanto oro y botín como ántes para solventar todos nuestros gastos… es algo complicado, pero no te preocupes por ahora, ya tendremos tiempo de darte todas las malas noticias a su debido tiempo. —dijo tratando de aparentar despreocupación.
Diógenes asintió en silencio y ambos hombres abandonaron la biblioteca por la escalera caracol.
Cuando entraron al salón en donde habían dejado al resto de los miembros vieron con asombro que Dante se encontraba charlando junto a ellos.
—¡Dante! —exclamó Diógenes haciendo un gesto con la mano. —¿Cómo está Karina?
—Bien. —respondió el joven. —Ella tuvo un compromiso y tuvo que salir de Calypso, me dejó una nota junto al sillón en el que estoy recostado en la oficina, pero cuando me desconecte para buscarla ya se había ido.
—Oh. —respondió el jugador.
Lo que Dante no dijo era lo que había escrito Karina en la nota:
He sido convocada por mis superiores en carácter de urgencia. Para no comprometer más la confidencialidad de la operación me ví obligada a destruir nuestro equipo. En cuanto pueda regresar daré una evaluación detallada de lo ocurrido.
Teniente Karina O'Higgins
Dante sospechaba que la joven había recibido algo más que una simple llamada para regresar al cuartel: volar su nave en mil pedazos era algo que un piloto de combate solo haría en ocasiones excepcionales y aquellas extrañas órdenes no hacían más que aumentar el misterio. De seguro la noticia dejaría a Duval sin habla, pero no podía hacer nada al respecto, no estando solo y sin apoyo por parte de sus jefes o el de su compañera de trabajo.
—Sea como sea… supongo que ahora si tengo el día realmente libre. —dijo el joven encogiéndose de hombros. —Veo que ya has tenido un "Tour" introductorio ¿Que tal te pareció La Orden? —preguntó.
—Esta casa es hermosa. —reconoció el hombrecillo. —Estoy seguro que me sentiré muy a gusto aquí… ¿Y tu cuando te anotas? —preguntó Diógenes mirando a su compañero.
Alex se adelantó y sonrió mirando a Dante. —Creo que el honor de invitar a Dante le corresponde a Silvana. —dijo. —Ya que ella fué quien lo reclutó primero.
La joven Druida sacudió las orejas y usando sus manos invocó su interfaz de usuario. —De seguro nos divertiremos un montón juntos. —dijo mientras enviaba la solicitud a Dante.
El joven estratega aceptó el contrato y firmó digitalmente con la pluma de luz. De inmediato sus datos cambiaron y su nombre quedó finalmente registrado en la nómina de La Orden.
—Bienvenido sean ambos. —dijo Alex extendiendo los brazos. —Ojalá que tengamos muchas aventuras juntos y disfrutemos de todas las maravillas de Calypso como una gran familia.
Los nueve personajes lanzaron gritos de alegría y levantaron los puños hacia el techo para celebrar el acontecimiento.
—Todavía tenemos un banquete pendiente. —dijo Silvana moviendo la cola. —Deberíamos aprovechar y festejar también el ingreso de nuestro nuevo recluta.
Diógenes hizo una reverencia hacia la joven. —Me imagino que ella es la Druida de la que tanto me has hablado. —dijo mirando a Dante. —¿Es verdad que sus comidas son de categoría A+?
—Doy fe de ello. —respondió el joven. —También es una Druida muy poderosa.
La joven se puso colorada como un tomate de vergüenza. —Ba-Basta. —dijo bajando las orejas en evidente gesto de humildad. —No… no es para tanto.
Alex soltó una carcajada. —Me gusta la idea del banquete pospuesto, pero deberíamos aprovechar la tarde para salir a ganar algo de experiencia. ¿Qué dicen ustedes dos? —preguntó mirando a los nuevos reclutas.
—Claro. —respondió el joven. —Cuenten con mi espada.
Rita lo miró con curiosidad. —Ah… tu espada… ¿Me permites verla por cierto? —preguntó.
Dante recordó de pronto el estado en el que había quedado su arma y sacudió la cabeza. —Rayos… lo había olvidado… se desintegró el otro día luego de la batalla. —explicó abriendo su inventario.
—¿La sangre del troll, verdad? —dijo la joven suspirando. —Supuse que a estas alturas no quedaría mucho de ella. Me olvidé de advertirte que esa cosa era prácticamente un ácido y corroe cualquier metal sin protecciones mágicas… bueno, al menos tu espada de novato no era la gran cosa.
Dante extrajo lo que quedaba de su arma y mostró la empuñadura envuelta en las tiras de cuero desgastado. —Supongo que no tiene arreglo… ¿Verdad? —preguntó mientras ofrecía el trozo de metal para que la herrera lo tomara.
—Podría forjarte una cuchara si quieres, para conservar de recuerdo tu primera espada. —explicó sonriente la joven examinando los restos oxidados en una de las ventanas de su interfaz dedicada al equipo y su mantenimiento. —Pero en realidad no sirve siquiera para eso, esta clase de metales es…
La forma en que la frase quedó inconclusa hizo que todos miraran a Rita con curiosidad.
—Dime que es una broma. —exclamó la joven con el rostro blanco como la leche.
—¿Pasa algo? —preguntó Dante sin entender lo que pasaba. Desde el rincón los ojos de Dirk brillaron con curiosidad.
Rita se pasó la mano por delante del rostro como si creyera estar viendo un fantasma. —Esto…. esto no puede estar pasando. —exclamó con un hilo de voz
—Rita. —dijo Alex ahora evidentemente preocupado. —¿Qué pasa con esa espada? ¿Qué es lo que tiene?
La joven hizo un gesto con la mano y envió la ventana de identificación del objeto al centro de la habitación para que todos pudieran verla. —Eso. —dijo señalando el ítem con el dedo. —Eso… eso no puede estar bien.
—Una Espada.. ¿Legendaria…? —leyó Matilda poniéndose blanca ella también. —¿Como rayos…? ¿Que clase de ítem es ese?
En la ventana de la interfaz aparecían los restos de la espada carcomidos por la sangre del Troll, pero el color dorado del fondo y la tipografía que describe el arma y sus propiedades eran inconfundibles. Eran los restos de un Arma Legendaria, la espada que hubiera usado un héroe de leyenda.
Alex dió un paso al frente y extendió su mano hacia los restos de metal que sostenía Rita. —Reconocer Objeto. —recitó mientras sus ojos brillaban bajo los lentes.
Un pequeño resplandor bañó sus manos y una nueva ventana apareció junto a la que había desplegado la joven herrera. —Es genuina. —confirmó el líder de La Orden. —Miren la descripción del arma.
—«El Despertar de una leyenda» —leyó Silvana. —¿Que significa?
—Significa que la espada ha alcanzado su condición de legendaria recientemente. —explicó Diógenes. —¿Esta era una espada común y corriente originalmente? —preguntó volviéndose hacia los demás.
Rita asintió. —Si, yo misma le dí una afilada con mis piedras especiales para aumentar su daño el otro día durante la salida que hicimos a las ruinas de la ciudad subterránea… era solo una espada de novato hecha de hierro basto común y corriente entonces.
Diógenes se rascó la barbilla. —Es evidente que algo que hicieron con ella hizo que su condición de objeto aumentará en forma desproporcionada. —explicó.
—Dante enfrentó a un Troll de las Cavernas. —recordó Alex. —Es un enemigo muchísimo más poderoso que su avatar… de eso estoy absolutamente seguro. ¿Creen que ese acto de heroísmo pudo hacer que su espada "despertara"? —preguntó.
—Al menos así es como nacen las espadas legendarias en Calypso. —confirmó el Archivista. —La biblioteca de Mir está llena de libros que describen a héroes cuyas espadas adquirieron propiedades legendarias luego de derrotar a un Rey Demonio o un Dragón… pero nunca oí nada de Trolls de las Cavernas u otros monstruos "comunes".
Dante tragó saliva. ¿Era su encuentro con Vorax el causante de aquello? ¿El tocar con su espada uno de los dientes de la bestia había bastando para crear aquel cambio significativo en aquella espada barata? Aquello no le gustaba nada.
Los demás se volvieron hacia Dante. —¿Tienes alguna explicación para esto? —preguntó Matilda.
—Se tanto de ello como ustedes. —se justificó el joven. —La espada comenzó a deshacerse en cuanto nos separamos el otro dia y cuando la desenvainé se desintegró hasta la empuñadura… no volví a usarla desde entonces y solo utilicé un cuchillo que me prestaron.
—¿Puedo… puedo examinar ese cuchillo también?. —Preguntó inquieta Rita.
—Claro, lo tiene Diógenes, creo recordar.
Diógenes extrajo la daga que había utilizado para tratar la herida de la joven pescadora y se lo pasó a Rita. —Parece un cuchillo normal. —dijo extendiendo la empuñadura por delante hacia la nerviosa herrera.
Tras examinar el arma detenidamente la joven suspiró evidentemente aliviada. —Lo es. —dijo devolviendo el arma. —El acero es de Sammar, un buen metal que se trabaja en los reinos del norte, pero es un arma relativamente común entre pícaros y ladrones. —explicó.
—Quédatela. —dijo Dante rechazando la daga que Diógenes le ofrecía. —Creo que tú no tienes una ¿Verdad?
—No por cierto, hasta ahora nunca había tenido necesidad de utilizar una dentro de Mir. —aclaró el jugador. —Muchas gracias por el regalo.
—Alex.
El líder del Clan se volvió al oír la voz del Informante quien se acercó al centro de la habitación. —Dos Naturales y un Arma Legendaria en La Orden… esto no va a pasar desapercibido a los poderes de Calypso. —dijo con voz grave.
El joven de anteojos asintió con rostro serio. —Si… no tenemos que tomarnos esto a la ligera. —dijo volviéndose hacia todos. —Tendremos que guardar esto en secreto, tal como hacemos con las habilidades de nuestra Druida. —dijo mirando a Silvana. —Si la voz comienza a correr dentro del juego…
—Ya tenemos al Enjambre detrás de nuestra Druida. —dijo Matilda cruzándose de brazos. —Que ahora se sume el Imperio es algo así como la cereza del postre..
—Resolveremos eso más tarde. —dijo Alex levantando la mano. —Primero que Dante y Diógenes se instalen en sus nuevos aposentos y luego examinaremos que hacer para sacarnos al Imperio de encima.
Dante miró al joven a los ojos. —¿Crees que fue acertado aceptarme en La Orden en estas circunstancias? Mi presencia aquí podría causar más problemas de los que piensas.
—Como dije, más tarde pensaremos en eso… ahora será mejor que Silvana te enseñe tu cuarto y te pongas cómodo. —dijo Alex dando por terminado el asunto.
Los demás miembros de La Orden comenzaron a abandonar el salón pero Rita se acercó nuevamente al joven estratega. —Dante. —dijo mostrando los restos de la espada. —Tienes que decidir qué hacer con esto.
El joven guerrero se rascó la cabeza. —¿No puedes reforjarla o algo? —preguntó. —Me imagino que algo mejor que una cuchara podrás hacer con ella. —bromeó.
Pero la joven lo miraba con seriedad y no se rió de aquel chiste. —Hablo enserio. —dijo. —Esta espada está más allá de mis habilidades como Herrera. Necesita de forjas y Herreros de alto nivel así como materiales y encantamientos adecuados… el costo de restaurar una Espada Legendaria es...
—¿No puedes simplemente derretir esos pedazos y forjar una espada nueva? No necesito adornos ni hechizos, solo algo con un borde afilado para lanzar tajos. —dijo el joven encogiéndose de brazos.
—Rita es una Herrera magnífica. —dijo Alex poniéndose a su lado. —Y estoy seguro que puede hacer un excelente trabajo con esta arma, pero jamás podrías despertar todo su potencial y bonificaciones restaurandola en una forja pequeña como la nuestra. Deberias considerar…
—Quiero que Rita restaure mi espada. —dijo Dante muy seguro de sí mismo. —Confío en ella y se que hará un trabajo de primera, es todo lo que pido.
Rita y Alex cruzaron miradas de perplejidad. —¿Estás seguro? —preguntó la joven volviéndose hacia Dante. —Esta espada jamás alcanzará todo su potencial si la restauro con mis habilidades actuales, lo que estás pidiendo es un verdadero desatino…
—Hazlo… por favor. —pidió Dante haciendo una reverencia. —Restaura mi espada con tus mejores habilidades… no se cuando pueda pagarte pero… lo haré lo más pronto posible. —agregó.
—Tonto. —dijo la joven sonrojándose. —Jamás le cobraría a un miembro de La Orden y con respecto a esta espada... decir que es un honor es quedarme verdaderamente corta. —agregó.
—Gracias… estoy seguro que harás un trabajo excelente.
La joven herrera hizo una reverencia y se retiró de la habitación mientras apretaba con fuerza los trozos carcomidos de lo que quedaba de la espada legendaria. En aquel momento se dieron cuenta que Dirk ya no estaba más en la habitación. —No te preocupes. —dijo Alex. —Dirk aparece y desaparece continuamente, así es su personaje.
Dante asintió. —¿El Gremio de Informantes es verdaderamente neutral en esta guerra de poderes en Calypso? —preguntó.
—¿Desconfias de Dirk? —preguntó con seriedad Alex.
—No, en absoluto. —lo tranquilizó Dante. —Ya me ha ayudado una vez en Mir y estoy en deuda con él, pero recién me estoy haciendo una idea de todos los poderes en pugna que hay en este "juego" y la idea que se está pintando en mi cabeza me parece cada vez más sombría.
Alex sacudió la cabeza. —No puedo hablar por todo el Gremio de Informantes. —dijo. —Pero puedo hablar por Dirk y asegurarte que el confía plenamente en tí y nosotros en él.
Aquello pareció contentar al joven quien hizo un gesto con la cabeza y se volvió hacia Silvana. —¿Entonces… puedo escoger una habitación? —preguntó.
La joven movió las orejas encantada. —¡Claro! —dijo entusiasmada. —Mirna y yo te ayudaremos a decorarla si quieres.
—¡Nyan! —exclamó la arquera.
Los dos nuevos aventureros miembros de La Orden y las dos chicas-gato subieron por las escaleras hasta el primer piso y Silvana les mostró las habitaciones que se encontraban al final del pasillo. Eligieron una de las que tenía una ventana que daba al exterior y tras registrar el cofre y la cama a nombre de Dante (Lo que le garantizaba que tendría cierta privacidad dentro de aquella casa) Silvana le explicó lo básico de como cambiar las luces, color de las paredes y otros detalles estéticos para dejarla lo más agradable posible.
—¿Y tu donde vas a dormir? —preguntó Dante a Diógenes una vez que Mirna hubiese elegido unas cortinas adecuadas según su gusto (Mucho mejor que el de Dante definitivamente)
—Ya lo verás. —dijo guiñando un ojo. —Déjame mostrarte.
Diógenes los condujo hasta la torre exterior y cuando Silvana comprendió a donde iban se emocionó visiblemente. ¡Oh, la biblioteca de la torre! —exclamó. —Es un lugar hermoso, a veces la uso para leer algún libro que me presta Matilda.
El Archivista guió a sus amigos hasta la puerta que daba ingreso a la edificación y los cuatro subieron la escalera caracol hasta lo alto de la torre. Lo primero que sintió Dante fué el aroma de los libros. —Cada vez que siento uno de estos aromas me sorprendo de lo avanzada que son estas simulaciones. —dijo aspirando hondo. —Este lugar es fantástico.
Recorrieron la biblioteca y examinaron los muebles y los estantes, luego comenzaron a acomodar el lugar para que sirviera de alojamiento al Archivista. Tomaron dos de las repisas repletas de libros que se encontraban entre medio de los dos escritorios y las dispusieron en forma de "L" cerca de la pared donde estaba el placard para crear un pequeño espacio semi-privado en donde Diógenes pudiera acostarse a descansar. Movieron el sillón hasta la improvisada habitación y el jugador registró los muebles para uso privado.
—Listo. —dijo Silvana sacudiendo las manos. —Con esto podrás descansar tranquilo sin que nadie que venga a usar la biblioteca te moleste…. aunque no es que se utilice muy seguido, claro está. —dijo agachando las orejas.
—Nya. —corroboró Mirna.
Mientras tanto Diógenes había examinado uno de los estantes y tomó un enorme pergamino amarillento. —Creo que esto es interesante. —dijo. —¿Puedes preparar una mesa para desenrollarlo? —preguntó.
—Claro. —respondió Dante. El joven juntó ambos escritorios en el centro de la biblioteca y el Archivista (Ayudado por Mirna ya que por su estatura no lograba extender por completo el rollo entero) desenrollo lo que parecía un enorme y viejo mapa burdamente ilustrado con dibujos y referencias apenas garabateados en tinta negra. Luego colocó su daga en una punta para sostenerlo y la chica-gato hizo lo mismo en el otro extremo. —Mira. —dijo volviéndose hacia Dante.
—El Bosque Viejo. —leyó el joven estratega. —Pero que mapa tan…. básico. —dijo mirando los trazos desprolijos que podian significar sendas o arroyos sin ninguna referencia o algo que los diferenciara.
Silvana lanzó una exclamación de asombro. —¡Es el Bosque donde yo entreno siempre! —dijo entusiasmada.
Dante observó el rostro de la chica y sonrió al recordar su primer encuentro. —¿Es ahí donde nos conocimos? —preguntó.
La joven señaló un sector cercano a las planicies al Oeste de Jenne en donde una lengua del enorme bosque se adentraba en un valle y creaba una docena de apéndices que seguían los cauces de pequeños riachuelos.. —Estos son los "dedos" del bosque. —dijo con un tono melancólico en la voz. —Ya no existen; casi todos fueron talados durante el inicio del juego… solo queda uno y es en donde nos encontramos aquel día luego de huir de… ya sabes quien.
—Así que esta información cartográfica está desactualizada. —comprendió el joven estratega cambiando rápidamente de tema.—¿Por qué usar este viejo mapa si tenemos una versión digital en Alta Resolución en nuestras interfaces? —preguntó confundido. —Podemos hacer Zoom y poner marcaciones así como compartir puntos de ruta y ver la posición de nuestros compañeros en tiempo real.
Diógenes sonrió. —Calma novato. —dijo levantando la mano. —La Interfaz de juego es limpia y cómoda para usar todos los días, pero la información que puedes extraer de ella es muy limitada. —dijo mientras se daba vuelta y examinaba una de las estanterías repletas de libros. —Hay un libro muy común y famosos que… ah, aquí está. —dijo tomando un volumen encuadernado en color verde oscuro. —"Leyendas del Bosque Viejo" Recopiladas por el Bardo Jorín y transcritas por el Escriba Harold DuPont. —recitó mientras soplaba la tapa para quitar el polvo que se había depositado sobre el libro.
Volvió hacia ellos arrastrando una de las sillas para poder subirse a la misma y alcanzar bien la mesa con el mapa, tras lo cual depositó el libro abierto en una página al azar sobre el viejo pergamino. Luego revolvió entre sus gastadas ropas y extrajo dos pequeños objetos.
—¿Qué es eso? —preguntó Silvana intrigada moviendo las orejas de gato.
—Mis armas… o algo asi. ¿Acaso no dicen que la pluma es más poderosa que la espada? —preguntó mostrando el pequeño tintero de plata y una plumilla dorada. —Miren esto. —dijo.
Los tres compañeros se acercaron a la mesa del mapa y vieron como Diógenes introducía la pluma en el tintero tras lo cual volvió a inclinarse sobre el libro en donde realizó unos delicados y finos trazos con la pequeña pluma. para sorpresa de los demás el Archivista continuó deslizando la pluma por la hoja del libro hasta salir del margen. En cuanto la línea que trazaba la pluma tocó el pergamino del mapa que estaba debajo hubo un resplandor dorado y tuvieron que cerrar los ojos por la brillante luz. Al volver a abrirlos vieron que el libro había desaparecido.
—¡Nyan! —exclamó Mirna con la cola todavía erizada
—¿Que ha pasado? —preguntó Dante sin comprender lo que sucedía. Mirna y Silvana estaban aún con la boca y los ojos abiertos maravilladas por aquella magia.
—Como yo ya conozco este libro por haberlo leído docenas de veces, lo que he hecho es transcribir la información que está contenida en el al mapa. —explicó Diógenes. —Pueden corroborarlo por ustedes mismos.
En efecto, nuevas anotaciones habían aparecido sobre el mapa y eran fácilmente reconocibles por la diferencia de color de la tinta nueva con respecto a la que había utilizado el cartógrafo original. Vieron también que la zona que Silvana había identificado como "Los Dedos" ahora figuraba correctamente rotulada, pero no había cambiado la disposición del bosque ni los trazos que lo formaban.
—He volcado toda la información nueva que contenía este libro en el mapa. —explicó pasando la mano por la superficie de pergamino. —Como verán ahora aparecen lugares y marcaciones que antes no figuraban, pero no he terminado aún.
Dicho eso se inclinó nuevamente sobre el pergamino y mojando otra vez la pluma en la tinta deslizó el delicado instrumento por sobre la superficie escrita.
De inmediato el dibujo comenzó a cambiar frente a sus ojos; las líneas que formaban los contornos de ríos, montañas y la densa floresta que forma el bosque se transformó en un millar de pequeños gusanitos de tinta que comenzaron a danzar al ritmo de la pluma de Diógenes
—¡De-Deculture! —exclamó Silvana.
A medida que el Archivista movía el instrumento los trazos se volvían más detallados y precisos. Una docena o más de nombres aparecieron en medio del bosque indicando la presencia de ruinas y restos de caminos abandonados hacía cientos de años atrás. Cuando Diógenes retiró la pluma el mapa había vuelto a actualizarse.
—Eso que vieron fué el resultado de volcar mi memoria y conocimientos acerca del bosque en este mapa. —explicó el Archivista. —Como ven es algo que no se puede hacer con el simple mapa de nuestra interfaz.
Dante examinó el pergamino maravillado. —Es absolutamente genial. —dijo.
—Aunque no es tan bueno como la información actualizada de un satélite en órbita baja. —dijo Diógenes guiñando un ojo hacia Dante. —Pero es bastante preciso.
—Dudo mucho que un solo satélite pudiera captar lo que hay debajo de los árboles. —dijo Dante señalando las ruinas. —Se necesitarian al menos tres para una Interferometría láser de penetración terrenal y…
—Estaba bromeando. —dijo Diógenes soltando una carcajada. —¿En donde vamos a conseguir una cosa de esas en Calypso?
—Oh… claro claro. —respondió el joven soltando una risa nerviosa. —Por un momento creí que…
Mirna lo miró con curiosidad y movió las orejas intrigada. Antes que la situación pudiera volverse más comprometida para Dante, Silvana examinó con atención el mapa. —¿Por que estan ustedes dos interesados en el Bosque Viejo? —preguntó intrigada.
—Oh… —dijo Dante rascándose la parte de atrás de la cabeza. —Es solo una Quest que Diógenes tomó en Mir y es sobre algo que sucede en esa zona. —explicó sin muchas ganas de entrar en detalle. —Pensamos que la mejor forma de abordar el problema era comenzar a acumular intelig…. es decir información sobre el lugar y los caminos de acceso y todo eso.
Si la intención de Dante era restar importancia al asunto, lo único que hizo fué entusiasmar aún más a la chica-gato. Los ojos de Silvana brillaban con curiosidad y su cola empezó a moverse frenéticamente de un lado a otro. —¿Una Quest? ¿En el Bosque? —exclamó casi gritando.
Dante y Diógenes se miraron en silencio, pero la chica-gato no esperó una invitación. —Mirna y yo somos expertas en el Bosque Viejo. —dijo. —Podemos guiarlos a cualquier…. es decir, a casi cualquier punto dentro del mismo.
—Nyan. —corroboró la arquera.
Dante se volvió hacia la joven Druida. —¿Realmente conoces tan bien ese bosque? —preguntó intrigado.
—Oh si… Mirna y yo conocemos casi todo el lado sur de este lado de las montañas y algunas partes más allá del cauce del río Melk y la floresta que se extiende a lo largo de la cordillera.
Diogenes suspiró y señaló el mapa. —Esta joven podría tener información invaluable para nosotros. —dijo.
Pero Dante sacudió la cabeza. —No puedo involucrar más a La Orden en este asunto. —dijo. —Podría ser muy peligroso.
Las orejas de la chica se irguieron de pronto. —¿Corre peligro el bosque? —preguntó de pronto muy seria.
—Es… es posible. —dijo Dante pensando que no solo el bosque corría peligro en ese momento sino todo el maldito planeta.
—Entonces TIENES que dejar que te ayudemos. —exclamó la joven llevándose una mano al pecho. —Jure proteger al bosque y a sus habitantes a como dé lugar.
Pero el joven no estaba del todo convencido y trató de disculparse. —Es…. complicado. —dijo. —Apreciaría en serio tu ayuda, especialmente en lo que refiere al bosque, pero es un asunto delicado… tengo que evaluar el riesgo que implicaría involucrar a terceros en ello, además, tengo que reportar todo esto a mis Jefes y él siempre tiene la última palabra.
Silvana bajó la mirada y sus orejas se aplastaron contra su cabeza. —Yo… yo solo quiero ayudarte. —dijo decepcionada.
—Bueno… la intención es lo que cuenta. —dijo Diógenes haciendo girar la pluma dorada entre sus pequeños dedos. —Pero creo que podrías ayudar a Dante de otra manera mientras el espera una respuesta.
—¿En serio? —preguntó la chica-gato levantando las orejas.
El Archivista extendió la mano y ofreció el instrumento de escritura a la joven Druida. —Tu también puedes escribir en el mapa lo que conoces del bosque. —dijo. —De esa forma ayudarás a Dante sin evitar ponerte en riesgos innecesarios.
Silvana tomó con cuidado la delicada pluma y la examinó maravillada. —¿Es un ítem mágico? —preguntó.
—En absoluto. —respondió Diógenes haciendo un gesto con la mano. —Es por supuesto un ítem de hechura exquisita, pero no posee propiedades mágicas por sí mismo.
—¿Entonces cualquiera puede utilizarla? —preguntó Dante.
—Asi es, solo es necesario un poco de concentración y tener unos pocos puntos en sabiduría para poder invocar y comunicar información.
—No… no soy muy buena dibujando. —dijo la joven sonrojándose un poco.
—No te preocupes, deja que tu avatar se encargue de eso. —la tranquilizó el Archivista.
—¿Y la tinta? —preguntó Dante sospechando que había algo más en todo ello, pero Diógenes guiño un ojo y sonrió. —Secretos del oficio. —dijo.
La joven Druida se inclinó sobre el mapa y tras mojar la pluma en el frasquito de tinta apoyó con cuidado la fina punta sobre el pergamino.
—Ahora piensa en el lugar que quieres representar en el mapa. —explicó el jugador sentado junto a ella. —Mientras más se estimulen las partes del cerebro en donde tienes guardados esos recuerdos, mejor serán representados en el lienzo. Puedes cerrar los ojos si quieres; tu mano se encargará de traducir tus memorias al pergamino sin necesidad de que mires lo que haces.
Silvana asintió y cerró los ojos. Inmediatamente pensó en el bosque y en los animales, en las plantas y árboles que había visto a lo largo de su estadía en Calypso, en los pequeños riachuelos que había cruzado y los senderos ocultos que ella y Mirna descubrian en lo más profundo de la floresta.
Las imágenes se agolparon en su mente y los olores del bosque parecieron flotar en la pequeña biblioteca. El silencio fué reemplazado por el suave susurro de las ramas de los árboles que se mecían al viento mientras pájaros de todas clases cantaban a su alrededor. Cuando abrió los ojos no podía creer lo que tenía delante.
—¿Yo hice eso? —preguntó confundida volviéndose hacia sus compañeros.
Ante ella el pergamino se había transformado con una explosión de colores que la chica jamás había visto en su vida. Cada colina, cada arroyuelo, cada senda estaba trazada no solo con un detalle exquisito, sinó con colores y texturas de extraordinaria nitidez. Era un mapa completamente diferente del que Diógenes había desenrollado en la mesa al principio, pero lo que más le sorprendió fue ver a sus amigos sentados cómodamente en el sillón mientras la miraban con curiosidad.
—¿Desde cuando…?
—Desde hace media hora. —dijo Diógenes bajando el libro que estaba leyendo. —No quisimos interrumpir tu concentración.
—¿Me-media hora? —preguntó incrédula la joven volviéndose hacia el mapa. —Pero…
Dante y los demás se acercaron y observaron el maravilloso trabajo. —Es increíble. —dijo el joven estratega. —Jamás había visto algo como esto… ¿Esto es el poder de un "natural"? —preguntó.
—Nya. —afirmó Mirna olfateando el mapa.
Diógenes se acercó a la mesa y de entre sus ropas extrajo lo que parecía ser una pequeña lente de aumento encastrada en un fino marco dorado tras lo cual se inclinó sobre el pergamino para examinar más de cerca el trabajo de la joven. —Oh por todos los cielos. —exclamó maravillado. —Puedo distinguir el dibujo de cada árbol individualmente en ciertas partes del bosque. —dijo.
—¿Árboles individuales…? —preguntó asombrado Dante. —¿Como…?
El Archivista observó con atención con el ojo pegado a la lente mientras se movía sobre el mapa con la avidez de un buscador de tesoros. —Esto es claramente un roble. —dijo señalando un puntito de color verde.—Y estos que están aquí a la vera de este arroyuelo son sauces… el detalle de estos trazos es increíble, una verdadera obra de arte de la cartografía.
Al cabo de unos minutos el jugador se incorporó y guardó el instrumento entre sus ropas. —Creo que no podríamos tener una mejor fuente de información que está para planificar nuestra investigación. —dijo Diógenes mirando a Dante. —Ahora el problema está en ver en dónde comenzar a buscar.
Silvana tragó saliva e hizo la pregunta que mas temia. —¿Que… que están buscando en el bosque? —preguntó.
—Un ejército. —respondió Dante.
