Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 4 – Las comparaciones son odiosas.

Bellatrix no le permitió ir a buscar sus pertenencias. No es que tuviera muchas cosas en su apartamento, había aprendido a vivir con lo justo, pero tenía algunas prendas que le gustaría conservar. Su prima se negó rotundamente aludiendo que debía de cambiar su presencia muggle y volver a tener el porte de un sangre limpia. Por eso acabó llevando la ropa de Rodolphus. Con ella no solo parecía un sangre limpia sino un mortifago. Si salia con eso por la calle le iba a tener miedo hasta el mismo Voldemort. Que poco gusto tenía ese hombre, y encima le tiraba en la entre pierna. Lestrange no estaba tan bien dotado como él. Lo cierto es que recuperar su ropa no era lo único por lo que quería ir a su apartamento, lo iba a utilizar como una excusa para encontrarse con James y contarle todo lo que estaba ocurriendo. Pero nada, por muchas excusas que buscase, Bellatrix siempre acababa encontrando soluciones. Llevaba dos días viviendo con su prima, y solamente con ella, porque de Rodolphus no tenía ni la menor idea de donde estaba. Era extraño, era consciente que de que aquello había sido un matrimonio de conveniencia, pero siempre creyó que un mínimo afecto se debían de tener esas parejas.

–Ahí se sienta Rody.

Acababa de llegar al comedor para desayunar y optó por sentarse en el lugar donde los elfos habían colocado los platos. Bellatrix se encontraba sentada en la otra punta de la mesa. Al escucharla se levantó. Ya tenía bastante con llevar la ropa de Lestrange.

–No. Rodolphus tardará días en volver.

La obedeció y comenzó a servirse el desayuno. Tenía un banquete en frente de sus ojos del cual iba a comer todo lo que pudiera. Ya que tenía que vivir allí al menos se aprovecharía de todo lo bueno, y no era por nada, pero los elfos de Bellatrix cocinaban de una forma exquisita.

–Pensé que no sabias donde estaba. –No le importaba lo más mínimo donde pudiera estar Rodolphus, para su causa era incluso mejor. Pero no quería llevarse sorpresas.

Observó como Bellatrix como jugaba con la comida de su plato sin probar bocado. Siempre había comido poco, recordaba como aquello enfurecía a su tía.

–Esta en una misión. –Dijo de golpe. –Pero no se donde. No estoy autorizada para conocer tal información. –Tiró la cuchara sobre el plato con furia.

Eso es muy interesante. Entendió que esa misión era para Voldemort y le confirmo que Bellatrix continuaba sin formar parte de sus filas. Se preguntaba porque si estaba tan decidida, su amo aún no la había marcado.

–¿Por qué no estas autorizada? –Tenía que conocer como funcionaba la estructura creada por Voldemort respecto a su mortifagos. Podría enviarle a la Orden toda la información para que pudieran detectarlos lo antes posible.

Bellatrix se cruzó de brazos y le miró con furia. Ya había vuelto a meter la pata. Nunca sabía que podría o no enfadarla.

–Debo de superar la prueba que el Señor Tenebrosos me asigne, y no acaba de asignarme una.

Se mordió la lengua para no sonreír. Puede que esa inconformidad de su prima le ayudase hacerla ver que no debía de formar parte de las filas de ese ser malvado. La situación no estaba tan mal como creía.

–¿Cuál fue la de Rodolphus? –Otra información que seria de utilidad para la Orden.

Bellatrix se encogió de hombros y negó con la cabeza.

–No me lo quiso decir. Dijo que era algo entre el Lord y él. Puff… Yo no me casé para que me considere una mujer florero. –Comenzaba a entender el porque de ese matrimonio. –Pero… –Se calló de golpe. –Nada. No te voy aburrir con mis problemas maritales.

Estuvo a punto de gritarle que no. Que en realidad le interesaba mucho, esos problemas podrían ser la forma de rescatarla.

–Entiendo, yo no soy nadie para inmiscuirme en la relación de nadie. Pero permiteme la libertad de decirte, que la última cosa que yo te consideraría es una mujer florero. –Rodolphus tenía suerte que Bellatrix no le matase.

Apreció como su prima se sonrojaba. ¿Qué? ¿Acaso estaba siendo envenenado con el té y estaba viendo mal? Aquella situación le pareció incomoda hasta él. Así que cambio rápidamente el tema de la conversación.

–¿Qué sabes acerca de esa celebración que va a organizar mi "amada" madre? –No quería recordarlo, pero así se le iría de la cabeza ese incomodo momento que ya hacia que sus mejillas ardiesen.

Bellatrix suspiró. Se apoyó contra la mesa, le miró entrecerrando los y comenzó a reírse. Ahí estaba de nuevo la bruja de Blair. Ahora temía más esa celebración que encontrarse con Voldemort.

–Es tal y como te lo ha dicho. Una celebración para presentarte en sociedad y presumir de su primogénito, pero… –Siempre había un pero. –Va a invitar a varias mujeres como posibles candidatas para ser tu futura esposa.

Escupió el trozo de huevo revuelto que se había llevado a la boca.

–Sé, que por mucho que quieras volver a ser el hijo predilecto a fin todos nuestros ideales, ese aspecto te va a resultar un tanto… Complicado. No soy ajena a tu fama entre las mujeres. Hasta a las slytherins tenías embaucadas… Panda de estúpidas. –Murmuró las ultimas palabras, pero escuchó perfectamente.

Rió. Muchas de sus conquistas habían sido producto de los rumores y el solo se encargó de alimentarlos para ganarse su fama de rompe corazones.

–Creía que mi fama no había llegado tan profundo como a las mazmorras. –Que pena no haberlo sabido en su época de estudiante, porque había cada slytherin de quitaba el hipo. Nunca se atrevió con ellas porque pensaba que le iban a cruzar la cara en el primer intento.

–Idiotas las hay en todos los sitios. Aunque fueran slytherins, considero que muchas eran más ineptas que un troll. –No sabía si estaba diciendo esas cosas para molestarle, pero le encantaba ver como estaba molesta.

–Normal que se fijasen en mi. Era… Soy todo un casanova. –Se llevo una uva a la boca y juego con ella entre sus dientes con picardía. –Por cierto, ¿recuerdas la pintada que hicieron en el baño de las chicas del tercer piso? –La había hecho él, pero eso nadie lo sabía. Solo James que le cubrió las espaldas por si aparecía algún profesor.

Bellatrix asintió.

–¿La que hablaba acerca de la proporción de tus atributos masculinos? Como olvidarla.

Sonrió. La tuvo que ver si o si porque fue el tema de conversación durante semanas hasta que alguien colgó unos calzoncillos de uno de los candelabros del Gran Comedor. Habían sido James y él, y eran los de Peter.

–Pues por eso de mi fama. A alguna de mis conquistas le sorprendió mi gran tamaño. –Había vuelto a notar como sus mejillas ardían. No sabía porque pero había activado el modo conquista, y... ¡No! ¡Por Merlín! Aquella que estaba en frente era Bellatrix. La prima casi mortifaga a la que trataba de rescatar, no una posible conquista.

–Lo escribiste tú.

Arrugó el entrecejo, era imposible que lo supiera. No había nadie en el baño.

–Era tu letra, escribes la P, de una forma muy característica... –El sonido del crepitar del fuego hizo que su prima se levantase. Alguien venía. –Además, nos hemos criado juntos, se perfectamente que no es tan grande.

Dejándole la palabra en la boca salió corriendo del comedor. Fue detrás de ella, no iba a permitir que le destrozase su honor de esa manera. Le iba a decir que si alguna vez le vio, que lo dudaba, eran unos críos, y que sino se lo creía que mirase como le quedaba el pantalón de su marido. Cuando llegó a la gran chimenea se le olvidó todo por completo.

–¡Rody!

Bellatrix se había lanzado a los brazos de su marido. Lestrange había finalizado su misión y desgraciadamente con éxito. El mortifago aún no se había dado cuenta de su presencia. Eso fue evidente cuando comenzó a meterle mano a su prima delante de sus ojos. No era una visión agradable. Decidió intervenir cuando las cosas estaban subiendo de tono.

–Ejem… –Carraspeó. Esperaba que con aquello fuera suficiente.

Lestrange le ignoró, es más, creyó que ni le había escuchado. En cambio Bellatrix sí, y fue la que hizo que su marido se detuviese.

–Rody querido… Tenemos invitados. Te envié una lechuza.

El mortifago dejó de centrar su atención en el escote de su mujer y se fijó en él. Le vinieron a la cabeza todas las veces que se habían peleado en Hogwarts. Era amigo de Malfoy, y por consiguiente, cuando James se peleaba con el rubio, él no se quedaba atrás y lo hacia con Rodolphus.

–El traidor. –Rodolphus no le iba a recibir con los brazos abiertos. Tampoco él iba a hacerle la pelota.

Bellatrix hizo que se callase y le susurro algo al oído. No podía saber lo que le estaba diciendo, pero era algo referente a él. Su prima no era nada discreta. Fuera lo que le hubiera dicho, hizo que la actitud de Rodolphus cambiase.

–Bienvenido Black. –El hombre le extendió la mano.

Dudó. Era un simple gesto, pero que suponía un paso adelante en aquella locura. Finalmente le imitó y estrecharon sus manos.

–Gracias. –Se acababa de dar cuenta que le gustaba más cuando ese hombre no estaba y podía conversar abiertamente con Bellatrix.

Tras aquello, los tres se quedaron en silencio. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Rodolphus y el se miraban, aunque más bien se desafiaban. ¿Cómo se le ocurre pensar que ese plan podía resultar? Seguro que Rodolphus intentaría matarle en cuanto le diese la espalda…

–Rody, ¿en dónde has estado? ¿Qué has hecho? –Bellatrix no era tonta y había notado lo mismo que él. Aprovechó la situación para sonsacarle a su marido todo acerca de la misteriosa misión. Chica lista.

Pero aquello resultó en vano ya que este de malas maneras la apartó.

–Sabes que no puedo decirte nada. –Gruñó. –Me voy a dormir. Necesito descansar. –Les dio la espalda y subió las escaleras hacia el piso superior.

Ambos se quedaron mirándole hasta que desapareció por completo de su vista.

–Capullo.

Escuchó decir a su prima. Estaba de acuerdo, ese tío era un autentico capullo. Si el tuviera a una mujer como Bellatrix a su lado, estaría haciéndole el amor ahí en medio de la sala. Que mal le caía ese hombre.

Bellatrix se giró hacia él.

–Nos vamos. -Determinó con confianza. Con su varita apunto a su capa y a otra que debía ser de Rodolphus, e hizo que estas se posaran en sus brazos respectivamente. –Hay que comprate ropa.

No quería ropa nueva, quería la suya y enviarle una lechuza a la Orden. Iba a protestar pero el comentario que dijo Bellatrix a continuación hizo que se le olvidase todo por completo.

–Creo que estaba equivocada y la pintada del baño tenía razón. Los pantalones de Rodolphus te quedan muy apretados. –Paso por delante de él, dejándole con la boca totalmente abierta.

Cuando le insistió para que le siguiera detrás en la chimenea, sacudió la cabeza y una sonrisa apareció en su boca. Obvió que se había fijado en su entrepierna. Si es que era enorme.


A/N: ¡Hola! Hoy no tenía intención de subir capítulo, pero voy a estar durante la semana sin poder hacerlo así que, aquí un aperitivo hasta el próximo.

¡Nos leemos!