Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 1 – El encuentro.
Sirius miró el reloj en su muñeca por tercera vez. Aún no era la hora acordada. Aunque no lo quisiera admitir, estaba nervioso. No tenía miedo, un gryffindor como él nunca tendía miedo. Pero lo que si estaba era impaciente. Aquel no era un encuentro casual y ni mucho menos deseado, es más, ni si quiera sabía que estaba haciendo allí, en Oxford Street, la calle mas concurrida de Londres. Nunca debía de haber aceptado esa petición, era una locura. Seguro que no era más que para decirle como continuaba avergonzado a la familia. Pero la curiosidad pudo más que la posible humillación. Que un miembro de su familia quisiera verle en medio de una calle repleta de muggles era muy curioso. Esperaba que la curiosidad no matase al gato…, o perro, mejor dicho. Un minuto pasaba de la hora indicada cuando una figura oculta en una capa, apareció por su lado izquierdo. ¿Es que acaso no ve que va llamando la atención? Nadie iba por el medio de la ciudad a plena luz del día como si hubiera salido de una película ambientada en la época victoriana. Menos mal que aquello era Londres y pasaba completamente desapercibida.
–Continuas queriendo ser el centro de atención.
La mujer se apartó la capucha lo suficiente para que se viera una pequeña parte de su rostro.
–Es la ropa más parecida a la de un sangre sucia que poseo.
A Sirius esa contestación le hizo volver a replantearse porque había aceptado aquel encuentro. Podía irse y dejarla allí plantada, pero su vena cotilla fue más fuerte e ignoró el comentario. Quería saber porque esa dichosa mujer, a la cual no veía desde que se graduó, le había enviado aquella sospechosa carta.
–Narcisa, ¿qué es lo que quieres? –Fue directo. No era conveniente que los vieran charlando como si no hubiera una guerra a la vuelta de la esquina.
La bruja miró por encima de su hombro. Tenía miedo. Era imposible no notarlo. Narcisa no era un persona que escondiera sus sentimientos, pero el miedo era uno que les habían hecho ocultar desde el mismo momento que nacieron. Los Black no podían verse débiles, y el miedo era el mayor signo de debilidad.
–Busquemos un lugar privado. –Volvió a fijar su mirada en él. –Es un tema delicado.
Estaba muy seria, aquello le confirmó que no se trataba de un encuentro para humillarle. Además, si ese hubiera sido el objetivo, no tendría porque hacerlo en privado. Su familia disfrutaba haciéndolo en público. Finalmente encontraron un callejón detrás de un edificio de oficinas. La jornada de trabajo ya había terminado así que no corrían peligro de ser vistos. Narcisa se quitó la capucha completamente y dio varias vueltas en redondo mientras que ponía su peculiar cara de estar oliendo a mierda. Obvio, el lugar estaba lleno de orines y excrementos de distintos animales, comida en descomposición y cosas que ni si quiera era capaz de distinguir. Se hubiera reído en su cara sino fuera porque quería que le explicase de que iba aquello.
–Tengo cosas más importante que hacer, que estar perdiendo el tiempo aquí contigo. –Se cruzó de brazos. Esa noche había reunión con la Orden, y si llegaba tarde porque estaba con su prima, la misma que estaba casada con un mortifago, no iba a ser bien visto.
La mujer tomó una gran bocanada de aire, parecía no saber como comenzar esa conversación.
–Te lo expliqué en mi carta… –Dudaba. –Es por nuestra familia.
Sirius comenzó a reírse. No podía evitarlo. Lo hizo también cuando terminó de leer la carta de su prima, esa que decía que había un caso de extraordinaria y urgente necesidad por el cual necesitaban hablar en persona. Su familia corría peligro y necesitaba su ayuda, fue lo que escribió. ¿Desde cuando los Black necesitaban ayuda de un repudiado? La historia que le iba a contar Narcisa seguro que era muy graciosa. Una de la cual se reiría más tarde con los merodeadores.
–Esa ya no es mi familia, y tuya tampoco. Ahora eres una Malfoy, dudo que mi "querida" madre te haya encomendado ser la salvadora de su ancestral familia. –Se burló. Había una cosa muy clara en su familia, una vez que una mujer Black se casaba, perdía todos sus privilegios como tal. Recordaba como Walburga aleccionaba a sus primas de que buscarán maridos según su grado de pureza, y no por el amor que les profesasen. El amor tenía fecha de caducidad, la pureza viviría durante generaciones. Esa mentalidad era repugnante.
–No estoy aquí por mi tía, pero… Gracias por recordarme que ya no soy parte de la familia. –Frunció los labios con rabia. –Aún así, hay miembros de ella que siguen siendo muy importantes para mí, por mucho que nuestros apellidos sean diferentes.
Sirius tuvo ganas de aplaudir irónicamente. El discursito cursi que lo dejase para una de esas reuniones de mujeres sangre limpia. No tenía tiempo para esas chorradas.
–Me das cero pena. Búscate la vida como lo estamos haciendo los demás. Ya no eres un niña y tienes que aprender a sacarte las castañas del fuego tu sola. No se lo que habrán hecho ahora esa panda de locos, pero no es mi problema. –Imitó el gesto de lavarse las manos.
Se giró para irse. El ambiente en la ciudad era bastante bueno y quizás disfrutase por algún pub cercano antes de irse a la reunión. Pero no pudo hacerlo porque, por primera en su vida, la inútil y delicada de su prima pequeña, le lanzó un hechizo paralizador.
–No te vas a ir, porque claramente el problema que estamos sufriendo es culpa tuya. Serás un hombre, y te harás cargo de tus deberes. –Narcisa se había puesto delante de él, y le apuntaba a la cara con la varita.
Sirius aún estaba paralizado por el encantamiento, por lo que no podría decirle las cuatro cosas que tenía en mente. Más le valía dejarle así y que se fuera antes que consiguiera librase, sino los aurores estarían encantados de detener a la mujer de un mortifago.
La mujer suspiró pesadamente, parecía más calmada. Todas las mujeres de su familia estaban locas de atar, incluso Andromeda solía manifestar momentos de desequilibrio.
–Sirius por favor, solamente necesito que me escuches cinco minutos. –Suplicó. –Te voy a desparalizar y hablaremos civilizadamente. –Tal como dijo, el hechizo desapareció. –Disculpa mi comportamiento. No me gusta tener que perder los papeles, yo no soy así, pero no podía permitir que te fueras.
Ya liberado, se cruzó de brazos. Dejaría que Narcisa le contase lo que tuviera que decirle y acto seguido se iría de allí.
–Te quedan cuatro minutos. –Señaló el reloj de su muñeca. –Si continuas lloriqueando, se acabaran antes de que puedas decirme nada.
En la cara de Narcisa apareció una pequeña sonrisa y retomó la conversación.
–¡La van a asesinar! Si no haces nada, la mataran al igual que hicieron con Regulus. –Le dolía escuchar el nombre de su hermano. Hacia unos meses que había muerto y le costaba hacerse a la idea de que hubiera sido tan tonto como para formar parte de las filas Voldemort. –Y tu eres el único que puede evitarlo.
Las palabras de Narcisa no tenían sentido, no sabia de quien hablaba. No encontraba ninguna relación con él.
–Continuo sin entender que tengo que ver yo con todo esto. –Se encogió de hombros.
Su prima frunció el ceño.
–Regulus murió porque tuvo que ocupar el lugar que a tí te correspondía, y ahora Bellatrix tiene que hacer lo mismo. –Le gritaba. –¡Tu eres el heredero de los Black, tu eres el que debe formar parte de las filas del Señor Oscuro!
Por segunda vez ese día, Sirius volvió a reír. Reia porque aquella era le peor forma que su familia había tratado de hacerle volver por el camino de la pureza de sangre. Desde luego que eran penosos. Si Bellatrix no consiguió convencerle a punta de cruciatus, el sentimentalismo de Narcisa resultaba aun peor.
–Adiós Narcisa. –Se iba a ir, definitivamente había sido una perdida de tiempo.
Pero esta vez tampoco le dejo irse, pero al contrario que antes, no necesito ningún hechizo.
–Creo que el Sombrero Seleccionar se confundió contigo y realmente eres una serpiente que se escurre ante el menor peligro. Un gryffindor nunca escaparía y mucho menos dejaría que dos personas inocentes ocupasen el lugar que a él, le corresponde. –Las palabras de Narcisa eran duras y le dolían. –Para Regulus ya es tarde, pero para mi hermana aún no. ¡Ni si quiera tiene la marca tenebrosa! –Se la notaba esperanzada. –Si tu ocupas su lugar, serás el héroe que gryffindor merece. Sino, serás igual de cobarde que todos los slytherins a los que detestas.
Apretó tan fuerte los dientes que creyó que se le romperían, pero le daba igual. Si su hermano había sido un estúpido no era culpa suya, y si Bellatrix había seguido el mismo camino, era mucho más estúpida. Pero las palabras de esa rubia de bote le ardían en el pecho. Él, era más león que el propio Godric Gryffindor... Sacudió la cabeza. Las mujeres de su familia eran unas expertas manipuladoras. No caería en ese juego.
–Tus cinco minutos han terminado. Marchate, no tengo ganas de escuchar más tonterías.
Observó como Narcisa se mordía el labio con furia. Como de costumbre no le gustaba que no le diesen la razón. Su prima se desapareció sin darle tiempo a despedirla con un mordaz comentario. Por una parte mejor, no tenia ganas de continuar viendo su repulsiva cara. Aquel era un momento que deseaba olvidar cuanto antes, así que decidió salir del callejón. Pero no pudo dar más de dos pasos cuando esa valentía de gryffindor y esas ganas de salvar al inocente se apoderaron de su alma. En una de las lúgubres paredes de aquel lugar, los restos de un cartel de se busca se volvían amarillentos. El hombre que aparecía en este, era un mago, un ex compañero de casa de Bellatrix. Aquel cartel era de las autoridades muggles, pero sabía que había sido capturado por los aurores hacia tiempo. Lo último que sabía de él, es que había recibido el beso del dementor.
Sirius ni se te ocurra. Le decía su mente. Si ella es mayor para meterse en esos problemas, también lo es para salirse de ellos. Además, ¿qué culpa tenía el? Es cierto que si no se hubiera fugado de casa, su hermano y sus primas hubieran pasado más desapercibidas… Pero no, ni de coña iba a rescatar a una persona que no quería ser rescatada, y menos si esa era la loca y desequilibrada de Bellatrix. Por mucho que hubieran compartido juegos y bromas en su niñez, aquello era la vida adulta y cada uno había elegido el camino que había querido… ¿Cierto?
A/N: ¡Hola! Pues aquí estoy de nuevo con otra historia. Tenia dudas de si empezarla porque tengo la intención de que sea un long-fic, y tras el último quería descansar. Pero tenía este capítulo ya empezado y una vez terminado, no me pude resistir a compartirlo.
