A la luz temblorosa de la chimenea los miembros de La Orden se reunieron al alba tal y como habían arreglado el dia anterior. Nada se escuchaba en el interior de la residencia salvo el crepitar de los troncos que alimentaban el fuego en la sala de reuniones.

Fuera de la casa, la oscuridad aún se cernía sobre la ciudad dormida aunque ojos vigilantes estaban especialmente atentos esa noche, especialmente tras los extraños acontecimientos que se habían sucedido en las últimas 48 horas. Varios pares de esos ojos vigilantes se mantenían fijos en la pequeña residencia de La Orden, pendientes de quién entraba y salía por aquella puerta cerrada.

—De acuerdo. —dijo Matilda tomando la palabra. —Vamos a revisar el plan por última vez y comenzaremos de inmediato; El objetivo principal es lograr que la Party de Dante abandone la ciudad de Jenne de la forma más furtiva posible y sin llamar la atención de nadie. Para lograr ese cometido, vamos a tratar de engañar a los espías del Imperio.

La Windermerense dió un paso al frente y se ajustó la espada al cinto. —Walter, Rita y yo nos dirigiremos a la salida principal y simularemos hacer preparativos para salir. —dijo. —Alex y Dirk irán hacia la piedra de teletransportación y también fingirán prepararse para abandonar la ciudad.

El informante asintió con la cabeza desde su rincón oscuro favorito.

—No sabemos con exactitud el punto de salida del pasaje que aparentemente existe debajo de esta casa —explicó Rita tomando la palabra. —Asumimos que el túnel toma el camino más corto hacia la muralla y ya que la más próxima a nuestra posición actual es la muralla sur, es ahí hacia donde se dirigirá nuestro mayordomo llevando las dos monturas más veloces que tenemos.

El NPC hizo una reverencia desde el sitio en donde estaba. —¿Alguna otra duda?

El guerrero Ragnaniano levantó la mano. —Sigo pensando que es imprudente que solo ellos cuatro se aventuren en zonas PvP… ¿No podría ir Matilda al menos?

El joven de cabellos blancos sacudió la cabeza. —Ya lo hemos discutido. —dijo. —Un miembro más en la party de Dante significa una montura extra y ellos quieren pasar desapercibidos… no es con cantidad de espadas extra que van a lograr su cometido de llegar al bosque sin ser descubiertos.

—Aún así…

—Es arriesgado, si. —dijo Dante. —Pero es nuestra única alternativa.

Los demás intercambiaron miradas de indecisión pero nadie objetó nada más, por lo que Alex hizo un gesto con la mano. —Bien, trataremos de mantenernos activos en Jenne para que El Imperio mantenga sus ojos vigilantes en nosotros mientras ustedes desaparecen en el bosque. Una vez que estén bajo los árboles Mirna y Silvana estarán en su propio terreno y podrán aventajar a cualquier perseguidor que se atreva a seguirlos al Bosque Viejo.

A continuación Rita repartió provisiones a los cuatro viajeros; abundantes frasquitos de cristales condensados para que no tuvieran faltante de energía mágica en caso de necesidad pero también pociones de salud y curación para Dante y Diógenes, quienes eran los más débiles del grupo.

El Archivista solo poseía la daga que Dante le había obsequiado pero había cambiado sus harapos por una túnica de viajero color gris que había tomado prestada de la bóveda de La Orden. Debido a su poca constitución no podía vestir armadura de ninguna clase, pero Rita logró reforzar una camisa de lino con un tejido especial que otorgaba un pequeño bonificador defensivo. —No detendrán un espadazo o una flecha. —dijo. —Pero a veces un punto más en tu armadura es la diferencia entre vivir y morir ahí fuera.

Dante fué el que obtuvo un mejor equipo de ellos dos. Sus ropas de aventurero inicial fueron reemplazadas por vestimentas de buena calidad y acolchadas para permitir que vistiese una nueva armadura de malla de acero flexible y resistente. Dado que el joven todavía no se había especializado en ningún estilo de combate o clase de habilidad, Alex sugirió que diese prioridad a su agilidad y libertad de movimiento. —A veces la mejor armadura es no tener armadura. —dijo. —Si puedes esquivar un golpe; hazlo, siempre es la mejor decisión.

Dante gastó un par de puntos extra en su nuevo equipo pero reservó dos "por si acaso" dijo. Finalmente tuvo que equipar una nueva arma y Alex se acercó llevando una funda de cuero envuelta en un pañuelo de seda. —Le llevará a Rita un tiempo más terminar tu espada. —dijo mientras comenzaba a desanudar las tiras que sostenían aquel paquete. —Mientras tanto me gustaría que uses esta.

El joven recibió la espada com ambas manos y miró asombrado la empuñadura decorada que asomaba de la funda. —Esto es….

—Desenfundala.

Dante asintió y tomando la empuñadura del arma la quitó de su funda con un solo movimiento del brazo derecho. La espada era de acero brillante y estaba maravillosamente afilada. De inmediato notó como el peso del arma se equilibraba perfectamente en su brazos y pareció como si estuviera sosteniendo algo que pesaba muchísimo menos de lo que aparentaba.

—Pesa menos en la mano que en la funda. —exclamó asombrado el joven moviendo el brazo mientras la hoja del arma lanzaba destellos por la habitación.

Alex asintió. —Esta espada está mágicamente balanceada, pero no te equivoques; el peso de la hoja sigue siendo el mismo; ten eso en cuenta a la hora de golpear a alguien con ella.

Los demás miraron el arma asombrados. —Esa es la espada de Lucas. —dijo Matilda. —No la veía desde…

—Desde que asumí el liderazgo de La Orden. —explicó Alex. —Esta es la espada de nuestro antiguo líder, quien dejó el juego hace un tiempo. Es un arma poderosa y de excelente calidad, pero no tiene un linaje o historia importante me temo.

—Es hermosa. —dijo Dante volviendo a enfundar el arma en su funda. —Prometo que la usaré con cuidado.

Walter se rascó la cabeza. —Ojalá estuviera Lucas con nosotros. —dijo. —Durante el poco tiempo que jugó en Calypso demostró tener el potencial de ser uno de los mejores espadachines de todo el maldito juego.

Dante se giró hacia el guerrero. —¿Qué pasó con el? —preguntó.

—Se cansó de los abusos. —respondió Rita. —El solo quería jugar a ser un espadachín, nada más, no le interesaba la política entre clanes ni el Powergame de Calypso.

—Cuando se dió cuenta que los demás clanes no lo dejarían tranquilo decidió dejar el juego. —explicó Alex con un suspiro. —Lucas detestaba el PvP, pero cuando se volvió imposible evitarlo debido al acoso incesante de los demás clanes…

—Es entendible. —dijo Dante. —Nadie puede ser obligado a luchar si no le gusta.

Los demás asintieron en silencio.

Mirna por su parte llevaba su arco largo hecho de aquella madera negra, flexible y resistente. Aquella arma era completamente mortífera a una distancia de hasta ciento cincuenta metros aunque la joven había abatido blancos a casi el doble de esa distancia si las condiciones eran favorables. La chica-gato completaba su arsenal con un enorme cuchillo de caza y solo vestía un peto de cuero para proteger sus partes vitales; el resto de su avatar solo llevaba ropas de viaje livianas. Silvana por otro lado no llevaba otra armas más que su báculo de madera del bosque y su túnica de aventurera. Rita había mejorado aquellas vestiduras con lo mejor de su arte, pero la Druida dependía enteramente de sus compañeros para defenderse en el campo abierto.

Una vez que todos estuvieron listos se vistieron con túnicas oscuras que les ocultaban el rostro y se prepararon para salir. —Buena suerte. —dijo Alex extendiendo la mano hacia el joven. —Si tenemos noticias sobre los movimientos del Imperio te las haré llegar por mensaje privado. —dijo mientras ambos se estrechaban las manos.

—Y será mejor que cuides a nuestras gatitas o te las verás conmigo. —exclamó Walter lanzando una carcajada. —Aunque algo me dice que van a ser ellas las que salven tu culo allá en el bosque. —agregó.

Los demás se despidieron también y pronto sólo quedó la party de Dante en el salón de reuniones, además del cocinero, quien los miraba expectante a la espera de la orden de salida.

—Vamos. —dijo finalmente el joven tras cerciorarse que su nueva espada estaba firmemente atada al cinto. —Es hora de empezar esta misión.

—¡Nya! —exclamó con evidente excitación la arquera llamada Mirna.

La pesada puerta de madera se abrió lentamente y una mano llevando un farol se asomó por el espacio que se abría hacia la oscuridad. —Con cuidado, Señor. —dijo el cocinero entrando primero. —Las escaleras están a oscuras.

Dante atravesó la puerta y miró la escalera que conducía al sótano apenas iluminado por la temblorosa luz del farol. —¿Estás seguro que hay un pasaje secreto allá abajo? —preguntó. —Alex me dijo que ellos exploraron toda la casa minuciosamente luego de haberla adquirido y ni siquiera Dirk… —comenzó a decir Silvana pero el antiguo cocinero sacudió la cabeza.

—Los anteriores propietarios tampoco conocían de este pasaje. —respondió el NPC. —Yo aprendí sobre su existencia de casualidad, gracias a un comentario que escuché de la persona que me enseñó el oficio, el anterior cocinero que trabajaba aquí antes que ustedes adquirieran la propiedad. Dante colocó su mano sobre el hombro del NPC y sacudió la cabeza. —No es necesario que te disculpes, estoy muy agradecido que puedas ayudarnos con esta información en este preciso momento.

El NPC sonrió en forma misteriosa. —Es un placer, señor. —dijo. —Además esos tipos del Imperio maltratan a todos por igual, no solo a los aventureros.

Antes que Dante pudiera digerir aquellas misteriosas palabras el cocinero comenzó a bajar las escaleras mientras Diógenes se asomaba por la puerta. —¿Y? —preguntó mirando nervioso el hueco de la escalera.

—Supongo que… es seguro. —respondió el joven estratega.

Mirna abrió la pesada puerta por completo mientras hacía señas a los demás. Uno a uno fueron atravesandola y comenzaron a bajar despacio los escalones de piedra que descendían a las profundidades de los sótanos de aquella enorme casona.

—¿Nunca habías visitado este sitio? —preguntó Diógenes volviéndose hacia Silvana. La joven sacudió la cabeza. —No, los lugares cerrados… no me gustan mucho. —dijo apretando con fuerza el báculo entre sus manos.

—Nyan. —afirmó Mirna sacudiendo las orejas bajo su capucha.

El joven estratega calculó que se encontraban por lo menos a unos diez metros bajo el nivel de la calle. La humedad en el ambiente era apreciable y los ladrillos de las paredes estaban húmedos, definitivamente estaban cerca de las alcantarillas de la ciudad tal y como había afirmado el mayordomo.

—¿Que has podido averiguar de este pasaje? —preguntó Dante a su compañero Archivista.

—Solo que hace al menos treinta años que no se utiliza. —respondió el jugador. —Ninguno de los tres NPC de esta casa han entrado en el, sólo han oído historias sobre su existencia por parte de otros empleados que hubo antes que ellos llegaran, lo que es curioso. ¿No crees?

Dante se volvió para mirarlo al rostro. —¿A qué te refieres?

—Piensalo… ¿No ha sido realmente conveniente que JUSTO ahora la existencia de este camino secreto se nos ha sido revelada?

—Bueno… si es cierto, pero recuerda que solo tú has sido capaz de hablar con estos NPC's de forma de revelar toda la información que poseen. Tienes una habilidad que ningún otro personaje en toda esta ciudad posee. —observó el joven.

—Te concedo eso. —respondió el Archivista. —Pero aún así hay una serie de factores que no podrían estar atados al azar.

—¿Qué es lo que sospechas?

—Calypso ha creado este pasaje para nosotros. —afirmó Diógenes. —Estoy seguro que nada de esto existía en este mundo antes de nuestra llegada a este Clan Hall ayer por la mañana.

Dante reflexionó aquellas palabras unos segundos antes de sacudir la cabeza. —Es posible. —dijo finalmente. —Pero eso supondría reescribir la historia algo así como 30 años en el pasado.

—¿Y? ¿Que problema hay en reescribir algunos libros de historia o alterar algunos diálogos en los NPC's? Para el UniEngine eso no supondría ningún problema.

El joven se acarició la barbilla pensativo. —Ciertamente… pero algo así podría abrir posibilidades a una paradoja temporal.

—¿Ya pensando en formas de destruir el mundo? —bromeó el Archivista. —Tratemos primero de salvarlo nosotros y luego veremos. —dijo.

Para entonces el grupo ya había llegado al fin de la escalera y tras una pesada puerta de madera vieron el famoso sótano del Clan Hall de La Orden.

—¿Para qué usan este lugar? —preguntó Diógenes mirando los muebles rotos y barriles desarmados.

—Para nada. —respondió el cocinero. —Hay demasiada humedad como para poder almacenar alimentos u otra clase de objetos de valor, no obstante he oído que ciertos gremios suelen tener sus celdas y calabozos en lugares como estos…

—Típico de villanos. —observó Silvana olfateando el ambiente.

La habitación estaba a oscuras pero eso no resultaba ningún obstáculo para la avanzada visión de las dos chicas-gato. Ellas observaron que la estancia estaba desprovista de muebles, pero había restos de maderas podridas aún sujetos a las paredes por trozos de clavos oxidados, lo que hacía pensar que en alguna época aquel lugar si se usaba para almacenaje. Mirna encendió un par de antorchas y la oscuridad retrocedió de inmediato.

De inmediato el ambiente se llenó de chillidos y una docena de ratas de todos los tamaños comenzó a alejarse de los aventureros mientras corrían por el piso de piedra a toda velocidad.

—Bueno, la buena noticia es que estamos aquí… y la mala es que estamos aquí. —dijo Dante rascándose la cabeza. —¿Supongo que la entrada está oculta, verdad?

El cocinero asintió con la cabeza.

Los cuatro aventureros se pusieron manos a la obra y comenzaron a examinar detenidamente las paredes del sótano a la luz de las antorchas en busca de la puerta secreta. Ninguno de ellos tenía verdaderas habilidades que pudieran ayudarlos en la tarea de descubrir el mecanismo que abría la misma, pero al menos Mirna y Silvana tenían una vista extremadamente aguda que les permitían descubrir detalles en las rocas que para Dante y Diógenes eran prácticamente invisibles.

Presionaron cada ladrillo de la pared y recorrieron con los dedos cada pequeño hueco y grieta en las paredes, pero al cabo de quince minutos de búsqueda fué evidente que no iba a ser una tarea fácil.

—¿Qué opinas tú, Diógenes? —preguntó Dante tras arrancar un viejo clavo oxidado que colgaba aún de una de las paredes. —¿Será algún tipo de entrada mágica? ¿De esas que hay que recitar un hechizo?

El jugador sacudió la cabeza. —No, no lo creo. —afirmó. —Estuve leyendo los registros de Alex y lo que heredó de los antiguos ocupantes de esta casa… los anteriores dueños fueron mercenarios y los que estuvieron antes que ellos fueron herreros, que por cierto fueron quienes construyeron la forja de Rita…y aunque encontré pocos registros más allá de quince o veinte años atrás, pude descubrir que los constructores originales del edificio eran comerciantes, probablemente gente acaudalada que querían mantener sus negocios en el mejor secreto posible. No hay referencias sobre magos, alquimistas u otra clase de profesiones relacionadas con lo arcano en esta casa.

—Así que… el pasadizo es en realidad un túnel de contrabando para ingresar mercancías a la ciudad. —razonó Silvana.

—Exacto. —exclamó Dante. —Por eso esta casa está cerca de las murallas, para que el acceso al mismo sea más fácil.

El joven se acercó a la puerta en donde estaba esperando pacientemente el cocinero y examinó el marco de piedra de la misma. —Si utilizaron este lugar como punto de entrada de mercancías, de seguro hay rastros de ellos.

—¿Rastros de algo que sucedió hace 30 años? —preguntó confundida Silvana.

—Cuando mueves cajas o carretillas u objetos grandes… siempre dejan marcas, ya sea por desgaste o por golpes… ¿Ven esto? —dijo señalando los ladrillos en la base del marco. —Estas marcas en la piedra son golpes, seguramente producto de alguna carretilla golpeando la roca. Apuesto a que la entrada secreta tiene golpes y arañazos similares.

Se pusieron a buscar nuevamente en base a aquella pista y fué Mirna quien, luego de apartar restos de maderas podridas y viejas botellas vacías que se encontraban formando pequeños montones por todo el suelo de piedra, señaló las marcas en los adoquines con emoción.

—¡Nya! —exclamó.

Había rayones alargados en la roca y todos apuntaban hacia la salida. Los cuatro aventureros recuperaron el entusiasmo y comenzaron a apartar toda la basura que podían hacia ambos lados de la habitación. Al cabo de algunos minutos lograron despejar casi todo el suelo, pero no había señales de la misteriosa puerta. —Miren esto. —dijo Silvana apuntando su bastón hacia una zona del suelo. —¿Eso es…?

Mirna tomó su cuchillo de caza y raspó el lugar en donde Silvana había señalado. La hoja brillante del arma levantó unos restos oxidados que se desarmaron en cuanto los alzó para mostrarselo a los demás.

—Los restos de una anilla de hierro. —dijo Diógenes. —De seguro usaban eso para levantar la losa de piedra que cubre la entrada.

Habían encontrado la puerta secreta, ahora solo faltaba descubrir cómo abrirla. Por suerte tanto Mirna como Silvana sabian que hacer.

—Con Dirk y Alex lo hicimos muchas veces en los templos abandonados que hay en las ruinas que exploramos el otro dia. —explicó Silvana.

Mientras hablaba Mirna había empuñado su cuchillo de caza y cuidadosamente comenzó a recorrer el perímetro de la losa deslizando la afilada hoja entre piedra y piedra.. Ahora que sabían que el lugar que ocupaba la anilla oxidada era el centro de la puerta, no les resultó difícil descubrir el contorno de la misma y quitar la tierra que se había acumulado a lo largo de las décadas de desuso. Una vez que la chica-gato hubo terminado de pasar su cuchillo, fué el turno de Silvana. La joven druida tomó una bolsita de cuero de su inventario y comenzó a esparcir unos pequeños gránulos amarillos por el pequeño espacio que el cuchillo de Mirna había dejado entre la losa y el suelo alrededor.

—¿Qué es eso? —preguntó Diógenes.

—Semillas. —dijo Mirna hablando por primera vez desde que se despertaran esa mañana.

Dante miró a la chica gato y comprendió de inmediato. —¡Ah! —exclamó. —¡Claro!

No hizo falta colocar agua como en otras ocasiones, ya que el aire y hasta las rocas del sótano estaba completamente saturados de humedad. Silvana agitó el báculo frente a ella y su magia iluminó por completo la estancia con resplandores dorados.

—¡Minhair! —exclamó en voz alta.

Un centenar de zarcillos verdes comenzaron a crecer entre el borde de la losa y rápidamente llenaron todo el espacio disponible, entonces cada talló empezó a engrosar de forma exagerada y la enorme piedra se sacudió.

Silvana hizo un delicado gesto con su bastón y las enredaderas levantaron la pesada losa con facilidad, apartandola a un lado al mismo tiempo que decenas de pequeñas florecillas blancas brotaban todo alrededor.

—Wow. —exclamó Diógenes. —Eso ha sido alucinante.

La joven bajó el bastón y la luz se extinguió lentamente. —Seguramente Alex querrá usar este pasadizo en alguna otra ocasión, será mejor dejar la puerta intacta, tal vez Rita pueda reparar el mecanismo.

—Bien pensado. —dijo Dante mirando la oscuridad que los esperaba tras la ahora abierta entrada al pasadizo. —¿Están listos?

—Listo

—Lista

—¡Nya!

Dante tomó una de las antorchas de las paredes y se acercó a la abertura. A la luz de las llamas pudo ver una rampa que descendía hacia la oscuridad. A lo lejos creyó escuchar el sonido del agua corriendo, pero nada más.

—Yo iré primero. —dijo.

Pero Mirna le dió una palmada en la espada apartandolo y bajó primero por la rampa con su cuchillo en la mano.

—¿Pero que…? —comenzó a decir Dante.

—Será mejor que Mirna vaya primero. —explicó Silvana con una sonrisa. —Su vista y oído son mucho más agudos que los tuyos Dante. —afirmó. —Si hay peligro delante, ella lo sabrá primero.

—Oh… rayos, tienes razón. —reconoció el joven rascándose la cabeza. —Lo siento Mirna.

—Nya. —respondió la arquera sacudiendo las orejas.

Diógenes caminó hacia donde estaba el cocinero y le extendió la mano. —Gracias por la ayuda. —dijo haciendo una reverencia. —Será mejor que vuelva a la cocina antes que toda esta humedad le haga enfermar. —dijo.

El hombre sonrió. —Ha sido un placer. —afirmó estrechando la mano del Archivista. —Presenciar milagros como estos. —dijo señalando las enredaderas que sostenían la pesada piedra. —Es bueno para cortar la rutina de vez en cuando. Ah por cierto. —dijo recordando algo de pronto. —¿Ustedes van al bosque, verdad?

—Ese es el plan. —dijo Dante dándose la vuelta en la entrada del pasadizo.

—Estoy buscando cierta raíz para preparar un plato especial. —dijo. —Es una especie de Jengibre, pero de color rojizo que crece al norte del bosque. Hace años que no veo de esas raíces en el mercado y ya que ustedes van para esas regiones…

La ventana de Quest se abrió frente a Dante, quien era el líder de aquella party. El joven examinó el texto y usando un gesto rápido de la mano aceptó el pedido. —Claro. —respondió. —Si vemos algo como eso te traeremos algunas.

—Gracias. —dijo el NPC. —Les aseguro que prepararé un plato delicioso.

—Estoy segura de que si. —exclamó Silvana. —Espero que pueda enseñarme la receta algún día.

—Será un placer, Señorita. —respondió el cocinero con una reverencia. —¡Buena suerte allá fuera!

En cuanto el NPC desapareció tras la puerta del sótano los cuatro aventureros se prepararon para comenzar su viaje. Mirna comenzó a descender la rampa seguida por Dante, luego Diógenes y Silvana cerraba la marcha. La joven mantenía una pequeña esfera de luz blanca en la punta de su báculo y podía dirigir la luz de la misma en la dirección que desease, por lo que Dante apagó su antorcha y confió plenamente en las habilidades de Mirna para garantizar la seguridad del grupo.

La rampa descendió un centenar de metros por un estrecho túnel y al llegar al final del mismo descubrieron que no había salida. Esta vez sin embargo el mecanismo de apertura de la puerta estaba a la vista y Dante fácilmente localizó la palanca de hierro que permitía mover una sección de la pared. Se necesitó la fuerza combinada de Dante y Mirna para moverla, pero finalmente pudieron dejar al descubierto una abertura lo suficientemente ancha para que todos pudiera pasar.

Del otro lado de la misma se abrían los canales de desagüe de la ciudad. Un verdadero laberinto de túneles que serpenteaba en todas direcciones, algunos de casi tres metros de altura y otros tan bajos que había que agacharse para poder pasar por ellos. A la luz del báculo de Silvana observaron en silencio el paisaje de túneles que se abría ante ellos.

Lo primero que hizo Dante fué abrir el mapa y comprobar su ubicación. —Pero… —exclamó.

—¿Qué sucede? —quiso saber Diógenes con una arruga de preocupación en el rostro.

—La brújula no funciona. —explicó el joven. —No podemos saber la dirección aquí abajo.

—Oh rayos.

Para el desconcierto de Dante, Mirna extendió la mano hacia uno de los túneles. —Sur —dijo simplemente mientras movía la cola y miraba al joven con expresión cansada.

—Mirna tiene habilidades de exploradora. —explicó Silvana. —Ella puede orientarse no solo en la oscuridad, también bajo tierra y en interiores.

Confidentes en el sentido de orientación de la arquera, los demás siguieron a la chica-gato por el túnel que había señalado y se internaron en lo profundo de los drenajes sin escuchar nada más que el goteo del drenaje y el correr del agua en los canales.

Ya no estaban en una zona protegido y aquello resultó evidente en cuando tuvieron su primer encuentro con monstruos en aquellos túneles. Mirna se detuvo y agitó las orejas, gesto que Silvana rápidamente tradujo a los demás. —Hay un grupo de criaturas hostiles delante. —dijo. —Pero son animales que viven en estos túneles, no son seres malvados. Trataremos de evitar provocarlos para que no nos ataquen.

Aquello sorprendió a Diógenes, quien había escuchado por boca de Alex los lineamientos principales del Clan, pero no comprendía los alcances de aquella directiva. —¿Tampoco atacan a los animales agresivos a los jugadores? —preguntó intrigado. —¿Ni siquiera en defensa propia?

—Solo si se trata de animales poseídos o corrompidos. —respondió Dante. —La Orden no caza animales salvajes o aquellos que son hostiles para defender su territorio o a sí mismos. —explico.

En ese momento todos pudieron oír los chillidos que se acercaban y a unos treinta metros por delante una docena o más de puntitos rojos brillantes aparecieron en la oscuridad.

—Ratas Ferales. —dijo Silvana tomando su bastón con ambas manos. —Son de nivel relativamente bajo, pero atacando en grupo pueden ser un problema para cualquiera, especialmente en lugares cerrados como estos.

Ahora podían ver a los animales claramente: eran una docena de grandes ratas de pelaje marrón, del tamaño de un perro mediano o más, definitivamente no eran simples ratas de alcantarillas. Los ojos brillantes reflejaban la luz que brotaba del báculo de la joven Druida y los colmillos amarillos asomaban de sus bocas en actitud amenazadora. Lentamente avanzaron hacia los cuatro aventureros lanzando chillidos y con el pelaje erizado, listas para atacar.

Dante desenvainó su espada casi sin hacer ruido. Diógenes lo imitó con su daga y colocó su espalda contra la pared de roca, pero ni Silvana ni Mirna hicieron movimiento alguno.

—¿Puedes dormirlas? —preguntó el guerrero mirando nervioso a la Druida. —¿O hacer que se calmen?

—Ciertamente. —dijo la joven con voz calma levantando el bastón pero Diógenes la detuvo con un gesto. —Espera… ya no estamos en la seguridad del Clan Hall, tu magia podría atraer atención no deseada, especialmente teniendo en cuenta lo poderosa que es.

Silvana volvió a bajar el bastón y miró asombrada al Archivista. —Tienes… tienes razón. —dijo. —Alex me advirtió sobre ello, casi lo olvidé.

—¿No podemos aturdirlas de alguna forma? —preguntó Dante. —Tal vez podamos…

Antes que pudiese pensar en un plan Mirna se quitó la capa y repentinamente dió un gran salto hacia los roedores mientras sujetaba su enorme cuchillo entre los dientes. La cola de la chica-gato se erizó de pronto y quedó erguida casi en vertical, al igual que el pelaje de su cabeza. —¡Nyaaaaa! —gruñó mostrando sus manos cuyas uñas se habían alargado de pronto como verdaderas garras y su voz fué acompañada de un bufido.

Las ratas retrocedieron asustadas y huyeron por los túneles dando chillidos de terror. Mirna simplemente envainó su cuchillo y tras aclararse la garganta volvió a colocarse la capa. —Nya. —dijo guiñando un ojo a Dante.

—Un gato sirve igual. —observó Diógenes rascándose la cabeza.

Continuaron en la dirección que Mirna había señalado y no tuvieron más encuentros con las criaturas del lugar. Dante comenzó a comprender el lenguaje corporal de la chica-gato y al poco tiempo ya podía entender el significado de la posición de las orejas de Mirna cada vez que se detenía a escuchar algún peligro. «Orejas aplastadas contra la cabeza; guardar silencio. Movimiento repetitivo de ambas orejas simultáneamente; peligro, detener la marcha. Ambas orejas erguidas apuntando en una dirección; contacto detectado»

Era realmente un sistema muy práctico.

No vieron ni oyeron a otros jugadores (Aunque era muy temprano, había jugadores con hábitos nocturnos que solían estar activos a esas horas) pero en un momento Diógenes levantó la mano pidiendo detenerse un momento.

—¿Qué sucede? —preguntó Silvana.

—Siento que alguien está usando magia. —dijo colocando su mano derecha en la pared de ladrillos húmedos. —En algún lugar más allá de esta pared alguien está recitando un hechizo elemental.

—¿Un jugador? —preguntó Dante.

—Es posible.

—Eso de poder sentir la magia es algo realmente útil. —dijo Silvana. —Es como…

—Un radar de detección pasiva. —dijo Dante poniéndose de cuclillas junto al Archivista quien continuaba concentrado junto a la pared. —¿Obtienes la dirección y el tipo de magia que se utiliza? ¿También la distancia? —preguntó interesado el joven.

Diógenes quitó la mano de la roca y sacudió la cabeza. —No la distancia exacta, pero si la intensidad, lo que me dá una idea general de que tan cerca o lejos puede ser. —dijo. —¿Sabes cómo funciona la magia en Calypso? —preguntó mirando a su compañero.

—No, para nada. —confesó el joven. —Pero se que es algo de demasiada importancia en este mundo como para ignorarlo, tarde o temprano tendré que instruirme pronto en las mecánicas generales de cómo los jugadores la utilizan.

Silvana levantó la mano como si estuviera en la escuela. —Oh, es muy fácil. —dijo entusiasmada. —La magia en Calypso se divide en escuelas y cada escuela se divide a su vez en especializaciones de cada categoría de hechizos.

—Es tal cual como dice nuestra adorada Druida. —respondió Diógenes. —Cada escuela y especialización tienen a su vez afinidades con las clases y razas de Calypso… pero yo me refiero al funcionamiento de la magia desde un punto de vista más… científico.

Dante lo miró intrigado. —¿Científico? —preguntó.

—¿Nya? —preguntó curiosa la Arquera

—La magia no deja de ser un tipo de energía. —explicó el Archivista. —Y como sabrás hay muchas formas en las que la energía de un sistema puede manifestarse… energía mecánica, térmica, radiación, etc…

—¿Osea que la magia es un fenómeno físico? —preguntó Silvana.

—Así es, y como tal es perfectamente medible. —respondió Diógenes.

Dante se rascó la barbilla. —¿A qué te refieres con medible?

—A que la energia magica se manifiesta en un amplio rango de magnitudes… algo así como…. ¿Conoces el espectro electromagnético?

—Sí, como la luz y las ondas de radio… espera un segundo. —razonó Dante. —¿Dices que la magia es un tipo de onda electromagnética?

—Comparte ciertas propiedades, al menos en lo que a su comportamiento como onda se refiere. —explicó. —Hay algunas otras similitudes por supuesto, pero ya seria algo demasiado engorroso de explicar… y necesitaria un pizarrón para ello.

Los demás estuvieron de acuerdo en que aquel no era momento ni lugar para recibir una clase de ese estilo. —Estoy seguro que tus jefes podrían darte una explicación más elaborada. —dijo Diógenes guiñando un ojo al joven.

—Le pediré un resumen, te lo aseguro. —afirmó Dante. —Volvamos a ponernos en marcha.

Continuaron avanzando en dirección sur y tras atravesar las ruinas de un puente de piedra que se había derrumbado sobre uno de los canales principales el camino comenzó a ascender en forma perceptible. Tras un par de vueltas más llegaron a lo que aparentaba ser el fin del camino. El mecanismo de apertura de aquella salida secreta estaba completamente destruido a causa de un derrumbe del túnel, por lo que no les quedó más remedio que comenzar a despejar las piedras que habían caído desde el techo y las paredes.

No tuvieron que trabajar mucho por suerte. En cuanto una abertura del tamaño suficiente para que Dante pudiera pasar quedó despejada (Ya que el era el más robusto del grupo) los cuatro aventureros recibieron un soplo de aire fresco del exterior en cuanto la ultima piedra fue retirada.

Todavía estaba oscuro afuera, pero el sol no tardaria en asomar sobre las montañas al este. Ocultaron la entrada con ramas y piedras lo mejor que pudieron sabiendo que probablemente volverían a necesitar usar esa ruta en el futuro.

Se alejaron unos cien metros de las murallas amparados aún en la oscuridad de la noche, sin saber como localizar al mayordomo con los caballos (Ya que solo habían acordado un punto intermedio entre la salida sur y el punto más cercano al Clan Hall en línea recta hasta la muralla)

Por suerte el oído sensible de Mirna bastó para localizar los dos caballos y tras una breve caminata encontraron al NPC y los dos animales esperando tranquilamente bajo un árbol.

El mayordomo los reconoció inmediatamente y les extendió las riendas de las cabalgaduras. —Todo ha ido de acuerdo al plan. —dijo haciendo una reverencia. —Aunque la seguridad de la ciudad ha aumentado considerablemente. Desde que salí de las caballerizas hasta que pasé por las puertas de la ciudad fuí interceptado tres veces por las patrullas.

—¿Intentaron iniciar algún tipo de conversación contigo? —preguntó preocupado Diógenes.

—No, solo me miraron feo y uno de ellos creo que lanzó una especie de hechizo sobre mí, pero nada sucedió y me dejaron tranquilo enseguida.

Dante se volvió hacia su compañero. —¿Qué es lo que te preocupa? —preguntó.

—Hay hechizos para recabar información de los NPC's por vía mágica. —dijo pensativo. —No se si se aplican a mayordomos de un Clan Hall, pero al menos estoy tranquilo que estaba protegido por las salvaguardas de la ciudad, si hubiese ocurrido en una zona PvP es posible que pudieran extraer algo de información.

—Esto...se está poniendo peligroso. —dijo Silvana.

Mirna tomó las riendas de su yegua (Un animal un poco más pequeño de pelaje gris oscuro y orejas erguidas) y saltó sobre ella con asombrosa facilidad. —Nya. —dijo extendiendo una mano hacia Silvana. La joven druida tomó la mano de su amiga y subió a la grupo del animal tras la arquera.

Dante hizo lo mismo con el otro caballo; un potro de raza fuerte y buena alzada de pelaje blanco con manchas marrones en los flancos. Antes que pudiera ayudar a su compañero vió como el mayordomo sujetaba a Diógenes con ambas manos y lo depositaba en la silla tras Dante como si se hubiese tratado de un niño pequeño.

—Gracias. —dijo el jugador haciendo un gesto con la cabeza. —Ten cuidado cuando regreses a la ciudad, puede haber perros salvajes u otros monstruos de nivel bajo por la zona.

Para su sorpresa vieron que el NPC desenvainó una filosa daga de acero. —La señorita Rita me proveyó de un arma adecuada para mi propia defensa. —dijo. —Pero intentaré evitar cualquier alboroto hasta que ustedes se hayan alejado bastante.

—Gracias. —Dijo Dante tomando ambas riendas con una mano. —No hubiésemos podido llegar hasta aquí sin su ayuda.

—Si lo que oí del señor Alex es cierto, el destino de este mundo podría estar en manos de ustedes… ojalá pudiera hacer algo más para ayudar en semejante tarea.

Diógenes reflexionó unos momentos y miró al NPC a los ojos. —Lo que necesitamos es información. —dijo. —Cualquier rumor que escuches sobre lo que sucede en Calypso nos será de utilidad.

El mayordomo volvió a hacer una reverencia. —Tengo amigos. —dijo. —Nosotros los mayordomos tenemos, aunque no lo crea, nuestro propio gremio.

—¿Su propio…? —comenzó a decir Silvana asombrada.

—Informaré al Señor Alex de todo lo que averigue. —prometió el NPC. —Ahora será mejor que partan enseguida; el sol está comenzando a asomar tras las montañas.

El mayordomo no se equivocaba; el cielo tras las sombras negras de las montañas había comenzado a aclararse y el alba era inminente. Mirna y Dante giraron las cabalgaduras en dirección al este.

—¡Buena Suerte! —exclamó el NPC agitando el brazo en alto. —¡Y buena caza!

Las dos cabalgaduras partieron al galope y se internaron en las llanuras sin mirar atrás.

El Bosque Viejo los esperaba.