Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 3 – De mal en peor.
–Eres Sirius Black y puedes con todo lo que se te ponga por delante. –Se repetía a si mismo una y otra vez mientras se miraba en el espejo.
Suspiró. ¿Como iba a ser capaz de sobrevivir a aquello? Desde el encuentro con Bellatrix, no había día que no se despertase dudando de si realmente merecía la pena meterse en todo aquello para rescatar a una persona que era obvio que estaba encantada con su vida. Fue en una de esas largas horas de pensamientos, cuando se dio cuenta de que había fallado en la redacción de la carta, ya que cuando le hizo hincapié a su prima de que aun estaban a tiempo de no caer en el camino del mal, esta interpretó el mal, como formar parte de las filas de Dumbledore y no de Voldemort.
¿Le torturarían? ¿le cortarían la cabeza? ¿dónde tirarían su cadáver? Todas esas preguntas no dejaban de atormentarle. Volvió a mirarse al espejo y se dio los últimos retoques, Bellatrix le dijo que por lo menos se duchase. Menuda opinión tenía de él. Si era la persona más limpia y pulcra del mundo. Era cierto que ahora se había descuidado un poco, pero era normal en la época en la que estaban viviendo. Se ajustó la camisa y se dio un último vistazo.
–Que se preparen que ahí va Sirius Black.
Salió de su pequeño apartamento y se dirigió al lugar que Bellatrix le indicó. La muy graciosa se lo había hasta escrito en un papel por si acaso se le había olvidado. Jamás podría olvidarse de aquella dirección por mucho que lo hubiera intentado. Aquel lugar estaba gravado en los más profundo de su alma. Se acercó al edificio y llamó a la puerta. Podría haberse aparecido dentro, pero dudaba de que no hubiera ningún hechizo que le fuera a expulsar con una patada en el culo.
–Ya pensaba que no vendrías. –Bellatrix fue la que le recibió. –Si no lo hubieras hecho… –Le miró con desafió apretando fuertemente la varita.
Tragó saliva. Temía a Voldemort, pero más a Bellatrix y su destreza con los cruciatus. No le dejó hablar, no sabía que su prima era tan charlatana porque desde que puso un pie en esa casa, no dejo de hablar. Llegó un punto que la ignoró, así que mientras que recorrían aquel lúgubre y largo pasillo, solo podía pensar en que como iba a contarles todo aquello a los miembros de la Orden y no ser visto como un traidor. Finalmente llegaron a unas enormes puertas de caoba, si mal recordaba al otro lado debía encontrarse el gran salón. Lo odiaba.
–Como te he explicado, antes de tu encuentro con el Señor Tenebroso, deberás demostrar que realmente has recapacitado sobre tus ideales. –Sonreía con satisfacción.
Dudaba de que aquello fuera real. Pero lo cierto es que si se volvía a convertir en el ojito derecho de la familia, esta dejaría de centrarse en Bellatrix y su plan podría continuaría tal como tenía previsto. En cuanto lo hubiera conseguido, mandaría a tomar viento a Voldemort y a toda su panda. Bellatrix abrió las enormes puertas y se adentraron en el salón. Mil escenarios pasaron por su cabeza de como podría ser ese momento, pero nunca creyó que fuera a ser así. Walburga estaba tan envejecida que podría confundirse con su tatarabuela. Orion parecía estar consumido en una depresión. Druella, como de costumbre, estaba completamente borracha, mientras que Cygnus entrecerraba los ojos para mirarle con claridad. Estaba ciego.
–¡Mi hijo favorito ha vuelto!
Walburga se levantó lo más rápido que su anciano cuerpo le permitía. Su madre nunca había sido cariñosa, habían tenido el mínimo contacto físico, es más, a veces se preguntaba como había sido posible su nacimiento. Por eso cuando le abrazó, se quedó paralizado. Este vino acompañado del de su padre, así como los de sus tíos. Cuando Bellatrix "amablemente" le escribió la dirección de Grimmauld Place, inmediatamente supo que en aquel lugar no se iba a encontrar con Voldemort, pero también se dio cuenta de que fue bastante estúpido en pensar que iba a poder llegar tan fácilmente al mismo. Necesitaba probarles que la oveja negra de la familia había vuelto al rebaño y que tenía toda la intención de recuperar el lugar que le correspondía.
–Madre, nunca me he ido.
Su encanto natural siempre había sido una de sus mayores bazas, y una vez más tendría que utilizarla para salvarse el cuello. No seria fácil mentir a esa panda de desequilibrados. Solo tendría que reirles las gracias y engatusarles con su verborrea.
–¡Kreacher! –Su madre gritaba. No había perdido las costumbres. –¡Sirve el mejor vino que poseemos! Tenemos que darle la bienvenida al heredero de la familia Black.
Aquello le chirriaba. Todo lo que siempre odió y ahora no hacia más que meterse de cabeza en ello. Más valía que consiguiera liberar a su prima sino aquello no iba a merecer la pena. Pero fijándose mejor en la situación puede que su plan comenzará a resultar, ya que mientras que el se encontraba rodeado de su familia, estos habían ignorado por completo a Bellatrix. El resto de la tarde continuó igual de horrible. Su madre le agobiaba con multitud de acontecimientos a los que debía de asistir, su padre le instaba a que le acompañase en sus negocios, Druella no sabia lo que decía porque estaba tan ebria que ni hablar podía, y Cygnus no dejaba de recordarle los cientos de cometidos que como sangre limpia no había podido cumplir debido a su época de rebeldía.
–Bellatrix nos ha contado que le suplicaste para que organizase este encuentro. –Dijo de pronto Cygnus.
La aludida en cuestión se había retraído a un lado del salón y tomaba con delicadeza una taza de té. ¿Suplicar? Sirius Black nunca le suplicaba a nadie y menos una cosa como esa. Se notaba que Bellatrix se había querido anotar un punto y robarle un poco de su protagonismo. Pensó en humillarla y negar tal cosa, pero cambió de opinión. Tenía que llevarse bien con ella si quería hacerla ver que le habían lavado el cerebro.
–En efecto, tío. Mi querida prima ha sido la causante de que hoy este con vosotros. –No estaba mintiendo. Ella era el objetivo de aquel plan.
Druella, que por fin había despertado de su inconsciencia, levantó la copa señalando a su hija.
–Brindemos por mi pequeña rosa con espinas.
Todos imitaron el gesto de la mujer, incluso el mismo, y juntaron sus copas. La cara de felicidad de Bellatrix no se podía equiparar a ninguna otra que hubiera visto antes. No entendía porque ansiaba tanto la aceptación de esa familia. Ella no necesitaba demostrar nada ante nadie, y menos ante unas personas que simplemente veían a sus hijos como una forma de continuar controlando a la sociedad.
–Mañana mismo haré un ingreso en la bóveda Lestrange. –Walburga hizo aparecer un pergamino y su varita comenzó a escribir en este. Sirius pudo observar la suma que apuntaba. Le iba a tener que decir a Bellatrix que debían ir a medias.
–Tía, no… –Comenzó su prima.
–No digas nada. –Walburga la interrumpió. –Tu marido te tiene viviendo en esa mansión que se cae a pedazos. –Se lamentó. –Una vergüenza que a una Black la tengan viviendo en la miseria.
Definitivamente su madre estaba loca. Nunca había estado en la Mansión Lestrange, pero si que había visto imágenes sobre esta, y el lugar era impresionante. No sabía de donde sacaba el dinero la familia Lestrange, al igual que la Black, pero se les consideraba de un muy alto nivel adquisitivo.
–Pero si yo ya no soy una Black… –A Bellatrix le molestaba igual que a su hermana que ya nos la considerasen de la familia. En cierto modo las entendía, ¿quién quiere ser un Malfoy o un Lestrange?
Negó con la cabeza. Le costaba creerse como su prima había acabado con semejante tío. Rodolphus era un pardillo que tuvo la inmensa suerte de llevarse una sangre limpia del calibre de Bellatrix. Ignoraba porque su tíos habían aceptado tal propuesta de matrimonio.
–¿Por que niegas, Sirius? –Preguntó Cygnus de forma arisca. Era igual que Walburga. –¿Crees que mi hija ya no es parte de la familia? –A su tío le temblaba el ojo izquierdo por contenerse su furia.
Estupendo. Solamente hacia dos horas que volvía a ser aceptado por la familia y en un segundo lo había arruinado todo. Tenía que salirse de ese problema cuanto antes.
–Disculpe, tío. Bellatrix siempre será parte de la familia. Negaba porque estaba lamentándome por el trato que recibe mi prima en esa mansión. –Al terminar, sorbió el contenido de su taza de té, sino se hubiera reído de todas las tonterías que estaba soltando por esa boca.
Cygnus le miró de lado entrecerrando los ojos, pero finalmente asintió dándole la razón.
–Porque ya es demasiado tarde, que si no… –Comenzó Walburga, pero antes de terminar, negó con la cabeza y cambió de tema. –¿Cuándo te mudas?
La pasta que se había llevado a la boca se le quedó atascada en la garganta al escucharla. ¿Mudarse? ¿A donde? Si estaba encantando en su pisito de soltero.
–Cygnus y yo nos queremos ir a la casa de verano, Sirius puede quedarse nuestra habitación, es de las más grandes. –A Druella ya se le había pasado casi por completo la borrachera. Vaya aguante tenía.
Eso si que no. No se iba a mudar a esa casa, y encima con su madre al otro lado del pasillo. Una cosa era meterse en las filas de Voldemort, y otro muy distinta era tener que convivir con su familia de nuevo.
–¡¿Qué os vais?! –Gritó Walburga. –¡¿A quién le habéis pedido permiso?! –Escupía más que hablar. –¡Moriréis en esta casa como manda nuestra tradición!
A partir de ese momento se creó un conflicto entre ambos matrimonios. No paraban de hablar y de justificarse. Que listos sus tíos, querían librarse de su madre y cascarle a él el muerto. Buscó con la mirada a Bellatrix que miraba la escena igual de sorprendida. Cuando sus miradas se cruzaron, esta profirió una maliciosa sonrisa. Miedo le daba.
–Tía Walburga. –Alzó la voz para ser escuchada. –Sirius no se puede mudar a esta casa… Porque lo acaba de hacer a la mía.
Todas sus cabezas se giraron hacia la joven bruja. No entendía si Bellatrix le estaba ayudando, cosa extrañisima, o es que estaba tramando algo.
–Pero… –Su madre quiso intervenir.
–Sirius necesita preparase para su "nueva vida" como heredero de una importante familia y quien mejor que Rodolphus para enseñarle.
El gesto de su madre le indicó que esta estaba al tanto de que no solo eran afines a la causa de Voldemort sino que también formaban parte de la misma.
–Oh, claro. Entonces me parece perfecto. –Walburga aplaudió como una colegiada.
Esperaba que aquello no fuese verdad. Irse a vivir con Bellatrix y su marido no entraba en su planes. Ya le estaba resultando difícil mantener esa pantomima en pie, como para tener que hacerlo durante veinte cuatro horas, los siete días de la semana. Necesitaba hablar con su prima.
–¡Mirar la hora! –Ni si quiera sabía cual era la que marcaba el reloj. –Tengo que irme. –Se levantó de golpe. –Quiero decir, Bellatrix y yo tenemos que irnos. Tengo la mudanza a medio. –Rió nerviosamente.
Con prisa se despidió de su familia, no sin antes recibir un sonoro beso de su madre. Que asco. Apuro a que su prima hiciera lo mismo.
–Sirius, recuerda que la próxima semana será la fiesta para tu presentación en sociedad. No veo el momento de decirles a todos lo fantástico que es mi primogénito. –Walburga había puesto una cara de ensoñación que jamás había visto antes en su rostro.
–Sí… –Ni de coña iba a ir a una celebración de ese tipo y mucho menos sin haber hablado antes con la Orden y especialmente con sus amigos, que seguro que pensaban que se había pasado otra vez mezclando pociones.
Se metió en la chimenea y fue siguiendo a Bellatrix. Increíble, le estaba llevando a su casa. Cuando puso un pie fuera de una enorme chimenea se dio cuenta de lo equivocada que estaba su madre. La Mansión Lestrange era de todo menos una ruina. Era impresionante. Sin duda le diría a su prima que merecía una parte de esa "donación" de su madre.
–Sé que te ha sorprendido lo que le he dicho a tu madre. –Bellatrix se quitó la capa y la tiró al suelo. –Pero no ha sido por ayudarte, creo que es lo mejor. Esta casa es lo suficiente grande para que no tengamos que vernos todo el día, por lo que es lo más conveniente para prepararte para tu encuentro con el Señor Tenebroso.
Pensaba burlarse y decirle que como le guardaba pleitesía a una hombre que ni si quiera sabia como llamarle, Señor Oscuro, Señor Tenebroso. Porque apreciaba su vida, si no le llamaría Tom delante de Bellatrix. Pero se quedó callado. Se resignó, podría utilizar la cercanía que le brindaba esa casa para tratar de convencerla de que no se hiciera mortifaga.
–De acuerdo.
Bellatrix se giró sorprendida.
–¡¿Te parece bien?!
La imitó y se quitó la capa tirándola al suelo.
–Todo sea por el Lord. –Le vomitaría en medio de su lujoso salón. Le asqueaban sus propias palabras.
Su prima le miró con satisfacción, y le dio la espalda.
–Mis elfos te acompañaran a tus aposentos. –Dijo perdiéndose en el oscuro pasillo.
Suspiró. El día no había resultado como esperaba. Si el volver a ser aceptado en la familia iba a ser lo peor que podía ocurrirle, irse a vivir con su prima y el mortifago de su marido era una pesadilla despierto. Para que luego dijeran que no le importaba su familia. Se acababa de mudar con uno de sus miembros.
