Duval abrió los ojos y se quedó mirando el techo unos segundos mientras su cerebro se tomaba unos segundos extra para entrar en funcionamiento. —¡Oh mierda! —exclamó en cuanto suficientes neuronas hicieron la sinapsis adecuada.

Su enorme cuerpo hizo el ademán de comenzar a levantarse pero una voz cercana lo retuvo. —Bienvenido al reino de la vigilia, Jefe. —exclamó la voz de Willy. —¿Cómo se siente?

El Director giró la cabeza y clavó su mirada en el programador, quien sentado a unos pocos metros de su vaina abierta se encontraba rodeado de varias pantallas holográficas en plena tarea. La luz del atardecer se filtraba por las persianas de las ventanas y teñida de anaranjado algunos de los rincones que recibían algo de luz directa.

—¿Cuanto…? —comenzó a balbucear el hombre.

—Unas quince horas. —respondió el joven apagando varias de las pantallas para poder tener contacto visual con su jefe. —Ese es el tiempo que ha estado fuera de combate me temo.

Duval se tocó la frente mientras sacudía la cabeza. —Debiste despertarme antes… ¿Que pasó con los demás? ¿Qué hay de la incursión?

—Le daré un resumen general Jefe, pero será mejor que primero se recupere un poco antes de...

—Y una mierda. —exclamó el Director incorporándose. —Vas a decirme todo inmediatamente o voy a romperte la-. —En ese momento Duval se dió cuenta de la presencia de la mujer de mediana edad que, parada al lado de la vaina en donde había estado recostado, lo miraba seriamente cruzada de brazos y con expresión dura.

—Rayos. —masculló tratando de disculparse. —Yo no… lo siento. —se disculpó al ver el uniforme y las insignias que llevaba la desconocida.

—No se preocupe. —respondió la Oficial del cuerpo médico. —No es el primer paciente malhumorado que tengo. ¿Cómo se siente? —preguntó observando detenidamente mientras extraía un pad de uno de sus bolsillos y lo encendía frente a su rostro..

Duval se sentó en el borde de la vaina y se pasó la mano por el cabello. —Creo que... bien. —respondió algo inseguro. —¿Que ha…?

—Colapsó por falta de sueño. —explicó la mujer mientras extraía un par de cables de su Pad y los colocaba usando un par de almohadillas autoadhesivas a ambos lados del cuello del enorme Director. —Manténgase quieto unos momentos mientras reviso sus signos vitales. —ordenó.

Duval guardó silencio y permaneció lo más quieto que pudo mientras la profesional completaba el análisis. —Su presión está algo elevada, cosa que no me sorprende debido al gran número de bebidas energizantes que ha estado consumiendo en las últimas…

—Setenta y seis horas. —respondió Willy señalando el tacho de basura lleno a rebosar de latas vacías de energizante.

—No debe abusar de esas cosas. —lo reprendió la mujer. —Aún siendo un Zentradi, tres días sin dormir es algo que pone el cuerpo de cualquiera al límite. —afirmó sacudiendo la cabeza mientras retiraba los cables. —Agradesca que sus empleados actuaron rápidamente.

El Director se volvió hacia Willy y lo miró confundido. —¿Fuiste tú…?

—Joyner. —respondió el programador señalando hacia donde estaban los sillones en la pequeña oficina. —El nos encontró desvanecidos y fué quien dió aviso a los guardias.

Duval se incorporó lentamente y se volvió hacia la profesional mientras hacía una reverencia. —Muchas gracias por su ayuda y cuidados. —dijo. —Y siento haber causado molestias al personal de la Flota 41.

La mujer guardó el Pad y respondió también con una reverencia. —No ha sido nada. —aseguró. —Todos abordo de esta nave están al límite con los preparativos para el gran salto; queda poco tiempo y la presión está aumentando para todos los que aún estamos fuera del sistema. —dijo señalando hacia donde estaba recostado Dante con el aparato de realidad virtual en la cabeza. —Por cierto… dígale a ese joven empleado suyo que tampoco se olvide de descansar.

—Lo haré. —aseguró Duval. —Se lo garantizo.

La doctora asintió con la cabeza y tras hacer un pequeña reverencia abandonó la habitación por la puerta que daba a la oficina principal. Los dos hombres esperaron en silencio hasta que el sonido de las grandes puertas de madera se oyó en la oscuridad del piso.

El Director caminó hasta uno de los muebles junto a la pared y activó la cafetera, introduciendo su programa personalizado para que la máquina preparara su mezcla favorita. Mientras el vapor del agua comenzaba a salir por los intersticios de la máquina el hombre se volvió hacia Willy. —Puedes empezar a hablar. —dijo.

—¿Desde el principio? —preguntó pero ante el silencio del enorme Director el joven suspiró resignado. —Joyner salió del juego esta mañana bien temprano… por lo que puedo entender de todo lo que pasó, usted colapsó primero y yo lo hice luego que ellos salieran de Mir a eso de medianoche.

Duval se sirvió el café en una taza limpia y contempló el oscuro líquido caer desde la boquilla en medio de un remolino de vapor perfumado. —Dime que al menos obtuvimos la Quest. —dijo.

—Afirmativo. —respondió el programador. —¿Quiere verla?

Un gruñido del hombre bastó para hacerle saber a Willy que había preguntado una tontería. Sin gastar saliva en decir una palabra más desplegó una de las ventanas de su terminal y la proyectó hacia donde estaba su jefe con la taza de café en la mano. —Sírvase, jefe. —dijo haciendo un gesto teatral con la mano.

Una captura de la interfaz de dialogo del NPC que Diógenes había interceptado en la plaza aparecía en aquella ventana. Duval leyó lo que contenía el cuadro de texto en voz alta.

Cuando la Horda Escarlata se alce desde lo más profundo del viejo bosque.

Los pilares de la creación sucumbirán al resquebrajarse las ruedas del tiempo

Y las Alas de la Noche impulsarán el Vendaval que destruirá el Mundo.

Los dos hombres guardaron silencio mientras los ecos de las palabras de Duval se extinguieron en los rincones de la oficina.

—Mierda. —exclamó el Director sorbiendo un poco del oscuro líquido. —¿Esto… es todo?

—Sep. —respondió el programador. —¿Qué le parece?

El hombre frunció el entrecejo. —Es demasiado vago, pero al menos estamos seguros que Vorax será el instrumento de Calypso para desatar la destrucción del mundo. ¿Tu que opinas?

—La expresión "Alas de la Noche" es sin duda una alegoría al Dragón Negro. —comentó Willy rascándose la barbilla.

—¿Y qué rayos es "La Horda Escarlata"? —preguntó irritado el Director. —Esto no me gusta nada; tenemos que averiguar a qué nos enfrentamos.

—Dante ya está en eso. —informó el empleado. —Si en efecto hay un ejército oculto en el Bosque Viejo, lo primero es reunir inteligencia sobre ese lugar lo más pronto posible.

Duval dejó la taza en uno de los escritorios y se volvió hacia su colega. —Esto no es tarea para Joyner. —dijo. —Quiero un par de satélites barriendo esa zona lo antes posible. —ordenó.

Willy extendió dos pantallas más y las envió hacia su Jefe. —Ya está hecho. —dijo. —ST-04 y ST-07 ya están alterando su órbita para cubrir el Bosque Viejo… deberían estar en línea en las próximas doce y catorce horas respectivamente. —explicó señalando las órbitas que los aparatos trazaban alrededor de Calypso. —Pero…

—Lo se. —dijo Duval. —El Bosque es enorme y solo podemos registrar una franja de terreno por pasada, de todas maneras un ejército no debería ser demasiado difícil de ocultar. Tras pensarlo unos minutos el Director tomó una decisión. —Quiero a la Teniente O'Higgins al mando de uno de los Ojo de Gato de la SDF-1 … quiero que registre ese bosque usando el radar de penetración de terreno; si hay un ejército de monstruos oculto bajo los árboles, ese radar podrá localizarlos.

Willy se cruzó de brazos frente al teclado y no respondió mientras Duval caminaba de un lado a otro pensando en cuál sería el siguiente paso. —Podemos programar un vuelo nocturno y si tenemos algo de suerte, con algo de clima nublado nadie sabrá que un avión de reconocimiento voló por sobre el Bosque Viejo… si, incluso una noche sin las dos lunas iluminando sería ideal.

Continuó un buen rato murmurando ideas hasta que al cabo de unos momentos se dió cuenta de algo. —Espera un momento… ¿Joyner está aún dentro de Calypso?

—Sí jefe.

El hombre se volvió hacia donde el joven se encontraba recostado en ese preciso momento. —¿Dónde… dónde está la Teniente O'Higgins? —preguntó intrigado.

Willy se tomó unos segundos en contestar. —Con seguridad en la Battle 41. —dijo. —Su Comandante la llamó en algún momento de la mañana y tuvo que desconectarse del sistema de forma inmediata.

El Director tardó unos segundos en procesar aquello. —¿Inmediatamente…? ¿Osea que…?

—Apenas recibió la orden se desconectó de la simulación. —respondió el programador.

—¿Qué… qué pasó con Joyner y el Jugador que estaba bajo su custodia? —preguntó. —¿Lograron llegar a una zona segura antes de…?

El programador suspiró. —Todavía estoy tratando de atar cabos sueltos, pero… será mejor que primero vea esto, Jefe. —dijo mientras desplegaba una nueva pantalla.

Duval se sentó en uno de los sillones y acomodó la pantalla frente a sus ojos. Era un boletín de noticias de la Red Macross y lo que vió en primera plana le hizo sentir escalofríos.

—Dime que es una broma.

Una fotografía mostraba la enorme explosión sobre las azules aguas del lago justo debajo del Salto del Ermitaño… o al menos de donde solía estar dicha caída.

El Director se puso blanco como la leche. —¿Que…? ¿Donde…? ¿Cuando…?

—Por lo que parece al ver semejante explosión, la Teniente O'Higgins destruyó su avión para evitar que cayera en manos del Imperio. —explicó el joven. —Con respecto a dónde, eso es… es decir era el Salto del ermitaño, pero creo que habrá que rehacer los mapas de la zona ya que aparentemente la explosión derribó parte del acantilado sobre el lago y ahora queda algo así como unas escaleras rotas por las que desciende el río entre las rocas…. y sobre "cuando"... en algún momento del mediodía supongo.

Duval se llevó una mano al rostro y la sostuvo allí momentáneamente mientras trataba de asimilar lo sucedido. —Que desastre. —dijo finalmente. —¿Qué repercusiones ha tenido este… incidente? —preguntó.

—Por ahora solo hay rumores. —explicó Willy. —Pero… hay cierta información que hace pensar que la misión ha sido comprometida en cierta forma.

—¿Qué clase de información?

Willy cerró la ventana con la foto de la explosión y desplegó el panfleto que El Imperio había comenzado a distribuir esa mañana. —Mire.

El Director leyó la descripción con expresión preocupada. —Demasiado preciso. —dijo sacudiendo la cabeza. —Demasiado…. espera un segundo… ¿Jenne? —leyó mirando los datos que el Imperio había obtenido de Dante. —¿Quieres decir que Joyner y ese tal Diógenes están…?

Willy asintió con la cabeza.

—Esto es peligroso. —dijo Duval. —La Teniente y Joyner están separados y sin forma de regresar a la SDF-1… esto no podría ser peor.

—Oh… sí que podría. —dijo el Programador.

—Habla. —exigió el Director. —No trates de endulzar las noticias, por muy malas que sean tengo que escucharlas.

—El Artefacto que usó Joyner para conseguir la Quest… es decir el anillo.

—¿Qué sucede con el anillo? —preguntó Duval con una sombra de preocupación que se dibujó de pronto en su rostro.

—Ha desaparecido. —dijo Willy.

El Director cerró el puño con fuerza y se levantó de golpe en dirección hacia donde estaba recostado el joven estratega. Willy apenas pudo reaccionar a tiempo para detener al corpulento Zentradi antes que arrancase el casco de la cabeza del joven. —¡Espere Jefe! —exclamó el programador sujetando con desesperación uno de los brazos del Director. —No es lo que cree… es el mismo Calypso el que destruyó el anillo.

—¿El anillo… destruido? —preguntó azorado Duval mientras se daba vuelta hacia su empleado. —¿Como que ha sido destruido? Es un artefacto… se supone…

—Se supone que esas cosas son indestructibles para los simples mortales… lo se. —aseguró Willy. —Pero creo entender que es lo sucedió… venga a la terminal, se lo mostraré.

El enorme Director se dejó llevar por el programador de forma todavía algo indecisa, pero al final la curiosidad pudo más que la ira que sentía en esos momentos y se acercó a la terminal de datos. —Muéstrame. —ordenó.

Willy buscó entre sus archivos y resaltó varias imágenes que de inmediato se proyectaron frente a sus ojos. —El jugador Diógenes levantó la confidencialidad de sus stats al menos momentáneamente. —señaló el joven. —Por eso pude sacar un par de copias de su hoja de personaje… mire.

—Un centenar de puntos en Sabiduría. —observó el Director. —¿Un Natural?

—Si, pero uno artificial. —lo corrigió Willy. —Mire el log de subida de niveles de su personaje… estos eran sus stats tan solo una semana atrás.

El semblante de Duval volvió a oscurecerse. —Esto no tiene sentido. —dijo. —No puede haber ganado más de ochenta puntos en tan solo… —el Zentradi guardó silencio de inmediato. —¿El anillo? —preguntó confundido mirando a su colega.

—Es la explicación más plausible. —respondió el otro. —Además observe los cambios en su raza y clases… solo un artefacto mágico de extremo poder pudo haber cambiado un avatar de forma tan radical.

—Archivista. —leyó Duval. —Esto es demasiada casualidad… ¿Crees que…?

—Creo que UniEngine modificó las reglas del juego. —afirmó Willy. —No hay otra explicación posible.

El Director meneó la cabeza. —Son muchos supuestos. —dijo. —Pero hay algo que queda confirmado y es lo que más preocupa.

El programador asintió con la cabeza. —Calypso puede reescribir la información genética de los jugadores. —dijo. —Hasta ahora era una sospecha, pero esto lo confirma.

—Será mejor ponernos en contacto con Joyner lo antes posible. —respondió el Director. —Y mientras tanto dame los detalles de toda la operación.

Willy suspiró. —De acuerdo… pero no le van a gustar.

.

.

.

—Un…. ¿Ejército? —preguntó la joven Druida entre sorprendida y confundida.

—Y uno muy grande aparentemente. —agregó Diógenes.

Las dos chicas-gato se miraron e intercambiaron miradas de preocupación. —Es… ¿Es el Imperio? —preguntó finalmente Silvana.

Para su desconcierto Dante sacudió la cabeza. —No lo sabemos… solo tenemos unas pocas palabras de un sueño que apenas tienen sentido, por eso necesitamos comenzar a reunir información lo antes posible.

La joven se inclinó sobre el mapa y miró la floresta concentrándose en los detalles. —Hay… hay varios lugares con cuevas en donde podría ocultarse un ejército. —dijo.

—¿Cuevas? —preguntó Dante. —Eso… eso suena interesante. —dijo. —Los árboles pueden ocultar un ejército, pero un refugio subterráneo es una posición estratégica mucho más valiosa, especialmente si se trata de ocultar a una gran cantidad de soldados, sus armas, monturas y provisiones.

Silvana miró pensativa una zona en donde no había muchos detalles dibujados. —Aquí hay una región llena de cuevas. —dijo haciendo un círculo con el dedo sobre el pergamino. —Yo no conozco muy bien esa zona pero… ¡Ah! ¡Mirna creo que ha explorado esa región hace algún tiempo! —exclamó girándose hacia su amiga.

La otra chica gato paró sus orejas y abrió los ojos sorprendida. —¿Nyan?

—Mirna… si tu vuelcas tus conocimientos de la zona en el mapa seguro Dante…

—¡Nya! ¡Nya! —exclamó la chica sacudiendo las manos. mientras Diógenes extendía la mano con la pluma de oro en su dirección. —Yo… no…. no quiero. —dijo casi susurrando mientras se sonrojaba visiblemente.

Silvana la miró sorprendida. —No… ¿No quieres? Pero… —comenzó a decir.

Dante colocó su mano sobre el hombro de la druida. —Esta bien, no te preocupes Silvana. —dijo con tono tranquilizador. —No es necesario que presiones a la pobre Mirna, la información que nos has dado es más que suficiente como para empezar nuestra investigación.

La joven Druida miró a su compañera y luego a Dante y asintió algo insegura.

—Bien. —dijo Dante caminando hacia la cabecera del mapa para que todos pudieran verlo. —Creo que podríamos comenzar a planificar una expedición. —dijo.

—Una… —comenzó a decir Silvana

—¿Expedición? —terminó Diógenes.

—¿Nya?

—Al Bosque Viejo por supuesto. —afirmó Dante. —Con la información de Silvana y la Sabiduría de Diógenes, podremos explorar la zona de las cavernas y recabar toda la inteligencia que necesitamos para empezar a resolver este misterio. —dijo.

Los ojos de Silvana brillaron como diamantes al escuchar las palabras del joven y no pudo evitar lanzar una exclamación de alegría.

Antes que pudieran discutir algo de aquello, un mensaje entrante hizo que Dante llamara a silencio a los demás. —Es mi jefe. —dijo levantando la mano. —Es un chat desde fuera del juego, denme un minuto. —pidió mientras se disculpaba.

Los demás asintieron y mientras se inclinaban sobre el mapa como niños ante la perspectiva de una búsqueda del tesoro, Dante se alejó hasta donde estaba el sector privado de Diógenes y tomó asiento en el sillón.. —Aquí Joyner. —dijo contestando el mensaje.

—¿Que no entiendes los principios básicos de una misión de infiltración? —ladró Duval apenas se hubo establecido la comunicación por voz. —¿Una bengala en medio de Mir? ¿Atraer la atención del Clan más poderoso del juego y ser perseguidos por media región? ¿Perder una aeronave y destruir media montaña? ¿Que clase de misión encubierta fue esa? —preguntó.

—Hey, de lo último soy inocente. —se disculpó el joven haciendo un gesto con la mano. —Las cosas se… complicaron un poco. Por cierto ¿Cómo está usted Jefe? Me asusté cuando lo ví tirado ahí en el piso.

—Yo estoy bien, solo me quedé dormido un rato, no fué para tanto. —respondió el Zentran.

—Lo que si importa es que tu identidad está comprometida y eres un hombre buscado en Calypso. —informó Willy uniéndose a la conversación. —Ya de por sí esas son bastante malas noticias. ¿Que haces en Jenne?

—Estoy en el Clan Hall de mis amigos. —respondió el joven. —Diógenes está conmigo y estamos analizando la información de la quest.

Del otro lado de la comunicación se produjo un silencio incómodo. —No es el momento para que estés jugando. —dijo Duval. —Deberías estar de regreso en la SDF-1.

—Si esa es su orden, regresaré de inmediato en cuanto me reúna con la Teniente O'Higgins. —afirmó Dante. —Pero no he estado ocioso ni jugando Jefe… he estado recabando inteligencia sobre la profecía.

—Ese no es tu trabajo. —lo amonestó el Director. —Tengo un equipo de gente experta en el Lore de Calypso y se pondrán a trabajar de inmediato en esto, tu deber es asesorarnos en cuestiones tácticas, no sobre mitos y leyendas del juego.

—El jugador Diógenes es un experto en ese campo. —se justificó Dante. —Creo que podríamos trabajar en conjunto desde aquí mismo para conseguir resultados que en los libros podrían no aparecer…

—Es demasiado peligroso...

—Ni que lo diga… ya lo sufrimos en carne propia durante la vuelta desde Mir. —reconoció el joven. —Pero como le estoy diciendo, he conocido a dos excelentes exploradores que conocen el Bosque Viejo como las palmas de sus manos; podremos entrar a esa floresta a investigar de forma segura.

Duval no parecía muy convencido aún y solo se limitó a gruñir algo ininteligible. —Oye Joyner. —quiso saber Willy. —¿Cual es ese Clan del que hablas?

—La Orden. —respondió el joven. —Es un pequeño Clan de Jenne, somos unos 9 miembros actualmente. Dos de ellos tienen amplios conocimientos del bosque y han ofrecido su ayuda sin hacer demasiadas preguntas, son una Druida y una Arquera, ambas Voldorianas.

Willy guardó silencio unos minutos mientras procesaba aquello. —La Orden… una Druida Voldoriana…Eso quiere decir que…. ¡Mierda!

—¿Qué sucede? —quiso saber Duval.

—Dante se ha enlistado en el Clan en donde se encuentra la Druida con los Stats Naturales. —exclamó Willy.

—La... ¿La anomalía? —preguntó anonadado el Director… —¿Quieres decir…?

—Se llama Silvana. —lo corrigió Dante. —Es la Druida que conocí cuando entré a Calypso, justo antes de que la Teniente O'Higgins pasara a recogerme, ella me ayudó en varias oportunidades ya y fué quien me invitó a La Orden.

—¿Por que nunca nos habías contado nada de esto? —preguntó el Director bastante indignado.

—Porque no sabía que tan importante podía ser todo esto, pero ahora lo sé. —respondió con sinceridad Dante. —Usted mismo me dijo que experimentara a Calypso como un jugador más y eso es lo que hice… supongo que lo demás es culpa del destino.

—El destino. —repitió el Director aún no muy convencido. —Creo que te estás tomando el juego demasiado en serio. —dijo.

—Tal vez esa sea la única forma de lidiar con el UniEngine y con lo que nos depara Calypso. —respondió Dante.

Tras unos segundos de indecisión Duval suspiró. —De acuerdo… la idea de involucrar a jugadores sigue sin agradarme, pero necesitamos información de ese bosque en forma prioritaria. ¿Puedes hacerlo sin llamar la atención como en Mir?

—Aparentemente la entrada al edificio en donde estoy se encuentra vigilada. —contestó el joven. —Así como seguro lo esté también la piedra que se usa para teletransportarse de un lado a otro. Antes de salir para el Bosque investigaré qué opciones tenemos para evitar una persecución en caso de ser identificados.

—No usen magia de Ilusión. —advirtió Willy. —El Imperio tiene magos de alto nivel que pueden descubrir fácilmente cualquier tipo de encantamiento de ofuscación, pero si usas un disfraz más "tradicional" podrás evadirlos, al menos hasta cierto punto.

—De acuerdo. —respondió Dante. —Comenzaré los preparativos para la expedición de inmediato.

—No. —exclamó Duval. —No lo harás… por hoy ya han hecho suficiente. Sal del juego y tomate un buen descanso antes, no quiero que lo que nos pasó a nosotros pueda sucederte a ti también. Estamos preparando varios satélites para que peinen la zona, no están equipados para resolver imagenes bajo la vegetación pero si hay movimiento en el bosque, lo veremos primero desde la SDF-1.

Dante sonrió. —De acuerdo… terminaré lo que me queda por hacer aquí y saldré del juego en un rato; dejaremos la expedición para mañana.

—Lo dejo todo en tus manos. —dijo Duval. —A pesar de todo, tus decisiones en Mir fueron acertadas, solo me hubiese gustado que tú y la Teniente hayan sido más… discretos.

Dante se despidió de sus jefes y cortó la comunicación. De inmediato se incorporó y salió de entre los estantes para reunirse con sus amigos, quienes lo esperaban sentados alrededor del mapa.

— ¿Y? —quiso saber Diógenes.

—El Jefe ha aprobado una expedición al Bosque Viejo. —dijo sacudiendo la cabeza. —Pero tendremos que dejarlo para mañana a primera hora.

Silvana movió la cola de un lado para el otro entusiasmada. —Mañana es Domingo. —dijo. —Tengo todo el dia disponible para participar en la excursión…¡Será muy divertido!

—¡Nya! —exclamó Mirna igual de entusiasmada.

Dante y Diógenes intercambiaron miradas de preocupación pero nadie dijo nada, por lo que la Druida se dirigió nuevamente hacia el joven estratega. —¿Que vas a hacer ahora? —preguntó.

—No demasiado… me gustaría hablar con Alex para informarle de mis intenciones… al menos eso pienso hacer mientras ustedes dos sigan con la idea de acompañarme ¿Están realmente seguras..?

—¡Nya! —confirmó la arquera.

Dante suspiró. —De acuerdo… iré a hablar con el. —dijo resignado.

Luego de dejar a sus amigos charlando y planificando aquella "aventura" Dante descendió por la estrecha escalera caracol hasta la terraza del primer piso del edificio, tras lo cual volvió a entrar por el pasillo que conectaba las diferentes habitaciones y bajó por las escaleras.

No había nadie en el pequeño salón ni en el salón de reuniones así que atravesó el espacio que comunicaba con la parte trasera del edificio y al final de un pasillo vió una puerta cerrada con un pequeño cartel de metal que indicaba la ubicación de una oficina. Una rendija de luz se filtraba por debajo de la puerta indicando que había alguien allí. Dante se acercó y golpeó suavemente la madera lustrada. —¿Alex? ¿Puedo hablar contigo un minuto? —preguntó en voz alta.

—Adelante. —se escuchó la voz del joven. —La puerta de la oficina está siempre abierta.

Dante abrió la puerta y entró a la oficina, en donde vió a Alex sentado tras un escritorio de madera oscura cubierto con papeles y elementos de escritura. Junto a él se encontraba de pié el mayordomo NPC que sostenía con sus dos manos otra pila de papeles y le dirigió una sonrisa amistosa al verlo.

La estancia se encontraba bien iluminada y estaba amueblada y decorada de forma agradable, aunque solo tenía una ventana que daba al exterior por donde entraba un poco de luz anaranjada del atardecer.

—Veo que tienes mucho trabajo. —dijo el joven tras cerrar la puerta mientras señalaba las pilas de papeles sobre el escritorio. —¿Quieres que vuelva más tarde? No quisiera interrumpirte.

—No te preocupes, todos esos papeles son escenografía, el papeleo se hace con la interfaz del juego, no hace falta que firme cada uno de ellos. —dijo Alex haciendo un gesto con la mano para cerrar una ventana que tenía una calculadora incorporada. —¿En qué puedo ayudarte, Dante? —preguntó. —Puedes tomar asiento si quieres…. ¿Podrías traernos té, por favor? —pidió mirando al Mayordomo.

—Enseguida Señor. —respondió el NPC dejando los papeles sobre el escritorio, tras lo cual salió por la puerta en dirección a la cocina.

Dante se sentó en un cómodo sillón frente al escritorio y miró al líder de La Orden a los ojos. —Me gustaría darte algunas explicaciones ahora que soy formalmente un jugador de este Clan. —dijo. —Creo que es lo más justo.

Alex hizo un gesto con la mano. —Aprecio tu gesto de buena voluntad, pero no es necesario que aclares nada. —afirmó. —Eres bienvenido a La Orden igual, solo nos interesa disfrutar de este mundo y pasarla lo mejor posible… si tus objetivos se alinean con nuestra filosofía, entonces no necesitamos saber nada mas de ti.

Dante asintió. —Gracias por entender mi situación. —dijo. —Pero aún así me gustaría ser lo más sincero que pueda contigo y los demás… actualmente estoy embarcado junto con Diógenes y otras personas más en un asunto de suma importancia para los jugadores de Calypso. Mi intención no es involucrar a La Orden en este asunto, pero en las últimas horas se han dado una serie de eventos que lamentablemente han escapado a mi control.

Alex asintió en silencio mientras Dante continuaba hablando.

—No puedo revelar más detalles sobre mi investigación, pero al menos puedo decirte que mañana por la mañana partiré junto con Diógenes hacia el Bosque Viejo en busca de información de importancia que creemos se encuentra allí.

—¿El Bosque Viejo? —preguntó el líder de La Orden.

—El jugador Diógenes se ha revelado como un experto en las leyendas y el Folclore de Calypso, es posible que sus conocimientos nos ayuden a descubrir algo más, pero para ello necesitamos ir a ese bosque.

Alex meditó aquellas palabras unos instantes. —Escucharte hablar sobre el bosque me dice que no solo has venido aquí para contarme sobre tus planes. —observó.

—Si… se trata de Silvana y Mirna. —confirmó el joven. —Esas dos pretenden seguirnos a Diógenes y a mi hasta el bosque.

El joven de anteojos y cabellos blancos suspiró. —Me lo imaginé. —dijo. —Silvana no dejaría escapar una oportunidad así… la chica vive preocupada por ese bosque y haría cualquier cosa por protegerlo… ¿Sabes algo sobre Silvana? —preguntó mirando con atención al joven guerrero.

—Aparentemente su avatar es un personaje de los que llaman "Naturales". —respondió Dante. —Jugadores con elevados atributos mucho más allá de las cantidades estándar en los demas avatares.

—Tu amigo Diógenes también tiene atributos de un Natural. —observó Alex. —Como te darás cuenta, son personajes que llaman mucho la atención vayan donde vayan… en el caso de Silvana, la pobre chica es víctima de toda clase de abusos y presiones por parte de los clanes más poderosos que quieren sumarla a sus filas a como dé lugar y últimamente… bueno, últimamente han comenzado a acosarla en PvP cada vez que sale a entrenar a ese bosque.

—¿Han reportado eso a los Administradores? —preguntó Dante. —Esa clase de acoso no debería estar permitido.

—Si, yo mismo he escrito varias cartas al concilio. —respondió Alex. —Pero solo he recibido respuestas tibias y de compromisos sin ningún respaldo verdadero… el concilio…

—Dejame adivinar… el concilio está en manos de esos mismos clanes poderosos de los que hablas. —afirmó el joven.

—Básicamente así es. —reconoció el líder de La Orden. —Hemos intentado proteger a la chica cada vez que podemos, pero la naturaleza de su personaje y su modo de jugar a Calypso hacen que no siempre podamos seguirle el paso en ese denso bosque… por suerte Mirna puede estar junto a ella y protegerla la mayor parte del tiempo.

—Comprendo. —dijo pensativo Dante.

En ese momento la puerta se abrió y el Mayordomo apareció llevando una bandeja de plata con un exquisito juego de porcelana de estilo oriental. Sin decir una palabra y mientras Alex y Dante seguian ensimismados en sus pensamientos comenzó a servir el té de forma casi ceremoniosa en las tazas de fina hechura.

—Gracias. —dijo Dante recibiendo una de ellas. —Huele exquisito. —afirmó olisqueando el vapor que subía en caprichosos espirales desde la taza.

Y era verdad por supuesto, aunque en el fondo lamentaba que no podría saborear aquella bebida mientras solo dispusiera del simple casco de realidad virtual y no una de las vainas de inmersión que usaban los demás colonos.

El Mayordomo se inclinó agradeciendo el cumplido de Dante—La mezcla especial la he preparado yo mismo. —afirmó con orgullo el NPC. —Son las hebras más delicadas que se consiguen en todo Jenne, espero que la disfrute y sea de su agrado.

Alex recibió también su taza y ambos sorbieron un poco mientras el Mayordomo volvió a colocarse de pie junto al escritorio a la espera de nuevas órdenes.

—¿Que tan importante… es eso que esperan encontrar en el bosque? —preguntó Alex luego de depositar su taza sobre el platillo.

—Solo puedo decirte que es importante para todos los jugadores de Calypso. —afirmó Dante. —Pero para ser sincero, no sé a ciencia cierta que nos depare ese lugar. —dijo. —Y no quiero llevar a esas dos chicas a un lugar potencialmente peligroso, especialmente ahora que sabemos que los clanes más poderosos e influyentes están tras sus pasos.

—Y tras los tuyos. —agregó Alex. —Recuerda que El Imperio ha puesto un precio a quien aporte cualquier clase de información sobre tu persona.

El joven suspiró y guardó silencio un minuto mientras pensaba detenidamente aquello. —Realmente creo que deberías prohibir a Silvana y a Mirna que me sigan mañana. —dijo abriendo los ojos. —Ellas respetarán tu decisión.

—No. —dijo Alex. —Jamás haría eso… es cierto que ya hemos tratado de convencer a Silvana de que no vaya sola al Bosque… pero jamás me atrevería a prohibirselo como líder de esta casa, especialmente si ella cree que puede ser útil en la causa de defender el bosque.

Dante bajó la vista hacia su taza y vió el líquido rojizo reflejar las lámparas que colgaban del techo de la oficina. —¿Estás seguro? —preguntó.

Alex asintió con la cabeza. —Me sentiria mas tranquilo si te llevaras también a Matilda o a Walter…. incluso a ambos —dijo inclinándose sobre el escritorio. —Pero me imagino que quieren pasar desapercibidos lo más que puedan… una party numerosa atraería demasiado la atención.

—Mis habilidades de combate apenas son lo suficientes como para que no se me caiga la espada de la mano. —reconoció Dante abriendo y cerrando el puño. —Y Diógenes… bueno, tendremos que depender exclusivamente del arco de Mirna y las habilidades de druida de Silvana.

—En el bosque, la chica será tu más poderosa aliada. —aseguró Alex. —Sus poderes dentro de la floresta no tienen igual y puede defenderse de casi cualquier cosa… pero ten cuidado y no te confíes; al fin y al cabo no es un personaje de ataque y solo puede dar apoyo a otros para que combatan por ella.

—Comprendo. —dijo Dante.

Alex suspiró y miró hacia la ventana. La tarde había dejado paso al anochecer y las luces de la ciudad habían comenzado a aparecer reflejadas en el cristal. —El problema va a ser que tu y tu party puedan llegar seguros al bosque. —dijo.

—El Imperio vigila la entrada del edificio. —razonó Dante. —De seguro renovarán las guardias regularmente, tal vez podramos escabullirnos bien temprano, cuando no estén tan alertas.

—Les daré disfraces para despistar a los centinelas. —prometió Alex. —Pero aún así cuando utilicen la piedra de teletransportación de la plaza principal llamarán definitivamente la atención, dá por seguro que tu y tu grupo serán seguidos hasta la llanura y cuando abandonen la protección del guardián…

—Estaremos en una zona PvP. —afirmó Dante.

Alex asintió con la cabeza. —Jamás llegarán al bosque.

Dante se inclinó hacia delante y se rascó la barbilla pensativo. —Las puertas de la ciudad están también vigiladas. —dijo. —Si conseguimos cabalgaduras podríamos llegar hasta el bosque por otra ruta diferente a la de la piedra de teletransportación… pero no sirve de nada si nos ven salir con los caballos por las puertas. ¿Hay otra salida de la ciudad además de la Puerta Principal y la piedra de Teletransportación?

—Dirk usa las alcantarillas de la ciudad para salir a veces. —dijo Alex. —Pero el Imperio también las conoce y da por seguro que estarán vigiladas… en todo caso la única entrada está en la plaza central junto al pozo de agua… siempre hay guardias allí y si ven entrar a un grupo de aventureros de seguro alertarán a los guardias que están afuera.

Dante evaluó las opciones y sacudió la cabeza. —Podríamos tomar una salida diferente cada uno y reunirnos en el bosque más tarde… pero es demasiado peligroso y siempre está la posibilidad que incluso separados cada uno atraiga a un perseguidor diferente tras si… no, tenemos que salir todos juntos de la ciudad, es la única manera.

Alex asintió. —Salir de la ciudad sin ser descubierto es una cosa… ¿Como llegarán al bosque desde aquí? Desde el Guardian de la Piedra de Teletransportación es algo así como media hora a pie, pero desde Jenne son más de cinco horas a pie o una a caballo.

—Entonces tendremos que conseguir monturas. —dijo Dante.

—Mirna tiene una y yo te prestaré la otra. —se comprometió Alex. —Las dos chicas pueden compartir su montura y tu puedes hacer lo mismo con Diógenes. ¿Sabes como montar?

—Aprendí hace poco. —reconoció el joven. —Si, podré arreglármelas bien… ¿Pero cómo podremos sacar las monturas de las caballerizas sin llamar la atención? Si o si tenemos que sacarlas por la puerta principal…

—Yo puedo encargarme de eso. —dijo de pronto el Mayordomo.

Alex y Dante se dieron vuelta de inmediato y miraron confundidos al NPC. —Tu… ¿Tu puedes hacer eso? —preguntó asombrado el líder de La Orden.

—por supuesto. —respondió el Mayordomo haciendo una reverencia. —No puedo alejarme mucho de la ciudad o estaré a merced de los monstruos que acechan el campo abierto, pero puedo esperarlos con sus cabalgaduras en cualquier lugar cerca de las murallas.

Los dos compañeros cruzaron las miradas. —Esto…. —dijo Dante.

—Esto no es normal. —confirmó Alex. —¿Crees que esté relacionado con tu amigo Diógenes?

—Casi con seguridad. —respondió el joven. —Alrededor de su personaje todos los habitantes de Calypso se vuelven más… reales. —dijo.

Alex se volvió hacia su Mayordomo pero no utilizó el menú de diálogo, en vez de eso habló normalmente como había hecho Dante anteriormente. —Es… una excelente idea. —dijo. —Dudo mucho que el Imperio se moleste en seguirte fuera de la Ciudad.

—Lo que nos deja ahora con el problema de resolver cómo saldremos nosotros sin ser vistos. —confirmó Dante. —¿Acaso no conoces algún pasadizo secreto o algo asi? —preguntó sin muchas esperanzas al Mayordomo.

—Actualmente… si. —respondió el hombre con una sonrisa mientras hacía otra reverencia hacia los sorprendidos jugadores.