Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 2 – Confusiones.
La llegada al cuartel de la Órden hizo que Sirius se olvidase de aquel peculiar encuentro con Narcisa. La bromas de James, el encanto de Lily, los consejos de Remus y la timidez de Peter, le hicieron centrarse en lo que realmente importaba. ¿Qué Regulus no tuvo lo que había que tener para tomar sus propias decisiones? No era su problema. ¿Qué Bellatrix es aún más idiota y va de cabeza hacia su muerte? Tampoco lo era. Todos eran mayorcitos para diferenciar el bien del mal. Pero, cuando tenías desde tu nacimiento a una persona como Walburga diciéndote continuamente lo fantástico que seria exterminar a todos los muggles, normal que alguno de ellos se confundieran. Sacudió la cabeza y se centró en la reunión. El resto de miembros habían llegado mientras que el se debía internamente, por lo que prestó toda su atención en lo que se iba a tratar. Habían hecho muchos avances en el último año. Voldemort se estaba armando, pero ellos también, y eso se tradujo con un mayor aumento de los detenidos. Muchos mortifagos se plegaban en cuanto era detenidos, de esos habían obtenido la mayor información. Que cobardes eran. Aunque si que había otros que se resistían…
–Espero que estéis con el estomago vacío.
Ojo Loco Moody les repartió un par de fotos. Con algunos mortifago había que utilizar determinados encantamientos y maldiciones que necesitaban justificar posteriormente ante el ministerio, de ahí que tomasen fotos de cada redada. Había visto cosas horribles, precisamente Moody no se caracterizaba por se cuidadoso cuando tenía un enemigo a punta de varita, podía decirse que muchas veces no se diferenciaría la maldad entre un mortifago y el viejo auror. Cuando aquellas dos fotos llegaron a sus manos comprendió el porque del comentario, y el porque no debía de haberse tomado esas tres cervezas en un pub de la ciudad. El contenido de las instantáneas eran unas escenas que podían rayar lo gore. Sangre, vísceras, miembros esparcidos por todo el lugar… Llegó incluso a sentir pena por el mortifago, al fin y al cabo, este podría tener familia esperándole en casa. El estomago se le retorció, pero no por el contenido dichoso de las imágenes, sino por pensar en que su hermano acabó de la misma manera, y que a Bellatrix podría ocurrirle lo mismo. Inevitablemente ahora si que se sentía culpable. Conocía perfectamente las artimañas de su madre y por lo que había visto en su niñez, su tía Druella no se diferenciaba mucho de ella. Tras su fuga, la atención de su familia se centró en su hermano, y tras la muerte de este y el repudio de Andromeda, habían puesto a Bellatrix entre sus objetivos para que cumpliera el buen deber de un heredero de la casa Black. Tenía que acabar con esa locura cuanto antes.
El resto de la reunión se la pasó pensando en como podía conseguir abrirle los ojos a Bellatrix, la cual era obvio, que los tenia fuertemente cerrados. No iba a ser fácil, su prima se comportaba como toda esa banda de estúpidos slytherins. Pavoneándose delante de los demás como si hubiera que besar el suelo que pisaban. Y si no fuera poco, ese marido suyo no la deja sola ni un momento. Seguro que lo hacia por si la pobre tenía un momento de lucidez y lo mandaba todo a tomar viento. Tenía que pensar algo, alguna estrategia para verla a solas y hacerle ver que estaba con ella en eso y que no tenia porque seguir unos ideales simplemente por satisfacer el hueco que él había dejado. Si es que además, Bellatrix no era mala persona, recordaba como jugaban juntos de pequeños; se escondían de Kreacher para hacerle de rabiar o se colaban en las cocinas para comerse el postre antes de la cena. Había sido un buen tiempo en donde incluso la consideraba su mejor amiga, pero todo aquello cambió cuando comenzaron el colegio y el fue seleccionado a Gryffindor. Desde aquel momento, aquellos juegos se terminaron, y comenzaron los enfrentamientos. Pero ahora que se centraba ellos, recordaba que cuando ocurrían su prima nunca estaba sola, siempre lo estaba de algún slytherin nauseabundo. ¡Qué tonto había sido! Su prima había estado pidiéndole ayuda desde el principio y el sin darse cuenta.
Al terminar la reunión volvió a su apartamento. No era nada lujoso, apenas una habitación con una pequeña cocina y un baño minúsculo. James le pagaba el alquiler, se negó a aceptarlo pero tras su boda con Lily consideró que lo más oportuno era dejar que el joven matrimonio disfrutase de su intimidad. El dinero que Alphard le había dado se esfumó de sus manos en solo unas semanas. No estaba acostumbrado a lo que era vivir sin una estabilidad económica detrás, por lo que no supo como administrar el dinero y se lo acabó fundiendo en comida, alcohol y mujeres.
Tomó un pergamino y comenzó a escribirle una carta a Bellatrix.
"Mi no tan querida prima. Te resultará extraño que me ponga en contacto contigo, sobretodo después de habernos insultado cada vez que teníamos oportunidad, pero en las ultimas horas he tenido una revelación acerca de nuestros objetivos en la vida y del camino que determinadas personas nos forzaron a seguir. Creo que aún estamos a tiempo de no caer en el camino del mal.
Me gustaría hablar contigo en persona. Es necesario poner los pensamientos sobre la mesa y optar por la mejor solución. Si estas de acuerdo, te invito a mi morada cuando te plazca."
Guardó el pergamino en el sobre y escribió la dirección de la Mansión Lestrange. Esperaba que Rodolphus no la encontrase primero y se deshiciese de ella antes de que su prima pudiese leerla. Era de vital importancia que Bellatrix se diese cuenta de las intenciones de su carta y que viese que había gente que la apoyaría si decidiese dejar a los mortifagos.
Dos horas después del envío de la carta, su animo comenzó a decaer. Había sido un estúpido por creer que no tenia los mismos ideales que Lord Voldemort. Que triste, una bruja tan brillante sometida al yugo de un aspirante a dictador. Se fue a la cama indignado tras beberse una botella de whisky. Todos en su familia estaban locos de atar y no podía hacer nada para remediarlo. Cerró los ojos dejaría que el alcohol le dejase inconsciente para olvidarse de tal amargo día. El ruido de los coches se filtraba a través de las ventanas, ya se había acostumbrado a ello y podía dormir aunque en su casa estuviera ensayando la Filarmónica de Londres. Fue eso precisamente, lo que hizo que no escuchase como alguien se aparecía en su casa. Pero lo que si sintió fue como cambiaba el peso en su cama. Abrió los ojos sobresaltado, había dejado la varita sobre la mesa de la cocina y el alcohol hacia que todo a su alrededor diese vueltas. Desde luego, que si alguien había entrado para matarle, lo iba a tener muy fácil. Pero si esa persona tenía intención de hacerlo, lo hacia de una manera muy extraña. A los pies de su cama, se sentaba una mujer de pelo largo y negro. A pesar de la oscuridad podía apreciar aquellos ojos grises tan característicos de su familia. El carmín intenso de sus labios contrastaba con el look negro que portaba. Esa mujer desprendía la maldad y el encanto Black por cada uno de los poros de su piel. Cuando fijo su vista en ella, la boca de la mujer formó una sonrisa. Para algunos podía parecer la sonrisa más diabólica que jamas había visto, pero para él, era ideal. ¿Qué pasa? Que hubiera repudiado a su familia y a sus ideales no le hicieron cambiar sus opiniones acerca de lo atractivas que le parecían las mujeres sangre limpias.
–Ya pensaba que me habías hecho venir para ver tu muerte en directo. –La sonrisa de Bellatrix se ensanchó más y adquirió el tinte de locura de los Black.
Se incorporó rápidamente. Tumbado se sentía indefenso.
–Yo pensaba que habías ignorado mi carta. –Tenía que distraerla hasta que pudiera conseguir su varita. Realmente no se fiaba de ella ni de si mismo.
Bellatrix se cruzó de brazos. Observaba todos sus movimientos, pero aún así, ni se inmuto cuando vio como lograba alcanzar su varita.
–¿Como la voy a ignorar? Una no siempre recibe una carta del repudiado de la familia. –Rió.
Su risa era igual que la de una bruja malvada. Comenzaba a tener dudas acerca de si realmente Bellatrix había sido forzada a seguir los pasos de un heredero Black. Le iba soltar que ella ya no era parte de la familia, pero estaba seguro que no se lo iba a tomar de la misma manera calmada que Narcisa.
–Entonces permiteme sentirme agraciado por tu presencia. –Se acercó a la cocina para coger dos vasos de cristal y vació dentro lo poco que quedaba del whisky. Le ofreció uno. Esta lo cogió con dudas. –No tiene veneno. –Tomó de un trago el contenido del suyo para hacerle ver que el liquido era inofensivo.
Bellatrix finalmente tomó un pequeño sorbo y se levantó de la cama para dejar el vaso sobre la mesa.
–¿Qué pretendes? –Preguntó tajante.
Sonrió para sus adentros. Bellatrix continuaba teniendo paciencia cero. Era una persona que quería las cosas que se podían hacer para hoy, hechas ayer.
–Creo que he sido bastante obvio en mi carta. –Estaba clarisimo. Quería sacarla de esa panda de asesinos. En su carta lo decía abiertamente, "aún estamos a tiempo de no caer en el camino del mal".
Observó como Bellatrix asentía lentamente.
–Entonces, ¿realmente piensas eso que escribiste? ¿Estas completamente seguro? –Se mordía el labio inferior. Pobre debía estar nerviosa, seguro que estaba a punto de admitir que ella no quería continuar por ese camino.
–Nunca he estado más seguro en mi vida. –Dijo con determinación. Puede que hubiera tenido dudas cuando Narcisa se lo contó pero ahora que tenía allí a Bellatrix, sabía que tenia que ayudarla.
Bellatrix tomó una gran bocanada de aire. Dejo que el aire volviera a salir lentamente de sus pulmones, cuando lo hizo, una sonrisa esperanzadora decoró su cara por completo. Estaba emocionada, si incluso creía que iba a llorar. Se acercó a él decidida y le abrazó apretadamente. Le correspondió al abrazo. Era la primera vez que abrazaba a una persona de su familia. Era extraño pero reconfortante.
–Sabía que en el fondo continuabas siendo el mismo. –Le susurró el oído. Aquello hizo que el bello de su cuello se erizase. Desde que una guerra estaba a punto de iniciarse, no había vuelto a compartir lecho con una mujer, por lo que aquella cercanía era peligrosa. –El Señor Oscuro estará encantado de tenerte entre sus filas. –Ese otro susurro hizo que se separase de ella alarmadamente.
Bellatrix no entendió esa separación como algo malo, ya que comenzó a saltar como si una niña pequeña se tratase mientras que daba palmaditas y emitía grititos de adolescente.
–Pero… –Intentó interrumpirla para explicarle que había malinterpretado por completo su carta. Lo que pretendía era completamente lo contrario. Sacarla a ella de los mortifagos, no meterse él también.
–Pero nada. Tu no te preocupes. Dejalo todo en mi mano. –Otra vez se lanzó a sus brazos. –¡No sabes lo feliz que me has hecho! –Se apartó de él abruptamente. –¡Pero mira que hora es! Ya llegó tarde. –Señaló el reloj de la pared. –Me pondré en contacto contigo para llevarte a conocer al lord. ¡Estará encantado! ¡Me recompensará como a nadie!
Bellatrix hablaba tan rápido que no le deja ningún momento para interrumpirla. La mujer se situó en el centro de la sala, estaba a punto de desaparecerse. Era ahora o nunca.
–No digas nada Sirius. –Continuó sin dejarle hablar. –Descansa, porque el momento llegará antes de que tes cuenta. ¡Hasta pronto! –Acto seguido dejo la casa.
Se llevó las manos a la cabeza.
¡¿En donde se acababa de meter?!
