Cuando la Party de aventureros (ahora con un nuevo miembro entre sus filas) emergió de la caverna a la espesura del bosque, Las Hermanas estaban ya altas en el cielo salpicado de estrellas y la niebla de la floresta se había disipado por completo. Incluso Diógenes, cuya vista era horrible en noches normales, podía ver bastante bien a la luz de las lunas.
Nelly avanzaba por delante seguido de cerca por Karina, quien aún tenia sus serias dudas sobre agregar al grupo a quien menos de una antes apareciera como uno de los monstruos de Calypso en su interfaz de juego. Diógenes y Dante cerraban la marcha caminando en aparente silencio aunque en realidad, no paraban de intercambiar mensajes de chat desde que salieran de la sombra del milenario árbol de las Driadas.
—¿Conoces sobre la Matriz de personalidad de los NPC's de Calypso? —preguntó el Archivista una vez que sus ojos se hubiesen acostumbrado a la luz del bosque.
El joven asintió. —El asistente de nuestro Jefe nos explicó un poco de cómo funciona. —reconoció. —Aparentemente tu personaje tiene una afinidad bastante buena con ese sistema.
—Si, eso lo noté desde la primera vez que llegué a la ciudad de Mir. —explicó Diógenes. —Los espías e informantes también tienen capacidades mejoradas para interactuar con los habitantes de Calypso, pero ninguno de los tutoriales que miré antes de entrar al juego comprendian ni un diez por ciento de las opciones de las que yo disponía.
—¿Sabías que tenías el potencial para convertirte en un "natural"? —preguntó Dante.
—No, pero lo descubrí demasiado pronto. —reconoció el hombrecillo. —Por suerte es un atributo que pasa relativamente desapercibido.
Dante miró las lunas que brillaban por entre las hojas oscuras de los árboles que pasaban lentamente por sobre sus cabezas. —Me pregunto cuantos más secretos esconde este juego. —dijo.
—¿Como el de nuestra nueva compañera Nelly? —preguntó Diógenes. —En cuanto la comunidad se entere que un NPC que clasifica como una raza "neutral" en el juego puede, de hecho, unirse a una party y encima compartir rasgos de interactividad con el sistema… los foros de discusión y redes sociales van a explotar.
—Algo me dice que será mejor no difundir esto último. —razonó el joven. —¿En serio no había sucedido antes?
—No que yo sepa. —reconoció el Archivista. —Como te dije, es normal en las Quest de escoltar o proteger a un NPC este figure listado como miembro temporal de la Party que realiza dicha misión… pero lo que vemos aquí es una interfaz que no difiere en nada con la de otro jugador normal. —explicó Diógenes señalando el retrato y barras de información de Nelly.
—Eso probablemente sea el resultado de tus ridículas habilidades de interacción. —dijo Dante suspirando. —Dudo mucho que haya otro jugador en todo Calypso que pueda hacer lo mismo.
—Eso no lo sabemos. —lo corrigió el Archivista. —Una vez que algo es posible en el juego SIEMPRE puede ser replicado. —afirmó.
—¿Con magia? ¿Quieres decir con otro de esos… artefactos?
—Toda mecánica de juego puede ser explotada si se conocen los parámetros adecuados. —afirmó Diógenes. —Es parte de la teoría de juego y lo que hace a los jugadores "hardcore" justamente ser "hardcore".
Los dos aventureros guardaron un momento de silencio mientras pensaban en aquello. Mientras tanto unos cuantos metros por delante, Karina y Nelly avanzaban en silencio. La joven Teniente estaba sorprendida por el movimiento de la exploradora, quien parecía caminar entre las plantas sin siquiera doblar bajo sus pies la hierba que pisaba. Seguir el rastro de un ser como aquel en un bosque sería prácticamente imposible. Se preguntó si la firma de calor de su cuerpo aparecería en su visor nocturno. Con mucho cuidado de que Diógenes no la viera (Al fin y al cabo todavía seguía tratándolo como a alguien ajeno a la misión) se colocó las gafas y las activó en modo rastreador infrarrojo.
El bosque se transformó a su alrededor y pudo ver claramente a la Dríada que caminaba por delante. La temperatura corporal de la misma era muy por debajo de la que debería irradiar de un cuerpo humanoide como aquel. Esa tal Nelly podría fácilmente pasar desapercibida entre las demás señales infrarrojas del bosque si se movía con cuidado.
—¿Sucede algo? —preguntó de pronto la forma de colores dándose la vuelta.
Karina se quitó rápidamente el visor nocturno y sacudió la cabeza. —No. —dijo. —Solo estaba revisando que nadie nos siguiera.
La joven asintió. —Estamos solos en varias leguas a la redonda. —afirmó. —La Matriarca ha ordenado que todas sus hijas se oculten esta noche.
—Comprendo.
La joven Driada volvió a ponerse en marcha pero era evidente que que sentía curiosidad por aquellos aventureros. —¿Tu también eres una guerrera, verdad? —preguntó al cabo de unos minutos de marcha.
Karina se sorprendió por la pregunta. —Algo así. —respondió.
—Lo vi en tus ojos. —afirmó la joven Exploradora. —A diferencia de esos dos, tu tienes los ojos de una guerrera.
—¿Hay algún problema con mis compañeros? —preguntó aún más intrigada la Teniente O'Higgins.
—Es que… parecen ser más diestros con la lengua que con las armas. —dijo encogiéndose de hombros. —Ese que llamas Dante… tiene el físico de un guerrero, pero no se comporta como tal, es como si mantuviese la guardia baja todo el tiempo ¿Es algún truco? —preguntó.
—Dante es de los que luchan con el cerebro. —respondió Karina sacudiendo la cabeza. —Aunque a veces hasta yo dudo que al menos sea bueno en eso. Desde que nos conocimos que nuestros planes se tuercen de una forma u otra.
—Comprendo. —respondió pensativa la Driada. —El otro pequeñín…. ni siquiera transmite una sensación de amenaza, es casi completamente inofensivo pero…
—¿Pero?
—Sus palabras… sus palabras tienen algo que su cuerpo no tiene…. no se como explicarlo. —dijo moviendo las manos. —Es como si sus palabras fueran más grandes que su cuerpo.
—De donde yo vengo los llamamos "Políticos". —explicó la piloto con una sonrisa. —Son personas que representan cosas más grandes de lo que son en realidad… y se creen superiores a los demás por ello.
—Comprendo. —dijo la Driada. —Me alegro entonces que al menos tú seas una guerrera, o nuestra misión estaría condenada al fracaso.
—¿Sabes que soy una guerrera solo con verme a los ojos? —preguntó la Teniente O'Higgins con curiosidad.
—Si. —dijo Nelly. —Tus ojos me dicen que ya has matado antes.
Karina se detuvo en el lugar. —¿Te refieres…. al juego? —preguntó tragando saliva.
Ahora fue el turno de la Dríada de detener su marcha para mirar a la asesina. —¿Juego? —preguntó mientras su hermoso rostro se contrajo en una mueca de espanto. —¿De qué juego estás hablando?
—Yo… es decir…
—¿Crees que esto es un juego? —preguntó de pronto acercándose hacia la Teniente con una mirada que no le gustó nada. —¿Crees que mi Hermana murió "jugando"? —preguntó alzando la voz
Dante y Diógenes se detuvieron justo detrás de Karina sin comprender lo que estaba sucediendo.
—¡Responde! —exigió la Exploradora. —¿A que te refieres con que esto es un Juego?
—Oh mierda. —exclamó Dante al comprender lo que estaba pasando.
Diógenes se colocó junto a él y sacudió la cabeza. —Esto no me gusta nada. La Driada está resquebrajando la cuarta pared.
—¿Cuarta pared? —preguntó Dante.
—Sígueme la corriente. —pidió el Archivista avanzando hasta quedar en medio de las dos jóvenes. —Tranquila, Nelly. —exclamó Dante extendiendo los brazos. —No es lo que tu crees… déjame explicarte.
La joven Driada dió un paso hacia atrás. —¿Qué tienes que explicar? ¿Quiénes son ustedes en realidad? ¿Qué es lo que sucede con ese… "juego"?
—Karina no se refiere a un «Juego» verdadero. —explicó. —Es parte de nuestras creencias religiosas, ella habla del juego de los dioses, la actividad lúdica omnipotente que nos envuelve en este mundo.
—Los.. ¿Los Dioses? —preguntó Nelly confundida. —Yo… es decir nosotras no…
—Está bien, no te preocupes. —la tranquilizó Dante. —Es solo una expresión de nuestra cultura, creeme que nos tomamos esta misión de salvar a nuestras compañeras y al Bosque muy en serio. —dijo.
Aquello pareció calmar a la Driada, quien miró a los aventureros sin saber que pensar de todo aquello. —Yo… no sabía. —dijo al cabo de unos momentos.
Karina suspiró profundamente. —Yo también lo siento. —dijo con una voz cansada ante la mirada reprobatoria de Diógenes, que parecía rogarle que pusiera un poco más de entusiasmo a aquel papel que estaba representando. —Esto… es realmente importante para nosotros. —agregó.
Nelly sonrió. —Gracias. —dijo. —Realmente… realmente yo quiero confiar en ustedes, tal y como mi hermana Delia lo hacía. —reconoció.
Reanudaron la marcha ahora en silencio. Solo Diógenes y Dante continuaron avanzando mientras no dejaban de intercambiar ideas por el chat de texto.
—Metagaming. —escribió el Archivista. —Calypso tiene formas de que lo tomen enserio. Es muy posible que la hostilidad de nuestra nueva compañera se deba a un mecanismo de Calypso para evitar que los jugadores traten al mundo como un simple videojuego.
—Si queremos obtener el apoyo de los habitantes de Calypso, tendremos que tomarnos esto en serio. —reconoció el joven. —¿Crees que Nelly reaccione de igual modo al ver lo que hay debajo de las enredaderas en el claro? —preguntó.
—No… recuerda que "Toda Tecnología lo suficientemente Avanzada es indistinguible de la magia" —recitó el Archivista. —La Driada tomará cualquier artefacto tecnológicamente avanzado como otra forma de magia, realmente no estoy preocupado por ello.
—Comprendo. —escribió Dante.
No tardaron mucho en llegar al claro en donde habian conocido a la Driada. De pronto los árboles parecieron abrirse delante de ellos y vieron la enorme masa enredada de plantas que cubrían la aeronave de la Teniente, quien se acercó rápidamente y comenzó a examinar las ramas con una expresión de desconcierto en el rostro.
—Esto va a llevarnos toda la noche. —dijo desenvainando el cuchillo de caza mientras sostenía una de las gruesas ramas con la otra mano. —Será mejor comenzar cuanto antes o…
Nelly se acercó en silencio y tras poner su mano sobre una de las lustrosas hojas susurró un par de palabras en un idioma desconocido; de inmediato las enredadera se sacudieron y comenzaron a contraerse sobre sí mismas. En menos de un minuto la enorme máquina de guerra se encontraba liberada por completo de su prisión vegetal.
—Oh cierto… magia. —dijo suspirando la joven mientras enfundaba nuevamente el cuchillo.
—Por la guitarra de Basara. —exclamó Diógenes al ver la silueta del VF-4 en modo GERWALK iluminado por Las Hermanas. —¿Estábamos hablando de Metagaming hace un rato? —preguntó mirando de forma divertida a Dante.
—No es para usar contra jugadores. —respondió el joven. —Es un medio de transporte privilegiado, nada más. —se justificó sacudiendo una mano.
Karina no respondió y en cambio sacó una pequeña linterna de su bolsillo. —Tengo que revisar que no haya ninguna parte obstruida. —dijo señalando las tomas de aire de los poderosos motores.
—Adelante. —respondió Dante. —Nosotros comenzaremos a trabajar en el plan de rescate.
Eligieron un sitio aparte junto a unas rocas y mientras Diógenes desplegaba el mapa que habían confeccionado con el poder de Silvana, Dante tomó la lámpara que Karina le había dado en Mir para iluminar mejor su pequeña reunión táctica. Mientras tanto la Driada se habia quedado junto al VF-4 y no le quitaba los ojos de encima, como si temiera que aquella cosa gigante cobrara de pronto vida.
—No te preocupes por eso. —dijo Diógenes adivinando los pensamientos de la joven. —Está bajo el control pura y exclusivamente de nuestra compañera Karina, no va a hacerte daño ni a ti ni al bosque. —aseguró el jugador para tranquilizarla.
Nelly se volvió y miró al hombrecillo confundida. —Es… ¿Es una especie de invocación? —preguntó.
—Es algo así como un Golem de metal. —respondió el Archivista. —Uno muy poderoso.
La joven asintió con la cabeza no demasiado convencida de aquello. Dió la espalda al caza mientras Karina hacía equilibrio precariamente en una de las alas a la vez que con su linterna revisaba minuciosamente los recovecos de su aeronave y se dirigió hacia donde los dos jugadores examinaban con avidez aquel pedazo de papel.
—¿Qué es eso? —preguntó poniéndose de cuclillas junto a Dante.
—Un mapa del Valle de los Gigantes. —explicó el joven. —¿Conoces la zona?
—Si… pero nosotros lo conocemos como El Valle Maldito. —explicó la Driada. —Es un lugar muy malo, muchas cosas dañinas crecen junto al agua, especialmente plantas y animales venenosos… aún así es parte del bosque y forma parte de las cosas que nuestra madre y nosotras protegemos.
—Comprendo. —dijo Dante rascándose la barbilla. —Este mapa ha sido dibujado recientemente y muestra como está el valle ahora… ¿Ves en el algo que te llame la atención?
La joven Driada se inclinó sobre el mapa y deslizó uno de sus finos dedos por el pergamino. —Estas líneas… ¿Que representan?
—Diógenes señaló el mapa. —Estas se llaman líneas de cota… representan la altura del terreno por lo que puedes diferenciar fácilmente la estructura del Valle… ¿Ves esto? —dijo señalando el perímetro de la ciénaga. —Esta es la parte más baja del valle, donde se junta el agua del pantano… cada vez que una de estas líneas se extiende hacia fuera del pantano, significa que el terreno se eleva unos cinco metros.
—Creo que entiendo. —dijo algo insegura pero de inmediato indicó un punto del mapa cerca de la orilla de la ciénaga. —Aquí había árboles y ya no están. —dijo con un dejo de cólera en su voz.
En efecto, la ausencia de árboles en la zona que marcaba la Driada formaba un camino que los demás siguieron con la vista hasta lo más profundo del valle.
—Juzgando por la falta de árboles en estos sitios, definitivamente los gigantes han creado varios caminos por todo el valle. —observó Dante.
—Sea como sea, no podemos ir por esos caminos. —dijo Diógenes sacudiendo la cabeza. —¿Qué hay de esa enorme caverna en donde la montaña cae en picado dentro del valle? ¿Alguna vez haz entrado en ella? —preguntó esperanzado.
—No, nunca. —respondió Nelly.
—Debemos asumir que es allí dentro en donde tienen prisionera a Silvana y a Mirna. —aseguró el joven estratega. —¿Sabes si hay alguna entrada a las cavernas aparte de la caverna principal? —preguntó pero para su decepción la joven volvió a sacudir la cabeza. —No… lo siento. —dijo apesadumbrada.
—Está bien, no te preocupes. —la tranquilizó Dante haciendo un gesto con la mano. —Encontraremos otra forma de entrar.
Nelly señaló una zona boscosa al oeste de la colina en donde el grupo de aventureros había sido emboscado. —Yo puedo guiarlos por la parte más densa del bosque hasta este paso. —dijo mientras marcaba con su dedo una serie de rocas finamente dibujadas. —Hay una grieta aquí por la que podemos acceder al Valle, es un camino secreto que solo nosotras las Driadas conocemos.
Un repentino zumbido hizo que Nelly se agazapara y sacara su arco largo. La velocidad con la que una flecha apareció en su mano y de pronto estaba lista apra disparar sorprendió a Dante, quien creyó estar en presencia de un tipo de magia y no de una habilidad física. —Tranquila. —dijo. —Es Karina encendiendo los motores.
—¿Motores…? —preguntó la joven bajando el arco.
—Los corazones del Golem. —explicó Diógenes interrumpiendo a Dante antes que el tema se le fuera de las manos. —Tiene dos… lo que escuchamos es el primero de ellos, ahora pronto cobrará vida el segundo.
En efecto, en ese momento el segundo motor del VF-4 inició su secuencia de encendido mientras las luces de la cabina iluminaban el casco de piloto de la Teniente O'Higgins.
—Volviendo al asunto del Valle. —dijo Dante tratando que la Driada dejara de mirar con desconfianza al caza. —Me parece que la idea de Nelly es la mejor manera de acercarnos, pero me preocupa algo.
—¿Qué cosa? —preguntó el Archivista.
—Es posible que haya centinelas…. no, definitivamente tienen algún tipo de vigilancia dispuesta en la zona. —aseguró el joven. —El ataque a la colina estuvo orquestado por alguien que sabía nuestra ubicación y que cortó todas nuestras vías de escape atacando desde varios puntos simultáneamente.
Diógenes meditó aquello unos segundos. —Es muy probable que hayan detectado la magia de Silvana. —dijo. —La druida es muy poderosa y su magia es fácil de sentir por quienes son sensibles a lo arcano.
Dante se rascó la barbilla pensativo. —¿Crees que a nosotros no nos detecten si nos acercamos a cubierto? —preguntó. —Salvo tu y Nelly, ni Karina ni yo podemos usar magia.
Diógenes se encogió de hombros. —Imposible saberlo. —reconoció—Otra forma muy común de usar vigías es mediante los familiares.
—¿Familiares? —preguntó el estratega.
—Animales entrenados… Águilas, cuervos… pero también algunos tipos de insectos. Dependiendo de quién use a las criaturas y de lo poderoso que sea, puede obtener información de lo que ve su "mascota".
—Comprendo. —dijo Dante. —Osea que podremos estar a cubierto hasta entrar al Valle, pero luego estaremos a merced de lo que sea que los gigantes hayan dispuesto para proteger el lugar.
—Asi es.
Mientras los dos jugadores miraban el mapa en silencio, Karina culminó la secuencia de encendido y el enorme avión se transformó en modo robot ante los sorprendidos ojos de la Driada.
—Y por supuesto, no podemos usar a "Golem-Kun" en nuestro rescate… ¿Verdad? —preguntó el Archivista señalando al enorme robot que por suerte quedaba oculto por los altos árboles que rodeaban al claro.
—Los "Dioses" no lo permiten. —dijo Dante suspirando. —Tendremos que arreglarnos por nuestra cuenta, lo que significa…
—Una infiltración. —culminó la frase Diógenes. —Y definitivamente no querrás llevarme conmigo, supongo.
El joven asintió. —A decir verdad… las únicas que tienen chance de triunfar en esta misión son Karina y Nelly. —reconoció el joven. —Pero hay algo más…
—¿Algo más?
—Se lo debo a Silvana y a Mirna. —respondió. —Prometí protegerlas y dos veces fracasé en el día… no lo haré una tercera vez. —aseguró con seriedad.
El sonido de una puerta al abrirse hizo que los tres aventureros levantaran la cabeza. En el pecho del robot, en donde la cabina se articulaba sobre sí misma y una cubierta de blindaje protegia al piloto, una compuerta se abrió y la Teniente Karina asomó su cuerpo por la pequeña abertura. —Se está tomando todo estoy muy en serio nuevamente, Joyner. —dijo mientras apagaba la linterna.
—A eso me dedico. —respondió Dante
—Entonces ¿tenemos un plan? —preguntó mientras comenzaba a examinar la cabeza del robot haciendo equilibrio sobre el blindaje de la cabina. —¿Otra infiltración? Te recuerdo que la última que hicimos juntos no salió como esperábamos...
—Si, ni me lo recuerdes. —dijo Dante suspirando. —Pero ahora al menos tenemos algunas ventajas.
—¿Como cuales? —quiso saber Diógenes.
—Primero, que es de noche y habrá menos jug… es decir gigantes. —se corrigió rápidamente el joven. —Segundo; Nelly es una exploradora experta y podrá conducirnos hasta su guarida sin que nos descubran.
La joven Dríada asintió. —Confíen en mí. —dijo.
—¿Y luego que? —volvió a preguntar el Archivista. —¿Daremos vueltas por esas cavernas toda la noche buscando a las dos chicas? ¿O planeas interrogar a uno de esos gigantes sobre su paradero?
—Ya se nos ocurrirá algo. —dijo Dante. —Tu mismo dijiste que la magia de Silvana es tan fuerte que puede ser sentida a mucha distancia… ¿Crees poder localizarla allí dentro?
El jugador sacudió la cabeza. —Es posible… —reconoció sin estar muy convencido. —Pero… ¿Entonces quieres que vayamos los cuatro?
—Los necesito a todos ustedes. —dijo el estratega. —Cada uno de nosotros tiene habilidades únicas que nos permitirán ganar esta batalla… de una forma u otra. Silvana tenía razón; es un error desarmar La Party… tenemos que permanecer juntos.
—O caer todos juntos. —suspiró Diógenes. —Qué es lo que probablemente pase.
Nelly se acercó al Archivista y lo señaló con un dedo. —Tu tienes la Semilla Estelar que te dió nuestra Madre. —dijo. —Deberías usarla.
El Archivista accedió a su inventario y sacó de entre los pliegues de su túnica el ítem en cuestión. —¿Esto? Si entiendo bien, permite crear una ilusión alrededor de una persona o entidad… pero nosotros somos cuatro, aunque uno de nosotros se camufle de alguna forma, no nos sería posible evadir a los gigantes.
Dante miró interesado la pequeña semilla. —¿Cómo funciona? —quiso saber.
—La descripción dice que tienes que estar bajo la luz de las estrellas y sostener la semilla en tu pecho pensando en aquello en lo que quieres convertirte; la semilla comenzará a absorber la luz de las estrellas y la planta que crezca alrededor tuyo devolverá esa misma luz en forma del espejismo que hayas invocado.
El joven escuchó atentamente la explicación y luego miró hacia arriba, en donde Karina continuaba revisando a su robot. —¿Crees que podamos usarlo en nuestro Golem? —preguntó.
—¿Eh? —preguntó confundido Diógenes. —¿Cómo que…?
—Si usamos la semilla para cubrir a Golem-Kun con un disfraz de gigante, podremos entrar a su base por la puerta principal y sin despertar sospechas… y podremos ir todos ocultos bajo la ilusión mientras Karina pilotea desde la seguridad de su cabina.
La joven escuchó aquello y se volvió sorprendida. —¿Qué quieres hacer… que cosa? —preguntó entre sorprendida y escandalizada.
—¿Recuerdan la serie de TV de la Primera Guerra Espacial? —preguntó entusiasmado el joven estratega. —El entonces Teniente Maximilian Jenius hizo algo similar pero usando usando un VF-1J y robando las ropas de un Zentradi para rescatar a su Capitán de las entrañas de una de las naves de la flota invasora. Estaríamos haciendo algo muy… similar. —dijo encogiéndose de hombros.
—¿Qué es "TV"? —preguntó Nelly intrigada.
—Es un viejo que cuenta historias a los más jóvenes. —explicó rápidamente Diógenes tras lo cual se volvió hacia Dante. —Es una idea… interesante. —dijo. —Pero no sabemos si esto funcione en un… Golem de metal.
—Solo hay una forma de averiguarlo. —respondió Dante.
—Hijo de puta. —exclamó Karina mientras abría una pequeña portezuela al costado de la cabina desde donde se desplegaba un cable de aleación con una manija para facilitar el descenso a tierra cuando la máquina de combate estaba en modo robot. Utilizando aquel dispositivo bajó con una rapidez felina y aterrizó en la hierba casi sin hacer ruido. —¿Vas a usar MAGIA en mi…? —comenzó a decir mientras avanzaba hacia el grupo reunido alrededor de la lámpara.
—En tu Golem, si. —respondió rápidamente Dante. —Me parece que es nuestra mejor opción.
La joven lo miró sin saber si estaba bromeando o no, pero ya había visto con sus propios ojos los planes que aquel hombre era capaz de conjurar en su cabeza. —No va a funcionar. —dijo cruzándose de brazos. —No PUEDE funcionar.
—Es eso o rendirnos. —reconoció el joven. —No veo otra opción.
Karina se detuvo a unos pocos pasos de Dante y se llevó la mano al rostro. —Esto no puede estar pasando. —dijo.
—Si no nos damos prisa, las estrellas se irán y no podremos usar la semilla. —dijo el Archivista. —Al menos vamos a intentarlo. —dijo tras lo cual se puso de pie y se acercó lentamente al enorme robot silencioso. —Me pregunto si podré activarlo desde aquí.
La poderosa tobera de escape que hacía de pié para el robot se encontraba hundida en la hierba suave. Diógenes se subió al pié derecho del robot y trepó con dificultad hasta donde comenzaba la pierna que albergaba la poderosa turbina. —Veamos que sucede. —dijo colocando la semilla junto al metal. —Debo pensar en la imagen que quiero que la ilusión proyecte sobre Golem-Kun. —explicó cerrando los ojos.
Pasaron varios minutos en silencio pero nada sucedió.
—¿Sucede algo? —preguntó Dante.
Diogenes abrió los ojos y miró la semilla en su mano. —Como me lo temía. —dijo volviéndose hacia el grupo de aventureros. —Es como dice la descripción del ítem; la Semilla Estelar solo funciona cuando uno la usa contra su pecho.
—Prueba a la altura de la cabina, es el "pecho" de mi… "Golem". —dijo Karina tratando de seguir el juego. —Yo te subiré.
Volvió corriendo junto al robot y tras tomar el cable que había quedado colgado junto al mismo le dió un tirón. De inmediato el cable comenzó a retraerse y la joven subió sin dificultad hasta la cabina, en donde desapareció rápidamente por la misma escotilla en la que había aparecido.
No había pasado ni un minuto en cuando el robot cobró vida y se arrodilló sobre una pierna mientras el brazo izquierdo con la mano abierta descendía hasta quedar a la altura del pequeño Archivista. —Suba. —ordenó la voz amplificada de la joven desde el altavoz ubicado en la cabeza del mecha.
Diógenes suspiró y tomándose fuertemente del dedo pulgar del robot se vió ascendiendo lentamente hasta quedar junto a la cabina en el pecho del VF-4.
—Prueba ahora.
El Archivista volvió a repetir el procedimiento y apoyó la semilla en el punto donde la cabina se doblaba sobre sí misma para formar el pecho del robot. De inmediato la semilla se volvió una esfera brillante y una docena o más de pequeños tallos comenzaron a crecer y enredarse en las rendijas y recovecos de la estructura de metal.
—Mierda. —esclamó Diógenes dando un paso hacia atrás que casi lo hace caer al vacío. Karina lo depositó con cuidado en el suelo y volvió a poner de pié al robot para esperar que el proceso continuase.
Las estrellas parecieron brillar con más intensidad en lo alto del claro. Los tallos de la enredadera comenzaron a crecer y multiplicarse a medida que cubrían todo el pecho primero, pero luego comenzaron a crecer alrededor del resto de los miembros del VF-4. Al mismo tiempo unos pequeños capullos blancos comenzaron a aparecer entre las hojas de un verde oscuro brillante.
—Alucinante. —exclamó Dante al ver lo que estaba sucediendo.
Tomó varios minutos para que la enredadera cubriera con sus zarcillos gran parte del robot. Solo entonces los capullos comenzaron a abrirse revelando unas delicadas florecillas blancas con forma de estrella. Una fragancia dulce y refrescante llenó por completo el aire del claro mientras la planta dejaba de crecer por completo.
Entonces las flores comenzaron a absorber la luz de las estrellas, lo que hizo que los pétalos blancos brillaran con una intensidad asombrosa. Los aventureros tuvieron que cubrirse los ojos para protegerse de aquel brillo.
En cuanto la luz se redujo lo suficiente y pudieron volver a abrir los ojos, no podían creer lo que estaban viendo. incluso Nelly se cayó hacia atrás en la hierba por la sorpresa.
—Mierda… —exclamó Dante mirando al gigante que tenía frente a si. —Es…
—Magia. —respondió Diógenes. —Espero que sirva… lo imaginé lo menos llamativo posible que pude.
El joven estratega no sabía si realmente eso era menos llamativo o si en cambio estaba bromeando. El gigante medía unos diez metros de altura y llevaba una especie de poncho de piel de alguna especie de animal gigante. Los enormes músculos resaltaban entre los jirones de cuero que dejaban al descubierto gran parte de la piel de tez oscura, casi olivacea del Zentradi. Tenía el cuerpo lleno de cicatrices y apenas un taparrabos de piel cubria sus partes nobles. —Tendrá que servir. —exclamó Dante rascándose la cabeza.
Al extinguirse por completo la luz observaron que el VF-4 podía, vagamente, aún verse debajo de la imagen semitransparente del gigante Zentradi. —¿No podemos hacer que sea menos transparente? —preguntó Dante señalándolo. —Las alas sobresalen por fuera de la imagen… eso no podría engañar nunca a nadie.
—Solo nosotros lo vemos así ya que está en nuestra Party… o eso creo. —dijo encogiéndose de hombros. —Para toda otra persona ajena a nuestro grupo debería verse un cien por ciento sólido y realista.
—¿Funcionó? —preguntó la voz de la joven Teniente y para sorpresa de los demás, fueron dos voces diferentes las que se escucharon en el claro; la de la Teniente O'Higgins y un vozarrón grave, atronador, haciendo juego a la perfección con la cabeza desproporcionada del bruto gigante.
—Maravillosamente. —respondió Diógenes. —¿Qué te parece, Nelly? —preguntó volviéndose hacia la Driada.
Nelly había descolgado su arco y apuntaba la flecha hacia la cabeza del gigante.
—No te preocupes Nelly. —la tranquilizó Dante. —Es Golem-Kun debajo de ese espejismo, no hay nada que temer.
La joven Dríada bajó el arma y se pasó una mano por el rostro. —Se ve tan… real. —dijo.
—Esperemos que también se vea real para los verdaderos gigantes. —deseó el Archivista. —O las cosas van a ponerse muy interesantes en Calypso.
Karina hizo que el gigante se arrodillara y los demás se acercaron a la mano abierta del mismo. —¿Cómo podremos viajar los tres en Golem-Kun? —preguntó Dante. —La cabina es para un solo piloto.
—Hay un asiento detrás del mío en donde puede caber una persona de forma algo incómoda… e incluso podría caber Diógenes si acepta viajar sobre Dante. —agregó la joven con aquella extraña voz doble.—Pero Nelly no podrá entrar me temo.
—Y algo me dice que si nos llevas en la mano, definitivamente llamaremos la atención de los guardias… ¿Y si nos hacemos pasar por cautivos? —preguntó Diógenes. —Eso funciona en las Películas.
—¿Películas? —preguntó confundida Nelly.
—Te lo explicaré luego. —respondió Dante. —No, no me parece una buena idea… no queremos llamar la atención con más prisioneros en su base… lo que tenemos que hacer es entrar de la manera más normal que podamos. —explicó.
—¿Quieres que sea algo normal que un gigante que nadie vió nunca entre a la base sin ser invitado? —preguntó Diógenes haciendo una mueca. Antes de que el joven pudiera responder se sorprendió al oír la voz de Nelly.
—Creo… creo que yo puedo ayudar con eso. —dijo la Driada tomando coraje de pronto.
—¿Eh? —exclamó Dante viendo como la joven tomaba carrera y saltaba primero sobre la rodilla del mecha y luego se encaramaba sobre la cabina. De inmediato estiró una mano y tocando uno de los tallos verdes lleno de florecillas comenzó a recitar unas palabras misteriosas.
Nuevas ramas comenzaron a brotar justo debajo de la cabina y poco a poco una especie de nido de ramas y lianas empezó a tejer como una bolsa que colgaba justo debajo de donde la Semilla Estelar se había adherido al robot.
—¡Eres increíble Nelly! —exclamó Dante saltando sobre la mano abierta del robot. —¡Es perfecto!
La Driada se sonrojó y sonrió encantada ante el halago del joven.
El joven Estratega ayudó a Diógenes a subir a la mano abierta y Karina los subió hasta estar justo a la altura de aquella bolsa de materia vegetal. Los dos amigos se arrojaron de cabeza dentro y comprobaron que no solo había sitio suficiente para los tres, Silvana y Mirna también podrían viajar en aquel bolsillo improvisado.
—Todo resuelto. —dijo Dante asomándose por sobre el borde de las lianas. —Ahora todo depende de ti, Karina. —dijo.
—¿De mi?
—¿Qué tal se te da la actuación? —preguntó Diógenes. —¿Puedes impersonar a uno de esos gigantes del Enjambre?
—Actuar… se me da fatal.—reconoció la joven. —Yo nunca… bueno, una vez en la escuela cuando era pequeña pero eso… —dijo con la voz cargada de duda.
—Mierda. —exclamó Diógenes llevándose las manos a la cabeza. —El plan más desquiciado y ridículo de la historia con la actriz más novata de todos los tiempos… ¿Que podría salir mal? —preguntó mirando al bosque.
